Otra historia de Alí

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En diciembre de 2002 recibí dos llamadas que cambiaron el rumbo de mi vida cotidiana.

Una fue de Lelis Páez, otra de Alí Rodríguez Araque, entonces presidente de PDVSA. Era un momento álgido del sabotaje petrolero, con el carguero Pilín León varado por los golpistas en el Lago de Maracaibo. Ese buque se convirtió en el símbolo de aquella batalla. Lo cierto es que el personal de la Gerencia de Asuntos Públicos de la empresa, que se asentaba en la sede de La Campiña, en Caracas, y que era la que producía la mayor parte de la comunicación de PDVSA, había quedado desolada, ya que la absoluta mayoría de sus empleados, contaminada por el virus antichavista de la alta clase media a la cual casi todos pertenecían, se sumo al sabotaje. PDVSA había perdido su voz pública, y Alí y Lelis me convocaron para que les ayudara a recuperarla.

Lelis y yo armamos un equipo de emergencia, con personal no incluido en la nómina de PDVSA. Convocamos a camaradas y amigos vinculados a distintas áreas de la comunicación: cineastas, periodistas, comunicadores sociales, diseñadores, productores.

Trabajando con las uñas y con el corazón, porque los saboteadores habían desvalijado todo, ese equipo heroico logró dotar a la PDVSA revolucionaria de una comunicación de guerra, que se basó sobe todo en la convocatoria al pueblo a la defensa de nuestra empresa petrolera, de Chávez, de la Patria y del Gobierno Bolivariano.

Fue una lucha ardua, de mucho trabajar y poco dormir. Menos mal que tenía yo más aguante que ahora, era apenas un cincuentón. En fin, un día se decidió grabar un video- mensaje de Alí con motivo del año nuevo. Era el 30 de diciembre de 2002 así que fuimos con un equipo al despacho del presidente de PDVSA. La grabación culminó alrededor de las 11 de la noche y el equipo se retiró, quedándome yo un rato solo con Alí, conversando asuntos de trabajo. En una de esas, el hombre se levantó de la silla y se dirigió a un espacio anexo al despacho, y luego regresó con una botella de vino en la mano, y la guardó en su maletín. Por ser víspera de noche vieja, le pregunté si se llevaba esa botella a su casa para la celebración. Tranquilo, como era su talante, me respondió sin ningún aspaviento ni poses de héroe: “Mi casa ya no es mi casa, y yo ya no soy yo”. Así era el temple de este gran revolucionario, así era la dimensión de su entrega y de su compromiso.

Han pasado varios años. Yo seguiré eternamente agradecido a Lelis Páez y a Alí Rodríguez por haberme dado la oportunidad de participar en esta batalla histórica. Esa experiencia la llevaré en mi pecho como una medalla que me acompañará toda la vida, así como el respeto, la admiración y el afecto por el camarada que acaba de abandonar este plano físico.

PCV, alcaldes, concejales y (des) control de precios

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No entiendo porque Oscar Figuera, el secretario general del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela, anda sufriendo por algo tan anacrónico como unas elecciones municipales, no parecen cosas suyas. Yo acepto que alguien trate de convencerme de que los comicios del 9 de diciembre son algo “importantísimo” (y hasta podría asentir, sin creerlo, para no darme mala vida) pero no que se preocupe tanto así, pues el resultado ya es conocido: la abstención será alta y arrasará el chavismo, no puede ocurrir ninguna otra cosa.

Según Figuera, “La abstención es una amenaza y esto obliga a los sectores que participan a hacer un gran esfuerzo. Desde el Partido Comunista de Venezuela hemos buscado fortalecer y profundizar todo lo referente a lo organizativo y movilización previo a los comicios”. Bueno, yo no siento que eso sea una amenaza de nada, no para mí. Más bien lo vería como una confirmación de mi idea de que las alcaldías y los concejos municipales son estructuras caducas que mientras más pronto desaparezcan, mejor para todos. Por supuesto, si usted presenta candidatos y tiene puesta alguna esperanza en que los concejales son vitales para la Revolución, entiendo sus cuitas, pero mi esperanza reside más bien en que se acelere la decadencia del Estado antiguo que dichas estructuras representan.

Más de Figuera: “Hay un estado no precisamente de motivación y alegría pero la gente debe entender que son fundamentales, pues van a elegir a la persona más cercana a los requerimientos de su comunidad”. Bien, en esas palabras hay tanto verdad como confusión.

Es cierto que el estado de los venezolanos ante esas elecciones es de desmotivación, lo cual no puede ocultarse detrás de un simulacro electoral de una fuerza política relativamente numerosa y bien organizada: el PSUV. Sin embargo, en honor a la verdad, en ese ensayo solo participó la minoría disciplinada que lo hará igualmente el 9 de diciembre. Si alguien se molesta por esto que digo, lo invito a que conversemos el día 10, para demostrarle que estoy en lo cierto.

Por otra lado, eso de que los venezolanos “van a elegir a la persona más cercana a los requerimientos de su comunidad” es confundir el ser con el deber ser. No, camarada, un concejal no es la persona más cercana a los requerimientos de la comunidad, eso es tan obvio que no voy a perder tiempo argumentándolo. Muy por el contrario, haga usted una encuesta y sabrá que la mayoría de los ciudadanos ni siquiera sabe para qué diablos sirve un concejal.

He escrito varias veces sobre estos temas, así que voy a permitirme la pedantería de auto citarme. Yo creo en la dialéctica, en la lucha de contrarios, en el poder transformador de las contradicciones en volcánica erupción. El 27 de mayo pasado escribí en Aporrea.org (“Discurso de Maduro y gran viraje revolucionario”): “Todo quedará claro, los escenarios ineludibles, que se alimentan de los hechos concretos, se impondrán, pasará lo que ha de pasar. Lo dije y lo sostengo: las elecciones no resuelven nada. Lo dije y lo sostengo: viene la eclosión de un maremágnum de contradicciones, incluidas las que se dan en el seno del movimiento revolucionario. Lo dije y lo sostengo: lo que viene es joropo, la paz es una ilusión, el socialismo un desiderátum, la economía seguirá navegando en medio de una tormenta incrementada, cada vez más dura, al menos en lo inmediato… El predecible agravamiento inmediato de la situación económica, sobre todo de la asfixiante inflación que flagela al pueblo trabajador, obliga a dejar ya -¡ya!- el triunfalismo y someternos a un examen profundo que nos permita abordar lo único que puede salvarnos del naufragio: un viraje radical, de 180 grados, en la gestión de gobierno y en las políticas y el discurso de la vanguardia. Esto requiere que abramos la mente, nos saquemos el casete desgastado que nos paraliza y apliquemos de verdad-verdad la máxima robinsoniana: o inventamos o erramos… La paz solo puede garantizarse si hay una reconciliación con el pueblo de a pie, con los proletarios y con las clases medias empobrecidas, si crecemos exponencialmente en el apoyo popular”. Ese crecimiento no se va a dar a través de elecciones -figura para mí tan deleznable como inevitable en este momento histórico-, sino como resultado del avance del Poder Popular, del Estado Comunal, a contravía del Estado burgués dominante.

Los alcaldes y los concejales forman parte de un concepto al cual me referí también en ese mismo artículo: “El Estado burgués que perdura entre nosotros privilegia la gestión gerencial individual, y los sistemas de control, igualmente burocratizados, son ineficaces y a menudo igualmente corruptos. De manera que para combatir este flagelo se necesita un cambio radical del Estado, que apunte al crecimiento exponencial de las formas de poder colectivas y de participación ciudadana”.

Yo accedí a la Constituyente en elecciones, es verdad, pero con base en una propuesta que me confirma como lo que soy, un desadaptado y además el hombre invisible, ya que casi nadie ha volteado a ver esa propuesta, a pesar de que la he hecho circular por diversas vías ¿Será que estoy equivocado? ¡Pues que alguien me lo diga, por favor, porque la verdad es que a mí ni me ignoran!

He propuesto instaurar una estructura piramidal con instancias sectoriales y parroquiales activas del Poder Popular que tuviese en su ápice un Consejo Municipal Popular en forma de gobierno colegiado con presidencia anual rotativa. Y no doy más detalles, porque se cansa uno de andar repitiendo lo mismo (aunque algunos son felices haciéndolo, y hasta les da réditos).

