La comunicación de la izquierda latinoamericana

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Voy a comenzar con una cita de José Vicente Rangel que pondré en reserva, como hacen los cocineros con algún ingrediente que más tarde incorporan al guiso. Lo saco de su columna “El espejo” del 2 de marzo de 2009: “El presidente Hugo Chávez suele comentar que después de una elección en la que la oposición sacó cuatro millones de votos, Fidel Castro le dijo: ‘Chávez, en Venezuela no puede haber cuatro millones de oligarcas’ (…) el chavismo, primera fuerza política y social del país, tiene que reflexionar sobre el último resultado comicial. Sin duda ratificó su condición de mayoría, pero no basta”. Ok, reservemos.

Algunos hablan de la necesidad de crear algún tipo de red comunicacional de la izquierda latinoamericana, como una de las herramientas para enfrentar la hegemonía que en ese campo mantienen el imperialismo y sus vasallos de las oligarquías del continente. En realidad, el germen de un instrumento tal ya existe. Ahí está Telesur, por ejemplo. A mi correo llegan varios trabajos periódicos muy buenos desde la izquierda continental: Resumenrebel, Resumen Latinoamericano, Other news. Del Zulia me envía también mi dilecto amigo Hugo Fonseca su excelente “Contrainformación Internacional”. Son redes de izquierda para la izquierda. Sin duda es un trabajo loable, permanente y útil. Sin embargo, no creo que le llegue a la mayor parte de los más de 7 millones de venezolanos que votaron contra la Revolución Bolivariana en las elecciones parlamentarias de 2015. Ni a los 2.240.920 que votaron contra Evo en las recientes elecciones bolivianas (Evo obtuvo un poco más, 2.889.359). Ni los casi 13 millones de argentinos que eligieron a Macri en 2015.

Pienso que nuestro problema no se reduce a la creación de redes. El trabajo comunicacional hacia las vanguardias políticas y sociales ha dado buenos frutos, sin duda. Eso lo demuestran las luchas populares cada vez más extendidas que se dan a lo largo de todo el continente. Pero va siendo insuficiente, ha llegado la hora de ampliar las bases de apoyo de tales luchas y de darle mayor estabilidad a la clara tendencia hacia el progresismo que bulle por doquier. Tenemos que quitarnos de encima, más temprano que tarde, la sombra de las conspiraciones permanentes que ponen en peligro la cosecha de nuestras victorias.

Sin importar qué tipo de reuniones hagamos, no bastará con retórica o torneos de oratoria, creo que se debe tratar de reflexiones profundas, autocríticas, creativas, descarnadas, en las que sometamos a examen primero que nada las cualidades de nuestro discurso y las nuevas variantes y estilos comunicacionales a aplicar, trabajando con estrategias novedosas que apunten, sobre todo, a la comunicación con los universos populares de los cuales permanecemos alejados y que son vulnerables a las manipulaciones de un aparato comunicacional dirigido por el imperialismo y que es experimentado, y que cuenta con herramientas múltiples, líneas de acción confirmadas por la práctica, ingentes recursos y gran capacidad para aprovecharse de nuestros errores y de nuestro limitado ejercicio de la crítica y la autocrítica.

Hace pocos días Evo Morales, en una entrevista pos golpe, reconocía algunos errores cometidos por la dirigencia revolucionaria boliviana ¿Hacía falta el latigazo enemigo para notar y/o reconocer los errores? ¿Hemos tomado suficientemente en cuenta, en Venezuela, por ejemplo, la advertencia que hiciera José Vicente Rangel hace ya casi diez años? ¿Cuántos oligarcas hay en nuestro país y cuánta gente del pueblo confundida por el aparato mediático del imperialismo?

No voy a pontificar como si fuera yo un sabihondo que tengo todas las respuestas. Solo dejo aquí algunas líneas gruesas sobre el tipo de cambios que deberíamos debatir con referencia al tema de la comunicación de la izquierda latinoamericana:

1) Manteniendo el efectivo discurso hacia la vanguardia, abrir líneas discursivas que salgan de nuestras burbujas y aborden a los sectores del pueblo aun no convencidos de las bondades del progresismo;

2) Acabar de raíz con el sectarismo comunicacional e iniciar un proceso de apertura que maneje nuevos códigos a fin de superar los límites de la vanguardia;

3) Desechar el dogmatismo libresco y asumir la compleja realidad de manera abierta y creativa, para comunicar sin dar por sentado modelos o versiones estáticas de nuestros procesos y nuestras propuestas;

4) Desechar la comunicación complaciente, acrítica o meramente propagandística, asumiendo y difundiendo las críticas, denuncias y demandas populares en los distintos escenarios;

5) Promover el debate abierto y democrático de ideas, tanto en el seno mismo de la izquierda como en la sociedad toda;

6) Combatir activamente cualquier desviación autoritaria o verticalista en los procesos revolucionarios, así como cualquier tendencia a imponer un pensamiento único

7) Contribuir al desarrollo de una Revolución Cultural que apunte a la edificación de nuevos valores e intereses individuales y colectivos;

En fin, dar un debate de amplio espectro sobre aciertos, errores, rectificaciones y nuevas perspectivas.

Mis propuestas para las elecciones parlamentarias

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Creo que el principal dato de la realidad es la realidad misma. La teoría tiene un papel en todo y, bien formulada, posee la capacidad de apenas aproximarse a la realidad e influir en ella, mas nunca podrá alcanzarla y mucho menos determinarla. La realidad es un potro salvaje, indomable y terco. Esto viene a cuento porque la de nuestro país es una realidad acuciante, e inédita como siempre.Vemos todos los días las discusiones teóricas de la izquierda sobre qué se debe y qué no se debe hacer. Muy bien, son debates necesarios que se seguirán dando, por supuesto. Pero también continuará la agresión despiadada del imperialismo en todos los ámbitos, así como la acción conspiradora de sus agentes del patio. Seguirán por un tiempo, claro está, los problemas que nos acogotan a los ciudadanos de a pie: las dificultades de la economía familiar, del transporte, de los servicios públicos, de la salud. Acaso podrá alcanzarse leves mejorías, y eso tampoco es seguro. También continuaremos viendo las lacras de la Revolución: los bolsones de corrupción, odiosos privilegios, verticalismo, burocratismo, dogmatismo, sectarismo. Nada de esto cambiará porque lo queramos ni porque adelantemos sesudas y supuestas soluciones. Criticar ayuda, proponer aun más, pero al final todo se enrumbará hacia algún destino como consecuencia de la lucha de clases, y del desarrollo y la resolución de las complejas contradicciones que presenta el escenario: entre el imperialismo y la Patria, entre el pueblo y el Estado, entre el Poder Popular y el burocratismo, entre sectores transformadores y conservadores en el seno del movimiento revolucionario, entre el sectarismo y el aperturismo, y otras.

En una reunión que sostuve hace unos días con unos camaradas, les decía que en lo inmediato los revolucionarios venezolanos tenemos dos tareas específicas que cumplir: derrotar la agresión imperialista y mantener el poder político. En este artículo quiero referirme a eso. Advierto de una vez que espero que nos hablemos, en cuanto a estos temas y por ahora, entre quienes seguimos apoyando al Gobierno Bolivariano que preside Nicolás Maduro. Si usted es opositor o “disidente” está en libertad de leerlo, pero no me venga después con vainas.

He aventurado más de una vez la hipótesis de que el carácter de la actual Revolución Latinoamericana es de Liberación Nacional. Es una Revolución de independencia de la Patria Grande, la segunda guerra de independencia, aun solo relativamente cruenta. No creo que sea una revolución socialista, aunque esta tendencia sea dominante en la izquierda continental. Una dificultad en ese sentido es que ni siquiera sabemos cómo se habrá de construir el inefable socialismo. He recordado una y otra vez la frase de Fidel Castro en la Universidad de la Habana en 2005: “… entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo. Parecía ciencia sabida, tan sabida como el sistema eléctrico”. Esta es una de las razones por la que el debate estratégico tendrá que recorrer aun un largo y sinuoso camino. Decía yo, por ejemplo, en la reunión que he mencionado, que grandes líderes progresistas actuales no se definen a sí mismos como marxistas y ni siquiera como socialistas, verbigracia Andrés Manuel López Obrador, Alberto Fernández, Lula Da Silva. Ahora es que falta agua por correr bajo los puentes del debate estratégico.

