El steak de Nicolás y Cilia

Risultati immagini per chavismo maduropor Néstor Francia

De verdad que las pendejeras en que caen algunos opositores radicales son de antología. Por las redes digitales (me niego a llamarlas redes “sociales”) se ha armado un escándalo porque Nicolás y Cilia estaban comiendo carne en Turquía, por una invitación que le hizo un Chef turco a su restaurante, considerado de lujo en aquel país. O sea, el Presidente no estaba gastándose el dinero de Venezuela en ese condumio, sino disfrutando de un homenaje que le hiciera un admirador.

El odio y la satanización de los chavistas es un hábito de esos extremistas, que se ha acrecentado en la misma medida de su horrible frustración, porque han hecho de todo para tumbar a Maduro y nanai nanais, el hombre sigue ahí. Se fue Kuczynski, se fue Rajoy, se fue Santos, y el nuestro sigue allí. Han ensayado guarimbas, sabotajes, bloqueos, sanciones, linchamiento mediático, marchas, remarchas y recontramarchas y… ¡nada! Esto me recuerda unos versos del poeta Aquiles Nazoa, escritos después de varios fracasos de Estados Unidos en su intención de poner un satélite artificial en órbita: “¡Le quitan tornillos / le ponen centavos/ le alargan la mecha / le acortan el rabo / y el bicho, señores / ¡El bicho clavado!”.

Pues, bien, les voy a decir algo a esos escuálidos hipócritas, que en estos días hasta me amenazaron de muerte a mí y a mi familia porque escribí un artículo que su analfabetismo funcional no entendió: el próximo asado negro que se me atraviese por ahí, me lo voy a devorar sin compasión ¡Ahora resulta que es pecado comer carne, como si viviéramos en un eterno Viernes Santo! ¿La supuesta razón? ¡La “crisis humanitaria” de Venezuela! Pues bien, voy a tener que odiar a mi vecina chavista, una guajira cheverísima, porque ayer me la encontré de lo más efusiva porque se había comprado en Quinta Crespo un corte de solomo y medio kilo de carne molida.

Mi amiga Adelaida, la hermosa hija de Jóvito Villalba y su esposa Ismenia, me dijo una vez que ella nunca dejaba comida en el plato porque había mucha gente pasando hambre (vivíamos en la Cuarta República, en la que la mayoría de los venezolanos pasaba el hambre pareja y nunca en la OEA se habló de “crisis humanitaria”). Me pareció una idea acertadísima, porque encerraba la comprensión de que comer completo es una compensación humana ante la extendida miseria del mundo, que es culpa precisamente del Imperio y la clase social admirados por los escuálidos radicales hipócritas.

Y volviendo a Aquiles Nazoa, digamos que “Cosas que no son ley, siempre resultan un fiasco”. Los mismos escuálidos extremistas hipócritas que critican a Nicolás y a Cilia, por degustar una carne que se ve del carajo y provoca clavarle el diente, admiran con embeleso a Lorenzo Mendoza, un tipo cuya fortuna en 2014 se calculaba en 2.7 millardos de dólares (y sigue creciendo) ¿Qué comerá Lorenzo? ¿Qué beberá? ¿Y por qué con tanta plata no le echa una rebajadita a la cerveza para ver si es verdad que quiere tanto a los venezolanos?

¿Tiene más derecho Lorenzo que Nicolás de meterse una buena papa? ¡A él no tienen que invitarlo, más bien quien invita es él, el muy acomodado!

El colmo es que ahora el chef turco que invitó a Maduro está siendo igualmente satanizado en las redes y ya ha comenzado el acoso y el señalamiento a un restaurant que posee en Miami ¡Son los mismos que hablan de “democracia”, “libre empresa”, “libertad de elección” y otras paparruchas inventadas por la burguesía para justificar sus ya decadentes desmanes!

Que sigan sufriendo, pues me late que Maduro va a seguir allí cuando se haya ido Trump, como pasó con Obama

¡Presidente, Cilia, buen provecho!

Venezuela, New York Times, Almagro, Grupo de Lima

Risultati immagini per chavismo maduropor Néstor Francia

Los acontecimientos recientes refuerzan la opinión que emití hace algunos días en el sentido de que la probabilidad de una intervención militar inminente en Venezuela es muy baja, por este año creo que podemos esperar una Navidad en paz. El año que viene ya se verá.

Las contradicciones en el seno de los enemigos externos del país son evidentes, parecen un calco de la situación de la oposición venezolana, con todos sus factores tirándose de las greñas políticas, difiriendo en las tácticas aunque compartiendo la misma estrategia: derrocar a Maduro y dar al traste con la Revolución Bolivariana, con el imperialismo norteamericano a la vanguardia.

Empecemos con el reporte del Comité Editorial del New York Times, publicado en ese diario el pasado día 12 del mes en curso (“Stay Out of Venezuela, Mr. Trump”). Este texto editorial refleja, primero que nada, las profundas contradicciones actuales que se desarrollan en la potencia del Norte, con altas cotas de polarización y de impopularidad de Donald Trump, un colosal obstáculo para que pueda iniciarse alguna intervención militar de Estados Unidos en el mundo, a menos que convenza a algún aliado o se den las condiciones para una coalición internacional, ambas posibilidades minimizadas por los errores que viene cometiendo la administración de Trump en el plano geopolítico.

El NYT plantea, primero que nada, una posición supuestamente de “principios”, al acotar que “es inquietante que Donald Trump y sus asesores tomaran la decisión correcta por las razones incorrectas: la falta de confianza en que los conspiradores tuvieran éxito en un operación riesgosa, y no la preocupación por la idea de una intervención en sí misma”. Sin embargo, más adelante el diario neoyorquino muestra una preocupación mucho más pragmática: “¿quién quedaría a cargo en caso de un proceso de transición política? ¿Qué tipo de gobierno aspirarían a instalar?”. Este es el mal sabor que ha quedado después de las intervenciones, directas o indirectas, en países como Ucrania e Irak, que han generado mayor inestabilidad y problemas que los que se pretendía resolver. En Venezuela, esa angustia de la derecha exógena se ve multiplicada ante la realidad de una oposición casi inexistente, desmembrada, atomizada, acéfala y absolutamente incapaz, por ahora, de ninguna otra cosa que no sea la aventura terrorista, expediente en el cual no han conocido más que el fracaso.

El NYT refiere además la dolorosa historia de las intervenciones yanquis en América Latina y el Caribe, que -y esto lo acoto yo- ha acentuado el de por sí ya tradicional espíritu antiimperialista de los pueblos del continente, alimentado por el pensamiento de nuestros héroes históricos encabezados por Simón Bolívar.

También apunta el diario a la imagen negativa que proyecta Trump en el mundo, al opinar que “El presidente de Estados Unidos no tiene mucha credibilidad ni buena voluntad para trabajar con la región mientras esta busca una solución a la pesadilla venezolana”.

Por supuesto, el NYT bendice otras formas de intervención por las vías diplomáticas y sancionatorias. Pocos días después de publicada esa nota editorial, se aparece Luis Almagro con su
declaración promotora de la intervención militar en nuestro país. Este tipejo, enfermo de odio hacia la Revolución Bolivariana, promueve el desangramiento violento de Venezuela, mientras habla de “ayuda humanitaria”. Pero a su cinismo le salió muy rápido el tiro por la culata. Debe haberse sorprendido cuando el mismísimo Grupo de Lima le salió al paso a su declaración belicista, en un comunicado en el cual se expresa “su preocupación y rechazo ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar o el ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza en Venezuela”. Por supuesto, esto no es un reflejo de algún escrúpulo de estos gobiernos, que no dijeron ni una sola palabra condenatoria tras el magnicidio frustrado contra Nicolás Maduro. Es solo conveniencia, posición táctica de gobiernos impopulares agobiados por sus propios problemas, rechazados por sus pueblos, que no están en condiciones de embarcarse en ninguna aventura bélica, menos en Venezuela, donde los recibiríamos a plomo limpio, tal como
ellos lo saben.

También se pronunció, en ese mismo sentido aunque por razones diferentes, el presidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal), el dominicano Manolo Pichardo, quien afirmó que “El actual jefe del organismo regional no guarda las formas al asumir posiciones contrarias a los Gobiernos que no son de las simpatías de los Estados Unidos y actúa de manera complaciente a favor de aquellos que proceden bajo los intereses de aquel país”.

Así pues, el insufrible Almagro quiso hacer una gracia y le salió una morisqueta, sumando un fracaso más a su incontrolable inquina contra Venezuela, que tiene varios episodios fallidos en la OEA. El “pobre” está siendo víctima de la profundas contradicciones entre sus socios de la derecha, tanto venezolana como internacional, y que les atan de manos frente a un país como el nuestro, que pasa por muchas dificultades pero gobernado por una fuerza política masiva que se ha manejado con habilidad y entereza, y sobre todo con demostrada decisión de hacer respetar el sagrado suelo de la Patria.

Claro, y como siempre digo, de cualquier malla sale un ratón. No podemos dormirnos en nuestros laureles ni bajar la guardia frente al tigre de papel, que sigue siendo fuerte y agresivo, a pesar de sus múltiples problemas.

Los pensionados y el derecho a la protesta

Immagine correlatapor Néstor Francia

Coincidiendo con la visita a Colombia del canalla Luis Almagro, que santificó una probable intervención militar foránea en Venezuela, ubicándose a la derecha del mismísimo New York Times, el ministro de defensa del país vecino, Guillermo Botero, cargó contra la protesta popular, que ha de expandirse irremediablemente en esos predios.

Botero afirmó que “Con los dineros ilícitos corrompen y financian la protesta social… detrás de eso siempre están mafias de verdad, mafias supranacionales de diferentes países que lavan el dinero con habilidad y vuelve al país por diferentes vías, a través del contrabando”. Inmediatamente la oposición colombiana tronó contra el ministro, después vinieron hipócritas “explicaciones” del presidente Duque y del propio Botero, que no convencen a nadie.

¿Será que ha de convertirse en moda continental el querer vincular la protesta con el delito transnacional? En Venezuela no hemos llegado a eso, pero si queremos que siga siendo así, hay que oponerse sin ambages a cualquier intento de criminalizar las protestas. El buen ejemplo lo dio el Gobierno venezolano al responder convenientemente a la huelga de hambre de un grupo de campesinos representantes del movimiento de la Marcha Campesina Admirable. El mal ejemplo lo dio igualmente el Gobierno, por boca además del propio presidente Maduro, al abonar este a la matriz inducida por algunos opinadores de que los pensionados quieren cobrar en efectivo para contrabandear con los billetes. El Presidente dijo que hubo personas que le insinuaron eso y que él no lo creía ¿Y si no lo cree, porque lo difunde?

