(VIDEO) Alberto Fazolo: el modelo ‘Euromaidan’ en Ucrania y Venezuela

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por La Iguana.TV

El analista y escritor italiano Alberto Fazolo considera que las crisis generadas en Ucrania, en 2013, y en los últimos años en Venezuela, obedecen a un plan implementado por Estados Unidos y parte de la Unión Europea para generar un cambio de Gobierno.

 

En un video publicado en el canal de YouTube de LaIguana.TV, Fazolo explica que en Ucrania los planes resultaron de forma positiva y, actualmente, la población de esa nación europea vive en una guerra permanente.

 

Destaca el analista que el papel de los medios de comunicación de masas es trascendental, para lograr generar en la opinión pública la percepción de que el país está en la ruina y es necesario un cambio de Gobierno.

 

Mayo Francés y dogmas conservadores en el chavismo

por Néstor Francia

Se están cumpliendo 50 años del movimiento rebelde conocido como el Mayo Francés. Es curioso como el humano tiende a relativizar al extremo esa facultad que le es propia como herramienta de trabajo: el tiempo (y acaso también como realidad aparente, pero esa es otra discusión). Dado que solemos medir el tiempo de acuerdo a nuestro transcurso individual, creemos que algo que ocurrió a finales de la sexta década del siglo XX está en el pasado. En realidad, 50 años son una pequeña fracción en el tiempo histórico. Si comparamos ese período del tiempo histórico con el de una vida humana, tendríamos que desde 1968 no han transcurrido ni 48 horas del tiempo histórico. Es decir, el Mayo Francés es absolutamente contemporáneo, presente, ocurrió apenas en el anteayer de la Historia. No hay que sorprenderse, pues, por el título de este artículo, ya veremos por qué.

 

En estos días se ha escrito unos cuantos artículos y breves ensayos sobre aquel acontecimiento, además de unos cuantos libros alusivos al tema que se ha venido publicando a lo largo de estos años. En Venezuela llama la atención la poca importancia que se le ha dado, sobre todo de parte del Gobierno, los partidos revolucionarios y la intelectualidad. Es como si el Mayo Francés no tuviera relación alguna con la Revolución en general y con la Revolución Bolivariana en particular. Craso error. Veamos.

 

Acaso la fuente cultural más remota del Mayo Francés, en la era del capitalismo, hay que ubicarla a fines del siglo XIX, con el surgimiento de la corriente romántica, el Romanticismo. El pensamiento burgués nació, por supuesto, en medio de grandes contradicciones, como todo lo que nace. En la dirigencia de la Revolución Francesa hubo multitud de fracciones y este carácter contradictorio no amainó en los años posteriores. Por otra parte, podemos decir que la tendencia positivista fue dominante en los albores de la ideología burguesa. La adoración de la razón humana como única fuente confiable del conocimiento y la felicidad se convirtió en norma corriente. Sin embargo, pronto el modelo racionalista comenzó a convertirse en una especie de camisa de fuerza para algunos representantes de la filosofía, la literatura y el arte. El surgimiento en tales circunstancias del pensamiento romántico puede ser explicado, entre otras razones, por una lucha en torno al poder ideológico entre tendencias con el mismo origen. Sin embargo esta lucha se centró sobre todo en el terreno del conocimiento y su caracterización. Recordemos que los científicos y racionalistas pasaron a ser los sustitutos de los sacerdotes en esta especie de nueva religión que conformaba el positivismo, aun imperante en muchos sentidos. Recordemos, también, que la burguesía no tuvo descanso una vez que se convirtió en clase dominante. Las revueltas obreras y populares se multiplicaban por doquier. Una parte de la intelectualidad europea, que había participado del entusiasmo revolucionario burgués, comenzó a sentir los latigazos de la decepción, sobre todo aquellos sectores vinculados al pensamiento poético: la revolución que había venido para salvar el mundo, la panacea que llevaría a la humanidad a una utopía de igualdad, justicia y progreso, enseñaba desde el principio la cola de su terrible iniquidad estructural. De hecho, Sturm und Drang, el movimiento literario alemán considerado como precursor del romanticismo, es contemporáneo con la Comuna de París. Sturm und Drang comenzó a enseñar la preocupación por la emoción subjetiva y la espontaneidad del acto creativo que serían luego dos de los rasgos distintivos del romanticismo.

La corriente romántica se difunde por Europa a finales del siglo XVIII y a comienzos del XIX. Su oposición a algunas ideas originales de la Ilustración no puede ser confundida con una insurgencia contra la ideología burguesa, sino como una nueva manifestación de ésta. El romanticismo permanece fiel al rasgo principal de esa ideología: el individualismo. No otro fundamento tiene su predilección por la más intensa experiencia personal. El romántico propone una especie de huida temporal, hacia adelante, y plantea la utopía de la búsqueda de un porvenir divino que espera en el devenir de la humanidad. En ningún modo concibe alguna forma de rebelión fáctica contra la profunda explotación del naciente capitalismo que esquilmaba a las mayorías desposeídas. En tal sentido, el debate romántico frente al positivismo debe ser entendido como manifestación de contradicciones entre facciones del pensamiento burgués. Sin embargo, también hay que considerar que el romanticismo abre las puertas al surgimiento de diversas vanguardias filosóficas, literarias y culturales del siglo XX que han contribuido a generar respaldo a múltiples movimientos libertarios que han venido haciendo aportes a la conformación de un pensamiento colectivista moderno. En cierto modo, el romanticismo, al igual que el marxismo, que significó un cuestionamiento aun más radical y pragmático a la ideología burguesa, fue uno de los gérmenes de la transformación cultural y colectivista futura. No se trató de un movimiento colectivista, como sí lo fue básicamente el marxismo, pero su defensa de lo irracional, lo vital, lo emotivo, lo imaginativo ante el cientificismo positivista, que se convirtió en la tendencia predilecta del capital, mantuvo despierta una llama de rebeldía humana ante la crueldad de los poderes explotadores.

El planteamiento del problema del conocimiento por parte de los románticos es lo que confiere a esta tendencia su carácter histórico más notable. El romanticismo afirmó que la intuición y la imaginación eran vías tanto o más válidas que la razón para conocer la realidad y acercarse a ella. La importancia de esta acción ideológica es fundamental. Al asignar a la razón y al conocimiento científico la exclusividad sobre la captura de la realidad, el positivismo creaba una barrera elitista para favorecer todo conocimiento académicamente adquirido, sólo accesible a la clase dominante. Por otra parte, desconocía algunas de las armas más poderosas de la sabiduría popular, como por ejemplo la intuición y la imaginación. De manera que los románticos pusieron sobre el tapete una discusión de importancia cardinal, y por eso mismo su influencia positiva se extiende hasta nuestros días, ya que si el positivismo hubiese reinado sin obstáculos (cosa que, por lo demás, era de todas formas imposible) probablemente avanzaríamos sin remedio a un mundo de soluciones mecánicas, deshumanizadas, sometidas al arbitrio sin remedio del individualismo más feroz, donde la sociedad, manejada por mentes “brillantes” y aisladas, marcharía como un mecanismo de reloj, tan previsible como inorgánico. También fueron los románticos precursores de una apertura del universo intelectual europeo hacia culturas exóticas, indígenas, milenarias, consideradas marginales y al mismo tiempo sintetizadoras de una sabiduría ancestral acumulada a lo largo de una experiencia colectiva de larga data o enraizadas en una relación directa del hombre con su medio originario. De ese modo, los románticos contribuyeron a extender los horizontes del pensamiento occidental, dotándolo de nuevas y valiosas herramientas. Ya se irá comprendiendo, pues, por qué hay que vincular al romanticismo con el pensamiento libertario que imperó en el Mayo Francés, con el cual tiene, como se puede notar, tantas cosas en común.

En los albores del siglo XX, comienza la eclosión de distintas vanguardias que son ramales por donde toma senda la ideología individualista, y que se enraízan en algunas de las ideas del Romanticismo, y son la prolongación de las inconformidades que expresaron numerosos pensadores ilustrados del siglo XIX. Justo es decir que una característica de las vanguardias intelectuales del siglo XX es la insubordinación formal contra los valores de la sociedad burguesa, pero esas diferencias pocas veces se referían a los principios económicos o sociales del capitalismo. Se trata, más bien, de una evocación de la mencionada máxima de Gustave Flaubert, de “vivir como un burgués pero pensar como un semidios”.

A principios del siglo XX insurge con buena fuerza el existencialismo, en la figura de Martin Heidegger, aunque él mismo llegó a negar su relación con esa corriente filosófica. Sin embargo sus planteamientos están, sin duda, en la línea de influencia que recogerán otros pensadores como Jean Paul Sartre, que tuvieron marcada influencia en las generaciones de posguerra de la Segunda Guerra Mundial.

Otros movimientos de la primera mitad del siglo XX como el dadaísmo y el surrealismo, apuntan, en líneas generales, en la dirección de dar puesto capital al individuo sobre la colectividad, de modo que prolongan la esencia del pensamiento burgués, pero a pesar de ello, muestran una rebeldía que sigue el camino de la insurrección romántica contra el positivismo y que ha servido de caldo de cultivo a movimientos más o menos transformadores que se acercan más al ideal del colectivismo. En la segunda mitad del siglo XX recibieron algo de esa influencia contestataria burguesa el movimiento hippie, el movimiento beatnik, las luchas antiracistas, el feminismo, los combates ecologistas y de otra índole civil. De modo que en cierto sentido, y a despecho de que en lo fundamental siguen representando la ideología burguesa, las vanguardias intelectuales y artísticas de la primera mitad del siglo XX jugaron también un papel de avanzada. Estas ideas contribuyeron de manera capital a las rebeliones juveniles de la segunda mitad del siglo.

La rebelión del Mayo Francés, y en general la rebelión juvenil de los años 60 del pasado siglo, son tributarios de las ideas libertarias (y revolucionarias en muchos sentidos, sin llegar a ser propiamente socialistas) de aquellas vanguardias y forman parte de las luchas históricas de la Humanidad que han alimentado las utopías y los sueños de redención.

En el contexto político que le fue más inmediato, el Mayo Francés se origina y desarrolla en una década que vivió importantes movimientos y cambios. Uno de ellos fue el cuestionamiento intensificado del sistema europeo de dominación colonial, y neocolonial de Estados Unidos, sobre los territorios coloniales o recientemente independizados de ÁfricaAsia y América Latina. En 1958 se había producido un acontecimiento que tuvo gran influencia para aquella época agitada: el triunfo de la Revolución Cubana y el auge de movimientos izquierdistas en Latinoamérica. También se produce la guerra de Vietnam y la llamada Primavera de Praga, una rebelión que tuvo apoyo de Estados Unidos, pero que reflejó igualmente el descontento popular contra el “socialismo” estatista, autoritario, dogmático y burocrático dependiente en alto grado de la Unión Soviética  Esos eventos generaron un amplio movimiento de solidaridad en gran parte de Europa y de los propios Estados Unidos, que fueron manifestaciones de la oposición al imperialismo y al autoritarismo.

En Francia estos movimientos tuvieron sus génesis durante la guerra de Indochina y de Argelia, que provocaron una fuerte polarización en la sociedad francesa desde principios de la década de 1960, con algunos sucesos violentos, como las manifestaciones de argelinos en París, que desembocaron en una fuerte represión policial que provocó más de 200 muertos. A raíz de estos sucesos aparece públicamente por primera vez una corriente estudiantil radical que se manifestará contra la actuación policial a través de dos organizaciones : el Comité Anticolonialista y el Frente Universitario Antifascista (FUA). Al año siguiente, en febrero de 1962, una manifestación convocada por el Partido Comunista Francés y la Confederación General del Trabajo acabó con nueve muertos aplastados en la estación de metro de Charonne. Estos dos sucesos provocaron un sentimiento de rechazo hacia los CRS (policía antidisturbios). Durante este periodo, grupos estudiantiles como el sindicato universitario Unión Nacional de Estudiantes de Francia se desplazaron hacia la izquierda en el contexto de oposición a la guerra de Argelia, al tiempo que iban surgiendo nuevos movimientos como el Comité Vietnam de Base y el Comité Vietnam Nacional (aparecidos en 1967 y 1966 respectivamente) que organizaron importantes movilizaciones antiimperialistas y protagonizaron gran parte de la agitación universitaria anterior a 1968.

En cuanto al gobierno francés, la figura del general De Gaulle, en el poder desde 1958, había sufrido gran desgaste. A pesar de la bonanza económica de los últimos años, de los éxitos políticos (fin de la Guerra de Independencia de Argelia y procesos de descolonización) y de cierta aclimatación al régimen presidencialista de la V República Francesa, las prácticas autoritarias del general De Gaulle levantaban cada vez más críticas.

También el movimiento obrero francés experimenta en esa década una fuerte radicalización y cierto alejamiento de las cúpulas sindicales mayoritarias como la CGT. Desde 1961 se van a suceder huelgas violentas y ocupaciones de fábricas, en muchas ocasiones de forma más o menos espontánea y contra los acuerdos de la dirigencia sindical. En enero de 1968, se produjeron disturbios en la ciudad francesa de Caen, en los que participaron obreros, agricultores y estudiantes y que se saldó con más de 200 heridos. Estas fueron las primeras huelgas desde 1936 en las que los obreros ocuparon las fábricas, y durante toda la década gran parte de Francia se vio afectada por este movimiento obrero. Grupos estudiantiles e intelectuales comenzaron una estrategia de acercamiento a los conflictos obreros en este periodo.  En este plano de acercamiento entre movimiento estudiantil y un movimiento obrero radicalizado al margen de las cúpulas sindicales se sentaban las bases para la agitación de mayo y junio de 1968.

 

En los años 60 los jóvenes se convierten en una categoría socio-cultural logrando su reconocimiento como un actor social que establece procesos de adscripción y diferenciación entre sus opciones y las de los adultos. Estos procesos se desarrollan a través de las subculturas juveniles nacidas a partir de finales de los años 1950, dentro de movimientos contraculturales como la cultura underground y los movimientos beatnik y hippie. Esta juventud tenía sus propios ídolos musicales como los BeatlesRolling Stones, cantautores como Bob Dylan y Léo Ferré, y seguía el trabajo de poetas contestatarios de la generación Beat, como Alan Ginsberg, Jack KerouacWilliam S. Burroughs. Muchos de estos movimientos cuestionaron y criticaron el estilo de vida plástico ofrecido por el mercado de consumo y la organización capitalista de la posguerra.

 

En Francia hubo una serie de protestas estudiantiles, en las que destacó la acción del 22 de marzo de 1968, cuando un grupo de estudiantes tomó la Universidad de Nanterre en protesta por las normativas internas del centro, desocupando las instalaciones tras algunas negociaciones y la aparición de la policía. Esta acción daría origen al Movimiento 22 de marzo, el cual sería uno de los referentes de las movilizaciones de mayo y junio de ese año.

