Presidente Maduro: debate rectificador, hechos más que palabras

L'immagine può contenere: una o più persone e follapor Néstor Francia

“Necesitamos generar procesos con la experiencia que tenemos, para expandir las tendencias positivas del funcionamiento del poder popular y comunal, necesitamos pasar de la letra, de las palabras, a los hechos”

Nicolás Maduro, 16 de mayo de 2019

Yo creo que el presidente Maduro tiene claro el hecho, tan socorrido a lo largo de este proceso, de que hace falta una revolución dentro de la revolución. Lo que pasa es que eso no basta, si fuera fácil ya se habría hecho. Para empezar, él solo no puede. ¿Cuántos intentos fallidos encabezó Chávez en ese sentido? Voy a ayudar a que refresquemos la memoria, antes debo expresar mi preocupación por el escaso eco que ha tenido ese tema del “debate rectificador” en distintas instancias oficiales y políticas del chavismo, más allá de las asambleas donde se hizo diagnósticos y propuestas que existen desde hace tiempo, como demostraremos más adelante en este artículo.

El Presidente hizo varias alusiones y planteamientos importantes en torno al asunto en su intervención del pasado 16 de mayo en el “Jueves de Vivienda”. Revisé al menos cuatro primeras planas de diarios oficiales del día viernes 17 y en ninguna de ellas hay alguna referencia o llamado a esas puntualidades presidenciales (Correo del Orinoco, Ciudad CCS, Ciudad Valencia y Ciudad Maracay). Es posible que se le haya dedicado un espacio interior al tema, pero creo que una propuesta tan trascendente del Presidente de la República merecería estar entre los primeros issues informativos del país. No puedo opinar sobre el tratamiento que se le ha dado en canales y emisoras del Gobierno, ya que muy poco sintonizo los medios audiovisuales tradicionales. Soy como los muchachos de ahora, me informo y me entretengo básicamente por Internet. La temporada 8 de Game of Thrones la he visto por HBO Go, el streaming de esa cadena televisiva.

Ni en la sesión plenaria de la Asamblea Nacional Constituyente del miércoles 15 ni en la reunión de la Comisión de Comunicación del jueves 16 de mayo se mencionó, ni siquiera de pasada, el asunto. En los varios grupos de Whatsapp de la Constituyente de los cuales formo parte el tema existe muy poco o nada ¿Será que se cree que con un debate de fin de semana fue suficiente? No es eso lo que pienso yo, lo cual no tiene mayor importancia, pero tampoco lo piensa así el presidente Maduro: “Hay que abrir dinámicas nuevas, que haya entusiasmo, contagiando de energía a las bases populares de todos los barrios, de todos los organismos, de todas las comunidades, redes, relación permanente (…) hay que generar nuevas dinámicas, por eso es que quiero encontrar el punto clave, para arrancar un poderoso proceso de reimpulso” (16/05/19).

Chávez también planteaba los debates rectificadores como un proceso permanente: “Rectificación como producto de la revisión. Es bueno siempre profundizar en el contenido de las palabras para que no se nos quede en una consigna; ¡No! es una actitud vital de todos los días, vamos a revisar todo (…) Como consecuencia de la revisión, determinaremos lo que está bien, lo que está mal, lo que se hizo, lo que no se hizo, y eso es un proceso” (Aló Presidente, programa No 299, 6 de enero de 2008)

Para mí, que ejercito de manera permanente el debate y la crítica, es muy gratificante que el Presidente conciba esta tarea bajo la figura de un plan: “Aristóbulo, Diosdado, que me escuchan, compañeros, les pido que hagamos un esfuerzo superior, porque yo quiero que el Plan Nacional de Cambio, Renovación, y Rectificación arranque lo más pronto posible, con una energía renovada y concreta para generar grandes cambios en el país, para combatir la burocracia, la indolencia, la corrupción, lo mal hecho” (16/05/19) ¿Será escuchado, será seguido? ¿Le daremos todos a la rectificación la misma y crucial trascendencia que le asigna el líder? Ojalá así sea, aunque confieso que me ataca la duda, por aquello de que quien fue picado de culebra, cuando ve bejuco se espanta. Es hora de recordar los intentos frustrados de Hugo Chávez.