En una entrevista que me hizo Vladimir Villegas, le expresé precisamente una opinión en torno a este tema, asomando que hay susceptibilidades que debemos superar en este país. En todos los países hay protestas y todos los gobiernos cometen errores, no es nada del otro mundo, no es algo extraordinario ¿por qué entonces no asumirlo con normalidad, por qué andar buscando pretextos y cargando las culpas siempre a otros? Todo este barrullo sobre el tema, incluyendo mi artículo que levantó roncha, mal leído por algunos, surgió de lo ocurrido el 1° de septiembre, cuando grupos de pensionados protestaron pacífica y democráticamente tras errores de información cometidos por el Gobierno y por los bancos.

En todo caso, justa o no, la protesta pacífica es un derecho inalienable del pueblo que no puede ser criminalizado y que está consagrado en nuestra Constitución en artículos como el 57 y el 61. El primero establece que “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión” y el segundo que “Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y a manifestarla, salvo que su práctica afecte su personalidad o constituya delito”.

Por otra parte, el Gobierno, en vez de asumir el error comunicacional que cometió, lo cual no es ningún pecado mortal, trata de buscar culpables fuera de su seno, cayendo así en otro error que es práctica común. En vez de disculparse y corregir, y en todo caso explicar debidamente las verdaderas y comprensibles razones por las cuales se limita la entrega de efectivo, se insinúa que las acusaciones de algunos escribidores se justifican por el hecho de que hay pensionados que trafican con nuestra moneda.

Yo no dudo que una muy exigua cantidad de pensionados pueda delinquir de esa manera, también algunos jóvenes, hombres, mujeres, militares, guardias nacionales, funcionarios públicos y bípedos en general, no por ello vamos hacer señalamientos públicos incorrectos, si alguno de esos sectores se manifiesta pacíficamente cuando crea que sus derechos están siendo vulnerados. Se puede argumentar que alguna protesta pacífica no se justifica, pero no por ello se va a reprimirla o a criminalizarla (que es otra forma de reprimirla).

La verdad verdadera es que el grueso de los pensionados no tiene nada que ver con el contrabando de moneda. Busquen más bien en los bancos públicos y privados, primero que nada, que es donde se mueve masivamente la moneda. Investiguen a dueños de bancos, a gerentes bancarios, a cajeros ¿O acaso esa gente que se atrapa con centenares de millones en efectivo se surten con los pensionados?

Tengo algo absolutamente claro: no estoy en la Constituyente representando ni al Gobierno ni al PSUV, sino a quienes me eligieron, los pensionados de la región capital, y es mi deber insoslayable dar la cara por ellos, no importa los desafectos que ello pueda generarme. No soy monedita de oro pa caerle bien a todos (Chávez dixit). Me alegra que otro representante de los pensionados, David Paravisini, haya compartido públicamente la opinión de que lo que generó las protestas fue la desinformación proveniente del Gobierno, no porque fuera esa la intención, sino porque erró al tratar de informar. Ignoro si algún otro Constituyente de nuestro sector ha opinado sobre esto. En todo caso, que cada quien asuma su responsabilidad.

¡Muerte a los pensionados!

Risultati immagini per marcha PSUV[Para que quien lea no caiga por inocente, se subraya que este escrito es de corte sarcástico, NdR]

por Néstor Francia

Estoy muy feliz de que varios escribidores estén poniendo a estos viejos usureros en su lugar ¿Qué
culpa tienen el Gobierno y los bancos de que esos decrépitos no sepan usar las redes sociales por
medio de las cuales se les informó debidamente que el sábado 1° de septiembre no abrían los
bancos? ¡Qué aprendan esos loros viejos! ¿Qué quieren, que les rindamos pleitesía? ¿Qué han
hecho para querer merecer tanta atención, más allá de trabajar toda una vida para que hoy
tengamos lo que tenemos? Acepto que levantaron con sus manos la industria petrolera, que
construyeron los edificios, que dejaron la vida en las fábricas y los campos para enriquecer a los
poderosos, que hicieron posible que muchos de sus hijos estudiaran, fuesen hasta la universidad y
hoy sean señoritos académicos, técnicos, intelectuales que escriben artículos para defendernos de
su avaricia y su traición. Okey, le echaron bolas, es verdad, pero eso es porque tuvieron la suerte
de nacer, eso lo hubieran hecho otros si hubieran nacido.

Viejos contrarrevolucionarios ¿De qué se quejan? ¿De tener que pararse de madrugada, hacer
colas bajo el sol y la lluvia, sin nadie que les acerque ni una botellita de agua, sin desayuno muchos
de ellos? ¿De qué se quejan, si los viejos de todas maneras casi ni duermen? ¿Qué culpa tiene la
Revolución de que les duelan las rodillas y las espaldas, y les den vahídos? ¿Acaso son culpables el
Gobierno y los bancos de su deterioro físico, de su degeneración celular? ¿Por qué no pagan en los
puntos de venta? ¿Cómo es eso de que quieren efectivo porque en esos puntos de venta cobran
hasta tres y cuatro veces más caro que en dinero contante y sonante? ¿Qué culpa tienen el
Gobierno y los bancos de que los comerciantes se burlen de ellos? ¿Qué culpa tiene la Revolución
de que cuando reclaman, los comerciantes los maltratan y los mandan a llamar a Maduro? ¡Viejos
peseteros, pichirres!

Malagradecidos, deberían callarse y estar sumisos, ya que la Revolución está gastando ese poco de
real en ellos, que ni siquiera se lo han ganado, la mayoría no son más que obreros y campesinos
que trabajaron toda la vida echando pico y pala, manejando herramientas, lavando pocetas y otros
trabajos palurdos que no aportaron nada al país, como sí lo hicieron los empresarios, los técnicos y
los universitarios, esos sí, brillantes e inteligentes, con razón ganaron siempre cuatro y cinco veces
más que ellos, y hoy algunos están muy bien jubilados o disfrutando de los bienes que adquirieron
con el sudor de esos viejos inútiles.

Y algunos de esos viejos, que hasta se fueron jovencitos a las montañas a luchar contra los
gobiernos de la cuarta, hoy quieren que se les trate con guantes de seda ¡Avaros, roñosos,
capitalistas!

Yo voy a proponer la semana que viene en la Constituyente un decreto para que se acabe con esa
plaga de los vejestorios. Que organicemos a la juventud para que los empujen a los rieles del
Metro, donde hacen años que no pagan pasaje ¡Aprovechados, oportunistas! Que los echen al
Guaire, que los eliminen. De todas formas afean la calle con sus arrugas, sus bastones, su lentitud,
viven atravesados mientras los que andamos siempre apurados (¿?) tenemos que calárnoslos.

¡Muerte a los pensionados!
¡Chávez vive, que se mueran los viejos!
¡Se morirán y venceremos!
¡Independencia y Patria sin viejos!

Atentado, Gobierno, oposición, Constituyente, pueblo

Risultati immagini per marcha admirable campesinapor Néstor Francia

El atentado del 4 de agosto fue fallido no solo porque el Presidente salió ileso, sino además porque termina favoreciendo en principio y políticamente al Gobierno. No solo se confirman las advertencias que se ha venido haciendo sobre el peligro de la ultraderecha fascista dependiente del imperialismo, sino que además se favorece el llamado al trabajo y la recuperación del país por las vías pacíficas y constitucionales: la mayoría de los venezolanos rechazan la posibilidad de que se desate en nuestro país alguna espiral de violencia y muerte como las que han azotado a otras naciones. Y digo “en principio” porque la derecha criolla -que no había reaccionado hasta el momento de escribir estas líneas- probablemente va a tratar de imponer la matriz del auto-atentado, y de obligar al Gobierno a mostrar nombres y señas de los detenidos y otras evidencias, y de convertir esto en un asunto de la palabra del Gobierno contra la de sus enemigos.

En todo caso, el atentado de la avenida Bolívar no tiene porque significar grandes cambios en la situación nacional general. Tiene la apariencia de ser un hecho aislado, a menos que se conviertan en rutina los eventos terroristas, pero mientras eso no suceda, los problemas, las propuestas, las controversias, los debates y la correlación de fuerzas seguirán siendo básicamente las mismas que imperaban el 3 de agosto. Si el terrorismo se instaura como táctica permanente, habría que reformular cualquier análisis.

El cuanto al Gobierno, habrá de seguir explorando los caminos que conduzcan a la recuperación económica y a la solución de otros problemas acuciantes como, por ejemplo, el transporte y la salud. La Nada, es decir la oposición, seguirá tratando de sobrevivir a duras penas mientras busca la manera de sabotear aunque sea en algo la acción del Gobierno y de descifrar el modo de reconectarse con la realidad nacional, en medio de su división consumada, sus muestras de ineptitud rampante y su redimensionada carencia de liderazgos y propuestas. Se diría que peor no le puede ir.

En el momento actual, la gran fortaleza del Gobierno es evidente: domina con largura todos los poderes públicos y se sustenta en el único factor político con real y vasta fuerza nacional, el PSUV (con la compañía del Gran Polo Patriótico) y de su base social que está organizada, convocada y activa, conformando una primera minoría inmensamente superior en el terreno de lo cualitativo.

En esa situación, el Gobierno y el chavismo en general tienen casi todas las cartas en la mano para enfrentar la difícil situación, tal como lo ha planteado el presidente Maduro al criticar el lloriqueo, la asignación permanente de culpas a terceros y exigir más acción concreta para adelantar soluciones. Inclusive en el plano internacional se percibe cierto repliegue de la derecha, con la OEA y el Grupo de Lima con más bajo perfil, aunque se han incrementado las sanciones, pero estas tendrán un efecto limitado si no se ven acompañadas de alguna conmoción interna, como ha ocurrido con Cuba y el bloqueo de Estados Unidos.

También seguirán actuando los amplios sectores críticos a lo interno del chavismo (los públicos y los soterrados), exigiendo cambios y corrección de errores en la gestión, en el estilo de Gobierno, en las ejecutorias del principal partido, el PSUV y en el discurso oficial.

El Gobierno, gracias en buena parte al accionar de la Asamblea Nacional Constituyente para garantizar la paz coyuntural y decidir los adelantos de elecciones, ha sido beneficiado con el tesoro del tiempo (y hay que reconocer al Presidente y a la dirección revolucionaria su tesón, capacidad de trabajo y gran habilidad política). El Gobierno tiene tiempo, pero no tiene todo el tiempo del mundo, tendría que mejorar en muchas cosas.

A la Asamblea Nacional Constituyente parece llegarle el momento de plantearse los necesarios cambios constitucionales pendientes, sobre todo aquellos que se refieren a la transformación profunda del Estado y al real empoderamiento del pueblo y su conversión en verdadero factor protagonista del momento histórico.

En cuanto al pueblo, sigue manteniendo un encomiable nivel de paciencia y conciencia que le ha permitido sobrellevar las dificultades sin caer en las provocaciones de los violentos. No tiene, en este momento, nada que esperar de nadie que no sean el Gobierno y el chavismo, son la única opción real y actual para conducir al país hacia mejores derroteros. Es lo que todos deseamos para bien de Venezuela, ojalá se pueda. Eso sí, nada está escrito, nada está garantizado, solo se podrá superar este camino de espinas con las virtudes bolivarianas del trabajo, la conciencia y la paciencia ¿Podremos? Eso está por verse, es el deseo de todos los venezolanos de buena voluntad. Es verdad que solo el pueblo salva al pueblo, pero siempre necesita acertada conducción y ayuda de sus vanguardias.

