Napoli 13dic2018: Incontro con Manuela D’Avila e Amarilis Gutiérrez Graffe

Il sicario giudiziario

Moro

di Atilio Borón

3 novembre 2018

La prematura nomina del giudice Sergio Moro a ministro della Giustizia del Brasile verrà registrata nella storia come il caso paradigmatico, per la sua sfrontatezza al limite dell’osceno, dell’emergere di un giocatore sinistro nella democrazia dell’America Latina, perennemente sotto ricatto: il “sicario giudiziario”. A differenza dei suoi predecessori che annientavano le loro vittime fisicamente, il sicario giudiziario, come il suo collega economico di più antica data (si veda il famoso libro di John Perkins, Confessioni di un Sicario dell’Economia), le elimina con un’arma silenziosa e quasi invisibile agli occhi dei suoi contemporanei: la “legge”. Si tratta dell’uso arbitrario e distorto del diritto, consistente nel violare i principi e le procedure stabilite dal giusto processo, allo scopo di demolire – con la prigione o l’esilio – chi, per qualche ragione, costituisce una figura fastidiosa per classi dominante o l’imperialismo. In altre parole, ucciderlo politicamente.

Il sicario giudiziario incarna il processo di putrefazione della giustizia di un paese, mettendo a nudo sfacciatamente il suo carattere di classe e la sua sottomissione abietta agli ordini dei potenti. Per estensione, rivela anche il degrado della vita democratica che tollera le azioni di questi criminali. Come l’assassino prezzolato, il sicario giudiziario agisce su comando. Si tratta di un “killer” di nuovo tipo che, grazie alla sua posizione nella struttura del sistema giudiziario, può disporre a piacimento della vita e della proprietà delle sue vittime, per cui viola impunemente non solo la lettera ma anche lo spirito delle leggi, sovvertendo assiomi giuridici fondamentali (la presunzione di innocenza, per esempio) e inviando in galera senza prove evidente. E come i suoi precursori operano con la pistola e gli esplosivi, egli agisce sotto una coltre di protezione,  il che garantisce non solo che i suoi crimini restino impuniti, ma che le sue “uccisioni civili” saranno esaltate come fulgidi esempi di rispetto della legge e delle istituzioni della repubblica.

Per perpetrare i suoi crimini, deve essere protetto dalla complicità dell’intero sistema giudiziario. I giudici, i pubblici ministeri e i consigli giudiziari chiudono gli occhi di fronte al suo agire; la stampa egemonica, complice indispensabile del malfattore con le sue fake news e le sue post-verità, produce il linciaggio mediatico dei suoi avversari, facilitandone la successiva condanna, la reclusione e l’ostracismo politico. La popolarità di questo nuovo tipo di gangster giudiziario si basa sulla spettacolarità dei suoi interventi, quasi sempre provenienti dai dati e dalle piste indicate dalle agenzie di intelligence, dal Dipartimento di Giustizia degli Stati Uniti e selettivamente dirette contro coloro che sono sospettati di essere nemici dell’attuale ordine sociale.

Sergio Moro era uno studente normale dei corsi di “buone pratiche”, che, per decenni, Washington ha organizzato per educare i giudici e i pubblici ministeri a una buona amministrazione della giustizia. Una cosa che ha imparato a fare è stata espellere dalla corsa un leader popolare e creare le condizioni per consentire la demolizione di una costruzione politica moderatamente riformista, ma che tuttavia ha suscitato un intenso ripudio da parte dell’impero. Questo nuovo e sfortunato attore politico ha fatto irruzione sulla scena latino-americana, non per sparare proiettili ma sentenze; non per uccidere, ma per condannare, imprigionare e stabilire una gigantesca frode elettorale, dal momento che, come si diceva in Brasile, “senza Lula, l’elezione è frode.”

E così è stato. Come ogni sicario, lavora su richiesta e riceve grandi ricompense per il suo spregevole lavoro. Nel caso in questione, la scandalosa violazione del diritto è stata compensata dal suo mandante con il Ministero della Giustizia, e da lì sicuramente organizzerà nuove cacce per la produzione di “pulizia” politica e sociale, che ha promesso l’energumeno che dal prossimo anno sarà Presidente del Brasile. Con la sua designazione, sono smascherate le mire della trama ordita per evitare, ad ogni costo, il ritorno di Lula al governo. L’emergere di questo nuovo attore ci costringe a coniare una nuova – inquietante – categoria dell’analisi politica: il sicario giudiziario, ancora più dannoso degli altri sicari. Certo, sarebbe un grave errore pensare che Moro sia una manifestazione esotica della politica brasiliana. L’uovo del serpente, all’interno del quale matura questo sinistro personaggio, si vede ormai chiaramente in Argentina, Ecuador, Bolivia e Paraguay.

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Marco Nieli]

Brasil: la previa del “Gran Día”

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Aproveché mi viaje de regreso a Buenos Aires para charlar con varios empleados en el Aeropuerto de Río de Janeiro. La conversación me dejó desolado, ahondando la sensación que cosechara en las calles de Río durante toda la semana. Hablé con varios empleados de limpieza, ayudantes de las aerolíneas, changarines y vendedores en negocios y bares. Todas, sin excepción, gentes de un origen social muy humilde y preguntándome por qué me marchaba en las vísperas del “Gran Día”.

Fingiendo ser un distraído turista que ignoraba los asuntos políticos del país pregunté qué tenía de especial este próximo domingo. Respuesta: “mañana Brasil elige si será gobernado por un gigante o por un ladrón”. Varios me aclararon: el gigante es Bolsonaro, y Haddad es el ladrón. Y va a ganar el gigante, aseguraron todos. ¿Y qué va hacer el gigante?, le pregunté a otra. “Va a hacer la revolución que Brasil necesita”, me respondió sin titubear. “¿La revolución?”, pregunté fingiendo sorpresa e incredulidad. “Si”, me dijo. “Una revolución para acabar con bandidos y ladrones. El gigante se encargará de limpiar este país”. En un discurso calcado de lo que a diario se escucha en la Argentina mis interlocutores decían que los petistas “se habían robado todo”, que Lula merecía estar en la cárcel, que su hijos se habían convertido en multimillonarios. “Bolsonaro”, me dijo uno de los más enfervorizados, “es un patriota que ama a Brasil y con la limpieza de bandidos que va a hacer este país será grande y respetado otra vez.” La siniestra mano de Steve Bannon -el ultrareaccionario asesor de campaña de Donald Trump y cuyo equipo hace meses está instalado en Brasil- apareció de manera inconfundible. Al fin y al cabo, el slogan del “gigante” es una copia al portugués del empleado en la campaña de Trump: “Hagamos que América sea grande otra vez” , decía el estadounidense. Ahora es Brasil quien, de la mano de Bolsonaro, debe resurgir de las cenizas a las cuales lo redujo el PT.

Había un elemento adicional en estas respuestas. Más allá de las creencias se percibía un vigoroso sentimiento de camaradería entre estos empleados precarizados y explotados, que al cruzarse en los pasillos del aeropuerto se decían: “¡mañana, mañana será el Gran Día!” Un fervor religioso los “religaba” (de ahí el origen de la palabra “religión”). El Mesías -Jair Messias Bolsonaro, que adoptó su segundo nombre luego de un fantasioso bautismo en las aguas del Jordán en medio de una amplia cobertura mediática- estaba por llegar y este sábado estábamos en las vísperas de la epifanía que proyectaría al Brasil al lugar que le corresponde en el mundo. “Dieciséis años (¡Sic!) de gobierno de los bandidos” habían convertido a esta gran nación en una suerte de mendigo internacional por causa de la corrupción oficial, mancillando el honor de toda una nación y sumiéndola en la violencia y la desesperanza.

Las letanías se repetían con milimétricas similitud. En un momento a uno de ellos le pregunté si el programa Bolsa Familia, que había sacado de la pobreza extrema a más de cuarenta millones de brasileños, no había acaso servido para mejorar la situación de los más pobres. La respuesta: “No. Fue una limosna. Quieren que la gente siga como está para que ellos puedan robar a voluntad”.

Ante mi cara de sorpresa otro agregó: “Arroz y feijao para el povao, grandes “propinas” (coimas, en portugués) para los gobernantes.” Uno de ellos, con una cruz tatuada en su cuello, fue más lejos y afirmó que “Haddad es aún más corrupto que Lula, tanto que con sus delitos estuvo a punto de producir la bancarrota de la alcaldía de Sao Paulo.” No tenía mejor opinión de su compañera de fórmula, Manuela D’Avila, del PCdB, porque le habían dicho que como era atea ilegalizaría todas las religiones. Un tercero agregó que de triunfar el PT sería Lula quien gobernaría desde la cárcel, en la cual permanecería poco tiempo más. Luego, indultado por Haddad, se iría al exterior y desde un refugio seguro para su fortuna mal habida manejaría a Haddad a su antojo. Los ladrones seguirían en el poder. Pero “por suerte se levantó el gigante”, dijo con un suspiro.

Me exigió un esfuerzo enorme escuchar tantas mentiras e infamias. Y me asombré ante la inédita eficacia de las nuevas técnicas de la propaganda política. Campañas de terrorismo mediático no son nuevas en Latinoamérica. En 1970 la candidatura de Salvador Allende en Chile fue combatida con un torrente cotidiano de difamaciones a través de El Mercurio y el Canal 13 de la Universidad Católica. Pero la eficacia de esas maniobras no era muy grande. Ahora, en cambio, se produjo un salto cualitativo y el impacto de estos lavados masivos de cerebro –neuromarketing político y big data mediante- creció exponencialmente. Para los movimientos populares es imperativo comprender los procesos de formación de la conciencia política en la era digital si es que se quiere neutralizar este tipo de campañas. En Brasil, el WhatsApp se convirtió en el vehículo preferente, si no excluyente, mediante el cual gran parte de las clases populares se informa sobre los asuntos públicos y, con la ayuda de los evangélicos, decide su voto a favor de candidatos hiperconservadores. El acceso a los big data permitió la intrusión de la propaganda de Bolsonaro en millones de grupos de WhatsApp, no sometidos al mismo control que hay en Facebook, y desde allí lanzar una avasallante andanada diaria de mentiras y difamaciones en contra de los petistas y diseminar centenares de fake news cada día. El objetivo de éstas es incentivar la disonancia cognitiva entre los receptores y crear una sensación de incertidumbre y caos –convenientemente magnificada por los medios- que exige la mesiánica aparición de un líder fuerte que ponga orden entre tanta confusión. Téngase en cuenta que los menores de treinta años sólo prenden la TV para ver fútbol, no leen los diarios y sólo escuchan música por las radios o con sus smart phones. Su nivel de información es bajísimo, y sus creencias y percepciones fueron magistralmente manipuladas por Bannon y sus asociados locales, operando sobre ese sector social desde marzo de este año. No obstante, cuando las encuestas preguntan en las favelas y barriadas periféricas cuáles son los principales problemas de su comunidad la corrupción (“los ladrones”) aparece en tercer lugar, después de la inseguridad y los problemas económicos (carestía, desempleo, bajos salarios, etc.). Pero la pérfida y muy eficaz propaganda de la derecha logró hacer de la corrupción -la lucha contra los supuestos ladrones y la regeneración moral del Brasil- el eje excluyente de esta campaña, en donde no se habla de otra cosa. Y hasta ahora sus resultados han sido notables. Este domingo sabremos cuán exitosos fueron sus malévolos planes y qué lecciones deben extraer otros países de la región que están transitando por una situación similar a la de Brasil, especialmente la Argentina.

Fernando H. Cardoso y su incomprensible neutralidad

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Escribo estas pocas líneas desde el corazón. Sumido en el estupor no alcanzo a comprender cómo quien fuera el maestro de toda una generación de sociólogos, politólogos y economistas de América Latina y el Caribe hoy prefiere mantenerse “neutral” ante la trágica opción que enfrentarán los brasileños el próximo 28 de Octubre: restaurar la dictadura, bajo nuevos ropajes, o retomar la larga y dificultosa marcha hacia la democracia. Para justificar su actitud el ex presidente declaró a la prensa que “de Bolsonaro me separa un muro y de Haddad una puerta.”

Sorpresa, estupefacción, asombro. Porque, ¿cómo es posible que quien fuera una de las más brillantes mentes de las ciencias sociales desde comienzos de los años sesentas del siglo pasado pueda exhibir tal indiferencia cuando lo que está en juego es o bien el retorno travestido y recargado de la dictadura militar (la misma que luego del golpe de 1964 lo obligó a exiliarse en Chile) o la elección de un político progresista, heredero de un gobierno que, con todos sus defectos, fue quien más combatió la pobreza en el Brasil y lo hizo en un marco de irrestrictas
libertades civiles y políticas? A quienes fuimos sus alumnos en la FLACSO de Chile, en la segunda mitad de los sesentas, nos deslumbraban sus brillantes lecciones sobre el método dialéctico de Marx y las enseñanzas de quien a su vez fuera su maestro, Florestán Fernándes; o cuando disertaba sobre la teoría de la dependencia mientras escribía su texto fundamental con Enzo Faletto; o cuando diseccionaba con la sutileza de un eminente cirujano la naturaleza de las dictaduras en América Latina. 

