La OEA desempolva un tratado para asediar a Venezuela

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Estados Unidos y once países de América Latina se pronunciaron a favor de una posible intervención militar contra el gobierno venezolano. Lo hicieron a través de la activación en una asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un acuerdo de 1947 que suscribe el compromiso de defensa mutua entre naciones americanas, es decir, la posibilidad de conformar una coalición armada.

“Se reconoce con esta decisión el hecho de que la profundidad de la crisis venezolana obliga a apelar a todos los mecanismos”, afirmó el jefe de gabinete de Luis Almagro, secretario general de la OEA, defensor desde el año pasado de la posibilidad de una intervención militar en Venezuela.

México, uno de los países que se opuso, publicó un comunicado donde afirmó que “rechaza categóricamente la invocación del TIAR para intervenir en los asuntos internos de los Estados por considerar inaceptable utilizar un mecanismo que contempla el uso de la fuerza militar”. También señaló que con este paso “nos acercamos peligrosamente a un punto sin retorno”.

El gobierno venezolano condenó a quienes, dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA) dieron el paso para activar el TIAR, entre los cuales se encuentran los gobiernos de Argentina, Colombia y Brasil. En el comunicado de la cancillería, se señala que: “Es necesario recordar que el TIAR fue impuesto a nuestra región por Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría, y su propósito fue legitimar intervenciones militares en América Latina por razones ideológicas. Así sucedió en Guatemala en 1954, en Cuba en 1961, en República Dominicana en 1965, en Granada en 1983 y en Panamá en 1989”.

“La amenaza del uso del TIAR, del uso de la fuerza implícito en la convocación del TIAR, es completamente absurda, contradice todos los principios de convivencia y solución pacífica de controversia y autodeterminación de los pueblos”, expresó por su parte Celso Amorín, ex canciller de Brasil.

Parte del acuerdo alcanzado entre los doce países está el de reunirse durante la Asamblea General de Naciones Unidas, que tendrá lugar a finales de septiembre, para decidir qué medidas tomarán. También acordaron que informarán de la decisión tomada al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La activación de este mecanismo había sido pedida durante varios meses por los sectores de la oposición venezolana que sostienen que la única manera de alcanzar el poder político es a través de una intervención militar extranjera, un ejército mercenario infiltrado desde fuera, o un golpe interno de un sector de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Entre ellos se encuentran, por ejemplo, María Corina Machado, Antonio Ledezma, y el abanico de la derecha reunida en Miami.

Juan Guaidó, por su parte, había intentando mantener una posición de equilibrio entre partes, planteando que todas las opciones eran posible, desde el diálogo hasta el TIAR, siempre y cuando alcanzara sus objetivos, condensados en la fórmula: cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres.

El problema de Guaidó fue que nunca decidió sobre los pasos a dar: la dirección siempre vino de Estados Unidos, y, en menor medida, de su partido Voluntad Popular, del cual no era dirigente al autoproclamarse presidente.

Y las direcciones dadas desde Estados Unidos han sido marcadas por un signo de pregunta a partir de la destitución de John Bolton como asesor de seguridad. Su salida se dio en un marco de desacuerdos con Donald Trump sobre varios conflictos, como Corea del Norte, Irán, Afganistán, y en particular Venezuela, donde el presidente afirmó que Bolton se había “pasado de la raya”.

El despido de Bolton se dio en el momento de mayor tensión entre Venezuela y Colombia, en un escenario donde Nicolás Maduro afirmó que desde el gobierno de Iván Duque se busca activar “un falso positivo para crear un conflicto armado” entre ambos países. Bolton, y así como lo expresó en diferentes conflictos geopolíticos abiertos, se mostró favorable a una salida por la fuerza en el caso Venezuela, y se encargó de atacar públicamente los diálogos en Barbados mediados por Noruega.

La escalada de tensión entre ambos países fue denunciada por Maduro como una vía principal trabajada por Estados Unidos y las derechas de Colombia y Venezuela para alcanzar el escenario de choque militar. ¿Fue esa la raya que pasó Bolton? Trump no lo especificó, así como no respondió a la posibilidad de reunirse con el presidente venezolano.

La política contra Venezuela seguirá a cargo hombres como Elliot Abrams, Mike Pompeo, junto con el nuevo asesor de seguridad, por el momento interino, Charles Kupperman, asesor del expresidente Ronald Regan entre 1981 y 1989 y segundo al mando dentro de la gestión de Bolton.

Mientras tanto, la jefa de política exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, se pronunció en el marco de su gira por Cuba, México y Colombia, a favor de la reanudación del diálogo entre el gobierno y la oposición. Sus declaraciones fueron dadas mientras era activado el TIAR, en una fotografía de las dos líneas de fuerza: aquella que insiste en un derrocamiento por la acción militar, y aquella que apuesta por un diálogo con acuerdo.

La Asamblea General de la ONU será el próximo terreno donde la diplomacia de asedio contra Venezuela jugará sus cartas. Tanto en el ámbito del TIAR, como las posiciones de Duque y Maduro que se acusarán mutuamente: el primero por afirmar que Venezuela ampara a las guerrillas colombianas, el segundo por señalar que Colombia busca fabricar una guerra de la cual ya existen acciones subterráneas y para lo cual ha movilizado a la FANB en ejercicios de frontera.

Duras críticas de Venezuela sobre DDHH: «Incomprensible y sin rigor científico»

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Desde Caracas – pagina12.com.ar

La existencia de dos gobiernos en Venezuela es una ficción que se ha evaporado a nivel internacional. Solo la mantiene la administración de Donald Trump y algunos gobiernos de derecha de América Latina. El presidente Vladimir Putin, de visita en el Vaticano, afirmó al respecto que Juan Guaidó se había autoproclamado presidente encargado ante Dios, pero “Dios no nos comunicó cuál fue su reacción a este mensaje, no nos dio ninguna señal, por eso creo que debemos volver a esta tierra pasajera y llena de pecados y guiarnos por los procedimientos democráticos”. Guaidó ya no es lo que nunca fue.

En términos nacionales la ficción nunca cobró la forma necesaria para simular gobierno: en casi seis meses Guaidó no logró autoridad, ni mando, ni territorio. No significa que la ficción se haya detenido: el 5 de julio, día de la firma del acta de Independencia de Venezuela, Guaidó encabezó un acto en la Asamblea Nacional, en simulación de gobierno, y luego una movilización hasta las cercanías de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim).

El día estuvo marcado en la madrugada por el informe leído en la mañana por la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, desde Ginebra. Allí expuso las conclusiones de un reporte que reconoce a un solo gobierno que, a su vez, señala como responsable, entre otras cosas, de una situación de crisis de salud, alimentación, migración, con graves falencias en el acceso a la justicia y garantía de derechos humanos.

“Resulta incomprensible el contenido de este informe dominado por una visión selectiva y parcializada, un escrito carente de rigor científico con grandes errores metodológicos y que parece un calco de informes anteriores. Ignora casi en su totalidad la información brindada por el Estado, solo toma en cuenta la obtenida por voceros de la oposición y fuentes de prensa. Basta mencionar que de 558 entrevistas realizadas, 460 fueron realizadas fuera de Venezuela, lo cual representa 82 por ciento de las opiniones vertidas en el informe”, expresó en Ginebra William Castillo, viceministro de asuntos exteriores.

Castillo también destacó la omisión del informe acerca de las causantes del cuadro económico: “Ignora los graves impactos que el ilegal, criminal e inmoral que el bloqueo económico está ejerciendo sobre la vida de nuestro pueblo. Venezuela no niega sus problemas, pero cualquier esfuerzo serio para abordarlos debe considerar las causas estructurales”.

La celebración del 208 aniversario de la independencia estuvo marcada por un acto en la Asamblea Nacional Constituyente, con un discurso del comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) el almirante en jefe Remigio Ceballos, quien explicó el tipo de “agresión multiforme” a la cual está sometida Venezuela, y ratificó el mando de Nicolás Maduro como comandante en jefe de la Fanb.