 

El 22 de abril de 1968, 1.500 estudiantes acudieron a una nueva protesta en Nanterre contra la detención de varios estudiantes del Comité Vietnam Nacional, acusados de atentar contra empresas estadounidenses, en la cual intervendría la policía. El 28 de ese mismo mes el decano de la Facultad ordena el cierre de la misma, al tiempo que los estudiantes anuncian el boicot a los exámenes parciales y se producen enfrentamientos con miembros de la Federación Nacional de Estudiantes de Francia, de ideología derechista, los cuales asaltarían la universidad del 2 de mayo y acusarían a los estudiantes movilizados de terroristas. A partir de allí, la lucha se radicaliza y se desarrolla una serie de manifestaciones juveniles y huelgas obreras que caracterizarían al gran movimiento contestatario de masas que fue el Mayo Francés. Ocurrió también una gran huelga general, de la que participarían no solo obreros industriales, sino también los controladores aéreos los trabajadores del carbón, del transporte, del gas y la electricidad y los periodistas de la radio y la televisión. En Nantes, los obreros y los agricultores cortaron los accesos a la ciudad y controlaron el precio de los productos ofrecidos en las tiendas, las cuales solo podían abrir con autorización del Comité de Huelga. En estos momentos, en muchos de los centros de trabajo en huelga, comienza a plantearse la cuestión del poder obrero en las empresas, poniendo verdaderamente en cuestión la autoridad del Estado.

 

El 25 de mayo, el gobierno acepta abrir negociaciones con los representantes de los obreros en huelga, las cuales concluyen el 27 de mayo con los Acuerdos de Grenelle, en los que se recoge un incremento del 35% en el salario mínimo industrial y del 12% de media para todos los trabajadores. Sin embargo, la mayor parte de los trabajadores en huelga rechazan el acuerdo. Al día siguiente François Mitterrand, en rueda de prensa, pide al gobierno de De Gaulle su dimisión, afirmando que desde el 3 de mayo no había Estado, y se postula como candidato a la presidencia.

 

A pesar de la profundidad de las protestas, las fallas de dirección, la inconsistencia ideológica y las diferencias de clase e intereses entre los distintos factores en lucha van debilitando las protestas. En este contexto,  De Gaulle decreta la disolución e ilegalización de grupos de izquierda y prohíbe las manifestaciones callejeras durante dieciocho meses. En total una decena de colectivos izquierdistas son ilegalizados, sus publicaciones prohibidas y varios de sus líderes arrestados. Al final, De Gaulle sale fortalecido, el gobierno se recupera y resulta vencedor en las elecciones convocadas para el mes de junio.

 

Tras las elecciones de junio, el gobierno francés reconoció la necesidad de emprender una política de reformas profundas para hacer frente al malestar social existente en el país. En abril de 1969 se celebró un referéndum sobre el proyecto de regionalización (una de las principales reivindicaciones políticas de aquellos momentos era una mayor descentralización del Estado) y la reforma del Senado, que De Gaulle planteó como un plebiscito sobre su gestión al anunciar que abandonaría la presidencia si no triunfaba el SÍ. Sin embargo, los franceses votaron mayoritariamente por el no, provocando la retirada de De Gaulle de la escena política.

 

En América Latina tuvo también su reflejo el Mayo Francés, que influenció luchas  como el Movimiento de Tlatelolco en México y la Renovación Universitaria en Venezuela, ambos gestados en 1968.

 

El movimiento de 1968 en México fue un movimiento social​ en el que además de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional(IPN), el Colegio de México, la Escuela de Agricultura de Chapingo, la Universidad Iberoamericana, la Universidad La Salle y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, participaron profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionales en la Ciudad de México y otros estados como Puebla. ​El movimiento buscaba un cambio democrático en el país, mayores libertades políticas y civiles, menor desigualdad y la renuncia del gobierno autoritario del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Fue reprimido brutalmente por el gobierno de México y el 2 de octubre de aquel año se perpetró la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, que desembocó en la disolución del movimiento en diciembre. La Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP) de la Procuraduría General de la República del gobierno de México concluyó en 2006 en su Informe Histórico presentado a la sociedad mexicana que el movimiento estudiantil “marcó una inflexión en los tiempos políticos de México, fue independiente, contestatario y que recurría a la resistencia civil”​ y se potenció “con las demandas libertarias y de democratización que dominaban el imaginario mundial”.

 

En Venezuela, el Movimiento de Renovación Universitaria, que tuvo su principal referente en la Universidad Central de Venezuela, fue una reacción generalizada contra el autoritarismo imperante en el ámbito académico, pero que también manifestaba de distintas maneras oposición al gobierno de Rafael Caldera y al capitalismo reinante. Fue igualmente un movimiento masivo, independiente en alto grado de los partidos de izquierda y de derecha (aunque la izquierda influía sin duda en él), inspirado notablemente en el Mayo Francés, y que tuvo manifestaciones de imaginación, libertad de pensamiento, consideración novedosa del debate participativo, abierto y libre. Algunas consignas reflejaron su familiaridad con los sucesos de Paris. Mencionemos solo dos de ellas: “O hago la Renovación o me entrego a la bebida” y, en la Escuela de Letras: “Cervantes, camarada, tu muerte será vengada”. El Movimiento de Renovación cobró tal fuerza, que el Gobierno de Caldera decidió el allanamiento de la UCV con miles de soldados en la llamada “Operación Canguro” el 31 de octubre de 1969.  La operación tuvo un saldo de diez estudiantes muertos, cientos de heridos, y la suspensión de las clases hasta febrero de 1971.

Hoy, al cumplirse 50 años del gran Mayo Francés, sus consecuencias siguen presentes en las luchas libertarias por los derechos civiles, contra todo tipo de autoritarismo, en las luchas feministas, contra la homofobia, por la liberación del pensamiento humano, por los derechos y el respeto de las culturas originarias en el mundo todo, por la defensa del hábitat humano, contra la colonización alimentaria y cultural en general.

En Venezuela estas luchas se ven afectadas por dogmas y ataduras conservadoras presentes en el Movimiento Bolivariano, ni qué decir en otros y amplios sectores de la sociedad, para cuya incorporación al devenir revolucionario se hace necesario el esclarecimiento de las vanguardias políticas y sociales del país. Hay temas que hoy son objeto de debates cotidianos en distintos ámbitos y en muchas naciones, y que en Venezuela se trata como tabúes o al menos se evade con distintas excusas: el matrimonio igualitario, la conformación legal de familias alternativas (como las parejas homosexuales con hijos), la despenalización del consumo de marihuana y su legalización para uso terapéutico (ya aprobado en varios países, incluido Uruguay), la legalización del aborto, entre otros.

En el caso de la Asamblea Nacional Constituyente se aduce como razón para que no exista, por ejemplo, una Comisión de la Sexo-diversidad, el que no exista un registro legítimo de personas sexo-diversas, lo cual es verdad. Esto habría impedido la elección de Constituyentes de ese sector. Sin embargo hay una parte importante del pueblo que se asume como sexo-diverso ¿Por qué no convocarlo a un debate sobre sus derechos y hacer propuestas constitucionales que los protejan contra la discriminación y los iguales en oportunidades con el resto de la sociedad? ¿Por qué no debatir sobre la legalización del aborto, lo cual es un tema que atañe a la salud pública? ¿Se trata de obstáculos “procedimentales” o más bien de prejuicios culturales y hasta de oportunismo acomodaticio para no afectar susceptibilidades conservadoras?

A 50 años del Mayo Francés, nosotros que vivimos intensamente esa época inolvidable y estuvimos entre los líderes de la Renovación Universitaria en Venezuela, reivindicamos aquel espíritu libertario, el valor de la imaginación, la lucha contra todo autoritarismo y contra el pensamiento social conservador. Seguimos en combate por la libertad humana, más allá de dogmas y prejuicios viejos y nuevos. ¡La imaginación al Poder!

(VIDEO) 20M: ¡A votar!

Saludos y llamado solidario a votar el próximo 20 de mayo de 2018 desde Milán, Italia a la República Bolivariana de Venezuela
Casa del Popolo Via Padova – Milano

El chavismo será socialista o no será

por Marco Teruggi – telesurtv.net

Hecho en socialismo. Esa frase impactaba al llegar a Venezuela hace unos años atrás. Estaba en chocolates, yogures, aceites, carteles, con un corazón y la infaltable estrella roja de cinco puntas. En esta última etapa se hizo esquiva, más excepción que regla. No fue la única calificación revolucionaria que se hizo de las cosas: todo ministerio pasó a ser del poder popular, y cada panadería o ruta comenzó a ser, según la palabra, socialista. Chávez lo cuestionó en cadena nacional, nombrar a las cosas de socialistas no las hace socialistas. Y si algo quería construir era una transición al socialismo del siglo xxi. El chavismo debía ser socialista.

No fue así desde un principio, al menos de manera pública. Podría pensarse que se debía a que esa conclusión no estaba presente en él todavía, o porque de lo que se trataba, en la esfera de la palabra política, era de llegar a esa idea de manera colectiva, desembocar en esa necesidad dentro un proceso de masas. El asunto no era que él estuviera convencido, sino que se tratara de un avance popular en esa dirección, una maduración del sujeto histórico, epicentro de la política. Crear el deseo por el socialismo, que nombró por primera vez en el 2005.

Hasta ese momento, y como punto de partida en sus primeros escritos, por ejemplo, el Libro Azul, existían ideas fuerzas, aglutinadoras y movilizadoras. Como la recuperación del proyecto de independencia traicionado, el nacionalismo popular bolivariano, es decir la reivindicación de lo nacional protagonizado por los humildes, con dimensión latinoamericana, la refundación ética de un país desfondado, saqueado por una clase política/empresarial corrupta durante décadas. La bandera tricolor, la boina roja, la autoridad militar, plebeya, la liberación nacional y social en un mismo movimiento. Esas eran líneas de avance, de convocatoria a un país en crisis orgánica con las clases populares en movimiento desde el Caracazo en 1989 y la aparición como rayo de Chávez en 1992.

El asunto, y ahí pueden rastrearse claves socialistas ante de su anuncio, era construir ese proyecto a través de la puesta en marcha de mecanismos centrales: espacios para el ejercicio de la democracia participativa, multiplicación de la organización popular, ensayos de institucionalidades paralelas articuladas al Estado, como las misiones, la conformación de un sujeto político capaz de encarar esas tareas. El centro de gravedad estratégico estaba en las clases populares, en la construcción de un poder popular que tomó diferentes formas a lo largo de los años. El Estado debía recuperar poder/economía, para luego transferirlo a la gente organizada en proceso de aprendizaje del ejercicio del poder. Una arquitectura compleja, virtuosa, ¿posible?, necesaria. Las tramas socialistas aparecieron antes del anuncio del carácter socialista.

No se trataba de salir del orden neoliberal para estabilizar un capitalismo mejor repartido, sino de buscar los caminos para superar el orden del capital. “Esta revolución ha asumido la bandera del socialismo, y eso requiere y exige mucho más que cualquiera otra revolución, hubiéramos podido quedarnos en una revolución nacional, pero detrás de esos términos muchas veces indefinidos se esconden planteamientos que terminan siendo reformistas, de derecha, que terminan aplicando el programa gatopardiano”, explicaba Chávez.

La definición del 2005 coincide con la formulación de los consejos comunales, seguido de las comunas. Chávez traza la vía comunal al socialismo, que significa reconstruir un nuevo Estado sobre la base del poder político, cultural y económico de las comunas. Lo dejó por escrito: el Estado burgués debía ser pulverizado, y para eso redactó un plan con pasos. Significaba edificar otro, sobre claves participativas y autogestionarias, en paralelo a la democratización del Estado heredado, una clave de análisis de István Mészáros. Un socialismo desde abajo, endógeno, como lo definió.

Esa propuesta socialista de Chávez estuvo en tensión con otra, que no fue formulada abiertamente. Se puede resumir en algunas ideas fuerza: la centralidad debe recaer sobre el Estado, protector y actor/sujeto principal del proceso, las formas de organización popular deben subordinarse a las instituciones y abarcar áreas limitadas y controladas, desde esa fuerza estatal se deben hacer acuerdos con empresarios de la vieja guardia o emergentes, apostar a la creación de una burguesía nacional, sea externa o proveniente de las mismas filas del chavismo. Un socialismo de Estado en la frontera con la idea de un capitalismo con redistribución de riquezas, sin remoción de cimientos.

Se puede aterrizar este debate en políticas concretas. Así lo hizo Chávez, en cadena nacional, como pedagogía de masas y para su gabinete: “El patrón de medición -dice Mészáros- de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”. La forma de construir desde la institucionalidad es diferente si el objetivo es una gestión eficiente del Estado, o si, junto con eso, el avance es hacia la recuperación del poder en mano de las comunidades organizadas y la puesta en marcha de una nueva estatalidad. El sujeto de la revolución no es un ministro, un alcalde, sino las clases populares en proceso de organización dentro de una estrategia de poder.

Chávez planteó entonces el socialismo del siglo xxi, comunal, feminista, con el desarrollo de formas sociales de propiedad sobre los medios de producción, que deben convertirse en hegemónica. Dejó años de ensayos en esa dirección, en lo político, económico, cuyos balances son una deuda pendiente.

Los varios chavismos en el chavismo miraron ese proyecto desde su heterogeneidad, y, desde el 2014, una situación económica contra las cuerdas. La revolución se encontró en encrucijada, con dos caminos posibles: una respuesta de defensa y conservación, con posibles retrocesos de conquistas, cercana a la visión históricamente alejada de la vía comunal. La otra, de profundización de los cambios iniciados, con, por ejemplo, la “ampliación de los campos de acción y decisión del poder popular” . Las dos posibilidades son guías para pensar la mirada predominante al interior del chavismo -¿cuál chavismo?- donde parece haberse optado por la primera opción, fortalecer el acuerdo con el empresariado y desandar la apuesta comunal.

Es un rio revuelto la historia en el presente. Los análisis, como los actores, tienen deseos, intereses, tensiones de clase que conviven al interior del mismo chavismo que se mantiene unido. ¿Dónde está el socialismo? Lejos, expresado en experiencias concretas territoriales que cargan esa potencia, en disputa como proyecto al interior de los chavismos, amenazado por la asfixia impuesta por la guerra de desgaste y por las tendencias burocráticas que descreen del sujeto histórico y creen en. ¿En qué creen?

El chavismo será socialista o no será.

Marco Teruggi

Las dolarizaciones y la desaparición de la moneda nacional

Risultati immagini per Pasqualina Curciopor Pasqualina Curcio – ultimasnoticias.com.ve

Las dolarizaciones no solo implican la desaparición de la moneda nacional, forman parte de todo un paquete de medidas que compromete la independencia, el desarrollo y el sueño de la igualdad social.