Y entretanto ¿qué hacer? La lucha de clases en el continente no hace más que recrudecer y extenderse; insurrecciones populares en Ecuador, Chile, Honduras, Panamá, Haití, victorias populares en Argentina y Brasil (liberación de Lula), ataques de la derecha pro imperialista en Venezuela y Bolivia. En ese contexto, lo he asomado en artículo anterior, debemos cuidarnos de que los árboles no nos tapen el bosque. La defensa de la Revolución Bolivariana y del gobierno de Maduro contra los embates del imperialismo y toda la derecha continental es un deber ineludible de los revolucionarios venezolanos, más allá de la inconformidad que nos produzca saber que en esta Revolución no son todos los que están ni están todos los que son, de allí que ha de mantenerse la vigilancia y la crítica revolucionaria, en la misma medida en que hay contradicciones internas y lucha de tendencias. La adulación de “izquierda” es una conducta de derecha.
En ese marco, la próxima gran batalla concreta que se aproxima en Venezuela, hasta nuevo aviso, son las elecciones parlamentarias de 2020. El chavismo está en excelentes condiciones para llevarse una victoria en esos comicios y darle un importante giro al escenario político venezolano, reforzando el poder institucional de la Revolución y asestándole un noble golpe a la derecha extremista. Ciertamente, en este momento la mayoría popular no está apoyando al PSUV ni mucho menos a tal derecha extremista: entre las tres minorías sociopolíticas, la más grande es la de quienes se definen como no alineados (ni-ni) y hay niveles de descontento para nada despreciables. Pero así mismo el chavismo es con mucho la gran fuerza política del país, campeón absoluto en liderazgo visible y asumido, coherencia, disciplina, capacidad de movilización y de combate. Posee además gran músculo institucional y militar, además de buen apoyo internacional, como lo demostró la elección de Venezuela al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Esto se combina con la situación de confusión y división que reina en la derecha, con su base social desmoralizada y desmovilizada, y con apoyo internacional que empieza a mostrar brechas.
Por supuesto, sería un error garrafal caer en triunfalismos. No tenemos la papa pelada ni a Dios agarrado por la chiva. Si no actuamos de manera asertiva, astuta y meticulosa, podría haber problemas, sobre todo porque la derecha es impredecible, hoy andan en esto y mañana en aquello, sin escrúpulos, sin disculpas y sin remilgos. Ya dio una sonora campanada en las elecciones parlamentarias de 2015 (que ellos no ganaron, sino que nosotros perdimos, ojo con eso). Pero como hablar demasiado y concluir poco es un defecto de buena parte de la izquierda, presento de una vez algunas propuestas referidas a las elecciones parlamentarias que he ventilado en algunos grupos y círculos en los que suelo opinar, y ahora hago públicas porque el tiempo apremia, 2020 es mañana y para después es tarde. Aquí voy: Antes que nada parto de la premisa de que la excelente iniciativa de convocar la Mesa de Diálogo Nacional con sectores de la oposición que se oponen a la violencia y a la injerencia extranjera, dando paso así a un proceso de apertura novedoso, aunque incipiente, y que destraba el nudo de la polarización entre el chavismo y la derecha extremista, ha tenido unos resultados iniciales auspiciosos. El regreso de la bancada revolucionaria a la Asamblea Nacional en desacato, por ejemplo, ha sido un efecto interesante de esa mesa de diálogo, que ha descolocado a buena parte de la derecha extremista dominante en ese campo político y a factores oportunistas que la apoyan, acrecentando los disensos opositores y debilitando su accionar y sus respaldos. Es en la dirección de esa línea aperturista que van mis propuestas. Al grano:

1) Nombramiento de un nuevo CNE

La primera propuesta es acelerar el nombramiento de un nuevo CNE, integrado por dos representantes de la Revolución, dos de la oposición y uno escogido de común acuerdo de ambos factores.

2) Elecciones primer semestre 2020

El chavismo debe aprovechar las ventajas obtenidas con las victorias electorales y políticas más recientes. La ANC está capacitada legalmente para fijar la fecha de las elecciones
parlamentarias de 2020 (no sería un adelanto, porque entiendo que dichos comicios se pueden realizar en cualquier momento del año correspondiente, inclusive puede ser una decisión del nuevo CNE, que sería lo más conveniente). Adelantar las elecciones de Asamblea Nacional para no dar tiempo a que la derecha extremista, derrotada, desmoralizada y desmovilizada, se recupere y pueda dar los pasos para desdecirse y regresar a la ruta electoral dentro del calendario que se corresponde a la letra constitucional.

Una decisión tal sería muy difícil para ese sector. Implicaría dar por fracasada su agenda de “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, el reconocimiento de Nicolás Maduro como presidente legítimo, y la aceptación de que la derecha dialogante tenía razón, lo cual fortalecería a este último sector en la subjetividad de la masa opositora.

Sin embargo, en política siempre hay el recurso de “un paso atrás, dos adelante” y la derecha extremista podría hacer cualquier cosa, si el daño producto de sus errores le obligara a tomar medidas extremas para minimizar los efectos del mismo. Pero también podría verse favorecido el chavismo, pues la derrota de la derecha extremista no significaría necesariamente que se produzca la unidad opositora y, por otra parte, la moral de la base social de la derecha se vería seriamente afectada. En todo caso, la fijación de elecciones para el primer trimestre de 2020 reduciría en mucho la poca capacidad de maniobra que pudiera quedarle a esa derecha extremista. Por otra parte, la oposición dialogante podría convertirse en una importante nueva oposición parlamentaria, lo que alimentaría el debate nacional, la imagen de pluralidad y la estabilidad institucional de la democracia venezolana, así como su prestigio internacional.

3) Elecciones como logro nacional

Las elecciones parlamentarias deben presentarse ante el país como un gran logro de la Mesa de Diálogo Nacional. Habría que generar la percepción de que no es un evento convocado únicamente por el PSUV o por la ANC. En ese sentido, tendría que jugar un papel estelar el nuevo CNE, con su Presidente llevando la voz cantante y siendo el vocero principal de tales elecciones y, en ese carácter, destacar más que el mismo Presidente de la República y que otras instituciones, incluida la ANC.

4) Convocatoria desde la Mesa de Diálogo

Es igualmente conveniente que se magnifique el papel de la Mesa de Diálogo Nacional en la decisión de elegir la nueva Asamblea Nacional y en la convocatoria a los electores. Debe preparase un documento oficial de esta instancia que llame a convertir las elecciones parlamentarias en un objetivo de todos los venezolanos en aras de la paz, la estabilidad y la convivencia democrática, y que se publique en todos los medios disponibles y circule ampliamente por las redes digitales. De ser posible, que se publique inclusive en algunos medios internacionales y que se dé a conocer al cuerpo diplomático asentado en el país y a gobiernos e instituciones internacionales. La Mesa de Diálogo Nacional debe aparecer como un actor preponderante en el llamado a votar, cuidarnos mucho de no sectarizar tal llamado, dando lo fundamental de ese espacio al CNE y a la Mesa de Diálogo Nacional.

Por supuesto, la campaña electoral de la Revolución está obligada a estimular el voto y favorecer la alta participación popular en los comicios, pero debe hacerlo dentro de los propios límites de la campaña, apuntando a que las elecciones sean percibidas como un evento que parte de e involucra a toda la nación venezolana.

5) Observadores nacionales e internacionales

Debe retomarse sin complejos la figura de la observación electoral, tratando de que las elecciones sean legitimadas al máximo en todas las instancias nacionales e internacionales.

Convocar a la observación a instituciones nacionales como universidades, jerarquías de las distintas religiones presentes en el país, organizaciones no gubernamentales no comprometidas con actos de conspiración o que vayan contra la soberanía nacional.

Igualmente, al nivel internacional, convocar como observadores a organizaciones como la ONU, la Unión Europea, Organización de Países No Alineados, el Vaticano y otras. Es claro que dicha convocatoria no sería acogida por todos los convocados, pero el solo hecho de que sea amplia revertirá positivamente en el país y más allá.

6) Campaña electoral aperturista

Papel fundamental jugará la campaña electoral del PSUV y del GPP. Es recomendable una campaña no sectaria, multicolor, lo menos “oficialista” posible, con vocería diversa que vaya mucho más allá del liderazgo revolucionario tradicionalmente abordado en los medios del Estado. Que la alta dirección revolucionaria esté presente pero no omnipresente, incluyéndose en este concepto al mismo Presidente de la República. Darle paso a muchas “caras nuevas”, tanto en la conformación de las listas como en el protagonismo de la campaña. Igualmente debe plantearse una campaña con mucha calle, pero no solo en el sentido de las tradicionales marchas-burbuja del chavismo, sino con mucho más cercanía física con el ciudadano común: Metro, autobuses, plazas, mercados, apelando en gran medida al tono cultural: música, teatro, poesía, aportando contenidos no triunfalistas sino más bien asumiendo como propios los sufrimientos del pueblo y achacándolos creativamente a la agresión criminal del imperialismo, con un discurso donde prive la emotividad sin que desaparezca por ello la dosis controlada de racionalidad. Elementos fundamentales del discurso de campaña deben ser aquellos que apunten a la propuesta de una Asamblea Nacional para la paz, la convivencia democrática, la soberana nacional y popular, no encerrada ni en la conspiración ni en la diatriba política improductiva, una Asamblea que sea receptora de las ideas y propuestas de todos los sectores nacionales para promover soluciones concretas, consensuadas y plausibles a los más urgentes problemas de la Nación. La campaña debe abordar otros temas sensibles: la necesidad de abrir paso a una Venezuela cada vez más democrática, plural y participativa; la erradicación definitiva del odio y la violencia como formas de hacer política y la oposición férrea a sanciones económicas, presiones diplomáticas y amenazas militares contra Venezuela. En fin, que el programa de lucha de nuestros candidatos sea prolífero en esas banderas: avance de la democracia participativa, pluralismo, paz, participación y unión de toda la Nación, independencia y amor venezolanista, debate amplio y colectivo de las causas de los problemas y las posibles soluciones. Y, por supuesto, insistir en nuestra propuesta de transición socialista, nuestra oposición a las políticas neoliberales generadoras de grandes conflictos sociales en América Latina, y nuestro impulso a la integración latinoamericana, al multilateralismo y a la solidaridad internacional.

El sentido de las propuestas aquí presentadas se orienta hacia una campaña electoral aperturista que amplíe la base de electores del chavismo. No se trata de convencer a los “no alineados” de que se hagan chavistas, sino más bien convocarlos a alinearse con quienes promueven la paz y la convivencia, y se muestren más dispuestos a unir al país para la búsqueda colectiva de soluciones. Nuestro mensaje a ese sector no ha de ser “vota por nosotros porque somos los mejores” sino “vota por nosotros porque ofrecemos hacer lo mejor entre todos y para todos en este momento nacional”. No somos “el papá de los helados”, sino “el hermano que quiere a su familia y está dispuesto a ayudar trabajando codo a codo”.

Ahí dejo esto para alimentar el debate interno pre-electoral. A Dios rogando y con el mazo dando.