Yo me pregunto ¿qué han hecho los alcaldes y los consejos municipales para ayudar al control de la abusiva especulación con los precios de los productos de la cesta básica? Y si alguno ha hecho algo ¿ha sido eficiente, ha obtenido resultados que puedan considerarse trascendentes y perdurables? Sobre eso hablé en el programa “Como ustedes pueden ver” del 19 de agosto de 2018. Allí opiné, sobre este tema del (des) control de precios, que “el Gobierno no tiene suficiente capacidad y el pueblo no tiene suficiente poder. Le pregunté a Hernández Montoya si sabía cuántas panaderías había en Caracas y me respondió que una vez se puso a contar las panaderías que hay solo en Catia y no llegó a terminar. Es obvio que el Gobierno no posee esa capacidad de control ¿Y en cuanto al pueblo? En mi parroquia, por ejemplo, los consejos comunales no pasan de ser organismos gestores, los CLAP solo reparten comida y las Ubch básicamente organizan marchas y elecciones, pero el poder real de los ciudadanos es muy limitado. Los especuladores y bachaqueros se aprovechan de estas debilidades”. Por eso te escribo esta carta.

Como ves, querido camarada Oscar, parece que mis prioridades, en este momento, son distintas a las tuyas. No importa, pasa hasta en las mejores familias. Quien quita que mi mente débil esté desvariando.

Intervención militar en Venezuela no está más cerca, sino más lejos ¿Por qué España anda en lo que anda?

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Hay algunos analistas que siguen hablando de la inminencia de una intervención militar foránea en Venezuela. Yo diría que están equivocados, y no porque yo lo diga, sino porque las señales de la realidad hablan de todo lo contrario: esa posibilidad, en este momento, parece alejarse.

Esto ya lo asomé en un artículo que publicó el portal Aporrea.org el 10 de septiembre pasado (“¿Intervención militar en Venezuela? ¡No por ahora!”), en el cual asenté que “Es correcto mantener el alerta amarilla comunicacional contra la posibilidad de una intervención militar foránea en Venezuela ordenada por Estados Unidos, así como extremar las medidas de preparación de la guerra del pueblo contra cualquier invasor extranjero. De allí a pretender que la invasión a nuestro país es inminente hay un buen trecho”. Para ello presenté variados argumentos, que si alguien quiere conocerlos, lo remito a este trabajo que he citado. Ahora se suman nuevos elementos que refuerzan mi suposición.

No es un asunto menor la nueva posición que ha venido delineando el gobierno español de Pedro Sánchez, que se distancia del extremismo anti venezolano que venía mostrando la administración encabezada por Mariano Rajoy. Antes de entrar a considerar las posibles razones de este “golpe de timón” de la política exterior de España respecto a Venezuela, repasemos las más recientes expresiones del canciller de ese país, Josep Borrell, las cuales sugieren que España tiene previsto dar un drástico giro a su posición sobre Venezuela durante el consejo de ministros de Asuntos Exteriores de la UE que se celebra en Luxemburgo hoy lunes 15 de septiembre, al día de escribir este artículo. Borrell ha dicho que defenderá ante sus homólogos europeos la necesidad de mantenerse firme ante “el régimen de Nicolás Maduro” en la defensa de “la democracia y los derechos humanos”, pero que apostará por el diálogo en lugar de las sanciones como principal vía para promover soluciones políticas en nuestro país. Una vía tal, si se confirma, puede chocar con la administración de Donald Trump, que está endureciendo por momentos su presión sobre Venezuela, pero el actual disenso entre Europa y Trump sobre diversos temas no es noticia nueva.

Según Borrell, “el nuevo Gobierno español va a poner más, si cabe, el énfasis en la necesidad de encontrar soluciones políticas a la situación en Venezuela que no se van a resolver únicamente con base en sanciones”. Y Federica Mogherini, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, también ha señalado la necesidad de buscar la solución política en el seno de la sociedad venezolana, tal como declaró el pasado 25 de septiembre: “Todos sabemos que una solución sostenible a la situación actual solo puede venir de dentro de Venezuela… La única salida es una solución política negociada”. Esto no es “paja loca” de la italiana. No muchos, en el seno de la alianza imperialista, están dispuestos a embarcarse en una aventura en nuestro país que podría desembocar en un conflicto de dimensiones colosales y de consecuencias
impredecibles. En el mundo actual, la masa “no está para bollos”, como se dice entre los venezolanos.

A su llegada a Luxemburgo, Borrell declaró que “La posición de España es la misma de la de la alta representante: no puede haber una solución que pase por la intervención militar.
La solución tiene que salir siempre a través de un acuerdo entre venezolanos, a través de un proceso democrático, es la primera cosa que tenemos que dejar claro los europeos”, Y agregó que los ministros europeos hablarán de “mediación”, pero que “no se trata de mediación sino de una facilitación del diálogo, para ver si es posible encontrar una solución que no resulte en dramática evolución de la situación que está viviendo Venezuela”.

Lo cierto es que España está colaborando con la apertura de canales de comunicación con el gobierno venezolano. El secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Juan Pablo de La Iglesia, se ha reunido desde hace al menos un mes con representantes del Gobierno y de la oposición, así como con las empresas españolas con intereses en el país, según ha informado la agencia de noticias Europa Press. Los contactos también se repitieron en Nueva York, durante la Asamblea general de la ONU.

Los cambios que se vienen dando en la posición de España no deberían ser casuales. Todo parece indicar que se ha producido un discreto diálogo entre los dos gobiernos, probablemente promovido por el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, quien es compañero de filas de Pedro Sánchez en el PSOE, y no descarto que en esas conversaciones hayan participado representantes del sector electoralista de la oposición venezolana, aunque el ex candidato Henry Falcón lo haya negado tajantemente. Juramento de político no lo cree necesariamente ni el propio Dios ¿Tendrá algo que ver el viaje de Lorent Saleh a España con ese probable diálogo? Son demasiados cabos para que no dejen de asaltarme tales elucubraciones.

En todo caso, otro factor interesante es que los sectores electoralistas de la derecha criolla se han venido deslindando, tímida pero visiblemente, de los sectores extremistas que representan hoy por hoy personajes como Antonio Ledezma, María Corina Machado, Julio Borges, Luisa Ortega Díaz y otros. Ya se sabe que factores como Acción Democrática, Copey y Avanzada Progresista, el partido de Falcón, se muestran partidarios de un cambio de tácticas que implicaría dejar atrás el radicalismo, que hasta ahora los ha perjudicado políticamente, y decantarse por participación electoral en el camino de la acumulación, reagrupación y organización de las fuerzas opositoras, para tratar de convertirse en opción en el mediano plazo.

La más reciente encuesta de Hinterlaces señala una mejoría en el posicionamiento público nacional del gobierno de Nicolás Maduro, mientras que la oposición política va de mal el peor. Ni los numerosos opositores de a pie la respetan o apoyan. Ese es otro dato: sin una conmoción social interna, la intervención armada sería difícil de justificar.

Todas esas cuentas las sacan afuera. Por supuesto, las amenazas y planes de intervención armada persisten y no podemos descuidarnos. Tal como dije en mi anterior artículo aquí citado, “de todas formas, de cualquier malla sale un ratón, así que hacemos bien en dormir con un ojo abierto y otro cerrado, pero es casi seguro que este año pasemos una Navidad en sana paz ¿Y después? ¡Vamos a ver pa’ ver!”.

Castro Soteldo, la burguesía y Chávez

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El pensamiento dogmatico simplón de algunos ha cargado contra Wilmer Castro Soteldo, extrayendo con pinzas una frase de este en una intervención que duró quince minutos, en su programa “Cultivando Patria”. La frase en cuestión fue: “Debemos ir a la construcción de una burguesía revolucionaria y transformadora que alcance los estadios de liberación económica de nuestro país”. Voy a reconocer que la frase en sí misma puede parecer confusa, pero solo si se saca del contexto de toda la exposición, método simplista que he sufrido yo mismo alguna vez: se concentra el “debate” en una palabra y se obvia el marco de referencia que apunta a lo nuclear del discurso.

Las palabras “pecaminosas” de Castro Soteldo fueron expresadas luego de referir fragmentos del libro del escritor venezolano, Orlando Araujo, "Venezuela violenta" en el cual este analiza a la burguesía nacional, sus divisiones y sus roles históricos. Castro, sustentado en Araujo, apunta a las diferencias entre una burguesía parasitaria, rentista, improductiva, y una nacionalista y productora.