El paquete incluye necesariamente: 1) la privatización de las principales industrias generadoras de divisas y 2) el endeudamiento externo. Veamos por qué, y para qué.

1. Para adoptar el dólar como moneda nacional, lo primero que se debe establecer es la cantidad de billetes verdes que circulará en la economía, y por lo tanto, cuántos nos enviarán del norte.

2. Esa cantidad depende del nivel de las reservas internacionales. En nuestro caso tenemos, a la fecha, $ 9.968 millones. Los ideólogos de la dolarización, están proponiendo que máximo deberán circular $ 3.000 millones. Según ellos ese es el tamaño de nuestro sistema financiero.

3. EEUU no nos enviará ni un dólar más que sobrepase un tercio de las reservas. Debemos limitarnos a esa cantidad.

4. Cuando el pueblo venezolano ose decidir aumentar la inversión social, el salario de los trabajadores del sector público, las pensiones de los viejitos, la meta de viviendas, construir un hospital, escuelas, carreteras, universidades, importar medicamentos o tecnología, es decir, desarrollarse, requerirá más dólares.

5. El imperialismo norteamericano solo nos dará más billetes de los verdes, si y solo si, aumentamos las reservas. Lo cual, en esta propuesta de gran transformación y de construcción de la Venezuela del futuro, será absolutamente imposible.

6. Estando privatizadas PDVSA, las industrias básicas y las minas de oro, diamantes y coltán, el Estado no contará con los ingresos en divisas que éstas generan, los cuales representan el 99% de las exportaciones. Bajo estas condiciones, jamás aumentará el nivel de nuestras reservas.

7. “Afortunadamente” el Imperialismo norteamericano nos ofrece una solución, ya incluida en el paquete: el endeudamiento externo. Estará dispuesto a prestarnos dólares, eso sí, con la condición de que se utilicen para promover e incentivar la inversión extranjera privada, preferiblemente norteamericana, de manera de garantizarse que los billetes verdes regresen al norte.

8. Un detalle importante es que los dólares que nos prestarán para nuestro “desarrollo”, son los mismos que generaron las empresas privatizadas.

9. Estando más endeudados y con intereses de deuda que pagar, nuestras reservas internacionales se verán cada vez más comprometidas y limitadas. Nuestra dependencia al Imperialismo norteamericano será cada vez mayor.

Sin dudas sería una gran transformación para Venezuela. Nuevamente seríamos Colonia, en esta ocasión, norteamericana.

 

 

El “golpe maestro” que EE.UU. prepara contra Venezuela

Risultati immagini per Stella Callonipor Stella Calloni – diariocontexto.com.ar

Estados Unidos y sus socios preparan en silencio el brutal plan “para acabar con la ‘dictadura’ de Venezuela: el Golpe Maestro”, que está ya en marcha y cuya primera parte comenzaría antes de las próximas elecciones venezolanas; y si no tienen éxito en derrocar al presidente Nicolás Maduro con la nueva ofensiva, donde utilizarán todo el aparato propagandístico y mediático, y más acciones violentas en “defensa de la democracia”, accionarán el Plan B, que abarcará a varios países imponiendo una “fuerza multilateral” para intervenir militarmente.

Panamá, Colombia, Brasil y Guyana son puntos claves del movimiento militar, con el apoyo de Argentina y otros “amigos”, bajo control del Pentágono. Ya tienen preparadas las bases que ocuparán, los países de apoyo directo (fronterizos), y hasta hospitales y centros de acopio de víveres para sus soldados.

El documento analiza la situación actual ratificando la guerra contrainsurgente que se libra contra Venezuela, pero también el perverso esquema de la guerra psicológica que permite entender la persecución, el acoso, el desprestigio, la mentira criminal que se utiliza para acabar no sólo con las dirigencias populares, sino contra los pueblos de la región.

Esto surge de un documento que lleva la firma USN K W TIDD, es decir, Kurt Walter Tidd, almirante de la Armada de Estados Unidos, actual comandante del Comando Sur, y que no ha sido aún divulgado.

Al referirse a la situación actual de Venezuela, el informe menciona que tambalea la “dictadura venezolana chavista como resultado de sus problemas internos, la gran escasez de alimentos, el agotamiento de ingreso de fuentes de dinero externo y una corrupción desenfrenada, que ha mermado el apoyo internacional, ganado con petro-dólares, y que el poder adquisitivo de la moneda nacional está en constante picada”.

Suponen que este escenario, que admiten que ellos mismos han creado, con una impunidad que aterra, no cambiará. En este caso, justifican sus acciones advirtiendo que el gobierno venezolano acudirá a nuevas medidas “populistas” para preservarse. Asombra en qué lugar colocan a la oposición que ellos manejan, asesoran y pagan, al entender que “el corrupto régimen de Maduro colapsará, pero lamentablemente las fuerzas opositoras, defensoras de la democracia y del bienestar de su pueblo, no tienen poder suficiente para poner fin a la pesadilla de Venezuela” por las disputas internas e incluso “la corrupción similar a la de sus rivales, así como la escasez de raíces” (NdR: es decir, de patriotismo), que no les permite sacar “el máximo provecho de esta situación y dar el paso necesario para sobrevolar el estado de penuria y la precariedad en la que el grupo de presión que ejerce la dictadura de izquierda ha sumergido al país”.

Lo que resulta aterrador es que mientras consideran que se está ante “una acción criminal sin precedentes en América Latina”, refiriéndose al gobierno de Venezuela, que nunca ha actuado contra ninguno de sus vecinos y que ha mostrado una intensa solidaridad regional y mundial, el Plan sostiene que la “democracia se extiende en América, continente en el cual el populismo radical estaba destinado a tomar el control”.

“Argentina, Ecuador y Brasil son ejemplo de ello. Este renacimiento de la democracia -así le llaman- está soportado sobre las determinaciones más valiosas y las condiciones de la región, las cuales corren a su favor. Este es el momento en que los Estados Unidos prueben, con acciones concretas, que ellos están implicados en ese proceso en el que derrocar a la dictadura venezolana seguramente representará un punto de inflexión continental”.

Por otra parte, alientan al presidente estadunidense Donad Trump a actuar,considerando que “esta es la primera oportunidad de la Administración Trump para demostrar y llevar adelante su visión sobre democracia y seguridad”. Buscan convencerlo de que “su participación activa es crucial, no sólo para la Administración sino para el continente y el mundo; que el momento ha llegado”.

Esto significa “intensificar el derrocamiento definitivo del chavismo y la expulsión de su representante, socavar el apoyo popular” al gobierno y “alentar la insatisfacción popular, aumentando el proceso de desestabilización y el desabastecimiento para “asegurar el deterioro irreversible de su actual dictador”.

Si uno quiere avanzar en el arte de la perversión contrainsurgente, basta leer este párrafo: “Sitiarlo (a Maduro), ridiculizarlo y mostrarlo como un símbolo de torpeza e incompetencia, exponerlo como una marioneta de Cuba”. También sugieren “exacerbar la división entre los miembros del grupo de gobierno, revelando las diferencias de sus condiciones de vida y la de sus seguidores y al mismo tiempo incitándolos a mantener en aumento esas divergencias”.

El plan está destinado a ejecutarse en forma rápida y furiosa, como las medidas tomadas por los mayordomos de Washington, Mauricio Macri y Michel Temer, con una escandalosa historia de corrupción, transformados por el Imperio en “líderes de la transparencia” que tomaron medidas en horas para la destrucción de los Estados nacionales con la certeza del disparo de un misil.

Demanda el plan de Estados Unidos hacer insostenible el gobierno de Maduro forzándolo a claudicar, negociar o escapar. El Plan para acabar en plazos muy cortos con la llamada “dictadura” de Venezuela llama a ”incrementar la inestabilidad interna a niveles críticos, intensificando la descapitalización del país, la fuga de capital extranjero y el deterioro de la moneda nacional, mediante la aplicación de nuevas medidas inflacionarias que incrementen ese deterioro”.

Otro objetivo es “obstruir todas las importaciones y al mismo tiempo desmotivar a los posibles inversores foráneos” para –y vean ustedes la bondad capitalista– “contribuir a hacer más crítica la situación de la población”.

También abarca el plan, en sus once páginas, “apelar a aliados domésticos como a otras personas insertadas en el escenario nacional con el objetivo de generar protestas, disturbios e inseguridad, pillaje, saqueos, robos, asaltos y secuestros de buques y otros medios de transportes, con la intención de desabastecer el país, a través de todas las fronteras y otras posibles maneras, poniendo en peligro la seguridad nacional de sus vecinos”.

Consideran importante “causar víctimas” para señalar como responsables de esos hechos a los gobernantes “magnificando, frente al mundo la crisis humanitaria, a la que está sometido el país”, usando la mentira de una corrupción generalizada de los gobernantes y ligar al gobierno al narcotráfico para desacreditar su imagen frente al mundo y sus seguidores domésticos”, además promover “la fatiga entre los miembros del PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela) incitando a la inconformidad entre ellos mismos, para que rompan ruidosamente las relaciones con el gobierno y para que rechacen las medidas y restricciones que también los afectan” y hacerlos tan débiles como es la oposición, “creando fricciones entre el PSUV y Somos Venezuela”.

La propuesta va subiendo de tono, como cuando llama a “estructurar un plan para lograr la deserción de los profesionales más calificados del país, para dejarlos sin profesionales en absoluto, lo que agravará más la situación interna y en este sentido culpar al gobierno”.

La mano militar

Como en una novela de suspenso, el documento llama a “utilizar a los oficiales del ejército como una alternativa de solución definitiva” y “continuar endureciendo la condición dentro de las Fuerzas Armadas para llevar a cabo un golpe de Estado, antes de que concluya el 2018, si esta crisis no hace que la dictadura colapse o el dictador no se decida a hacerse a un lado”.

Entendiendo que todo lo anterior puede fallar y con evidente desprecio por la oposición, llama a “continuar el fuego continuo en la frontera con Colombia, multiplicar el tráfico de combustible y otros bienes, el movimiento de los paramilitares, incursiones armadas y tráfico de drogas, provocando incidentes armados con las fuerzas de seguridad de la frontera venezolana y además “reclutar paramilitares mayormente de los campos de refugiados en Cúcuta, la Guajira y del norte de Santander, áreas largamente pobladas por ciudadanos colombianos que emigraron a Venezuela y ahora retornaron, huyendo del régimen que intensificó la desestabilización entre las fronteras entre dos países, usando el espacio vacío que dejó la FARC, la beligerancia del ELN y las actividades en el área cártel del Golfo (paramilitares)”.

Aquí viene el armado del golpe final cuando se planea “preparar el involucramiento de fuerzas aliadas en apoyo a los oficiales de la Armada venezolana o para controlar la crisis interna en caso de que se demore mucho la iniciativa […] establecer en una línea de tiempo rápido que prevenga que el dictador continúe ganando el control del escenario interno. Si fuera necesario actuar antes de las elecciones estipuladas para el próximo mes de abril”, en realidad serán el 20 de mayo y desde ya no las reconocen.

El nudo de la cuestión es “obtener el apoyo de cooperación de las autoridades aliadas de países amigos (Brasil, Argentina, Colombia, Panamá y Guyana).Organizar las provisiones, de las tropas, apoyo logístico y médico desde Panamá. Hacer buen uso de las facilidades de la vigilancia electrónica y las señales inteligentes; de hospitales y dotaciones desplegadas en Darién (selva panameña), el equipamiento de drones del Plan Colombia, como también las tierras de las antiguas bases militares de Howard y Albroock (Panamá), así como las pertenecientes a Río Hato. Además, en el Centro Regional Humanitario de Naciones Unidas, diseñado para situaciones de catástrofe y emergencia humanitaria, que cuenta con un campo de aterrizaje aéreo y sus propios almacenes”

Ya estamos hablando de un escenario de intervención donde se propone “avanzar en la basificación (estacionarse) de aviones de combate y helicópteros, vehículos blindados, posiciones de inteligencia y unidades militares de logística especiales (policías, oficiales militares y prisiones) […] Desarrollar la operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático, del secretario general Luis Almagro”.

“Declarando la necesidad de que el Comando Continental fortalezca la acción, usando del instrumento del capítulo democrático interamericano, con el objetivo de evitar la ruptura democrática”.

Y más aún, “uniendo a Brasil, Argentina, Colombia y Panamá para contribuir al mejor número de tropas, hacer uso de su proximidad geográfica y experiencia en operaciones en regiones boscosas o selváticas. Fortaleciendo su condición internacional con la presencia de unidades de combate de los Estados Unidos y de las naciones mencionadas; bajo el comando general del Estado Mayor Conjunto liderado por Estados Unidos”.

Asombra la impunidad con que todo se está preparando a espalda de los pueblos, en la ilegalidad absoluta, y esto hace comprensible las últimas maniobras militares de Estados Unidos en esta región en la frontera de Brasil con Venezuela (Brasil, Perú, Colombia), en el Atlántico Sur (Estados Unidos, Chile, Gran Bretaña, Argentina), en el caso argentino, sin autorización del Congreso en octubre-noviembre pasado.

“Usando las facilidades del territorio panameño para la retaguardia y las capacidades de Argentina para la seguridad de sus puertos y de las posiciones marítimas […] Proponer a Brasil y Guyana para hacer uso de la situación migratoria a la cual tenemos intención de alentar en la frontera con Guyana. Coordinar el apoyo a Colombia, Brasil, Guyana, Aruba, Curazao, Trinidad y Tobago y otros Estados frente al flujo de migrantes venezolanos debido a los eventos de la crisis”.

Pero además “promover la participación internacional en este esfuerzo como parte de la operación multilateral con contribución de Estados, organismos no estatales y cuerpos internacionales, y abastecer de adecuada logística, inteligencia, apoyos, anticipando especialmente los puntos más valiosos en Aruba, Puerto Carreño, Inirida, Maicao, Barranquilla y Sincelejo, en Colombia, y Roraima, Manaos y Boavista en Brasil”. Increíble mapa de una guerra de intervención anunciada.

Información estratégica

Es asombroso el plan de silenciar “el simbolismo de la presencia de la representatividad de Chávez y el apoyo popular” y mantener el acoso “al dictador como único responsable de la crisis en la cual él ha sumergido a la nación” y sus más cercanos seguidores, a los que se acusará de la crisis y la imposibilidad de salir de esta.

En otro párrafo se llama a “intensificar el descontento contra el régimen de Maduro y señalar la incompetencia de los mecanismos de integración creados por los regímenes de Cuba y Venezuela, especialmente el ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América) y Petrocaribe”.

En cuanto al tema mediático, el plan diseñado por Estados Unidos llama a aumentar dentro del país a través de los medios de comunicación locales y extranjeros la diseminación de mensajes diseñados y basados en testimonios y publicaciones originados en el país, haciendo uso de todas las capacidades posibles, incluidas las redes sociales, y por otra parte “llamar a través de los medios de comunicación a la necesidad de poner fin a esa situación porque es en esencia insostenible”.