Por eso, quienes atesoramos esos recuerdos estamos sumidos en el más profundo desconcierto ante su atronador silencio en relación a la que, sin dudas, es una de las coyunturas más críticas de la historia reciente del Brasil. A los que tuvimos la suerte de enriquecernos intelectualmente con
sus lecciones nos cuesta creer las noticias que nos llegan hoy de Brasil y que informan de su escandalosa abstención. Y cuando aquellas se confirman, como ha ocurrido en estos días, lo hacemos con el corazón sangrante y la mente convulsionada.

¿Cómo olvidar de que fue usted quien en aquellos años finales de los sesentas nos ayudó a sortear las estériles trampas de la sociología académica norteamericana y la ciénaga del estructuralismo althusseriano, moda que estaba haciendo estragos en las juventudes radicalizadas de Chile. Después, desde mediados de los setentas y a lo largo de los ochentas la suya fue la voz de la sensatez y la sensibilidad histórica que debatía con algunos “transitólogos” deslumbrados por la ciencia política de la academia estadounidense y a quienes, a fuerza de argumentos y ejemplos concretos, obligó a revisar sus ingenuas expectativas sobre las nacientes democracias latinoamericanas. Recordamos como si fuera hoy sus advertencias diciéndole a sus colegas que en Nuestra América el “modelo de La Moncloa” -erigido como el arquetipo no sólo único sino también virtuoso de nuestra todavía inconclusa “transición hacia la democracia”- enfrentaría enormes dificultades para reproducirse en el continente más injusto del planeta. Y sus previsiones fueron confirmadas por el inapelable veredicto de la historia: ahí están nuestras languidecientes democracias, incumpliendo sus promesas emancipatorias, impotentes para instaurar la justicia distributiva y cada vez más vulnerables a la acción destructiva del imperio y sus lugartenientes locales. Democracias, en suma, en rápida transición involutiva hacia la plutocracia y la sumisión neocolonial. Fue Cardoso uno de los principales animadores del Grupo de Trabajo sobre Estado de
CLACSO que se creara a comienzos de los setentas. Su espíritu crítico combinado con su fina ironía orientaron buena parte de las labores de ese pequeño conjunto de colegas. Tanto en las discusiones sobre la transición a la democracia y la naturaleza de las dictaduras que asolaron
la región usted decía que “sin reformas efectivas del sistema productivo y de las formas de distribución y de apropiación de riquezas no habrá Constitución ni estado de derecho capaces de eliminar el olor de farsa de la política democrática.” (1) Y la historia otra vez le dio la razón.

Más allá de sus errores y limitaciones la experiencia de los gobiernos de Lula y Dilma avanzaron, si bien con demasiada cautela, para tratar de eliminar ese insoportable “olor de farsa” de las democracias latinoamericanas. ¿Que en esos gobiernos hubo corrupción, que aumentó la inseguridad ciudadana, o que algunos problemas no fueron encarados correctamente, o inclusive se agravaron? Es cierto. Pero nada de esto constituye una novedad en la historia brasileña ni es un producto exclusivo de los gobiernos del PT, y usted como analista tanto como en su calidad de ex senador, ex ministro y ex presidente lo sabe muy bien.

Tomar como “chivos expiatorios” de la tradicional y secular corrupción de la política brasileña a Lula y el PT es un insulto a la inteligencia de sus conciudadanos además de una maliciosa mentira. Pero aún si estas críticas fueran ciertas –cosa sobre lo cual no viene al caso expedirse en estas líneas- ellas son “peccata minuta” ante el peligro que acecha a Brasil y a toda América Latina.. Y usted, con su inteligencia, a esta altura de su vida no puede arrojar por la borda todo lo que enseñara a lo largo de tantos años. Usted escribió páginas imborrables sobre las dictaduras latinoamericanas y en uno de sus libros denunció con valor la pretensión de “sustraerse de la responsabilidad política de caracterizar como dictatorial a un régimen que se afirma sobre la violencia irrestricta y el atropello sistemático de los derechos humanos.” (2)

¿Qué cree que va a hacer Bolsonaro cuando exalta a los torturadores y rinde loas a la dictadura del 64? Por eso estoy convencido que de persistir en su actitud neutral cometería usted el mayor y más imperdonable error de su vida, que arrojaría un ominoso manto de sombra no sólo sobre su trayectoria como intelectual de Nuestra América sino también sobre su propia gestión como presidente de Brasil.

¿Qué hay una puerta que lo separa a usted de Fernando Haddad? Es cierto, pero el candidato petista ya lo invitó a pasar. Abra esa puerta y entre, porque aquel muro que lo separa de Bolsonaro no sólo caerá con todos sus horrores encima de las clases y capas populares de Brasil sino también sobre su cabeza y su renombre. Nadie le pide que apoye incondicionalmente a lo que hoy, nos guste o no, representa la única opción democrática que hay en Brasil frente a la monstruosa reinstalación de la dictadura militar por la vía de un electorado manipulado como jamás antes en la historia del Brasil. Que la fórmula petista sea la única opción democrática en las próximas elecciones no sólo es producto del empecinamiento de los gobiernos y del liderazgo del PT. Usted fue presidente, por ocho años, y algo de responsabilidad le cabe también por esta imposibilidad de construir alternativas políticas más de su agrado. Su delfín, Geraldo Alckmin, tuvo un desempeño catastrófico en la primera vuelta. Por eso un hombre como usted no puede ni debe permanecer
neutral en esta coyuntura. Sus pasiones y su ostensible animosidad hacia Lula y todo lo que él representa no pueden jugarle tan mala pasada y nublar su entendimiento. Usted sabe que la victoria de Bolsonaro dará luz verde a sus tropas de asalto a la democracia, la justicia, los derechos humanos, la libertad. Tropelías y aberraciones que, para espanto de la población, ya prometen y anuncian sin tapujos a través de la prensa y las redes sociales en Brasil. En este caso su neutralidad se transforma en complicidad.

Ante tan grave encrucijada, ¿cómo puede usted declararse prescindente en esta batalla crucial entre dictadura y democracia? A veces la vida nos coloca en estas incómodas encrucijadas, y no queda hay otro remedio que elegir y actuar. Recuerde que Dante, en La Divina Comedia, reservó el círculo más ardiente del infierno a quienes en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad. Usted, por su historia, por lo que hizo, por su magisterio, por la memoria de sus propios maestros debe oponerse con todas sus fuerzas a la re-encarnación de la dictadura bajo el mascarón de proa de un político mediocre, violento y reaccionario que ni bien instalado en el Palacio de Planalto será fácil presa de los actores más siniestros del Brasil. Su nombre, Fernando Henrique, no debe quedar inscripto entre los cómplices de la tragedia en ciernes en su país. Créame si le digo, siendo fiel a sus enseñanzas, que a diferencia de Fidel si usted persiste en esa actitud, en esa suicida neutralidad, la historia no lo absolverá sino que lo condenará y lo atormentará hasta el fin de sus días. Contribuya con su palabra a que Brasil sortee el peligro del inicio de un nuevo – y probablemente extenso- ciclo dictatorial que sólo agravará los problemas que hoy lo atribulan. Y luego, despejada esa amenaza, discuta sin concesiones como mejorar la democracia en su país; critique las políticas que proponen Haddad y D’Avila, pero primero asegure que su pueblo no volverá a caer en los horrores que con tanta fuerza usted condenó en el pasado. Su silencio, o su abstención, serán implacablemente juzgados por los historiadores del futuro, como ya lo son hoy por sus asombrados contemporáneos que no pueden entender las razones de su postura. Tiene poco tiempo para evitar tan triste final y evitar que la neutralidad se convierta en complicidad.

Recuerdo cuando, en medio del furor causado por el auge de la teoría de la dependencia usted exhortaba a sus cultores a no apartarse de las enseñanzas de Lenin cuando exigía, antes de parlotear superficialmente sobre el tema, llevar a cabo “un análisis concreto de la realidad concreta.”

Y remataba esa observación advirtiendo sobre el peligro de que “el hechizo de las palabras sirva para ocultar la indolencia del espíritu”. (3)

Ojalá que su brillante inteligencia no haya caído víctima de la indolencia y prevalezca, en esta hora decisiva, sobre la fuerza de unas incontrolables pasiones que le impiden abrir la puerta que lo separa de Fernando Haddad y evitar que Brasil se hunda en el basural del fascismo.

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(1) Cf. “La democracia en las sociedades contemporáneas”, en Crítica & Utopía, Buenos Aires, N°6, 1982, y también en “La Democracia en América Latina”, Punto de Vista, Buenos Aires, Nº 12, Abril 1985.

(2) Ver su Autoritarismo e democratização, Río de Janeiro, Paz e Terra, 1975, p. 18.

(3) Fernando H. Cardoso, Ideologías de la burguesía industrial en sociedades dependientes. Argentina y Brasil, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971, p. 60.

 

Grillo ed Esquivel: appello al governo italiano per la liberazione di Lula

Risultati immagini per Luladi Beppe Grillo

Adolfo Maria Pérez Esquivel è un pacifista argentino, vincitore del premio Nobel per la Pace nel 1980, per le denunce contro gli abusi della dittatura militare argentina negli anni ’70. Ha incontrato in carcere Luiz Inácio Lula da Silva, ex presidente del Brasile, simbolo di coraggio e onestà, arrestato senza che siano state trovate prove delle accuse a lui mosse.

Quello che sta avvenendo in Brasile va contro ogni libertà e principio di democrazia, come avevo già manifestato sul mio Blog tempo fa. Per questo condivido l’appello di Adolfo Maria Pérez Esquivel che ha inviato al governo italiano.

Eccolo:

“Faccio appello al popolo e al governo italiano per la sua solidarietà e appoggio ai popoli di fronte alla grave situazione che vive il popolo del Brasile. Chiedo di pronunciarvi per la difesa dei diritti del popolo a vivere in democrazia. Il Brasile ha subito un colpo di Stato istituzionale che ha deposto senza alcuna ragione la Presidente Dilma Rousseff per procedere poi alla detenzione dell’ex Presidente Luiz Inácio Lula da Silva e impedirne la sua candidatura alle elezioni presidenziali. Sono riuscito a vedere Lula in prigione, dove è mantenuto isolato e senza alcun contatto con il popolo del Brasile. Lula è un prigioniero politico, questo è quanto ho manifestato pubblicamente il 13 agosto scorso alla riunione con la Presidente del Superior Tribunal Federal, dott.ssa Carmen Lucia, esortandola a considerare l’incostituzionalità di mantenere in prigione un leader che non ha commesso alcun delitto. Invece Lula è stato condannato a 12 anni di carcere sotto l’accusa di “fatti indeterminati”, senza sia stata trovata alcuna prova del delitto di cui è accusato. Molte altre voci si sono pronunciate in questo senso, personalità, legislatori e giuristi lo affermano: è in prigione per aver lottato contro la povertà e la fame, per aver sottratto dalla miseria 36 milioni di brasiliani e brasiliane, per aver restituito loro la dignità come persone, insieme alla capacità di educarsi, di essere persone degne, di avere casa e lavoro. Lula è un innocente in carcere e l’obiettivo è quello di impedirgli di essere candidato presidenziale. Le elezioni in Brasile senza Lula sono una frode, ed è ciò che cercano di portare a termine coloro che, con la complicità di giudici e legislatori, vogliono imporre politiche di austerità, capitalizzazione e privatizzazione a spese della vita del popolo; cercano di ricolonizzare il paese e oggi i fatti lo confermano con l’incremento della povertà, della fame e della repressione che soffre il popolo del Brasile. Venerdì 17 agosto le Nazioni Unite hanno esortato il governo brasiliano a concedergli il diritto di candidarsi alle elezioni e di avere libero accesso ai mezzi di comunicazione. Nella libertà e la candidatura di Lula sono in gioco non solo il ritorno alla democrazia e alla giustizia in Brasile, ma anche il valore delle sue politiche di governo per strappare milioni di persone dalla povertà e avere cura del prossimo, così come le sue politiche per unire i popoli fratelli con organizzazioni come la UNASUR e la CELAC che sono riuscite a proclamare l’America Latina una “Zona di Pace”. Lula è un grande costruttore di pace nel mondo e così il mondo lo riconosce. Proprio per questo, insieme a Rigoberta Menchu Tum, anche lei Premio Nobel, lo postuliamo al Premio Nobel per la Pace. Vi ringrazio tutto quanto possiate fare per il bene del popolo del Brasile e per la libertà di Lula: è un atto di Verità e Giustizia. Ricevete un forte abbraccio e i migliori auguri di forza e speranza.”

Adolfo Pérez Esquivel Premio Nobel per la Pace 1980

Buenos Aires, 8 settembre 2018

(traduzione di Claudio Tognonato)

Haddad al governo, Lula al potere. La strategia del Pt per rendere «il popolo di nuovo felice»

Risultati immagini per Lula Libredi Claudia Fanti – (Da Adista n. 32/18)

Non è bastata la pioggia di ricorsi presentati dai legali di Lula al Tribunale superiore elettorale e alla Corte Suprema né un nuovo e ancor più incisivo pronunciamento del Comitato per i diritti umani delle Nazioni Unite, che ha ribadito l’obbligatorietà per il Brasile di garantire l’immediato esercizio dei diritti politici dell’ex presidente: la corsa di Lula alla presidenza del Paese si è definitivamente infranta contro la giustizia golpista, secondo un copione che era già stato scritto al momento della farsa giudiziaria allestita dal giudice Sergio Moro e dal Tribunale di appello di Porto Alegre.