El presidente, por su parte, encabezó el desfile militar en Caracas, donde ratificó el llamado al diálogo y a la paz: “con la buena voluntad, la capacidad política de negociación lo lograremos. Todos tenemos que ceder una parte para llegar a acuerdos y yo llamo al diálogo porque creo y amo a Venezuela”.

El nuevo llamado al dialogo del presidente se dio en un escenario donde, públicamente, las diferentes fracciones más visibles de la derecha venezolana han anunciado que no volverán a acudir a ninguna instancia de acercamiento con el gobierno. Guaidó lo ratificó al finalizar la movilización del viernes ante la Dgcim: “se acabó el debate, el informe de Bachelet confirma que esto es una dictadura”. El autoproclamado no dio detalles acerca de cómo sería una salida sin diálogo, y anunció próximas movilizaciones sin dar detalles.

Las vías para el plan sin diálogo fueron demostradas en los últimos meses y semanas, tanto con el intento de acción militar del 30 de abril en la madrugada, como con las tramas de ex militares, comisarios y mercenarios que fue develada por el gobierno. Los videos grabados a través de infiltraciones hechas por los servicios de inteligencia, dejaron ver a través de los mismos actores del plan, cómo pensaban asesinar al presidente, al círculo de gobierno, y realizar asaltos militares a puntos estratégicos militares y políticos. Esto no resulta nuevo en un conflicto donde hace menos de un año sectores de la oposición intentaron asesinar al presidente a través de drones con explosivos en un desfile militar en Caracas.

La ficción de dos presidentes ya casi no existe internacionalmente. El conflicto sin embargo recrudece en sus preparativos para nuevos asaltos. La derecha anunció que el informe de Bachelet -que desconoce toda dimensión violenta de la oposición aun habiéndose reunido con víctimas, como la madre de un joven quemado vivo por ser acusado de chavista- es una validación para romper diálogo y un punto de apoyo para buscar nuevas acciones de fuerza.

En cuanto al bloqueo, mencionado de manera soslayada por el informe, Estados Unidos ha anunciado que continuará incrementando sus ataques, tanto a Venezuela como a sus aliados. La última medida unilateral de fuerza tuvo lugar el jueves con la sanción a la empresa cubana Cubametales por parte de la Oficina de Control de Activos Extranjeros por comerciar petróleo con Venezuela. Esta medida se suma a lista de, entre otras acciones, robos de activos, bloqueos de cuentas, sanciones a empresas, que comenzó años atrás y durante este 2019 se incrementó mes a mes ante el silencio de gobiernos y organismos internacionales.

 

El clima político transcurre complejo en Venezuela. Las posibles formas de resolución aún no aparecen sobre la mesa, y los hechos de esta semana han vuelto a alejar lo que se había logrado acercar públicamente entre las partes.

Caracas ciudad trinchera

por @Marco Teruggi
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Caracas toma forma de trinchera. En diez días mil setecientos hombres y mujeres han recibido instrucciones para la defensa. El objetivo es llegar a cien mil en el mes de octubre, con centros de formación en las veintidós parroquias para abarcar los ciento diecisiete ejes territoriales de la capital: que la ciudad sea un pantano para las acciones golpistas.

El primer espacio de formación está situado al sur de la ciudad, en Caricuao. Aquí la derecha quemó la sede de la organización comunal el 30 de abril pasado, mientras las cámaras enfocaban a Juan Guaidó, Leopoldo López y el puñado de militares en la acción fallida. De esta jornada de entrenamiento participan líderes de movimientos sociales, organizaciones de base del chavismo, personas de todas las edades, para quienes es la primera vez que agarran un fusil o aprenden técnicas de reconocimiento de territorio. Nadie les ha obligado a venir: son gente humilde, de las barriadas organizadas, del esfuerzo de cada día que se ha transformado en batalla por el gas, los precios o el transporte.

El entrenamiento cuenta de varias partes, como aprender a realizar cartografías del barrio, movilizarse con armas, técnicas de salud, de evacuación, defensa personal, ejercicios físicos. Los instructores son integrantes de la Milicia Bolivariana, el cuerpo conformado por más de dos millones y medio de hombres y mujeres, parte vertebral de la llamada doctrina de defensa integral de la nación. Al frente de la conducción política del plan de formación está la dirección del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

“Caracas es una ciudad de paz, una ciudad de vida, y vamos a defenderla con la organización de nuestro pueblo, la unión cívico-militar, y con la preparación e inteligencia que estamos desarrollando en este esfuerzo de formación integral”, explica la alcaldesa del municipio libertador de Caracas, Erika Farías, miembro de la dirección del Psuv y del Frente Francisco de Miranda.

El trabajo de formación abarca varios actores: el Psuv, los partidos aliados, los movimientos sociales, comunales, los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente. Los objetivos son tres. En primer lugar, la organización de la defensa a través del diseño y ejecución de un plan de manera unificada entre los diferentes actores, de manera a conformar un núcleo en cada territorio. En segundo lugar, los ejercicios como tal. En tercer lugar, el esfuerzo productivo, donde el objetivo es que cada una de las veintidós parroquias cuente con un centro de entrenamiento y producción de alimentos.

“Todos los venezolanos tenemos corresponsabilidad en la defensa de la patria, está escrito en el artículo 326 de la Constitución. No es solamente una cuestión de armamento, vamos a crear una cadena logística muy importante, por cada combatiente que aquí se forme debe haber ocho o nueve personas detrás, debe continuar la instrucción, en cada territorio deben estar todos los componentes para la defensa integral”, explica el coronel Boris Iván Berroterán de Jesús, comandante del área de defensa integral 414 Caricuao.

El entrenamiento puesto en marcha busca dar respuesta a dos hipótesis principales de conflicto. La primera ya es conocida, se trata de las acciones que la derecha ha realizado en el 2013, 2014, 2017 y principios de este año: ataques a locales del Psuv, de comunas, de centros de salud, infantiles, a dirigentes chavistas, acciones nocturnas de provocación e intento de caotizar zonas populares. La derecha ha realizado un trabajo de infiltración y contratación de grupos armados desde hace varios años, para disputar la cotidianeidad de los territorios populares y poder desplegarlos en momentos de asalto.

La segunda hipótesis responde a un escenario que ha sido denunciado por el gobierno: la posibilidad de que la derecha apele a la estrategia de fuerzas mercenarias compuestas por diferentes actores, como paramilitares, bandas criminales, contratistas privadas. En un cuadro de esas características los territorios caraqueños, sus cerros sobrepoblados en formas de laberintos con escaleras y platabandas, podrían ser espacios de confrontación irregular. La población organizada debe estar preparada para reconocer movimientos, saber cómo actuar.

El plan de formación en Caracas avanza en simultáneo con la apuesta central de resolución del conflicto planteada por el chavismo desde el mes de enero: el diálogo para llegar a un acuerdo. Esos intentos se dieron en primer lugar de manera secreta durante meses y, desde hace dos semanas, se hicieron públicos por los acercamientos en la capital de Noruega, Oslo.

El chavismo se ha mostrado unido alrededor de la búsqueda de diálogo, y ha afirmado que insistirá para llegar a un acuerdo. La oposición en cambio se ha mostrado dividida al respecto: mientras un sector es parte del intento de diálogo, como los representantes de Guaidó -direccionados desde Estados Unidos- y del partido Un Nuevo Tiempo, otro sector ha insistido que ya no existe nada que hablar ni negociar. El segundo espacio mantiene la tesis de que solo se saldrá del chavismo a través de una acción de fuerza internacional. Para ese objetivo trabajan públicamente, por ejemplo, sobre el reingreso ficticio, vía Asamblea Nacional, de Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

El gobierno norteamericano, por su parte, mantiene la posición pública que sostiene que toda solución pasa por la salida de Nicolás Maduro, y ha vuelto, a través de su vicepresidente Mike Pence, ha dar apoyo a Guaidó. La pregunta, que ha estado desde el inicio de la autoproclamación de Guaidó, es: ¿hasta dónde está dispuesto a ir Estados Unidos?

