Salerno 3dic2018: Atilio Borón – América Latina en la era Trump

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El discurso de Trump (y IV)

por Néstor Francia

Análisis de Entorno Situacional Político
Martes 26 de septiembre de 2017

El discurso de Trump (y IV)

Hoy terminaremos con esta serie de Análisis en los que hemos intentado adelantar una consideración integral del discurso pronunciado por Donald Trump el pasado 19 de septiembre en la ONU. Antes de abordar esta última entrega, queremos ensayar un resumen de los aspectos principales que hemos destacado de este discurso que hemos definido como estratégico e histórico, expresión de la contraofensiva imperialista frente a la crisis global y estructural del capitalismo en la cual se profundiza cada vez más su pérdida de la iniciativa política y su dominio económico mundial, es decir su hegemonía planetaria, que lo enfrenta a la rebelión de los pueblos y de las naciones soberanas, y al surgimiento de un mundo multipolar y sumido en múltiples contradicciones de diversa índole.

Ese resumen se tiene que iniciar con la amenaza militar de Trump contra el mundo, con la ostentación de su poderío armado, que sigue siendo claramente superior al de cualquier otro país. Es la única arma que le queda realmente para el chantaje generalizado a otras naciones. La reacción de Venezuela ante las recientes sanciones económicas, fundamentada, entre otras cosas, en la vulnerabilidad del dólar como moneda mundial y en las alianzas que han desarrollado potencias como Rusia y China por doquier, y que abren opciones para la defensa de países agredidos por la prepotencia imperial, demuestra que los países agredidos están en capacidad de emular a Cuba, que ha resistido por décadas el bloqueo económico imperialista.


A la amenaza militar sigue la definición del enemigo: terroristas, extremistas y regímenes criminales. Al menos en una de esas categorías entran todos aquellos gobiernos que no aceptan la tutela esclavizadora del imperialismo. Con ellas se ha sustituido al enemigo durante la guerra fría, el comunismo, aunque ya veremos que de algún modo ese espectro está de vuelta.


Otro aspecto fundamental del discurso es el llamado de atención a sus aliados, el más importante destinatario de sus palabras, conminándolos a la acción: o estás conmigo o estás contra mí, no hay medias tintas. Para la defensa del estilo de vida “occidental” decadente y de la hegemonía del Imperio, Trump divide las aguas y exige lealtades para encarar la lucha de clases mundial en desarrollo.


Trump convoca a la globalización de la guerra mundial en defensa de la burguesía acechada por los pueblos en rebeldía. La estrategia de Trump es defensiva, para ello reivindica un supuesto carácter épico de sus agresiones en la Historia.  Se trata de una contraofensiva contra sus “enemigos” en el mundo, inspirada en la nostalgia por un pasado “glorioso”. Trump muestra conciencia de sus vulnerabilidades económicas y políticas, y lanza un SOS a sus aliados y les urge a involucrarse más en la tarea.


Hecho este apretado resumen, aterricemos en la última consideración que haremos del discurso histórico del presidente yanqui. Por primera vez en mucho tiempo, Estados Unidos resucita de manera explícita al enemigo profundo, el coco que enarboló por tanto tiempo y que ahora, en esta época en la que vivimos, ha sido rescatado por un ser “inferior”, que según el extremismo racista, ha debido comportarse como un subordinado y no como un alzado. El coco se llama socialismo y su nuevo demiurgo es Hugo Chávez.


Trump intenta disimular su temor al “fantasma que recorre el mundo” desde que Marx y Engels sembraron el concepto del socialismo dialéctico, e imprimirle una impronta meramente pragmática a su cruzada: “Queremos armonía y amistad, no conflictos y luchas. Nos guiamos por los resultados, no por la ideología. Tenemos una política de realismo de principios, arraigada en objetivos, intereses y valores compartidos”. Pero le es imposible esquivar el tema ideológico, que es el meollo de la actual guerra histórica que se manifiesta en la lucha de clases mundial: el enfrentamiento decisivo entre el capitalismo y el socialismo.


En ese sentido, Trump coloca en el centro de su odio clasista a Venezuela: “El problema en Venezuela no es que el socialismo haya sido mal implementado, sino que el socialismo ha sido implementado cabalmente. Desde la Unión Soviética pasando por Cuba y hasta Venezuela, dondequiera que se haya adoptado el verdadero socialismo o comunismo, este ha producido angustia, devastación y fracaso. Aquellos que predican los principios de estas ideologías desacreditadas sólo contribuyen al sufrimiento continuo de las personas que viven bajo estos crueles sistemas”. Bien, como debe ser, el río vuelve a su cauce mientras se aclaran las aguas. Ya sabemos, a fin de cuentas, quien es el enemigo entre los enemigos: la revolución sistémica, el socialismo, la luz al final del túnel que revivió y proyectó el gran Gigante de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI, Hugo Chávez.


Nosotros queremos terminar esta serie parafraseando a Donald Trump: Los revolucionarios queremos armonía y amistad, no conflictos y luchas. Debemos guiamos por los resultados, pero sobre todo por la ideología. Tenemos una política de realismo de principios, arraigada en objetivos, intereses y valores que no compartimos con el “Big brother”: los de la Revolución antiimperialista y socialista. En eso andamos, por eso luchamos.

El discurso de Trump (III)

por Néstor Francia

Análisis de Entorno Situacional Político
Lunes 25 de septembre de 2017

discurso de Trump (III)

Hoy vamos con la tercera entrega del análisis del discurso que pronunciara Donald Trump el 19 de septiembre en la ONU. Para nosotros es imprescindible la consideración integral de sus palabras -se trata del líder fundamental actual del imperialismo, el principal enemigo contemporáneo de la Humanidad-, y no solo de las amenazas que lanzó contra Venezuela, que son más bien reiterativas.

Algunos analistas de la derecha no han dejado de ponderar el carácter histórico del discurso de marras, visión que nosotros compartimos, por lo cual le asignamos especial relevancia. Según Stephen Collinson, analista de CNN, el discurso “contenía tanto sustancia como grandilocuencia… el discurso del martes de Trump puede ser visto como un momento histórico en su presidencia”. Y para Gerardo Lissardy, de BBC Mundo, fue “un discurso pulido y revisado, sin posibilidades de preguntarse si se salió del libreto como muchos hicieron cuando habló de ‘fuego y furia’”. Así lo hemos considerado desde nuestra primera lectura.

La estrategia de Trump, a pesar del tono amenazante -o acaso precisamente por ello el uso de tal tono- es defensiva. En un momento de grandes dificultades para Estados Unidos y su imperio, pretende aplicar la máxima de que la mejor defensa es el ataque, aunque se vea obligado a replantear las formas de ese contraataque defensivo.

En ese sentido, trata de recomponer el posicionamiento del imperialismo infundiéndole carácter heroico a sus incursiones en el mundo: “Estados Unidos hace más que hablar por los valores expresados en la Carta de las Naciones Unidas. Nuestros ciudadanos han pagado un alto precio para defender nuestra libertad y la libertad de muchas naciones representadas en esta gran sala. La devoción de Estados Unidos se mide en los campos de batalla donde nuestros hombres y mujeres jóvenes han luchado y se han sacrificado, junto a nuestros aliados, desde las playas de Europa a los desiertos del Medio Oriente y a las selvas de Asia”.

Esta imagen épica de las agresiones imperialistas es útil al planteamiento global de la contraofensiva imperial, que es presentado ante sus aliados sin cortapisas: “Debemos proteger nuestras naciones, sus intereses y sus futuros. Debemos rechazar las amenazas a la soberanía, desde Ucrania hasta el Mar de China Meridional.

Debemos defendernos respecto a la ley, respecto de las fronteras y respecto a la cultura, y el compromiso pacífico que esto permite. Y tal como lo pretendían los fundadores de esta organización, debemos trabajar juntos y confrontar juntos a aquellos que nos amenazan con el caos, la agitación y el terror”.