Al Presidente Maduro y a su familia les extiendo mi palabra de aliento y solidaridad. Él sabe que estos riesgos son parte del paquete, ojalá salga siempre con bien como ocurrió ayer en la Avenida Bolívar.

Néstor Francia, Maduro y el pensamiento burgués

Risultati immagini per marcha admirable campesinapor Néstor Francia 

En los días recientes, los revolucionarios que ejercemos el DEBER de la crítica hemos recibido nuevos, sutiles y eufemísticos ramalazos desde instancias del Poder. Yo no paro en mientes, porque he decidido hacer el necesario trabajo que no hace la multitud de conformistas, propagandistas y aduladores incrustados en el chavismo: ser carro sin frenos, piedra en el zapato y ladilla china, como he dicho más de una vez. Al grano.

El presidente Maduro soltó el 16 de julio una perla que, en realidad, reproduce una de las ideas favoritas y más cuestionables del pensamiento burgués. Ya va a saltar algún chavista inmamable a decir que he afirmado que el Presidente es burgués. No, hijo, lo que digo es que una idea suya específica abreva en la ideología burguesa. Y me voy de argumentos, pa que no digan.

Aseveró Maduro, en la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad: “No puede haber universidades graduando miles y miles de profesionales en carreras que no tienen nada que ver con el desarrollo del país”. A su juicio, en Venezuela se debe dar prioridad a “las carreras que tienen que ver con el desarrollo económico industrial, agroindustrial, agrícola, científico, técnico, y tecnológico del país”. Y luego, salvándose un tilín, se refirió también a los estudios relacionados con “los derechos de la salud, de la educación, de la cultura, de la vivienda”. Hablar de educación y cultura acaso ayudó a sacarle un tanto las patas del barro que mostró su idea de las carreras prioritarias. Esto requiere, inevitablemente, de aclaratorias históricas.

El encumbramiento del pensamiento racional y científico fue una de las principales banderas de la burguesía emergente que se pondría al frente de la Revolución Francesa en la segunda mitad del siglo XVIII, amplia conmoción política que abriría las puertas al posterior dominio del capitalismo en el mundo. Esta ponderación de la Ciencia y la Razón tuvo dos razones fundamentales. Una de ellas fue la necesidad de la burguesía de generar nuevas herramientas tendientes a expandir su poder económico. Entre el Alto Renacimiento, antecedente inmediato de la revolución burguesa, y el siglo XVIII, llovieron los inventos que favorecieron la manufactura de mercancías, la navegación comercial y el comercio en general: la imprenta de tipos móviles, el tornillo, el astrolabio, la regla de cálculo, la turbina de vapor, la máquina de sumar, el billete de banco, la máquina de vapor extractora, la barrena sembradora, el motor de vapor, la máquina de vapor con pistones, el octante, el sextante, la máquina de hilar, la máquina de tejer, la trilladora mecánica, la máquina de coser, la turbina de gas, la prensa hidráulica y otros. La otra razón, vinculada directamente a la primera, fue el enfrentamiento a la Escolástica, manifestación epistemológica de la dictadura cultural del clero aliado de la nobleza feudal. La Escolástica concebía como objetivo principal y último del conocimiento la exégesis de la Biblia, lo cual era una manera de mantener el oscurantismo intelectual inmovilista que le permitía sostener sus privilegios feudales, como la posesión de extensos territorios y tierras laborables donde se explotaba el trabajo semiesclavo de los siervos. La burguesía se levantó contra la Escolástica  en una lucha radical en el terreno de la epistemología con el objetivo de promover el conocimiento científico que le permitiera perfeccionar los medios de producción que apuntalaran y acrecentaran las riquezas que había acumulado por medio del comercio, la manufactura y el manejo de las finanzas.

Una vez que se instauró el capitalismo, la sobrevaloración de la razón humana y de las ciencias dio paso al establecimiento de una “nueva Escolástica”, el positivismo, corriente burguesa que preconiza precisamente el predominio de la razón y la ciencia sobre cualquier otra forma del conocimiento humano. En el libro de mi autoría Antichavismo y estupidez ilustrada me refiero a ese fenómeno: “los científicos y racionalistas pasaron a ser los sustitutos de los sacerdotes en esta especie de nueva religión que conformaba el positivismo”. Y otra cita de ese libro, acaso un poco larga pero necesaria, que plantea cómo el movimiento conocido como Romanticismo fue una de las primeras manifestaciones humanas contra la dictadura burguesa del positivismo: “su defensa de lo irracional, lo vital, lo emotivo ante el cientificismo positivista, que se convirtió en la tendencia predilecta del capital, mantuvo despierta una llama de rebeldía humana ante la crueldad inhumana de los poderes explotadores. El planteamiento del problema del conocimiento por parte de los románticos es lo que confiere a esta tendencia su carácter histórico más notable. El romanticismo afirmó que la intuición y la imaginación eran vías tanto o más válidas que la razón para conocer la realidad y acercarse a ella. La importancia de esta acción ideológica es fundamental. Al asignar a la razón y al conocimiento científico la exclusividad sobre la captura de la realidad, el positivismo creaba una barrera elitista para favorecer todo conocimiento académicamente adquirido, sólo accesible a la clase dominante. Pero por otra parte, desconocía algunas de las armas más poderosas de la sabiduría popular, como por ejemplo la intuición y la imaginación. De manera que los románticos pusieron sobre el tapete una discusión de importancia cardinal, y por eso mismo su influencia positiva se extiende hasta nuestros días, ya que si el positivismo hubiese reinado sin obstáculos (cosa que por lo demás hubiese resultado de todas formas imposible) probablemente avanzaríamos sin remedio a un mundo de soluciones mecánicas, deshumanizadas, sometidas al arbitrio sin remedio del individualismo más feroz, donde la sociedad, manejada por mentes “brillantes” y aisladas, marcharía como un mecanismo de reloj, tan previsible y tan inorgánico. También fueron los románticos precursores de una apertura del universo intelectual europeo hacia culturas milenarias consideradas marginales y al mismo tiempo sintetizadoras de una sabiduría ancestral, acumulada a lo largo de una experiencia colectiva de larga data o enraizadas en una relación directa del hombre con su medio originario”.

Es evidente que el pensamiento humanístico (en el buen sentido de la palabra) ha sido el rector de las más grandes revoluciones mundiales. Todos los grandes líderes religiosos hoy recordados fueron tributarios del humanismo: Buda, Mahoma, Jesús, ninguno de ellos fue un científico ni un tecnócrata. Los principales maestros de Simón Bolívar fueron dos grandes humanistas: Andrés Bello, filósofo, poeta, filólogo, traductor y educador; y Simón Rodríguez, educador, escritor, ensayista y filósofo. Bolívar era un hombre muy inteligente y probablemente, de haber sido educado en las ciencias, alguna gran invención habría aportado, pero sin su formación humanística, con seguridad no hubiera sido El Libertador. Además, Bolívar recibió la influencia directa de los grandes pensadores de la Revolución Francesa, como Rousseau, quien fue músico, filósofo y escritor, y también botánico y naturista, disciplinas estas últimas en las que destacó en menor grado, y Montesquieu, filósofo y ensayista.

Son los trabajadores del pensamiento humanista quienes han garantizado el legado de la Historia de la Humanidad. Sin los historiadores sabríamos muy poco de los tiempos pasados, de las luchas y los logros de los pueblos. En cuanto a la gran importancia que tienen para los humanos los escritores, artistas y poetas baste con señalar estos hechos: ¿cuántas personas comunes recuerdan a Miguel de Cervantes como autor del Quijote y cuántos a Felipe II y Felipe III como reyes en aquella España? ¿Cuántos reconocen a Leonardo Da Vinci como autor de la Gioconda y cuántos como inventor del anemómetro?

Hay una pregunta clave en este tema ¿Ha sido el predominio de la ciencia y la tecnología en los siglos recientes una fuente de bienestar para la Humanidad? ¿El “progreso” científico y tecnológico en el contexto de la errática civilización dominante nos ha acercado más al cielo o al infierno? ¿Es mejor este mundo individualista en el que nos han colocado aparatos electrónicos por todas partes para sustituir con pantallas las miradas, la amistad que se crea en la proximidad física y el amor como intercambio directo de palabras y gestos?

Y otras interrogantes: ¿Son las grandes potencias industriales como Estados Unidos, Rusia y China modelos para nosotros, con sus altas cotas de contaminación ambiental, sus crecientes brechas sociales y sus culturas cada vez más individualistas? ¿Queremos ser como ellos? ¿No sería mejor recuperar nuestros grandes valores ancestrales basados en el amor por la naturaleza y en el predominio del espíritu?

Yo no desdigo de la ciencia, una actividad humana con logros innegables en campos como la salud, con avances en la detección y la cura de terribles enfermedades. Pero la ciencia y la tecnología no pueden ser prioritarias ante los valores espirituales, concebirlo así no serviría sino para reproducir el meollo de lo que estamos supuestamente combatiendo. El bienestar espiritual es el gran objetivo de la Revolución, sin dejar de promover el bienestar material.

El Presidente no debería preocuparse tanto por este tema, para todo hay talentos y vocaciones, en todo caso la presión social en la perspectiva de que las carreras técnicas son más rentables, lleva a que en los países capitalistas esté aumentando el número de estudiantes que se decantas por esas carreras. Medios estadounidenses publicaron recientemente que es la primera vez en sus casi 400 años de historia que la Universidad de Harvard cuenta entre sus alumnos con más estudiantes de ciencias -concretamente, de ingeniería y ciencia aplicada- que de humanidades. En concreto, la facultad de artes y humanidades cuenta con 746 matriculados, mientras que SEAS (Harvard’s School of Engineering and Applied Sciences) ha admitido a 775 estudiantes.

En cuanto a lo que atañe a las vocaciones, si alguien no tiene vocación ni talento para un oficio determinado, terminará siendo un profesional mediocre. Tengo una interesante experiencia personal: como hijos de un hogar pobre, mi finado hermano Arnaldo y yo resolvíamos el homenaje del Día de la Madre elaborando nuestros regalos con recursos propios. El apelaba a lo que le ofrecía de gratis el entorno y elaboraba ingeniosos objetos. Recuerdo, por ejemplo, un cochinillo fabricado con un limón, ramitas, alambre y semillas. Yo, por mi parte, simplemente le escribía a mamá unas rimas ingenuas y candorosas para expresarle mi amor. Arnaldo terminó estudiando ingeniería y yo Letras ¿qué tal?

Yo no pienso, en este sentido, como el Presidente. Para mí el mayor problema actual de Venezuela es la decadencia ética, la pérdida de valores del espíritu, el materialismo, el pragmatismo y todas esas plagas que nos ofrece la sociedad clasista. No quiero un país potencia, quiero un país amoroso, solidario, fraterno, honesto, decente. Privilegio el crecimiento poético sobre el crecimiento económico. Prefiero un país pobre y amable que un país rico y odioso.