Mientras esos son los debates públicos, ¿qué se prepara a puertas cerradas? La derecha, dentro del plan y financiamiento norteamericano, ya ha realizado acciones violentas los días alrededor de la autoproclamación de Guaidó, intentó el ingreso por la fuerza desde Colombia el 23 de febrero, desplegó ataques sobre el sistema eléctrico, intentó la acción político-militar el 30 de abril en la madrugada. ¿Qué viene si no están aún dispuestos a acordar en Oslo un proceso que no implique la salida Maduro? El chavismo trabaja sobre todos los posibles escenarios. Caracas es el epicentro de poder que busca asaltar el golpismo, y se prepara, en consecuencia, en trinchera.

De las armas al disenso en Oslo

L'immagine può contenere: 6 persone, persone che sorridono, persone in piedi e testopor @Marco_Teruggi
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De las ametralladoras a los acercamientos en Oslo y la falta de acuerdo. El panorama se ha modificado en un mes en Venezuela. El 30 de abril en la madrugada era el intento de golpe militar encabezado públicamente por Juan Guaidó, el prófugo Leopoldo López, acompañado por varios diputados de la Asamblea Nacional. Desde hace varios días escenario se ha trasladado a la capital de Noruega, donde el chavismo y un sector de la oposición han mantenido inicios de diálogos.

Existe una relación directa entre los dos momentos. La incapacidad político-militar del 30 de abril obligó a la derecha a iniciar el reconocimiento público del adversario en un espacio de diálogo. El plan de esa madrugada no funcionó. ¿Cuál era? Liberar a López por la puerta grande, ponerlo junto a Guaidó al frente de un levantamiento donde debían plegarse cuarteles, altos mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), sectores institucionales, y desencadenar una masividad popular como una ola hacia el Palacio de Miraflores.

En los hechos lo único que sucedió fue López, Guaidó, algunos diputados y dirigentes, unos cuarenta hombres en armas, el jefe del servicio de inteligencia, cinco mil personas en las calles, seguido de huídas a varias embajadas.

A partir de allí se multiplicaron especulaciones. Una de ellas fue que había sido una trampa tendida por quienes, según Elliot Abrams -el encargado especial de Estados Unidos para el caso Venezuela- se habían comprometido. Abrams señaló entonces que formaban parte del esquema el comandante en jefe de la Fanb, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, y el jefe de la Guardia de Honor Presidencial. Existía, afirmó, un acuerdo de quince puntos que nunca fue difundido, ni confirmado, como tampoco la supuesta participación de quienes señaló. Al contrario, aparecieron en sus respectivas funciones y al lado de Maduro.

Los medios de comunicación aliados al intento de derrocamiento del presidente Nicolás Maduro cuestionaron abiertamente la operación del 30 de abril. Pusieron en tela de juicio no solamente a la derecha venezolana sino también a los actores de la administración de Donald Trump y las tensiones internas: el presidente norteamericano estaría a favor de una salida con diálogo, mientras que el eje John Bolton y Mike Pompeo estaría dispuesto a avanzar en una escalada militar.

Las especulaciones, aún presentes, se vieron modificadas por la información sobre el primer acercamiento en Noruega, trascendido de manera extraoficial hasta ser reconocido el 17 de mayo. Guaidó se vio enfrentado a acusaciones de sus filas que lo señalaron de haber manejado la ida a Oslo sin informar a otros sectores de la oposición y, en consecuencia, de tomar en consideración la posibilidad de modificar el orden de los pasos que prometió desde el primer día: cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres.

El 28 de mayo tuvo lugar el segundo acercamiento en Oslo. El autoproclamado presidente mantuvo su discurso ultimatista, reforzado por hombres de su partido Voluntad Popular, como el enviado a Estados Unidos, Carlos Vecchio, prófugo de la justicia, quien afirmó: “Todas las opciones pasan por la salida de Maduro”. No habría nada que negociar salvo la forma y el destino de la partida de Maduro.

El día 29 el Ministerio de Asuntos Extranjeros de Noruega -que pidió máxima precaución en la reserva de los resultados- informó a través de un comunicado que en la reunión fueron abordados temas económicos, políticos y electorales.

La resolución pasaría en parte por elecciones. ¿De qué instancia, en qué momento y con qué condiciones? Es parte del debate sin acuerdo. La otra dimensión central es la económica: Venezuela es una economía bloqueada por Estados Unidos que busca generar una asfixia. “Es como en Star Wars, cuando Darth Vader ahorca a alguien, eso es lo que estamos haciendo económicamente con el régimen”, explicó de manera gráfica el asesor de seguridad norteamericano, Bolton. El objetivo es ahora golpear el epicentro del plan del gobierno en alimentación para enfrentar los altos precios: la comida importada para los Comités Locales de Abastecimiento y Producción.

La situación política nacional del gobierno le otorga una posición de mayor fortaleza para un diálogo, mientras que la económica lo muestra en mayor debilidad. Los datos publicados por el Banco Central de Venezuela dan cuenta de las dificultades: la contracción del PIB desde el tercer trimestre del 2013 de septiembre del 2018 ha sido 52,3%, la inflación en el 2015 fue 180,9%, 274,4% en el 2016, 862,6% en el 2017, 130.060,2% en el 2018. ¿Qué márgenes tiene el gobierno con estos números, un bloqueo económico y financiero internacional y una producción de petróleo que aún no presenta números de recuperación productiva?

Guaidó anunció no haber llegado a un acuerdo en Noruega y haber recibido un llamado del vicepresidente norteamericano Mike Pence para respaldarlo. El gobierno, a través de Jorge Rodríguez, ministro de comunicación que participó en ambas reuniones de Oslo, afirmó que seguirán trabajando “por la paz, la concordia, la democracia y la defensa de la Constitución”, en continuidad con la apuesta al diálogo del chavismo que Maduro explicó: “costó mucho llegar a Noruega, varios meses de conversaciones secretas”. El presidente también agregó: “Sean valientes, díganle a su gente la verdad”, en referencia a Oslo.

Si le derecha que fue a Noruega, subordinada a las directrices norteamericanas, abandona el incipiente diálogo ¿volverá a las ametralladoras o un esquema de escalada de violencia? Su discurso la ha encerrado en una postura de máxima: solo la salida de Maduro será aceptada. El asunto es que negociar es, entre otras cosas, ceder.

El regreso de Guaidó y la amenaza mercenaria

por @Marco_Teruggi
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Juan Guaidó no pierde su mensaje de optimismo. Según sus palabras la transición es indetenible y es cuestión de semanas, meses como mucho. Lo repitió en cada país donde fue recibido: Colombia, Brasil, Paraguay, Argentina y Ecuador, en algunos con todos los honores como presidente encargado, en otros con más discreción. No aparece punto de retroceso que plantee un posible diálogo, repite invariablemente los tres pasos: cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres.

Esa narrativa de discursos y redes sociales contrasta con lo que debate la derecha tras las puertas. El post 23 de febrero no se desarrolla como lo esperaban los sectores que tienen como hoja de ruta el desenlace intervencionista que, con artimaña discursiva, buscan presentar como “cooperación militar”. El resultado debía ser otro: una escalada en la narrativa militar hasta ser planteado de manera abierta en el Grupo de Lima y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Era la etapa siguiente, que debía ser justificada por la construcción de sentidos del 23, presentado como “masacre”, “quema de ayuda humanitaria”, “la raya que fue cruzada”.

Ocurrió lo contrario, una desescalada progresiva en el discurso que desembocó en Elliot Abrams, encargado para la cuestión Venezuela, afirmando que las opciones militares están descartadas. En el camino se pronunciaron en contra de cualquier salida armada gobiernos de América Latina y Europa favorables a Guaidó. El consenso quedó establecido en lo público alrededor de la solución “política e institucional”, y Bolton anunció que buscarán crear una coalición internacional para lograr la “transferencia pacífica del poder de Nicolás Maduro a Juan Guaidó”.