En uno de sus últimos párrafos se trata de “asegurar” o mostrar el uso de medios violentos por parte de la dictadura para obtener el apoyo internacional, utilizando “todas las capacidades de la Guerra Psicológica de la Armada de Estados Unidos”. Es decir, repitiendo los mismos escenarios de mentiras, armado de noticias, fotografías y videos falsos, y todo lo usado en las guerras coloniales del siglo XXI.

“Estados Unidos deberá apoyar internamente a los Estados americanos que lo apoyan”, levantar la imagen de estos y del “orden multilateral de instituciones del sistema interamericano, como instrumentos para la solución de los problemas regionales. Promover la necesidad de envío de la Fuerza Militar de la ONU para la imposición de la paz, una vez que la dictadura corrupta de Nicolás Maduro sea derrocada”.

La izquierda latinoamericana volverá al poder, pero con otro liderazgo

Risultati immagini per America XXIpor América XXI Noticias

9 de mayo de 2018.- El periodista argentino Luis Bilbao, director de América XXI, afirmó que “los movimientos populares de América Latina volverán a tomar posiciones de poder, pero no con los mismos liderazgos”.

Señaló que Argentina y Brasil experimentan los resultados de haber sido inconsecuentes con Venezuela cuando el comandante Chávez planteó estrategias verdaderamente revolucionarias.

Entrevistado por el periódico digital Supuesto Negado, Bilbao hizo un análisis de lo que sucede en materia política en América Latina y recordó que tampoco acompañaron a Chávez en la propuesta de una Quinta Internacional.

Lo que ha pasado en varios países (Brasil, Nicaragua) y en la Unión de Naciones del Sur (Unasur), ¿indica que estamos en un retroceso de la izquierda o en la etapa preparatoria de una nueva oleada?

En un sentido, hay un retroceso, pues es evidente que en Estados Unidos, su Departamento de Estado, la estrategia imperialista ha ganado espacio. Pero yo no lo atribuyo de una manera genérica a un retroceso de la Revolución. Cuando hablamos de izquierda hay que hacer algunas precisiones porque se engloban cosas demasiado diferentes y a veces muy contradictorias. Ese concepto está cada vez más desdibujado. Prefiero hablar de fuerzas revolucionarias, socialistas o anticapitalistas. En ese sentido, no hay un retroceso de ese conjunto de movimientos, pero sí ha habido, claramente, una derrota letal de todas las fuerzas reformistas que han tenido, en algunos casos, un cariz progresista, y en otros ni siquiera eso, y que no quisieron acompañar la propuesta revolucionaria de Venezuela y particularmente del comandante Chávez en su momento. No quisieron acompañar el ingreso al ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América), no quisieron acompañar la constitución del Banco del Sur, la moneda única latinoamericana. Incluso, tampoco acompañaron a Chávez en la propuesta de una Quinta Internacional. Ahora se está pagando el precio de esas inconsecuencias.

Bilbao subrayó que “la conducción revolucionaria venezolana previó circunstancias como las que se están viviendo e hizo todo lo posible para fortalecer las estructuras, las organizaciones y las tendencias que decían ser anticapitalistas o antiimperialistas, pero que en algunos casos no lo eran implícitamente y en otros casos no lo eran porque en la práctica no condecían con sus discursos”. El proceso que se está viviendo ahora es, a su juicio, una especie de depuración que pondrá en claro qué organización es realmente revolucionaria y cuál es pequeñoburguesa, reformista o con algunos atisbos antiimperialistas pero que no asumen la propuesta de transitar hacia un sistema diferente.

Añadió que en varios de los países latinoamericanos se ha pretendido reformar el capitalismo, avanzar en sentido social desde el mismo capitalismo, y eso tiene límites muy concretos. “Esos fueron los casos de los gobiernos de Brasil y Argentina, que se negaban por completo a una definición netamente antiimperialista y anticapitalista. Quisieron cabalgar en los dos sentidos, quisieron reformar el capitalismo con un sentido humanista y eso, ya se ha demostrado cabalmente, es imposible. Lo que estamos viendo ahora es la evidencia de esa imposibilidad. Por eso no se puede decir que sea un retroceso, sino más bien, una posibilidad de avance, porque en la próxima fase, que en mi opinión ya está comenzando, no tendremos que lidiar con este tipo de organizaciones que se impusieron en estos países con su proyecto de reforma capitalista”.

El entrevistado se anticipa a alguna pregunta sobre el hecho de que tampoco en Venezuela se ha logrado una venturosa transición al socialismo, sino que se han producido efectos económicos desastrosos. “Eso es cierto, pero no ha sido la transición al socialismo lo que ha producido esos efectos, sino la fuerza contrarrevolucionaria que se lanzó sobre Venezuela para impedirle desarrollar la potencia de una propuesta anticapitalista. Es evidente que se paga un precio muy caro por tratar de traspasar esa frontera, pero ese precio es responsabilidad particularmente de nosotros los argentinos y de los hermanos brasileños que no pudimos constituir una fuerza para ponernos a la par del proyecto que estaba desarrollando el comandante Chávez y que luego siguió el presidente Nicolás Maduro”.

¿Esa nueva etapa, que usted considera que ya ha comenzado, se daría con los mismos líderes de la vez anterior o con otros? Por ejemplo, ¿Luiz Inácio Lula Da Silva y Cristina Fernández de Kirchner volverían al gobierno, pero con una reflexión hecha, un enfoque nuevo?

Definitivamente no. En el caso de Cristina Fernández, eso está muy claro porque ella perdió tres elecciones sucesivas. La población le dio la espalda a su proyecto. En el caso de Lula no ocurre exactamente lo mismo, como tampoco se puede comparar, en absoluto, al Partido de los Trabajadores brasileño con las fuerzas que se sumaron al kirchnerismo en Argentina, pero de todas maneras me parece demasiado evidente que cuando estuvo en jaque el gobierno de Dilma Rousseff, el del PT, el de Lula, si queremos decirlo así, las masas no salieron a defenderlo. Y no lo hicieron porque ya el proyecto originario del PT había sido alterado, no había sido consecuentemente sostenido por Lula ni por Dilma. Así que en ninguna hipótesis esa nueva etapa será con los mismos liderazgos.

¿Qué puede decirse en el caso de Rafael Correa, en el que un sucesor autorizado e impulsado por él (Lenín Moreno), está desarrollando una estrategia aparentemente contra-revolucionaria?

Acá tenemos también una experiencia muy importante. No es el mismo caso de Argentina y Brasil, aunque el compañero Correa quiere identificarse con estos dos procesos, lo que me parece un error estratégico de su parte. Lo que ocurrió en Ecuador fue también la indecisión frente a un programa de transición al socialismo, el tratar de cabalgar a dos aguas. También tenemos la negativa de Correa y de los principales líderes de su proyecto a construir un partido revolucionario, lo que sí se hizo en Venezuela. Ellos se negaron a constituir una Quinta Internacional cuando la propuso el comandante Chávez. Luego ocurren estas cosas aparentemente incomprensibles, como que el candidato elegido por Correa para la sucesión se da vuelta en el aire y empieza a aplicar una estrategia invertida al proyecto originario. Allí queda la certeza de que hace falta un programa, una estrategia y una organización seria, con cuadros, con liderazgos, para llevar a cabo una propuesta revolucionaria.

¿El retiro en bloque del grupo de países con gobiernos pro estadounidenses hiere de muerte a la Unasur?

No diría que la hiere de muerte en este momento, pero subrayaría el hecho de que Unasur está estructuralmente debilitada y poco menos que quebrada desde hace mucho tiempo. Incluso, en vida del comandante Chávez, ya Unasur no funcionaba como debía. Argentina y Brasil, con gobiernos supuestamente progresistas y antiimperialistas, se negaron a ingresar al ALBA, que era un nivel superior de definición ideológica y política, se negaron al Banco del Sur y a la moneda única latinoamericana. Con eso frenaron el movimiento y dejaron espacio para que posteriormente, cuando se impusieron las fuerzas conservadoras en esos países, pudieran romper con Unasur. Ahora puede sobrevivir, pero como una fuerza indefinida en lo esencial. El verdadero eje de la estrategia para quienes ansiamos una verdadera política antiimperialista y anticapitalista es el fortalecimiento, el desarrollo, la ampliación del ALBA, no solamente con gobiernos sino con estructuras nacionales, para que podamos incorporarnos los integrantes de toda aquella enorme fuerza militante que en el resto de América Latina comparte los proyectos, las estrategias, las definiciones del ALBA, pero sus gobiernos no están en ella.

En el caso de Nicaragua, visto el conflicto surgido alrededor del tema de la seguridad social, ¿no será que a Daniel Ortega le está pasando lo mismo que a los gobiernos que quisieron cabalgar entre capitalismo y socialismo?

No. Creo que es diferente, aunque debo admitir que no conozco el caso en detalle. Sí es cierto que hay una reticencia o una toma de distancia respecto a una política de transición franca al socialismo. Cuando uno mira objetivamente el proyecto de Daniel Ortega para resolver el problema previsional, debe coincidir con él en que es imprescindible tomar esas medidas. El problema es que esas medidas están enteramente dentro del marco de un cuadro capitalista. Aquí pongo de ejemplo el caso argentino, donde se ha criticado mucho al gobierno de Macri por la reforma previsional que hizo, y en muchos sentidos es correcto criticarlo, pero desde el punto de vista real es imposible, bajo el modelo capitalista, sostener el sistema previsional argentino, que es bastante amplio y avanzado, sin hacer esos ajustes. Esto lleva a la reconfirmación de que, en el sistema capitalista, tarde o temprano siempre pagan las masas por las crisis estructurales. Es parte del modelo que estas crisis las deben pagar los pueblos, no las clases dominantes, no las trasnacionales ni las burguesías.

¿El cambio de mando en Cuba (con la elección de Miguel Díaz-Canel) qué expectativas genera en este sentido?

Creo que hay un cambio de nombre y de generación en el ejercicio inmediato del poder. Eso es positivo, sobre todo porque se pudo hacer con toda tranquilidad desde el punto de vista político y social. Ahora bien, en Cuba, como en cualquier otro país, está planteada la discusión de cómo hacer para resolver los dramáticos problemas económicos de nuestros pueblos: ¿con el concurso de la economía de mercado o buscando profundizar la economía socialista, es decir, la planificación y la participación popular? Allí ese debate también va a darse. Lo seguiremos muy de cerca, con mucha esperanza, con mucha expectativa y con mucha confianza en la historia de la Revolución Cubana. En ese caso creo que están dadas las mejores condiciones para que tenga un desenlace positivo.

Siempre queda la posibilidad de que salga por ahí otro Lenín Moreno…

En Argentina decimos “que en lugar de pato salga gallareta”… Pero yo creo que podemos confiar. En todo caso, pero la batalla está planteada porque siempre habrá fuerzas que propongan resolver los problemas del socialismo con recetas de mercado.

 

Un camino de organización

por Marco Terruggi – telesurtv.net

Recorra cualquier zona popular de Venezuela, urbana o rural, no encontrará ninguna donde no exista alguna forma de organización. No falla. No es casualidad, es una manera de desarrollar la política que estuvo presente desde el punto cero de la revolución. Desde los primeros discursos de Hugo Chávez hasta sus últimas reflexiones, el llamado a la organización fue una constante. Era, junto a la resolución de la deuda histórica, la tarea imprescindible. Más aún, era a través de la organización que se podía dar respuesta a la avalancha de demandas ante las cuales se encontró el chavismo en sus primeros momentos y para lo cual la institucionalidad no tenía capacidad de respuesta.

Se puede construir una genealogía de las formas organizativas hasta llegar a las actuales. Desde las misiones sociales, casas de alimentación, mesas técnicas de agua, círculos bolivarianos, comités de tierras urbanas, fundos zamoranos, consejos comunales, comunas, consejos presidenciales de gobierno popular, hasta los comités locales de abastecimiento y producción (Clap). Cada una de las experiencias respondió a las necesidades materiales y políticas de ese momento, fue parte de un aprendizaje y creación colectiva.

Puestos a ordenar, con el peligro de todo orden en un proceso multitudinario y heterogéneo, se podría hablar de tres momentos. El primero, desde 1999 hasta 2006, marcado el proceso constituyente que puso el tiempo de la refundación nacional, seguido de la resolución de la deuda histórica en agua, salud, educación, cedulación, comida, con el vuelco masivo a procesos organizativos sectoriales/reivindicativos. Para cada necesidad se construyó un proceso de participación. Fue la etapa en que la revolución se enfrentó a los asaltos golpistas de la derecha, que llegó a paralizar la industria petrolera, es decir casi el país.

El segundo momento puede marcarse hasta 2012. Época de derrotas y desvaríos estratégico de la derecha, es cuando Chávez está consolidado en el gobierno, como líder, la economía crece, y aparece el horizonte socialista. Ya no se trata de impulsar experiencias organizativas en clave reivindicativas/sectoriales, sino, a partir de toda esa fuerza acumulada y conteniéndolas, ensayar formas de organización que carguen la potencia de la transición al socialismo. Son centralmente los consejos comunales y las comunas, que deben poner en pie gobiernos de la comunidad en sus territorios.

Finalmente, la etapa actual, aparecida como quiebre con la muerte de Chávez en el 2013 hasta la actualidad. Es un periodo marcado, entre otras cosas, por un asedio de guerra que ha disparado sobre todos los frentes. En ese cuadro aparecieron nuevos ensayos de la transición y el cogobierno, como los consejos presidenciales de gobierno popular, y en la última parte, una centralización en los Clap, una decisión que puede leerse en términos pragmáticos ante la necesidad de dar una respuesta a la urgencia económica, así como bajo el predominio de una mirada política que descree de la posibilidad comunal.

El hilo conductor entre los tres períodos reside en el llamado por parte del liderazgo/gobierno a la organización. En ese proceso permanente se formó una de las dimensiones centrales del chavismo, que es su experiencia de colectiva organización. Hablo de decenas de miles de consejos comunales o de Clap, por ejemplo.

Es una parte esencial de la revolución política, que se adelantó a la económica. Tomaron la palabra pública hombres y mujeres, que nunca habían participado políticamente, ni desarrollado experiencias previas. Se trató de la irrupción democrática de los excluidos, su conformación como sujeto histórico, a la vez que, en ese movimiento, de la emergencia de nuevas formas de la democracia, en particular en las comunas, “expresión de una nueva cultura política”1. Organización, formación, y movilización: la triada revolucionaria, el encuentro entre un llamado y una necesidad. Con una flaqueza: la casi siempre dependencia material de la organización con las instituciones, lo que se tradujo también en dependencia política, en imposibilidad de autonomías necesarias, planteadas por el mismo Chávez. ¿Hasta qué punto es poder el poder popular?