No sé cuántos de los lectores recordarán aquello de los Cinco Motores que planteó Chávez. No se presentó como un plan de rectificación sino de reimpulso, pero para realizarlo se hubiera requerido cambiar muchas cosas. El gran líder instruyó la activación de lo que llamó los “Cinco Motores Constituyentes”: Ley Habilitante, Reforma Constitucional, Moral y Luces, Nueva Geometría del Poder y Explosión del Poder Popular. Y propuso reactivarlos después de la derrota de la propuesta de Reforma Constitucional de 2007., sus palabras no fueron precisamente halagadoras: “Los cinco motores hay que revisarlos. Pasaron a ser cuatro, el primero se fundió: el motor de la Reforma ¡Bueno, habrá que ponerlo en el taller! El segundo, la Habilitante, está en mínimo. Vamos a reactivar ese motor, porque nos quedan seis meses de Habilitante. El tercer motor, Moral y Luces, hay que repotenciarlo. Ese es un motor que debe ser permanente. El cuarto motor: la nueva Geometría del Poder, no pudo arrancar porque ese dependía de la Reforma. Ese motor está parado. El quinto motor: ¡Ah! ese sí ha venido funcionando. Pero tenemos que también revisarlo, rectificarlo y relanzarlo, es la Explosión del Poder Comunal (…) La visión que yo he tenido es que la explosión dependía de la Reforma, así que lo que va a ocurrir no es la explosión, es el incremento progresivo. Tenemos que agarrar un burro, cargar el motor que se fundió, revisar los otros y relanzarnos. Así lo digo con toda mi humildad” (Aló Presidente, programa No 299, 6 de enero de 2008).

Aquí hago un paréntesis para relatar una experiencia personal que puede ser útil en este momento. Cuando Chávez lanzó la propuesta de los Cinco Motores, siendo yo Asesor de PDVSA incorporado en la nómina mayor, presenté un proyecto para aplicar en la empresa el tercer motor, Moral y Luces. El proyecto no tuvo respaldo alguno de la Directiva, que tenía al frente al ahora autoproclamado precandidato presidencial Rafael Ramírez. Es más, ni siquiera hubo una respuesta que no fuera el silencio. Yo insistí, sin embargo, con la ayuda de un grupo de trabajadores revolucionarios de la Gerencia de Asuntos Públicos a la cual estaba adscrito. Pero las dificultades eran muchas, no contábamos con los locales ni los insumos para el estudio colectivo, que era el objetivo principal del proyecto, debíamos realizar las actividades fuera de los horarios de trabajo y hacerlo con las uñas. Nos mantuvimos un tiempo, con círculos, foros, cine-foros. Finalmente, cuando vimos que era difícil convocar al grueso de trabajadores debido a tales dificultades, terminamos por abortar el intento. Poco después, Ramírez designó como gerente de Asuntos Públicos a una persona de su “primer anillo”, un agente político suyo sin ninguna experiencia ni preparación vinculada a la comunicación ni a las relaciones institucionales, que eran las dos atribuciones básicas de esa Gerencia. Este nombramiento coincidió con una rebaja sustancial del presupuesto de la Gerencia. Yo, tratando de cumplir con mi trabajo, hablé con el nuevo ungido y le hice saber de mi larga experiencia en la industria publicitaria, que incluía haber trabajado con varias cuentas de bajo presupuesto. El señor no me llamó para nada y se guardó para sí el privilegio de meter la pata. Burocratismo, verticalismo, autoritarismo ejercido por quienes hoy pretenden dictar cátedra de “chavismo puro” ¿Qué podía hacer yo entonces, si Ramírez era una de las vacas sagradas del chavismo? ¿Burócratas al frente de la lucha contra el burocratismo? ¡Zamuro cuidando carne!