Diálogo, democracia asamblearia y democracia participativa

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Es normal que la gente se debata entre el ser y el deber ser. Es una contradicción existencial que llevamos a cuestas toda la vida. Estoy de acuerdo con quienes piensan que la actual representación política en Venezuela, de todas las tendencias, está dominada por el pensamiento burocrático. Llegué a la Constituyente con una campaña en la que privilegié mi propuesta de eliminar la figura del alcalde y sustituirla por la de un Consejo Popular Municipal, que sería elegido por representantes designados como el resultado de una estructura piramidal que tuviera en su base las asambleas comunales sectoriales por parroquias. Se trataría de una combinación de representación con participación, consecuente con un concepto que planteé hace algunos años en un Congreso Mundial de Filosofía realizado en Maracaibo: tanta participación como sea posible, tanta representación como sea necesaria. Para mí esto es el deber ser y está en contradicción con el ser, es decir con lo que tenemos. Es claro que ningún problema estratégico de la Humanidad se resolverá si no se transforma el poder del Estado burgués en poder de un nuevo Estado donde los ciudadanos sean protagonistas de las decisiones cotidianas. Hasta ahora eso no ocurre en ninguna parte del mundo, aunque hay países donde la participación popular es más amplia, pero en ninguno la ideal.

Este asunto de lo “ideal” es peliagudo, sobre todo para alguien como yo que soy tan materialista que lo más cercano a mi pensamiento religioso es el budismo zen, para el cual Dios es el ser material que nos rodea y no una entidad fuera de él. Soy un fanático de la realidad, creo en la necesidad pero no en la superioridad de la teoría y tengo clara inclinación a considerar la diferencia entre lo que es y lo que debe ser. Hace tiempo que no soy un soñador, pues los sueños, sueños son. Mi dato fundamental para conducirme es la vigilia, el estar despierto. Soy imaginativo pero no vivo en la imaginación, me considero un materialista dialéctico. A veces pienso en lo absoluto pero lo considero fuera de mi comprensión racional. Soy relativista.

Toda esta perorata con aires filosóficos viene a cuento por cierto debate que se da, como es natural, en torno al tema de lo que yo he llamado el “Otro Diálogo” y que oficialmente se conoce como la Mesa de Diálogo Nacional. He leído más de una opinión que parece considerar que este intento está viciado desde el principio porque excluye la participación popular. Esto último tiene de cierto, sería una tontería negarlo. Ahora bien ¿es posible abordar los ingentes, reales y urgentes problemas que nos acosan y afrontar las soluciones, entre ellos el peligro de una guerra fratricida o de origen externo, por medio de asambleas populares? Haré dos ejercicios, uno matemático, otro político. Veamos.

Si las supuestas asambleas dialogantes fuesen realmente participativas, tardaríamos varias décadas en tomar decisiones. Tomemos solo los venezolanos y venezolanas mayores de 18 años, que según el registro electoral son ya más de 20 millones. Reunamos todos los días 20 asambleas con 100 participantes cada una para tratar un tema específico (¿cuándo carajo vamos a trabajar y a producir? pero ese es otro tema). Eso equivaldría a 2.000 personas debatiendo y decidiendo cada día. Si se reuniesen inclusive los domingos y feriados, si tuviésemos incluso asambleas de enratonados el 1° de enero y el 25 de diciembre, se habrían juntado en asambleas 730.000 personas en un año. Tardaríamos alrededor de 27 años en dilucidar un solo tema con la participación de todos. Pero vamos a lo otro: tengo toda la vida asistiendo a asambleas. Salvo raras excepciones, las asambleas suelen ser… ¡representativas! Solo unos pocos representan a toda la comunidad convocada, al menos que se trate de una tribu y no de las complejas sociedades modernas. Pero además, buena parte de las asambleas a las que he asistido en tantos años de actividad militante han sido manipuladas por representantes políticos de partidos o movimientos organizados (o sea, factores representativos). Si lo sabré yo, que manipulé más de una cuando era un líder universitario. La idea de que la participación popular se traduce en una democracia asamblearia es una de las cosas más infantiles e inútiles que uno puede escuchar. La democracia participativa no la imagino como una eterna e ineficiente asamblea permanente, sino como la organización comunitaria para el trabajo productivo, primero que nada, y para el abordaje de los problemas específicos de cada comunidad. Esa es la idea que subyace en el concepto de la Comuna. Claro, lo ideal es que la forma de elegir representantes cambie radicalmente y que la representación se elija apelando en el principio a las asambleas de base. En realidad estamos muy lejos de eso ¿Vamos a esperar a que se realice lo ideal para afrontar lo real? Pues seguramente moriríamos en el intento. Por eso pienso que lo estratégico mora en el corazón y lo táctico en el cerebro: cabeza fría, corazón ardiente.

Sin duda los representantes políticos actuales en Venezuela no son una perita en dulce. Pero eso es lo que tenemos, con eso tenemos que afrontar nuestras urgencias, mientras seguimos luchando por que el tipo de representación política cambie. Los venezolanos queremos paz, al menos la abrumadora mayoría de nosotros, para ello no hay otra en este momento que apoyar el diálogo que han emprendido nuestros representantes políticos reales e imperfectos. En ese sentido, es la hora de las cabezas frías, un momento en que la representación, con relación al diálogo político, es la única posibilidad de eficiencia y resultados patentes, como es necesario. Yo y otros hemos propuesto que los acuerdos que alcance la Mesa de Dialogo Nacional sean sometidos a referéndum popular (lo cual implica que se conozcan y se debatan en algunas instancias de participación). Es claro para mí que la Revolución aún está por hacerse ¿Y mientras tanto, nos matamos entre todos, ahogados en el mar de la teoría? Lo digo con el corazón en llamas y el cerebro gélido.

Ecos retumban sobre el Otro Diálogo

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Tal como supuse, la Mesa de Diálogo Nacional (el Otro Diálogo) inaugurada por el Gobierno Bolivariano y algunos factores de oposición ha sido recibida con beneplácito por otros sectores no presentes en la misma, inclusive por movimientos o grupos que no coinciden políticamente con el Gobierno o el PSUV. Uno de ellos ya se sumó a la iniciativa (Esperanza por el Cambio, de Javier Bertucci). Otro, la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución, se ha expresado positivamente, sin dejar de ejercer su postura crítica hacia el gobierno de Nicolás Maduro. También se expresó favorablemente la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, quien asoma recomendaciones a los dialogantes.

Lo importante para mi gusto es que la Mesa de Diálogo Nacional ha demostrado ya que puede ser la vía para uno de los principales logros que se podría alcanzar con el Otro Diálogo: el aislamiento político de la derecha extremista comandada por Juan Guaidó y el partido fascista Voluntad Popular, bajo la égida de Estados Unidos y sus aliados de la derecha mundial.

La Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución, en documento titulado “O se quiere diálogo o se quiere guerra”, suscrito por Ana Elisa Osorio, Edgardo Lander, Esteban Mosonyi, Oly Millán, Gustavo Márquez Marín, Héctor Navarro, Juan García y Santiago Arconada, y publicado el 21 de septiembre en Aporrea.org, plantea que “el diálogo que se anunció el lunes 16 de septiembre, por parte de representantes del Gobierno del Presidente Maduro y de los partidos opositores arriba mencionados, es un intento que reconocemos como un hecho político significativo cuyo devenir seguimos con atención e interés en tanto su continuación podría constituir una fuerza contra la perspectiva de violencia”. El documento se refiere a “La lamentable conducta exhibida por la oposición liderada por el Diputado Guaidó ante esta posibilidad de diálogo abierta entre el gobierno del presidente Maduro y estos partidos está guiada por un sentimiento infinito de rencor ante cualquier objeción al autoritarismo guaidoísta y sus pretensiones hegemónicas aupadas por EE.UU. y la Unión Europea”. Y se afirma allí que “Desde la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución habíamos hecho a grupos y personalidades con los que participamos habitualmente en los encuentros por el diálogo y la negociación, la propuesta que en su momento recibió la denominación de ‘Oslo en Venezuela’ y que consistía en determinar un conjunto de ejes temáticos considerados no solo críticos, por el estado en el que se encuentran, sino además necesitados de una mirada de consenso y no de competencia para poder ser resueltos. El tipo de problemas que unas elecciones no sólo no resuelven, sino que ni siquiera tocan. Buscar para cada uno de estos ejes temáticos una representación oficial del Gobierno y convocar a las disímiles voces que se le oponen a discutir temas como el Servicio de Agua Potable y Saneamiento, Alimentación, Energía, Transporte, Salud, Educación, situación causada por el Decreto del mal llamado Arco Minero del Orinoco, entre otros”. Es claro que la situación en esas áreas despierta, en muchos, legítima preocupación. Por otra parte, la agenda de un diálogo fructífero suele ser abierta. Sin embargo, es claro que en ese sentido vale el dicho de “quien mucho abarca, poco aprieta”.

En el diálogo político conviene dirimir asuntos que, siendo controversiales, quepan en una perspectiva realista en la que se alcancen “acuerdos mínimos entre factores que no tienen acuerdos máximos”. En cuanto a la justa inquietud expresada por esta Plataforma, una vía para darle cabida es que la Mesa de Diálogo Nacional diseñe un programa de encuentros sectoriales que en un tiempo prudencial debatan en torno a todos esos asuntos que merecen atención, sin que ello afecte el desarrollo de la mesa política que debería trabajar con una agenda temática limitada y concentrada en temas cardinales de la controversia política actual. Yo mismo hice algún tiempo atrás una propuesta para la realización de un Congreso Nacional de Economía, que involucre a todos (¡todos!) los actores económicos reales del país (entes y empresas del Estado, empresarios grandes, medianos y pequeños, trabajadores, comunas, emprendimientos sociales, distribuidores, comerciantes, banca pública y privada, etc.) para el diseño de un plan nacional y unitario de recuperación económica con metas a corto, mediano y largo plazo. Sobre esta propuesta volveré próximamente.