Yo lucho por un final de todo esto en el que prive la aseveración del gran poeta francés Isidore Ducasse, apodado el Conde de Lautreamont: “La poesía debe ser hecha por todos”, por eso es que lucho, esa es para mí la única Revolución, a fin de cuentas y llegados algún día al escalón superior.

Venezuela y el reino de la incertidumbre

Immagine correlatapor Néstor Francia

Hay conceptos con los que me relaciono de una manera diferente a como lo hace la mayoría de las personas sensatas. Uno de ellos es el de la incertidumbre, que tengo en mejor consideración que las certezas, que no suelen producir sino conformismo y estancamiento. La incertidumbre, pariente directo de la duda, ha sido, desde siempre, uno de los detonantes principales de los avances humanos en cualquier sentido, y de las grandes ideas. Claro, yo no tengo grandes ideas, en la medida en que carezco de talentos especiales, así que lo que me espera después de mi partida es cenizas y olvido, pero no soy el tema de este artículo, para fortuna de todos.

Venezuela es reino de la incertidumbre. Adonde usted vaya será el mismo ritornelo: las quejas por lo que la mayoría percibe como una situación de anomia y de inacción. Aquí no se trata, como he dicho más de una vez, de si esta situación es real o no, sino de lo que la mayoría percibe, y en política la percepción es lo que decide las conductas de la gente,  a fin de cuentas. 

En la mayoría hay desazón, desesperanza, molestia. Hay la minoría consciente, militante, cercana al 30% de la población -no es poca gente- que mantiene viva, con esfuerzo, alguna llama de optimismo, pero aun allí crece el fantasma de la duda, es lo que he percibido en asambleas de esa vanguardia a las que he asistido. Allí trato de alejarme del presídium, si es que me toca, y acercarme codo a codo a los de abajo, para sentirlos, escucharlos, descubrir sus inquietudes, que son iguales, relativamente, a las que bullen en el pueblo llano no militante, es decir la mayoría.

La situación anímica del pueblo es revelada por la más reciente publicación de estudios de Hinterlaces, que no pongo en duda, no solo porque  casi siempre son acertados, sino porque además coinciden con otros estudios confiables a los cuales tengo acceso. El 53% adjudica la responsabilidad de las dificultades económicas al Gobierno y solo el 39% a la guerra económica o a las sanciones de Estados Unidos. Al preguntársele a la gente si confía o no en que en esta nueva etapa pueda el Gobierno resolver los problemas, el 51% dice no confiar y el 48% afirma que sí. No es tan malo, pero no admite empeoramiento, la tendencia dominante es a no confiar.

Me asombra pero no me sorprende la lectura que hace el medio oficialista privado VEA de otra cifra del mismo estudio, reveladora de que el 58% de los venezolanos prefiere que sea Maduro quien resuelva los problemas y solo el 39% que lo haga un gobierno de la oposición. El diario VEA resuelve esto con un llamado de portada que reza: “Confían en Maduro para ganar guerra económica” y luego cita los números de Hinterlaces. Es una interpretación banal, manipuladora e interesada de los números, no es periodismo, es propaganda. El mismo estudio con el que justifican el titular ha dejado claro  que solo una minoría cree en el argumento de la guerra económica y que la mayoría no confía en que el Gobierno pueda resolver los problemas ¿Se sigue creyendo que con propaganda se puede ocultar la realidad? Ok, sí se puede, pero no se debe, es mejor sincerarse ante el pueblo, asumir sus verdades y opiniones, compartir sus angustias y dejar de andar pensando que la gente es pendeja y va a comprar mensajes gastados, repetitivos y poco creíbles. Información veraz, se le llama.

Lo que realmente revela la cifra que VEA manipula es que en la Venezuela de hoy no hay alternativas, el chavismo es aparentemente la única opción real de poder. La mayoría sigue definiéndose como no alineados, pero son más los que desconfían de la oposición que quienes desconfían del chavismo. La oposición está pulverizada, desintegrada, con su imagen por el piso. No es que confíen en que el Gobierno pueda resolver los problemas, sino que es el único que podría hacer algo, en el sentido de que no se ve ni de cerca que pueda venir otro gobierno.

La verdad es que la dirigencia chavista está haciendo de tripas corazón para mantener la esperanza y ahora está hasta promoviendo debates, ante el hecho irrefutable de que estos se están dando y se seguirán dando, no porque nadie lo quiera o lo decida, sino porque van aflorando y desarrollándose  todas las contradicciones, también las que preví se desatarían con fuerza, en articulo de comienzos de este año, aquellas que existen entre el Estado y el pueblo, y en el seno del pueblo así como al interior del movimiento revolucionario.

He estado en dos debates el viernes 20 y el sábado 21 pasados, en mi carácter de Constituyente. El del viernes pudo desarrollarse apenas una hora, ocupado todo el tiempo en llegadas tarde de la gente (incluidos los dirigentes, por supuesto), discursos, instrucciones, acto cultural, plenarias antes y después de las “mesas de trabajo”. Por supuesto, no hubo tal debate, solo enumeración de propuestas. Algo parecido pasó el sábado. Allí al menos la gente se desahogó, presentó numerosas quejas e hizo algunas propuestas de distinto tenor. Ignoro que saldrá de estos experimentos, pero lo que sí es cierto es que el impostergable debate está ocurriendo en la calle, en medios no oficiales, en corrillos y reuniones informales, en redes digitales y va a continuar, más allá de las consignas, las frases hechas, las certezas acomodaticias y todo lo que huela a espectáculo político y mediático.

El mundo todo vive en caos e incertidumbre. Todas las contradicciones están en efervescencia, por todas partes, en todos los países, en todos los movimientos sociales. Entre poderes hegemónicos y poderes emergentes, entre poderes imperiales y fuerzas anti hegemónicas, entre ricos, menos ricos, pobres y menos pobres, entre los derechistas mismos, entre los izquierdistas mismos, entre los socialistas mismos, entre los capitalistas mismos. La incertidumbre reina, sí señor, también en Venezuela ¿Qué saldrá de todo esto? ¿Se acerca un gran cambio civilizatorio o el trágico final de todo el cuento humano? ¿Y en nuestro país, alguien sabe a ciencia cierta qué nos espera? ¡A mí que me registren!

Comunicación, Vuitton y Valentino

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He sido invitado a un evento de comunicadores del PSUV. Ya no milito en ese partido, así que agradezco la invitación y lo tomo como una muestra de tolerancia y amplitud. No sé si tendré derecho de palabra allí, parece que sí, o si tendré el tiempo suficiente para plantear algo que en este momento me escuece. Veamos.

Uno de los errores que creo se cometen (recuérdese que no estoy seguro de nada de lo que digo) es confundir información y propaganda con comunicación. La comunicación es un hecho global y, como Dios, está en todas partes. Yo podría hablar mucho de ese tema porque lo he estudiado (acaso no he sido tan buen estudiante, quién sabe). Pero me voy a referir solo a un hecho: las acciones comunican. Casi todo lo que hacemos comunica algo a alguien: una palabra, un gesto, un movimiento, una perfidia, una caricia, una mirada, un silencio. Y aquí entro en precisiones ¿Viene algo a la mente del lector cuando digo Luis Vuitton o Valentino Garavani?

No tengo en principio ninguna objeción a que algún dirigente de la Revolución use una corbata Luis Vuitton o unos zapatos Valentino Garavani: a quién Dios se lo da, San Pedro se lo bendiga. Tampoco tengo por qué pensar que los emolumentos para esas prendas costosísimas salieron de bolsillos corruptos. A lo mejor se las regalaron o ya tenían dinerillo fruto de su trabajo o las adquirieron en tiempos económicamente menos prohibitivos. Pero como dice el viejo adagio, “la mujer del César no solo debe ser honrada, sino además parecerlo”.

Un dirigente revolucionario debe al menos cuidar su apariencia. Algunos creen que “buena apariencia” se refiere a la forma en que te vistes, ya escribí sobre eso hace poco. No, en este caso hablo de cómo se aparece frente al pueblo. Un pueblo que vive en medio de privaciones y dificultades de todo tipo, un pueblo que todavía se siente excluido en muchos sentidos, un pueblo que mantiene a duras penas algún destello de esperanza.

Aquí hay un problema de moral, incluso de corrupción moral. Porque cuando tú, siendo un dirigente, te exhibes con una prenda prohibitiva para la mayoría sin asomo de prudencia ¿cómo vas a exigir sacrificios o ética? ¿Si un dirigente revolucionario puede mostrar tremenda corbata o roliverio de zapatos, por qué entonces el pelabolas va a pararse en mientes para bachaquear, robar cables o birlar propiedades del Estado? ¿Acaso no se está promoviendo la corrupción moral con acciones como esas, que son comunicacionales porque se le está mandando mensajes negativos al pueblo? En la foto del ministro con los zapatos de marca aparece muy de cerca el presidente Maduro, después de haber presentado la tercera línea estratégica, que entre otras cosas reza: “Surgimiento de una nueva ética patriótica y ciudadana. Nueva ética social, económica”. E igualmente, hablando del Congreso del PSUV: “no solo vencer, es convencer con el ejemplo, con la acción y la palabra y la verdad… No hay nada que convenza más que la acción y el ejemplo”. Es un tema de coherencia. No parece algo tan difícil de entender, así que no voy a extenderme en esto.

Así pues, de entrada les digo a mis amigos, colegas y camaradas comunicadores del PSUV que no se queden en saludos a la bandera, que debatan de verdad, que es lo que han pedido dirigentes como Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Que asuman que la comunicación no es solo información y propaganda como ya he dicho. Que profundicen, que problematicen, que no se conformen con poco, que no se guarden nada.

Marcos Luna está en la luna

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Primero que todo, no se moleste por el título, señor Luna, es uno de esos trucos que aprendí en publicidad: usar juegos de palabras para llamar la atención. En realidad, usted está casi todo en la tierra, menos sus ideas, que vuelan en el éter del subjetivismo.

Uno de los problemas de los radicales socialistas venezolanos es que nunca van a llegar al poder, porque no tienen sentido de la realidad. Actúan en un mundo que solo está en sus mentes. A pesar de que intentan dictar clases de socialismo científico, son en realidad socialistas utópicos. Poseen además un pensamiento estático, como si el tiempo no hubiera pasado y las experiencias humanas no hubiesen ocurrido. No voy a responderle a Marcos Luna con estupideces personales ni descalificaciones. Voy a hablarle de política.

En primer lugar, a mí me preocupa menos la supuesta “pureza” de un socialismo libresco que la realidad de un pueblo que está (estamos) sufriendo mientras los pensadores discutimos. He dicho y sostengo, señor Luna, que el socialismo no es posible en un solo país, por lo tanto, en cuanto a mí, la tarea inmediata de la Humanidad no es construir el socialismo, sino derrotar la hegemonía de Estados Unidos, sin lo cual el socialismo seguirá siendo una utopía del tipo que usted maneja. Usted quiere un socialismo por decreto, un socialismo a juro, como si los cambios respondieran a sus deseos personales. Y de paso le recuerdo, porque lo escribí antes de las elecciones, que yo no voté por Maduro porque me guste mucho el Gobierno, y aclaré que no soy gobiernero. Voté por Maduro porque es antiimperialista como yo, y para mí ese es el dato principal.