Se puede estar o no de acuerdo con Castro Soteldo, pero nadie puede negar la justeza de su propuesta de un debate harto necesario: “El tema de la burguesía nacional es un concepto que nos hemos limitado en debatir y este momento que vive la Patria hace necesario ese debate”. En mi opinión, se trata de un debate de índole estratégica.

En su exposición, Castro hace referencias al desarrollo histórico de una burguesía parasitaria y latifundista, enriquecida con el aprovechamiento de la renta petrolera y de la renta de la tierra, y la diferencia con sectores productivos de la burguesía nacionalista, señalando que esta última es una fuerza viva a la que la revolución debe abordar. Agrega que ese sector de la burguesía más bien necesita la intervención del Estado y de una alianza con el mismo. Plantea Castro la exigencia de una alianza entre el pueblo organizado, el Estado y sectores productivos privados ¡Pecado mortal, según los portaestandartes de una supuesta defensa de algo que ellos llaman el “legado de Chávez”! Lo hacen, por cierto, prescindiendo del pensamiento real de Chávez, asignándole al gran líder ideas imaginarias contrarias a las que realmente expresó y practicó.

Como trato de fundamentar las cosas que digo en realidades y no en especulaciones construidas artificiosamente en mi pobre cerebro, voy a ir a la fuente original, a Chávez mismo (cuando especulo, que también lo hago con gusto, lo aclaro de entrada, lo llamo “elucubraciones”).

¿Qué decía Chávez de la burguesía y su papel en la Revolución Bolivariana, en torno a las tareas del desarrollo productivo del país? Voy a remitirme a un importante evento que tuvo lugar el 11 de junio de 2008 en el Gran Salón del Hotel Alba Caracas y que fue denominado “Reimpulso productivo. La inversión es Venezuela”. Acaso se sorprenderán algunos por la pluralidad del público presente en el acto. Veamos.

El acto del Hotel Alba Caracas se inició con un audiovisual titulado “Rumbo a los cinco años de crecimiento sostenido y significativo”, en el cual se expresa claramente que “En el Plan Simón Bolívar apuntamos que el nuevo modelo productivo estará representado por las empresas del Estado, las empresas de la economía social y las empresas privadas”. Es decir, se trata del tipo de alianzas a las que se refiere, sin lugar a dudas, Castro Soteldo.

Después, en su discurso para la ocasión, Chávez elogio efusivamente “a los industriales y empresarios que contribuyen a forjar la riqueza de este país y que comprenden la necesidad de que el capital cumpla su responsabilidad social”.

El Comandante Histórico afirmó que “para graficar esta línea estratégica del Programa del Fomento Productivo, perfectamente nosotros podemos hacer alianzas con los sectores privados, y conformar una red de empresas mixtas para desarrollar aguas abajo todo lo que es la siderúrgica, metalmecánica, etcétera”. Y también: “vamos a seguir pues, dándole vigor a la inversión social, infraestructura, energética, petrolera, agrícola, industrial, agroindustrial, y repito, los invitamos a todos a que nos juntemos, juntemos potenciales, juntemos fuerzas para avanzar más rápido en el marco del proyecto socialista, que es el Estado, es la economía política, la política económica, es la repolitización de la economía, el sector privado nacional, nacionalista”.

Añadió Chávez en su discurso: “Respetamos el sector privado. Ahora, el sector privado debe estar regulado por el Estado, debe estar regulado, y coexistiendo con el Estado, y en el marco de las leyes, las regulaciones que imponga el Gobierno legítimo, y en debate permanente, en debate permanente; y en evolución permanente de esas condiciones de regulación”- Coexistencia regulada, el concepto es diáfano, indubitable.

Ahora bien, prepárense los dogmáticos simplones, les va a dar un infarto cuando les recuerde expresiones de Chávez en aquella ocasión, presentadas con ese estilo llano tan venezolano que lo caracterizaba: “¿Aquel no es Braulio Álvarez que está allá? Braulio, ¿cómo estás? Es una alianza estratégica ahí con Cudemus, con Pérez Abad, con Mendoza, tienen a Braulio y Mendoza, una alianza táctica, estratégica más bien”. Y además: “Por eso qué bueno ver allá al guerrillero Braulio Álvarez, ahí al lado de Mendoza y de Escotet ¿no? Somos iguales pues, somos iguales; quitémonos de la cabeza aquello de que los blancos son superiores a los negros, o los ricos superiores a los pobres, somos iguales”.

Chávez nunca dejó de llamar a todos los sectores a la unidad nacional en pro del bienestar de la Nación y del pueblo. Recordemos sus palabras en la madrugada del 14 de febrero de 2002, después del golpe de Estado, cuando se dirigió a los principales demiurgos de aquella intentona, los dueños de medios de comunicación privados, con un crucifijo en la mano, y los llamó a la reflexión porque “este país también es de ustedes”. Ese era el verdadero pensamiento profundo de Chávez, amplio, amoroso, creativo, abarcador. En el mismo discurso varias veces citado, dijo: “Yo creo haber demostrado a lo largo de estos años, firmeza, sí, debo tenerla, pero acompañada de la flexibilidad necesaria, no soy para nada dogmático, no me aferro a ningún dogma”. Esto debería ser una buena lección para todos nosotros.

Uno de los problemas de los dogmáticos simplones es que asumen que el mundo está en sus cabezas y desprecian el principal dato a tener en cuenta para el análisis: la realidad, terca, invencible, insustituible, reacia a sujetarse a las páginas de los libros, a las teorías, a los juegos de la limitada mente humana. Esto hace que actúen obviando una necesidad que tiene este país, y con lo cual creo que estamos todos en deuda: la caracterización desprejuiciada de nuestra realidad. Yo he ensayado algún intento en ese sentido, corto, defectuoso, necesitado de profundización y desarrollo: Venezuela es un país capitalista con un gobierno popular y nacionalista, ejercido por una tendencia antiimperialista, que propone una estrategia socialista, a través de un proceso de TRANSICIÓN. Destaco este último término porque estoy de acuerdo con las aproximaciones de Chávez y Castro Soteldo en el sentido de propugnar alianzas con sectores de la burguesía nacional que estén dispuestos a coexistir con nuevas formas de la economía y modos de producción, siempre bajo el papel rector del Estado. Ese es el fondo del planteamiento de Castro que quiere ser
obviado acudiendo a su reducción a un calificativo que no representa el meollo del concepto central de una exposición que encierra el llamado a un debate necesario.

En fin, lo principal que destaco de la intervención de Castro Soteldo es esa convocatoria al debate de estos temas, sin prejuicios, sin dogmas, de cara al país. Yo he hecho una propuesta que sostengo: la realización de un Congreso Nacional de Economía, un evento no vinculante, que convoque a todos los factores económicos del país, públicos, populares, privados ¡A todos! para debatir ante el país temas que vayan desde la confrontación de los modelos económicos hasta la posibilidad de acuerdos posibles para contribuir a la recuperación económica bajo los términos de la Constitución Bolivariana, que es anti monopólica pero que reconoce y respeta la existencia de la propiedad privada de medios de producción, así como otras formas de producción, públicas, sociales y mixtas. En economía también vale la máxima robinsoniana: o inventamos o erramos.

Carta abierta al idiota Donald Trump

Nessun testo alternativo automatico disponibile.por Néstor Francia

“Trump no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una

hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada” (Parafraseo de Macbeth, Acto V, Escena V, William Shakespeare)

My moron Donald:

Antes que nada recibe mi saludo irrespetuoso y chocante. Quede así claro que a ti, a decir verdad, no te quiero bien. No estoy hablando de imperialismo, de altísima burguesía monopolista, de racismo, de sexismo, ni de tantas otras horrorosas cualidades que te adornan. Hablo más bien de tu sonrisita cínica, de tu insufrible voz de ardilla atrofiada, de tu prepotencia de catirito gringo ricachón, de tu malcriadez, de tu ordinariez, de tu ignorancia, de tu extrema mezquindad, de tu indolencia. No me gustas para nada, nadita de nada. Eres humanamente incorrecto, el peor error de Dios.