Eppure, l’obbligata rinuncia di Lula a candidarsi alle presidenziali del 7 ottobre non ha il sapore della sconfitta, ma solo quello di un momentaneo arretramento. Per l’ex presidente, per il Pt, per le forze pregressiste e di sinistra è insomma l’ora della cosiddetta «strategia Perón»: il metodo, cioè, impiegato con successo da Juan Domingo Perón nel 1973, quando, dal suo esilio in Europa, sostenne con forza la candidatura di Héctor Cámpora alla presidenza dell’Argentina, con lo slogan «Cámpora al governo, Perón al potere» (dopo la vittoria, Campora si sarebbe dimesso proprio per permettere a Perón di assumere la guida del Paese).

Non dal suo esilio, ma dalla sua cella a Curitiba, dove è rinchiuso illegalmente da cinque mesi, Lula ha seguito la stessa strada, indicando al Pt e alla coalizione “O Povo Feliz de Novo” (il popolo di nuovo felice) la sostituzione della sua candidatura con quella di Fernando Haddad e dunque chiedendo «con tutto il cuore» a tutti quelli che avrebbero votato per lui – e che di certo lo avrebbero portato alla guida del Paese, con ogni probabilità già al primo turno – di dare la loro preferenza al candidato da lui indicato. «Se vogliono far tacere la nostra voce e sconfiggere il nostro progetto di Paese si sbagliano di grosso», ha scritto Lula in una lettera al popolo brasiliano che, l’11 settembre, è stata letta a Curitiba dall’avvocato Luiz Eduardo Greenhalgh subito dopo l’annuncio della candidatura di Haddad alla presidenza della Repubblica, in coppia con la vice Manuela D’Avila del PCdB. E ha aggiunto: «Siamo ancora vivi, nel cuore e nella memoria del popolo. E il nostro nome ora è Fernando Haddad». E sarà esattamente questa la strategia del Pt: presentare Haddad, il cui numero resterà non a caso il 13, lo stesso dell’ex presidente, come “il candidato di Lula”, il suo rappresentante, la sua voce.

E per lui egli ha avuto parole di grande elogio: «Ministro dell’Educazione nel mio governo, è stato responsabile di una delle più importanti trasformazioni nel nostro Paese. Insieme, abbiamo aperto le porte dell’università per quasi 4 milioni di alunni delle scuole pubbliche, neri, indigeni e figli di operai, che non hanno mai avuto questa opportunità», come pure costruito «un numero di scuole tecniche quattro volte superiore a quanto fatto in cento anni. Abbiamo creato il futuro».

Solo note positive nella conclusione della lettera di Lula: «Io so che un giorno la giustizia, quella vera, sarà fatta, e sarà riconosciuta la mia innocenza. Quel giorno sarò insieme ad Haddad per fare il governo del popolo e della speranza. Noi tutti saremo lì, insieme, per rendere il Brasile nuovamente felice. Siamo già milioni di Lula e, d’ora in avanti, Fernando Haddad sarà lui per milioni di brasiliani».

E tutto indica che i brasiliani seguiranno Lula su questa strada. Non a caso, l’11 settembre, l’hasthag #HaddadÉLula occupava il primo posto tra i trending topics di Twitter nel mondo. E, soprattutto, dal sondaggio di Datafolha in cui Haddad, non ancora ufficializzato come sostituto di Lula, figurava già al 9%, con un balzo in avanti di cinque punti, è emerso come gli elettori certi di votare per il candidato indicato dall’ex presidente rappresentino il 33% dei brasiliani, più un altro 16% orientato a fare la stessa scelta. Mentre Jair Bolsonaro, malgrado la coltellata ricevuta e tutto il frastuono che l’ha accompagnata, è cresciuto di appena due punti, passando dal 22 al 24%, restando peraltro il candidato con il maggior indice di disapprovazione: gli elettori che non votebbero per lui in nessuna circostanza sono anzi aumentati di 4 punti, dal 39% al 43%. Ma ancor più favorevole si rivela il sondaggio, di poco successivo, dell’istituto Vox Populi, secondo cui Haddad, in questo caso indicato come il candidato di Lula, è già passato al primo posto con il 22% delle intenzioni di voto, seguito da Bolsonaro con il 18% delle preferenze.

Carta de Lula: el PT oficializa la candidatura de Fernando Haddad

Risultati immagini per Lula somos todospor tricontinental.cu

“Si quieren acallar nuestra voz y derrotar nuestro proyecto para el país, están muy equivocados. Nosotros seguimos vivos, en el corazón y en la memoria del pueblo. Y nuestro nombre ahora es Haddad”, afirmó el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en una carta que oficializó a Fernando Haddad como candidato que reemplazará a Lula en la lista electoral del Partido de los Trabajadores a la presidencia. El anuncio tuvo lugar este martes (11), en frente a la sede de la Policía Federal en Curitiba.

Luiz Eduardo Greenhalgh, abogado de Lula, fue el responsable de leer la carta del exmandatario, junto con Fernando Haddad y Manuela D’Àvila, candidata a vicepresidente en la lista electoral y Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores y parlamentarios del partido.

“Por acción, omisión y protección, el Poder Judicial brasileño ha privado al país de un proceso electoral con la presencia de todas las fuerzas políticas. Han impedido la realización del derecho del pueblo de votar libremente”, argumentó Lula.

Nosotros ya somos millones de Lulas y, a partir de hoy, Fernando Haddad será Lula para millones de brasileños, escribió.

“Pueden apresar injustamente a un hombre, pero no a sus ideas. Ningún opresor puede ser mayor que el pueblo. Por eso, nuestras ideas van a llegar a todo el mundo por la voz del pueblo, más alta y más fuerte que la Globo”.

Lea la carta completa:

CARTA AL PUEBLO BRASILEÑO

Mis amigos y mis amigas,

Ustedes deben saber ya que los tribunales han prohibido mi candidatura a presidente de la República. En verdad, han prohibido que el pueblo brasileño vote libremente para cambiar la triste realidad del país.

Nunca he aceptado la injusticia, ni la voy a aceptar. Desde hace más de 40 años camino junto al pueblo, defendiendo la igualdad y la transformación de Brasil en un país mejor y más justo. Y fue recorriendo nuestro país que vi de cerca el sufrimiento quemando en el alma y la esperanza brillando de nuevo en los ojos de nuestra gente. He visto la indignación ante las cosas tan equivocadas que están haciendo y las ganas de mejorar la vida otra vez.

Fue para corregir tantos errores y renovar la esperanza en el futuro que decidí ser candidato a presidente. Y pese a las mentiras y la persecución, el pueblo nos ha abrazado en las calles y nos ha llevado al liderazgo absoluto en todas las encuestas.

Desde hace más de cinco meses estoy preso injustamente. No he cometido ningún crimen y he sido condenado por la prensa mucho antes de ser juzgado. Sigo desafiando a los fiscales de la Lava Jato, al juez Sérgio Moro y al TRF-4 a que presenten una única prueba contra mí, pues no se puede condenar a alguien por crímenes que no ha practicado, por dinero que no ha desviado, por actos indeterminados.

Mi condena es una farsa judicial, una venganza política, siempre usando medidas de excepción contra mí. Ellos no quieren arrestar e impedir tan solo al candidato Luiz Inácio Lula da Silva. Quieren arrestar e impedir el proyecto de Brasil que la mayoría ha aprobado en cuatro elecciones consecutivas, y que solo fue interrumpido por un golpe contra una presidenta legítimamente electa, que no cometió ningún crimen de responsabilidad, golpe que lanzó al país al caos.

Ustedes me conocen y saben que yo jamás desistiría de luchar. He perdido a mi compañera Marisa, que se fue con la amargura de todo lo que le sucedió a nuestra familia, pero no he desistido, incluso en homenaje a su memoria. He enfrentado las acusaciones con base en la ley y en el derecho. He denunciado las mentiras y los abusos de autoridad en todos los tribunales, entre ellos el Comité de Derechos Humanos de la ONU, que reconoció mi derecho de ser candidato.

La comunidad jurídica, dentro y fuera del país, se indignó con las aberraciones cometidas por Sérgio Moro y por el Tribunal de Porto Alegre. Líderes de todo el mundo han denunciado el atentado a la democracia en el que mi proceso se ha convertido. La prensa internacional mostró al mundo lo que la Globo intentó esconder.

Aun así los tribunales brasileños me han negado el derecho que garantiza la Constitución a cualquier ciudadano, siempre y cuando no se llame Luiz Inácio Lula da Silva. Han negado la decisión de la ONU, violando el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos que Brasil ha firmado soberanamente.

Por acción, omisión y protección, el Poder Judicial brasileño ha privado al país de un proceso electoral con la presencia de todas las fuerzas políticas. Han impedido la realización del derecho del pueblo de votar libremente. Ahora quieren prohibirme de hablarle al pueblo y hasta aparecer en televisión. Me censuran, como en la época de la dictadura.

Tal vez nada de esto habría ocurrido si yo no liderara todas las encuestas de intención de voto. Quizá yo no estaría preso si aceptara renunciar a mi candidatura. Pero yo jamás cambiaría mi dignidad por mi libertad, a causa del compromiso que tengo con el pueblo brasileño.

Me incluyeron artificialmente en la Ley Ficha Limpia para arrancarme de forma arbitraria de la disputa electoral, pero no permitiré que se haga de esto un pretexto para aprisionar el futuro de Brasil.

Es frente a estas circunstancias que tengo que tomar una decisión, en el plazo que se me ha impuesto arbitrariamente. Estoy indicando al PT y a la Coligación “El Pueblo Feliz de Nuevo” la sustitución de mi candidatura por la del compañero Fernando Haddad, que hasta este momento ha desempeñado con extrema lealtad la posición de candidato a vicepresidente.

Fernando Haddad, ministro de Educación en mi gobierno, fue responsable de una de las transformaciones más importantes de nuestro país. Juntos, hemos abierto las puertas de la Universidad a casi cuatro millones de estudiantes que nunca antes habían tenido esta oportunidad. Juntos creamos el ProUni, el nuevo Fies, la política de cupos, el Fundeb, el Enem, el Plan Nacional de Educación, el Pronatec e hicimos cuatro veces más escuelas técnicas que lo que habían hecho en cien años. Hemos creado el futuro.

Haddad es el coordinador de nuestro Plan de Gobierno para sacar al país de la crisis, recibiendo contribuciones de miles de personas y discutiendo cada punto conmigo. Él será mi representante en esta batalla para que retomemos el rumbo del desarrollo y de la justicia social.

Si quieren acallar nuestra voz y derrotar nuestro proyecto para el país, están muy equivocados. Nosotros seguimos vivos, en el corazón y en la memoria del pueblo. Y nuestro nombre ahora es Haddad.

A su lado, como candidata a vicepresidenta, tendremos a la compañera Manuela D’Ávila, confirmando nuestra alianza histórica con el PCdoB, y que también cuenta con otras fuerzas, como el PROS, sectores del PSB, líderes de otros partidos y, sobre todo, con los movimientos sociales, trabajadores de la ciudad y del campo, exponentes de las fuerzas democráticas y populares.

Nuestra lealtad, la mía, de Haddad y Manuela, es con el pueblo en primer lugar. Es con los sueños de quienes quieren vivir otra vez en un país en el que todos tengan comida en la mesa; en el que haya empleo, salario digno y protección de la ley para los que trabajan; en el que los niños y niñas tengan escuelas y los jóvenes tengan futuro; en el que las familias puedan comprarse su coche, su casa y seguir soñando y realizando cada vez más. Un país en el que todos tengan oportunidades y nadie tenga privilegios.

Yo sé que un día la verdadera justicia se hará y mi inocencia será reconocida. Ese día estaré junto a Haddad para hacer el gobierno del pueblo y de la esperanza. Todos nosotros estaremos allí, juntos, para hacer a Brasil feliz de nuevo.

Quiero agradecer la solidaridad de los que me envían mensajes y cartas, hacen oraciones y actos públicos por mi libertad, protestan en el mundo contra la persecución y luchan por la democracia, y especialmente a los que me acompañan a diario en la vigilia frente al sitio en el que estoy.

Pueden apresar injustamente a un hombre, pero no a sus ideas. Ningún opresor puede ser mayor que el pueblo. Por eso, nuestras ideas van a llegar a todo el mundo por la voz del pueblo, más alta y más fuerte que la Globo.

Por eso, quiero pedirles, de corazón, a todos los que me votarían a mí, que voten al compañero Fernando Haddad para presidente de la República. Y les pido que voten a nuestros candidatos a gobernador, diputado y senador para que construyamos un país más democrático, con soberanía, sin la privatización de las empresas públicas, con más justicia social, más educación, cultura, ciencia y tecnología, con más seguridad, vivienda y salud, con más empleo, salario digno y reforma agraria.