Ahora hablemos de otro intento rectificador de Chávez, las famosas 3R. Aquí le doy la palabra al comunicador Miguel Ángel Pérez Pirela: “Seré pues autocrítico de la autocrítica, para que ésta no se convierta en una moda o una postura ‘políticamente correcta’ (…) Recuerdo con tristeza la ‘moda’ de las 3R. Moda de la autocrítica que ahora debe ser criticada. Moda que se vendió en todas sus salsas: 3R al cuadrado, etc. Me pregunto ¿En qué quedó? ¿Qué sentido tiene la autocrítica si sólo se hace cuando el Presidente la pone en el tapete? ¿En qué limbo se encontraba la autocrítica antes que Chávez la pronunciara de nuevo? (…) Una autocrítica sin reflexión, sin lectura, sin investigación, sin conocimiento de causa, se convierte, sin más, en una piñata a la cual todos quieren darle un palazo, para ver qué juguete le arrebatan a su ‘camarada’” (En “Mosca con la ‘moda’ de la autocrítica”, Aporrea.org, 22/10/2012).

Ciertamente, recuerdo que las 3R no pasaron de ser material para propaganda, para adornar avisos y vallas de entes oficiales, puro bla bla, palabras huecas que no condujeron a nada. Claro que eso no era lo que quería Chávez, pero lo dejamos solo en su intención de reimpulsar la Revolución.

En su intervención conocida como “Golpe de Timón”, el 20 de octubre de 2012, Chávez hizo importantes reflexiones, a la mayoría de las cuales no se les ha dado continuidad, al menos no con la fuerza y con la urgencia que ameritaban y ameritan. Precisamente, el gran líder dijo entonces: “La autocrítica es para rectifcar, no para seguirla haciéndola en el vacío, o lanzándola al vacío. Es para actuar ya, señores ministros, señoras ministras”.

Chávez también planteaba allí la necesidad de la crítica como un ejercicio permanente: “Véanse las caras, véanse los ojos en el espejo cada vez que .vayan al baño o a donde haya un espejo. Yo de primero”. Y para nada recomendaba la conducta complaciente o acrítica: “Triste es que nos quedemos callados, para que no me llamen piedrero. Aquí no estamos de niños de segundo grado ni de la escuelita primaria, este es el Gobierno revolucionario de Venezuela, ratificado por un pueblo hace dos semanas, pero también muy criticado por un pueblo, y con razones”.

Más adelante veremos que esta función crítica del pueblo hacia la Revolución estuvo allí desde el principio, y con el mismo tipo de críticas que hemos escuchado ahora, muy poco ha cambiado en ese sentido, por eso la angustia de Chávez cuando hablaba de la crítica “en el vacío”. Debemos concluir que los procesos de crítica, alentados por Chávez y ahora por Maduro, han sido manifestaciones de uno de los problemas que señala el diagnóstico: ineficiencia.

También planteó Chávez en el Golpe de Timón un asunto nuclear del proceso revolucionario que merece más esfuerzo y decisión para culminar su realización, en la cual se ha avanzado pero de manera aún insuficiente, el tema del empoderamiento popular: “El patrón de medición -dice Meszaros- de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modelo sustancialmente democrático de control social y autogestión general”. Esto tiene que ver con un asunto crucial de la Revolución: la transformación profunda, radical del Estado. Mientras no se generalice el control social y la autogestión general, no será posible derrotar ni el burocratismo ni la corrupción. En ese terreno se aplica la máxima, no siempre bien utilizada, de que solo el pueblo salva al pueblo. Sería injusto decir que no se ha hecho nada en ese sentido, pero no podemos darnos por satisfechos, porque en ello va la vida de lo que estamos tratando de alcanzar.

Creo llegada la hora de un salto cualitativo en la construcción del Poder Popular. No el poder de un partido o de una vanguardia, numerosa, fuerte, pero minoritaria. El poder de todo el pueblo, el rescate para la revolución socialista de la consigna del primer gran intento histórico: “¡Todo el poder a los soviets!” Todo el poder a los consejos comunales, todo el poder a las comunas, todo el poder a las comunidades, todo el poder al pueblo trabajador, que la representación, siempre necesaria en alguna medida, sea manifestación real del poder de base.

¿Cuánto hemos avanzado en el protagonismo popular? ¿Por qué no nos paseamos, solo como un ejercicio, por la posibilidad de que más bien, a partir de cierto momento, hayamos retrocedido? ¿Qué decía Chávez de la forma en que se escogían los candidatos para los cargos públicos?: “Yo lo dije hace varios años, lo ratifico, me niego a que se repita lo que se pasó muchas veces, que al final llegaban a mi Despacho con una lista: ‘Presidente aquí está, estos cuatro ¿cuál es? Escoja usted’ No, me niego. Las candidaturas deben venir como producto de las decisiones de las bases populares y no como producto de reuniones en conciliábulos, acuerdos de un partido con el otro y al final entonces el dedo de Chávez ¡Y el hombro de Chávez pa’ echarse encima a veces más de un bacalao! ¡No! necesitamos liderazgo” (Aló Presidente, programa No 299, 6 de enero de 2008).