Se pueden buscar varias respuestas a por qué la opción fue mantener el escenario sobre las mismas variables de ataque económico, cerco diplomático y comunicacional. Una de ellas es que la operación del 23 de febrero mostró que el cuadro de fuerzas presentado no era real. Quedó al descubierto el sobredimensionamiento de la fuerza propia planteado en los discursos de Mike Pence, John Bolton, Mike Pompeo, Marco Rubio, Iván Duque, Juan Guaidó y la derecha venezolana que encabeza esta estrategia.

De la mano con eso se demostró que ni la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) se quebró, ni el chavismo estaba en una situación de debilidad terminal. Sacar a Nicolás Maduro es más complejo que la narrativa triunfalista que plantea Guaidó en twitter y salones diplomáticos. Significa avanzar en otros pasos para los cuales todavía no hay acuerdos internacionales ni internos. Un caso, por ejemplo, es el de Brasil, donde existe un apoyo político por parte del gobierno de Jair Bolsonaro, pero las Fuerzas Armadas de Brasil no parecen dispuestas a involucrarse en un conflicto armado con Venezuela.

La combinación de elementos desembocó en dejar de lado, por el momento, la amenaza repetida de “todas las opciones son posibles”. Quienes están al mando de las operaciones parecen haber agotado una serie de cartas, han recogido los resultados de sus acciones, y plantean nuevos movimientos en cada uno de los niveles, unos en superficie, otros por debajo de la mesa. Desistir en lo público no significa hacerlo en lo privado.

El vicecanciller de Venezuela, Samuel Moncada, denunció en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la amenaza que se gesta por debajo: “Estados Unidos está intentando armar una guerra indirecta y mercenaria con grupos irregulares y armados”.

Se trata de una amenaza que tiene elementos conocidos en Venezuela a la vez que una nueva dimensión en vista del escenario en el cual se daría. Ya en el 2014, y sobre todo en el 2017 la derecha desplegó bandas criminales y grupos paramilitares que asaltaron cuarteles, comisarías, asediaron pueblos, persiguieron chavistas, incendiaron depósitos de comida. Guardaron sus estructuras pasada la oleada, enviaron algunas a Colombia para recibir mayores niveles de entrenamiento, y realizar actos como el intento de asesinato del presidente Nicolás Maduro en agosto del 2018.

Lo nuevo es el cuadro actual de gobierno paralelo, cierre de diálogo y ofensiva final conducida de manera explícita desde Estados Unidos. Al frente de esa trama se encuentra Abrams, experto en montar operaciones de esas características, como lo fue en Nicaragua en los años ochenta. Uno de los territorios priorizados desde los cuales hacer ingresar estas fuerzas sería Colombia, como también denunció Moncada: “la conformación de un supuesto ejército de Venezuela en territorio colombiano para infiltrarse en nuestro país”.

Esa hipótesis se articula a otros puntos. Uno de ellos es la utilización que podrían hacer de los integrantes de la Fanb que han cruzado a Colombia bajo promesa de la amnistía y los 20 mil dólares ofrecidos. Seguramente no de quienes han desertado, pero sí, por ejemplo, hacer pasar comunicacionalmente a paramilitares por exintegrantes de la Fanb, o utilizar sus uniformes para realizar acciones denominadas de falsa bandera. Existe una práctica de Estado de estas acciones en Colombia: quien ha sido ascendido a Comandante del Ejército por el presidente Duque está implicado en 23 casos de falsos positivos, es decir de asesinatos de civiles haciéndolos pasar por fuerzas guerrilleras. Sucedió entre el 2002 y 2008, bajo Álvaro Uribe.

En ese contexto la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, estuvo en Rusia donde brindó una rueda de prensa junto al canciller ruso Serguei Lavrov. Allí, además del respaldo explícito al gobierno de Venezuela, Lavrov denunció que Estados Unidos está “comprando armas ligeras a países de Europa del Este, ametralladoras, lanzagranadas portátiles, entre otros, para enviarlos a Venezuela (…) tratan de aumentar las tensiones para crear una situación que provocaría una explosión, un derramamiento de sangre que justificaría una intervención militar, nadie lo oculta en Washington”.

Guaidó, epicentro mediático de la estrategia, anunció que regresará a Venezuela, y convocó a concentraciones para el lunes en la mañana. El Grupo de Lima, voceros norteamericanos, han denunciado amenazas contra él. ¿Qué sucederá cuando llegue? ¿Ingresará por caminos ilegales como para su salida? El país parece cerca de ingresar en un segundo momento del asalto. Las cartas están en preparación.

Entre el bluf y la intervención externa

por @Marco_Teruggi

La relativa normalidad que se vive en la frontera colombiano-venezolana provoca desconcierto

Aparece de forma cada vez más abierta la hipótesis de la intervención militar de parte de funcionarios de EE.UU. y la oposición venezolana. “Los días de Maduro están contados”, dijo Mike Pence, secretario de Estado.

Desde San Antonio, frontera con Colombia

Algo no encaja al observar la situación el 24 de febrero en la frontera colombo-venezolana. Se vive una normalidad fuera de guión que contrasta con las declaraciones internacionales y de la derecha venezolana. La distancia es tal que una pregunta se presenta nítida: o se trata de un inmenso bluf, o una intervención internacional está en preparación.

“Los días de Maduro están contados”, afirmó Mike Pompeo, secretario de Estado norteamericano; Marco Rubio, senador por La Florida, tuiteó una imagen de Muamar Khadafi sonriente y luego linchado, y Miguel Pizarro, del partido Primero Justicia, sostuvo en una rueda de prensa junto a demás fuerzas de la oposición, que se está viviendo “un desenlace, una etapa final”.

Al seguir la línea declarativa el asalto no tiene vuelta atrás. Las puertas de la negociación no serán abiertas, “usurpan el poder, no hay nada que negociar, no hay igualdad de dos fuerzas que puedan entenderse para ver cómo reglamentar esto”, afirmó Pizarro, y todo parece volcarse al frente internacional. ¿Con qué objetivo? Juan Guaidó tuiteó la noche del sábado la línea que trabajarán: “Plantear a la comunidad internacional de manera formal que debemos tener abiertas todas las opciones”.

Aparece de forma cada vez más abierta la hipótesis de la intervención militar. Julio Borges, encargado en el Grupo de Lima por parte de la derecha, twitteó: “Vamos a exigir una escalada de la presión diplomática y en el uso de la fuerza contra la dictadura de Nicolás Maduro”. La reunión del Grupo será hoy en la ciudad de Bogotá, a donde ayer llegó Guaidó. Asistirá el vicepresidente norteamericano, Mike Pence, uno de los jefes, junto a John Bolton y Elliot Abrams, en la Operación Venezuela.

¿Qué saldrá públicamente de esa reunión? Se puede anticipar que declaraciones de condena a Maduro, acusación de todo tipo de violaciones, posibles nuevos cercos diplomáticos, y bloqueos económicos. Sería lo que ya se conoce. La pregunta es qué podría ser lo nuevo, desde la premisa siempre presente que una cosa es lo que se afirma y otra lo que se prepara por debajo de la mesa.

Pasado el 23 parece que la intervención es la única carta que pueden jugar para llevar adelante lo que afirman. Se puede suponer que no era la preferencial, que los primeros planes eran un quiebre de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), un efecto colapso-estallido desencadenado por los ataques económicos, una serie de acciones montadas para crear conmociones aún mayores. Una de esas no logró su objetivo, explicó el ministro de comunicación venezolano, Jorge Rodríguez, al referirse al intento de atropellar gente con tanquetas la mañana del 23.

Respecto a la Fanb la campaña de la derecha ha buscado sobredimensionar las imágenes de integrantes desertores. Según Pizarro el número habría pasado los 100, mientras que, según fuentes gubernamentales, se afirma que fueron 15. El impacto fue mediático, ya que no se trata de integrantes con capacidad de conducción interna, de generar quiebres que puedan encabezar un asalto al palacio presidencial. El factor Fanb no ha aparecido hasta el momento para sumarse al golpe de Estado, lo que demuestra la falsedad de decenas de titulares, declaraciones, y análisis que anunciaban fracturas inminentes.