Como ves, Donald, soy muy subjetivo, parcial y prejuiciado cuando hablo de ti. Me conforta el hecho de que te llamas igual que el famoso pato de Walt Disney, quien es muy decente de la cintura para arriba, pero anda sin pantalones, por lo cual se le verían todas sus partes, si las tuviera. Él es asexuado, tú, de acuerdo a las malas lenguas, un depravado con el pito chiquito y mal polvo, según ha confesado la actriz porno  Stormy Daniels, con quien tuviste un asuntito en 2016 y que ahora te ha llevado a climas judiciales tormentosos (“stormy”, precisamente).

Ciertamente, a ti también se te ven tus partes, no las genitales, sino tus podridas partes oscuras de asesino en masa, no puedes esconderlas. Hasta ahora, las circunstancias han impedido que tu locura belicista genocida se desate, aunque enseñaste un botoncillo en Siria.

Cuando los internautas del futuro accedan a Wikipedia y busquen tu nombre, tu referencia como político ocupará apenas algunas pocas líneas, pero destacarás probablemente como inventor de una máquina del tiempo fallida: quieres que todos regresemos a los años 80 del siglo XX, cuando Estados Unidos quiso enseñorearse definitivamente del mundo, devenido supuestamente el “fin de la historia” tras la implosión de la Unión Soviética. Sueñas con la recuperación de la trasquilada hegemonía de tu Imperio decadente, repartes sanciones, proclamas amenazas, fanfarroneas con el poder económico y militar de tu crítico país.

Ubícate, Donald, ese mundo fantástico y pretérito que anhelas con nostalgia se acabó y no volverá. Tú mismo te desnudaste, como el emperador del famoso cuento aquel, cuando aprobaste tu principal consigna de campaña electoral: “Make America Great Again” (“Que América sea grande otra vez”), con lo cual reconociste, de una buena vez, que tu “América” ya no es lo que solía ser. Si dices “quiero ser flaco otra vez”, es porque estás gordo. No, Donald, ya no eres el guapetón omnipotente del barrio humano, no volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar. El mundo es y será multipolar, como lo prefiguró tu némesis Hugo Chávez.

En fin, te presentaste en las Naciones Unidas (ese nombre es un mal chiste) a vociferar una vez más, y ante el mundo volviste a amenazar a mi Patria. Si te atreves, te derrotaremos como lo hizo David con Goliat, con una honda. Con una honda conciencia, con una honda dignidad, con una honda valentía.

Tuyo, jamás

Néstor Francia.

El steak de Nicolás y Cilia

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De verdad que las pendejeras en que caen algunos opositores radicales son de antología. Por las redes digitales (me niego a llamarlas redes “sociales”) se ha armado un escándalo porque Nicolás y Cilia estaban comiendo carne en Turquía, por una invitación que le hizo un Chef turco a su restaurante, considerado de lujo en aquel país. O sea, el Presidente no estaba gastándose el dinero de Venezuela en ese condumio, sino disfrutando de un homenaje que le hiciera un admirador.

El odio y la satanización de los chavistas es un hábito de esos extremistas, que se ha acrecentado en la misma medida de su horrible frustración, porque han hecho de todo para tumbar a Maduro y nanai nanais, el hombre sigue ahí. Se fue Kuczynski, se fue Rajoy, se fue Santos, y el nuestro sigue allí. Han ensayado guarimbas, sabotajes, bloqueos, sanciones, linchamiento mediático, marchas, remarchas y recontramarchas y… ¡nada! Esto me recuerda unos versos del poeta Aquiles Nazoa, escritos después de varios fracasos de Estados Unidos en su intención de poner un satélite artificial en órbita: “¡Le quitan tornillos / le ponen centavos/ le alargan la mecha / le acortan el rabo / y el bicho, señores / ¡El bicho clavado!”.

Pues, bien, les voy a decir algo a esos escuálidos hipócritas, que en estos días hasta me amenazaron de muerte a mí y a mi familia porque escribí un artículo que su analfabetismo funcional no entendió: el próximo asado negro que se me atraviese por ahí, me lo voy a devorar sin compasión ¡Ahora resulta que es pecado comer carne, como si viviéramos en un eterno Viernes Santo! ¿La supuesta razón? ¡La “crisis humanitaria” de Venezuela! Pues bien, voy a tener que odiar a mi vecina chavista, una guajira cheverísima, porque ayer me la encontré de lo más efusiva porque se había comprado en Quinta Crespo un corte de solomo y medio kilo de carne molida.

Mi amiga Adelaida, la hermosa hija de Jóvito Villalba y su esposa Ismenia, me dijo una vez que ella nunca dejaba comida en el plato porque había mucha gente pasando hambre (vivíamos en la Cuarta República, en la que la mayoría de los venezolanos pasaba el hambre pareja y nunca en la OEA se habló de “crisis humanitaria”). Me pareció una idea acertadísima, porque encerraba la comprensión de que comer completo es una compensación humana ante la extendida miseria del mundo, que es culpa precisamente del Imperio y la clase social admirados por los escuálidos radicales hipócritas.

Y volviendo a Aquiles Nazoa, digamos que “Cosas que no son ley, siempre resultan un fiasco”. Los mismos escuálidos extremistas hipócritas que critican a Nicolás y a Cilia, por degustar una carne que se ve del carajo y provoca clavarle el diente, admiran con embeleso a Lorenzo Mendoza, un tipo cuya fortuna en 2014 se calculaba en 2.7 millardos de dólares (y sigue creciendo) ¿Qué comerá Lorenzo? ¿Qué beberá? ¿Y por qué con tanta plata no le echa una rebajadita a la cerveza para ver si es verdad que quiere tanto a los venezolanos?

¿Tiene más derecho Lorenzo que Nicolás de meterse una buena papa? ¡A él no tienen que invitarlo, más bien quien invita es él, el muy acomodado!

El colmo es que ahora el chef turco que invitó a Maduro está siendo igualmente satanizado en las redes y ya ha comenzado el acoso y el señalamiento a un restaurant que posee en Miami ¡Son los mismos que hablan de “democracia”, “libre empresa”, “libertad de elección” y otras paparruchas inventadas por la burguesía para justificar sus ya decadentes desmanes!

Que sigan sufriendo, pues me late que Maduro va a seguir allí cuando se haya ido Trump, como pasó con Obama

¡Presidente, Cilia, buen provecho!

Venezuela, New York Times, Almagro, Grupo de Lima

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Los acontecimientos recientes refuerzan la opinión que emití hace algunos días en el sentido de que la probabilidad de una intervención militar inminente en Venezuela es muy baja, por este año creo que podemos esperar una Navidad en paz. El año que viene ya se verá.

Las contradicciones en el seno de los enemigos externos del país son evidentes, parecen un calco de la situación de la oposición venezolana, con todos sus factores tirándose de las greñas políticas, difiriendo en las tácticas aunque compartiendo la misma estrategia: derrocar a Maduro y dar al traste con la Revolución Bolivariana, con el imperialismo norteamericano a la vanguardia.

Empecemos con el reporte del Comité Editorial del New York Times, publicado en ese diario el pasado día 12 del mes en curso (“Stay Out of Venezuela, Mr. Trump”). Este texto editorial refleja, primero que nada, las profundas contradicciones actuales que se desarrollan en la potencia del Norte, con altas cotas de polarización y de impopularidad de Donald Trump, un colosal obstáculo para que pueda iniciarse alguna intervención militar de Estados Unidos en el mundo, a menos que convenza a algún aliado o se den las condiciones para una coalición internacional, ambas posibilidades minimizadas por los errores que viene cometiendo la administración de Trump en el plano geopolítico.

El NYT plantea, primero que nada, una posición supuestamente de “principios”, al acotar que “es inquietante que Donald Trump y sus asesores tomaran la decisión correcta por las razones incorrectas: la falta de confianza en que los conspiradores tuvieran éxito en un operación riesgosa, y no la preocupación por la idea de una intervención en sí misma”. Sin embargo, más adelante el diario neoyorquino muestra una preocupación mucho más pragmática: “¿quién quedaría a cargo en caso de un proceso de transición política? ¿Qué tipo de gobierno aspirarían a instalar?”. Este es el mal sabor que ha quedado después de las intervenciones, directas o indirectas, en países como Ucrania e Irak, que han generado mayor inestabilidad y problemas que los que se pretendía resolver. En Venezuela, esa angustia de la derecha exógena se ve multiplicada ante la realidad de una oposición casi inexistente, desmembrada, atomizada, acéfala y absolutamente incapaz, por ahora, de ninguna otra cosa que no sea la aventura terrorista, expediente en el cual no han conocido más que el fracaso.