En el mencionado documento de la Plataforma se asienta que “Para quienes hemos levantado la bandera estratégica del Referendo Consultivo como elemento básico de la reconstrucción del piso constitucional, las iniciativas de diálogo y negociación forman parte de una sumatoria que encontrará la forma de expresarse y visibilizarse y que, cuando necesite legitimarse como acuerdo de un proceso verdaderamente nacional de diálogo y negociación, tendrá que pasar por el escrutinio del pueblo, por el voto en Referendo Consultivo de las ciudadanas y los ciudadanos. Como fue dicho en la Sala San Monseñor Romero de la Parroquia Universitaria, ¡que los dialogantes sigan dialogando!

Los perros de la guerra se identificarán por sus acciones para descarrilar cualquier intento de salir en paz del atolladero en el que nos encontramos”. Esta opinión es consistente con mi propuesta presentada en artículo anterior, de que los acuerdos de la Mesa de Diálogo Nacional sean sometidos a la aprobación del soberano en referéndum popular.

En cuanto a la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, publicó en Aporrea.org, hoy domingo 22 de septiembre, cuando escribo este artículo, un texto bajo el título de “Mesa de Diálogo Nacional debe incluir amplios sectores populares, comunales y productivos”. Allí se afirma que “Apoyamos como positivo el anuncio de un 1er bloque de acuerdos entre el gobierno y un sector de la oposición para instalar una Mesa de Diálogo Nacional. Es vital que se imponga la sensatez y el interés nacional, la defensa de la paz, la soberanía y la democracia”. También se propone una ampliación de los límites del diálogo: “Desde la #LaCorriente exhortamos a que el diálogo sea también con los sectores populares, con los movimientos sociales, con l@s trabajador@s, campesin@s y productor@s, que también tenemos mucho que aportar a la superación de la actual situación”. Es una aspiración legítima, sin embargo, por lo delicado del momento que se vive, conviene combinar muy bien lo representativo con lo participativo, cuidándonos de que tanto el diálogo entre factores políticos (como el que se desarrolla en la Mesa de Diálogo Nacional) y los distintos diálogos sociales que puedan emprenderse, tengan sus propios espacios y fronteras, para que no se afecte la eficiencia de ninguno de ellos. Hay que cuidar de que no se nos convierta el diálogo en un arroz con mango incontrolable y poco eficaz. Para todo hay un tiempo bajo el cielo. Que todos los diálogos posibles se desarrollen sin solaparse ni pisarse los talones unos a otros.

La Mesa de Diálogo Nacional es un fenómeno político de gran importancia para la estabilidad y la paz del país, y para ampliar las perspectivas de solución de los ingentes problemas que nos afectan, siempre en el marco de la Constitución y de la defensa de la soberanía de la Patria, como es el sentimiento de la mayoría de los venezolanos, sin importar su filiación política.

Finalmente, convoco a los factores opositores que participan en el Otro Dialogo, a que asuman su defensa sin complejos y con coraje político, a pesar de los ataques que están sufriendo por parte de los sempiternos fracasados de la derecha extremista. Les recomiendo la lectura del artículo publicado en su blog por el opositor Eduardo Semtei (“Yo el colaborador” en @eduardo_semtei), quien con estilo agudo e irónico se las canta bien claras a Guaidó y sus secuaces. Allí se dice cosas tan ciertas como: “el G4 se ha reunido con el gobierno en La Rinconada, el Vaticano, donde el Nuncio, en Santo Domingo, en Oslo, en Barbados, en Miraflores, en el Hotel Meliá (recuerden a Marrero y a Guaidó con capucha), en el viejo Hotel Hilton y de allí no ha salido un cipote (…) Ramos Allup dijo que ellos se reunieron con el gobierno porque los europeos y los americanos los mandaron.

Fue una orden. Vayan. Hablen. Reúnanse. Van como 40 reuniones. Nosotros llevamos 4. Y a nosotros nadie nos mandó. Nadie nos nariceó. Tienen en eso casi 5 años y nada. Y se reúnen cuantas veces les da la gana y esas si son reuniones buenas, chéveres, diáfanas, puras, cristalinas, necesarias, honestas, opositoras, serias, históricas. Y repito, de allí no ha salido un ceviche”. Razón lleváis, Semtei.

¡Adelante con el Otro Diálogo establecido en Caracas con la oposición no extremista!

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Después de que el 23 de agosto pasado se reunieran algunas personalidades políticas, intelectuales, artítisticas y académicas, y aprobaran una declaración referida a lo que los participantes llamaron el “Diálogo plural”, escribí sobre mi apoyo a esta iniciativa, aunque no estuve de acuerdo con todos los términos de dicha declaración. Al fin y al cabo de eso se trata cualquier diálogo fructífero: el logro de acuerdos mínimos entre gente que no tiene acuerdos máximos.

En mi articulo sobre el tema publicado en Aporrea.org el 28 de agosto (“Diálogo plural y el Otro Diálogo”) asenté, refiriéndome a aquella reunión, que “estoy de acuerdo con su esencia e intención, contenidas en varios segmentos del texto y señaladamente en los dos párrafos finales: ‘Expresamos igualmente nuestro categórico rechazo a cualquier forma de violencia, injerencia o imposición foránea. Hacemos un llamado a las partes para que dialoguen con el firme compromiso de alcanzar acuerdos que aseguren por la vía pacífica, constitucional, electoral y democrática, las transformaciones necesarias para garantizar la gobernabilidad (…) La solución no vendrá de otros. Está a nuestro alcance, si verdaderamente la queremos, si actuamos con humildad republicana y si tenemos por norte el supremo interés del país y no la prevalencia de otros intereses’ ¿Acaso no es esto lo que proclaman todos, no con toda la credibilidad que merecería asunto tan serio? También me referí en aquel artículo a una propuesta que había hecho unas semanas antes a un grupo de asesores del PSUV que manejaban, entre otros, el tema de la comunicación para la paz Mi propuesta se ve ahora básicamente realizada en el correcto nuevo diálogo abierto por nuestro Gobierno con sectores de oposición que se han venido pronunciando en términos parecidos a los expresados por los factores del “Diálogo plural”.

Recordaba en el artículo citado ideas plasmadas en mi propuesta: “La propuesta de Otro Diálogo apunta a propiciar una apertura del abanico político nacional que promueva la imagen de estabilidad, distensión, paz y unión nacional (…) El Otro Dialogo ayudaría también a combatir la matriz internacional de “dictadura” que promueven el imperialismo y la derecha (…)1) Se convocaría a factores partidistas y organizados en movimientos de oposición o no involucrados directamente en la gestión de Gobierno, además del PSUV, con la única condición de que se hayan pronunciado públicamente en contra de la intervención extranjera y del ejercicio de la violencia; 2) Algunos de estos factores serían: el MAS, Redes, PCV, UPV, Somos Venezuela, Plataforma por el Referéndum Consultivo, Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución, Soluciones por Venezuela (Claudio Fermín), Concertación por el Cambio (Henry Falcón), Esperanza por el Cambio (Javier Bertucci); 3) La agenda debería ser abierta, aunque a lo interno del diálogo se trataría de conformar acuerdos en torno a la inviolabilidad del territorio de la Patria, a la necesidad de privilegiar las vías pacíficas y constitucionales para dirimir las diferencias políticas, a la oposición a la promoción del odio, al fomento de la tolerancia y de la paz (…) Se convocaría a garantes internacionales, como por ejemplo la oficina local de la Comisión de DDHH de la ONU recientemente acordada con la Comisionada Michelle Bachelet (…) Este diálogo promovería además la beligerancia política de factores opositores distintos a la derecha extremista y pro imperialista, conformándose así nuevas referencias que despolaricen el escenario político”.

Como puede verse, no todos los factores que yo imaginaba participaron en el inicio del otro diálogo, pero es claro que la mesa está abierta a otros sectores políticos y sociales que quieran incorporarse, y ojalá que lo hagan, liberándose de los chantajes tanto de la derecha apátrida como de los extremistas y sectarios de toda laya. Por otro lado, la Comisión de Bachelet parece haber sido descalificada por ella misma como testigo o garante, sin embargo es positivo que la declaración inicial del otro diálogo se haya dado ante el cuerpo diplomático acreditado en el país.

Por supuesto, este otro diálogo tendrá enemigos. Ya el pelmazo de Juan Guaidó se ha manifestado en ese sentido, y ha calificado de “irresponsable” el acuerdo firmado en la Casa Amarilla. ¡Qué tupé, el protegido de los Rastrojos hablando de irresponsabilidad, él, quien dijo que los muertos de una guerra serían una “inversión”! Ante esta inteligente movida del Gobierno y de opositores nacionalistas, el pelmazo ha decidido publicar la supuesta “propuesta” que sus secuaces llevaron a Barbados, y que no es sino una pretensión de que el Gobierno acepte su programa fallido de “Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” ¿Alguien le puede informar a este imbécil que no está en posición de exigirle capitulación a nadie? ¿Se habrá enterado el pobre diablo de que no ha sufrido sino derrotas desde que el 23 de febrero, cuando se tuvo que meter su “ayuda humanitaria” por Dios salve la parte? ¿Se percató de que de su sabotaje eléctrico muy pocos se acuerdan? ¿Se habrá dado cuenta de que su mamarrachada del 30 de abril terminó con su triste y demencial socio Leopoldo López refugiado en una embajada y un puñado de militares traidores poniendo pies en polvorosa? Venezuela debe seguir adelante con el otro diálogo, porque estos tipejos vendepatrias están rodando por un abismo insondable del cual no los salva nadie, ni siquiera sus mentores imperiales, que terminarán tan defraudados como los opositores de a pie que ya ni se acercan a sus convocatorias.

Finalmente propongo que este otro diálogo sea dotado comunicacionalmente de la gran importancia que tiene y que se convierta en un factor político de verdadera y extendida elevancia en nuestro país. Ojalá que la obcecación política que a veces nos afecta no acabe con este logro de los que queremos sinceramente lo mejor para nuestro país. Como dice el presidente Maduro, nuestra victoria es y será siempre la paz.