Ciertamente en la elección de los constituyentes las bases jugaron un papel relativamente relevante, pero después se volvió al método del dedo para las elecciones de alcaldes y concejales. Se esgrimirá razones, por supuesto, pero dejamos asentado aquí lo que pensaba Chávez del asunto, como contribución al debate.

Hay una medida que en mi caso particular me es útil para considerar el poco efecto práctico que tuvo aquella intervención de Chávez sobre el Golpe de Timón. Oído al tambor: “Veo algunos programas de nuestro canal, el canal de todos los venezolanos, y seguimos aferrados a aquello que ya pasó, incluso dándoles vocería a quienes no tienen nada que decirle al país, poniendo videos, que esta persona dijo tal cosa ¿Será eso lo más importante en este momento? (…) ¿Por qué no hacer programas con los trabajadores?

Donde salga la autocrítica, no le tengamos miedo a la crítica ni a la autocrítica. Eso nos alimenta, nos hace falta”. Han pasado casi siete años desde aquellas palabras ¿Ha habido algún cambio significativo en los medios del Estado? Pasa todo lo contrario, el pensamiento crítico es excluido, vetado, considerado peligroso y hasta contrarrevolucionario. A veces pienso con mucho dolor que Chávez se nos fue en un momento en el que su brillo, su inteligencia, su creatividad estaban en plena ebullición, este hombre que nunca dejó de crecer, de cuestionarse y avanzar. ¡Cuánta falta nos hace! pero ni modo, hay que seguir remando, sin olvidar su impronta, su pensamiento, evocarlo cada día. Se equivocó más de una vez, es verdad ¿Quién no? Pero en la balanza de la Historia, el peso de sus aciertos inclina el platillo amplia y claramente hacia el lado positivo

Llegamos pues, a otro escalón en los caminos de la crítica y la autocrítica. Con motivo del Congreso Extraordinario del PSUV que se realizó en 2015, se habló otra vez de las 3R al “cuadrado”, a pesar de que no se había resuelto la ecuación de las simples 3R que propuso Chávez. En ese momento escribió Adán Chávez: “No es momento de perder tiempo. Donde tengamos que hacernos la autocrítica más profunda, la haremos a fondo para reactivar las 3R al cuadrado” ¿Otra vez? Muy bien, que así sea, volvamos siempre al intento, pero hay que darle continuidad, no se trata de cambiarle el nombre a lo mismo una y otra vez. Ya el concepto de las “3R al cuadrado” parece haber salido de nuestro léxico, ahora entramos al “Debate rectificador”, sin haber evaluado en profundidad que pasó con los Cinco Motores, con las 3R, con el Golpe de Timón, con las 3R al cuadrado.

Okey, dejemos esos intentos fallidos a un lado, veamos hacia adelante, Pero tratemos que esta vez no terminemos con las manos vacías. Adelante, Presidente, al final de este artículo le voy a hacer, con todo respeto, una recomendación al respecto.

En cuanto a las 3R al cuadrado, todavía tengo algo que decir. El asunto se planteó como la “Repolarización, Repolitización y Reunificación”. Creo que uno debe intentar agudeza, no conformarse con lo primero que le llega a los sentidos. Venezuela no necesitaba entonces ni necesita ahora ninguna “repolarización”. El concepto de “polarización” es una invención de los enemigos de la Nación. Es una creación mediática, surgida en los inicios de la Revolución Bolivariana para impulsar, por medio de la manipulación clasista, primero la polarización política y a partir de allí la polarización social. No había entonces ninguna polarización, sino una clara mayoría chavista frente a una clara minoría opositora (de allí el término “escuálidos” que acuñó Chávez). A partir de la ficción de un país polarizado, la derecha se rodó paulatinamente hacia la idea de que era la mayoría, y en eso se fundamentó para el golpe de Estado de 2002. A decir verdad, Venezuela requiere de una despolarización, para alcanzar una situación de estabilidad, el punto de no retorno.