El NYT refiere además la dolorosa historia de las intervenciones yanquis en América Latina y el Caribe, que -y esto lo acoto yo- ha acentuado el de por sí ya tradicional espíritu antiimperialista de los pueblos del continente, alimentado por el pensamiento de nuestros héroes históricos encabezados por Simón Bolívar.

También apunta el diario a la imagen negativa que proyecta Trump en el mundo, al opinar que “El presidente de Estados Unidos no tiene mucha credibilidad ni buena voluntad para trabajar con la región mientras esta busca una solución a la pesadilla venezolana”.

Por supuesto, el NYT bendice otras formas de intervención por las vías diplomáticas y sancionatorias. Pocos días después de publicada esa nota editorial, se aparece Luis Almagro con su
declaración promotora de la intervención militar en nuestro país. Este tipejo, enfermo de odio hacia la Revolución Bolivariana, promueve el desangramiento violento de Venezuela, mientras habla de “ayuda humanitaria”. Pero a su cinismo le salió muy rápido el tiro por la culata. Debe haberse sorprendido cuando el mismísimo Grupo de Lima le salió al paso a su declaración belicista, en un comunicado en el cual se expresa “su preocupación y rechazo ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar o el ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza en Venezuela”. Por supuesto, esto no es un reflejo de algún escrúpulo de estos gobiernos, que no dijeron ni una sola palabra condenatoria tras el magnicidio frustrado contra Nicolás Maduro. Es solo conveniencia, posición táctica de gobiernos impopulares agobiados por sus propios problemas, rechazados por sus pueblos, que no están en condiciones de embarcarse en ninguna aventura bélica, menos en Venezuela, donde los recibiríamos a plomo limpio, tal como
ellos lo saben.

También se pronunció, en ese mismo sentido aunque por razones diferentes, el presidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal), el dominicano Manolo Pichardo, quien afirmó que “El actual jefe del organismo regional no guarda las formas al asumir posiciones contrarias a los Gobiernos que no son de las simpatías de los Estados Unidos y actúa de manera complaciente a favor de aquellos que proceden bajo los intereses de aquel país”.

Así pues, el insufrible Almagro quiso hacer una gracia y le salió una morisqueta, sumando un fracaso más a su incontrolable inquina contra Venezuela, que tiene varios episodios fallidos en la OEA. El “pobre” está siendo víctima de la profundas contradicciones entre sus socios de la derecha, tanto venezolana como internacional, y que les atan de manos frente a un país como el nuestro, que pasa por muchas dificultades pero gobernado por una fuerza política masiva que se ha manejado con habilidad y entereza, y sobre todo con demostrada decisión de hacer respetar el sagrado suelo de la Patria.

Claro, y como siempre digo, de cualquier malla sale un ratón. No podemos dormirnos en nuestros laureles ni bajar la guardia frente al tigre de papel, que sigue siendo fuerte y agresivo, a pesar de sus múltiples problemas.

Los pensionados y el derecho a la protesta

Immagine correlatapor Néstor Francia

Coincidiendo con la visita a Colombia del canalla Luis Almagro, que santificó una probable intervención militar foránea en Venezuela, ubicándose a la derecha del mismísimo New York Times, el ministro de defensa del país vecino, Guillermo Botero, cargó contra la protesta popular, que ha de expandirse irremediablemente en esos predios.

Botero afirmó que “Con los dineros ilícitos corrompen y financian la protesta social… detrás de eso siempre están mafias de verdad, mafias supranacionales de diferentes países que lavan el dinero con habilidad y vuelve al país por diferentes vías, a través del contrabando”. Inmediatamente la oposición colombiana tronó contra el ministro, después vinieron hipócritas “explicaciones” del presidente Duque y del propio Botero, que no convencen a nadie.

¿Será que ha de convertirse en moda continental el querer vincular la protesta con el delito transnacional? En Venezuela no hemos llegado a eso, pero si queremos que siga siendo así, hay que oponerse sin ambages a cualquier intento de criminalizar las protestas. El buen ejemplo lo dio el Gobierno venezolano al responder convenientemente a la huelga de hambre de un grupo de campesinos representantes del movimiento de la Marcha Campesina Admirable. El mal ejemplo lo dio igualmente el Gobierno, por boca además del propio presidente Maduro, al abonar este a la matriz inducida por algunos opinadores de que los pensionados quieren cobrar en efectivo para contrabandear con los billetes. El Presidente dijo que hubo personas que le insinuaron eso y que él no lo creía ¿Y si no lo cree, porque lo difunde?

En una entrevista que me hizo Vladimir Villegas, le expresé precisamente una opinión en torno a este tema, asomando que hay susceptibilidades que debemos superar en este país. En todos los países hay protestas y todos los gobiernos cometen errores, no es nada del otro mundo, no es algo extraordinario ¿por qué entonces no asumirlo con normalidad, por qué andar buscando pretextos y cargando las culpas siempre a otros? Todo este barrullo sobre el tema, incluyendo mi artículo que levantó roncha, mal leído por algunos, surgió de lo ocurrido el 1° de septiembre, cuando grupos de pensionados protestaron pacífica y democráticamente tras errores de información cometidos por el Gobierno y por los bancos.

En todo caso, justa o no, la protesta pacífica es un derecho inalienable del pueblo que no puede ser criminalizado y que está consagrado en nuestra Constitución en artículos como el 57 y el 61. El primero establece que “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión” y el segundo que “Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y a manifestarla, salvo que su práctica afecte su personalidad o constituya delito”.

Por otra parte, el Gobierno, en vez de asumir el error comunicacional que cometió, lo cual no es ningún pecado mortal, trata de buscar culpables fuera de su seno, cayendo así en otro error que es práctica común. En vez de disculparse y corregir, y en todo caso explicar debidamente las verdaderas y comprensibles razones por las cuales se limita la entrega de efectivo, se insinúa que las acusaciones de algunos escribidores se justifican por el hecho de que hay pensionados que trafican con nuestra moneda.

Yo no dudo que una muy exigua cantidad de pensionados pueda delinquir de esa manera, también algunos jóvenes, hombres, mujeres, militares, guardias nacionales, funcionarios públicos y bípedos en general, no por ello vamos hacer señalamientos públicos incorrectos, si alguno de esos sectores se manifiesta pacíficamente cuando crea que sus derechos están siendo vulnerados. Se puede argumentar que alguna protesta pacífica no se justifica, pero no por ello se va a reprimirla o a criminalizarla (que es otra forma de reprimirla).

La verdad verdadera es que el grueso de los pensionados no tiene nada que ver con el contrabando de moneda. Busquen más bien en los bancos públicos y privados, primero que nada, que es donde se mueve masivamente la moneda. Investiguen a dueños de bancos, a gerentes bancarios, a cajeros ¿O acaso esa gente que se atrapa con centenares de millones en efectivo se surten con los pensionados?

Tengo algo absolutamente claro: no estoy en la Constituyente representando ni al Gobierno ni al PSUV, sino a quienes me eligieron, los pensionados de la región capital, y es mi deber insoslayable dar la cara por ellos, no importa los desafectos que ello pueda generarme. No soy monedita de oro pa caerle bien a todos (Chávez dixit). Me alegra que otro representante de los pensionados, David Paravisini, haya compartido públicamente la opinión de que lo que generó las protestas fue la desinformación proveniente del Gobierno, no porque fuera esa la intención, sino porque erró al tratar de informar. Ignoro si algún otro Constituyente de nuestro sector ha opinado sobre esto. En todo caso, que cada quien asuma su responsabilidad.

¡Muerte a los pensionados!

Risultati immagini per marcha PSUV[Para que quien lea no caiga por inocente, se subraya que este escrito es de corte sarcástico, NdR]

por Néstor Francia

Estoy muy feliz de que varios escribidores estén poniendo a estos viejos usureros en su lugar ¿Qué
culpa tienen el Gobierno y los bancos de que esos decrépitos no sepan usar las redes sociales por
medio de las cuales se les informó debidamente que el sábado 1° de septiembre no abrían los
bancos? ¡Qué aprendan esos loros viejos! ¿Qué quieren, que les rindamos pleitesía? ¿Qué han
hecho para querer merecer tanta atención, más allá de trabajar toda una vida para que hoy
tengamos lo que tenemos? Acepto que levantaron con sus manos la industria petrolera, que
construyeron los edificios, que dejaron la vida en las fábricas y los campos para enriquecer a los
poderosos, que hicieron posible que muchos de sus hijos estudiaran, fuesen hasta la universidad y
hoy sean señoritos académicos, técnicos, intelectuales que escriben artículos para defendernos de
su avaricia y su traición. Okey, le echaron bolas, es verdad, pero eso es porque tuvieron la suerte
de nacer, eso lo hubieran hecho otros si hubieran nacido.