El “caos”, la “agitación” y el “terror” deben ser claramente identificados, señalados y aislados, según la visión estratégica que presenta Donald Trump: “El flagelo de nuestro planeta hoy es un pequeño grupo de regímenes deshonestos que violan todos los principios en los que se basa la ONU. No respetan ni a sus propios ciudadanos ni los derechos soberanos de sus países”. A ese supuesto puñado de forajidos, el sheriff propone enfrentarlo con el frente de los “justos” y urge a su conformación y activación: “Si los muchos justos no se enfrentan a los pocos perversos, entonces el mal triunfará. Cuando las personas decentes y las naciones se convierten en espectadores de la historia, las fuerzas de la destrucción sólo reúnen poder y fortaleza”.

Al mostrar conciencia de las notables vulnerabilidades económicas y políticas que le imprime la crisis estructural global del capitalismo a Estados Unidos, y más allá de su prepotencia, el Imperio lanza un SOS a sus aliados y les pide involucrarse aun más en las tareas que propone: “El pueblo estadounidense espera que pronto las Naciones Unidas puedan ser un defensor mucho más responsable y efectivo de la dignidad humana y la libertad en todo el mundo. Mientras tanto, creemos que ninguna nación debería tener que soportar una parte desproporcionada de la carga, militar o financiera. Las naciones del mundo deben asumir un papel más importante en la promoción de sociedades seguras y prósperas en sus propias regiones”.

El señalamiento de las Naciones Unidas como irresponsable ante la crisis, encierra también una amenaza. De alguna manera, Trump propone la disyuntiva de que sus aliados se sumen a su estrategia o se atengan a las consecuencias. El tono de “solo contra el mundo, si es necesario” da aun mayor sentido al hecho de que el discurso se iniciara con la ostentación del poderío militar de Estados Unidos. Lo que está diciendo el mandatario gringo es que tal estrategia habrá de cumplirse con o sin los demás, es una estrategia firme, considerada irrevocable por los factores extremistas del Imperio. Por supuesto, sus aliados conocen de las vulnerabilidades estadounidenses, de modo que Trump los conmina combinando esa amenaza con ruegos, exhortaciones, argumentos y justificaciones. De algún modo, es una relación tormentosa entre socios llenos cada uno de problemas, lo cual es un punto a favor de las naciones soberanas y los pueblos en lucha.

En ese mismo sentido, el discurso plantea una dura crítica a las “debilidades” de los aliados del Imperio, y los responsabiliza, al menos parcialmente, de los problemas de su propio país: “Durante demasiado tiempo, el pueblo estadounidense fue informado de que los grandes acuerdos comerciales multinacionales, los tribunales internacionales irresponsables y las poderosas burocracias mundiales eran la mejor manera de promover su éxito. Pero a medida que esas promesas fluían, millones de empleos desaparecieron y miles de fábricas desaparecieron. Otros jugaban al sistema y rompían sus reglas. Y nuestra gran clase media, que una vez que fue el fundamento de la prosperidad americana, fue olvidada y dejada atrás, pero ya no se les olvida y nunca más serán olvidadas”.

Como dijera Mao Zedong, y recordara recientemente Saúl Ortega en sesión de la Constituyente, el imperialismo es un tigre de papel. Un tigre, porque es fuerte, agresivo, peligroso. De papel, porque en el fondo y en la Historia es débil, vulnerable, frágil. Todo eso parecen comprenderlo Donald Trump y su entorno extremista, y actúan en consecuencia. “To be continued”.

El discurso de Trump (II)

por Néstor Francia

Análisis de Entorno Situacional Político

Viernes 22 de septiembre de 2017

El discurso de Trump (II)

Hoy continuamos con nuestro análisis del reciente discurso que ofreció Donald Trump en la Asamblea General de la ONU. Comenzaremos con una de las cuestiones medulares de esa intervención, la convocatoria a sus aliados: “Nuestro éxito depende de una coalición de naciones fuertes e independientes que adopten su soberanía para promover seguridad, prosperidad y paz para ellas mismas y para el mundo”.

Hasta bastante más allá de la primera mitad del siglo XX, Estados Unidos se consideraba autosuficiente para emprender intervenciones militares directas por sí mismo, aun pasando por encima de cualquier organización o leyes internacionales. Esto ocurría, inclusive, existiendo el poderoso contrapeso que significaba el llamado bloque soviético.

Entrados los años 90 del siglo pasado, eclosiona con fuerza la crisis estructural del capitalismo que dura hasta nuestros días y comienzan a surgir nuevas fuerzas y países que apuntan a la estructuración de un mundo multipolar. Eso ha llevado al Imperio a una situación de vulnerabilidad económica y política que le obliga al cambio de sus estrategias de desestabilización e intervención en países con gobiernos “incómodos”.

Dentro de esas estrategias se incluyen los métodos propios de la guerra no convencional, de cuarta generación, que se fundamentan en los usos del sabotaje, el bloqueo financiero y económico en general, la acción de fuerzas internas de los países con la adición de ejércitos privados de índole paramilitar o mercenaria, la generación de conflictos bélicos regionales de baja intensidad. También las incursiones aéreas tardías (que entran al terreno después de que las fuerzas internas pro imperialistas han creado las condiciones conflictivas adecuadas) o los bombardeos misilísticos a distancia. La intervención estadounidense directa, con fuerzas aerotransportadas, marines, infantería, artillería, etc., parecen ser cosa del pasado. La única forma en que se dan ahora esas incursiones es a través de coaliciones de países (incluso sin la participación directa de Estados Unidos) o de la acción de terceros apoyados por el imperio, con cualquier pretexto, como disputas territoriales, étnicas, religiosas y de otro tipo.

El llamado de Trump a sus aliados es a que asuman a plenitud el papel que se les asigna, a que se radicalicen en la aplicación de diversos tipos de sanciones contra los “enemigos” y a que, si fuese necesario, asuman la acción militar coaligada con Estados Unidos o hagan la tarea por sí mismos. El discurso de la ONU es la declaración de guerra mundial imperial que ya venía existiendo pero que se hace ahora explícita, una guerra planteada para la defensa de su hegemonía en peligro.

Trump propone de manera hipócrita y taimada, acudiendo a eufemismos, la defensa del mundo decadente que él representa: “Nosotros no esperamos que los diversos países compartan la misma cultura, tradiciones o hasta sistemas de gobierno.

Pero sí esperamos que todas las naciones sostengan estos dos deberes fundamentales: el respeto a los intereses de sus propios pueblos y a los derechos de toda otra nación soberana”. Es decir, no queremos que seas como nosotros, solo que te rijas por nuestros conceptos sobre qué es bueno para los pueblos y los países, y que aceptes nuestro rasero de las relaciones y el derecho internacionales. No seas como nosotros, pero “parécete igualito”. De esta manera se dividen las aguas de la lucha de clases mundial: por un lado, los aliados del Imperio, por el otro, sus enemigos. Son los dos frentes que se han venido conformando, cada vez más excluyentes, cada vez más imposibles para los que quieran ser indiferentes o “medias tintas”. Ya sabemos de qué lado está Venezuela y por qué es tratada como lo es por parte del poder imperial y sus secuaces.

Esta intención de establecer el pensamiento único trata de ocultarse tras una máscara que es, en realidad, transparente: “En Estados Unidos no buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie, sino dejarlo brillar como un ejemplo para que todos lo vean”. Si resumiéramos todo lo dicho hasta ahora, le ecuación quedaría clara: “somos los poderosos, he aquí nuestros enemigos, que se nos unan todos nuestros amigos para que seamos el espejo del mundo, es ahora o nunca”.