Yo no tengo en el centro de mis preocupaciones a Maduro, ni a favor ni en contra. Pero sí me molesta que algunos vivan criticándolo, sacándole el cuerpo a las responsabilidades que tenemos todos los demás, como si la tarea que tiene este hombre fuese tan fácil. Ya quisiera ver yo a estos socialistas utópicos metidos en sus zapatos, manejando este berenjenal, con enemigos de todo tipo, internos y externos, en medio de una mega crisis universal, y de conspiraciones, sabotaje, sanciones, cayapa neoliberal. Yo respeto al Presidente, más allá de que tengo diferencias con él. Y no le estoy pidiendo que me regale “mi” socialismo, sino que encabece los grandes cambios que creo debemos hacer (todos) para que el pueblo viva un poco mejor.

Usted dice, señor Luna, que “Nacionalizar la banca privada es un objetivo estratégico socialista, nos obliga a la organización y a pensar, estimula la inteligencia estratégica y táctica. Hay que organizarse para hacerlo, no tener lista necesariamente una organización adecuada para nacionalizar la banca, hay que irla haciendo, nunca habrá una organización socialista acabada, hay que inventarla, la única condición para poderse organizar en el proceso es tener clara la estrategia, saber para qué se quiere hacerlo… Para cambiar un sistema, el cual tiene una finalidad, hay que construir otro sistema, que también debe tener otra finalidad” ¡Caramba, eso es precisamente lo que digo yo cuando planteo socializar el Estado! La diferencia con usted es que hago propuestas concretas, no para que me las aprueben porque sí, sino sobre todo para estimular el debate, que es lo que más me interesa. Usted parece estar de acuerdo conmigo cuando dice que la nacionalización de la banca es un objetivo “estratégico”, es decir que está en el panorama, pero se debe crear las condiciones: “Hay que organizarse para hacerlo, no tener lista necesariamente una organización adecuada para nacionalizar la banca, hay que irla haciendo, nunca habrá una organización socialista acabada, hay que inventarla” ¡Gracias por su apoyo!

Usted dice: “El señor Francia descarta el socialismo porque lo mira como un sistema de organización de la sociedad que da origen o es el resultado de un cambio en las formas de producción, del cambio de propiedad de los medios de producción, de la economía, y para nosotros no es así. La organización de la sociedad socialista se hace en la medida que se resuelven los enigmas del socialismo”. Invito al lector a que analice detalladamente esta última aseveración, y me diga si no le parece que es, sobre todo y precisamente, enigmática: no aclara nada, no propone nada, es una entelequia que se desarrolla en el mundo fantástico del subjetivismo.

Usted dice: “El fin humanista del socialismo manda sobre los medios, el fin no justifica los medios, y en eso, aunque parezca paradójico coincidimos con Maquiavelo, el cual redactó tantas teorías y constituciones para Estados nacionales como fines políticos o formas de gobierno imperaban en ellos. El fin del socialismo exige que sus “medios” contengan la criatura de la sociedad que queremos. El fin justifica los medios… siempre y cuando los últimos se adecuan al primero”. Hay que tener un talento especial para usar tantas palabras y no decir ni proponer absolutamente nada.

No voy a detenerme en su obsesión contra Maduro, porque en realidad Maduro no es más que alguien tratando de hacerlo lo mejor posible, cosa que no siempre logra, como nos pasa a todos, menos a los socialistas utópicos, que viven en un mundo de palabras, de interpretaciones idealistas, en el cual el error está excluido de antemano, porque las palabras son maleables, huidizas, elásticas. Proponer generalidades es la forma más conocida de no proponer nada.

Usted dice que mis propuestas buscan “presionar al capitalismo para que sea un capitalismo decente, y por el otro lado los capitalistas, presionando, a costa de exterminar la sociedad entera, si es preciso, para tener el control total de la renta petrolera, de las minas, de la economía y todos sus procesos etc. etc., y si es necesario del mismísimo poder político”. Bien, yo propongo algo más simple: reconocer que el capitalismo tiene todo ese poder que usted dice y llegar a acuerdos mínimos para ayudar a la recuperación de la economía y mejorar la vida del pueblo, mientras esperamos sentados a que usted y todos los socialistas utópicos hagan la Revolución algún día, tomen el poder y nos decreten el socialismo como un regalo caído del cielo, cual maná.

Para no prolongar esto demasiado, acepto que usted disienta de mis ideas, claro está. Pero al menos hágame el favor de proponer algo concreto, porque mientras nosotros pensamos, hay un pueblo pasando trabajo todos los días. Si la Revolución se cae, el imperialismo gana, y entonces perdemos lo principal para todos (me refiero a todos en el mundo): la independencia de Venezuela. Si el socialismo es, como usted dice, un enigma, habrá que desentrañarlo mientras nos ocupamos de lo principal. Vayamos paso a paso.

Es probable que usted ensaye una contra respuesta. Por mi parte, me desengancho de una vez pues, como siempre digo, que cada quien sopese los argumentos, use su discernimiento y se haga su propia ideas de las cosas. En modo alguno voy a empeñarme en “ganar” ninguna discusión.

Discurso de Maduro y gran viraje revolucionario

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¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? … Esta Revolución puede destruirse… nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.

Fidel Castro Ruz, Universidad de la Habana, 2005

 

Porque hay que recordar, hermanos y hermanas, que el partido Acción Democrática llegó a tener aquí el sesenta por ciento de apoyo electoral y que tuvo líderes que arrastraban gente y movían a las masas, pero creo que este año terminó ese partido, ya es solo un cascarón podrido, no solo vacío, podrido. Ese es nuestro rumbo. Si no cambiamos, ese sería el destino de los partidos nuestros. Porque aquí no hay magia posible: o tenemos el apoyo popular y lo incrementamos con participación y atención a la gente y amor por la gente, no solo de boca sino demostrándolo, o no lo tenemos y nuestro destino será la muerte política ¡Escríbanlo, porque así será!

Hugo Chávez, Academia Militar, 13/11/2004

 

El presente artículo lo he dividido en dos partes. En la primera haré algunos comentarios sobre el discurso del presidente Maduro del pasado jueves 24 de mayo, en ocasión de la presentación de credenciales ante la ANC. En la segunda presentaré algunas ideas que apuntan a contribuir para la definición de caminos hacia el gran viraje revolucionario que creo está planteado, como cosa de vivir o morir.

 

I: El discurso del Presidente

Todo quedará claro, los escenarios ineludibles, que se alimentan de los hechos concretos, se impondrán, pasará lo que ha de pasar. Lo dije y lo sostengo: las elecciones no resuelven nada. Lo dije y lo sostengo: viene la eclosión de un maremágnum de contradicciones, incluidas las que se dan en el seno del movimiento revolucionario. Lo dije y lo sostengo: lo que viene es joropo, la paz es una ilusión, el socialismo un desiderátum, la economía seguirá navegando en medio de una tormenta incrementada, cada vez más dura, al menos en lo inmediato (Todo ello a menos que…) Esto último lo insinuó el presidente Maduro en su reciente discurso ante la ANC: “No puedo aquí engañar a nadie, (las sanciones) nos van a crear graves dificultades, dolorosas dificultades que vamos a enfrentar paulatinamente y las vamos a superar y las vamos a derrotar”.

El predecible agravamiento inmediato de la situación económica, sobre todo de la asfixiante inflación que flagela al pueblo trabajador, obliga a dejar ya -¡ya!- el triunfalismo y someternos a un examen profundo que nos permita abordar lo único que puede salvarnos del naufragio: un viraje radical, de 180 grados, en la gestión de gobierno y en las políticas y el discurso de la vanguardia. Esto requiere que abramos la mente, nos saquemos el casete desgastado que nos paraliza y apliquemos de verdad-verdad la máxima robinsoniana: o inventamos o erramos.

El Presidente asomó en su discurso: “Vengo con el espíritu del futuro, de la construcción de lo nuevo, Venezuela necesita un nuevo comienzo en revolución, con revolución y para hacer revolución, escuchemos bien el clamor de un pueblo y también sus silencios, aprendamos a escuchar los silencios y el clamor del pueblo”. Suponemos que con la alusión a los “silencios”, se refiere al 54% de venezolanos que no emitieron su voto en las elecciones presidenciales, un record negativo al menos de los últimos 20 años.

También habló el Presidente de una revolución “que no se duerma y que aprenda a hacerse y rehacerse, a crearse y recrearse de manera permanente, esto no es un problema de Maduro, sería muy sencillo si fuera un problema de un hombre y fuera un problema mío, o solo de mi incumbencia”. Tiene toda la razón, no es un problema de Maduro. Si la vanguardia chavista no asume este llamado con seriedad, si va a seguir en su burbuja ineficaz y conformista, nada de lo que haga el Presidente servirá de algo. Hubo gente que hasta me insultó por mi artículo “La victoria pírrica”. No practico la soberbia intelectual, así que supongo que tengo parte de razón y parte de equivocación, como suele suceder. Pero en el fondo de mis razonamientos reposan las mismas preocupaciones que muestra Maduro. Unos se agarraron del título del artículo, otros del análisis cuantitativo (que sostengo), no todos asumieron la carga autocrítica que quise transmitir, que era lo principal. Bien, no soy tan importante como para que alguien me haga caso, pero espero que todos escuchemos al Presidente, que no nos quedemos solo en lo bueno sino que reparemos también en lo malo y actuemos en consecuencia: “Lo primero que llamo es a la transformación del liderazgo de la Revolución…  No estamos haciendo lo suficiente, no lo estamos haciendo bien, hay cosas buenas que hacemos, pero no quiere decir que lo estamos haciendo bien ni que estamos haciendo lo suficiente… No nos caigamos a coba nosotros mismos, ni le caigamos a coba a nadie en este país, hace falta una gran rectificación profunda, un aprendizaje profundo, hacer las cosas de nuevo y mejor más allá de la consigna, del aplauso, no estamos haciendo las cosas bien y tenemos que cambiar este país, pero tenemos que empezar por nosotros”. Amén.

 

En nuestra opinión, las 6 líneas que esbozó el Presidente no configuran un plan, nos parecen más bien un catálogo de intenciones. Un buen comienzo, nada más, para avanzar hacia una propuesta global de transformación. Ahora nos toca a todos dejarnos de pendejadas, de ese chavismo intelectualmente comodón y exultante, y tocarnos el corazón, sacárnoslo si es necesario, lanzarlo contra la pared a ver si se reanima y nos resucita. Cambio radical, no maquillaje es lo que necesitamos. Veamos.