Dialogo plurale e l’altro dialogo

Risultati immagini per Néstor Franciadi Néstor Francia*

Il 23 agosto si è tenuta una riunione di personalità di varia provenienza, conclusa con una dichiarazione pubblica nel corso di una conferenza stampa, che fa riferimento alla necessità di quello che i partecipanti chiamano “Dialogo Plurale”. Vi hanno preso parte diverse persone che godono del mio rispetto e alcuni anche della mia amicizia, come Carlos Azpurua, Vladimir Villegas, Gustavo Márquez Marín, Oscar Schemel, Maryclen Stelling, Héctor Navarro e altri. Ho avuto con tutti convergenze ma anche divergenze, il che non è affatto singolare, perché è la stessa cosa che mi è sempre successa con il governo bolivariano, con il PSUV, con Chávez, con Maduro e con il chavismo in generale. Credo nella diversità e nelle differenze reali non per una questione di fede, ma perché entrambe le categorie esistono evidentemente: per questo motivo è impossibile per chiunque riuscire ad imporre un pensiero unico. L’unanimità è irrealizzabile. Questo fatto non pienamente compreso è stato una delle cause principali del crollo dell’Unione Sovietica e dei sistemi politici dei paesi sottoposti alla sua tutela politica negli anni della cosiddetta “Guerra Fredda”.

Allo stesso modo, non è strano che non concordi con tutti i termini posti nella citata Dichiarazione; tuttavia, ho comunicato via e-mail sia a Gustavo Márquez Marín che a Vladimir Villegas che desidero aderire, poiché concordo con la sua essenza e scopo, a contenuti in più passaggi del testo e in particolar modo nei due paragrafi finali: “Esprimiamo parimenti il nostro categorico rifiuto verso qualunque forma di violenza, interferenza o imposizione straniera. Invitiamo le parti ad avviare il dialogo con il fermo impegno a raggiungere accordi che garantiscano, con mezzi pacifici, costituzionali, elettorali e democratici, le trasformazioni necessarie per garantire la governabilità… (…) La soluzione non verrà da altri. È alla nostra portata, se lo vogliamo veramente, se agiamo con modestia repubblicana e se si ha come bussola l’interesse superiore del paese e non altri interessi”. Non è forse ciò che tutti proclamano, non con tutta la credibilità che una questione così seria meriterebbe?

Questa mia posizione non è estemporanea. Qualche settimana fa mi sono unito a un gruppo di consiglieri convocato da un’alta dirigente del PSUV per avanzare alcune proposte allo stesso PSUV sul tema e sul discorso della pace. Lì ho presentato la mia proposta che ho chiamato “L’Altro Dialogo”. Riporto testualmente alcuni estratti della mia proposta: “La Rivoluzione è obbligata a remare in due direzioni per sensibilizzare due basi elettorali. Da un lato, c’è il movimento popolare chavista cosciente e determinato che, secondo il risultato ottenuto il 20 maggio 2018, raccoglie circa il 30% dell’elettorato (6.245.862 voti su 20.526.978). Questo settore determinato è stato efficacemente sostenuto dal PSUV e dovrebbe continuare ad esserlo, al fine di rafforzarlo e garantirsi il suo sostegno attivo. L’altra base, che sarebbe determinante, è formata da quelli che definiti “né-né” o “non allineati”, che secondo studi credibili potrebbe rappresentare circa il 40% della platea elettorale (circa 8.000.000 di elettori).

La proposta dell’Altro Dialogo mira a favorire un’ampliamento dello spettro politico nazionale che promuova l’immagine di stabilità, distensione, pace e unità nazionale (…) L’altro dialogo aiuterebbe anche a combattere il cliché internazionale della “dittatura”, immagine promossa dall’imperialismo e dalla destra (…) La proposta ha come scopo quello di favorire un altro dialogo politico, diverso da quello inaugurato in Norvegia e che proseguirà alle Barbados. Il dialogo di Oslo, assolutamente conveniente, vantaggioso per le politiche del governo bolivariano e coerente con esse, riproduce tuttavia la polarizzazione politica, almeno dal punto di vista della percezione. S’impone mediaticamente l’immagine di un dialogo tra il governo e l’opposizione, rappresentata fondamentalmente da un solo settore dell’opposizione, la destra estremista. Infatti, il principale portavoce interno a questa fazione è il golpista pro-imperialista Juan Guaidó. Dovremmo chiederci: se è legittimo incontrare questi estremisti, perché non considerare l’avvio di un dialogo pubblico con altre fazioni dell’opposizione che non fanno parte dello spettro estremista e con i settori chavisti che non hanno direttamente responsabilità di governo? Settori che hanno almeno due punti di contatto con il PSUV e il Governo: il rifiuto dell’intervento imperialista e della violenza da un lato e la preferenza per la via pacifica, costituzionale ed elettorale dall’altro (…) È bene che l’Altro Dialogo sia convocato dal Governo, per conferirgli carattere ufficiale. Vediamo alcune delle sue caratteristiche: 1) si convocherebbero elementi di partito e persone organizzate in movimenti di opposizione o non direttamente coinvolti nella gestione del Governo, oltre al PSUV, alla sola condizione che si siano pubblicamente pronunciati contro l’intervento straniero e l’esercizio della violenza. 2) Alcuni di questi elementi potrebbero essere: MAS, Redes, PCV, UPV, Somos Venezuela, Plataforma por el Referéndum Consultivo, Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución, Soluciones por Venezuela (Claudio Fermín), Concertación por el Cambio (Henry Falcón), Esperanza por el Cambio (Javier Bertucci). 3) L’ordine del giorno dovrebbe essere aperto, ma il dialogo dovrebbe mantenersi nel solco della trattativa per concludere accordi sull’inviolabilità del territorio della Patria, sulla necessità di privilegiare mezzi pacifici e costituzionali per risolvere le divergenze politiche, sull’opposizione alla promozione d’odio, sulla diffusione della tolleranza e la pace (…) Dovrebbero essere convocati dei garanti internazionali, ad esempio l’Ufficio locale della Commissione per i Diritti Umani dell’ONU come convenuto recentemente con la Commissaria Michelle Bachelet. Questo dialogo promuoverebbe, inoltre, la conflittualità politica di settori oppositori diversi rispetto alla destra estremista e filoimperialista, venendo così a costituire nuovi riferimenti che annullino la polarizzazione dello scenario politico.

Ci saranno settori estremisti del chavismo che mi bolleranno come “debole” o “riformista” a causa di questa proposta. Vado avanti e gli rispondo. Sostengo il dialogo promosso dalla Norvegia e di cui il governo si avvale… ma con chi si dialoga? Con la destra fascista, che cospira, promuove la violenza e richiede l’intervento imperialista. D’altra parte, il governo ha riconosciuto di aver avviato da tempo colloqui con il governo degli Stati Uniti, il peggior nemico dell’umanità, che ci impone ampie sanzioni economiche, ruba i nostri beni, sostiene l’isolamento diplomatico del nostro paese e ci minaccia con la forza militare. Sono d’accordo con questa azione diplomatica del governo. Il Presidente Maduro ha ripetutamente affermato di essere pronto ad incontrare Donald Trump. Devo ammettere che non odio nessuno, ma con Trump ci vado molto vicino. Ciononostante, sosterrei un tale incontro. Mi chiedo, quindi, se il governo si mette al tavolo con il peggio del peggio, perché non convoca un dialogo con settori con i quali ha almeno due punti di convergenza, il rifiuto della violenza e l’opposizione all’intervento straniero?

Sto commettendo qualche tipo di infedeltà rivelando parte della mia proposta sostenuta dai consiglieri? Sono passati quasi due mesi da quando l’ho articolata e almeno un mese e mezzo da quando l’ho presentata. Recentemente ho comunicato nella chat Whatsapp del gruppo che, poiché non avevo ancora ricevuto alcuna risposta dal PSUV e se questa non ci fosse stata prontamente, l’avrei spostata su altre strade, poiché sono troppo vecchio per lavorare invano e le mie idee sono sostanzialmente disponibili per tutti, senza escludere che siano giuste o meno. Io stesso ho detto che avrei aspettato che passasse il Forum di San Paolo, dato che il PSUV era sicuramente molto impegnato in questa attività. Ma la dichiarazione a cui ho fatto riferimento ha segnato la svolta, perché ci sono indubbiamente altri venezuelani con idee che si avvicinano alle mie.

Non ho dubbi sulla mia posizione radicalmente anti-imperialista, che mantengo fin da quando ero molto giovane. Né nascondo la mia totale e assoluta contrapposizione al settore criminale rappresentato da quel personaggio irrilevante e passeggero chiamato Juan Guaidó e dal suo partito estremiesta e fascista, Voluntad Popular. Dopo aver chiarito questo punto, dico senza mezzi termini che chiunque rifiuti l’intervento straniero nel mio Paese, si opponga alla violenza e favorisca il dialogo e la pace, può considerarmi uno dei suoi.

* Membro della Assemblea Nazionale Costituente della Repubblica Bolivariana del Venezuela 
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[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione a cura di Alessio Decoro e Antonio Cipolletta]

 

Radicalizzarsi contro l’imperialismo?

Risultati immagini per Milicia popular bolivarianadi Néstor Francia 

Le ultime mosse degli Stati Uniti contro il Venezuela potrebbero voler dire che la disperazione e lo smarrimento imperversa nei circoli governativi della metropoli Imperiale. Questo, in termini assoluti, non vuol dire che il conflitto in corso sia pacificato, al contrario, ancora di più incombe il pericolo che l’imperialismo si radicalizzi e passi ad un superiore livello di aggressione, come il concretizzarsi della minaccia di esercitare un blocco navale. Questa mossa sicuramente non è semplice per gli Stati Uniti, significherebbe imbarcarsi in un’avventura dall’esito incerto; quello che è certo è che non sarà tentata prima delle elezioni presidenziali di novembre. Il risultato di queste elezioni, d’altra parte, potrebbe segnare cambiamenti nella politica estera degli Stati Uniti rispetto a questioni come la Cina, la Corea del Nord, Cuba e l’Iran, probabilmente anche il Venezuela, soprattutto se Donald Trump risulterà sconfitto. Questo sarà un bene o un male? Chissà, dovremo aspettare e vedere dove ci porterà la realtà.