La unidad entre identidad política y procesos organizativos le otorga al chavismo una radicalidad para avanzar y resistir esta época. Así como se puede realizar la genealogía de las formas de organización, se puede investigar qué ha quedado en los territorios, qué predomina en estas circunstancias de adversidades que buscan, ese es su plan, descomponer ese inmenso tejido. Algunas experiencias fueron integradas a otras, en particular a consejos comunales y comunas, otras han regresado por las necesidades, como las casas de alimentación, mientras que los Clap tomaron la centralidad de manera acelerada en las comunidades. No podía ser de otra manera: son una respuesta alimentaria parcial cuando la comida escasea o está a precios inaccesibles. Difícilmente se podrían haber puesto en marcha en esa magnitud sin toda la experiencia anterior acumulada.

Es bueno ir más allá en el análisis y entrar en debate acerca de las perspectivas que cargan diferentes formas organizativas. Los Clap han sido pensados como mecanismos paliativos en situación de emergencia, no como formas de ensayo socialistas en una perspectiva de transición. Eso pueden y deben ser las comunas, que son la territorialización del socialismo, el ensayo de asentarlo sobre gobiernos comunales con capacidad de autogestión, de ser una nueva institucionalidad con capacidad de ejercicio de un poder comunitario y nacional. Una red articulada de comunas cubriendo el país por-venir, más allá de partidos, movimientos, instituciones. Para decirlo al revés: sin desarrollo comunal ¿dónde está el socialismo del siglo xxi? ¿Qué es el socialismo del siglo xxi? Es la pregunta por el proyecto estratégico.

Sin esa organización en constante crecimiento no hay posibilidad de fundar lo nuevo. Es la fórmula Chávez.

Recorra cualquier zona popular de Venezuela, urbana o rural, no encontrará ninguna donde no exista alguna forma de organización. No falla. No es casualidad, es una manera de desarrollar la política que estuvo presente desde el punto cero de la revolución. Desde los primeros discursos de Hugo Chávez hasta sus últimas reflexiones, el llamado a la organización fue una constante. Era, junto a la resolución de la deuda histórica, la tarea imprescindible. Más aún, era a través de la organización que se podía dar respuesta a la avalancha de demandas ante las cuales se encontró el chavismo en sus primeros momentos y para lo cual la institucionalidad no tenía capacidad de respuesta.

Se puede construir una genealogía de las formas organizativas hasta llegar a las actuales. Desde las misiones sociales, casas de alimentación, mesas técnicas de agua, círculos bolivarianos, comités de tierras urbanas, fundos zamoranos, consejos comunales, comunas, consejos presidenciales de gobierno popular, hasta los comités locales de abastecimiento y producción (Clap). Cada una de las experiencias respondió a las necesidades materiales y políticas de ese momento, fue parte de un aprendizaje y creación colectiva.

Puestos a ordenar, con el peligro de todo orden en un proceso multitudinario y heterogéneo, se podría hablar de tres momentos. El primero, desde 1999 hasta 2006, marcado el proceso constituyente que puso el tiempo de la refundación nacional, seguido de la resolución de la deuda histórica en agua, salud, educación, cedulación, comida, con el vuelco masivo a procesos organizativos sectoriales/reivindicativos. Para cada necesidad se construyó un proceso de participación. Fue la etapa en que la revolución se enfrentó a los asaltos golpistas de la derecha, que llegó a paralizar la industria petrolera, es decir casi el país.

El segundo momento puede marcarse hasta 2012. Época de derrotas y desvaríos estratégico de la derecha, es cuando Chávez está consolidado en el gobierno, como líder, la economía crece, y aparece el horizonte socialista. Ya no se trata de impulsar experiencias organizativas en clave reivindicativas/sectoriales, sino, a partir de toda esa fuerza acumulada y conteniéndolas, ensayar formas de organización que carguen la potencia de la transición al socialismo. Son centralmente los consejos comunales y las comunas, que deben poner en pie gobiernos de la comunidad en sus territorios.

Finalmente, la etapa actual, aparecida como quiebre con la muerte de Chávez en el 2013 hasta la actualidad. Es un periodo marcado, entre otras cosas, por un asedio de guerra que ha disparado sobre todos los frentes. En ese cuadro aparecieron nuevos ensayos de la transición y el cogobierno, como los consejos presidenciales de gobierno popular, y en la última parte, una centralización en los Clap, una decisión que puede leerse en términos pragmáticos ante la necesidad de dar una respuesta a la urgencia económica, así como bajo el predominio de una mirada política que descree de la posibilidad comunal.

El hilo conductor entre los tres períodos reside en el llamado por parte del liderazgo/gobierno a la organización. En ese proceso permanente se formó una de las dimensiones centrales del chavismo, que es su experiencia de colectiva organización. Hablo de decenas de miles de consejos comunales o de Clap, por ejemplo.

Es una parte esencial de la revolución política, que se adelantó a la económica. Tomaron la palabra pública hombres y mujeres, que nunca habían participado políticamente, ni desarrollado experiencias previas. Se trató de la irrupción democrática de los excluidos, su conformación como sujeto histórico, a la vez que, en ese movimiento, de la emergencia de nuevas formas de la democracia, en particular en las comunas, “expresión de una nueva cultura política”1. Organización, formación, y movilización: la triada revolucionaria, el encuentro entre un llamado y una necesidad. Con una flaqueza: la casi siempre dependencia material de la organización con las instituciones, lo que se tradujo también en dependencia política, en imposibilidad de autonomías necesarias, planteadas por el mismo Chávez. ¿Hasta qué punto es poder el poder popular?

La unidad entre identidad política y procesos organizativos le otorga al chavismo una radicalidad para avanzar y resistir esta época. Así como se puede realizar la genealogía de las formas de organización, se puede investigar qué ha quedado en los territorios, qué predomina en estas circunstancias de adversidades que buscan, ese es su plan, descomponer ese inmenso tejido. Algunas experiencias fueron integradas a otras, en particular a consejos comunales y comunas, otras han regresado por las necesidades, como las casas de alimentación, mientras que los Clap tomaron la centralidad de manera acelerada en las comunidades. No podía ser de otra manera: son una respuesta alimentaria parcial cuando la comida escasea o está a precios inaccesibles. Difícilmente se podrían haber puesto en marcha en esa magnitud sin toda la experiencia anterior acumulada.

Es bueno ir más allá en el análisis y entrar en debate acerca de las perspectivas que cargan diferentes formas organizativas. Los Clap han sido pensados como mecanismos paliativos en situación de emergencia, no como formas de ensayo socialistas en una perspectiva de transición. Eso pueden y deben ser las comunas, que son la territorialización del socialismo, el ensayo de asentarlo sobre gobiernos comunales con capacidad de autogestión, de ser una nueva institucionalidad con capacidad de ejercicio de un poder comunitario y nacional. Una red articulada de comunas cubriendo el país por-venir, más allá de partidos, movimientos, instituciones. Para decirlo al revés: sin desarrollo comunal ¿dónde está el socialismo del siglo xxi? ¿Qué es el socialismo del siglo xxi? Es la pregunta por el proyecto estratégico.

Sin esa organización en constante crecimiento no hay posibilidad de fundar lo nuevo. Es la fórmula Chávez.

El viejo y el machete

por Marco Teruggi – telesurtv.net

El viejo cuenta cuando le metieron la aguja en el ojo y se le aflojó todo. La imita con el dedo, de lejos hasta casi tocarse. Luego que le rasparon la parte de adentro y pensó que listo, no vería nunca más. A los días la luz pasó de tenue a entera, y ya Cuba no era Cuba sino nuevamente Venezuela, en la parte baja de Mérida, que a veces es Zulia, o también Trujillo, y se conoce como Sur del Lago. Volvió a agarrar el machete, calzarse las botas, andar con la camisa a medio abrir, y a rescatar tierras de manos de los terratenientes. Eso, se sabe, cuesta vida. Más de trescientos campesinos asesinados en dieciocho años. Quitarle poder a quien siempre lo ha tenido desata muerte.

Fue su primera vez en un avión, en una clínica de excelencia, todo fue gratuito. ¿Qué proceso político invierte dinero en los ojos de un campesino viejo? ¿Qué piensa un campesino viejo cuando recupera la totalidad de la mirada que daba por perdida? Fue junto a su compañera y varios contingentes de venezolanos. No se olvida de un solo detalle, tampoco de cómo se rescatan tierra: quince años después sigue ahí, terco con su machete y las botas con barro. El país ha cambiado en ese tiempo, la ola de avances contra la oligarquía se estancó, con un saldo de más de cuatro millones de hectáreas recuperadas y varios debates abierto. ¿Se hicieron productivas las tierras rescatadas? ¿Funcionaron de mejor manera las recuperaciones en manos del Estado o de los campesinos organizados?

Se podrían escribir miles de páginas de historias similares, de las masas de desposeídos que pudieron estudiar, tuvieron atención médica, pasaron de ser excluidos a centro de gravedad de un país, a politizarse, entrar a teatros, oficinas no solo para limpiarlas, a acceder a departamentos nuevos, imaginarios, a ser reivindicados por Chávez, proveniente él mismo de ese territorio histórico. Se trató de una democratización radical, en manos de la gente de a pie. El barrio, los pobres, campesinos, marginados, mujeres, sobre todo mujeres.

Como un dique que reventó, y los perdedores de traiciones de independencia y pactos de élites irrumpieron en la escena. Con pasiones alegres, impactantemente alegres.

La deuda histórica acumulada era inmensa al acceder Hugo Chávez a la presidencia. Falta de salud, acceso a la educación, la vivienda, la cedulación, el agua, la comida, los estragos de la avaricia de quienes condujeron a las mayorías de un un país petrolero a la pobreza. Es falso el mito de la Venezuela feliz pre-Chávez. Esa Venezuela había volado por los aires el 27 de febrero de 1989, y los protagonistas de esos días de plomo y multitud fueron quienes construyeron la columna vertebral del chavismo, su horizonte. Ahí puso Chávez la apuesta estratégica. Y lo primero fue esa deuda, resolverla de manera acelerada: abrir centros de salud, misiones para el estudio, agua para los barrios, comida en los platos.

Reducir la cuestión a lo material es como reducir el chavismo a un gobierno: un error. El proceso generó una revalorización de millones, como personas, historia nacional, popular, forma de vida, color de piel. La dignidad, el orgullo en su mejor sentido, esa fue la potencia que se puso en movimiento, enfrentó el golpe de Estado del 2002, el paro petrolero, permite resistir estos años en que las conquistas materiales -salvo excepciones como las viviendas- ya no avanzan, retroceden, y quienes son mayoritariamente afectados son las clases medias y bajas, centralmente la base social chavista.

El chavismo se configuró como algo propio, identitario, el nombre político de los que siempre estuvieron fuera del juego. Existe una ecuación que pocas veces falla: cuanto más humilde materialmente es un barrio, más chavista es su gente. La clase media emergente fue la primera en alejarse ante los impactos de una guerra diseñada y combinada con errores propios -las clases medias históricas asociaron mayoritariamente su destino al de los ricos miameros. La dimensión del chavismo como identidad, potenciada por el vínculo racional/sentimental con la figura de Hugo Chávez, se construyó por un protagonismo en la conquista de las cosas: no cayeron del cielo.

Lo escucho al viejo. Cuando tenemos sed corta un coco con el machete, convida el agua, cuenta de la producción, de los rescates de tierras que ahora producen maíz, yuca, plátanos, porque de lo que se trata es de democratizar la tierra y darle la productividad que nunca le dieron los terratenientes. El viejo no se ha hecho rico, tiene la piel como cuero, flaco con los músculos tensos, sigue en la de siempre. ¿Quién le quita el ser chavista? Aunque la situación esté difícil, se hayan dado desalojos a campesinos con la complicidad de quienes deberían ser chavistas y ante un monto en dólares se dieron vuelta, o tal vez siempre se acomodaron y nunca fueron. Él mismo es el chavismo.

Son millones como él. La base social dura del chavismo, el mismo chavismo. Que emerge cuando muchos dan la pelea por terminada. Como el 30 de julio del año pasado, cuando más de ocho millones de personas salieron a votar por la Asamblea Nacional Constituyente luego de cuatro mese de acorralamiento violento, donde ser chavista en una zona de clase alta era sentencia de muerte casi segura. ¿Por qué cruzaron ríos para sortear paramilitares e ir a votar? No fue por el gobierno, el partido, ni seguramente por la misma necesidad de cambiar la Constitución, fue por algo más grande, más hondo, una historia, una identidad, fue por uno mismo. La escala de prioridades, valores y capacidad de respuesta, es otra.

Si no se entiende a la clase, su pasado, formas territoriales, económicas, culturales, su manera de hacer política, no se entiende al chavismo. Ahí está la génesis. Y es ahí donde se debe comenzar a recomponer partes de lo perdido, lograr el sentido común otra vez. Porque muchos, en las mismas zonas populares, se han alejado, desafiliado, ingresado al ejército de quienes se levantan cada día para resolver los problemas materiales y dejaron de creer en la revolución como horizonte de posibilidades. No van a otra opción política, vuelven a lo privado, es el repliegue. Producto del desgaste de guerra -es uno de sus objetivos- y de las decepciones con dirigentes del chavismo que reproducen las formas de hacer política contra las que se alzó la revolución: clientelares, monopolistas de la palabra. Es el chavismo contra sí mismo, los muchos chavismos dentro del chavismo. El viejo lo tiene claro.

Chávez ya no soy yo, había dicho Chávez. 
Tenía razón.

El pueblo venezolano decide

Risultati immagini per chavismopor Mov. Popular – THE TRICONTINENTAL

Elecciones presidenciales en Venezuela

En la mira de la agresión imperial estadounidense  

 

El próximo domingo 20 de mayo 2018 se realizará una nueva elección presidencial en Venezuela; la quinta desde el triunfo de Hugo Chávez en 1998 y la segunda desde su fallecimiento en 2013. El proceso de la llamada Revolución Bolivariana afronta, una vez más, un momento decisivo.

Tendrá lugar en un contexto marcado por la intensificación del intervencionismo imperial promovido por el gobierno de Donald Trump y sus efectos de desestabilización económica y creciente belicismo de buena parte de la oposición, y que hoy se expresa en el despliegue de una campaña interna y externa que pretende entorpecer, frustrar, deslegitimar o desconocer las próximas elecciones.

Un contexto caracterizado también por las dificultades socioeconómicas. Y por la recuperación de la iniciativa democrática del gobierno de Nicolás Maduro que ratificó, desde la votación para la Asamblea Nacional Constituyente de mediados del 2017, su capacidad de movilizar el respaldo popular.

Se llevan a cabo también en un momento de avance de una ofensiva neoliberal a escala regional y global, que promueve una regresiva transformación estructural bajo un renovado “Consenso de Washington” y que incluye los procesos de integración a los que la Venezuela Bolivariana contribuyó tan significativamente, como  lo muestra el retiro reciente de seis gobiernos conservadores latinoamericanos de la UNASUR.