Llegados a ese punto, luego de más de un mes de la autoproclamación de Guaidó reconocido por Twitter por Donald Trump, la estrategia de derrocamiento se encuentra en la encrucijada en la que se metió: o avanzar en la última carta que es la intervención, o ser un nuevo bluf, esta vez conducido desde altas esferas de Estados Unidos.

¿Qué es un bluf? Una forma de jugar, que consiste en hacer creer al adversario que se tiene más de lo que se tiene, subir de rondas, y esperar que el otro se eche para atrás para no llegar al punto final. El bluf queda descubierto cuando finalmente es necesario mostrar las cartas. ¿Están dispuestos Trump y el equipo Operación Venezuela a mostrarse en un bluf?

¿Tienen posibilidad interna de acordar la intervención? ¿Sería a través de Colombia? ¿Las élites colombianas están dispuestas? Son muchas las preguntas que se pueden encadenar para intentar responder estas preguntas.

Tal vez los diferentes episodios centrales, como el 22 y 23 de febrero, han sido parte de lo que estuvo diseñado desde el primer momento: la intervención. Por eso se muestran tan seguros, por eso existe un orden de acciones, de acusaciones, con la última –que ya quedó demostrado con imágenes que fue montada– que sostiene que el gobierno de Maduro habría quemado camiones con ayuda humanitaria, lo que sería un crimen de lesa humanidad. ¿Se estuvo todo este tiempo ante un escenario que vendrá y siempre fue el principal? Se sabrá a medida que se den más declaraciones y actos.

Los días son largos en Venezuela, en la frontera, en este escenario que el ex candidato presidencial de izquierda Gustavo Petro –quien nunca ha manifestado simpatía por el gobierno de Nicolás Maduro– ha calificado como “guerra de facto” declarada por Colombia. El también ha expresado que “la estrategia de Duque y Trump es la invasión violenta”. La hora de mostrar las cartas parece estar llegando. Veremos si se trata de un bluf.

La frontera venezolana, una puerta que hoy no cede

por @Marco_Teruggi
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Lo que no cuentan las agencias, reportaje desde la frontera con Colombia
Crónica desde el paso limítrofe entre Venezuela y Colombia

Las cámaras apuntan a la frontera entre Venezuela y Colombia. El set montado la presenta como una puerta que estaría por ceder. Todo parece listo, faltaría que llegue el día indicado que, a seguir declaraciones de presidentes, títulos de noticieros, estaría por ocurrir. La narrativa de la inminencia es central desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente: inminente caída de Nicolás Maduro, inminente gobierno de transición y resolución de todos los problemas de Venezuela.

Las imágenes al llegar a la frontera son otras. En particular en el punto que se ha construido como zona crítica: los municipios Simón Bolívar y Ureña, en el estado Táchira, frente a la ciudad de Cúcuta, Colombia. Allí debería verse un territorio conmocionado, militarizado del lado venezolano y transformado en un acopio masivo de ayuda humanitaria del lado colombiano. La realidad es diferente, una superposición de normalidad de una de las fronteras más complejas del continente, y el clima de un escenario en construcción.

Comprender las dinámicas de frontera demanda cruzar algunas variables. En primer lugar, la conformación histórica de ese territorio como zona de comercio binacional, marcado en las direcciones de compra-venta según la relación entre el bolívar venezolano y el peso colombiano. En segundo lugar, la puesta en marcha desde el año 2013 -con señales anteriores- del contrabando de extracción como parte de un plan de desangre de la economía venezolana. En tercer lugar, la presencia de actores claves al mando de las operaciones del contrabando, como grupos paramilitares. En cuarto lugar, los tres puntos anteriores dentro del cuadro económico actual. Las variables se cruzan y retroalimentan.

Dentro de esa geografía las cámaras se enfocan sobre dos cruces, el puente Las Tienditas, y el puente Simón Bolívar. El primero fue tapa de periódicos por los conteiners puestos del lado venezolano, presentados como un cierre del paso. Ese puente nunca estuvo abierto. Su construcción fue por iniciativa venezolana, saboteado en su concreción por las políticas colombianas que apuestan a magnificar el contrabando ilegal de gasolina en vez de ordenar un sistema de precios acordados entre ambos países en las gasolineras fronterizas.

La cuestión de la gasolina es clave para comprender la frontera: un litro del lado colombiano cuesta cerca de 60 centavos de dólares, mientras que del lado venezolano el tanque completo no cuesta un dólar. Esa gasolina contrabandeada permite abastecer las zonas fronterizas colombianas empobrecidas, a la empresa colombiana Ecopetrol destinar el combustible a otros sitios, a los paramilitares amasar millones, y a quienes manejan el control de la cocaína -paramilitares y carteles- contar con gasolina económica para su procesamiento. El gobierno colombiano ha autorizado por ley el contrabando de gasolina.

El segundo puente enfocado es el Simón Bolívar. Abierto de 6am a 9pm al paso de peatones, y de 9pm a 12pm al paso de gandolas. Por allí pasan cerca de 30 mil personas diarias, de las cuales cerca de 2 mil sellan pasaporte, es decir que las demás van y vienen en el mismo día. Tiene una ventaja cinematográfica: es angosto, por lo cual puede generarse una gran cola de gente con solo frenar el paso unos minutos. Es lo que hacen las autoridades colombianas cuando la campaña mediática requiere fotografías que muestren masividad. De lo contrario el transito de personas es grande y fluido.

El ida y venida es comercial y familiar. Del lado colombiano se consiguen determinados productos a precios más económicos que en Venezuela, por lo que mucha gente cruza a comprarlos, para consumo personal o para revenderlos más caro del lado venezolano. Otros productos, regulados o subsidiados, son más baratos del lado venezolano, por lo que la dirección es la opuesta. Se trata de una economía de miles de personas de la frontera, de otros estados del país -como gente venida de Barinas o Barquisimeto- ampliada por las dificultades económicas que se deben a la combinación del bloqueo financiero, el ataque sobre la moneda, la dificultad para detener la hiperinflación, entre otros puntos.

Sobre esa cotidianeidad está en construcción la narrativa humanitaria, la ayuda, la posible intervención. Han hecho de la frontera el set donde se encuentran las grandes agencias de comunicación, voceros de diferentes gobiernos, organizaciones internacionales. El objetivo es mostrarla como el punto crítico por donde cederá la puerta.

Todos saben, por ejemplo, que el puente Las Tienditas nunca estuvo abierto, aunque afirmen que el gobierno venezolano lo bloqueó ante esta situación. En el recorrido que brindó Freddy Bernal, nombrado protector del estado Táchira por Maduro -la gobernadora pertenece a Acción Democrática, de oposición- estuvieron presentes medios colombianos y agencias internacionales. No importa que sepan la verdad del puente, afirman lo contrario, la campaña en marcha para aislar a Venezuela requiere la construcción de una matriz, donde están articulada agencias, funcionarios de gobiernos, organismos, presidentes, ingenierías de redes sociales, entre otros.

En ese contexto la ayuda humanitaria se ha construido como el ariete para derribar la puerta. Con varias particularidades: en primer lugar, que lo que hasta ahora ha llegado es insignificante, dos gandolas, cuando se reparten 40 en una sola jornada de distribución de comida en Táchira a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. En segundo lugar, que no importa el impacto real que podría tener, sino la construcción del escenario, que será el de mostrar de un lado la ayuda, del otro a población venezolana pidiéndola -para lo cual la derecha movilizará sus fuerzas- y en el medio el gobierno cerrando el paso. Esa es la imagen que, al parecer, buscarán construir.

Dentro de ese cuadro puede generarse hipótesis. Una de ellas es que ese sea el territorio donde la estrategia del asalto pueda construir el elemento detonante, la operación montada para justificar nuevos ataques de mayor potencia. Necesitan elevar el impacto en la opinión pública, conseguir acuerdo en el Senado norteamericano para dejar por escrito que la intervención militar puede ser contemplada, crear conmoción interna.