Haciendo honor a su principal consigna electoral (We will make America strong again), Trump plantea una supuesta recomposición de las políticas imperiales: “En asuntos exteriores, estamos renovando este principio fundacional de soberanía. El primer deber de nuestro gobierno es para con su pueblo, con nuestros ciudadanos, para servir a sus necesidades, garantizar su seguridad, preservar sus derechos y defender sus valores… Pero construir una vida mejor para nuestro pueblo también requiere que trabajemos juntos en estrecha armonía y unidad para crear un futuro más seguro y pacífico para todas los pueblos”. Traduzcamos esta idea al lenguaje crudo de la realidad: Estados Unidos, sumido en una crisis que amenaza inclusive la paz social interna, tiene que ocuparse de ese espinoso asunto, pero al mismo tiempo debe defender su supremacía mundial, para lo cual requiere, como condición sine que non, de una “pequeña ayuda de sus amigos”. El llamado de Trump es a la globalización de la guerra mundial en defensa de la burguesía acechada por “los espíritus subterráneos que conjuró”, como asomaron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista.

El discurso de Trump (I)

por Néstor Francia

Análisis de Entorno Situacional Político
Miércoles 20 de septiembre de 2017

El discurso de Trump (I)

Es necesario dar al discurso de Donald Trump en la asamblea general de la ONU, el día de ayer, la trascendencia que tiene. Es natural que se haya concentrado la atención mediática y política en las referencias a situaciones y países que concitan la principal atención tanto de las políticas imperialistas como de los manejos mediáticos: (Corea, Irán, Venezuela, Cuba, ISIS, Siria, inmigrantes). Por supuesto, los gobiernos y pueblos de esos países y los de aquellos que se vinculan a asuntos como los de ISIS y los inmigrantes, están en el deber ineludible de responder adecuadamente a las agresiones y amenazas del líder imperial. Pero el discurso es mucho más preocupante si lo encuadramos en la realidad del mundo global y en lo que atañe al destino de toda la Humanidad.

Para acercarse a comprender todas las implicaciones de este discurso, hay que leérselo íntegro, cosa que hemos hecho en la madrugada de este día, en su transcripción íntegra en inglés, pues por más que la buscamos en español, no pudimos encontrarla, ya aparecerá.

Lo primero que debemos asomar es que no es para nada una pieza improvisada ni temperamental, como suelen ser algunas de las “salidas” de Trump. Es un discurso bien preparado, hilvanado, con objetivos claros, y direccionado hacia audiencias precisas y seleccionadas, sobre todo hacia las fuerzas planetarias aliadas al imperialismo. Se trata de una toma de posición estratégica, histórica del Estados Unidos imperial, y de una convocatoria a asumir, de parte de las fuerzas oscuras, un papel beligerante en la época histórica que vivimos.

Hemos escogido unos cuantos fragmentos que sustentan esta visión que planteamos. Es nuestra intención iniciar una serie de estos Análisis, basados en la consideración de esos extractos. No sabemos si los capítulos de esta serie aparecerán todos los días, puesto que hay circunstancias que obligan al análisis puntual e inmediato. Pero no terminarán hasta que no hayamos acabado de argumentar el juicio que nos hemos hecho de la intervención del presidente yanqui en la ONU. De más está decir que usaremos nuestra traducción propia y libre.

Es muy significativo que la primera idea que contiene el discurso en su proyección hacia el mundo -después de breves referencias a los desastres naturales en curso y a la gestión interna de Trump- sea la de una brutal amenaza militar: “Se acaba de anunciar que invertiremos casi 700 billones de dólares en nuestro ejército y nuestra defensa… Nuestro ejército será pronto el más poderoso que haya existido jamás”. Se trata de una premisa que lo condiciona todo: somos los más poderosos, podemos destruir a nuestros enemigos, así que tendrán que respetarnos y temernos. Más claro no canta un gallo.

La amenaza militar de Trump establece los límites y las condiciones de las relaciones mundiales, y prepara el terreno para la expresión de todas las ideas posteriores contenidas en el discurso. No se trata de una fanfarronería, en realidad el término “pronto” no busca sino reforzar la dimensión de la amenaza, ya que el ejército yanqui es ya el más poderoso de la Historia. Lo demuestran así la cantidad de sus efectivos militares, lo colosal de su arsenal, incluida la enorme acumulación de armas nucleares y de destrucción masiva en general, sus bases militares ubicadas en todos los continentes, sus flotas navales capaces de atacar en todos los océanos y mares, sus sofisticados sistemas de espionaje, la cantidad y variedad de sus ejércitos aliados en mayor o menor grado.

Por supuesto esa fuerza militar descomunal no puede sino moverse en medio de los condicionamientos económicos y políticos que imponen la situación mundial y la crisis estructural del capitalismo, por lo que la amenaza no se basta por sí sola. De allí que no es posible aislarla de los objetivos políticos de todo el discurso.

Casi inmediatamente después de presumir de su fuerza militar, Trump define, de manera general, a los “enemigos” que habrán de sufrir las consecuencias, si ese poder armado fuese usado en contra de ellos: “Los terroristas y los extremistas han reunido fuerzas y se han extendido a todas las regiones del planeta. Los regímenes criminales representados en este organismo no sólo apoyan a los terroristas sino que amenazan a otras naciones y su propio pueblo con las armas más destructivas conocidas por la humanidad… El autoritarismo y los poderes autoritarios buscan colapsar los valores, los sistemas y las alianzas que impidieron el conflicto e inclinaron al mundo hacia la libertad desde la Segunda Guerra Mundial”. En ese saco cabemos todos, aunque podrán “salvarse” de él todos aquellos que se sometan a los designios imperiales. De esta manera, Trump define dos términos fundamentales de su estrategia para enfrentar los desafíos que le plantea la lucha de clases mundial: este es mi poder, estos mis enemigos.

Y por supuesto, se trata, para el Imperio, de una guerra que no admite términos medios, o estás conmigo o estás contra mí: “Para decirlo de manera simple, nos encontramos en un momento inmensamente prometedor y también de grandes peligros.

Queda totalmente en nuestras manos si elevamos el mundo a nuevas alturas, o lo dejamos caer en un valle de lágrimas”.

Establecidas esas premisas en el discurso, se adentra luego Trump en los terrenos pantanosos de la política. Pero eso queda para una segunda entrega.

Del “Paro” y otros apuros

por Néstor Francia

Análisis de Entorno Situacional Político

Viernes 21 de julio de 2017

Derecha atragantada

Ayer en el centro-oeste de Caracas no estaban parados ni los postes, salvo algún negocito propiedad de escuálidos recalcitrantes, o en ciertos y raros rinconcitos aislados donde hubo algún disturbio menor, como Quinta Crespo. Hacia los lados de la “República del Este”, no la de los poetas, sino la de las zonas donde habita la clase media alta de la capital, el fracaso no fue menor, de acuerdo a los videos que pudimos observar. Allí, focos violentos con puñados insignificantes de gente, lograron perturbar el normal desarrollo de las actividades con amenazas, trancas y otras formas de terrorismo. En cuanto al interior del país, parece que no fue muy diferente. Lamentablemente, la derecha fascista obtuvo dos muertos para su suma macabra.

Entretanto, Henrique Capriles no dejó de enviar su mensaje para idiotas del patio y reproductores de mentiras de afuera: “En Caracas, parecía un 1° de enero”. Algo que le está pasando a la derecha es un excesivo apresuramiento forzado por el paso de los días que hace que el 30 de julio, gran fecha de la elección de la Constituyente, se vea cada vez más cerca. No es descaminado pensar que quizá el amontonamiento de acciones de la última semana responda a la premura que les ha obligado a solapar manifestaciones que acaso deberían ser más espaciadas en el tiempo, para ser mejor preparadas y más productivas para ellos. Es como una avalancha: plebiscito, seudogobierno, paro, “designación de magistrados”, marcha, hora cero, ¿huelga general? Están atragantados y cerca de sufrir una grave intoxicación política.