 

La primera línea era obligada, pero confesamos nuestras dudas, si se aborda el diálogo nacional desde la perspectiva de lo que se dio en Santo Domingo. Diálogo y pacificación, dijo el Presidente, pero eso no es lo que quiere la derecha extremista, no es lo que sugiere Juan Manuel Santos cuando oficializa su ingreso a la OTAN  ni Trump cuando emite su más reciente decreto criminal contra nuestro pueblo. Venezuela necesita otro diálogo, en primer lugar un gran diálogo económico, no con los politiqueros que venden la Patria. Con la derecha extremista no hay reconciliación posible, porque eso no está en sus planes. La paz solo puede garantizarse si hay una reconciliación con el pueblo de a pie, con los proletarios y con las clases medias empobrecidas, si crecemos exponencialmente en el apoyo popular. El Presidente solo no puede, el chavismo solo tampoco. Lo principal aquí es que logremos algo a lo que hicimos referencia en un Análisis nuestro que circuló en medios y redes digitales, el 16 de julio de 2014, o sea ¡hace casi cuatro años!: “Nosotros pensamos que este pueblo paciente y noble no está esperando soluciones para mañana. Pero sí que se le muestre con claridad un camino. No el Plan de la Patria, que es un proyecto estratégico, sino elementos tácticos para el mediano plazo que le restauren la esperanza, que anda algo golpeada. Sobre todo, un camino que le haga creer que será posible superar las dificultades económicas actuales, un plan coherente, global, que combine distintas medidas que configuren una perspectiva nítida. Inclusive, no dudamos que este pueblo estaría dispuesto a hacer algunos sacrificios si se le muestra la luz al final del túnel. Ya no bastan las generalidades, las carantoñas al pueblo, las promesas. La gente quiere verle el queso a la tostada”. Bien, como nos gusta explicar, en el tiempo histórico estas palabras las dijimos hace apenas un par de horas. Están del todo vigentes.

 

La segunda línea de acción: “Avanzar hacia un acuerdo económico productivo para lograr la estabilización de la economía… Acuerdo económico con los sectores empresariales y productivos, públicos, mixtos y privados para un proceso de crecimiento y recuperación sostenida de todo el sistema económico venezolano”. Muy bien, pero ¿cómo hacerlo y para qué? Hice una propuesta, en torno al tema económico, en otro Análisis que circuló el 22 de noviembre de 2017, y que evoco ahora: “la solución profunda y estable no se puede lograr con paños calientes, medidas aisladas, operaciones de emergencia ni buenas intenciones. Tampoco puede solo el Gobierno, el daño es demasiado grave… hoy presentamos responsablemente la propuesta de llamar a un Congreso Nacional de Economía (nacional, no del Gobierno ni del PSUV) que aborde de madera integral el tema del sistema económico que debe darse Venezuela para superar el modelo rentista e improductivo en el marco de la realidad venezolana”. De manera que en este asunto del “acuerdo económico” tenemos, en lo que a mí respecta, seis meses de atraso. En aquella oportunidad nadie comentó mi propuesta, ni siquiera para rechazarla. Pero como dije, no soy tan importante, así que ahora que el Presidente ha hablado del acuerdo económico, acaso es pertinente echarle al menos una miradita a mi idea del Congreso Nacional de Economía, que algo de útil tendrá. Volveré sobre el tema, con un poco más de detalles, en la segunda parte de este artículo.

 

La tercera línea de acción: “Una lucha renovada y frontal contra todas las formas de corrupción y por el surgimiento de una nueva ética”. Bien, pienso que la corrupción es sobre todo un problema político, más que ético (que también lo es, pero en segunda instancia de cara a las soluciones inmediatas). Con el actual Estado estructuralmente burocrático e individualista va a ser muy difícil erradicar las prácticas administrativas delictivas. El Estado burgués que perdura entre nosotros privilegia la gestión gerencial individual, y los sistemas de control, igualmente burocratizados, son ineficaces y a menudo igualmente corruptos. De manera que para combatir este flagelo se necesita un cambio radical del Estado, que apunte al crecimiento exponencial de las formas de poder colectivas y de participación ciudadana. Pero esto será también materia de la segunda parte.

 

La cuarta línea de acción se refiere a medidas sociales necesarias, que buscan ayudar al pueblo a sobrellevar la carga de las dificultades, como el Carnet de la Patria y el programa Hogares de la Patria. Aquí no me detendré porque no apuntan, en mi opinión, a la solución estructural y estable de los problemas. En el caso del Carnet de la Patria, es una forma loable y eficaz para la atención social de la ciudadanía y la transferencia más transparente de subsidios directos, por lo cual deberá permanecer en el tiempo.

 

La quinta línea de acción es la Defensa de Venezuela. Creo que ha debido expresarse como primera línea, bajo el concepto de que la independencia es el bien más preciado de la Nación. Recordemos que en el Plan de la Patria que nos legó Chávez, esto se ubica como el primer objetivo histórico. De algún modo, todas las demás líneas están al servicio de esta. La Defensa de la Patria, y aquí volvemos a lo mismo, es un tema vinculado más a lo político que a lo militar. Se fundamenta, en el largo plazo, en la conciencia patriótica y política del pueblo, que se vincula a su vez a su condición moral, y esta a su bienestar general, que aumenta su sentido de pertenencia. Esta quinta línea debemos asumirla fuera de toda discusión de principios, es un asunto existencial del país.

 

La sexta línea se refiere a buscar el socialismo para consolidar la paz del pueblo. Es, para mi gusto, la idea más etérea de todas ¿Qué es el socialismo? ¿Estamos realmente en ese camino? En este terreno siempre es conveniente la duda sobre lo que estamos haciendo. Fidel Castro dijo alguna vez, sobre la Revolución Cubana: “Entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”. Hay un dicho que afirma que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Yo voy a parafrasearlo: de intentos fallidos ha estado empedrado el camino del socialismo. Quién sabe, digo yo. De todas formas volveremos sobre ello en la segunda parte del artículo. Aquí está, pase Usted adelante.

 

II: El gran viraje revolucionario

No se trata de algún movimiento táctico o de una pequeña corrección. Lo que se plantea en la Venezuela de hoy es un gran viraje revolucionario de carácter estratégico, en función de los objetivos de la Revolución ¿Y cuáles son esos objetivos, en primer lugar? Se podrían reducir en dos palabras expresas: independencia y socialismo. La primera se tiene solo de manera relativa, el segundo por supuesto que no se tiene. Ambas afirmaciones las hago con base a algo en lo cual los revolucionarios somos morosos: la caracterización precisa, realista, de la sociedad en la cual vivimos. Si esto no lo aclaramos, no seremos capaces de plasmar planes efectivos en ningún sentido. Hemos cometido los pecados del voluntarismo, de la improvisación, de la alucinación política, una y otras vez.

Veamos el asunto de la independencia, en primer lugar. Desde que Hugo Chávez asumió por primera vez la Presidencia, Venezuela ha alcanzado una independencia política bastante amplia. Ha dejado de estar alineada con las decisiones y políticas globales agresivas e injerencistas del imperialismo norteamericano. En una situación mundial como la que vivimos desde hace décadas, con el proceso de decadencia del hegemonismo yanqui, de la primacía de su moneda, tras derrotas militares significativas como Corea y Vietnam, la eclosión de la crisis global y estructural del capitalismo a fines del siglo pasado, y el surgimiento de nuevos centros de poder que le compiten los mercados y la influencia política, Estados Unidos no se podía permitir ningún desorden en el gallinero de su patio trasero. El ejercicio de soberanía nacional que impulso Chávez desde 1999, fue seguido por importantes victorias de la izquierda, y fuerzas progresistas y nacionalistas latinoamericanas, en la mayoría de los países suramericanos, en el Caribe y en Nicaragua. En ese contexto, Venezuela se convirtió en un foco de perturbación que pone en peligro el predominio político imperial en el continente, aun después de algunos importantes éxitos de la contraofensiva de la derecha, que no han significado en modo alguno una derrota definitiva de dichas fuerzas nacionalistas y progresistas, que se mantienen en lucha en medio de los malos gobiernos neoliberales. El “mal ejemplo” de una Venezuela que resiste con éxito en la defensa de su independencia, no puede sino preocupar al Imperio y activarlo contra nuestro Gobierno.

Pero en el ámbito económico, el nuestro sigue siendo un país altamente dependiente del imperialismo y del capitalismo mundial, a pesar de la ayuda de poderosos aliados geopolíticos como Rusia y China, lo cual es fácil comprobar por los estragos que ha causado la agresión económica imperial. Al ser un país que no ha podido garantizar su soberanía alimentaria y depender altamente de un mercado como el petrolero, dominado ampliamente por las fuerzas del capitalismo, es imposible pensar que podemos ser independientes económicamente en las actuales circunstancias. Esto es sumamente peligroso y negativo, y nos obliga a diseñar un camino de recuperación productiva que no va a ser corto pero que tampoco puede ser tan largo.

En cuanto al socialismo, esto no es hasta ahora más que una entelequia, una ficción. Es evidente que estamos lejos de ser un país socialista. En primer lugar, soy de los que piensan que no es posible construir el socialismo en un solo país, menos aun con el dominio global, aun muy fuerte aunque decadente, del imperialismo norteamericano, que además tiene contrapeso en otras dos potencias que también son capitalistas, como Rusia y China (con predominio, al menos en China, del capitalismo de Estado). Estas dos potencias se alinean con las fuerzas antiimperialistas por razones menos ideológicas que geopolíticas. Otros países gobernados por fuerzas antiimperialistas como Cuba y Vietnam, han iniciado la recuperación de formas de la economía capitalista que de todos modos existían de manera solapada, tanto por fenómenos internos como por la inversión extranjera, como el caso del turismo en Cuba, donde la participación del capital privado español es notable desde hace años.

Pero además, en la economía venezolana juegan un papel de primera línea los grandes capitales privados. Para abril de 2010, la banca privada se abrogaba 68,7% de la cuota del mercado y la seguía la banca pública o estatal con 31,91%. Esta proporción ha variado muy poco. De junio de 2016 a junio de 2017, la banca venezolana más que duplicó el monto de sus activos, con un crecimiento de 320,3% con relación al mismo lapso del año anterior. En cuanto a esto, hay que agregar el dato de que de los 10 primeros bancos de Venezuela, de acuerdo a sus activos, 7 son privados, con una participación conjunta en el mercado de alrededor del 70%. Esto significa que, dentro de una absoluta lógica del capital, los banqueros son cada vez más ricos y casi todos los demás cada vez más pobres (se exceptúan, por supuesto, los otros pocos grandes burgueses, incluidos los corruptos del Estado y los mantenidos del imperialismo). Al pensar en cosas como esta, me molesto cuando está a punto de agotárseme el papel toilette, sabiendo que un paquete de cuatro unidades se consigue en el mercado capitalista por el equivalente a diez días de mis ingresos.