¿Pero cómo? ¿Cediendo a las presiones del imperialismo y la oligarquía? ¿Torciendo el rumbo estratégico señalado por Chávez? No, y aquí volvemos al mismo punto:
potenciando el Poder Popular, recuperando el favor activo de la mayoría, reformulando el sentido de pertenencia social, Hemos resistido con éxito el embate criminal, es verdad, pero nos toca rectificar para hacernos invulnerables.

Una condición sine qua non para despolarizar el país es la derrota del sectarismo.
Volvamos a Chávez: “Una de las cosas que tenemos que revisar para hacerle la guerra al sectarismo y al extremismo, es que algunos quieren ser más papistas que el Papa (…) Tenemos que abrirnos (…) Hay que revisar la teoría y revisar la praxis para construir el nuevo bloque histórico, es la sumatoria de distintos sectores políticos, sociales, religiosos” (02/12/2007)

Ahora bien ¿son nuevos estos debates y estas críticas? Claro que no, han estado siempre allí, desde el principio de la Revolución Bolivariana. Añoro aquellos tiempos del comienzo de este proceso, aquella lozanía, aquella creatividad. Véase el siguiente texto, de agosto de 2002, parte de la “Declaración política previa al Encuentro Nacional de Organizaciones Populares: El movimiento popular venezolano y el momento político”, publicada por la comisión organizadora del evento: “En este proceso de incertidumbre que vivimos, nacen y mueren constantemente líderes y organizaciones. En este momento crucial del desarrollo social, donde cientos y cientos de acontecimientos políticos se suceden unos tras otros, nos encontramos todos nosotros. Transitamos la incertidumbre, muchos están atemorizados porque desconocen que el caos, en nuestro caso, no es otra cosa que el desorden del orden caduco y el desarrollo del nuevo orden, también es una de las formas que presenta la vida a través del movimiento social. Tenemos que aprender a vivir en el caos, hasta que resolvamos las contradicciones que conducirán a un estado de mayor tranquilidad y estabilidad”. Pensamiento original, nada de dogmas ni de frases hechas, fuente de la que hoy deberíamos alimentarnos, la sabiduría de la duda, el reconocimiento de la incertidumbre y del caos como signos y valores positivos de esta convulsionada época.

En aquel momento, el movimiento popular ya hacía un diagnóstico que nos enseña que no estamos descubriendo el café con leche, aunque es bueno que volvamos una y otra vez sobre lo mismo, que lo repitamos “como campana”, como decía Chávez. Veamos esta brillante perla, contenida en la “Carta al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez Frías, del Movimiento Popular Venezolano representado en las organizaciones abajo firmantes, publicada en el periódico Proceso en mayo de 2002 y firmada por las siguientes organizaciones: Periódico Proceso, Coordinadora Popular de Caracas, Colectivos de Vargas, Asamblea de Comités de Barrio en Área Metropolitana, UTOPIA UCV, Recrea (Parroquia El Recreo), SOLPARIA (Edo. Sucre), Colectivos del 23 de Enero, Radio Perola, Proyecto Educativo Nacional (PEN), Frente Revolucionario Petrolero, Alianza Popular Bolivariana (Maracaibo), Taller Crisol (23 de Enero), Grupo Promotor El Valle, CDC El Carmen, Movimiento Popular Bolivariano, Comité Alí Primera UCV, Círculo Bolivariano El Junquito, Círculo Bolivariano Alberto Carregal de El Cafetal, Círculo Bolivariano de Petare, Vea y Lea La Pastora, La Nueva Vecindad, Proyecto Jirajara (Yaracuy)”: “Exigimos que el Ejecutivo Nacional y las diferentes instituciones del Estado demuestren mayor eficiencia en la ejecución de los planes, combatan firmemente y sin concesiones las prácticas clientelares y burocráticas, y permitan la creación de canales de control directo de las comunidades en la elaboración y ejecución de esos planes (…) Debemos impulsar de manera decisiva la reactivación del proceso constituyente paralizado y secuestrado por la cúpula miquilenista. Es necesario empezar la transformación de la estructura del Estado central y descentralizado para que tenga correspondencia con la nueva sociedad que empezamos a construir y que apenas prefiguramos en la Constitución Bolivariana”.