Pero no nos hagamos ilusiones, la locura opositora está obteniendo algunos logros afuera, como beneficio del engaño, la manipulación y la intensa actividad político-mediática dirigida por Trump-imperialismo. Al nivel externo, Venezuela pasa de ser un “caso” a ser una especie de escándalo permanente, el dibujo de un país anarquizado, paralizado, caótico, en guerra, en el que cunde la muerte y la desolación, por obra y gracia de la “dictadura” de Maduro, que aspiraría a perpetuarse con el coco del momento, la Asamblea Nacional Constituyente. Al fin y al cabo, la posibilidad más certera de la derecha es la intervención foránea, su gran esperanza blanca.

También hay aderezos del plan. Acaso en estos diez días se acelere el goteo de los salta-talanqueras, algo parecido ocurrió en Siria, es otro expediente del libreto imperial. Ayer cogió pista un personajillo menor, Isaías Medina, diplomático y consejero de Venezuela ante Naciones Unidas ¡Vaya consejeros que escogemos! Medina dimitió con una carta en la que aduce su “divergencia irreconciliable con las actuaciones del Gobierno de Nicolás Maduro… reiteradas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos… y crímenes contra la humanidad cometidos contra civiles durante los últimos 100 días”. Este agarró su propio helicóptero y disparó contra Venezuela desde el monstruo, en cuyas entrañas vive.

Entretanto, Capriles continuó abonando a las matrices regadas por doquier, y afirmó que “funcionarios vestidos de negro, arremetieron contra los manifestantes en el estado Miranda, abriendo fuego a todos los presentes, dejando un muerto”. Ya hizo el juicio y condenó, es la justicia mediática y express, que condena de una vez al Gobierno por un crimen que no se ha investigado. Y todavía tiene el tupé de hablar de justicia para atacar a la Constituyente: “Queremos justicia real, no la fraudulenta que pretende imponer Maduro por medio de la constituyente”. Ya habrá “justicia real”, habrá que decirle al fascista, no la que pretendió imponer el 11 de abril persiguiendo chavistas, así que se vaya preparando, porque la Constituyente sí va, a menos que Satanás le conceda a este sujeto algún milagro.
Lo cierto es que Nicolás Maduro, al más acendrado estilo chavista, ha venido manejando la difícil situación interna con paciencia y habilidad de ajedrecista, mientras responde a los ataques externos siguiendo las enseñanzas de Fidel y Chávez: la mejor defensa, en ese terreno, es el ataque, mientras el pueblo revolucionario sigue apostando a la paz sin dejar de prepararse para la guerra. Ya lo hemos dicho antes: es con ese espíritu indomable de lucha y enseñando las garras al enemigo, que Cuba ha logrado mantenerse incólume por casi 60 años ante las arremetidas imperiales, y enviándole el mensaje guerrero de “si quieres, vente con tus tambores de guerra que yo te espero con los míos”.
Mientras, en Estados Unidos algunos analistas que no son de izquierda parecen discernir algunos importantes asuntos con más claridad que otros de aquí y de allá.

Geoff Thale, del grupo de análisis WOLA (Washington Office on Latin America), dijo ser “muy escéptico de que las sanciones unilaterales de Estados Unidos sean eficaces. Es más probable que hagan sentir al gobierno que no tiene otra opción que resistir, y ofrecen al gobierno un grito nacionalista contra Estados Unidos”. Otro, David Smilde, especialista en Venezuela de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans, Luisiana, señaló que “es posible que el gobierno venezolano se vea fortalecido por las sanciones de Estados Unidos. No hay manera de aplicar sanciones económicas en Venezuela ahora sin hacer la situación humanitaria mucho peor” y agregó que las sanciones “desencadenarían un enorme resentimiento entre los venezolanos y nunca serán bien recibidas por otros países de la región”. Y finalizó afirmando que las sanciones podrían incluso “empujar a Caracas a los brazos de Rusia y China”.
Nosotros, por nuestra parte, tenemos que seguir enfocados en lo mismo, como hemos dicho: contra el imperialismo y el fascismo… ¡Constituyente!

I legami di Trump col passato e la resurrezione della sinistra

obama-trumpdi James Petras

09.02.2017- Stati Uniti

 

‘De Omnibus dubitandum’
Bisogna dubitare di tutto

Introduzione
Il Presidente Trump è profondamente radicato nella struttura politica dello stato profondo dell’imperialismo americano. Contrariamente ai riferimenti occasionali al non intervento nelle guerre d’oltremare, Trump ha seguito le orme dei suoi predecessori. Mentre i neo-conservatori e i liberali hanno sollevato lamenti e gemiti per i legami di Trump con la Russia, per le sue ‘eresie’ sulla NATO e le sue aperture alla pace in Medio Oriente, in pratica, lui ha scartato il suo imperialismo umanitario mercantile e si è impegnato nelle stesse politiche bellicose della sua rivale presidenziale del PD, Hillary Clinton.

 

Siccome gli manca la viscida ‘demagogia’ dell’ex-presidente Obama, e non spalma le sue azioni con appelli d’accatto alla politica ‘identitaria’, i grezzi e rudi pronunciamenti di Trump trascinano giovani manifestanti per le strade in azioni di massa. Queste manifestazioni sono in maniera più o meno palese sostenute dai maggiori oppositori di Trump tra i banchieri di Wall Street, gli speculatori e i magnati dei mass-media. In altre parole, il presidente Trump è un porta-insegne e un seguace, non un ‘rivoluzionario’ e neanche un ‘agente di cambiamento’.
Cominceremo col discutere la traiettoria storica che ha dato alla luce il regime di Trump. Poi identificheremo le politiche in corso e gli impegni che determinano la direzione presente e il futuro della sua amministrazione. Concluderemo cercando di capire come l’attuale reazione possa essere in grado di produrre trasformazioni future.  Sfideremo l’attuale ‘catastrofico’ e apocalittico delirio e offriremo ragioni per una prospettiva ottimista per il futuro. In breve: questo saggio sottolineerà come la negatività del presente possa diventare una positività realistica.

 

 

Sequenze storiche

 

Nel corso degli ultimi due decenni, i presidenti degli Stati Uniti hanno sperperato le risorse finanziarie e militari del paese in guerre senza fine, senza speranza di vittoria, come anche in debiti commerciali e squilibri fiscali da milioni di miliardi di dollari. I leader degli Stati Uniti sono impazziti, provocando grandi crisi finanziarie globali, permettendo alle maggiori banche di fallire, distruggendo i piccoli titolari di mutui ipotecari, devastando i produttori e creando disoccupazione di massa, seguita da lavori instabili a bassa retribuzione, che portano al collasso gli standard di vita della piccola borghesia e della classe lavoratrice.

 

Le guerre imperiali, i miliardi di dollari dei salvataggi per i miliardari e la fuga incontrastata delle corporations multinazionali all’estero, hanno ampiamente approfondito le disuguaglianze di classe e dato origine ad accordi commerciali che favoriscono la Cina, la Germania e il Messico. Negli Stati Uniti, i principali beneficiari di queste crisi sono stati i banchieri, i miliardari high-tech, gli importatori commerciali e gli esportatori dell’agro-business. Di fronte alle crisi sistemiche, i regimi al potere hanno risposto approfondendo e ampliando i poteri del Presidente U.S. sotto forma di decreti presidenziali. Per coprire la serie decennale di sconfitte, sono stati incarcerati i ‘delatori’ patriottici e la sorveglianza high-tech da stato di polizia si è infiltrata in ogni settore della cittadinanza.
I Presidenti Bush, Clinton e Obama hanno definito la traiettoria delle guerre imperiali e di rapina di Wall Street. La polizia di Stato, i militari e le istituzioni finanziarie sono saldamente intrecciati nella matrice del potere. Centri finanziari come Goldman Sachs, hanno più volte dettato il programma e controllato il Dipartimento del Tesoro e delle agenzie che regolano il commercio e le banche. Le “istituzioni permanenti” dello Stato sono rimaste, mentre i presidenti, a prescindere dal partito, sono stati rimpastati, dentro e fuori l’ “Ufficio Ovale”.
Il ‘primo’ Presidente ‘nero’ Barack Obama ha promesso la pace e portato avanti sette guerre. Il suo successore, Donald Trump, è stato eletto sulla base della promessa di “non intervento” e prontamente ha brandito il “bastone da bombardamento” di Obama: il piccolo Yemen è stato attaccato dalle forze USA, gli alleati della Russia nella regione ucraina del Donbas sono stati aggrediti dagli alleati di Washington a Kiev e il ‘più realista’ rappresentante di Trump, Nikki Haley, ha messo in piedi un bellicoso spettacolo alle Nazioni Unite, nello stile della ‘Signora intervento umanitario’ Samantha Power, ragliando invettive contro la Russia.