El escenario parece estar en una excesiva normalidad para los objetivos que se han propuesto alcanzar. Eso se debe a que algunas maniobras no les resultaron, como por ejemplo la detención de García Palomo, quien iba a encabezar una serie de acciones militares en Caracas. Esta semana podría ser la elegida para activar el escenario frontera, sería el punto donde se unirían el frente internacional con el nacional para buscar un quiebre. Por el momento la superficie continúa calma.

Las fortalezas del chavismo

L'immagine può contenere: spazio all'apertopor Marco Teruggi

Convencerse de su propia mentira puede ser un error fatal. No sería la primera vez para la derecha venezolana. Repiten, desde que ha comenzado el intento de conformar un gobierno paralelo, que el chavismo ya no es más que Nicolás Maduro encerrado en el Palacio de Miraflores rodeado de una cúpula militar amarrada por la corrupción. Solo sería cuestión de empujar lo que ya no existe, el árbol muerto.

En el 2017 afirmaban lo mismo: sobrestimaron su fuerza, subestimaron al chavismo. Esa lectura los condujo a un asalto violento seguido de una sucesión de derrotas políticas que los trajo hasta este escenario en el cual afirman que derrocarán a Maduro, otra vez por la fuerza.

La realidad del chavismo es otra. En primer lugar, no se ha desmovilizado. Quedó expresado no solamente en la marcha del 23 de enero -invisibilizada por la derecha y los grandes medios- sino también en las movilizaciones que siguieron los dos días siguientes, como la del viernes en Vargas, localidad cercana a Caracas.

Sobre este punto conviene desarmar dos mitos de la derecha. En primer lugar, que el apoyo se debe a una red clientelar, y, en segundo lugar, que quienes se movilizan lo hacen por obligación. Existe entre 37 y 41% de personas que se autodefinen chavistas, según los números de la encuestadora Hinterlaces. Sus relaciones respecto al actual proceso político son varias, con combinaciones complejas como de distanciamientos/desgaste debido a las profundidades de las dificultades económicas, y de filas cerradas ante un cuadro donde queda evidenciado que se está ante un Golpe de Estado direccionado desde los Estados Unidos.

Ese chavismo tiene además otra característica: sus niveles de organización y politización. Existe un tejido organizativo en las barriadas populares, zonas rurales. Se trata de consejos comunales, comunas, comités locales de abastecimiento y producción, mercados comunales, consejos campesinos, emprendimientos productivos, milicias bolivarianas, entre otras experiencias. El chavismo tiene una dimensión identitaria y territorial. La derecha no tiene presencia organizada allí, por eso recurre a grupos armados y pagados para crear focos que logren sumar apoyo popular.

Además de ese entramado se encuentra el Partido Socialista Unido de Venezuela, principal instrumento político del chavismo, el partido más grande del país, que no ha mostrado rupturas. El reflejo de la unidad ante la agresión es poderoso. La derecha busca quebrarlo, generar deserciones, arrepentidos que luego son presentados como héroes.

Esa fortaleza política se une a la falta de respuesta que ha tenido el llamado al Golpe de Estado sobre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) y sobre los diferentes poderes del Estado. En el 2017 la derecha había logrado que la Fiscal General diera un giro total a su posición respecto al gobierno, esta vez no, solo un magistrado del Tribunal Supremo de Justicia que abandonó su cargo y pidió ser acogido en los Estados Unidos. Es poco para una acción de fuerza como la que está sobre la mesa.

La situación de debilidad absoluta del chavismo presentada por la derecha es entonces una construcción que no se sustenta en lo que ocurre en barrios o altas esferas. ¿Creen lo que afirman?

No significa que no existan fragilidades, producto de los ataques, errores propios, equilibrios internos inestables. El cuadro económico prolongado es el factor que más corroe. Por eso una de las estrategias anunciadas por los Estados Unidos reside en profundizar los frentes del bloqueo sobre la economía para secar una economía dependiente del petróleo y las importaciones. Por eso también resulta claro que la fuerza del plan del gobierno paralelo no reside en el plano interno sino internacional.

El destiempo entre ambas variables es prístino visto desde Venezuela. El sábado lo evidenció: mientras el día transcurría con tranquilidad en Caracas y el país, la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas era territorio de enfrentamientos entre el bloque liderado por Estados Unidos y los países opuestos al avance de la injerencia. Es allí donde se juegan los movimientos principales hoy.

La derecha en Venezuela parece a la espera de recibir instrucciones desde afuera según la evolución de las diferentes acciones emprendidas. Ha quedado evidenciada una partición de posturas internacionales, con claros apoyo a Maduro como el de Rusia, a la vez que la consolidación de la alianza autodenominada como “comunidad internacional”: Estados Unidos, Francia y Alemania -la dirección real de la Unión Europea-, España -quien marca la agenda hacia América Latina por razones neocoloniales-, Gran Bretaña, Canadá, y el Grupo de Lima sin México.

Resulta demasiado arriesgados pronosticar la evolución de las variables, aunque el desarrollo hasta ahora dado parece evidenciar que los Estados Unidos avanzan paso tras paso en un plan establecido. La pregunta que circula a estas horas es: ¿cuáles son los tiempos que han calculado para lograr el derrocamiento de Maduro? ¿Piensan acelerar en lo nacional una vez que el cuadro internacional quede establecido según sus necesidades? ¿Con qué actores? ¿O piensan por el contrario ingresar a un cuadro de mediano plazo? Existe un elemento que hasta el momento no ha entrado en acción con la fuerza que se espera: el gobierno de Colombia.

La política no funciona como ajedrez, en particular cuando el mundo ya no es la unipolaridad de los años noventa donde los Estados Unidos hacían y deshacían, la forma en que ha mutado la guerra en Siria es un ejemplo claro. Tampoco Venezuela es un terreno donde los cálculos hasta el momento les hayan dado los resultados previstos, y la derecha venezolana ha resultado una pésima y costosa inversión: este es el cuarto intento de asalto al poder en seis años. Una de las razones para entender cómo han fracasado en ese objetivo una y otra vez es la caracterización del chavismo, sus complejidades, potencias, arquitecturas, capacidades de respuestas al estar contra las cuerdas.

Subestimar al adversario, en este caso enemigo por cómo han planteado el conflicto, es un error central. La derecha no ha dejado de cometerlo. ¿Lo harán también los Estados Unidos?

Chile 3-7dic2018: Marco Teruggi presenta “Mañana será historia”

Domani sarà Storia! Sostieni chi racconta il Venezuela profondo!

L'immagine può contenere: una o più persone, spazio all'aperto e testodi Giuliano Granato

Avete presente il Venezuela? Quel paese spesso al centro delle cronache per la “dittatura”, “crisi umanitaria” e per “dimostrare” – una volta di più – il fallimento della trasformazione socialista della società? I racconti che abbiamo quasi mai arrivano dal Venezuela profondo. I nostri giornalisti si limitano a rimpallare quello che scrivono El país o la CNN español. E non fanno capire nulla. Demonizzano, non raccontano. Puntano il dito, non spiegano, non analizzano.

Marco Teruggi è giornalista e sociologo. È argentino, ma nelle sue vene pulsa anche la Francia. Sei anni fa ha deciso di trasferirsi in Venezuela per andare a capire quello che stava succedendo. E da due anni prende appunti, note, butta giù riflessioni, scrive un diario. Io l’ho conosciuto esattamente un anno fa, su un tetto di Caracas. Passammo una notte intera a parlare, a confrontarci. 