Viejos contrarrevolucionarios ¿De qué se quejan? ¿De tener que pararse de madrugada, hacer
colas bajo el sol y la lluvia, sin nadie que les acerque ni una botellita de agua, sin desayuno muchos
de ellos? ¿De qué se quejan, si los viejos de todas maneras casi ni duermen? ¿Qué culpa tiene la
Revolución de que les duelan las rodillas y las espaldas, y les den vahídos? ¿Acaso son culpables el
Gobierno y los bancos de su deterioro físico, de su degeneración celular? ¿Por qué no pagan en los
puntos de venta? ¿Cómo es eso de que quieren efectivo porque en esos puntos de venta cobran
hasta tres y cuatro veces más caro que en dinero contante y sonante? ¿Qué culpa tienen el
Gobierno y los bancos de que los comerciantes se burlen de ellos? ¿Qué culpa tiene la Revolución
de que cuando reclaman, los comerciantes los maltratan y los mandan a llamar a Maduro? ¡Viejos
peseteros, pichirres!

Malagradecidos, deberían callarse y estar sumisos, ya que la Revolución está gastando ese poco de
real en ellos, que ni siquiera se lo han ganado, la mayoría no son más que obreros y campesinos
que trabajaron toda la vida echando pico y pala, manejando herramientas, lavando pocetas y otros
trabajos palurdos que no aportaron nada al país, como sí lo hicieron los empresarios, los técnicos y
los universitarios, esos sí, brillantes e inteligentes, con razón ganaron siempre cuatro y cinco veces
más que ellos, y hoy algunos están muy bien jubilados o disfrutando de los bienes que adquirieron
con el sudor de esos viejos inútiles.

Y algunos de esos viejos, que hasta se fueron jovencitos a las montañas a luchar contra los
gobiernos de la cuarta, hoy quieren que se les trate con guantes de seda ¡Avaros, roñosos,
capitalistas!

Yo voy a proponer la semana que viene en la Constituyente un decreto para que se acabe con esa
plaga de los vejestorios. Que organicemos a la juventud para que los empujen a los rieles del
Metro, donde hacen años que no pagan pasaje ¡Aprovechados, oportunistas! Que los echen al
Guaire, que los eliminen. De todas formas afean la calle con sus arrugas, sus bastones, su lentitud,
viven atravesados mientras los que andamos siempre apurados (¿?) tenemos que calárnoslos.

¡Muerte a los pensionados!
¡Chávez vive, que se mueran los viejos!
¡Se morirán y venceremos!
¡Independencia y Patria sin viejos!

Atentado, Gobierno, oposición, Constituyente, pueblo

Risultati immagini per marcha admirable campesinapor Néstor Francia

El atentado del 4 de agosto fue fallido no solo porque el Presidente salió ileso, sino además porque termina favoreciendo en principio y políticamente al Gobierno. No solo se confirman las advertencias que se ha venido haciendo sobre el peligro de la ultraderecha fascista dependiente del imperialismo, sino que además se favorece el llamado al trabajo y la recuperación del país por las vías pacíficas y constitucionales: la mayoría de los venezolanos rechazan la posibilidad de que se desate en nuestro país alguna espiral de violencia y muerte como las que han azotado a otras naciones. Y digo “en principio” porque la derecha criolla -que no había reaccionado hasta el momento de escribir estas líneas- probablemente va a tratar de imponer la matriz del auto-atentado, y de obligar al Gobierno a mostrar nombres y señas de los detenidos y otras evidencias, y de convertir esto en un asunto de la palabra del Gobierno contra la de sus enemigos.

En todo caso, el atentado de la avenida Bolívar no tiene porque significar grandes cambios en la situación nacional general. Tiene la apariencia de ser un hecho aislado, a menos que se conviertan en rutina los eventos terroristas, pero mientras eso no suceda, los problemas, las propuestas, las controversias, los debates y la correlación de fuerzas seguirán siendo básicamente las mismas que imperaban el 3 de agosto. Si el terrorismo se instaura como táctica permanente, habría que reformular cualquier análisis.

El cuanto al Gobierno, habrá de seguir explorando los caminos que conduzcan a la recuperación económica y a la solución de otros problemas acuciantes como, por ejemplo, el transporte y la salud. La Nada, es decir la oposición, seguirá tratando de sobrevivir a duras penas mientras busca la manera de sabotear aunque sea en algo la acción del Gobierno y de descifrar el modo de reconectarse con la realidad nacional, en medio de su división consumada, sus muestras de ineptitud rampante y su redimensionada carencia de liderazgos y propuestas. Se diría que peor no le puede ir.

En el momento actual, la gran fortaleza del Gobierno es evidente: domina con largura todos los poderes públicos y se sustenta en el único factor político con real y vasta fuerza nacional, el PSUV (con la compañía del Gran Polo Patriótico) y de su base social que está organizada, convocada y activa, conformando una primera minoría inmensamente superior en el terreno de lo cualitativo.

En esa situación, el Gobierno y el chavismo en general tienen casi todas las cartas en la mano para enfrentar la difícil situación, tal como lo ha planteado el presidente Maduro al criticar el lloriqueo, la asignación permanente de culpas a terceros y exigir más acción concreta para adelantar soluciones. Inclusive en el plano internacional se percibe cierto repliegue de la derecha, con la OEA y el Grupo de Lima con más bajo perfil, aunque se han incrementado las sanciones, pero estas tendrán un efecto limitado si no se ven acompañadas de alguna conmoción interna, como ha ocurrido con Cuba y el bloqueo de Estados Unidos.

También seguirán actuando los amplios sectores críticos a lo interno del chavismo (los públicos y los soterrados), exigiendo cambios y corrección de errores en la gestión, en el estilo de Gobierno, en las ejecutorias del principal partido, el PSUV y en el discurso oficial.

El Gobierno, gracias en buena parte al accionar de la Asamblea Nacional Constituyente para garantizar la paz coyuntural y decidir los adelantos de elecciones, ha sido beneficiado con el tesoro del tiempo (y hay que reconocer al Presidente y a la dirección revolucionaria su tesón, capacidad de trabajo y gran habilidad política). El Gobierno tiene tiempo, pero no tiene todo el tiempo del mundo, tendría que mejorar en muchas cosas.

A la Asamblea Nacional Constituyente parece llegarle el momento de plantearse los necesarios cambios constitucionales pendientes, sobre todo aquellos que se refieren a la transformación profunda del Estado y al real empoderamiento del pueblo y su conversión en verdadero factor protagonista del momento histórico.

En cuanto al pueblo, sigue manteniendo un encomiable nivel de paciencia y conciencia que le ha permitido sobrellevar las dificultades sin caer en las provocaciones de los violentos. No tiene, en este momento, nada que esperar de nadie que no sean el Gobierno y el chavismo, son la única opción real y actual para conducir al país hacia mejores derroteros. Es lo que todos deseamos para bien de Venezuela, ojalá se pueda. Eso sí, nada está escrito, nada está garantizado, solo se podrá superar este camino de espinas con las virtudes bolivarianas del trabajo, la conciencia y la paciencia ¿Podremos? Eso está por verse, es el deseo de todos los venezolanos de buena voluntad. Es verdad que solo el pueblo salva al pueblo, pero siempre necesita acertada conducción y ayuda de sus vanguardias.

Al Presidente Maduro y a su familia les extiendo mi palabra de aliento y solidaridad. Él sabe que estos riesgos son parte del paquete, ojalá salga siempre con bien como ocurrió ayer en la Avenida Bolívar.

Néstor Francia, Maduro y el pensamiento burgués

Risultati immagini per marcha admirable campesinapor Néstor Francia 

En los días recientes, los revolucionarios que ejercemos el DEBER de la crítica hemos recibido nuevos, sutiles y eufemísticos ramalazos desde instancias del Poder. Yo no paro en mientes, porque he decidido hacer el necesario trabajo que no hace la multitud de conformistas, propagandistas y aduladores incrustados en el chavismo: ser carro sin frenos, piedra en el zapato y ladilla china, como he dicho más de una vez. Al grano.