 

Dove è il cambiamento? Trump ha seguito Obama aumentando le sanzioni contro la Russia, mentre minaccia la Corea del Nord di distruzione nucleare, a seguito del maggior dispiegamento militare voluto da Obama nella penisola coreana. Obama ha lanciato una guerra per interposta persona contro la Siria e Trump ha intensificato la guerra aerea su Raqqa. Obama ha circondato la Cina con basi militari, navi da guerra e aerei da guerra e Trump gli è andato dietro a passo d’oca  con retorica guerrafondaia. Obama ha raggiunto il record nell’espulsione di due milioni di lavoratori messicani nel corso di otto anni; Trump lo ha seguito con la promessa di espellerne ancora di più.

 

In altre parole, il presidente Trump ha doverosamente preso il cammino lungo la traiettoria dei suoi predecessori, bombardando gli stessi paesi già nel mirino, mentre plagiava i loro discorsi maniacali presso le Nazioni Unite.
Obama ha aumentato il tributo annuale a Tel Aviv per l’incredibile somma di $ 3,8 miliardi, mentre belava qualche critica pro-forma verso l’espansione coloniale israeliana in Palestina; Trump ha proposto di spostare l’ambasciata degli Stati Uniti a Gerusalemme, mentre balbettava qualcuna delle sue solite insignificanti critiche agli insediamenti ebraici illegali sulla terra palestinese trafugata.

 

Ciò che colpisce in maniera straordinaria è la somiglianza delle politiche di Obama e Trump in politica estera, i loro mezzi e alleati. Ciò che differisce è il loro stile e la loro retorica. Entrambi i Presidenti, propostisi come ‘Agenti di Cambiamento’, hanno immediatamente rotto le stesse roboanti promesse pre-elettorali e hanno funzionato alla grande dentro i confini delle sempiterne istituzioni di stato.

 

Le differenze che presentano sono il risultato di contrastanti contesti storici. Obama ha assunto il crollo del sistema finanziario e ha cercato di regolamentare le banche, al fine di stabilizzare le transazioni. Trump ha assunto la Presidenza dopo la ‘stabilizzazione’ da  un trilione di dollari di Obama e ha cercato di eliminare le regolamentazione – sulle orme del Presidente Clinton! Così ‘tanto rumore’ sulla ‘deregulation storica’ di Trump!

 

L’’inverno dello scontento’, sotto forma di proteste di massa contro il bando anti- immigrati e visitanti da sette paesi a maggioranza musulmana di Trump deriva direttamente dalle ‘sette micidiali guerre’ di Obama. Gli immigrati e i rifugiati sono il prodotto diretto delle invasioni di Obama e degli attacchi a questi paesi, che hanno portato a omicidi, ferimenti, spostamenti forzati e miseria a milioni di persone ‘prevalentemente’ (ma non esclusivamente) musulmane. Le guerre di Obama hanno creato decine di migliaia di ‘ribelli’, insorgenti e terroristi. I profughi, in fuga per la loro vita, sono stati ampiamente esclusi dagli Stati Uniti sotto Obama e la maggior parte hanno cercato rifugi sicuri nei campi squallidi e nel caos dell’UE.

 

Per quanto terribile e illegale la chiusura delle frontiere ai musulmani da parte di Trump e per quanto promettenti sembrino le proteste pubbliche di massa, si tratta in entrambi i casi del risultato di una quasi decennale politica di omicidi e caos sotto la Presidenza di Obama.

 

Seguendo la traiettoria politica – Obama ha versato il sangue e Trump, nel suo volgare stile razzista, è stato lasciato a ‘ripulire il casino’. Mentre Obama è stato trasformato in un ‘premio Nobel per la Pace’, creatore di pace, lo scontroso Trump è stato attaccato significativamente per aver osato prendere lo straccio insanguinato!
Trump ha scelto di percorrere la via della calunnia e affronta l’ira di purgatorio. Nel frattempo, Obama è fuori a praticare il golf, il windsurf e a esibire il suo sorriso ‘chi se ne frega’ ai suoi adoranti scribacchini nei media.

 

Mentre Trump ripercorre il sentiero tracciato da Obama, centinaia di migliaia di manifestanti riempiono le strade per protestare contro il ‘fascista’, con decine di reti principali di mass-media, decine di plutocrati e ‘intellettuali’ di tutti i generi, razze e credi che si contorcono per l’oltraggio morale! Si rimane confusi per il silenzio assordante mostrato da questi stessi attivisti e forze quando le aggressive guerre e gli attacchi di Obama hanno portato alla morte e alla deportazione di milioni di civili, per lo più musulmani, e soprattutto donne – mentre le loro case, i matrimoni, i mercati, le scuole e i funerali erano bombardati.

 

Questo per quanto riguarda la confusione delle teste americane! Si dovrebbe cercare di capire le possibilità che nascono da un enorme settore che finalmente rompe il proprio silenzio, mentre l’ovattata bellicosità di Obama è stata trasformata nella grezza marcia di Trump verso l’apocalisse.

 

 

Prospettive ottimistiche

 

Molti si disperano ma ancora più persone sono diventate più consapevoli. Individueremo le prospettive ottimistiche e le speranze realistiche radicate nella realtà e nelle tendenze attuali. Realismo significa discutere sviluppi contraddittori, polarizzanti e perciò non consideriamo alcuno sbocco ‘inevitabile’. Questo significa che i risultati sono ‘terreno conteso’, dove i fattori soggettivi giocano un ruolo di primo piano. L’interfaccia delle forze in conflitto può risultare in una spirale ascendente o verso il basso – verso una maggiore uguaglianza, sovranità e liberazione o verso una maggiore concentraione di ricchezza, potere e privilegi.

La concentrazione più retrograda di potere e ricchezza si trova nell’oligarchica Unione Europea dominata dalla Germania – una configurazione che è sotto assedio da parte delle forze popolari. Gli elettori del Regno Unito hanno scelto di uscire dalla UE (Brexit). Come risultato, la Gran Bretagna deve affrontare una rottura con la Scozia e il Galles e una ancora maggiore separazione dall’Irlanda. La Brexit porterà a una nuova polarizzazione quando i banchieri londinesi si sposteranno verso l’UE e i leader del libero mercato si confronteranno coi lavoratori, coi protezionisti e con la crescente massa di poveri. La Brexit fortifica le forze nazional-populiste e di sinistra in Francia, Polonia, Ungheria e Serbia e frantuma l’egemonia neo-liberista in Italia, Spagna, Grecia, Portogallo e altrove. La sfida per gli oligarchi UE è che l’insurrezione popolare intensificherà la polarizzazione sociale e potrà portare a movimenti di classe progressisti come una volta o a partiti nazionalisti autoritari.

 

L’ascesa al potere di Trump e dei suoi decreti attuativi hanno portato a polarizzare altamente gli elettorati, a una maggiore politicizzazione e all’azione diretta. Il risveglio dell’America approfondisce le incrinature interne tra i piccoli ‘d’ democratici, le donne progressiste, i sindacalisti, gli studenti e gli altri contro gli opportunisti del Partito Democratico, i grandi ‘D’, gli speculatori, i guerrafondai democratici di tutta una vita, i galoppini borghesi neri ‘D’ del partito (i mis-leader) e un piccolo esercito di ONG finanziate dalle imprese.