Ora tutto questo sta per diventare un libro. Un racconto del Venezuela di oggi. Di quello che nessuno ti racconta. Di quello delle “comunas”, dove contadini riprendono in mano le proprie vite, ridanno vita a terre abbandonate, entrano nella lotta per la produzione e in quella politica. Non più “marginali”, ma protagonisti. Nessuno gliel’ha regalato. Se lo sono preso. Di quello degli “ambulatori popolari”, costruiti letteralmente da comunità, urbane o rurali, che vogliono garantirsi il diritto alla salute, nel mezzo di mille difficoltà. E di quello di alcuni quartieri urbani in cui si vivono esperienze di autorganizzazione popolare ricchissime, che avrebbero tanto da insegnarci, se solo riuscissimo ad andare oltre la superficie e le ovvie differenze. Marco racconta cosa sia oggi la frontiera con la Colombia, i traffici illeciti, il paramilitarismo, la violenza politica. E, allo stesso tempo, i dibattiti in corso in una società viva, che da quando Chávez ha fatto irruzione al governo del paese (1999), è diventata partecipe, protagonista e non più mera spettatrice di un teatrino che per attori e vittime aveva sempre gli stessi.

Affinché questo Venezuela possa essere raccontato e letto, c’è bisogno del tuo aiuto. Marco ha lanciato una campagna di crowfunding per permettere che il libro venga pubblicato innanzitutto in Argentina (in castigliano). E di lì chissà. 

Per chi conosce il castigliano, sostenete questo sforzo di autorganizzazione dal basso. E poi avete mai letto qualcosa di Marco? È di un godibile incredibile. 

Per chi non legge il castigliano, lo stesso. Sostenete il progetto. Starete dando un contributo a una causa che va molto al di là dei confini di un singolo paese. Si parla di popolo, si parla di noi.

Qui tutte le informazioni:
https://www.idea.me/projects/63705/manana-sera-historia

Venezuela: la intervención internacional toma posiciones

Risultati immagini per marcha chavistapor Marco Teurggi
pagina12.com.ar

La construcción del escenario internacional contra Venezuela se ha acelerado. La decisión proviene desde la dirección estratégica del conflicto que se encuentra en Estados Unidos (EEUU). Nikki Haley, embajadora de los EEUU ante la Organización de Naciones Unidas, y James Mattis, Secretario de Defensa, fueron los dos últimos en desplegarse en el continente, en particular en la base central: Colombia.

La primera estuvo en la asunción del recién electo presidente Iván Duque, se desplazó a la frontera colombo-venezolana, desde donde declaró que “el mundo debe darse cuenta de que hay un dictador en Venezuela”, y llamó a los países de la región a actuar. El segundo se reunió con el presidente luego de su gira por Brasil, Argentina, Chile y Colombia. La agenda se centró en Venezuela, la presión mediática, diplomática, el cerco económico, los próximos pasos en la escalada.

Mattis anunció luego de su visita el envío del buque-hospital USNS Comfort a las aguas colombianas cercanas a Venezuela. Argumentó que se trata de un apoyo ante los “refugiados” provocados por la “crisis humanitaria”.

Quienes tomaron la delantera a los pocos días fueron Sarah Sanders, portavoz de la Casa Blanca, quien afirmó “mantener todas las opciones sobre la mesa” en el caso de Venezuela. Le siguió el senador Marco Rubio, operador central de la línea intervencionista-golpista contra Venezuela, al afirmar que las circunstancias cambiaron, y una intervención armada forma parte de las posibilidades. “Venezuela y el régimen de Maduro se han convertido en una amenaza a la región e incluso a EEUU”, declaró. Lo hizo luego de reunirse John Bolton, miembro del Consejo de Seguridad Nacional.

Sus palabras fueron dichas a pocos días del inicio de los ejercicios militares UNITAS 2018 que se realizan en Cartagena, costa colombiana cercana a Venezuela, donde participan catorce países -entre los cuales Argentina- con buques, submarinos, aeronaves, bajo la dirección del Pentágono.

Factor Colombia
Iván Duque asumió la presidencia con un objetivo internacional en la mira: Venezuela. Heredó de Juan Manuel Santos el no reconocimiento de Nicolás Maduro como presidente, el ingreso a la OTAN como socio global, la construcción mediática-política en ascenso de hostilidad hacia el gobierno de Nicolás Maduro y los venezolanos.

Duque profundizó la orientación con la visita al Comando Sur, donde se entrevistó con Kurd Tidd, seguido del anuncio del retiro de Colombia de la UNASUR, la protección política de Julio Borges -uno de los principales autores intelectuales del intento de asesinato de Maduro, prófugo en Colombia- y las condiciones para que el Tribunal Supremo de Justicia ilegal sesione en Bogotá. Este último declaró culpable a Nicolás Maduro, pidió nuevamente a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) detenerlo. Ese Tribunal, ilegal, es parte de una de las cartas en desarrollo desde el 2017: la conformación de un gobierno paralelo.

Un elemento más resulta clave en el factor Colombia: la frontera. Más de dos mil kilómetros donde en el lado colombiano operan grupos paramilitares, narcotraficantes, y se desarrolla el contrabando de extracción. El gobierno colombiano, desde Álvaro Uribe –padre político de Duque-, legalizó el contrabando, en particular de gasolina. Fue en zona de frontera colombiana, cercano a donde estuvo Nikki Haley, donde se entrenaron quienes intentaron el asesinato con drones, justamente por tratarse de un territorio con alto desarrollo paramilitar.

Desde allí han ingresado fuerzas paramilitares que se han arraigado, propagado su forma de despliegue territorial bajo terror, y han actuado en la violencia de abril-julio del 2017. La hipótesis de acciones violentas se relacionan directamente con ese desarrollo: fuerzas irregulares financiadas, entrenadas, dirigidas desde el uribismo y los EEUU.

Factor migración
Las cámaras, tapas de diarios, discursos de gobiernos, se han orientado hasta la saturación hacia lo que presentan como el “éxodo” y los “refugiados”. No se trata de una repentina preocupación sino una coordinación para imponer esa idea, de manea a generar en la opinión pública la convicción de que es necesario intervenir. Es el punto de apoyo para convocar a la comunidad internacional y justificar posibles acciones.

Algunos de esas acciones recientes han sido el envío de Cascos Blancos argentinos a la frontera colombo-venezolana, la declaración de emergencia sanitaria por causa de la inmigración venezolana por parte del gobierno de Perú, la decisión del gobierno de Brasil desplegar la Fuerza Armada en la frontera con Venezuela, y las declaraciones de preocupación y entrega de dinero por parte de la Unión Europea.

El tratamiento dado a la situación de la emigración venezolana evidencia su utilización para construir un escenario de aislamiento y presión internacional. No es el primer caso en la historia. La emigración es real, es parte de los efectos del cuadro económico y otros elementos como las promesas de que fuera habrá trabajo/techo/dólares, pero no lo es en las dimensiones en las que se la construye mediáticamente. La preocupación por parte de las grandes cadenas de televisión y periódicos nunca estuvo, por ejemplo, con la emigración colombiana que, tan solo en Venezuela, se eleva a cerca de 5 millones 600 mil personas.

El próximo cinco de septiembre tendrá lugar una reunión especial de la Organización de Estados Americanos para “considerar la crisis migratoria originada por la situación en Venezuela”. Otra pieza en la construcción del tablero intervencionista.

Todas las cartas
¿Habrá una intervención internacional? Se puede afirmar que existe un escenario en construcción, una voluntad por parte de sectores políticos nacionales e internacionales, una medición de cómo podría ser: vías, actores, pretextos, tiempos. Por el momento aumentan la presión, amplían posiciones, rodean, buscan convencer. Los EEUU desarrollan todas las cartas, utilizan una u otra según el escenario que esté ya conformado o busquen acelera, y según los resultados. La apuesta por la oposición venezolana y las elecciones ha llevado a una sucesión de derrotas.

Lo que parece seguro es que anunciarán nuevos ataques contra la economía como parte del bloqueo ya declarado contra Venezuela. Es en la economía donde se juega hoy una de las principales batallas: el gobierno necesita a toda costa estabilizarla, y el bloque adverso hará lo posible para que el cuadro empeore y eso genere condiciones para nuevas acciones.

Por último cabe señalar que en septiembre tendrá lugar un ejercicio militar de defensa aérea conjunto entre Venezuela y Rusia en territorio venezolano. La influencia rusa, así como china, no deben perderse de vista en este acomodo de posiciones. Son una amenaza para los intereses de los EEUU, así lo han afirmado en varias oportunidades. El conflicto venezolano es mucho más que venezolano.