Nosotros ya somos millones de Lulas y, a partir de hoy, Fernando Haddad será Lula para millones de brasileños.

Hasta pronto, mis amigos y mis amigas. ¡Hasta la victoria!

Un abrazo del compañero de siempre,

Luiz Inácio Lula da Silva

(VIDEO) Mensaje de Lula al pueblo de Brasil y al Mundo

por Ignacio Lula Da Silva

Hace dos meses estoy preso, injustamente, sin haber cometido ningún crimen. Hace dos meses estoy impedido de recorrer el país que amo, llevando el mensaje de esperanza en un Brasil mejor y más justo, con oportunidades para todos, como siempre he hecho en 45 años de vida pública.

Fui privado de convivir diariamente con mis hijos y mi hija, mis nietos y nietas, mi bisnieta, mis amigos y compañeros. Pero no tengo duda que me pusieron aquí para impedirme convivir con mi gran familia: el pueblo brasileño. Eso es lo que más me angustia, pues sé que, cada día más y más familias vuelven a vivir en las calles, abandonadas por el estado que debería protegerlas.

Desde donde me encuentro, quiero renovar el mensaje de fe en Brasil y en nuestro pueblo. Juntos, supimos superar momentos difíciles, graves crisis económicas, políticas y sociales. En mi gobierno, vencimos el hambre, el desempleo, la recesión, las enormes presiones del capital internacional y de sus representantes en el país. Juntos, reducimos la enfermedad secular de la desigualdad social que marcó la formación de Brasil: el genocidio de los indígenas, la esclavitud de los negros y la explotación de los trabajadores de la ciudad y del campo.

Combatimos sin tregua las injusticias. De cabeza erguida, llegamos a ser considerados el pueblo más optimista del mundo. Profundizamos nuestra democracia y por eso conquistamos protagonismo internacional, con la creación de la Unasur, de la Celac, de los BRICS y nuestra relación solidaria con los países africanos. Nuestra voz fue escuchada en el G-8 y en los más importantes foros mundiales.

Estoy seguro de que podemos reconstruir este país y volver a soñar con una gran nación. Eso es lo que me anima a seguir luchando.

No puedo conformarme con el sufrimiento de los más pobres y el castigo que está siendo impuesto a nuestra clase trabajadora, así como no me conformo con mi situación.

Los que me acusaron en la Lava Jato saben que mintieron, pues nunca fui dueño, nunca tuve la posesión, nunca pasé una noche en el apartamento de Guarujá. Los que me condenaron, Sérgio Moro y los fiscales del TRF-4, saben que armaron una farsa judicial para arrestarme, pues demostré mi inocencia en el proceso y ellos no consiguieron presentar la prueba del crimen del cual me acusan.

Hasta hoy me pregunto: ¿dónde está la prueba?

No fui tratado por los fiscales de la Lava Jato, por Moro y por el TRF-4 como un ciudadano igual a los demás. He sido tratado siempre como enemigo.

No cultivo odio o rencor, pero dudo que mis verdugos puedan dormir con la conciencia tranquila.

En contra de las injusticias, tengo el derecho constitucional de recurrir en libertad, pero ese derecho me ha sido negado hasta ahora por el único motivo de que me llamo Luiz Inacio Lula da Silva.

Por eso me considero un preso político en mi país.

Cuando quedó claro que me iban a atrapar a la fuerza, sin crimen ni pruebas, decidí quedarme en Brasil y enfrentar a mis verdugos. Sé mi lugar en la historia y sé cuál es el lugar reservado a los que hoy me persiguen. Estoy seguro de que la justicia hará prevalecer la verdad.

En las caravanas que hice recientemente por Brasil, vi la esperanza en los ojos de las personas. Y también vi la angustia de quien está sufriendo con el regreso del hambre y del desempleo, la desnutrición, el abandono escolar, los derechos robados a los trabajadores, la destrucción de las políticas de inclusión social constitucionalmente garantizadas y ahora negadas en la práctica.

Es para acabar con el sufrimiento del pueblo que soy nuevamente candidato a la Presidencia de la República.

Asumo esta misión porque tengo una gran responsabilidad con Brasil y porque los brasileños tienen el derecho de votar libremente en un proyecto de país más solidario, más justo y soberano, perseverando en el proyecto de integración latinoamericana.

Soy candidato porque creo sinceramente que la Justicia Electoral mantendrá la coherencia con sus precedentes de jurisprudencia desde 2002, no doblegándose al chantaje de la excepción sólo para lesionar mi derecho y el derecho de los votantes a votar en quién mejor los representa.

Tuve muchas candidaturas en mi trayectoria, pero ésta es diferente: es el compromiso de mi vida. Quien tuvo el privilegio de ver a Brasil avanzar en beneficio de los más pobres, después de siglos de exclusión y abandono, no puede apartarse en el momento más difícil para nuestra gente.

Sé que mi candidatura representa la esperanza, y vamos a llevarla hasta las últimas consecuencias, porque tenemos de nuestro lado la fuerza del pueblo.

Tenemos el derecho de soñar nuevamente, después de la pesadilla que nos fue impuesta con el golpe de 2016.

Mintieron para derribar a la presidenta Dilma Rousseff, legítimamente electa. Mintieron con que el país mejoraría si el PT salía del gobierno; que habría más empleos y más desarrollo. Mintieron para imponer el programa derrotado en las urnas en 2014. Mintieron para destruir el proyecto de erradicación de la miseria que pusimos en marcha desde mi gobierno. Mintieron para entregar las riquezas nacionales y favorecer a los tenedores del poder económico y financiero, en una escandalosa traición a la voluntad del pueblo, manifestada en 2002, 2006, 2010 y 2014, de modo claro e inequívoco.

Está llegando la hora de la verdad.

Quiero ser presidente de Brasil nuevamente porque ya he probado que es posible construir un Brasil mejor para nuestro pueblo. Probamos que el país puede crecer, en beneficio de todos, cuando el gobierno coloca a los trabajadores y a los más pobres en el centro de atención, y no se vuelve esclavo de los intereses de los ricos y poderosos. Y probamos que solamente la inclusión de millones de pobres puede hacer que la economía crezca y se recupere.

Gobernamos para el pueblo y no para el mercado. Es lo contrario de lo que hace el gobierno de nuestros empresarios, al servicio de los financistas y de las multinacionales, que suprimió derechos históricos de los trabajadores, redujo el salario real, cortó las inversiones en salud y educación y está destruyendo programas como el Bolsa Familia, Mi Casa Mi Vida, el Pronaf, Luz para Todos, Prouni y Fies, entre tantas acciones dirigidas a la justicia social.

Sueño ser presidente de Brasil para acabar con el sufrimiento de quien no tiene más dinero para comprar o no tiene más dinero para comprar la bombona de gas, que ha vuelto a usar la leña para cocinar o, peor aún, que usan alcohol y se convierten en víctimas de graves accidentes y quemaduras. Este es uno de los más crueles retrocesos provocados por la política de destrucción de Petrobrás y de la soberanía nacional, conducida por los entreguistas del PSDB que apoyaron el golpe de 2016.

Petrobrás no fue creada para generar ganancias para los especuladores de Wall Street en Nueva York, sino para garantizar la autosuficiencia de petróleo en Brasil, a precios compatibles con la economía popular. Petrobrás tiene que volver a ser brasileña. Pueden estar seguros de que vamos a acabar con esa historia de vender sus activos. No será más rehén de las multinacionales del petróleo. Volverá a desempeñar un papel estratégico en el desarrollo del país, incluso en la dirección de los recursos del pre-sal para la educación, nuestro pasaporte para el futuro.

Pueden estar seguros también de que impediremos la privatización de Eletrobras, del Banco do Brasil y de la Caixa, del debilitamiento del BNDES y de todos los instrumentos de que dispone el país para promover el desarrollo y el bienestar social.

Sueño ser el presidente de un país en el que el juzgador preste más atención a la Constitución y menos a los titulares de los periódicos.

En que el estado de derecho sea la regla, sin medidas de excepción.

Sueño con un país en que la democracia prevalezca sobre el albedrío, el monopolio de los medios, el prejuicio y la discriminación.

Sueño ser el presidente de un país en el que todos tengan derechos y nadie tenga privilegios.

Un país en que todos puedan hacer nuevamente tres comidas al día; en que los niños puedan asistir a la escuela, en que todos tengan derecho al trabajo con salario digno y protección de la ley. Un país en el que todo trabajador rural vuelva a tener acceso a la tierra para producir, con financiamiento y asistencia técnica.

Un país en el que la gente vuelva a tener confianza en el presente y la esperanza en el futuro. Y que por eso mismo vuelva a ser respetado internacionalmente, vuelva a promover la integración latinoamericana y la cooperación con África, y que ejerza una posición soberana en los diálogos internacionales sobre el comercio y el medio ambiente, por la paz y la amistad entre los pueblos.

Sabemos cuál es el camino para concretar esos sueños. Hoy pasa por la celebración de elecciones libres y democráticas, con la participación de todas las fuerzas políticas, sin reglas de excepción para imposibilitar a determinado candidato.

Sólo así tendremos un gobierno con legitimidad para enfrentar los grandes desafíos, que podrá dialogar con todos los sectores de la nación respaldado por el voto popular. Es la misión que me propongo al aceptar la candidatura presidencial por el Partido de los Trabajadores.

Ya demostramos que es posible logar un gobierno de pacificación nacional, en el que Brasil camine al encuentro de los brasileños, especialmente de los más pobres y de los trabajadores.

Hice un gobierno en el que los pobres se incluyeron en el presupuesto de la Unión, con más distribución de ingresos y menos hambre; con más salud y menos mortalidad infantil; con más respeto y afirmación de los derechos de las mujeres, de los negros y de la diversidad, y con menos violencia; con más educación en todos los niveles y menos niños fuera de la escuela; con más acceso a las universidades y la enseñanza técnica y menos jóvenes excluidos del futuro; con más vivienda popular y menos conflictos de ocupaciones en las ciudades; con más asentamientos y distribución de tierras y menos conflictos de ocupaciones en el campo; con más respeto a las poblaciones indígenas y quilombolas, con más ganancias salariales y garantía de los derechos de los trabajadores, con más diálogo con los sindicatos, movimientos sociales y organizaciones empresariales y menos conflictos sociales.

Fue un tiempo de paz y prosperidad, como nunca antes tuvimos en la historia.

Creo, desde el fondo del corazón, que Brasil puede volver a ser feliz. Y puede avanzar mucho más de lo que conquistamos juntos, cuando el gobierno era del pueblo.

Para alcanzar este objetivo, tenemos que unir las fuerzas democráticas de todo Brasil, respetando la autonomía de los partidos y de los movimientos, pero siempre teniendo como referencia un proyecto de país más solidario y más justo, que rescate la dignidad y la esperanza de nuestra gente sufrida. Estoy seguro de que estaremos juntos al final de la caminata.

Desde aquí donde estoy, con la solidaridad y las energías que vienen de todos los rincones de Brasil y del mundo, puedo asegurar que continuaré trabajando para transformar nuestros sueños en realidad. Y así me voy preparando, con fe en Dios y mucha confianza, para el día del reencuentro con el querido pueblo brasileño.

Y ese reencuentro sólo no ocurrirá si la vida me falta.

Hasta pronto, mi gente

¡Viva Brasil! ¡Viva la democracia! ¡Viva el Pueblo Brasileño!

Luiz Inacio Lula da Silva

Curitiba, 8 de junio de 2018

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Il popolo venezuelano decide

Risultati immagini per marcha chavistadi Mov. Popular – THE TRICONTINENTAL

Elezioni presidenziali in Venezuela

Nel mirino dell’aggressione imperiale statunitense  

Domenica prossima, 20 maggio 2018, si terrà in Venezuela una nuova elezione presidenziale: la quinta dalla vittoria di Hugo Chávez nel 1998 e la seconda dopo la sua dipartita nel 2013. Il processo della cosiddetta Rivoluzione Bolivariana si trova di fronte, ancora una volta, a una prova decisiva.

Si svolgerà in un contesto caratterizzato dall’intensificazione dell’interventismo imperiale promosso dal governo di Donald Trump e dai suoi effetti di destabilizzazione economica e crescente bellicosità di gran parte dell’opposizione, che oggi si esprime nella realizzazione di una campagna interna ed esterna, tesa a ostacolare, frustrare, delegittimare o ignorare le prossime elezioni.

Un contesto caratterizzato anche da difficoltà socio-economiche. E dal recupero dell’iniziativa democratica del governo di Nicolás Maduro, che ha ratificato, a partire dal voto per l’Assemblea Nazionale Costituente a metà 2017, la sua capacità di mobilitare il sostegno popolare.

(Le elezioni) sono tenute anche in un momento di avanzamento dell’offensiva neoliberista su scala regionale e globale, che promuove una trasformazione strutturale regressiva all’insegna di un rinnovato ‘Washington Consensus’ e che comprende i processi di integrazione a cui il Venezuela bolivariano ha contribuito in modo significativo, come dimostrato dal recente ritiro di sei governi conservatori dell’America Latina dall’UNASUR.