En las disputas alrededor de las elecciones venezolanas, mayo condensa las complejidades, conflictos y desafíos que afrontan los proyectos de soberanía, justicia y democracia en Nuestra América. En las notas que siguen presentamos una reflexión introductoria sobre ello; así como al final del documento se indican otros textos y portales que pueden consultarse para profundizar en el tema.

 

  1. La democracia venezolana bajo asedio

 

Desde fines del 2015, la confrontación entre el chavismo y la oposición -con el triunfo de esta última en las elecciones parlamentarias- se proyectó al interior del ámbito estatal como conflicto entre el ejecutivo y el parlamento. Con la asunción del gobierno de Trump a inicios de 2017, esta forma de la disputa sociopolítica asumió un nuevo modo, desatando un proceso de creciente violencia callejera acaudillado por algunos sectores opositores que buscaba la salida a toda costa del gobierno de Nicolás Maduro reeditando los pasos del llamado “golpe suave”. Manifestaciones, ataques a edificios públicos, bloqueos de calles y barrios, guarimbas, crímenes de odio contra presuntos chavistas, saqueos, acciones paramilitares, represión policial, se desplegaron, con diferente intensidad, a lo largo de 120 días, entre abril a junio, con la consecuencia trágica de 125 muertos.

La resolución gubernamental de esta encrucijada consistió en promover la iniciativa democrática. Primero, con la convocatoria en mayo a elegir una Asamblea Nacional Constituyente que, realizada a mediados de año y aún con el boicot de la oposición, contó con una participación del 41,5% del padrón electoral, relevante en un país donde el voto no es obligatorio. Y continuó con la realización de las elecciones regionales en el mes de octubre en las que intervino una parte de la oposición. Con una participación electoral de más del 60% del padrón, de los 23 gobiernos estaduales en juego, el chavismo obtuvo 18 gobernaciones correspondiendo las cinco restantes a fuerzas opositoras, siendo que a nivel municipal –según los resultados del Consejo Nacional Electoral, CNE- el chavismo recogió el 54% de los votos.

En esta misma dirección, la Asamblea Constituyente resolvió en enero de este año adelantar la fecha de las elecciones presidenciales. Constituida por representantes del oficialismo, en razón del boicot opositor, la decisión recogía la demanda de las propias fuerzas opositoras. La convocatoria a elecciones presidenciales revitalizó así la mesa de diálogo entre el gobierno del presidente Maduro y la oposición bajo la mediación, entre otros, del ex presidente español Rodriguez Zapatero. Sin embargo, como señala Atilio Boron, cuando el acuerdo entre ambos estaba casi concluido y a punto de ser anunciado, la oposición rompió la negociación planteando nuevas exigencias (Boron, 2018). El sabotaje al acuerdo, estimulado por el gobierno de Donald Trump, motivó incluso, refiere Boron, una carta pública del propio Zapatero donde manifestó su sorpresa y su llamado a retomar el diálogo (Rodríguez Zapatero, 2018)

A pesar del nuevo boicot promovido por parte de la oposición bajo el impulso del gobierno estadounidense, cinco candidatos competirán en las elecciones presidenciales del próximo 20 de mayo en Venezuela. Por una parte, Nicolás Maduro, por el Partido Socialista Unido de Venezuela y sus aliados; por la otra, Henri Falcón, el ex gobernador de Lara y principal representante de la oposición avalado por Avanzada Progresista, el Movimiento Al Socialismo (MAS) y una fracción del tradicional  Copei (partido socialcristiano); también Reinaldo Quijada, por Unidad Política Popular 89 se presenta como una opción dentro del espacio de la revolución bolivariana; y el empresario del papel Luis Alejandro Ratti como candidato independiente; y, finalmente, Javier Bertucci, por el partido Esperanza por el Cambio, quien además lidera la iglesia evangelista Maranatha.

A su vez, las fuerzas participantes firmaron un acuerdo que fijó pautas a ser garantizadas por el CNE. Entre las más salientes: la petición a la ONU para que envíe una misión de observadores, la realización de auditorías de todo el sistema electoral con especialistas internacionales y la equidad en el acceso a los medios públicos. En gran medida, el valor del resultado final dependerá de la cantidad de asistentes a las urnas. Como ha ocurrido en otras ocasiones, el chavismo está obligado a tomar la elección como una gesta popular; no puede perder votos ni por desmovilización ni por exceso de confianza. Por contraposición, la candidatura de Falcón depende del respaldo que obtenga de los sectores antichavistas duros que se dividen entre el boicot y la participación; y de cuanto pueda expresar a quienes se siguen ubicando en una postura menos polarizada. Por otra parte, la propia marcha de la campaña electoral, la realización de la elección y su fiscalización, y el reconocimiento de sus resultados se encuentran bajo asedio en el marco de esta guerra no convencional que se lleva adelante sobre Venezuela (Teruggi, 2018).

 

  1. La guerra no convencional: se estrecha el cerco militar y económico

 

Tras la globalización neoliberal de los años ´90 y sus promesas idílicamente pacíficas del fin de la historia, el despliegue de las transformaciones neoliberales de las últimas décadas se tiñó crecientemente de violencia. Así, las intervenciones imperiales en Afganistán e Irak y sus efectos regionales de militarización de las relaciones sociales significaron la emergencia de un neoliberalismo de guerra (Gonzalez Casanova, 2002) Y la política promovida por el gobierno de Donald Trump resultó en el uso de la supremacía geopolítica y militar de Estados Unidos para revertir su declive económico (Katz, 2018).

En similar dirección, en el pasado reciente, como lo señalan Ceceña y Barrios, la franja petrolera del planeta fue ocupada por guerras que, aun de características diferentes, marcan una zona de intervenciones militares e imperiales que siguen con claridad la ruta del petróleo (Ceceña y Barrios, 2018). Con una de las reservas hidrocarburíferas más importantes del planeta, Venezuela no podía quedar fuera de este mapa de recolonización y violencia. Así lo recuerda João Pedro Stédile, integrante de la Coordinación Nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, cuando señala que “no fundo a disputa não é pelo governo Maduro, a disputa é pela renda petroleira, que durante todo século XX foi apropriada indevidamente pelas empresas  estadunidenses e por uma minoria de oligarcas venezuelanos, que viviam como marajás… e isso acabou” (Stédile, 2017).

En los últimos meses, en el contexto de la iniciativa democrática que referimos anteriormente, los investigadores Ceceña y Barrios señalan el reforzamiento del cerco militar alrededor de Venezuela con su despliegue de pertrechos, bases, ejercicios, y acuerdos de coordinación operativa; particularmente, con el reciente ejercicio “AmazonLog 17” que, con participación de militares brasileños, colombianos y peruanos, contó, por primera vez, con presencia declarada de tropas estadounidenses en la región central de Sudamérica (Ceceña y Barrios, 2018).

Pero las nuevas guerras, aquellas que los manuales del Pentágono bautizaron como “guerra no convencional”, no se libran sólo con fuerzas militares ni suponen la confrontación y negociación entre Estados. Las guerras del Siglo XXI, refiere Ceceña, tienen la particularidad de parecerse a veces a movilizaciones por derechos ciudadanos, utilizan una estrategia de espectro completo donde la intervención de carácter multidimensional abarca todas las dimensiones de la vida social y del territorio con la idea de combinar todos los mecanismos simultáneamente y sin reposo (Ceceña, 2018).

Los investigadores venezolanos Serafino y Vielma han resaltado este aspecto de la guerra no convencional que busca adaptarse a cualquier condición y/o escenario del país bajo asedio y desmantelar toda institución y prácticas colectivas que sean obstáculo para los procesos de acumulación económica perseguidos, incluso imponiendo “una dinámica de violencia cotidiana que es funcional tanto a la globalización neoliberal como a las economías ilegales y al capital extranjero” (Serafino, Vielma y Borges, 2018).0 Se trata así de la destrucción del propio tejido social, de los lazos colectivos, incluso con la promoción del caos y el uso de la doctrina del shock (Klein, 2007).

Recordemos que en la historia larga del proceso bolivariano, el pueblo y su gobierno han sufrido todo tipo de ofensivas de los capitalistas internacionales y la oligarquía local. En cierta forma, se experimentaron en Venezuela todas las tácticas que se aplicaron con éxito en otros países (Stédile, 2017). Desde el golpe de estado tradicional en 2002 que desplazó sólo por unos días a Chávez de la presidencia, hasta la búsqueda de su eliminación física –como en el caso de Torrijos- con los indicios con los que se cuentan hoy de que su enfermedad fue inducida. Desde la promoción del chantaje económico, el desabastecimiento de productos básicos y la crisis económica –como fue impulsado en la desestabilización del gobierno de Allende en Chile, entre otros casos-; hasta el uso de la violencia, las guarimbas y los asesinatos selectivos para generar miedo y terror, como fue utilizado en el caso de Ucrania. Y ahora el bloqueo económico, financiero y comercial; de manera similar a como fue implementado con Irán, entre otros (Stédile, 2017). En la experiencia venezolana estas tácticas fracasaron frente a la fuerza y convicción demostrada por los sectores populares y, por el contrario, el apoyo electoral al gobierno aumentó en las últimas elecciones; lo que indica cuanto la potencia popular ha sido la mejor y única defensa del proceso bolivariano.

Serafino y Vielma, en el libro ya mencionado, examinan los procesos de guerra económica, acontecidos desde el 2013 y que incluyeron el ataque a la moneda, la creación de una divisa paralela, la estimulación del desabastecimiento y la inflación, la consolidación de una sofisticada estrategia de cerco financiero y sabotaje a la distribución de productos básicos. A partir del 2015, el bloqueo económico se profundizó con el decreto ejecutivo sancionado por el presidente Obama que declaraba a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de los EE.UU. y tomó una dimensión mayor a partir de 2017 en este último periodo de iniciativa democrática. Así, el gobierno de Trump amplió los alcances de dicho decreto y, en agosto del pasado año, adoptó, por primera vez, sanciones financieras contra el gobierno venezolano que afectan la emisión de bonos y deuda del Estado y de la Petrolera estatal (PDVSA); medidas que fueron seguidas un mes después por la Unión Europea. En esta dirección, del cerco económico al financiero, la estrangulación del financiamiento internacional buscó forzar el default del país y de la gran empresa estatal y motor de la economía local. Asimismo, el bloqueo económico impulsado por el gobierno de Trump paralizó prácticamente el comercio exterior en base al dólar al suspender las cuentas de empresas estatales venezolanas en EE.UU., inhibir sus depósitos y transacciones bancarias, imponer sanciones a los empresarios que negocien con Venezuela e, incluso, prohibir a las compañías de navegación utilizar los puertos venezolanos. Un bloqueo naval, económico y financiero de una magnitud particular en la historia regional que perseguía quebrar toda resistencia gubernamental y social.    

 

  1. Entre la guerra y la paz: dificultades endógenas, experimentaciones y alternativas

 

Frente a esta profundización del cerco económico, el gobierno venezolano respondió con nuevos acuerdos internacionales sobre comercio e inversión, particularmente con China y Rusia; incluso, en una dirección que propone avanzar en la desdolarización del intercambio mundial de hidrocarburos. Asimismo, en diciembre de 2017, lanzó la criptomoneda Petro que, respaldada en las reservas petroleras y de minerales venezolanas, buscó recuperar el acceso al financiamiento internacional. Por otra parte, la relativa recuperación de los precios internacionales del petróleo a partir de mediados de 2017 trajo cierto alivio a las finanzas estatales y la economía.

En el plano interno, la crisis económica tomó la forma de la inflación, el desabastecimiento y la especulación con sus expresiones en la extensión del bachaqueo (reventa ilegal de productos subsidiados) y las extensas y prolongadas colas para comprar bienes de primera necesidad y sus efectos de privación, malestar social y emigración. Expresión también de la pervivencia de una burguesía parasitaria, de las limitaciones de las políticas públicas y del irresuelto carácter dependiente de las importaciones de la economía venezolana y el peso del dólar en el mercado interno. Limites endógenos que ya había señalado el propio Chávez en el llamado “Plan de la Patria” cuando alertaba que “no nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista” y afirmaba la  necesidad de trascender el modelo rentista petrolero (Chávez, 2012)

Frente a estas urgencias, la creación en 2016 y la extensión posterior de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) permitió en los últimos tiempos resolver el “desabastecimiento duro que podía palparse en los sectores populares” y “potenciar la red pública de distribución de alimentos en un contexto de guerra económica” (Serafino, Vielma y Borges, 2018). Por otra parte, cuando el desarrollo de los CLAP se inscribió en el despliegue de prácticas solidarias y populares frente a la crisis, alejadas del clientelismo, potenció la reconstitución de los lazos colectivos que la guerra económica persigue destruir.

En este plano, la revolución bolivariana ha sido fértil también en la recreación de prácticas comunitarias de gestión económica y política y en el despliegue de una experimentación democratizadora de la vida social. En esta dirección, una de sus mejores ejemplos, han sido la construcción y promoción de las comunas o del llamado poder comunal. Sin embargo, señala Reinaldo Iturriza -que ejerció, entre otros, el Ministerio del Poder Popular para las Comunas- salvo excepciones, en el contexto del agravamiento de la situación económica, la idea fuerza de lo comunal, del poder popular, fue perdiendo terreno a pesar de su importancia en la disputa con los poderes fácticos (Iturriza, 2017). Por otra parte, la revolución bolivariana se destacó también por promover una práctica y programática que trascendiendo la matriz liberal del Estado desplegaba la llamada democracia participativa y protagónica; la forma específica de hacer política chavista que, según Iturriza, sin eliminar la tensión entre el arriba y el abajo, promovía la creciente participación y fortalecimiento de ese chavismo popular y salvaje.

En esta dirección, la renovación y profundización del horizonte democrático ha sido una de las significativas contribuciones que, tanto la experiencia bolivariana como la boliviana, hicieron a las perspectivas del cambio social aunque, en el último periodo, hayan tendido a primar las tensiones, los desequilibrios y las desconfianzas entre ambas formas del chavismo (Iturriza, 2018). Situación que no se ha dado en desmedro de la unidad que ha mantenido el chavismo como tal, particularmente en los momentos de amenaza y confrontación, y del rol articulador que, respecto de ese conjunto diverso, ha desempeñado Maduro desde la presidencia. Así, las medidas adoptadas para promover las prácticas de una democracia popular han contribuido a fortalecer al proceso bolivariano; como lo ha hecho el uso de la televisión y las redes sociales para informar y estimular el debate popular sobre los problemas y desafíos de la coyuntura; la participación popular en los ámbitos de la vivienda y la escuela; y el estímulo de la movilización popular y ocupación permanente de la calle y los espacios públicos (Stédile, 2017).