 

L’adozione da parte di Trump del programma militare Obama-Clinton e di Wall Street porterà a una bolla finanziaria, a spese militari gonfiate e a guerre sempre più costose. Queste divideranno il regime dai suoi sostenitori sindacalisti e della classe operaia, ora che il gabinetto di Trump si è formato interamente con miliardari, ideologi, sionisti rabbiosi e militaristi (contro la sua promessa di nominare imprenditori ‘dal muso duro’ e realisti del mondo degli affari). Ciò potrebbe creare una ricca opportunità per movimenti futuri che rigettino il vero orribile volto del regime reazionario di Trump.

La contrarietà di Trump al NAFTA, la difesa del protezionismo e dello sfruttamento delle risorse finanziarie minerà i regimi narco-neoliberali corrotti e sanguinari, che hanno governato il Messico negli ultimi 30 anni, dai giorni di Salinas. La politica anti-immigrazione di Trump porterà i Messicani a dover scelgiere tra ‘la lotta e la fuga’, per affrontare il caos sociale creato dalle narco-bande e dalla polizia criminale. Esso forzerà lo sviluppo dei mercati nazionali e dell’industria del Messico. Le masse di consumatori interni e la proprietà abbracceranno movimenti nazional-popolari. I cartelli della droga e i loro sponsor politici perderanno i mercati degli Stati Uniti e affronteranno l’opposizione interna.
Il protezionismo di Trump limiterà il flusso illegale di capitali dal Messico, che ammontava a $ 48.300.000.000 nel 2016, ovvero il 55% del debito del Messico. La transizione del Messico dalla dipendenza e dal neo-colonialismo risulterà profondamente polarizzare per lo stato e la società; il risultato sarà determinato dalle forze di classe.

 

Le minacce economiche e militari di Trump contro l’Iran rafforzeranno le forze nazionaliste, populiste e collettiviste nei confronti dei neo-liberisti ‘riformisti’ e dei politici all’occidentale. L’alleanza anti-imperialista dell’Iran con lo Yemen, la Siria e il Libano si solidificherà contro il quartetto guidato dagli Stati Uniti, cioè Arabia Saudita, Israele, Gran Bretagna e Stati Uniti.

 

Il supporto di Trump al massiccio sequestro da parte israeliana della terra palestinese e il suo bando stile ‘solo Ebrei’ contro i musulmani e i cristiani porterà al ‘rovesciamento’ dei multi-milionari collaborazionisti dell’Autorità Palestinese e al sorgere di ancora più rivolte e intifade.

 

La sconfitta dell’ISIS rafforzerà le forze governative nell’Iraq indipendente, in Siria e in Libano, indebolirà la presa imperiale e aprirà la porta alle lotte secolari, democratiche e popolari.

 

La campagna anti-corruzione su larga scala e su lungo termine del Presidente della Cina Xi Jinping ha portato all’arresto e alla rimozione di oltre un quarto di milione di funzionari e uomini d’affari, inclusi miliardari e leader ai vertici del Partito. Gli arresti, i procedimenti giudiziari e la carcerazione hanno ridotto l’abuso del privilegio, ma cosa più importante, hanno migliorato le prospettive per un vasto movimento sociale, capace di sfidare le disuguaglianze. Quello che era iniziato dal ‘di sopra’ può provocare movimenti ‘del basso’. La rinascita di un movimento che guardi a valori socialisti  può avere un impatto importante sugli stati vassalli degli Stati Uniti in Asia.

Il sostegno della Russia ai diritti democratici nell’Ucraina orientale e la ri-costituzione della Crimea tramite referendum possono limitare i regimi fantoccio USA sul fianco meridionale della Russia e ridurre l’intervento degli Stati Uniti. La Russia può sviluppare pacifici legami con gli Stati europei indipendenti, in seguito alla disgregazione della UE e alla vittoria elettorale Trump, ben oltre la minaccia da parte del regime di Obama-Clinton di una guerra nucleare.

 

Il movimento mondiale contro la globalizzazione imperialista isola la morsa di potere voluta dalla destra degli Stati Uniti in Sud America. Il perseguimento di patti commerciali neo-liberisti da parte del Brasile, dell’Argentina e del Cile si trova sulla difensiva. Le loro economie, quelle dell’Argentina e del Brasile soprattutto, hanno visto un aumento di tre volte tanto del tasso di disoccupazione, di quattro volte del debito estero, una crescita stagnante o negativa e ora devono affrontare scioperi generali supportati dalle masse. Il ‘toadyismo’ neo-liberista sta riportando alla lotta di classe. Ciò può ribaltare l’ordine post-Obama in America Latina.
Conclusione

In tutto il mondo, all’interno dei paesi più importanti, l’ordine ultra-neo-liberista del passato quarto di secolo si sta disintegrando. Vi è un aumento improvviso e massiccio di movimenti dall’alto e dal basso, dai nazionalisti alla sinistra democratica, dagli indipendenti populisti alla destra reazionaria della ‘vecchia guardia’: è emerso un nuovo universo politico frammentato e polarizzato. L’inizio della fine del corrente ordine imperial-globalista sta creando opportunità per un nuovo ordine democratico collettivista e dinamico. Gli oligarchi e le elite della ‘sicurezza’ non daranno facilmente spazio alle richieste popolari né si faranno da parte. Si affileranno coltelli, decreti esecutivi verranno emanati, colpi di stato elettorali andranno in scena nel tentativo di prendere il potere. I movimenti democratici popolari emergenti hanno bisogno di superare la frammentazione dell’identità e scegliere leader unitari, egualitari, che possano agire con decisione e in modo indipendente dagli esistenti leader politici, i quali compiono gesti drammatici e plateali, mentre cercano un ritorno alla puzza e allo squallore del recente passato.

 

[Trad. dall’inglese per Albainformazione di Marco Nieli]

Sistemi elettorali distorti: dove vince e dove perde Hillary Clinton

trumpdi Alfredo A. Torrealba [i]

Fonte: aporrea.org

11nov2016.- La Clinton vince nella Gerrymandering, ma perde nella Mallapportionment

Costituisce davvero una sorpresa la vittoria di Donald Trump negli USA e nell’America latina? Per molti lo è! La campagna pubblicitaria portata avanti dai mezzi di comunicazione in lingua spagnola [compresi quelli in lingua italiana, N.d.T.] è stata, in modo incredibile, sproporzionatamente favorevole a Hillary Clinton, mentre faceva apparire come un “demone” a Trump. Invece in Europa, Oceania e Asia la vicenda si presentava in modo diverso. Qui i mass media hanno mantenuto una posizione più equilibrata e persino realista, al punto da prevedere che Trump difficilmente avrebbe perso le elezioni, nonostante lui “fosse in grado di scaricare un’arma contro la folla di qualche strada di New York”, come ebbe modo di dichiarare qualche mese fa. Ma al di là del gioco mediatico, esistono dei fattori di ordine tecnico-elettorale che spiegano politicamente alcune domande, in particolare una che è stata dibattuta in questi giorni: Perché la Clinton ha perso queste elezioni, dove ha investito 700 milioni di dollari, intanto che Trump ha investito solo circa 300 milioni? Per spiegare questa domanda è necessario soffermarsi su un fatto. Esaminando le fonti ufficiali si osserva che, difatti, la Clinton ha ottenuto 400 mila voti in più di Trump.