Nelle diatribe incentrate sulle elezioni venezuelane, quelle di maggio (prossimo) condensa le complessità, i conflitti e le sfide che si trovano ad affrontare i progetti di sovranità, giustizia e democrazia nella Nostra America. Nelle note che seguono presentiamo una riflessione introduttiva su quanto esposto; così, alla fine del documento sono indicati altri testi e portali che possono essere consultati per approfondire l’argomento.

1. La democrazia venezuelana sotto assedio

Dalla fine del 2015, il confronto tra Chávez e l’opposizione, con il trionfo di quest’ultima nelle elezioni parlamentarie – si è proiettato a livello statale come conflitto tra il potere esecutivo e il parlamento. Con l’elezione del governo Trump nei primi mesi del 2017, questa forma di contestazione socio-politica ha conosciuto una nuova modalità, scatenando un processo di crescente violenza di strada guidato da alcuni settori dell’opposizione, che cercano di estromettere a tutti i costi il ​​governo di Nicolás Maduro, ripetendo i passaggi del cosiddetto ‘golpe morbido’. Manifestazioni, attacchi a edifici pubblici, blocchi stradali e di quartieri, barricate, crimini d’odio contro i presunti chavisti, saccheggi, azioni paramilitari,repressione della polizia, sono stati in scena, a vari livelli, per 120 giorni, da aprile a giugno, con la tragica conseguenza di 125 morti.

La risposta governativa a questo conflitto ha consistito nel promuovere l’iniziativa democratica. In primo luogo, con l’indizione di elezioni a maggio per votare un’Assemblea Nazionale Costituente che, a metà anno e anche con il boicottaggio dell’opposizione, hanno avuto una partecipazione del 41,5% dell’elettorato, dato rilevante in un paese in cui il voto non è obbligatorio.Ed è continuata con la realizzazione delle elezioni regionali nel mese di ottobre, in cui è intervenuta una parte dell’opposizione. Con un’affluenza alle urne di oltre il 60% degli iscritti, il chavismo ha vinto 18 governatorati sui 23 in gioco, andando i cinque rimanenti alle cinque forze dell’opposizione, mentre a livello comunale, secondo i risultati del Consiglio Nazionale Elettorale, il CNE- il Chavismo ha preso il 54% dei voti.

In questa stessa direzione, l’Assemblea Costituente ha deciso a gennaio di quest’anno di anticipare la data delle elezioni presidenziali. Formulata da rappresentanti del partito al governo, a causa del boicottaggio dell’opposizione, la decisione includeva la richiesta delle stesse forze avversarie. L’indizione delle elezioni presidenziali ha quindi rivitalizzato il tavolo di dialogo tra il governo del presidente Maduro e l’opposizione, con la mediazione, tra gli altri, dell’ex-presidente spagnolo Rodriguez Zapatero. Tuttavia, come sottolinea Atilio Boron, quando l’accordo tra i due era quasi completato e stava per essere annunciato, l’opposizione ha interrotto i negoziati presentando nuove richieste (Boron, 2018). Il sabotaggio dell’accordo, stimolato dal governo di Donald Trump, ha ispirato anche, a quanto riferisce Boron, una lettera pubblica in cui Zapatero ha espresso sorpresa e invito a riprendere il dialogo (Rodriguez Zapatero, 2018).

Nonostante il nuovo boicottaggio promosso dall’opposizione su incitazione del governo degli Stati Uniti, cinque candidati si sfideranno nelle elezioni presidenziali del 20 maggio in Venezuela. Da una parte, Nicolás Maduro, per il Partito Socialista Unito del Venezuela e i suoi alleati; dall’altra, Henri Falcón, l’ex-governatore di Lara e principale rappresentante dell’opposizione, sostenuto da Avanzata Progressista, dal Movimento al Socialismo (MAS) e da una frazione del tradizionale COPEI (Partito Social-Cristiano); inoltre, Reinaldo Quijada, dell’Unità Política Popolare 89 si presenta come un’opzione nello spazio della rivoluzione bolivariana; l’imprenditore della carta Luis Alejandro Ratti come candidato indipendente; e, infine, Javier Bertucci, per il partito Esperanza por el Cambio, che guida anche la chiesa evangelista Maranatha.

A loro volta, le forze partecipanti hanno firmato un accordo che ha stabilito le linee guida che devono essere garantite dal CNE. Tra le più salienti: la richiesta all’ONU di inviare una missione di osservatori, la realizzazione di verifiche dell’intero sistema elettorale con specialisti internazionali e l’equità nell’accesso ai media pubblici. In larga misura, il valore del risultato finale dipenderà dal numero di persone che partecipano alle votazioni. Come è successo in altre occasioni, il Chavismo è costretto a prendere le elezioni come un’impresa popolare; non può perdere voti né a causa della smobilitazione, né per eccesso di fiducia. Al contrario, la candidatura di Falcón dipende dal sostegno che ottiene dai settori anti-chavisti duri, che sono divisi tra il boicottaggio e la partecipazione; e da quanto possa rappresentare coloro che continuano a trovarsi in una posizione meno polarizzata. Inoltre, lo stesso andamento della campagna elettorale, lo svolgimento delle elezioni e la loro supervisione, il riconoscimento dei risultati sono sotto assedio, nel quadro di questa guerra non convenzionale che si svolge sul Venezuela (Teruggi, 2018).

2. La guerra non-convenzionale: si stringe l’assedio militare ed economico

Dopo la globalizzazione neoliberista degli anni ’90 e le sue idilliache promesse pacifiche sulla fine della storia, lo spiegamento delle trasformazioni neoliberiste degli ultimi decenni è stato sempre più colorato dalla violenza. Così, gli interventi imperiali in Afghanistan e in Iraq e i loro effetti regionali di militarizzazione delle relazioni sociali hanno significato l’emergere di un neoliberismo di guerra (Gonzalez Casanova, 2002) e la politica promossa dal governo di Donald Trump è sfociata nell’uso della supremazia geopolitica e militare degli Stati Uniti, per contrastare il loro declino economico (Katz, 2018).

In modo analogo, nel recente passato, come indicano Ceceña e Barrios, la fascia petrolifera del pianeta è stata invasa da guerre, anche di caratteristiche diverse, che segnano una zona di interventi militari e imperiali dispiegati chiaramente lungo il percorso del petrolio (Ceceña e Barrios, 2018). Con una delle riserve di idrocarburi più importanti del pianeta, il Venezuela non può essere escluso da questa mappa di ricolonizzazione e violenza. Come ci ricorda João Pedro Stedile, membro del Coordinamento Nazionale del Movimento dei Lavoratori Rurali Senza Terra (MST) del Brasile, ‘in fondo, la disputa non è per contestare il Governo Maduro, la disputa è per la rendita petroliera, che durante tutto il secolo XX è stata gestita a tempo indeterminato dalle compagnie statunitensi e da una minoranza di oligarchi venezuelani, che vivevano come marajás… e tutto ciò è finito’ (Stédile, 2017).

Negli ultimi mesi, nel contesto dell’iniziativa democratica cui abbiamo fatto riferimento in precedenza, gli investigatori Ceceña e Barrios sottolineano il rafforzamento dell’assedio militare in Venezuela con il dispiegamento di strutture, basi, esercitazioni e accordi operativi di coordinamento; in particolare, la recente esercitazione ‘AmazonLog 17’, che ha visto la partecipazione di militari brasiliani, colombiani e peruviani, ha contato con la presenza dichiarata di truppe degli Stati Uniti nella regione centrale del Sud America (Ceceña e Barrios, 2018).

Ma le nuove guerre, quelle che i manuali del Pentagono hanno battezzato come ‘guerre non convenzionali’, non sono intraprese solo con le forze militari, né presuppongono lo scontro e la negoziazione tra Stati. Le guerre del XXI secolo, sostiene Ceceña, hanno la particolarità che a volte sembrano mobilitazioni per i diritti dei cittadini, utilizzano una strategia di spettro completo in cui l’intervento multidimensionale abbraccia tutte le dimensioni della vita sociale e del territorio, con l’idea di combinare tutti i meccanismi simultaneamente e senza riposo (Ceceña, 2018).

I ricercatori venezuelani Serafino e Vielma hanno messo in evidenza questo aspetto della guerra non convenzionale, che cerca di adattarsi a tutte le condizioni e/o agli scenari del paese sotto assedio e di smantellare tutte le istituzioni e pratiche collettive che sono ostacoli al processo di accumulazione economica perseguito, anche imponendo ‘una dinamica della violenza quotidiana funzionale sia alla globalizzazione neoliberista che alle economie illegali e al capitale straniero’ (Serafino, Vielma e Borges, 2018). Questa significa la distruzione del tessuto sociale stesso, dei legami collettivi, anche con la promozione del caos e l’uso della dottrina dello shock (Klein, 2007).

Ricordiamo che nella lunga storia del processo bolivariano, il popolo e il suo governo hanno subito ogni tipo di offensiva da parte dei capitalisti internazionali e dell’oligarchia locale. In un certo modo, tutte le tattiche che sono state applicate con successo in altri paesi sono state sperimentate in Venezuela (Stédile, 2017). Dal colpo di stato tradizionale del 2002,che ha rimosso solo per pochi giorni Chávez dalla Presidenza, per poi arrivare a perseguire la sua eliminazione fisica – come nel caso di Torrijos – secondo gli indizi che abbiamo oggi, che la sua malattia è stata indotta. Dalla promozione del ricatto economico, alla carenza di materie prime e alla crisi economica – che furono, tra l’altro, provocati per destabilizzare il governo di Allende in Cile -; fino all’uso della violenza, delle barricate e degli assassini selettivi per generare paura e terrore, come sperimentato nel caso dell’Ucraina. E ora il blocco economico, finanziario e commerciale, in modo simile a come è stato implementato in Iran, tra gli altri (Stédile, 2017). Nell’esperienza venezuelana, queste tattiche non sono riuscite contro la forza e la convinzione dimostrata dai settori popolari e, d’altra parte, il governo ha visto aumentare il consenso elettorale alle ultime elezioni; ciò che indica quanto il potere popolare sia stato la migliore e unica difesa del processo bolivariano.

Serafino e Vielma, nel libro già citato, prende in esame i processi di guerra economica, verificati a partire dal 2013 e hanno incluso l’attacco alla moneta, la creazione di una moneta parallela, la stimolazione della scarsità e dell’inflazione, il consolidamento di una sofisticata strategia di accerchiamento finanziario e di sabotaggio della distribuzione di prodotti di base. A partire dal 2015, il blocco economico è stato approfondito con il decreto esecutivo sancito dal presidente Obama, che dichiarava il Venezuela una minaccia alla sicurezza nazionale e alla politica estera degli Stati Uniti e che ha assunto una dimensione maggiore a partire dal 2017, in questo ultimo periodo di iniziativa democratica. Così, il governo Trump ha ampliato il campo di applicazione del detto decreto e, nel mese di agosto dello scorso anno, ha adottato per la prima volta sanzioni finanziarie contro il governo venezuelano, che influenzano l’emissione di titoli dello Stato e della compagnia petrolifera (PDVSA); misure che sono state copiate un mese dopo dall’Unione Europea. In quest’ottica dell’assedio economico e finanziario, lo strangolamento dei finanziamenti internazionali ha cercato di spingere verso il default del paese e della grande impresa statale, motore dell’economia locale. Allo stesso modo, il blocco economico da parte del governo Trump ha praticamente paralizzato il commercio estero basato sul dollaro, sospendendo i conti delle aziende statali venezuelane negli Stati Uniti, ostacolando i loro depositi e transazioni bancarie, imponendo sanzioni agli imprenditori che negoziano con il Venezuela e, addirittura, vietando alle compagnie di navigazione di utilizzare i porti venezuelani. Un blocco navale, economico e finanziario di dimensioni particolari nella storia regionale, che ha cercato di abbattere ogni resistenza governativa e sociale.

3. Tra la guerra e la pace: difficoltà endogene, esperimenti e alternative 

Di fronte a questo approfondimento dell’assedio economico, il governo venezuelano ha risposto con nuovi accordi internazionali in merito al commercio e agli investimenti, in particolare con la Cina e la Russia; anche, in una direzione che propone di avanzare nella de-dollarizzazione dello scambio globale di idrocarburi. Allo stesso modo, nel dicembre 2017, ha lanciato la cripto-valuta Petro che, sostenuta dalle riserve petroliere e minerarie venezuelane, ha cercato di recuperare l’accesso ai finanziamenti internazionali. D’altro canto, la relativa ripresa dei prezzi internazionali del petrolio dalla metà del 2017 ha portato un certo sollievo alle finanze dello Stato e all’economia.

Sul fronte interno, la crisi economica ha preso la forma dell’inflazione, della carenza di cibo e della speculazione con le sue manifestazioni nel campo della diffusione del contrabbando (rivendita illegale di prodotti sovvenzionati) e le lunghe e diffuse code per acquistare beni di prima necessità e dei loro effetti in termini di privazioni, disordini sociali ed emigrazione. Espressione anche della sopravvivenza di una borghesia parassitaria, dei limiti delle politiche pubbliche e dell’irrisolto carattere dipendente delle importazioni dell’economia venezuelana e il peso del dollaro nel mercato interno. I limiti endogeni che aveva già sottolineato lo stesso Chávez nel cosiddetto ‘Plan de la Patria’, quando avvertiva affinché ‘non ci prendiamo per i fondelli: la formazione socio-economica che ancora prevale in Venezuela è di carattere capitalista e rentista’ e affermava la necessità di trascendere il modello rentista (Chávez, 2012).