Hace poco más de un año fui parte de una delegación venezolana que viajó a República Dominicana para un encuentro continental de movimientos sociales. En ese momento escaseaba la harina de maíz pre cocida en Venezuela. Me sorprendió un tanto ver, en un súper mercado de Santo Domingo, estanterías abarrotadas de harina P.A.N. Por supuesto, a Lorenzo Mendoza le importa muy poco que los venezolanos pasemos trabajo, mientras el vende sus productos alrededor del mundo y percibe ganancias de millones de dólares que engordan cada vez más sus arcas. Muchas personas en Venezuela creen que Polar es sinónimo de cerveza y harina P.A.N. Pero en realidad se trata de un monstruo capitalista que produce múltiples marcas de consumo masivo: cerveza y bebidas  no alcohólicas a base de malta; vinos y sangrías; gaseosas (Pepsi y 7up, p/e), bebidas deportivas y energéticas (Gatorade, p/e), arroz, avena, aceite, pastas, margarinas (Mavesa p/e), vinagres, mayonesa, salsas, alimentos del mar, mermeladas, bebidas achocolatadas, helados, alimentos balanceados para animales, jabones, detergentes y suavizantes de ropa; aperitivos (Ruffles, Doritos y Lay’s, p/e). Es decir, cada uno de nosotros, los pendejos empobrecidos, contribuye cada día al enriquecimiento desmedido de Mendoza, consumiendo sus distintos productos. Capitalismo puro, capitalismo salvaje.

Empresas Polar cuenta con la bicoca de 28 plantas y 191 agencias, sucursales y centros de distribución en Venezuela, una planta productora de alimentos en Colombia y otra de malta y Harina Pan en Estados Unidos. Los productos de la organización también se comercializan en otros países de América, el Caribe y Europa.

De modo que no hay que discutir mucho para definir a Venezuela como un país con una economía capitalista y altamente dependiente. Esta es la verdad verdadera y no hay que darle muchas vueltas. Esta definición es imprescindible de cara a cualquier plan económico que se elabore. Por supuesto, también hay tímidos avances en el campo de la economía social, que difícilmente pueden ser la base de las políticas económicas en lo inmediato y en función de la superación de las actuales dificultades o al menos para trazar un plan que nos permita ver la luz al final del túnel.

Uno de los grandes errores del chavismo, desde sus principios como Gobierno en 1999, ha sido la improvisación económica, hecha además con base a ficciones intelectuales de los asesores económicos, Jorge Giordani entre ellos, que hoy anda pontificando contra Nicolás Maduro, como si no hubiera roto un plato. Gallineros verticales, cultivos hidropónicos, cooperativas agrícolas, agricultura urbana, puras fantasías en cuanto a su capacidad para garantizar la soberanía alimentaria. Creo que ha llegado la hora de aceptar la realidad, aunque no nos guste: aquí no se ha construido ningún socialismo. El chavismo siempre ha sido un movimiento patriótico, con importantes logros sociales y vocación de servir al pueblo. Pero en unas cuantas cosas ha fracasado, y es necesario reflotarlo y replantearlo, lo cual es absolutamente necesario para garantizar la permanencia de fuerzas patrióticas en el poder.

¿Qué hacemos, entonces, con esta realidad económica? Una opción del gusto de algunos sería la radicalización absoluta de la gestión económica, nacionalizando la banca y expropiando los grandes capitales, asumiendo el Estado todos los medios de producción y de distribución de mercancías y servicios ¿Es eso conveniente en las actuales condiciones del país? Yo creo que no, eso acentuaría hasta lo máximo los sufrimientos de pueblo y podría acabar con lo poco que hemos logrado en la defensa del presupuesto popular. Es simple: no hemos desarrollado ni remotamente lo suficiente la organización popular ni la economía social como para pensar que podemos sustituir completamente el sistema económico capitalista. Por eso han pasado ya otras revoluciones que cayeron en el error de intentar decretar el socialismo sin que las condiciones estuvieran maduras para ello, como no lo están en el mundo actual.

En la historia del último siglo (1917-2017) hay dos casos emblemáticos de  grandes virajes económicos en medio de importantes experiencias de índole socialista. Uno es el de la Nueva Política Económica propuesta por Lenin en la Unión Soviética, decretada el 21 de marzo de 1921. Esta política, adoptada ante los graves problemas económicos en la naciente revolución soviética, que generaban gran descontento en el pueblo, planteaba el viraje hacia formas del capitalismo de Estado y hacia una economía mixta que permitiera el retorno de algunas formas de la economía de mercado que habían sido dogmáticamente suprimidas, y concitó el rechazo de la llamada “oposición de izquierda” en el partido bolchevique. Este sector se pronunciaba a favor del control férreo y absoluto del Estado en la economía y calificaba la propuesta de Lenin como una traición al socialismo. Lo cierto es que para 1928, cuando Stalin puso fin a la NEP y dio inició a la etapa de los “planes quinquenales”, la producción industrial y agrícola había sido restablecida a los niveles que alcanzaban antes de la Primera Guerra Mundial. También había disminuido el desempleo, aunque igualmente se amplió la brecha entre las clase sociales. Sobre esto último, vale recordar la famosa frase del líder chino Deng Xiaoping, cuando la “oposición de izquierda” en el Partido Comunista de China criticó su idea de apertura al capital extranjero, aduciendo que entrarían a China los vicios del capitalismo: “Cuando abres las ventanas para que entre aire fresco, no puedes evitar que se metan algunas moscas”. Todo tiene sus bemoles. Lo cierto es que la NEP abrió las puertas de la conversión de la URSS en una gran potencia.

 

El otro caso es precisamente el de China bajo el liderazgo de Deng Xiaoping. Con la conducción de Deng, China emprendió las reformas económicas de liberalización de la economía socialista​ que permitieron a este país alcanzar impresionantes cotas de crecimiento económico. A partir de 1978, el sistema de comunas fue frenado progresivamente y los campesinos empezaron a tener más libertad para administrar las tierras que cultivaban y vender sus productos en los mercados. Al mismo tiempo, la economía china se abrió a la inversión extranjera. Ya a finales de aquel año, la empresa aeronáutica Boeing había anunciado la venta de varios aviones 747 a las líneas aéreas de la República Popular China, y la Coca-Cola había hecho pública su intención de abrir una planta de producción en Shanghái. Por supuesto, este viraje hacia una apertura económica tuvo la oposición de sectores de “izquierda” en el PCCH. Las reformas de Deng permitieron a China acceder a un período de prosperidad y la convirtieron en la gran potencia que es hoy, aunque ciertamente se fortalecieron características del capitalismo y se amplió, al igual que con la NEP, la brecha entre las clases sociales. Digamos de nuevo que todo en la vida tiene sus bemoles. Sin embargo, digamos también de una vez que aquellos virajes económicos no estuvieron acompañados de suficientes cambios políticos en el Estado que nosotros podríamos emprender, para no abandonar el camino de la justicia social y del desarrollo de formas de la economía social. Sin duda, nosotros no somos ni la URSS ni China, tenemos nuestras propias condiciones. Precisamente la propuesta de un Congreso Nacional de Economía apunta a establecer los virajes y elementos convenientes en una economía como la venezolana, y la volvemos a dejar en el tapete a ver si alguien puede recogerla y perfeccionarla.

 

La otra opción es el reconocimiento de la realidad que he descrito y emprender una amplia política de liberalización económica acordada con el capital ¿Es esto traicionar los ideales del socialismo? En este sentido, es interesante recordar la experiencia de la Revolución China, en 1949, cuando Mao reconoció que China, siendo un país semifeudal y enfrascado en una lucha patriótica, no presentaba las condiciones para el advenimiento inmediato del socialismo. Es claro que China entonces no presentaba la misma situación de la Venezuela actual, pero lo importante es recalcar con este ejemplo cómo el reconocimiento de la realidad puede conducir a formas creativas de enfrentarlas, más allá de los dogmas librescos e intelectuales. Al fundar la República Popular China, Mao definió el proceso que se abría como de Nueva Democracia, y sobre ello decía: “Esta república de Nueva Democracia será diferente, por una parte, de la vieja república capitalista, al estilo europeo y norteamericano, bajo la dictadura de la burguesía, esto es, la república de vieja democracia, ya caduca. Por otra parte, será diferente también de la república socialista, al estilo soviético, bajo la dictadura del proletariado, república que ya florece en la Unión Soviética y que se establecerá también en todos los países capitalistas y llegará a ser indudablemente la forma dominante de estructura del Estado y del Poder en todos los países industrialmente avanzados. Esta forma, sin embargo, no puede ser adoptada, por un determinado período histórico, en la revolución de los países coloniales y semicoloniales. Consecuentemente, en todos estos países, la revolución sólo puede adoptar en dicho período una tercera forma de Estado: la república de Nueva Democracia. Esta es la forma que corresponde a un determinado período histórico y, por lo tanto, es una forma de transición, pero obligatoria y necesaria”. El 1° de mayo de 1949, el Partido Comunista de China hizo circular un documento en el que se instruía: “Pueblo trabajador de todo el país, uníos, aliaos con la intelectualidad, burguesía liberal, todos los partidos y grupos democráticos, luminarias sociales y otros elementos patrióticos; consolidad y extended el frente único contra las fuerzas imperialistas, feudales y capitalistas burocráticas; luchad juntos para destruir a los reaccionarios del Kuomintang y construir una nueva China. Todos los partidos y grupos democráticos, organizaciones populares y luminarias sociales, convocad rápidamente una Conferencia Política Consultiva para discutir y llevar a cabo la convocatoria de una Asamblea Popular Representativa y establecer un gobierno de coalición democrático”.

En la Venezuela de hoy no está planteado un gobierno de coalición, pero sí, en nuestra opinión, el establecimiento de una gran coalición económica, donde deben participar todas las formas del capital, mientras estén dispuestas a contribuir con la recuperación económica y el avance hacia una Venezuela productiva, y también las formas de economía social que se ha venido instrumentando. Un frente nacional para la recuperación económica que establezca un programa mínimo que atienda diversos intereses y alcance acuerdos equilibrados sobre márgenes de ganancias, costos de producción y precios, sistema cambiario, adjudicación de divisas, política de importaciones, salarios, distribución, inversiones extranjeras, papel de la economía social, etc., en la búsqueda del establecimiento de una economía mixta, más o menos duradero, en las condiciones de un sistema económico capitalista que tienda a la regularización del mercado, la sostenibilidad de políticas sociales, la defensa de la soberanía y la colaboración de clases con acento en los intereses y el bienestar de las clases trabajadoras.

Ciertamente, en casos como el de China, la apertura económica y la recuperación de formas de la economía capitalista no han sido acompañadas de cambios políticos y en el Estado que permitan avanzar en la socialización del poder, el fortalecimiento paulatino de la economía comunal y la descentralización del poder político, y por el establecimiento de nuevas formas de economía comunitaria que compensen, al menos en algo, el avance de los desequilibrios propios del capitalismo, lo cual ha ahondado las brechas entre los ricos y los pobres, y entre el campo y la ciudad. Nosotros tenemos la oportunidad de acompañar la reformas económicas con una reforma a fondo del Estado que apunte a una institucionalización real del Poder Popular, que permita crear el marco para que los trabajadores puedan organizarse a fin de impulsar las formas sociales de la economía (producción y distribución) y ampliar paulatinamente el espacio de la economía social.