Sotto quest’aspetto non è improprio affermare che la Clinton ha vinto le elezioni con una “maggioranza semplice”. In altre parole, l’investimento da lei realizzato ha, in effetti, dato i risultati attesi, nonostante abbia votato il 57% dei 231.556.622 di cittadini nordamericani che hanno diritto al voto. Ma lei ha perso dovuto al sistema elettorale denominato “Collegio elettorale”, il quale rappresenta un sistema in cui i risultati non necessariamente devono coincidere con la maggioranza dei voti dei cittadini. Allo stesso modo, poiché il sistema di “Collegio elettorale” degli USA si basa in due sottosistemi elettorali definiti come “Gerrymandering [ii]” e “Malapportionment [iii]”, i quali ogni quattro anni modificano le “circoscrizioni originali” all’interno dei cinquanta stati dell’unione. Negli USA ogni elezione presidenziale merita una reimpostazione delle strategie elettorali, diversa a quelle precedenti.

Visto in questa maniera e svolgendo un’analisi “post mortem” di tipo elementare, si potrebbe asserire che la squadra tecnico-elettorale della Clinton ha conseguito un successo mirabile vincendo la battaglia sul piano della “Gerrymandering”, ma ha fallito su quello della “Melapportionment”. In secondo luogo, com’è d’abitudine, le vittorie sul campo della “Gerrymandering” dipendono in buona parte dall’uso di meccanismi e campagne elettorali distorte. L’acquisto di sondaggi prefabbricati è una pratica molto caratteristica.  Nonostante la popolazione statunitense ha iniziato a votare dal mese di settembre, in quella data già si sapeva che Trump era fornito di una certa leadership, i mezzi di comunicazione privati in lingua spagnola a livello mondiale cominciarono a produrre notizie “prive di fondamento” per dimostrare che Trump avrebbe perso.

Come se si volesse occultare il sole con un dito, i mass media erano riusciti nel loro intento a trasmettere questa sensazione di sconfitta che poi si è disfatta quando Trump ha vinto le elezioni. La vittoria di Trump ha provocato sconcerto e sorpresa in America latina, quando in realtà ciò non sarebbe dovuto accadere. Già da settembre si sapeva che Trump possedeva nei sondaggi un alto punteggio, ma la squadra della Clinton si mise subito all’opera nel finanziare e pagare qualunque cifra perché si costruissero delle prospettive da distribuire alle grandi agenzie di comunicazione latinoamericane con lo scopo di fabbricare notizie, sondaggi e contrattare a qualche cantante o attore latino affinché parlasse male di Trump e indebolisse il suo potere comunicativo, facendolo apparire come se fosse una sorta di entità del male. Era almeno questa la speranza moribonda che lo staff della Clinton vagheggiava. L’obiettivo era di istigare gli elettori latini dello stato della Florida per votare contro Trump, ma nemmeno lì, dove i mass media affermavano che egli era “il figlio di Satana”, la Clinton ha potuto vincere. In terzo luogo, la squadra di Trump ha fatto quello che qualsiasi altra squadra tecnico-elettorale avrebbe fatto. Lavorare nel campo della “Malapportionment”, dove il trucco consiste nel lasciare che il “nemico” raggiunga una sovra rappresentazione in alcuni stati, cioè, che ceda degli spazi per assicurarli ad altri più importanti.

Per questa ragione Trump non sentiva il bisogno di pagare i giornalisti né di investire in grandi campagne. E il risultato è stato quello, lo sfruttamento di una distorsione elettorale che si è imposta su di un’altra. In quarto luogo, bisogna indicare che grazie a questa semplice e naturale azione di assicurare l’arena della “Malapportionment”, Trump ha vinto per uno scandaloso margine di “voti elettorali”. Azione che è stata molto ben puntellata per via dello stile politico e per la sua estrema sincerità … potete essere sicuri che tutto quanto afferma riproduce in gran parte il sentimento del comune cittadino statunitense. E se lui ha asserito che “i messicani sono un problema” così come lo sono gli altri latini in USA, è perché più del 60% della popolazione di quel paese la pensa come lui. Inoltre lui è stato il primo che ha osato dire queste cose senza peli sulla lingua … di modo che la mia raccomandazione (in questa nuova tappa) è quella di ascoltare con attenzione quello che dice Trump, giacché lui vi spiegherà in maniera molto sintetica cosa pensa l’americano medio, volgare e spontaneo sui problemi che lo affliggono … e forse sarà per questo motivo che dubito che gli consentiranno di arrivare a finire i primi quattro anni di presidenza … realmente lo dubito …

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Vincenzo Paglione]

________________________________

[i] Politologo, Master in Rapporti Internazionali, Dottore di Ricerca.

[ii]  Rappresenta un metodo ingannevole per ridisegnare i confini dei collegi nel sistema elettorale maggioritario (N.d.T.).

[iii] Qualsiasi sistema in cui un gruppo ha significativamente più influenza di un altro, come ad esempio quando i distretti di voto non sono equamente distribuiti tra una popolazione (N.d.T.).

Trump il “fascista”: l’altro lato di una psicopata politica di nome Hilary

Clintondi James Petras

12apr2016.- Da sinistra a destra un rauco coro si è levato a denunciare il candidato presidenziale repubblicano di punta in quanto “fascista”. Essi  citano le sue promesse durante la campagna di costruire un muro in stile israeliano lungo il confine degli U.S.A.; le sue minacce di espellere undici milioni di immigrati senza documenti; e di proibire ai Musulmani stranieri di entrare negli U.S.A., come anche il modo in cui la sua faccia pugnace e il braccio assomigliano a quelli di Benito Mussolini (’proietta in fuori il mento, solleva il braccio’).

Si considera il suo estremo nazionalismo come ‘rassomigliante alla politica di Hitler’, con le quali parole si intende la sua opposizione ad accordi di libero commercio sfavorevoli e al suo slogan: “Rendiamo grande l’America. Di nuovo.”

In questo articolo, analizzerò criticamente la corrente immagine da cartone animato del fascismo, confrontandola con la realtà storica del fascismo, e poi procederò ad analizzare la politica del cosiddetto “male minore”, che sta dietro la re-invenzione di un fascista americano alla maniera del miliardario Donald Trump.

Il fascismo: realtà e finzione

Storicamente, la politica fascista ha coinvolto movimenti di massa organizzati, milizie armate e gruppi paramilitari, che hanno aggredito gli avversari politici, censurato il discorso critico violentemente e represso il diritto di riunione. Il fascismo ha reso le minoranze capro espiatorio, in particolare zingari ed Ebrei, ha bruciato i sindacati e le sedi della sinistra, ha assassinando i loro leaders e picchiando i loro membri. Programmaticamente, hanno attaccato i pacifisti e difeso le guerre d’oltremare e gli imperi, in nome dello ‘spazio vitale’. Evocando un passato di gloria imperiale, essi non erano ‘isolazionisti’.

Il candidato Trump non ha organizzato qualcosa di simile a un movimento di massa, per non parlare di una milizia armata. Non ci sono ‘strombazzanti camicie brune’. Al massimo, la polizia e una manciata di suoi (spesso anziani) sostenitori bianchi hanno preso a pugni alcuni provocatori vestiti da KKK, che hanno fisicamente interrotto e minacciato gli incontri pubblici di Trump e il suo esercizio di libertà di parola. In realtà, l’interruzione ‘fascista’ delle libertà democratiche sembra essere per lo più organizzata e praticata dai suoi rivali politici.

Trump, lungi dal fare capro espiatorio della potente minoranza ebraica di questo paese, ha tenuto un discorso spudoratamente Israele-centrico e ha ricevuto una standing ovation da quasi 18.000 Ebrei in gran parte prominenti, in occasione della riunione del marzo 2016 della principale lobby pro-Israele (AIPAC).