El presidente Maduro soltó el 16 de julio una perla que, en realidad, reproduce una de las ideas favoritas y más cuestionables del pensamiento burgués. Ya va a saltar algún chavista inmamable a decir que he afirmado que el Presidente es burgués. No, hijo, lo que digo es que una idea suya específica abreva en la ideología burguesa. Y me voy de argumentos, pa que no digan.

Aseveró Maduro, en la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad: “No puede haber universidades graduando miles y miles de profesionales en carreras que no tienen nada que ver con el desarrollo del país”. A su juicio, en Venezuela se debe dar prioridad a “las carreras que tienen que ver con el desarrollo económico industrial, agroindustrial, agrícola, científico, técnico, y tecnológico del país”. Y luego, salvándose un tilín, se refirió también a los estudios relacionados con “los derechos de la salud, de la educación, de la cultura, de la vivienda”. Hablar de educación y cultura acaso ayudó a sacarle un tanto las patas del barro que mostró su idea de las carreras prioritarias. Esto requiere, inevitablemente, de aclaratorias históricas.

El encumbramiento del pensamiento racional y científico fue una de las principales banderas de la burguesía emergente que se pondría al frente de la Revolución Francesa en la segunda mitad del siglo XVIII, amplia conmoción política que abriría las puertas al posterior dominio del capitalismo en el mundo. Esta ponderación de la Ciencia y la Razón tuvo dos razones fundamentales. Una de ellas fue la necesidad de la burguesía de generar nuevas herramientas tendientes a expandir su poder económico. Entre el Alto Renacimiento, antecedente inmediato de la revolución burguesa, y el siglo XVIII, llovieron los inventos que favorecieron la manufactura de mercancías, la navegación comercial y el comercio en general: la imprenta de tipos móviles, el tornillo, el astrolabio, la regla de cálculo, la turbina de vapor, la máquina de sumar, el billete de banco, la máquina de vapor extractora, la barrena sembradora, el motor de vapor, la máquina de vapor con pistones, el octante, el sextante, la máquina de hilar, la máquina de tejer, la trilladora mecánica, la máquina de coser, la turbina de gas, la prensa hidráulica y otros. La otra razón, vinculada directamente a la primera, fue el enfrentamiento a la Escolástica, manifestación epistemológica de la dictadura cultural del clero aliado de la nobleza feudal. La Escolástica concebía como objetivo principal y último del conocimiento la exégesis de la Biblia, lo cual era una manera de mantener el oscurantismo intelectual inmovilista que le permitía sostener sus privilegios feudales, como la posesión de extensos territorios y tierras laborables donde se explotaba el trabajo semiesclavo de los siervos. La burguesía se levantó contra la Escolástica  en una lucha radical en el terreno de la epistemología con el objetivo de promover el conocimiento científico que le permitiera perfeccionar los medios de producción que apuntalaran y acrecentaran las riquezas que había acumulado por medio del comercio, la manufactura y el manejo de las finanzas.

Una vez que se instauró el capitalismo, la sobrevaloración de la razón humana y de las ciencias dio paso al establecimiento de una “nueva Escolástica”, el positivismo, corriente burguesa que preconiza precisamente el predominio de la razón y la ciencia sobre cualquier otra forma del conocimiento humano. En el libro de mi autoría Antichavismo y estupidez ilustrada me refiero a ese fenómeno: “los científicos y racionalistas pasaron a ser los sustitutos de los sacerdotes en esta especie de nueva religión que conformaba el positivismo”. Y otra cita de ese libro, acaso un poco larga pero necesaria, que plantea cómo el movimiento conocido como Romanticismo fue una de las primeras manifestaciones humanas contra la dictadura burguesa del positivismo: “su defensa de lo irracional, lo vital, lo emotivo ante el cientificismo positivista, que se convirtió en la tendencia predilecta del capital, mantuvo despierta una llama de rebeldía humana ante la crueldad inhumana de los poderes explotadores. El planteamiento del problema del conocimiento por parte de los románticos es lo que confiere a esta tendencia su carácter histórico más notable. El romanticismo afirmó que la intuición y la imaginación eran vías tanto o más válidas que la razón para conocer la realidad y acercarse a ella. La importancia de esta acción ideológica es fundamental. Al asignar a la razón y al conocimiento científico la exclusividad sobre la captura de la realidad, el positivismo creaba una barrera elitista para favorecer todo conocimiento académicamente adquirido, sólo accesible a la clase dominante. Pero por otra parte, desconocía algunas de las armas más poderosas de la sabiduría popular, como por ejemplo la intuición y la imaginación. De manera que los románticos pusieron sobre el tapete una discusión de importancia cardinal, y por eso mismo su influencia positiva se extiende hasta nuestros días, ya que si el positivismo hubiese reinado sin obstáculos (cosa que por lo demás hubiese resultado de todas formas imposible) probablemente avanzaríamos sin remedio a un mundo de soluciones mecánicas, deshumanizadas, sometidas al arbitrio sin remedio del individualismo más feroz, donde la sociedad, manejada por mentes “brillantes” y aisladas, marcharía como un mecanismo de reloj, tan previsible y tan inorgánico. También fueron los románticos precursores de una apertura del universo intelectual europeo hacia culturas milenarias consideradas marginales y al mismo tiempo sintetizadoras de una sabiduría ancestral, acumulada a lo largo de una experiencia colectiva de larga data o enraizadas en una relación directa del hombre con su medio originario”.

Es evidente que el pensamiento humanístico (en el buen sentido de la palabra) ha sido el rector de las más grandes revoluciones mundiales. Todos los grandes líderes religiosos hoy recordados fueron tributarios del humanismo: Buda, Mahoma, Jesús, ninguno de ellos fue un científico ni un tecnócrata. Los principales maestros de Simón Bolívar fueron dos grandes humanistas: Andrés Bello, filósofo, poeta, filólogo, traductor y educador; y Simón Rodríguez, educador, escritor, ensayista y filósofo. Bolívar era un hombre muy inteligente y probablemente, de haber sido educado en las ciencias, alguna gran invención habría aportado, pero sin su formación humanística, con seguridad no hubiera sido El Libertador. Además, Bolívar recibió la influencia directa de los grandes pensadores de la Revolución Francesa, como Rousseau, quien fue músico, filósofo y escritor, y también botánico y naturista, disciplinas estas últimas en las que destacó en menor grado, y Montesquieu, filósofo y ensayista.

Son los trabajadores del pensamiento humanista quienes han garantizado el legado de la Historia de la Humanidad. Sin los historiadores sabríamos muy poco de los tiempos pasados, de las luchas y los logros de los pueblos. En cuanto a la gran importancia que tienen para los humanos los escritores, artistas y poetas baste con señalar estos hechos: ¿cuántas personas comunes recuerdan a Miguel de Cervantes como autor del Quijote y cuántos a Felipe II y Felipe III como reyes en aquella España? ¿Cuántos reconocen a Leonardo Da Vinci como autor de la Gioconda y cuántos como inventor del anemómetro?

Hay una pregunta clave en este tema ¿Ha sido el predominio de la ciencia y la tecnología en los siglos recientes una fuente de bienestar para la Humanidad? ¿El “progreso” científico y tecnológico en el contexto de la errática civilización dominante nos ha acercado más al cielo o al infierno? ¿Es mejor este mundo individualista en el que nos han colocado aparatos electrónicos por todas partes para sustituir con pantallas las miradas, la amistad que se crea en la proximidad física y el amor como intercambio directo de palabras y gestos?

Y otras interrogantes: ¿Son las grandes potencias industriales como Estados Unidos, Rusia y China modelos para nosotros, con sus altas cotas de contaminación ambiental, sus crecientes brechas sociales y sus culturas cada vez más individualistas? ¿Queremos ser como ellos? ¿No sería mejor recuperar nuestros grandes valores ancestrales basados en el amor por la naturaleza y en el predominio del espíritu?

Yo no desdigo de la ciencia, una actividad humana con logros innegables en campos como la salud, con avances en la detección y la cura de terribles enfermedades. Pero la ciencia y la tecnología no pueden ser prioritarias ante los valores espirituales, concebirlo así no serviría sino para reproducir el meollo de lo que estamos supuestamente combatiendo. El bienestar espiritual es el gran objetivo de la Revolución, sin dejar de promover el bienestar material.