 

  1. En perspectiva

 

El próximo 20 de mayo las elecciones presidenciales en Venezuela deciden más que un presidente o un rumbo gubernamental. La experiencia de la ofensiva neoliberal en la región enseña en qué medida los procesos de desigualación social, concentración del ingreso y recolonización que esta ofensiva promueve van acompañados por restricción de la vida democrática y militarización social. Por otro lado, frente al cerco político y mediático promovido por los poderes dominantes a nivel global incluso no resulta suficiente una victoria electoral sino que está en disputa también la interpretación misma de los resultados y su legitimidad y validez. Con las elecciones se cerrará una etapa, pero nada hace prever que el hostigamiento y asedio al que está sometida Venezuela se acabe. En este punto, la historia no sólo está lejos de haber terminado sino que su resolución aún permanece abierta al hacer de los pueblos.
 

Para buscar más información

 

Boron, Atilio 2018 “Sabotaje a la democracia venezolana”. Disponible en http://www.atilioboron.com.ar/2018/02/sabotaje-la-democracia-en-venezuela.html

Ceceña,  Ana Esther y  Barrios,  David 2017 “Venezuela ¿invadida o cercada?”. Disponible en http://geopolitica.iiec.unam.mx/node/178

Ceceña, Ana Esther 2017 “¿Guerra civil en Venezuela?”. Disponible en https://www.alainet.org/es/articulo/186528

Chávez, Hugo 2012 Propuesta del Candidato de la Patria. Comandante Hugo Chávez. Para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019 (Caracas: PSUV) Disponible en http://blog.chavez.org.ve/programa-patria-venezuela-2013-2019/#.Wt4IZdTwbMw

González Casanova, Pablo 2002 “Democracia, liberación y socialismo: tres alternativas en una”, en Revista OSAL N° 8, septiembre (Buenos Aires: CLACSO) Disponible en http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20110215062252/11casanova.pdf

Iturriza, Reinaldo 2017 “Gobernaciones, alcaldías, poderes fácticos y poder popular”. Disponible en http://supuestonegado.com/web/gobernaciones-alcaldias-poderes-facticos-poder-popular/

Iturriza, Reinaldo 2018 “El futuro del Chavismoapostar por la hegemonía”. Disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=238228

Katz, Claudio 2018 “Trump agrava el atolladero estadounidense”. Disponible en  https://katz.lahaine.org/trump-agrava-el-atolladero-estadounidense/

Klein, Naomi 2007 La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre (Buenos Aires: Paidós)

Rodríguez Zapatero, José Luis 2018 “Carta a la oposición venezolana y la comunidad internacional”. Disponible en https://www.aporrea.org/oposicion/n320777.html

Serafino, William, Vielma, Franco (investigadores) y Borges Revilla, Gustavo (editor) 2018 Radiografía de un país bajo asedio. La guerra económica contra Venezuela. Registro de los años 2015-2017 (Caracas: Misiónverdad.com)

Stédile, João Pedro 2017 “Somos todos venezuela!”,  en Revista Caros Amigos, N° 249, diciembre. Disponible en http://www.carosamigos.com.br/index.php/revista

Teruggi, Marco 2018 “A un mes de las presidenciales: los votos en tiempos de guerra”. Disponible en https://hastaelnocau.wordpress.com/2018/04/22/a-un-mes-de-las-presidenciales-los-votos-en-tiempos-de-guerra/

Comer primero, luego la moral

Risultati immagini per marcha chavistapor Néstor Francia 

ANÁLISIS DE ENTORNO – RESUMEN SEMANAL 20/04/18

AL 27/04/18

COMER PRIMERO, LUEGO LA MORAL

No se puede poner en duda el extraordinario esfuerzo que están haciendo el presidente Maduro y el Gobierno Bolivariano para superar la tormenta en la cual estamos metidos. El de Maduro es un admirable ejercicio de creatividad, entrega total, resistencia y habilidad política. Por otro lado, es también digna de encomio la batalla que libra la militancia revolucionaria por mantener la moral en alto y luchar a brazo partido en defensa de la Patria y la Revolución Bolivariana. Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios, al pueblo lo que es del pueblo y honor a quien honor merece.

Bien, esto no puede ser óbice para ocultar la realidad de los sufrimientos que está padeciendo el pueblo venezolano. Para que no se crea que estamos haciendo una aproximación teórica, conviene relatar lo que vivimos un par de días atrás en las complejas calles de Caracas. En el camino hacia el antiguo edificio La Francia, ahora sede de las comisiones permanentes de la ANC, nos topamos con tres ciudadanos, dos de ellos chavistas conscientes que votarán sin duda por Maduro y otra una señora de origen pobre y seguidora de Chávez cuando estaba físicamente presente, y quien nos dijo que va a votar por Henry Falcón. Los tres tienen algo en común: están padeciendo de los males que derivan de la brutal y constante alza de los precios de productos de consumo prioritario, de la angustiosa escasez de medicamentos, de las constantes fallas de los servicios públicos, de contemplar la herida del descontento (que no se expresa necesariamente en rabia, en muchos es sobre todo en desaliento) que asoma en los rostros de tantos venezolanos.

Luego, al llegar a la oficina, una trabajadora, con faz depresiva, dio continuidad al rosario de quejas e inconformidad, a lo cual otros hicieron coro. Después el jueves nos tocó participar en un operativo de constituyentes de estados centrales. Lo mismo: el lamento, el acuciante tema de los precios, acompañado además de otras críticas a ejecutorias del partido, de gobernadores y alcaldes. En todos estos días tuve la amarga sensación de vivir en un valle de lágrimas. En fin, estoy seguro de que el lector sabe bien de qué estoy hablando.

Le comentamos estas vivencias a un colega constituyente y nos respondió que el problema era el bajo nivel de conciencia en amplios sectores del pueblo. Creemos que lleva razón, pero no dejamos de recodarle una memorable frase de un personaje de la “Opera de tres centavos” (Macheath de “Dreigroschenoper”) del dramaturgo socialista alemán Bertolt Brecht: “Erst kommt das fressen, dann die Moral” (“Comer primero, luego la moral”). El pueblo venezolano, en su dura situación económica, no parece muy dispuesto a escuchar argumentos elaborados sobre las razones de su sufrimiento, dedica casi todas sus energías a resolver la papa, entre otras necesidades insatisfechas. Tiene que comer, antes que nada.

Acaso todavía no ha llegado a la dramática cota que sugiere el verbo que usó Brecht (“Fressen”, en alemán, se refiere a la forma en que comen los animales, una traducción más cercana sería devorar, tragar, zampar, a diferencia del verbo “Essen”, comer), pero no debe estar muy lejos.

En cuanto a esto último, digamos que a la señora a la cual nos referimos más arriba, que votó por Chávez y por Maduro, y expresa -con el hambre atenuando su voz desde la pobreza- que ahora lo hará por Falcón, no tuvimos el impulso de responderle con los argumentos que habrá escuchado mil veces y que no aligeran su desconsuelo: el Imperio, la guerra económica, el sabotaje, la independencia, la defensa de los logros. Más bien quisimos entrar por la puerta de atrás y nos dimos a explicar por qué no votar por Falcón. La señora guardó un silencio que solo esperamos haya sido reflexivo.

Esta situación anímica de buena parte del pueblo contrasta con la alegría y el optimismo desbordante que se percibe en los actos del chavismo militante. A decir verdad, los chavistas tenemos razones para sentirnos positivos. Nos asiste la certeza de que nos pertenece la verdad histórica, de que formamos parte de una estrategia humana contra tantos siglos de inequidad, de abusos, de crueldad, de exclusión, somos portadores de un sueño de siglos y estamos conscientes de que, más allá de las grandes dificultades, representamos un brillante faro para todas las fuerzas antiimperialistas y progresistas del mundo. Somos luz, mas eso no es todo.

En nuestro caso, no nos preocupa tanto lo que pueda ocurrir el 20 de mayo, sin restarle en lo absoluto importancia a esa elección. Pero como hemos dicho más de una vez, el mundo no se acaba ese día ¿Y después? ¿Habrá tiempo de enderezar el rumbo y sensibilizar a la mayoría antes de que el cántaro reviente? No olvidemos que el chavismo, esa gran vanguardia social del pueblo venezolano, es una de las tres minorías que conforman el conjunto de la sociedad venezolana. La oposición es otra minoría y la primera minoría, según todos los estudios serios, son aquellos que se autodefinen como no alineados, que representan poco más del 40% de la población. Los alineados con el chavismo y la oposición rondan, cada segmento, 30%. Es decir, que no nos engañen nuestra alegría y nuestro optimismo, es un sentimiento que solo comparten 3 de cada 10 venezolanos, en diversos grados. Los otros siete viven distintos matices y manifestaciones de la inquietud, lo que comprueba a diario cualquier chavista de a pie, de esos que patean las calles y se codean constantemente con los más vulnerables Esta relación debería cambiar inversamente si queremos hacer realidad los postulados máximos del Plan de la Patria, si queremos alcanzar el punto mínimo de estabilidad que nos ubique en el momento del no retorno.

En lo que respecta al evento electoral, si se mantienen las condiciones actuales, la victoria de Maduro es segura, aunque el resultado general sería aún una incógnita, más allá de las encuestas optimistas de Hinterlaces ¿cuántos votos sacará la oposición, a cuánto llegará la abstención? Y en otro orden de ideas: ¿Habrá la posibilidad de que se concrete un plan de sabotaje contra las elecciones? ¿Se mantendrán los candidatos opositores en la liza? Hay otras posibilidades que no vamos a descartar. Veamos.

En los últimos días ha habido señales de que es posible que los dos candidatos principales de la oposición, Henry Falcón y Javier Bertucci se unan en una sola candidatura, más probablemente la de Falcón, lo cual potenciaría las posibilidades de ese candidato, sobre todo porque podría significar un aliciente para sectores de la base social opositora que hasta ahora se decantan por la abstención. Por eso es correcto el llamado del dirigente socialista Diosdado Cabello en el sentido de que la campaña electoral de Maduro debe reforzarse aun más. El triunfalismo es peligroso.

El candidato Bertucci se mostró abierto en la semana que culmina a una candidatura única para las presidenciales del 20 de mayo: “Ya el señor Henri Falcón y yo nos reunimos y conversamos”, sostuvo Bertucci en una rueda de prensa, en la que señaló que se trató de un encuentro de los dos equipos de campaña que calificó de cordial y en el que no se descartó la posibilidad de la unificación de las candidaturas. Bertucci agregó que

“En política no se cierran puertas. Tenemos las puertas abiertas y la mesa con café y los puentes tirados entre el señor Henri Falcón y yo” y señaló que están “abiertos a sumar candidaturas, fuerzas que realmente sirvan para una victoria”. Si esta unificación ocurriese, habría que sacar nuevas cuentas y no despreciar, por supuesto, los cambios que un hecho como ese introduciría en el escenario.

No se puede descartar, igualmente, que ante la inminencia de una derrota avasallante, los candidatos opositores decidieran, de común acuerdo, retirarse de la contienda. Ya empezaron las sempiternas denuncias de ventajismo de parte de la candidatura bolivariana. Bertucci ha seguido a Falcón en esas acusaciones. El candidato ultraconservador evangélico ha dicho que “Estamos hablando de ventajismo de un candidato que sale cada rato haciendo actos oficiales que no debería hacer como candidato, y sale dando pensiones, teniendo acciones de presidente siendo candidato… Se supone que se separó de su cargo presidencial, entró a ser candidato y como candidato vamos a igualarnos en condiciones”. Bertucci advirtió que si continúa el boicot que dice que sufren sus eventos por todo el país dará una rueda de prensa para anunciar su retirada de la contienda, una decisión que según él debería seguir el resto de los aspirantes opositores porque “No podemos participar a todo costo: si esto sigue así yo tendré que reunirme con los cuatro candidatos y retirarnos, porque si no vamos a respetar todas las garantías y el documento que firmamos en el CNE entonces yo tengo que retirarme con los demás candidatos” .

Por supuesto, una decisión como esa reforzaría los planes de sabotaje al proceso electoral que ya arrancaron con el llamado del “Frente Amplio Venezuela Libre” y de otros factores de la derecha a la abstención. A esto hay que sumar hechos como la fuerte presión internacional contra las elecciones y el atentado que supuestamente sufrió un miembro del comando de campaña de Bertucci en un evento público de esa candidatura.

¿Es posible que se desate una espiral de violencia antes de las elecciones o hechos de índole terrorista que afecten el éxito de la convocatoria electoral, o amenazas de violencia contra los electores para elevar artificialmente el porcentaje de abstención? Por supuesto que sí, todo es posible, pero las condiciones actuales no favorecen esa posibilidad.

La más reciente convocatoria del “Frente Amplio Venezuela Libre” ha sido un sonoro fracaso. Este sector convocó a protestas focalizadas este viernes que resultaron un fiasco, como era de preverse. No convocaron esta vez a una sola manifestación, seguros como estaban que sería un visible chasco y pensando que protestas por pedacito facilitarían la manipulación mediática.

Si leemos entre líneas el reporte que hizo la agencia de derechas EFE de esas “protestas”, constatamos que solo movilizaron a puñados de militantes de los partidos de derecha, a pesar de haber sido anunciadas con más de una semana de anticipación. Según EFE, “El opositor Frente Amplio Venezuela Libre llamó hoy a los ciudadanos a manifestarse durante dos horas a partir de las 07.00 hora local (11.00 GMT) del próximo viernes (n.a.: 27 de abril) para reafirmar las protestas que se han realizado recientemente “por la severa crisis social y económica que los agobia”: “La protesta del día 27 es una reafirmación de las protestas que se han desarrollado y se siguen desarrollando en el país, no estamos convocando una nueva protesta”, anunció en rueda de prensa Nicmer Evans, integrante del movimiento. Evans agregó que con la convocatoria se busca “una referencia de fecha para que hagamos una concentración del esfuerzo a través de una red del tejido social que conduzca de manera contundente a reafirmar la cantidad de protestas que se desarrollan en la sociedad civil de manera constante por diversos motivos”.

En el reporte directo de las protestas por parte de EFE, se percibe claramente el resultado: “Los educadores, estudiantes, sindicalistas, enfermos y otros sectores de la sociedad civil se han reunido en grupos de decenas de personas (sic) en algunas zonas de Caracas para protestar por los fallos en el servicio de agua, de electricidad, de gas, de transporte y por la falta de alimentos y medicinas… Una de las protestas en la capital venezolana fue liderada por el diputado opositor Miguel Pizarro, quien pidió a la empresa estatal Hidrocapital la restitución del servicio de agua para el barrio de Petare, la favela más grande de Latinoamérica… Pizarro, que se encontraba acompañado de unas 30 personas (sic), indicó ante periodistas que uno de los colegios del barrio no tiene agua desde hace un mes y que hay sectores que ‘pasan hasta tres meses’ sin el servicio… La falta de agua también fue el motivo de una protesta de un pequeño grupo (sic) de habitantes de la Urbanización Horizonte, en el este de Caracas”.