Fiscalización, euforia inmediata y reacción en camino

Immagine correlatapor Marco Teruggi
15yultimo.com

La gente escucha los anuncios de Maduro como antes hacía con los de Chávez, dice un compañero en Sarare, estado Lara. Se pasa frente a las casas y ahí están los televisores prendidos cuando habla el presidente, a la espera de nuevas medidas económicas que se amplían casi a diario. En las calles del pueblo se han puesto en marcha iniciativas para fiscalizar, muchos quieren participar, como si se hubiera esperado por este momento durante demasiado tiempo.

Lo mismo sucede en La Pedrera, estado Táchira, donde los operativos fiscalizadores conjuntos se han dado uno tras otro: la alcaldía, las instituciones, los consejos comunales, las comunas, los Clap, el chavismo. Han registrado comercios, encontrado irregularidades, decomisado 36 toneladas de alimentos, vendido a precio justo en jornadas organizadas por consejos comunales. La gente protagoniza, tiene una lista de precios, reglas del juego marcadas, actúa, quiere hacerlo.

Las imágenes se multiplican por el país, Caracas, Mérida, Bolívar, caravanas a pie, en moto, denuncias, fiscalizaciones, pulseada con los comerciantes, colas de varias horas en un supermercado de Barinas para comprar medio kilo de café que antes era más que un sueldo mínimo, alcaldes como el de Boconoito, estado Portuguesa, que comenzó a fiscalizar con veinte personas y terminó rodeado de mil. Como un pez que recupera agua luego de una asfixia creciente y pelea.

La pelota pasó para el otro lado, la culpa es ahora para muchos -¿la mayoría?- de los comerciantes, los transportistas, los especuladores. Es una victoria en la disputa de sentidos. La derecha a través de sus medios y portavoces intenta invertir, poner en víctimas a empresarios, bodegueros, repite que los costos no dan, por los nuevos salarios y los precios acordados. Buscan devolver la pelota que luego de mucho tiempo está en su campo. El gobierno tomó la iniciativa, son los primeros rounds de unos asaltos que serán violentos.

Las respuestas ante el avance son las esperadas: intentos de elevar los precios, cerrar santamarías, esconder mercancías a la luz del día, acostumbrados a la impunidad. Los principales miedos económicos en la sociedad, luego de varios años de guerra, son el desabastecimiento y la hiperinflación. Traumas causados como parte de un plan, que pueden ser utilizados como extorsión: que haya aunque sea caro, pero que haya. Los diseñadores del escenario de guerra y los comerciantes lo saben, comienzan a activarlos.

El nuevo escenario genera reacomodos, gente que tenía valijas listas para irse y decide esperar al ver la evolución económica, bachaqueros que rebajan precios de la comida en San Cristóbal para hacerse de billetes y venderlos en Cúcuta, medición del dólar Dicom y el paralelo para saber cómo acciona el principal marcador hiperinflacionario. Existen expectativas económicas luego de varios años, unos días/semanas de tregua, de ilusionarse.

*

La pregunta principal es: ¿durará? Resulta difícil un pronóstico certero. Por el cuadro en el cual se desarrolla la iniciativa: quienes buscan arrancar al gobierno y arrasar el proceso saben que en el desgaste económico está una de sus principales variables de acumulación para generar acontecimientos de desenlace. Harán todo lo posible para evitar una estabilización. Son actores con poder de fuego económico internacional, nacional, y ejercicio de bloqueo, acaparamiento y colapso económico: golpearán más fuerte.

A su vez por la cantidad de elementos en juego, el reordenamiento de piezas centrales de la economía que deben actuar en simultáneo, y por el mismo ejercicio de recuperar gobierno luego de llegar a la ausencia de autoridad en zonas de la vida económica.

Las razones sobre las cuales se fundamentan los pronósticos favorables parecen ser, siguiendo los anuncios, varias. La derogación de la ley de ilícitos cambiarios con sus consecuentes 300 casas de cambio, junto con los incentivos para atraer capitales como quita de impuestos para importaciones de bienes de capital, materias primas, insumos, agroinsumos, repuestos. Ambas medidas deberían crear un escenario propicio a la llegada de capitales para la inversión productiva –como por ejemplo en Pdvsa para lo cual ya se han realizado acuerdos.

Los capitales privados, nacionales, internacionales -entre los cuales las remesas- deberían abastecer al mercado del dólar, ya que el Estado no lo hará a través de subastas. ¿El privado tiene la capacidad y voluntad económica/política para abastecer la demanda de divisas? En caso de no tenerla, cómo evitar la nueva expansión del dólar paralelo que tiene elementos políticos y económicos, y efectos arrasadores sobre los precios -usado como mentira para aumentar o con bases de verdad de costos, su impacto es real-. Esa duda rodea uno de los elementos medulares del plan. Tal vez sea desde alianzas internacionales que se puedan aportar los dólares necesarios ante una demanda que es a su vez insaciable.

El factor petro podría cumplir un efecto de acorralamiento del paralelo en caso de ser vendido en bolívares y ser a su vez una criptomoneda con la cual realizar transacciones internacionales. El gobierno ha anunciado que podrá ser comprado mediante el monedero del carnet de la patria como forma de ahorro -como el oro-, no para ser libremente convertido. Diferentes declaraciones indican que luego sí lo será. Los anuncios se amplían casi a diario, el petro todavía está en proceso, tanto a nivel nacional como internacional.

Mientras esas variables se desarrollan el paralelo presiona sobre la viabilidad de las medidas que, según los anuncios, cuentan con acuerdos importantes grandes empresas de la alimentación y ahora también de productos de higiene. De ese entendimiento proviene la lista de los precios acordados que debería ampliarse. Para garantizarla el gobierno suministrará las materias primas para la producción de los alimentos –los dólares del Estado les llegan ahora por otra vía-. De esos acuerdos vendría la estabilidad de precios, unida a otras medidas como el pago de nómina durante los tres primeros meses a la pequeña y mediana empresa.

¿Se puede sostener un acuerdo con quiénes han sido partes centrales de los desabastecimientos y otras formas de ataques a la economía? Las semanas dirán, dependerá, entre otras cosas, de la capacidad de gobierno, los beneficios que alcanzarán -nunca pierden-, la disposición a estabilizar económicamente que es a su vez una estabilización política, la presión de la gente en el cotidiano.

Son muchos puntos en desarrollo simultáneo. Varios elementos más pueden socavar su viabilidad: la lógica especulativa de hiperganancia desatada en cada sector de la economía, la devaluación de 2900%, la dificultad de la institucionalidad en su ejercicio de gobierno unida a corrupciones arraigadas en puntos claves, la fiscalización en algunos productos mientras los otros son desbordados en sus aumentos de precios.

*

Esta batalla es vital en el actual momento. Como lo fue la Asamblea Nacional Constituyente. Es imprescindible recuperar aire, frenar la caída, y desde ahí proyectar hacia adelante. Sin esa estabilización de las variables resulta casi inviable el desarrollo de las formas de economía comunales, sociales, campesinas, sumergidas en las lógicas arrasadoras, con menos capacidad de resistencia y un apoyo secundario del Estado. Parece haber sido relegada la apuesta hacia esa economía, así como a varias empresas estatales, conducidas a situaciones de crisis con la perspectiva de ser cedidas al privado bajo diferentes figuras –como denuncian por ejemplo trabajadores de la Empresa Socialista Mixta Lácteos del Alba.

El mapa estatal, campesino, pequeños y medianos productores, comunas, presenta síntomas preocupantes: los apoyos de la institucionalidad llegan tarde o no llegan –como insumos, semillas, fertilizantes-. Venezuela no será salvada por la agroindustria, ni Empresas Polar, ni El Tunal aunque la táctica en este escenario demande acuerdo y concesión. La contradicción principal en pleno campo de batalla no debe eclipsar las demás contradicciones, estratégicas. (altro…)

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