Per ora, l’imperialismo continua a combinare strategie, facendo leva su fatti, minacce e manipolazioni mediatiche. Le sanzioni aumentano, continuano a fare dichiarazioni come quella fatta dal Capo del Comando Sud degli Stati Uniti, Craig Faller, in occasione delle esercitazioni militari Unitas, e seguono le operazioni come quella in corso contro Diosdado Cabello. 

Su quest’ultimo punto è oltraggiosa l’impunità con cui alcune agenzie di stampa internazionali agiscono nel nostro paese. È il caso dell’agenzia spagnola EFE, che si unisce all’ultimo attacco mediatico basato sulla presunta trattativa tra Diosdado Cabello e Stati Uniti. Ci sono alcuni che credono sia una manovra per favorire una spaccatura all’interno delle file chaviste. Non nego del tutto che nel governo gruppi diversi competono tra loro, ma queste contrapposizioni riguardano unicamente la distribuzione di posizioni e incarichi, e non la permanenza del chavismo nel governo né la leadership interna di Nicolás Maduro. Sono più incline a pensare che ciò che si cerca con questo tipo di bufale sia rafforzare le speranze, in forte calo, della base sociale oppositrice che Guaidó  possa ottenere la “cessazione dell’usurpazione”. Per l’imperialismo e i suoi alleati della destra nazionale e internazionale, è chiaro che senza un acceso conflitto sociale interno difficilmente si potrà chiudere la partita col governo bolivariano.

Hanno bisogno che la base sociale dell’opposizione sia incoraggiata e mobilitata come unica possibilità che un tale conflitto possa avere luogo.

Alla ”informazione” fabbricata da EFE sono evidenti tutte le magagne. Si basa su una presunta notizia pubblicata domenica scorsa su Axios, un portale di notizie inaugurato nel 2017 e fondato da personaggi che sono collegati alla Casa Bianca. Inoltre Axios è finanziato dai grandi monopoli statunitensi come JP Morgan e Chase, Boeing, BP, Bank of America, Koch Industries, S&P Global, UnitedHealth Group, Walmart e PepsiCo.

La notizia di EFE sul presunto contatto di Diosdato con funzionari statunitensi si regge su una frase: “gli Stati Uniti assicurano che questo lunedì, figure chiave della cerchia del presidente venezuelano, Nicolás Maduro, sono in frequente collegamento per negoziare l’uscita di scena del presidente, in questi tempi di notizie false su un dialogo tra la Casa Bianca e quello che viene indicato come il numero 2 del chavismo, Diosdato Cabello”.

Tuttavia, la stessa agenzia confessa che l’attribuzione dei commenti agli “Stati Uniti” sia un falso, negando il rango ufficiale a questa bufala: “La Casa Bianca e il Dipartimento di Stato hanno evitato di confermare direttamente queste informazioni”, e le attribuiscono a funzionari che restano anonimi, dell’amministrazione statunitense. Una fonte truccata usata nella guerra dei media per le loro invenzioni malevole.

Citando fonti dubbiose come quella di un ex consigliere di Donald Trump, EFE costruisce una realtà virtuale, facendo leva sul suo contorto linguaggio.

Verso la fine, l’agenzia spagnola cala la maschera e parla delle voci come se fossero una verità dimostrata: “non è chiaro quali sono gli obiettivi del contatto con Cabello. Ci sono alcuni che sostengono che la Casa Bianca stia solamente cercando di destabilizzare l’ambiente vicino a Maduro, quasi sette mesi dopo aver riconosciuto il leader oppositore Guaidò come presidente ad interim del Venezuela“.

Lasciano intendere che la voce sia vera, ci sarebbero dubbi solo sulla reale natura degli obiettivi del contatto con Cabello. Questa è pura sfacciataggine, caradurismo [attitudine ad essere sfrontati e senza vergogna, NDT] e assenza totale di etica giornalistica.

Di fronte a una probabile intensificazione dell’aggressione imperialista, alcuni si domandano cosa dobbiamo fare, e propongono una radicalizzazione proprio su questo fronte di lotta: dichiarare lo stato di emergenza e di guerra, espropriare le imprese statunitensi, espellere dal paese le canaglie bugiarde come EFE, incarcerare subito i traditori che chiedono l’intervento militare dell’impero, sciogliere le organizzazioni terroristiche come Voluntad Popular, interrompere la fornitura petrolifera agli Stati Uniti e ai loro alleati. Io non propongo niente, resto ostaggio dei dubbi, cioè che al momento è conveniente agire con la pazienza degli indios. Quello che dico è che tutte “le opzioni dovrebbero essere sul tavolo”.

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Alessio Decoro]

 

Cambio de ministros: ¿Solución o problema?

Risultati immagini per Chavismo maduropor Néstor Francia

En cualquier manual elemental de alta gerencia queda claro que una alta rotación de personal es siempre un factor negativo y denota fallas generales de la gerencia superior de una empresa ¿Es distinto esto en el caso del Estado? Sí, es distinto, porque es peor. La rotación de personal en una empresa normalmente se limita a aquellos cargos que son directamente afectados por las decisiones de reemplazo y se hace tratando de afectar lo menos posible la estructura general de la organización.

En Venezuela, cuando se cambia un ministro, es como si cambiara el Gobierno. Se produce inquietud en el personal de confianza, porque todo el mundo sabe que van “pa’ fuera” todos los directores generales, de línea y coordinadores y si es que queda alguno, se paraliza ante las nuevas caras, ya que no sabe qué será de él (o ella) ¿Es el que llega un individualista, un mandón, un amargado o un tonto con ascendencia política? Es un enigma, porque el nuevo ministro suele arrastrar consigo a los “suyos”, sus amigos, sus allegados o sus compañeros de ruta políticos (lo cual genera a su vez rotación de personal de alto nivel en otros entes, conformándose así una especie de círculo vicioso).

A lo dicho se suman otros males de la gestión del Estado que es necesario considerar. Uno de ellos, no el menor, es la ausencia de planificación estratégica, de políticas institucionales estables, y el hecho de que a menudo reina la improvisación, las decisiones tomadas como “puntadas de rabo” de gente que tiene poder. Igualmente suelen estar ausentes las políticas modernas de recursos humanos que tratan de intervenir positivamente en los problemas del personal, preparándolos, promoviéndolos, manteniéndoles viva la esperanza de que si trabajan con eficiencia podrán ascender en la pirámide organizacional y mejorar su perspectiva profesional y su condición de vida. Porque si estás en la oposición perseguida como muchos de nosotros en los años de la Cuarta República, lo haces todo sin esperar nada para tu persona, pero si eres un empleado del Gobierno, y como todo empleado en cualquier parte del mundo no es raro que pases roncha y hasta arrecheras de vez en cuando, al menos te alivia pensar que mañana podrás estar mejor.

Creer que un cambio de ministros resolverá los problemas de gestión es como pensar que tomando calmantes te vas a curar el cáncer. No se necesita en Venezuela tantos cambios de ministros (si así fuera, seríamos una potencia, con todos los ministros que han pasado por la escena), sino cambios profundos de la gestión, precisamente. Pero de esto se ha hablado mucho, va llegando la hora de que las ideas, que unos cuantos aportan, se conviertan en acciones. Basta de diagnósticos, vamos a los tratamientos. A muchos nos duele ya la lengua de tanto hacer señalamientos. Hemos hablado hasta el cansancio de la necesidad de estrategias, fijación de plazos y metas auditables, planificación, estabilidad administrativa, gestión inclusiva y participativa, que las políticas de selección de personal sean estrictamente definidas y aplicadas.

Un caso emblemático de los problemas de gestión es PDVSA: ¡nueve presidentes en 20 años, una guará! Y la mayoría de ellos mal seleccionados ¿o no? Solo dos de ellos se salvan de haber sido corruptos, desleales o nulidades ¿Cuál es el resultado?

Yo hablo de estas cosas porque me siento responsable de ellas, ya que tengo 20 años votando por
quienes nos gobiernan. Eso me da derecho al menos de darles de vez en cuando un inofensivo jalón de orejas. Ellos son mis mandatarios, es decir aquellos a los que he dado el mandato ¡Qué vaina conmigo, qué ladilla soy!

Mi entrevista fallida en Ciudad CCS

por Néstor Francia

No entiendo porque algunos periodistas te entrevistan y ponen olímpicamente en tu boca palabras que no dijiste. Un buen ejemplo de ello es la entrevista que me hizo José Cueva para el diario Ciudad CCS publicada el 12 de junio del año en curso ¿De dónde sacó el amigo la opinión, supuestamente mía, de que el diálogo de Oslo debe centrarse en la elección de la Asamblea Nacional? Yo sentiría vergüenza de decir un disparate tal. Voy a pedir a quienes me conocen que obvien esa entrevista, porque el Néstor Francia que allí aparece es un personaje de ficción creado por la mente febril del entrevistador. Por ejemplo, eso de que la Revolución Bolivariana “necesita una oposición seria, inteligente”. Acaso el amigo Cueva infirió esa tontería de mi idea de que si la oposición tuviera un líder como Rómulo Betancourt, estaríamos en problemas.

Tampoco dije que yo preferiría una Asamblea Nacional donde estuvieran adecos y otras fuerzas ¿Acaso soy estúpido? ¿No sé yo que en la AN en desacato están los “adecos y otras fuerzas”? El “peloncito” del periodista fue obviar que yo me refería a la Asamblea Nacional Constituyente, a la cual le pondría sal y pimienta la obligación de un debate entre fuerzas opuestas, sería una verdadera batalla de ideas que concentraría la atención del país ¿quién va estar viendo un día de trabajo a las cuatro de la tarde un “debate” en el que todos están unánime y absolutamente de acuerdo?