Di fronte a queste emergenze, la creazione nel 2016 e la successiva estensione dei Comitati Locali di Fornitura e Produzione (CLAP) ha permesso negli ultimi anni di risolvere la ‘dura carenza che si poteva avvertire nei settori popolari’ e ‘rafforzare la rete di distribuzione pubblica del cibo in un contesto di guerra economica’ (Serafino, Vielma e Borges, 2018). D’altronde, quando lo sviluppo dei CLAP si è svolto all’insegna della solidarietà e delle pratiche popolari contro la crisi, lontane dal clientelismo, ha potenziato la ricostituzione dei legami collettivi che la guerra economica cerca di distruggere.

A questo livello, la rivoluzione bolivariana è stata anche fertile nella ricreazione di pratiche comunitarie di gestione economica e politica e nella realizzazione di un esperimento di democratizzazione nella vita sociale. In questa direzione, uno dei suoi migliori esempi è stato la costruzione e la promozione delle comuni o del cosiddetto potere comunale. Tuttavia, sostiene Reinaldo Iturriza, che ha avuto l’incarico, tra gli altri, di Ministro del Potere Popolare per le Comuni -, senza eccezioni, nel contesto del peggioramento della situazione economica, l’idea chiave del comunale, del potere popolare, è andata perdendo terreno, nonostante la sua importanza nella lotta con i poteri di fatto esistenti (Iturriza, 2017). D’altra parte, la rivoluzione bolivariana si è contraddistinta anche per la promozione di una pratica e programmatica che, trascendendo la matrice liberale dello Stato, ha realizzato il cosiddetto protagonismo democratico e partecipativo; il modo specifico di fare politica chavista che, secondo Iturriza, senza eliminare la tensione tra il vertice e il basso, ha promosso la crescente partecipazione e il rafforzamento del chavismo popolare e selvaggio.

In questa direzione, il rinnovamento e l’approfondimento dell’orizzonte democratico è stato uno dei contributi significativi che l’esperienza bolivariana e quella boliviana hanno apportato alle prospettive del cambiamento sociale sebbene, nell’ultimo periodo, le tensioni, gli squilibri e la sfiducia tra entrambe le forme di Chavismo tendessero a prevalere. (Iturriza, 2018). Una situazione che non si è verificata a scapito dell’unità che ha mantenuto il Chavismo in quanto tale, soprattutto in tempi di pericolo e di lotta, e del ruolo di coordinamento che, in questo contesto differente, ha svolto Maduro dalla presidenza. Pertanto, le misure adottate per promuovere le pratiche di democrazia popolare hanno contribuito a rafforzare il processo bolivariano; come lo ha fatto l’uso della televisione e dei social network, per informare e stimolare il dibattito popolare sui problemi e le sfide della congiuntura; la partecipazione popolare nei settori dell’edilizia abitativa e della scuola; e l’incoraggiamento della mobilitazione popolare e dell’occupazione permanente della strada e degli spazi pubblici (Stédile, 2017). 

4. In prospettiva

 Il prossimo 20 maggio le elezioni presidenziali in Venezuela decidono più di un presidente o di una direzione di governo. L’esperienza dell’offensiva neoliberale nella regione insegna fino a che punto i processi di disuguaglianza sociale, concentrazione di reddito e ricolonizzazione, che questa offensiva promuove, sono accompagnati da restrizioni della vita democratica e militarizzazione sociale. D’altra parte, di fronte all’assedio politico e mediatico promosso dalle potenze dominanti a livello globale, una vittoria elettorale non è sufficiente: al contrario, perfino l’interpretazione dei risultati e la loro legittimità e validità sono in discussione. Con le elezioni, si chiuderà una tappa, ma nulla fa prevedere che le ingerenze e l’assedio a cui è sottoposto il Venezuela finiranno. A questo punto, la storia non è solo lontana dall’essere conclusa, ma la sua risoluzione è ancora aperta all’azione dei popoli.

 

Per maggiori informazioni

Borón, Atilio 2018 “Sabotaggio alla democrazia venezuelana”, disponibile all’indirizzo http://www.atilioboron.com.ar/2018/02/sabotaje-la-democracia-en-venezuela.html

Ceceña, Ana Esther e Barrios, David 2017 “Venezuela invaso o assediato?”, disponibile su http://geopolitica.iiec.unam.mx/node/178

Ceceña, Ana Esther 2017 “Guerra civile in Venezuela?”, disponibile all’indirizzo https://www.alainet.org/article/186528

Chávez, Hugo 2012 Proposta del Candidato della Nazione. Comandante Hugo Chávez. gestione socialista bolivariana per il 2013-2019 (Caracas: PSUV), disponibile in http://blog.chavez.org.ve/programa-patria-venezuela-2013-2019/#.Wt4IZdTwbMw

González Casanova, Pablo 2002 “La democrazia, la libertà e il socialismo in tre alternative”, Journal NPO No. 8, Settembre (Buenos Aires: CLACSO), disponibile in http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/ 20110215062252 / 11casanova.pdf

Iturriza, Reinaldo 2017 “Governance, sindaci, procure e potere popolare”. Disponibile su http://supuestonegado.com/web/gobernaciones-alcaldias-poderes-facticos-poder-popular/

Iturriza, Reinaldo 2018 “Il futuro di Chavismo: scommettere sull’egemonia”, disponibile all’indirizzo http://www.rebelion.org/noticia.php?id=238228

Katz, Claudio 2018 “Trump esaspera il pantano americano”, disponibile su https://katz.lahaine.org/trump-agrava-el-atolladero-estadounidense/

Klein, Naomi 2007 “La dottrina dello shock. L’ascesa del capitalismo disastro” (Buenos Aires: Paidós)

Rodríguez Zapatero, José Luis 2018 “Lettera all’opposizione venezuelana e alla comunità internazionale”, disponibile all’indirizzohttps://www.aporrea.org/oposicion/n320777.html

Serafino, William, Vielma, Franco (ricercatori) e Borges Revilla, Gustavo (editore) “Radiografia di un paese sotto assedio. La guerra economica contro il Venezuela. Record degli anni 2015-2017” (Caracas: Misiónverdad.com)

Stédile, João Pedro 2017 “Siamo tutti in Venezuela!”, In Caros Amigos Magazine, n. 249, dicembre, disponibile all’indirizzo http://www.carosamigos.com.br/index.php/revista

Teruggi, Marco 2018 “Un mese prima delle elezioni presidenziali: i voti in tempo di guerra”, disponibile in https://hastaelnocau.wordpress.com/2018/04/22/a-un-mes-de-las-presidenciales-los-votos-en-tiempos-de-guerra/

 

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Marco Nieli]

El pueblo venezolano decide

Risultati immagini per chavismopor Mov. Popular – THE TRICONTINENTAL

Elecciones presidenciales en Venezuela

En la mira de la agresión imperial estadounidense  

 

El próximo domingo 20 de mayo 2018 se realizará una nueva elección presidencial en Venezuela; la quinta desde el triunfo de Hugo Chávez en 1998 y la segunda desde su fallecimiento en 2013. El proceso de la llamada Revolución Bolivariana afronta, una vez más, un momento decisivo.

Tendrá lugar en un contexto marcado por la intensificación del intervencionismo imperial promovido por el gobierno de Donald Trump y sus efectos de desestabilización económica y creciente belicismo de buena parte de la oposición, y que hoy se expresa en el despliegue de una campaña interna y externa que pretende entorpecer, frustrar, deslegitimar o desconocer las próximas elecciones.

Un contexto caracterizado también por las dificultades socioeconómicas. Y por la recuperación de la iniciativa democrática del gobierno de Nicolás Maduro que ratificó, desde la votación para la Asamblea Nacional Constituyente de mediados del 2017, su capacidad de movilizar el respaldo popular.

Se llevan a cabo también en un momento de avance de una ofensiva neoliberal a escala regional y global, que promueve una regresiva transformación estructural bajo un renovado “Consenso de Washington” y que incluye los procesos de integración a los que la Venezuela Bolivariana contribuyó tan significativamente, como  lo muestra el retiro reciente de seis gobiernos conservadores latinoamericanos de la UNASUR.

En las disputas alrededor de las elecciones venezolanas, mayo condensa las complejidades, conflictos y desafíos que afrontan los proyectos de soberanía, justicia y democracia en Nuestra América. En las notas que siguen presentamos una reflexión introductoria sobre ello; así como al final del documento se indican otros textos y portales que pueden consultarse para profundizar en el tema.

 

  1. La democracia venezolana bajo asedio

 

Desde fines del 2015, la confrontación entre el chavismo y la oposición -con el triunfo de esta última en las elecciones parlamentarias- se proyectó al interior del ámbito estatal como conflicto entre el ejecutivo y el parlamento. Con la asunción del gobierno de Trump a inicios de 2017, esta forma de la disputa sociopolítica asumió un nuevo modo, desatando un proceso de creciente violencia callejera acaudillado por algunos sectores opositores que buscaba la salida a toda costa del gobierno de Nicolás Maduro reeditando los pasos del llamado “golpe suave”. Manifestaciones, ataques a edificios públicos, bloqueos de calles y barrios, guarimbas, crímenes de odio contra presuntos chavistas, saqueos, acciones paramilitares, represión policial, se desplegaron, con diferente intensidad, a lo largo de 120 días, entre abril a junio, con la consecuencia trágica de 125 muertos.

La resolución gubernamental de esta encrucijada consistió en promover la iniciativa democrática. Primero, con la convocatoria en mayo a elegir una Asamblea Nacional Constituyente que, realizada a mediados de año y aún con el boicot de la oposición, contó con una participación del 41,5% del padrón electoral, relevante en un país donde el voto no es obligatorio. Y continuó con la realización de las elecciones regionales en el mes de octubre en las que intervino una parte de la oposición. Con una participación electoral de más del 60% del padrón, de los 23 gobiernos estaduales en juego, el chavismo obtuvo 18 gobernaciones correspondiendo las cinco restantes a fuerzas opositoras, siendo que a nivel municipal –según los resultados del Consejo Nacional Electoral, CNE- el chavismo recogió el 54% de los votos.

En esta misma dirección, la Asamblea Constituyente resolvió en enero de este año adelantar la fecha de las elecciones presidenciales. Constituida por representantes del oficialismo, en razón del boicot opositor, la decisión recogía la demanda de las propias fuerzas opositoras. La convocatoria a elecciones presidenciales revitalizó así la mesa de diálogo entre el gobierno del presidente Maduro y la oposición bajo la mediación, entre otros, del ex presidente español Rodriguez Zapatero. Sin embargo, como señala Atilio Boron, cuando el acuerdo entre ambos estaba casi concluido y a punto de ser anunciado, la oposición rompió la negociación planteando nuevas exigencias (Boron, 2018). El sabotaje al acuerdo, estimulado por el gobierno de Donald Trump, motivó incluso, refiere Boron, una carta pública del propio Zapatero donde manifestó su sorpresa y su llamado a retomar el diálogo (Rodríguez Zapatero, 2018)

A pesar del nuevo boicot promovido por parte de la oposición bajo el impulso del gobierno estadounidense, cinco candidatos competirán en las elecciones presidenciales del próximo 20 de mayo en Venezuela. Por una parte, Nicolás Maduro, por el Partido Socialista Unido de Venezuela y sus aliados; por la otra, Henri Falcón, el ex gobernador de Lara y principal representante de la oposición avalado por Avanzada Progresista, el Movimiento Al Socialismo (MAS) y una fracción del tradicional  Copei (partido socialcristiano); también Reinaldo Quijada, por Unidad Política Popular 89 se presenta como una opción dentro del espacio de la revolución bolivariana; y el empresario del papel Luis Alejandro Ratti como candidato independiente; y, finalmente, Javier Bertucci, por el partido Esperanza por el Cambio, quien además lidera la iglesia evangelista Maranatha.

A su vez, las fuerzas participantes firmaron un acuerdo que fijó pautas a ser garantizadas por el CNE. Entre las más salientes: la petición a la ONU para que envíe una misión de observadores, la realización de auditorías de todo el sistema electoral con especialistas internacionales y la equidad en el acceso a los medios públicos. En gran medida, el valor del resultado final dependerá de la cantidad de asistentes a las urnas. Como ha ocurrido en otras ocasiones, el chavismo está obligado a tomar la elección como una gesta popular; no puede perder votos ni por desmovilización ni por exceso de confianza. Por contraposición, la candidatura de Falcón depende del respaldo que obtenga de los sectores antichavistas duros que se dividen entre el boicot y la participación; y de cuanto pueda expresar a quienes se siguen ubicando en una postura menos polarizada. Por otra parte, la propia marcha de la campaña electoral, la realización de la elección y su fiscalización, y el reconocimiento de sus resultados se encuentran bajo asedio en el marco de esta guerra no convencional que se lleva adelante sobre Venezuela (Teruggi, 2018).