El Movimiento Popular no hacía sino aplicar las ideas que Chávez había propuesto en los inicios de su primer período de Gobierno: “No perdamos de vista eso, cuidado con la burocratización de los cargos, cuidado con el gustito a la silla, a la comodidad del aire acondicionado, y los grandes espacios y el protocolo. Rompamos todo eso, que no nos encadene todo eso porque nos estaríamos encadenando al fracaso, lo vuelvo a repetir, lo vuelvo a alertar, lo vuelvo a tocar como campana” (Hugo Chávez, Discurso ante la Asamblea Nacional del Presidente Electo para el período 2001-2007).

Para Chávez ya estaba claro que la superación del burocratismo sería consecuencia de la expansión del Poder Popular, y no lo concebía como un jardín de rosas ni un proceso libre de contradicciones. Apuntando a los dirigentes burocratizados, afirmaba: “En la medida en que la mayoría de la comunidad esté participando, esos líderes o dirigentes se verán obligados a cambiar o serán rechazados” (En el libro de Marta Harnecker “Hugo Chávez, un hombre, un pueblo, 2002)

Hay una frase de Chávez muy significativa, pronunciada en el acto de juramentación para el período presidencial 2001-2007, tras la legitimación de los poderes públicos decretada por la Asamblea Nacional Constituyente de 1999: “Entendamos que nosotros, los representantes del pueblo jamás, pero jamás de los jamases, podemos pretender sustituir a la masa, al colectivo, al dueño, al soberano que nos eligió, ellos son los dueños del poder.

Esa es una concepción básica de la revolución bolivariana” ¿Cuántos lo entienden así realmente? Falta mucho para que esta “concepción básica” se convierta en dominante. Ya en su primer año de Gobierno, antes inclusive de la Constituyente de 1999, Chávez comprendía con claridad meridiana la necesidad de la transformación del Estado heredado: “Sin una transformación a fondo de las estructuras del Estado y del sistema político venezolano, no hay posibilidades de impulsar un proceso realmente productivo de desarrollo económico y social” (29 de abril de 1999, Acto de juramentación de la Junta Directiva de Fedeagro). Y en la misma comparecencia: “El Estado está desarticulado. Yo soy el Jefe de Estado, pero ¿de cuál Estado soy jefe? De un Estado desarticulado, un Estado con un motor fundido, como cuando al tractor se le funde el motor”. Sus ideas evolucionarían hacia la concepción del Estado Comunal, hoy todavía un desiderátum.

Ciertamente la organización y la participación del pueblo ha venido creciendo, pero no sus atribuciones. La mayor participación no se ha transformado en mayor protagonismo en relación con la gestión del Estado. El empoderamiento popular se lo planteó Chávez, después de su victoria de 2012, como una tarea urgente, cuando nos transmitió una de sus principales instrucciones postreras: ¡Comuna o nada!

Voy a cerrar este “derecho de palabra” (podré pedirla de nuevo, esto es un debate) con la recomendación que le ofrecí al presidente Maduro. Presidente, no se ponga a esperar por los demás. Yo sé que es usted un hombre de pensamiento democrático y partidario del diálogo. Pero si quiere realmente que este debate rectificador coja camino irreversible, déjese de vainas y actúe de manera ejecutiva, por decreto. Por ejemplo, convoque ya mismo a la conformación obligatoria de los Consejos de Trabajadores en todos los entes públicos, en ministerios, gobernaciones, alcaldías, institutos, empresas del Estado, ponga plazos perentorios para ello, acaso un par de meses, defina las atribuciones de esa figura, que no es sindicato. Que tengan el poder de participar en fijación de políticas, elaboración de proyectos, planes y presupuestos, que ejerzan la Contraloría Social, con acceso a toda la información que requieran sobre cualquier tema, que se impongan al Estado burocrático con la venia y promoción de la autoridad y el poder que le confieren a usted su liderazgo como Presidente de la República, del PSUV y líder innegable del chavismo. Dé una señal, aunque sea una, asome un gesto que le diga al pueblo que esta vez sí va, revolución en la revolución. Todo el poder para los trabajadores, para la clase obrera, con dirección, con organización, y también con audacia y coraje político.

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