El Presidente no debería preocuparse tanto por este tema, para todo hay talentos y vocaciones, en todo caso la presión social en la perspectiva de que las carreras técnicas son más rentables, lleva a que en los países capitalistas esté aumentando el número de estudiantes que se decantas por esas carreras. Medios estadounidenses publicaron recientemente que es la primera vez en sus casi 400 años de historia que la Universidad de Harvard cuenta entre sus alumnos con más estudiantes de ciencias -concretamente, de ingeniería y ciencia aplicada- que de humanidades. En concreto, la facultad de artes y humanidades cuenta con 746 matriculados, mientras que SEAS (Harvard’s School of Engineering and Applied Sciences) ha admitido a 775 estudiantes.

En cuanto a lo que atañe a las vocaciones, si alguien no tiene vocación ni talento para un oficio determinado, terminará siendo un profesional mediocre. Tengo una interesante experiencia personal: como hijos de un hogar pobre, mi finado hermano Arnaldo y yo resolvíamos el homenaje del Día de la Madre elaborando nuestros regalos con recursos propios. El apelaba a lo que le ofrecía de gratis el entorno y elaboraba ingeniosos objetos. Recuerdo, por ejemplo, un cochinillo fabricado con un limón, ramitas, alambre y semillas. Yo, por mi parte, simplemente le escribía a mamá unas rimas ingenuas y candorosas para expresarle mi amor. Arnaldo terminó estudiando ingeniería y yo Letras ¿qué tal?

Yo no pienso, en este sentido, como el Presidente. Para mí el mayor problema actual de Venezuela es la decadencia ética, la pérdida de valores del espíritu, el materialismo, el pragmatismo y todas esas plagas que nos ofrece la sociedad clasista. No quiero un país potencia, quiero un país amoroso, solidario, fraterno, honesto, decente. Privilegio el crecimiento poético sobre el crecimiento económico. Prefiero un país pobre y amable que un país rico y odioso.

Yo lucho por un final de todo esto en el que prive la aseveración del gran poeta francés Isidore Ducasse, apodado el Conde de Lautreamont: “La poesía debe ser hecha por todos”, por eso es que lucho, esa es para mí la única Revolución, a fin de cuentas y llegados algún día al escalón superior.

Venezuela y el reino de la incertidumbre

Immagine correlatapor Néstor Francia

Hay conceptos con los que me relaciono de una manera diferente a como lo hace la mayoría de las personas sensatas. Uno de ellos es el de la incertidumbre, que tengo en mejor consideración que las certezas, que no suelen producir sino conformismo y estancamiento. La incertidumbre, pariente directo de la duda, ha sido, desde siempre, uno de los detonantes principales de los avances humanos en cualquier sentido, y de las grandes ideas. Claro, yo no tengo grandes ideas, en la medida en que carezco de talentos especiales, así que lo que me espera después de mi partida es cenizas y olvido, pero no soy el tema de este artículo, para fortuna de todos.

Venezuela es reino de la incertidumbre. Adonde usted vaya será el mismo ritornelo: las quejas por lo que la mayoría percibe como una situación de anomia y de inacción. Aquí no se trata, como he dicho más de una vez, de si esta situación es real o no, sino de lo que la mayoría percibe, y en política la percepción es lo que decide las conductas de la gente,  a fin de cuentas. 

En la mayoría hay desazón, desesperanza, molestia. Hay la minoría consciente, militante, cercana al 30% de la población -no es poca gente- que mantiene viva, con esfuerzo, alguna llama de optimismo, pero aun allí crece el fantasma de la duda, es lo que he percibido en asambleas de esa vanguardia a las que he asistido. Allí trato de alejarme del presídium, si es que me toca, y acercarme codo a codo a los de abajo, para sentirlos, escucharlos, descubrir sus inquietudes, que son iguales, relativamente, a las que bullen en el pueblo llano no militante, es decir la mayoría.

La situación anímica del pueblo es revelada por la más reciente publicación de estudios de Hinterlaces, que no pongo en duda, no solo porque  casi siempre son acertados, sino porque además coinciden con otros estudios confiables a los cuales tengo acceso. El 53% adjudica la responsabilidad de las dificultades económicas al Gobierno y solo el 39% a la guerra económica o a las sanciones de Estados Unidos. Al preguntársele a la gente si confía o no en que en esta nueva etapa pueda el Gobierno resolver los problemas, el 51% dice no confiar y el 48% afirma que sí. No es tan malo, pero no admite empeoramiento, la tendencia dominante es a no confiar.

Me asombra pero no me sorprende la lectura que hace el medio oficialista privado VEA de otra cifra del mismo estudio, reveladora de que el 58% de los venezolanos prefiere que sea Maduro quien resuelva los problemas y solo el 39% que lo haga un gobierno de la oposición. El diario VEA resuelve esto con un llamado de portada que reza: “Confían en Maduro para ganar guerra económica” y luego cita los números de Hinterlaces. Es una interpretación banal, manipuladora e interesada de los números, no es periodismo, es propaganda. El mismo estudio con el que justifican el titular ha dejado claro  que solo una minoría cree en el argumento de la guerra económica y que la mayoría no confía en que el Gobierno pueda resolver los problemas ¿Se sigue creyendo que con propaganda se puede ocultar la realidad? Ok, sí se puede, pero no se debe, es mejor sincerarse ante el pueblo, asumir sus verdades y opiniones, compartir sus angustias y dejar de andar pensando que la gente es pendeja y va a comprar mensajes gastados, repetitivos y poco creíbles. Información veraz, se le llama.

Lo que realmente revela la cifra que VEA manipula es que en la Venezuela de hoy no hay alternativas, el chavismo es aparentemente la única opción real de poder. La mayoría sigue definiéndose como no alineados, pero son más los que desconfían de la oposición que quienes desconfían del chavismo. La oposición está pulverizada, desintegrada, con su imagen por el piso. No es que confíen en que el Gobierno pueda resolver los problemas, sino que es el único que podría hacer algo, en el sentido de que no se ve ni de cerca que pueda venir otro gobierno.

La verdad es que la dirigencia chavista está haciendo de tripas corazón para mantener la esperanza y ahora está hasta promoviendo debates, ante el hecho irrefutable de que estos se están dando y se seguirán dando, no porque nadie lo quiera o lo decida, sino porque van aflorando y desarrollándose  todas las contradicciones, también las que preví se desatarían con fuerza, en articulo de comienzos de este año, aquellas que existen entre el Estado y el pueblo, y en el seno del pueblo así como al interior del movimiento revolucionario.

He estado en dos debates el viernes 20 y el sábado 21 pasados, en mi carácter de Constituyente. El del viernes pudo desarrollarse apenas una hora, ocupado todo el tiempo en llegadas tarde de la gente (incluidos los dirigentes, por supuesto), discursos, instrucciones, acto cultural, plenarias antes y después de las “mesas de trabajo”. Por supuesto, no hubo tal debate, solo enumeración de propuestas. Algo parecido pasó el sábado. Allí al menos la gente se desahogó, presentó numerosas quejas e hizo algunas propuestas de distinto tenor. Ignoro que saldrá de estos experimentos, pero lo que sí es cierto es que el impostergable debate está ocurriendo en la calle, en medios no oficiales, en corrillos y reuniones informales, en redes digitales y va a continuar, más allá de las consignas, las frases hechas, las certezas acomodaticias y todo lo que huela a espectáculo político y mediático.

El mundo todo vive en caos e incertidumbre. Todas las contradicciones están en efervescencia, por todas partes, en todos los países, en todos los movimientos sociales. Entre poderes hegemónicos y poderes emergentes, entre poderes imperiales y fuerzas anti hegemónicas, entre ricos, menos ricos, pobres y menos pobres, entre los derechistas mismos, entre los izquierdistas mismos, entre los socialistas mismos, entre los capitalistas mismos. La incertidumbre reina, sí señor, también en Venezuela ¿Qué saldrá de todo esto? ¿Se acerca un gran cambio civilizatorio o el trágico final de todo el cuento humano? ¿Y en nuestro país, alguien sabe a ciencia cierta qué nos espera? ¡A mí que me registren!

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Centro Cultural Tina Modotti Caracas

Promoción de la cultura y arte Hispanoamericana e Italiana. Enseñanza y educaciòn.

Racconti di quasi amore

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Documentazioni "Un altro genere di comunicazione"

Esercizi spirituali per signorine

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