 

  1. La guerra no convencional: se estrecha el cerco militar y económico

 

Tras la globalización neoliberal de los años ´90 y sus promesas idílicamente pacíficas del fin de la historia, el despliegue de las transformaciones neoliberales de las últimas décadas se tiñó crecientemente de violencia. Así, las intervenciones imperiales en Afganistán e Irak y sus efectos regionales de militarización de las relaciones sociales significaron la emergencia de un neoliberalismo de guerra (Gonzalez Casanova, 2002) Y la política promovida por el gobierno de Donald Trump resultó en el uso de la supremacía geopolítica y militar de Estados Unidos para revertir su declive económico (Katz, 2018).

En similar dirección, en el pasado reciente, como lo señalan Ceceña y Barrios, la franja petrolera del planeta fue ocupada por guerras que, aun de características diferentes, marcan una zona de intervenciones militares e imperiales que siguen con claridad la ruta del petróleo (Ceceña y Barrios, 2018). Con una de las reservas hidrocarburíferas más importantes del planeta, Venezuela no podía quedar fuera de este mapa de recolonización y violencia. Así lo recuerda João Pedro Stédile, integrante de la Coordinación Nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, cuando señala que “no fundo a disputa não é pelo governo Maduro, a disputa é pela renda petroleira, que durante todo século XX foi apropriada indevidamente pelas empresas  estadunidenses e por uma minoria de oligarcas venezuelanos, que viviam como marajás… e isso acabou” (Stédile, 2017).

En los últimos meses, en el contexto de la iniciativa democrática que referimos anteriormente, los investigadores Ceceña y Barrios señalan el reforzamiento del cerco militar alrededor de Venezuela con su despliegue de pertrechos, bases, ejercicios, y acuerdos de coordinación operativa; particularmente, con el reciente ejercicio “AmazonLog 17” que, con participación de militares brasileños, colombianos y peruanos, contó, por primera vez, con presencia declarada de tropas estadounidenses en la región central de Sudamérica (Ceceña y Barrios, 2018).

Pero las nuevas guerras, aquellas que los manuales del Pentágono bautizaron como “guerra no convencional”, no se libran sólo con fuerzas militares ni suponen la confrontación y negociación entre Estados. Las guerras del Siglo XXI, refiere Ceceña, tienen la particularidad de parecerse a veces a movilizaciones por derechos ciudadanos, utilizan una estrategia de espectro completo donde la intervención de carácter multidimensional abarca todas las dimensiones de la vida social y del territorio con la idea de combinar todos los mecanismos simultáneamente y sin reposo (Ceceña, 2018).

Los investigadores venezolanos Serafino y Vielma han resaltado este aspecto de la guerra no convencional que busca adaptarse a cualquier condición y/o escenario del país bajo asedio y desmantelar toda institución y prácticas colectivas que sean obstáculo para los procesos de acumulación económica perseguidos, incluso imponiendo “una dinámica de violencia cotidiana que es funcional tanto a la globalización neoliberal como a las economías ilegales y al capital extranjero” (Serafino, Vielma y Borges, 2018).0 Se trata así de la destrucción del propio tejido social, de los lazos colectivos, incluso con la promoción del caos y el uso de la doctrina del shock (Klein, 2007).

Recordemos que en la historia larga del proceso bolivariano, el pueblo y su gobierno han sufrido todo tipo de ofensivas de los capitalistas internacionales y la oligarquía local. En cierta forma, se experimentaron en Venezuela todas las tácticas que se aplicaron con éxito en otros países (Stédile, 2017). Desde el golpe de estado tradicional en 2002 que desplazó sólo por unos días a Chávez de la presidencia, hasta la búsqueda de su eliminación física –como en el caso de Torrijos- con los indicios con los que se cuentan hoy de que su enfermedad fue inducida. Desde la promoción del chantaje económico, el desabastecimiento de productos básicos y la crisis económica –como fue impulsado en la desestabilización del gobierno de Allende en Chile, entre otros casos-; hasta el uso de la violencia, las guarimbas y los asesinatos selectivos para generar miedo y terror, como fue utilizado en el caso de Ucrania. Y ahora el bloqueo económico, financiero y comercial; de manera similar a como fue implementado con Irán, entre otros (Stédile, 2017). En la experiencia venezolana estas tácticas fracasaron frente a la fuerza y convicción demostrada por los sectores populares y, por el contrario, el apoyo electoral al gobierno aumentó en las últimas elecciones; lo que indica cuanto la potencia popular ha sido la mejor y única defensa del proceso bolivariano.

Serafino y Vielma, en el libro ya mencionado, examinan los procesos de guerra económica, acontecidos desde el 2013 y que incluyeron el ataque a la moneda, la creación de una divisa paralela, la estimulación del desabastecimiento y la inflación, la consolidación de una sofisticada estrategia de cerco financiero y sabotaje a la distribución de productos básicos. A partir del 2015, el bloqueo económico se profundizó con el decreto ejecutivo sancionado por el presidente Obama que declaraba a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de los EE.UU. y tomó una dimensión mayor a partir de 2017 en este último periodo de iniciativa democrática. Así, el gobierno de Trump amplió los alcances de dicho decreto y, en agosto del pasado año, adoptó, por primera vez, sanciones financieras contra el gobierno venezolano que afectan la emisión de bonos y deuda del Estado y de la Petrolera estatal (PDVSA); medidas que fueron seguidas un mes después por la Unión Europea. En esta dirección, del cerco económico al financiero, la estrangulación del financiamiento internacional buscó forzar el default del país y de la gran empresa estatal y motor de la economía local. Asimismo, el bloqueo económico impulsado por el gobierno de Trump paralizó prácticamente el comercio exterior en base al dólar al suspender las cuentas de empresas estatales venezolanas en EE.UU., inhibir sus depósitos y transacciones bancarias, imponer sanciones a los empresarios que negocien con Venezuela e, incluso, prohibir a las compañías de navegación utilizar los puertos venezolanos. Un bloqueo naval, económico y financiero de una magnitud particular en la historia regional que perseguía quebrar toda resistencia gubernamental y social.    

 

  1. Entre la guerra y la paz: dificultades endógenas, experimentaciones y alternativas

 

Frente a esta profundización del cerco económico, el gobierno venezolano respondió con nuevos acuerdos internacionales sobre comercio e inversión, particularmente con China y Rusia; incluso, en una dirección que propone avanzar en la desdolarización del intercambio mundial de hidrocarburos. Asimismo, en diciembre de 2017, lanzó la criptomoneda Petro que, respaldada en las reservas petroleras y de minerales venezolanas, buscó recuperar el acceso al financiamiento internacional. Por otra parte, la relativa recuperación de los precios internacionales del petróleo a partir de mediados de 2017 trajo cierto alivio a las finanzas estatales y la economía.

En el plano interno, la crisis económica tomó la forma de la inflación, el desabastecimiento y la especulación con sus expresiones en la extensión del bachaqueo (reventa ilegal de productos subsidiados) y las extensas y prolongadas colas para comprar bienes de primera necesidad y sus efectos de privación, malestar social y emigración. Expresión también de la pervivencia de una burguesía parasitaria, de las limitaciones de las políticas públicas y del irresuelto carácter dependiente de las importaciones de la economía venezolana y el peso del dólar en el mercado interno. Limites endógenos que ya había señalado el propio Chávez en el llamado “Plan de la Patria” cuando alertaba que “no nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista” y afirmaba la  necesidad de trascender el modelo rentista petrolero (Chávez, 2012)

Frente a estas urgencias, la creación en 2016 y la extensión posterior de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) permitió en los últimos tiempos resolver el “desabastecimiento duro que podía palparse en los sectores populares” y “potenciar la red pública de distribución de alimentos en un contexto de guerra económica” (Serafino, Vielma y Borges, 2018). Por otra parte, cuando el desarrollo de los CLAP se inscribió en el despliegue de prácticas solidarias y populares frente a la crisis, alejadas del clientelismo, potenció la reconstitución de los lazos colectivos que la guerra económica persigue destruir.

En este plano, la revolución bolivariana ha sido fértil también en la recreación de prácticas comunitarias de gestión económica y política y en el despliegue de una experimentación democratizadora de la vida social. En esta dirección, una de sus mejores ejemplos, han sido la construcción y promoción de las comunas o del llamado poder comunal. Sin embargo, señala Reinaldo Iturriza -que ejerció, entre otros, el Ministerio del Poder Popular para las Comunas- salvo excepciones, en el contexto del agravamiento de la situación económica, la idea fuerza de lo comunal, del poder popular, fue perdiendo terreno a pesar de su importancia en la disputa con los poderes fácticos (Iturriza, 2017). Por otra parte, la revolución bolivariana se destacó también por promover una práctica y programática que trascendiendo la matriz liberal del Estado desplegaba la llamada democracia participativa y protagónica; la forma específica de hacer política chavista que, según Iturriza, sin eliminar la tensión entre el arriba y el abajo, promovía la creciente participación y fortalecimiento de ese chavismo popular y salvaje.

En esta dirección, la renovación y profundización del horizonte democrático ha sido una de las significativas contribuciones que, tanto la experiencia bolivariana como la boliviana, hicieron a las perspectivas del cambio social aunque, en el último periodo, hayan tendido a primar las tensiones, los desequilibrios y las desconfianzas entre ambas formas del chavismo (Iturriza, 2018). Situación que no se ha dado en desmedro de la unidad que ha mantenido el chavismo como tal, particularmente en los momentos de amenaza y confrontación, y del rol articulador que, respecto de ese conjunto diverso, ha desempeñado Maduro desde la presidencia. Así, las medidas adoptadas para promover las prácticas de una democracia popular han contribuido a fortalecer al proceso bolivariano; como lo ha hecho el uso de la televisión y las redes sociales para informar y estimular el debate popular sobre los problemas y desafíos de la coyuntura; la participación popular en los ámbitos de la vivienda y la escuela; y el estímulo de la movilización popular y ocupación permanente de la calle y los espacios públicos (Stédile, 2017).

 

  1. En perspectiva

 

El próximo 20 de mayo las elecciones presidenciales en Venezuela deciden más que un presidente o un rumbo gubernamental. La experiencia de la ofensiva neoliberal en la región enseña en qué medida los procesos de desigualación social, concentración del ingreso y recolonización que esta ofensiva promueve van acompañados por restricción de la vida democrática y militarización social. Por otro lado, frente al cerco político y mediático promovido por los poderes dominantes a nivel global incluso no resulta suficiente una victoria electoral sino que está en disputa también la interpretación misma de los resultados y su legitimidad y validez. Con las elecciones se cerrará una etapa, pero nada hace prever que el hostigamiento y asedio al que está sometida Venezuela se acabe. En este punto, la historia no sólo está lejos de haber terminado sino que su resolución aún permanece abierta al hacer de los pueblos.
 

Para buscar más información

 

Boron, Atilio 2018 “Sabotaje a la democracia venezolana”. Disponible en http://www.atilioboron.com.ar/2018/02/sabotaje-la-democracia-en-venezuela.html

Ceceña,  Ana Esther y  Barrios,  David 2017 “Venezuela ¿invadida o cercada?”. Disponible en http://geopolitica.iiec.unam.mx/node/178

Ceceña, Ana Esther 2017 “¿Guerra civil en Venezuela?”. Disponible en https://www.alainet.org/es/articulo/186528

Chávez, Hugo 2012 Propuesta del Candidato de la Patria. Comandante Hugo Chávez. Para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019 (Caracas: PSUV) Disponible en http://blog.chavez.org.ve/programa-patria-venezuela-2013-2019/#.Wt4IZdTwbMw

González Casanova, Pablo 2002 “Democracia, liberación y socialismo: tres alternativas en una”, en Revista OSAL N° 8, septiembre (Buenos Aires: CLACSO) Disponible en http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20110215062252/11casanova.pdf

Iturriza, Reinaldo 2017 “Gobernaciones, alcaldías, poderes fácticos y poder popular”. Disponible en http://supuestonegado.com/web/gobernaciones-alcaldias-poderes-facticos-poder-popular/

Iturriza, Reinaldo 2018 “El futuro del Chavismoapostar por la hegemonía”. Disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=238228

Katz, Claudio 2018 “Trump agrava el atolladero estadounidense”. Disponible en  https://katz.lahaine.org/trump-agrava-el-atolladero-estadounidense/

Klein, Naomi 2007 La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre (Buenos Aires: Paidós)

Rodríguez Zapatero, José Luis 2018 “Carta a la oposición venezolana y la comunidad internacional”. Disponible en https://www.aporrea.org/oposicion/n320777.html

Serafino, William, Vielma, Franco (investigadores) y Borges Revilla, Gustavo (editor) 2018 Radiografía de un país bajo asedio. La guerra económica contra Venezuela. Registro de los años 2015-2017 (Caracas: Misiónverdad.com)

Stédile, João Pedro 2017 “Somos todos venezuela!”,  en Revista Caros Amigos, N° 249, diciembre. Disponible en http://www.carosamigos.com.br/index.php/revista

Teruggi, Marco 2018 “A un mes de las presidenciales: los votos en tiempos de guerra”. Disponible en https://hastaelnocau.wordpress.com/2018/04/22/a-un-mes-de-las-presidenciales-los-votos-en-tiempos-de-guerra/

Brasile, l’assassinio della giustizia: un golpe nel golpe?