Uno de los problemas de esa entrevista es que el periodista me puso a hablar más de una hora -hasta llegué tarde a una reunión que tenías después-, en la cual plantee varios asuntos con la complejidad que suelen tener los hechos políticos. Con la habilidad de un mago, Cueva hizo desaparecer todas esas complejidades y presentó toda un catálogo de ideas simplonas, sosas (supuestamente mías ¡Dios me ampare y me favorezca!) que en realidad me dan hasta pena.

El colmo es que según Cueva yo hablé de “golpes de topochos verdes”. Esas serán palabras de él, yo jamás le daría ese nombre a lo que pasó el 30 de abril, no quiero ser parte de la banalización de la política que observo a menudo en Venezuela. El 30 de abril pasaron cosas muy graves. El intento de golpe fue comandado impunemente por dos prófugos de la justicia, participaron efectivos activos de la FANB fuertemente armados, se convocó a la gente, irresponsablemente, a rodear una base militar en medio de un perímetro de seguridad. No puedo yo sintetizar todo eso con una frase que tiene como base un hecho banal, anecdótico como es la presencia en el lugar de unos racimos de frutas.

No voy a responsabilizar de este despropósito a José Cueva, una persona amable que trató de hacer su trabajo. El mismo me confesó que no es ducho en política y que pertenece a la fuente de deportes ¿Por qué nos echaron esa vaina? ¡Misterios de la ciencia! De todas formas, esto no es nada del otro mundo: Cueva, la entrevista, Ciudad Caracas y yo no somos para nada trascendentes. Pocos se ocuparán de nosotros cuando hayamos desaparecido. Será como dice el replicante Roy Batty (Rutger Hauer) en la película Blade Runner: “Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.

Debate rectificador: no improvisar, planificar

L'immagine può contenere: una o più persone, folla, testo e spazio all'apertopor Néstor Francia

Me ha llegado el documento de convocatoria para el debate propuesto por el presidente Maduro, intitulado “PLAN DE CAMBIOS Y RECTIFICACIÓN – JORNADA NACIONAL DE DIÁLOGO, ACCIÓN Y PROPUESTAS CONCRETAS”. Lo primero que se debería hacer es construir el plan para el debate. Es decir, el fin de semana no se haría el debate en sí mismo, esto sería incurrir precisamente en errores a erradicar: la improvisación y las fallas de planificación. El documento recibido no deja claro cuál es la intención, por lo que pongo la inquietud sobre la mesa.

Lo primero que debo decir con franqueza es que no voy a ir a la asamblea de hoy sábado. Primero por una razón objetiva: son pasadas las 8 de la mañana y aun no sé dónde ni a qué hora se realizará tal asamblea. Segundo, por razones subjetivas. Estoy convencido de que soy más preciso escribiendo que hablando, así que prefiero esta vía para plasmar mis ideas, y así evito a otros y a mí mismo pérdidas de tiempo.

De todas formas, en este debate tengo ya mucho tiempo, es uno de mis ejercicios favoritos, como bien sabe el lector. Decir hoy que hay muchos errores que se debe corregir es como descubrir el café con leche. Esto viene desde muy “endenantes”, como dicen en el campo venezolano. Pero es muy bueno que el Presidente vuelva sobre el tema y que haya dicho, el pasado 1° de mayo, cosas que me alegran y lo enaltecen, como eso de que “hay una crítica, hay una reflexión que he escuchado y he leído por ahí de líderes y lideresas de opinión del chavismo, que dicen que los cambios necesarios dentro de la revolución, que la renovación revolucionaria de nuestro Proyecto Simón Bolívar ha sufrido tropiezos, se ha estancado o ha retrocedido, producto de que nos hemos concentrado en la batalla contra la conspiración, contra la traición, contra el imperialismo. Y es verdad. Acepto la reflexión, acepto la crítica”. Espero que aquellos que viven atacando a quienes ejercemos el deber de la crítica aprovechen esta lección que les ofrece el principal líder de la Revolución.

Yo respaldo esta convocatoria y me parece muy bien que se realicen las asambleas, pero prefiero dejar unas ideas sobre el papel. Esto puedo decidirlo libremente porque no soy militante del PSUV, como se sabe, aunque formo parte de lo que los comunistas llamábamos la “periferia” del partido, colaboradores cercanos. Decidí dejar la militancia partidista (sigo siendo un militante de la Revolución) cuando me di cuenta de que el problema no son los partidos, sino yo. Me cuesta seguir órdenes (incluidas “órdenes de operaciones”), desde chiquito he sido contestón, atravesado, con la cabeza siempre alborotada y en ebullición. Puedo ser una soberana ladilla y no creo que ningún partido esté obligado a soportar algo así. Además, lo confieso, tengo serias desviaciones individualistas, lo cual no es mal de pocos, solo que yo lo reconozco y lo asumo. La mayoría de quienes cargan esa rémora prefieren posar de socialistas integrales. Que con su pan se lo coman.

Bien, he querido excusarme con honestidad por no asistir a la asamblea. De todas formas, trataré de hacer algunos aportes.

Me sorprende que entre los ejes de debate propuestos en el mencionado documento no figure en lugar destacado (ni en ningún otro lugar) el tema comunicacional, que para mí es uno de los problemas principales del chavismo, además del más asistido frente de batalla de la actualidad. Fíjese el lector en la situación actual: resulta que un tipejo de ínfima calidad intelectual y política ha sido encumbrado mediáticamente como “líder” de la oposición venezolana. Fíjese igualmente que una escaramuza (como bien la llamó el Presidente) es presentada como un “levantamiento militar”. Fíjese, además, como el discurso de la derecha, después de anunciar los últimos días de Maduro varias veces, con especificación de fechas y todo, ahora, después que el Imperio y su pelele han fracasado, establece que esto es solo el “comienzo” de la Operación Libertad (o sea, plan “Venezuela Freedom” del Comando Sur).

Sin embargo, en un segundo documento recibido, intitulado “PROPUESTA METODOLÓGICA DE LA CONSULTA ANUNCIADA EL 1 DE MAYO DE 2019 POR EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, NICOLÁS MADURO” se aborda lo comunicacional por medio de preguntas generadoras que serán muy útiles para referirse al tema en su momento.

Paso ahora a esquematizar algunas propuestas para la realización del debate en cuestión:

1) Debe ser un debate nacional, no un debate del PSUV. Involucrar de manera efectiva a todos los factores del Gran Polo Patriótico y no temer a invitar personas honestas y valiosas así no sean activistas ni militantes revolucionarios

2) El debate debería tener dos vertientes: la técnica y la política, esta última vertiente con carácter transversal

3) Dividir el debate por sectores específicos: sector petrolero, eléctrico, telecomunicaciones, agropecuario, finanzas, comercio, misiones sociales,
comunicación social, etc.

4) Muy importante el debate sobre el Estado, el Poder Popular, las Comunas, la nueva democracia participativa y protagónica. Cuidado con poner solo a los zamuros a
cuidar la carne. Este debe ser uno de los debates más crudos y profundos, ya que el burocratismo tiene mucho poder y va a tratar de protegerse de mil maneras. Es una lucha, no un club de amigos. Leal, pero lucha al fin.

5) Solo el Poder Popular, extendido, ocupando los espacios de gobierno, podrá derrotar al burocratismo y la corrupción. Reivindico mi propuesta de eliminar la figura del alcalde y crear el Consejo Local Popular que sustituya tanto a los alcaldes como a los Concejos Municipales, con base en una estructura piramidal de organización popular, cuya base sean las comunidades sectoriales y parroquiales, y su ápice un gobierno comunal colectivo en cada municipio, con una presidencia pro témpore rotativa anual. Esto implicaría importantes cambios en el sistema electoral.

Por supuesto, habrá otras propuestas, bienvenidas.

Yo voy a presentar algunas propuestas referidas al tema comunicacional, que es mi área profesional. Hablo de comunicación, no exclusivamente de lo mediático, que es solo una parte del asunto. Se trata de estrategias: objetivos; mensajes; audiencias; tonos, estilos y contenidos del discurso; medios y herramientas; y todo lo que implica la comunicación como frente de batalla fundamental en el mundo de hoy. Pero eso va la semana que viene.

Guaidó como subproducto del chavismo

L'immagine può contenere: 5 personepor Néstor Francia

Lo primero que voy a dejar en claro es que estoy rodilla en tierra en defensa de la Revolución Bolivariana, de la Dirección revolucionaria, del Presidente Constitucional Nicolás Maduro y -last but not least- de mi Patria amenazada por las fuerzas oscuras. Soy un patriota antiimperialista, que nadie se equivoque. Pero recordaré también a los lectores lo que he sido y seguiré siendo: una ladilla china. No voy a llamar a Juan Guaidó “títere”, porque los títeres son una vaina demasiado bella. Lo llamaré “pelele” (una acepción de títere que no acepto). Pues bien ¿de dónde salió este pelele?

Por supuesto, todo debe ser adjudicado al golpe de Estado continuado promovido por el imperialismo desde 1999, cuando el presidente Chávez dejó en claro que no iba ceder ni a presiones ni a halagos en su empeño por conducir la transformación del país, cuya primera gran prefiguración fue la aprobación popular de la nueva Constitución, el 15 de diciembre de aquel año.

Pero me refiero a este episodio en particular ¿por qué se produce? Vamos a retrotraernos al año 2015, cuando el chavismo sufrió una contundente derrota en las elecciones parlamentarias. Desde ese momento la Asamblea Nacional, finalmente en desacato, se convirtió en la más importante y permanente ventana política de la oposición, por encima de la desaparecida MUD, de esa rara entelequia que se llama Frente Amplio Venezuela Libre y de los partidos opositores. Es su mayoría en ese organismo lo que la ha permitido a la derecha crear su nuevo espejismo: la “presidencia interina” del pelele.