Así andan las cosas por ahora. Sea como sea, nosotros llamamos a los revolucionarios a tener los ojos y los oídos bien abiertos para ser caja de resonancia de los reclamos y preocupaciones del pueblo silvestre. La frase bíblica de “no solo de pan vive el hombre” testimonia más bien la importancia del pan (la comida, lo material) en la vida humana.

La Revolución sigue en peligro. En ese sentido, el lenguaje es sinuoso y no perdona. Eso queda claro en un reciente rap, liderado por la artista constituyente Rodbexa, que exige “que no muera la esperanza”. Si tú pides que la esperanza no muera, es porque sabes que la misma está enferma o herida, es una confesión de parte. Nosotros seguimos insistiendo en la necesidad de escuchar al presidente Maduro cuando afirma que “Con la victoria del 20 de mayo, lo juro, haré todos los cambios que Venezuela quiere y renovaré la revolución de raíz, revolución dentro de la revolución, lucharé contra los burócratas y contra los corruptos”. Decimos “Amén” y agregamos a esos males los del dogmatismo y el sectarismo.

Siria: misiles contra Venezuela

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ANÁLISIS DE ENTORNO – RESUMEN SEMANAL 13/04/18

AL 20/04/18

SIRIA: MISILES CONTRA VENEZUELA

A todo analista le gusta que los hechos le den la razón. Nos pasó cuando propusimos públicamente la idea de que se realizara en Venezuela una Asamblea Nacional Constituyente, el 24 de abril de 2017 (al menos un mes antes habíamos hecho ya la propuesta en círculos privados), y luego la convocara el presidente Maduro el 1° de mayo siguiente. Ahora nos ocurre de nuevo. Veamos.

El pasado viernes, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, alertó sobre la reedición de la Guerra Fría y denunció que “la situación en Siria presenta ahora el mayor peligro para la paz y seguridad internacionales… La Guerra Fría ha vuelto”. El mismo día, el canciller venezolano Jorge Arreaza afirmó que: “Las maniobras para reeditar una nueva ‘Guerra Fría’, son signo inequívoco de desespero y decadencia imperialistas. El sistema se tambalea desde sus propios cimientos”.

Una semana antes, en nuestro Análisis publicado el 6 de abril, ya habíamos presentado la misma idea: “analicemos la idea del posible desarrollo actual de una nueva Guerra Fría, con importantes similitudes y diferencias con lo ocurrido en la segunda mitad del siglo XX, después de la Segunda Guerra Mundial… la segunda década del siglo XXI es ya el escenario del mundo multipolar prefigurado por Chávez y se crea las condiciones para lo que calificamos como la nueva Guerra Fría”.

Tal como ocurrió después de la segunda Guerra Mundial, aquella Guerra Fría tuvo carácter global y afectó la vida de todas las naciones y pueblos del planeta. No otra cosa ocurre ahora. Lo que pasa en Siria es un nuevo capítulo de esta historia, realmente se trata de un conflicto entre grandes potencias referido al control de los ingentes recursos naturales en aquella región del mundo, y señaladamente del petróleo. Y tal como entonces, es prácticamente imposible no tomar partido.

Los voceros del mal llamado “chavismo crítico” (ya no son chavistas, “chavismo crítico” somos nosotros) harían bien en percatarse de lo que ocurre en el mundo y recordar que en el Plan de la Patria que propuso Chávez figura como primer objetivo histórico la preservación de nuestra independencia. Tal vez entonces, al menos algunos de ellos, evitarían que los árboles les tapen el bosque. Nosotros estamos inmersos en esta Guerra Fría, somos uno de los puntos focales de la misma. De allí el título del Análisis de hoy: los misiles contra Siria son también contra Venezuela. Y por eso nosotros, que no somos precisamente gobierneros, como todo el mundo sabe, ni fanáticos que apoyemos a píe juntillas todo lo que hacen nuestros dirigentes, no tenemos ni un ápice de duda en cuanto a nuestro apoyo decidido a Nicolás Maduro y a la dirigencia revolucionaria. Por cierto, Maduro es también “chavismo crítico”. En ocasión de rememorar los hechos de abril de 2002, el Presidente dijo: “Necesitamos un gran cambio revolucionario dentro de la propia revolución. Necesitamos una gran renovación para ver al futuro con nuevos bríos, con nuevos métodos”. Amén.

Revisemos los hechos de la pasada semana. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó “ataques de precisión” conjuntos con el Reino Unido y Francia contra las “capacidades de armamento químico” del Gobierno de Bachar al Assad en Siria. Utilizaron para ello el mismo expediente que se usó para invadir Irak: la posesión de armamento peligroso (armas de destrucción masiva en aquel caso, armas químicas en este).

Tal como entonces, se lanza una campaña mediática, se establece una “verdad” sin evidencias y se actúa como matón de barrio, atacando a un país soberano y causando muerte y destrucción. Y tal como entonces, en las distintas latitudes los gobiernos y los dirigentes toman partido, unos de manera abierta, otros de forma solapada.

En medio de todo esto, Estados Unidos pide la unión de las “naciones civilizadas” para “poner fin” a la guerra en Siria, según declaró el secretario de Defensa gringo, James Mattis. Pongamos estas palabras en reserva, como hacen los cocineros, para cuando más tarde hablemos de Venezuela, que seguramente no está incluida entre las “naciones civilizadas”. Supremacismo, imperialismo, fascismo en estado puro.

Después del brutal bombardeo de misiles, el ministerio sirio de Exteriores indicó que la acción se produjo para impedir la labor de la misión de Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), que comenzaba su trabajo en el lugar del supuesto ataque químico. Este lugar es la localidad de Duma, que “casualmente” es considerado el último reducto rebelde de la región de Guta Oriental, en las afueras de Damasco. El imperialismo y sus agentes y mercenarios vienen sufriendo derrota tras derrota en Siria y no han podido doblegar la voluntad ni el espíritu de lucha del pueblo Sirio con al Assad al mando. Pero el demonio soberbio que es Donald Trump y su gobierno fascista quieren venganza. Solo que según todos los indicios, su ataque no tuvo éxito y fue una nueva derrota. Siria sigue de pie.

Por supuesto, Rusia ha reaccionado de inmediato, aunque sus fuerzas asentadas en Siria no recibieron daño por los ataques, de lo cual se cuidó el imperialismo, muy al estilo de la Guerra Fría del siglo pasado, que se caracterizó por que las grandes potencias evitaron enfrentarse de manera directa y prefirieron involucrar a otros pueblos y naciones. El presidente Putin pidió una reunión urgente de Consejo de Seguridad de la ONU y tildó el ataque imperialista como una “agresión contra un Estado soberano” y aseveró que “con sus acciones, los Estados Unidos empeoran aún más la catástrofe humanitaria en Siria, llevan el sufrimiento a la población civil, y de hecho, consienten a los terroristas que torturan desde hace siete años al pueblo sirio”.

Por su parte, el gobierno de Irán señaló que “Estados Unidos y sus aliados son responsables de las consecuencias regionales de esta acción” y denunció que el ataque químico en Duma fue fabricado para servir de excusa a una acción militar. De hecho, todo apunta a que el “ataque con armas químicas” fue un montaje para justificar la agresión. Se afirma igualmente que los rebeldes salafistas en Duma, financiados por Arabia Saudita, recolectaron cadáveres, probablemente de un incidente anterior, y los apilaron en un apartamento para producir una escenografía y crear videos fake de un “ataque químico”, que falsamente se lo atribuyeron al gobierno sirio. El ministerio de defensa ruso acusó al Reino Unido de haber organizado el incidente: “Hoy existen otras evidencias a disposición del departamento militar ruso que testifican sobre la participación de Gran Bretaña en la organización y provocación en la Guta Oriental”. Recordemos el remedo de la “Plaza Verde” que el imperialismo montó en Qatar para dar justificación a la agresión contra Libia.

Por supuesto, otros aliados del imperialismo, además de Reino Unido y Francia, han apoyado el criminal ataque. La canciller alemana, Angela Merkel, calificó de “necesaria y proporcionada” la acción militar y criticó que “por enésima vez” Rusia haya usado en este caso su capacidad de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para “impedir una investigación independiente” de lo sucedido en Duma. Es el conocido cuento del ladrón que grita “atrapen al ladrón” para poder huir.

También se pronunció la Unión Europea. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, afirmó que la UE se “mantendrá al lado de sus aliados en la defensa de la justicia”, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, condenó “el uso de armas químicas” por parte de Siria.

El Gobierno turco, miembro de la OTAN, calificó el bombardeo de “respuesta apropiada” y pidió medidas conjuntas de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU para castigar el uso de armas químicas.

Por supuesto, el gobierno de Israel: “El año pasado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, clarificó que el uso de armas químicas cruza la línea roja. Anoche, bajo liderazgo estadounidense, Estados Unidos, Francia y Reino Unido actuaron en consecuencia”. ¡Bajo “liderazgo” estadounidense, claro está!

Obviamente, los lacayos de nuestro vecindario no podían faltar en el coro del imperialismo. Además del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, quien apoyó abiertamente el ataque contra Siria, otros avalaron la versión del uso de armas químicas por parte del gobierno sirio, justificando por mampuesto la agresión.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, “lamentó” la incapacidad de la comunidad internacional para “implementar mecanismos eficaces que impidan el uso de armas químicas contra seres humanos”. Para el presidente de facto de Brasil, Michel Temer, “el uso de armas químicas es inaceptable”, y lo mismo vale para Mauricio Macri, quien leyó un comunicado de la cancillería Argentina, en el cual se asienta que “La Argentina renueva su firme condena al uso de armas químicas, tal como ha ocurrido en los últimos días en Siria. Igualmente condena la existencia de facilidades dedicadas a su fabricación y/o almacenamiento”. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, opinó que hace votos “para que sea a través del derecho internacional y los instrumentos multilaterales como se ponga fin al uso de este tipo de armamento, de tan crueles consecuencias”. Juan Manuel Santos dijo que el uso de armas químicas es uno de los crímenes de guerra y de lesa humanidad proscritos por los tratados internacionales: “Debe ser condenado por toda la comunidad internacional… Ver esas escenas dantescas de mujeres y niños desfigurados por armas químicas es inaceptable”, y agregó que “Colombia respalda la acción que lanzó ayer Estados Unidos, siempre y cuando se haga dentro del derecho internacional”. No faltó al coro de complicidad con los gringos el corrupto gobierno español. Mariano Rajoy afirmó que el ataque contra objetivos sirios es una acción “legítima” y “proporcionada” a los supuestos ataques de Siria contra la población civil.

La conocida organización pro imperialista y vieja enemiga de Venezuela, Amnistía Internacional, no calló: “El pueblo sirio ya ha sufrido seis años de un devastador conflicto y de ataques químicos, muchos de los cuales son crímenes de guerra”. Por supuesto, los gobiernos de Cuba, Bolivia, Nicaragua y Venezuela condenaron sin ambages la agresión imperialista. La premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú afirmó que “Hago un enérgico llamado a todos los estados miembros de las Naciones Unidas a intervenir enérgicamente para frenar las operaciones en Siria por Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos” ¿Estamos claros de qué va la cosa?

El asunto lo resume muy bien la columnista Valeria Fariña, en Resumen Latinoamericano, quien escribió: “Luego del injustificado bombardeo que realizó este pasado viernes los Estados Unidos contra Siria, tras una orden emitida por Donald Trump, una serie de gobiernos y representantes diplomáticos se solidarizaron inmediatamente con el pueblo sirio y su soberano presidente Bashar al-Asad… Contrariamente, los socios y cómplices de los gringos, como era de esperar, se pronunciaron favorablemente al bombardeo, argumentando que la acción se justifica por las instalaciones de producción de armas químicas en Siria, que la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) ya comprobó que no existen”.

Esta absolutamente claro que la nueva Guerra Fría tiene como principales protagonistas actuales a Estados Unidos y Rusia, sin obviar la presencia de otros factores como la Unión Europea y China. No solo hubo la pasada semana el ataque a Siria, sino que además el conflicto mundial tuvo expresión en el ámbito del ciberespacio. Estados Unidos y Reino Unido acusaron a Rusia de haber respaldado a un grupo de piratas informáticos en un ciberataque contra la infraestructura de diferentes agencias y Gobiernos de todo el mundo, en un supuesto intento por perpetrar acciones de espionaje y robo de propiedad intelectual. Tanto Estados Unidos como Reino Unido emitieron una alerta conjunta sobre los “ataques”, que aseguran tenían como objetivo infectar los routers, los dispositivos que canalizan las transmisiones de datos a través de las redes y que se utilizan para conectar los computadores a Internet. Según esa alerta, el objetivo de los “cibercriminales” era infectar los routers a fin de “potencialmente sentar las bases para futuras operaciones ofensivas”.

Ahora bien ¿Nota el lector que las posiciones sobre lo ocurrido en Siria tienen como actores a los mismos que participan en el debate mundial sobre Venezuela? ¿Quienes apoyan los crímenes del imperialismo en Siria no son acaso los mismos que cargan contra la Revolución Bolivariana y contra Nicolás Maduro, difundiendo en el mundo un escenario “fake” de lo que ocurre en nuestro país? ¿Y no son igualmente los mismos que defienden a Siria quienes se muestran solidarios con nosotros? Ese es el bosque planetario, los árboles con que se pretende que no lo veamos son nuestras dificultades, que no son exclusivas de nuestro país, en medio de la crisis estructural mundial del capitalismo y en la época de la de cadencia del imperialismo norteamericano. Se constituyen en el mundo dos grandes bloques, nadie podrá ser indiferente. Cabe la pregunta al lector, parafraseando una vieja frase que se hizo famosa en una campaña electoral de los adecos: ¿Con quién estás tú, compañero? ¿Queremos un Gobierno que no solo no resolverá nuestros problemas sino que además convalidará los crímenes imperiales, o el Gobierno Bolivariano en nuestra Venezuela, uno de los centros neurálgicos en la lucha por acabar con esa odiosa hegemonía?

Un diputado de la derecha, Juan Miguel Matheus, aseveró que “se cumplieron las peores pesadillas de Nicolás Maduro, el mundo libre sigue legitimando a la oposición democrática y que a partir de esta Cumbre de las Américas (ese rotundo fracaso, apuntamos nosotros) ha comenzado a decir que lo del 20 de mayo no es una elección y que no se puede legitimar ese parapeto para legitimarse Nicolás Maduro así mismo”. ¡El “mundo libre”, una expresión típica en la primera Guerra Fría para designar al conjunto de las “naciones civilizadas” de las que habla ahora el secretario de Defensa yanqui! Por más que se tongoneen…

Demos vivas a Nicolás Maduro y a su gobierno antiimperialista. Ojalá estas líneas sirvan a nuestros lectores en sus reflexiones antes del 20 de mayo. Que cada quien asuma su barranco.

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