Lula Moro

di Stella Calloni

09.04.2018

 

Sérgio Moro, il giudice che ha perseguitato Dilma e Lula, è uno dei tanti giudici o funzionari giudiziari cooptati da Washington, che di fatto adesso mantiene una specie di Scuola delle Americhe per poliziotti e giudici nel Salvador.

Può un Supremo Tribunale Federale (STF) in un paese come il Brasile funzionare ed emettere sentenze come se nulla fosse successo, dopo che almeno tre generali, uno dei quali, l’ attuale capo dell’esercito, hanno avvertito pubblicamente che se l’ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva non veniva incarcerato, si sarebbero visti “obbligati” a dare un colpo di stato militare?

In seguito a un tentativo di omicidio contro l’ex-presidente avvenuto la settimana passata nello stato del Paraná, il generale Luiz Gonzaga Schroeder Lessa ha detto alla stampa in maniera minacciosa che il STF avrebbe precipitato il paese nella violenza se Lula non veniva incacercato e ha minacciato un colpo di Stato, mentre il generale Paulo Chagas avvertiva: “il nostro obiettivo è evitare che si cambi la legge e che il capo di un’ organizzazione criminale, condannato a 12 anni di prigione, circoli liberamente, predicando l’odio e la lotta di classe”.

Ore prima della sessione dell’STF, il capo dell’esercito, il generale Eduardo Villas Boas, affermava che la sua forza “condivide il desiderio di tutti i cittadini perbene di non ammettere l’impunità”. Detto in maniera più diplomatica, ma íla minaccia è la stessa.

Qualsiasi magistrato semplicemente ligio alla legge, avrebbe dovuto rifiutarsi di sedere in un Tribunale che, di fronte a tale minaccia, aveva perduto tutta l’autorità. Se ci fosse giustizia, questa sessione avrebbe dovuto essere annullata.

Nell’agosto 2016, l’allora presidente Dilma Rousseff è stata destituita da un congiunto di media con la rete Globo in testa, una giustizia gestita da giudici che hanno lavorato a lungo negli Stati Uniti come Sérgio Moro, svolgendo il ruolo loro assegnato, un parlamento per lo più corrotto che ha destituito, senza prove, la presidenta. Il che ha provocato un colpo di Stato mediatico, giuridico e parlamentare.

Anche se, in realtà, questo è iniziato nel maggio 2016, quando Rousseff è stata allontanata dal suo carico ed è stato assunto come sostituto temporaneo l’allora vice-presidente Michel Temer (che è apparso in alcuni documenti come informatore del Comando Sud), il quale ha cambiato il gabinetto di governo, cosa che non poteva fare, ha adottato per decreto misure illegali, ha distrutto tutte le conquiste popolari e sovvertito seriamente la sovranità in Brasile, a cominciare dalla svendita dei grandi giacimenti petroliferi (Pre-sal), portandoli fuori dal controllo della Petrobras.

Questa compagnia, come tutte le compagnie statali, è stata vittima di spionaggio da parte degli Stati Uniti, come anche i governi di Lula e di Dilma, cosa che è stata  rivelata dalle documentate denunce dell’ex-contrattista americano Edward Snowden.

Sérgio Moro, il giudice che ha perseguitato Dilma e Lula, è uno dei tanti giudici o impiegati di tribunale cooptati da Washington, che di fatto ora dirige una specie di Scuola delle Americhe per agenti di polizia e giudiziari in El Salvador. La condanna di Lula da parte di Moro è una mostruosità legale, poiché – come nel caso di Dilma – non ci sono prove nella causa nella quale è stato condannato, il che lo rende un ostaggio politico, non solo del Brasile, ma di Washington.

Lo schema statunitense di infiltrazione delle strutture giudiziarie in America Latina è emerso come metodologia di lavoro negli anni ’90 nei piani contro-rivoluzionari e strategici per la regione, da applicare nei primi anni del XXI secolo. È quindi stato proposto un nuovo modello: le “democrazie di sicurezza nazionale”, in sostituzione delle dittature di sicurezza nazionale, che nel XX secolo trasformarono l’America Latina in un cimitero.

In realtà, sono una forma di dittature segrete per gestire i Conflitti a Bassa Intensità nel XXI secolo, a cui si è aggiunta la diffusione del Comando Sud mediante l’installazione di basi e stabilimenti militari in territori strategici dell’America Latina, per controllare direttamente la regione, nel migliore stile coloniale.

Nel caso del giudice Moro, che ha studiato legge nell’Università regionale di Maringá, questi è entrato in contatto  con gli Stati Uniti, partecipando a un programma “speciale” di istruzione di avvocati presso la Harvard Law School (Stati Uniti). Ha partecipato al Programma per Visitatori Internazionali organizzato nel 2007 dal Dipartimento di Stato, specializzato nella prevenzione e lotta al riciclaggio di denaro. In quel corso, ha condotto visite a varie agenzie statunitensi, tra cui quelle di intelligenza come la CIA e l’FBI, ed è stato istruito sull’analisi dei reati finanziari, e sui reati commessi da gruppi criminali organizzati: da quel momento è diventato un uomo al servizio di Washington.
In un articolo pubblicato in Brasil de Fato, Daniel Giovanaz ha segnalato il caso del giudice Moro, diventato un “eroe” negli Stati Uniti, dimostrando che questa accusa non corrispondeva a una “teoria della cospirazione”, come spesso viene banalizzata ogni denuncia, “perché vi sono prove sufficienti in termini di fatti e documenti.”

Nel giugno 2016, la filosofa e ricercatrice Marilena Chauí, citata da Giovanaz, ha dichiarato che Moro era stato cooptato dall’FBI per servire gli interessi degli Stati Uniti nella condotta dell’operazione Lava Jato. “Ha ricevuto un addestramento tipico come quello che l’FBI faceva durante il Maccarthismo (la politica di persecuzione anticomunista adottata dagli Stati Uniti negli anni ’50)”, afferma la filosofa brasiliana, affermando che Washington aveva un obiettivo: destabilizzare il Brasile per impadronirsi dei grandi giacimenti petroliferi, delle altre immense risorse e controllare nientemeno che la grande potenza latino-americana.”

“In questo senso, l’operazione Lava Jato è, diciamo, un preludio alla grande sinfonia della distruzione della sovranità brasiliana per il XXI secolo”, ha denunciato Chauí, la cui ipotesi è stata sostenuta da un documento di Wikileaks che è stato declassificato il 30 Ottobre 2009.

“Il nome di Sergio Moro – al di là della sua stretta relazione con gli Stati Uniti – è citato come partecipante a una conferenza offerta a Rio de Janeiro dal Progetto Bridges (Progetto Pontes), legato al Dipartimento di Stato, il cui obiettivo era di “consolidare il trattamento bilaterale ( tra Stati Uniti e Brasile) nell’applicazione della legge”.

Moro è stata la figura chiave per giustificare la “consulenza” americana nel suo paese.

Tra le conclusioni tratte da Wikileaks su quella conferenza, i responsabili del Progetto Pontes hanno sostenuto “la continua necessità di garantire la formazione di giudici federali e studenti brasiliani, per far fronte al finanziamento illecito della condotta criminale”. La strategia doveva essere “a lungo termine” e coincidere con la formazione di “task force di formazione”, che si potrebbero installare a Sao Paulo, Campo Grande o Curitiba.

Cinque anni dopo quell’atto a Rio de Janeiro, è scoppiata l’operazione Lava Jato, che ha instaurato nel paese un clima di instabilità politica molto importante per i piani degli Stati Uniti, i quali hanno iniziato a controllare, gestire e manipolare le operazioni e il caso Odebrecht.

Negli ultimi due anni, le visite di Sérgio Moro negli Stati Uniti sono diventate sempre più frequenti, ed è stato presentato in alcune conferenze come “il leader centrale nel rafforzamento dello stato di diritto in Brasile”. Che in realtà è scomparso, a partire dal colpo di stato del 2016, consolidato da questo nuovo golpismo manu militare che ha condannato Lula, il quale è innocente (non è mai stato provato il contrario).

 

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Marco Nieli]

Nel Brasile golpista tornano le esecuzioni politiche

Francoda Brasil de fato

La consigliera comunale di Rio Marielle Franco (PSOL) e l’autista Anderson Pedro Gomes sono stati uccisi a colpi d’arma da fuoco, la notte dello scorso mercoledì (14 marzo), nel quartiere do Estácio, al centro di Rio de Janeiro.

Marielle era appena uscita dall’iniziativa “Giovani nere che muovono la struttura” e quando stava passando davanti al Municipio, un’auto si è accostata al veicolo, ha fatto fuoco numerose volte ed è fuggita di corsa. Un’addetta alla comunicazione che era nell’auto è stata ferita ma non è grave.

La polizia di Rio de Janeiro ancora sta investigando il caso, ma lavora sull’ipotesi dell’esecuzione. Sono stati identificati per lo meno nove colpi d’arma da fuoco nella carrozzeria e nei vetri dell’auto. A partire da giovedì 15, in varie città del Brasile, si sono organizzate veglie di protesta e manifestazione per ricordare l’attivista e per esigere pronta giustizia verso esecutori e mandante dell’efferato omicidio. In poche ore, il caso di Mireille già ha conquistato il mondo e mette in luce l’attuale congiuntura politica che sta vivendo il paese.

Nata nel complesso della Maré, Marielle era impegnata  nella difesa dei diritti umani dei neri e delle nere, nonché nella denuncia del genocidio di giovani nelle favelas da parte della Polizia Militare. A febbraio, era passata a integrare la Commissione che accompagna l’intervento militare a Rio. Tre giorni prima del delitto, Marielle aveva denunciato il coinvolgimento di poliziotti nell’uccisione di giovani in città.

[Trad. dal portoghese per ALBAinformazione di Marco Nieli]

NOTA AGGIUNTIVA

di Marco Nieli

Il coinvolgimento delle forze di sicurezza nell’esecuzione della Franco è stato provato lo scorso venerdì da una perizia forense che ha individuato la provenienza dei proiettili da 9 mm usati dai sicari da un lotto venduto a Brasilia nel 2016 alla Polizia Federale.

L’attivista e militante politica del PSOL era da tempo impegnata a monitorare e denunciare abusi e violenze della polizia e dell’esercito sui giovani neri delle favelas, uccisi in vere e proprie esecuzioni extra-giudiziarie o terrorizzati in raids improvvisi come nella favela Acarì lo scorso 10 marzo.  Nel Brasile di Temer, si stima che circa 155 favelados neri vengano uccisi ogni giorno e che su 100 omicidi, 71 hanno come vittime neri e mulatti. Inoltre, gli 8500 soldati, dispiegati a sostegno delle forze di polizia dal governo Temer con il decreto Garanzia delle Legge e dell’Ordine (GLO) del luglio 2017, sono indice di una crescente militarizzazione del territorio, in un paese in cui il consenso al governo golpista è ai minimi storici.

Come in ogni contesto storico-politico in cui l’egemonia in crisi viene sostituita dal dominio diretto e repressivo delle classi possidenti, l’unica opzione sul tappeto rimane la forza brutale e il gorillismo. Di fatto, l’assassinio politico sta ritornando in auge nei paesi sudamericani che hanno svoltato recentemente a destra, per via elettorale (l’Argentina di Macri) o golpista (il Brasile di Temer), come pratica repressiva del dissenso, in modi che ricordano per molti versi l’epoca del famigerato Plan Condor. In Argentina, le forze dell’ordine, mai completamente epurate dall’epoca della Dittatura (1976-1982), sono tra le più corrotte del continente. Le recenti misure adottate dal governo Macri in termini di detenzione preventiva dei sospetti e di sostanziale impunità di agenti e soldati di fronte ai manifestanti e agli attivisti/militanti sociali portano quotidianamente a episodi di tortura, maltrattamenti e perfino sparizioni/uccisioni come quella del militante pro-Mapuche Santiago Maldonado lo scorso ottobre. La spietata esecuzione di Marielle Franco a Rio porta oggi alla ribalta internazionale un’analoga situazione esistente nel Brasile golpista di M. Temer.

L’ONU, come anche il Social Forum di Bahia, hanno già preso una chiara posizione sull’esecuzione della consigliera, esigendo indagini rapide, trasparenti e giustizia certa verso mandanti ed esecutori. Chissà se le organizzazioni diritto-umanitarie alla Amnesty o alla Human Rights Watch, sempre pronte a fustigare paesi scomodi per l’Impero come il Venezuela, Cuba o la Siria, si faranno sentire stavolta, prendendo in considerazione la violazione sistematica dei diritti umani in questi paesi latino-americani, neo-alleati degli Stati Uniti. Fatto sta che, all’epoca dell’integrazione continentale promossa dal compianto Presidente del Venezuela Hugo Chávez, queste pratiche barbariche, retaggio di un’epoca che si sperava ormai passata, sebbene non del tutto inesistenti a livello locale, venivano comunque osteggiate e scoraggiate dai governi dei rispettivi paesi. La deriva attuale verso destra riporta indietro di decenni i popoli brasiliano e argentino e la reazione in termini di mobilitazione sociale e denuncia deve essere pronta ed efficace.

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