Creo que la socialización del Estado puede comenzar con cambios en el poder local municipal. Pongo a la orden mi propuesta a la Constituyente de eliminar la figura del alcalde y de los concejos municipales, y sustituirlos por formas colectivas de gobierno, con candidatos escogidos en asambleas de base y cuerpos colectivos electos en comicios universales y secretos. Todo ello acompañado por una red de  órganos colectivos parroquiales articulados entre sí y con instituciones del Estado nacional y regional. Más detalles de esta propuesta pueden ser conocidos en la Web http://www.nestorfranciaconstituyente.com.

Mis propuestas para el gran viraje revolucionario se resumen en el siguiente axioma: capitalización de la economía, socialización de la política. Por supuesto, un esquema tal no evitaría la lucha entre los distintos intereses de clases, pero sí podría contribuir a que esta lucha no nos conduzca a una guerra destructiva y dolorosa, sino que se avance a estratos superiores determinando las necesidades y medidas de cada etapa. Por supuesto, mientras dormimos con el enemigo, deberíamos tener cuidado de que no nos ahorque en medio del sueño.

Probablemente vendrán ataques desde distintos ángulos. Por las propuestas económicas habrá quien diga que soy un neoliberal, un derechista y hasta un traidor. Por las políticas, algunos me considerarán un radical o un populista. Para otros seré, simplemente, un loco más. Son gajes del oficio.

Como siempre, no me creo dueño de la verdad ni de la razón. Solo someto estas ideas al debate que ha convocado el Presidente. De todas formas mis esperanzas de que se me escuche no son exageradas. Estoy picado de culebra.

Sant Roz y la Campaña Admirable

Risultati immagini per chavismopor Néstor Francia

Mi agudo pana Sant Roz se ha puesto en plan de responder mi artículo “La victoria pírrica”. Muy bien, porque mi principal intención cuando escribo estas cosas es la de forzar los debates que no hacen sino postergarse una y otra vez. Recuerdo cuando Chávez habló de las 3R (¿te acuerdas, pana? Ojalá que sí, porque muchos lo han olvidado), yo traté de impulsar un debate en PDVSA pero aquello de “revisión, rectificación y reimpulso” quedó en nada. Claro, a los sectores burocráticos no les interesa que se llegue ni al primer paso, la revisión, no vaya a ser que comiencen a aparecer por ahí las basuritas que llevan bien escondidas en la entrepierna. Todas esas justas críticas que tú asomas en la segunda parte de tu artículo llevamos años haciéndolas muchos de nosotros. Y no estoy de acuerdo en que nuestros dirigentes no tienen oídos para las críticas, sí los tienen, lo que pasa es que les entran por un oído y les salen por el otro. Por eso me parece muy bien que mi artículo se haya hecho viral y haya despertado un torbellino que me abruma: llamadas, mensajes telefónicos, correos, replicas por distintas vías. Sospecho que mi exigencia de debatir públicamente tantas cosas no son vainas mías, existe un numeroso contingente de chavistas leales y críticos que no nos vamos a seguir calando el silencio acomodaticio y oportunista (no hablo de ti, que sé que eres un arrecho).

Yo no escribo para convencer a nadie. La gente que discierna, que compare argumentos y que se haga su propia idea de las cosas. Pero eso no es posible si se trata de imponer una sola visión de la realidad y hacernos creer que estamos de pinga cuando no es verdad. Lo he dicho y lo repito: el amor del pueblo por el chavismo está en decadencia y si no nos ponemos las pilas esa bella novia se nos puede ir con otro.

Todas las contradicciones se van a profundizar, también las internas en el chavismo, eso es inevitable, pero es un tema para otro artículo que estoy preparando, porque voy a seguir siendo un carro sin frenos, como lo soy desde los 11 años cuando mandé al diablo la religión de mis padres y me afilié a la gloriosa Juventud Comunista.

Otra cosa, hermano, ya cansa un poco eso de estar usando a Bolívar como moneda corriente para justificar todo ¿Cómo se te ocurre comparar la Campaña Admirable con la campaña para las elecciones del 20 de mayo? Aquella fue una campaña guerrera de verdad, llena de grandes sacrificios de vidas, con hombres a caballo, no gozando una bola en unos autobuses cheverísimos de “Somos Venezuela”. No andaban los combatientes tomándose selfies en una marcha, ni bailando al son de cancioncitas electorales. Mantengamos las proporciones, hermano. La campaña electoral pasada fue una vaina típica de la democracia liberal representativa que aun rige en Venezuela en muchos aspectos. No fue Playa Girón ni la batalla de Stalingrado, ni el 13 de abril de 2002. Creo que es muy loable el gran esfuerzo que hizo la militancia y se lo agradecemos, pero tampoco comparemos esto con la Batalla de las Queseras del Medio. Fueron unas elecciones, muy importantes sin duda, pero no más que eso.

Por otra parte ¿Quién dijo que ejercer la función crítica desconoce la lucha de nuestro pueblo contra el imperialismo? ¿No sería bueno discutir sobre el peligro del secuestro por parte de un partido político de las organizaciones populares de base? ¿Acaso no comenzó la caída de la Unión Soviética por allá por los años 30, cuando el Partido Bolchevique terminó de secuestrar a los soviets de obreros, campesinos y soldados para convertirlos en apéndices orgánicos del Estado? ¿Será que podemos debatir sobre estas cosas, será que se pueden abrir las puertas de VTV para ese tipo de debates y no solo para la propaganda repetitiva y carente de encanto e interés? ¿Será que podremos ver más allá de nuestras narices chavistas y divisar al amplio pueblo que sufre en las calles?

Ahora voy a ensayar una serie de juegos de palabras con frases de tu artículo:

Tú dices: “El chavismo hoy, señor Néstor, es la patria no un partido”.

Yo digo: “La patria hoy, señor José, no es el chavismo, es el pueblo”.

Tú dices: “Qué manía esa, la de ciertos camaradas, de tratar de insuflarle ánimo a la derecha (a cuenta de nuestras “autocríticas” melancólicas) para que ésta coja cancha en cada uno de nuestros triunfos y así acabar por arreglárselas para luego volvernos trizas pese a nuestras victorias”.

Yo digo: Qué manía esa, la de ciertos camaradas, de tratar de estigmatizar el debate y la crítica dándole cancha al chantaje de que favorecen a la derecha.

Tú dices: “Cuesta creerlo, sí, es difícil creerlo, que más de seis millones de venezolanos hayan salido a echarle bolas y darle el voto al gobierno que ha recibido más coñazos por parte de ese reducto de miserables del planeta sometidos al chantaje del maldito imperio gringo”.

Yo digo: No cuesta nada creer, es fácil de saber, que los seis millones de votos duros del chavismo es la gran obra de Chávez, que dejó viva esa vanguardia social inconmovible, pero cuesta creer que alguien no se dé cuenta que esa vanguardia no crece, está estancada, y es cada vez más una minoría en medio del pueblo que no deja de crecer. Los venezolanos somos más de treinta millones.

Todo esto te lo digo con respeto, camarada, en ningún modo uso el expediente de matar al mensajero para no escuchar el mensaje, como hacen algunos ¡Un carro sin frenos, me gusta esa definición! No pienso ir al taller mecánico del partido para que me reparen.

Sant Roz, Paravisini, Julio Escalona y los demás, gracias por el debate

Risultati immagini per chavismopor Néstor Francia 

Para mí es un honor que camaradas tan valiosos, inteligentes y revolucionarios hayan participado conmigo en este interesante debate de estos días, después de la publicación en Aporrea.org de mi artículo titulado “La victoria pírrica”. Las ideas han sido planteadas, muchas otras personas han participado y, al menos para mí, ha sido una discusión provechosa y formadora. En ese sentido, deseo referir otros asuntos que se vinculan a lo vivido en estos días.

En Venezuela todos los trabajadores de las ideas tenemos que convertirnos en defensores del derecho a expresarlas y discutirlas. En ese sentido, deseo plantear el peligro que significa la intención de reprimir, con distintas sutilezas, este derecho. Voy a referir casos concretos. En plena campaña electoral escribí un texto crítico en un grupo de WhatsApp de la Asamblea Constituyente. Un Constituyente que ocupa un lugar destacado en una de las comisiones me asomó en ese momento que, en plena campaña, no era conveniente hacer críticas. No me estaba prohibiendo nada, es verdad, solo actuaba con una “recomendación amistosa”, bajo la aceptación pasiva de una aberración metodológica: pensar solo cuando convenga. Una cosa rara es que otro Constituyente, que es un intelectual y expresa sus ideas a diestra y siniestra cada vez que puede, se mostró de acuerdo con esta acción represiva.

Otro caso, más reciente. A raíz de mi artículo-detonante del pasado lunes, un alto funcionario me aconsejó, también amistosamente, que fuera más “prudente”. Otra sutileza para proponerme amarrar mis ideas y no expresarlas, en nombre de no sé qué razón que no me terminó de explicar.

Hace poco tiempo, un muy alto funcionario que conoce mi impronta crítica, pretendió descalificarme en público usando un calificativo irrespetuoso sutilmente deslizado ante las cámaras y los micrófonos. Las miles de lecturas de mi mencionado artículo, todo lo que generó, las numerosas comunicaciones que me llegaron de dentro y fuera del país, casi todas en tono positivo, demuestran que ese intento fue fallido. Esto implica que su errática acción agresiva-pasiva no pudo derrumbar el respeto que me he ganado en muchos años de lucha y de trabajo como pensador y activista revolucionario.

Hay otros ejemplos, pero con estos basta para comunicar formas solapadas de reprimir el pensamiento y obstaculizar el fluir de las ideas con coacciones de diversa índole ¿Qué se persigue con esto? En mi opinión, es una forma de reforzar otra aberración: la intención, de una parte importante del chavismo, de imponer un pensamiento único, sustentado en un discurso construido con frases hechas, consignas, conceptos inamovibles, repetición memoriosa de ideas fijas, una retórica “revolucionaria” e “histórica”, aliñada con gritos, exclamaciones e inflexiones oratorias que tratan de sustituir su vacío conceptual con la apelación a sentimientos primarios de la audiencia, condicionada además por las mencionadas frases hechas e ideas fijas.

La pretendida -y probablemente inútil- intención de coartar el debate contrasta con la recurrencia de la diatriba como forma frecuente de dirimir las diferencias políticas. La diferencia entre la diatriba y el debate es evidente: la diatriba consiste en el intercambio de ofensas y acusaciones, el debate en la confrontación de ideas y posiciones.

En una sociedad revolucionaria avanzada, en la que todo el pueblo contará con una sólida formación cultural y una clara conciencia crítica, el debate será el pan de cada día, y no habrá condicionamientos ni cortapisas para que se desarrolle. Mientras llega esa sociedad ideal, si es que llega, seamos todos defensores férreos del concepto establecido por Mao Tse Tung y evocado más de una vez por Hugo Chávez: “Que cien flores se abran y compitan cien escuelas del pensamiento para promover el progreso de las artes y las ciencias, y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra”.

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