A estas alturas me pregunto: ¿Por qué una Revolución que promovió tantos logros para la mayoría, no solo materiales, que los hubo y muchos, en alimentación, en salud, en educación, en vivienda, sino también en la inclusión política, en darle al pueblo trabajador un protagonismo cotidiano del que había carecido a lo largo de nuestra historia republicana, recibió tan abultada paliza en aquellas elecciones fundamentales? El análisis simplista y circunstancial tiende achacarlo todo a la guerra económica, que sin duda tuvo entonces un momento álgido, con la inenarrable escasez inducida de bienes de primera necesidad, sobre todo de alimentos. Tal análisis ignora el papel de los grandes errores económicos cometidos (saludos a Giordani) y que nos hicieron enteramente vulnerables a aquellos ataques. En 15 años, con recursos y gran apoyo popular, no fuimos capaces de garantizar la mínima soberanía alimentaria, atrapados en los límites de la improvisación, el inmediatismo y el dogmatismo, que nos hundieron en el pantano de la improductividad, y señaladamente en lo que es la base de toda economía nacional sustentable, el sector agropecuario.

Llegamos desarmados y desnudos al campo de batalla, y fuimos pasto del fuego enemigo. Pero no fueron los únicos errores. Hubo también notables fallas de gestión en infraestructura. Hoy somos vulnerables en el sector eléctrico, en la distribución de agua, en el transporte público, en las telecomunicaciones, en la industria petrolera. Por supuesto, muchos han sido naturales errores de aprendizaje, pero quien no oye consejos no llega a viejo y el que solo tiene oídos para la lisonja tarda en reconocer sus pecados, si es que alguna vez lo hace, y por lo tanto se condena a sí mismo a seguir repitiéndolos. Por eso Chávez alguna vez instruyó las 3R: revisión, rectificación y reimpulso.

En ese sentido, lamento creer que el Comandante aró en el mar. Hubo igualmente errores de gerencia, como la mala selección de ejecutores de políticas públicas, con una rotación de personal demasiado alta como para darle mínima estabilidad al aparato del Estado. Me bastará con citar el emblemático caso de PDVSA. La principal industria del país ha tenido en estos veinte años nueve presidentes (¡!). No hablemos del actual, al cual hay que darle el beneficio de la duda. De los otros ocho, uno se quedó a vivir una vida de comodidades en Estados Unidos, otro terminó hablando pestes de Chávez, otro fue un connotado golpista en la aventura derechista de 2002, dos están presos por presuntos delitos de corrupción y finalmente anda otro por ahí, en fuga y compitiendo con Henrique Capriles por ver quién muestra mayor ambición de ser Presidente. Al ingeniero Ramírez parece ocurrirle lo que a Douglas Bravo, que si va a un entierro se arrecha porque el muerto no es él ¿Delirio de grandeza, megalomanía como lo llaman quienes saben mucho más que yo de las complejidades de la mente humana? En fin, de los ocho, apenas se salvan los fallecidos Alí Rodríguez Araque y Gastón Parra Luzardo ¿Qué pasó ahí? Luego están los errores comunicacionales. Buena comunicación cuando se dirige a la vanguardia, muy mala para convencer a los que están más allá. De ese tema he hablado bastante desde hace años. ¿Y qué decir de los errores políticos, que tuvieron tanto peso en la derrota de 2015? Sectarismo, dogmatismo, triunfalismo, acriticismo, plagas que he abordado más de una vez. Todas se juntaron entonces.

No olvido cuántas veces me opuse al encierro en nuestra burbuja, con aquellos temas del “1×10” y la acción puramente electorera, mientas el pueblo sufría abandonado en las colas. Abandonado por nosotros, porque la oposición sí andaba por ahí, echándole todas las culpas a Maduro. Le entregamos el trofeo a la derecha, ellos no ganaron, nosotros perdimos. De tales cavernas políticas salió ese Frankenstein que se llama Juan Guaidó. Afortunadamente, veo al pelele como uno de esos globos que uno infla pero no le cierra el pico. Cuando lo sueltas, vuela dando tumbos por los aires hasta dar en algún rincón, convertido en un desperdicio de plástico, vacío y arrugado ¿Y después de eso, qué? Hoy por hoy, el gran enemigo interno parecemos ser nosotros mismos. Si no hacemos cambios reales enseguida, tendremos pronto a otro pelele amargándonos la existencia bajo las órdenes del fascismo imperial. Eso lo ha venido exigiendo el propio presidente Maduro. A él le pasa con Chávez lo que a mí con mi padre. De Demetrio Francia heredé cosas buenas, como la costumbre del trabajo honrado y la decencia humana. Pero también heredé la diabetes, una real traba para mi vocación de hedonista. Si no fuera por eso comería más fritangas y pasteles, y bebería unos cuántos rones más que los que me acostumbre a consumir, por los límites de mi condición. A Maduro, Chávez le dejó una vanguardia popular numerosa, consciente, bien organizada y decidida a todo; una dirección política hábil, coherente, con liderazgo y poder de convocatoria; una obra social encomiable; una Fuerza Armada comprometida con la Revolución, un claro concepto de Patria soberana, una cultura de paz que obstaculiza los planes violentos del imperialismo y sus adláteres. Pero también heredó Nicolás unas cuantas goteras en el techo de la casa, por donde intentan colarse los gusanos de la putrefacción imperial como nunca antes. No es fácil ir tapando tales goteras mientras seguimos aprendiendo el oficio de albañil. Justo es decir que Maduro ha resistido como un roble, al frente del pueblo revolucionario, el embate de los vientos huracanados de la tempestad que viene del Norte. ¿Y la Constituyente? No la voy a dejar por fuera porque tengo vela en ese entierro. Tenemos deudas pendientes, es verdad, pero creo que las pagaríamos con creces con una sola y brillante moneda, todo lo demás sería ñapa: la transformación de este Estado burgués que aun nos condiciona, esta estructura mastodóntica que favorece al burocratismo y la corrupción. En días pasados un compa me hablaba de la corrupción y yo le asomé que dejar en manos de este Estado el combate contra la corrupción es como encargar a zamuro de cuidar carne.

Chávez nos dio la llave para escapar de esa prisión política: el Estado Comunal. No olvidemos una de sus disyuntivas postreras: “¡Comuna o nada!”. Conozco excelentes propuestas de la Comisión Permanente para el Fortalecimiento de la Democracia Participativa, las Comunas y los Consejos Comunales. Tendremos que debatirlas más temprano que tarde, mejorarlas, si es el caso, y dar aceleración inmediata al proceso de construcción y expansión del Estado Comunal. Se lo debemos al Comandante Eterno y al pueblo. Por supuesto, no se crea que estoy pontificando. Puedo ser hasta irresponsable, al fin y al cabo no soy más que un viejo poeta loco. Digo como vociferaba el poeta Argenis Daza Guevara parafraseando a T.S. Elliot, “soy un par de melladas garras en el fondo del mar”, en medio de sus exageradas y hermosísimas peas. A veces pienso que ni siquiera existo.

Otra historia de Alí

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En diciembre de 2002 recibí dos llamadas que cambiaron el rumbo de mi vida cotidiana.

Una fue de Lelis Páez, otra de Alí Rodríguez Araque, entonces presidente de PDVSA. Era un momento álgido del sabotaje petrolero, con el carguero Pilín León varado por los golpistas en el Lago de Maracaibo. Ese buque se convirtió en el símbolo de aquella batalla. Lo cierto es que el personal de la Gerencia de Asuntos Públicos de la empresa, que se asentaba en la sede de La Campiña, en Caracas, y que era la que producía la mayor parte de la comunicación de PDVSA, había quedado desolada, ya que la absoluta mayoría de sus empleados, contaminada por el virus antichavista de la alta clase media a la cual casi todos pertenecían, se sumo al sabotaje. PDVSA había perdido su voz pública, y Alí y Lelis me convocaron para que les ayudara a recuperarla.

Lelis y yo armamos un equipo de emergencia, con personal no incluido en la nómina de PDVSA. Convocamos a camaradas y amigos vinculados a distintas áreas de la comunicación: cineastas, periodistas, comunicadores sociales, diseñadores, productores.

Trabajando con las uñas y con el corazón, porque los saboteadores habían desvalijado todo, ese equipo heroico logró dotar a la PDVSA revolucionaria de una comunicación de guerra, que se basó sobe todo en la convocatoria al pueblo a la defensa de nuestra empresa petrolera, de Chávez, de la Patria y del Gobierno Bolivariano.

Fue una lucha ardua, de mucho trabajar y poco dormir. Menos mal que tenía yo más aguante que ahora, era apenas un cincuentón. En fin, un día se decidió grabar un video- mensaje de Alí con motivo del año nuevo. Era el 30 de diciembre de 2002 así que fuimos con un equipo al despacho del presidente de PDVSA. La grabación culminó alrededor de las 11 de la noche y el equipo se retiró, quedándome yo un rato solo con Alí, conversando asuntos de trabajo. En una de esas, el hombre se levantó de la silla y se dirigió a un espacio anexo al despacho, y luego regresó con una botella de vino en la mano, y la guardó en su maletín. Por ser víspera de noche vieja, le pregunté si se llevaba esa botella a su casa para la celebración. Tranquilo, como era su talante, me respondió sin ningún aspaviento ni poses de héroe: “Mi casa ya no es mi casa, y yo ya no soy yo”. Así era el temple de este gran revolucionario, así era la dimensión de su entrega y de su compromiso.

Han pasado varios años. Yo seguiré eternamente agradecido a Lelis Páez y a Alí Rodríguez por haberme dado la oportunidad de participar en esta batalla histórica. Esa experiencia la llevaré en mi pecho como una medalla que me acompañará toda la vida, así como el respeto, la admiración y el afecto por el camarada que acaba de abandonar este plano físico.

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