La sua retorica, per quanto riguarda l’espulsione di 11 milioni di lavoratori senza documenti provenienti dal Messico e dall’America centrale e la costruzione di un muro di confine, è ben lontana dalla pratica di imprigionare e violentemente espellere oltre due milioni di latinos senza documenti sotto i regimi di Clinton-Bush-Obama / Clinton. Nel peggiore dei casi, Trump promette di continuare la politica federale vigente in materia di immigrazione e non di creare una rottura ‘fascista’ con le amministrazioni precedenti. È forse un ‘muro di cemento di retorica’ peggiore del vero muro di polizia di frontiera armata, elicotteri e vettori armati che hanno operato sotto le presidenze di Clinton – Bush – Obama/Clinton, con le loro centinaia di morti di migranti nel deserto? Sono le dichiarazioni di una politica di immigrazione repressiva, provenienti dai discorsi altisonanti di Trump, più ‘fascisti’, rispetto alla pratica ufficiale di strappare violentemente i lavoratori privi di documenti dalle loro case e luoghi di lavoro e assoggettarli alla reclusione a lungo termine e all’espulsione? Espellere giovani, cresciuti ed educati in questo paese, o separare violentemente famiglie produttive, ben integrate e imprigionando i loro principali sostenitori per mancanza di documenti … questa è la politica ufficiale dell’attuale e delle ultime tre amministrazioni.

C’è molto di meno dell’approccio veramente fascista della guerra preventiva e dell’invasione nei discorsi di Trump che nelle reali politiche perseguite dai regimi di Clinton-Bush-Obama/Clinton. In effetti, tra i numerosi critici di Trump, in particolare i suoi rivali Repubblicani e il campo di Hillary Clinton, sentiamo le più forti denunce della sua politica estera non interventista (isolazionismo), che è “fuori linea” con gli interventisti, le guerre d’oltremare della corrente amministrazione e di quelle repubblicane e democratiche del passato. I critici di Trump e gli esperti dei media sono ‘inorriditi’ dalla sua apparente disponibilità a cooperare con il presidente russo Putin contro i nemici comuni, come l’ISIS. Il suo approccio pragmatico verso la Russia è più o meno fascista del sostegno dei suoi rivali al putsch ucraino, orchestrato dal regime di Obama in alleanza con i fascisti ucraini anti-semiti armati bona fide? Le sue invocazioni a scaricare la NATO come una costosa zavorra per il Tesoro degli Stati Uniti e la manodopera hanno portato l’élite a ululare in oltraggio!
I propagandisti, che dipingono Trump come un moderno fascista americano, citano le sue rozze osservazioni sessiste come “esempi di un totalitario misogino”, mentre si punta favorevolmente al candidato democratico Hillary Clinton come potenzialmente il ‘primo presidente femminista’. Per quanto riguarda la sua presunta misoginia, ‘Donald’ ha attaccato la promozione e il ruolo strategico della Signora First Lady, Senatrice e Segretario di Stato Clinton nelle guerre degli Stati Uniti contro la Libia, l’Iraq e la Siria, dove oltre un milione di donne sono stati rese profughe, violentate, ferite o uccise. Cosa è peggio, ci si può chiedere: crude battute da spogliatoio o milioni di bambini e bambine orfani cui sono stati negati i genitori, le case, gli studi e un eventuale futuro nel Medio Oriente e in Nord Africa? Questo è il mondo che l’Ostetrica Hillary Clinton ha contribuito a far nascere.

La misoginia è nell’occhio del seduttore.

Gli attacchi verbali di Trump sulla pratica delle multinazionali U.S.A. di trasferirsi all’estero per evitare le tasse e delle società finanziarie di Wall Street che nascondono i miliardi delle élites statunitensi oscenamente ricche nei paradisi fiscali off-shore, sono forse più dannose per i “valori americani” (come vuole l’accusa)  dell’assecondamento di Wall Street da parte di Hillary Clinton, che intasca più di $ 300.000 per ogni prestazione da sicofante di 45 minuti  (pubblicizzate come ‘conferenze sulla politica “), o i suoi decenni spesi a promuovere attivamente la globalizzazione – compreso il NAFTA, che ha distrutto posti di lavoro negli Stati Uniti?

È chiaro che Trump attualmente manca del programma, dell’organizzazione e della pratica che definiscono un politico fascista. Nella peggiore delle ipotesi, imita a pappagallo la linea generale di attacco contro gli immigrati e i Musulmani. Finora, li espellerebbe semplicemente dagli Stati Uniti, ma non li bombardarebbe riportandoli indietro ‘all’età della pietra’. Questo dovrebbe essere confrontato con le attuali politiche realizzate dai criminali di guerra Clinton / Bush / Obama-Clinton. Sarebbe difficile per Donald ‘vincere a briscola’ contro Hillary, quando questa ha minacciato di ‘cancellare l’Iran’ e le sue decine di milioni di cittadini, a causa del ‘programma nucleare’ fittizio dell’Iran.

D’altra parte, gli stessi incontri e raduni di Trump sono stati vittima di ripetute interruzioni da parte di gruppi organizzati, che agiscono come delinquenti fascisti. Inversione di ruolo nella vita reale: Trump, il bersaglio di rabbiosi ripetuti attacchi da parte dei mass-media, viene definito fascista.

Battere Trump: un sostegno di riserva per Hillary, la militarista psicopata

Se il caso oggettivo per l’etichettatura di Trump come ‘un fascista’ è debole o inesistente, perché così tanti accademici di prestigio e giornalisti giocano questo stupido gioco di definizioni?
La spiegazione di buon senso delle loro spacconate raffazzonate è che promuovono il ‘Trump-Drago di Paglia’, al fine di portare avanti la malefica Signora Segretario Hillary Clinton come il ‘candidato- male minore’ a Presidente degli Stati Uniti.

Nessun osservatore serio minimamente a conoscenza dell’abbraccio carnale di Clinton verso le molteplici simultanee guerre, disastrose e distruttive, in Ucraina, Iraq, Afghanistan, Yemen, Siria e Libia, potrebbe sostenerla – a meno che non siano convinti che un pericolo maggiore si profila all’orizzonte e che “noi dobbiamo sconfiggere Trump il fascista a tutti i costi “? Nessun serio democratico o impiegato salariato e stipendiato può ignorare il ruolo di Madame Clinton come la ruffiana più sfacciata di Wall Street, a meno che non credano che un altisonante ‘fascista di New York sia peggio di Wall Street.’

L’allarmismo falso sul “fascismo” di Trump serve solo a coprire la più servile promozione da parte di Clinton di guerre traditrici a vantaggio di Israele. Si dovrebbero immaginare le migliaia di rifugiati siriani disperati aggrappati alle decrepite imbarcazioni nel Mediterraneo durante la lettura di stralci delle e-mails private di Clinton: secondo Wikileaks, Hillary ha dichiarato che “il modo migliore per aiutare Israele a fronteggiare la crescente capacità nucleare dell’Iran (sic) è aiutare (sic) il popolo della Siria a rovesciare il regime di Bashar Assad. … La caduta della Casa di Assad potrebbe innescare una guerra settaria tra gli Sciiti e la maggioranza sunnita della regione prospiciente l’Iran, il che, a giudizio dei comandanti israeliani, non sarebbe una brutta cosa per Israele e i suoi alleati occidentali”. Non è una cosa negativa per Israele – ma una politica crudele e criminale contro una nazione sovrana e la sua società multi-etnica. La signora Clinton ha insistito su queste dichiarazioni dementi, che possono essere solo considerate come genocide! Clinton ha promosso la guerra per procura più violenta, sradicando oltre la metà della popolazione civile della Siria e uccidendo centinaia di migliaia di persone, mentre triturava una nazione sovrana. Ha assecondato in tal modo i suoi mentori israeliani e i suoi finanziatori Pluto-sionisti.

Per giustificare il sostegno a una guerrafondaia seriale, un Segretario di Stato U.S.A. che ha servito gli interessi di Israele e una politica che ha fatto commercio carnale dei suoi “principi femministi” con i miliardari di Wall Street, gli untuosi sostenitori di Hillary Clinton hanno dovuto inventare un avversario che è ancora peggio: creare e poi denunciare “Trump il fascista” serve come giustificazione di riserva per il supporto a una psicopatica politica provata!

[Traduzione dall’inglese per ALBAinformazione di Marco Nieli]

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