La Revolución, que no espera al gobierno

por Marco Teruggi – solidaria.info

La revolución se hace lejos de cámaras.

Como hoy, que son las siete de la noche, y en un callejón en lo más arriba del cerro están reunidas unas sesenta personas. Es la segunda asamblea de la recién conformada Comuna Socialista Altos de Lídice, situada en La Pastora.

En la reunión, abierta a quien quiera acercarse, se encuentran jóvenes, mayores, vecinos, militantes, chavismo, comunidad, gente organizada y gente que no. A esa hora, desde ese sitio, la ciudad se ve como un sinfín de bombillos que se extienden sobre los cerros.

La conformación de la comuna fue votada por la comunidad a principios de junio.

Se instaló una urna en cada uno de los cinco consejos comunales que se unieron para conformarla, y en cada urna acudió la gente a contestar si quería o no que se conformara una comuna en su territorio. Sí o no.

Ganó el sí con abrumadora mayoría. Ganó porque el proceso de construcción de la comuna venía en desarrollo desde hacía tiempo.

Ya se había comenzado una siembra urbana; un trabajo para abordar la problemática del transporte -las cooperativas no quieren subir hasta lo alto del cerro-; un proceso de deporte, con la juventud; de organización en salud, con los adultos mayores; entre otras cosas.

Ya estaba en desarrollo un trabajo comunal, la legitimidad para convocar a elecciones y presentar lo que se denomina la Carta Fundacional de la Comuna, una suerte de constitución, de hoja de ruta comunal.

Por eso votó un tercio de la comunidad -necesario para la aprobación de una comuna- en una época de dificultad, no solamente material sino, también política, donde existe un repliegue en muchos sectores de la sociedad.

La asamblea de hoy es para comenzar a dar forma a la comuna, y eso es, en este primer momento, conformar las mesas de trabajo, según lo planteado en la Carta Fundacional.

Quedan formadas las mesas de servicios, salud, economía comunal, infraestructura, hábitat y vivienda, alimentación, deporte, cultura y recreación, comunicación, y milicia bolivariana. Las personas se anotan en cada mesa, que comenzarán a funcionar a los pocos días.

“Esta vaina es de todos nosotros, tenemos que pelearla, necesitamos de la participación de todos, de su esfuerzo mi hermano”, dice un vecino para motivar a que se inscriban para dar vida a las mesas.

“No vamos a esperar a que el gobierno venga a solucionar lo que debemos hacer nosotros mismos”, afirma una vecina.

El gobierno, las instituciones, muchas veces tardan en llegar hasta lo más alto de los cerros de Caracas. Recuerdan un incendio reciente, y cómo fue la comunidad quien sacó a la gente de sus casas humildes para resguardarlas.

Existe una necesidad de estar organizados, ante las próximas lluvias que vendrán y, como siempre, amenazarán a las casas menos sólidas en terrenos frágiles. Se organizan ante la falta de gas, de agua, ante los problemas comunes.

Es un ejercicio de democracia y organización que comenzó desde el inicio de la revolución, y que tiene génesis anteriores también.

Chávez convocó una y otra vez a las comunidades a organizarse para resolver sus problemas, tanto las reivindicaciones materiales, como para poner en pie nuevas relaciones sociales, formas de solidaridad, trabajo común, voluntario, igualitario, lo que denominaba el “espíritu de la comuna”.

Un vecino lo recuerda en la asamblea: “Bien decía Chávez, mientras estemos unidos nada nos va a pasar”.

Casi veinte años después de haberse iniciado la revolución, ese llamado de Chávez sigue encontrando respuestas. Por lo general, en los sectores más populares.

Estas experiencias, estos avances, se dan gracias a varios factores: el proceso acumulado de organización, la formación permanente que encabezó Chávez, el enraizamiento del chavismo y su cultura política, la decisión de movimientos sociales de acompañar a las comunidades en ese proceso, como, en este caso, la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, y las necesidades concretas que existen.

El paso dado en Altos de Lídice sucede en un cuadro de incertidumbre en Venezuela.

Si en términos políticos resulta claro que el chavismo consolidó su victoria presidencial y mantiene la iniciativa política, la gran pregunta está en la economía, en las medidas por tomarse, las correcciones necesarias. Ante eso algunos sectores no se paralizan, avanzan, buscan por dónde, crean, en este caso, una comuna.

La apuesta es grande, el horizonte de la comuna es del construir un gobierno de la gente organizada en su territorio -un autogobierno en cogobierno con las instituciones- poner en pie tramas económicas con empresas de propiedad social en manos de la comuna, ejercer un poder colectivo que debe desplegarse de cara a ser el nuevo Estado por-venir.

Por ahora, son los primeros pasos, construir las instancias de organización interna de la comuna, las respuestas a las demandas concretas, y tener siempre en el pensamiento el objetivo de mediano y largo plazo. Ahí está la revolución haciendo revolución, sin esperar al Gobierno.

El país que se llevan y la resistencia de los que se quedan

Risultati immagini per marcha chavistapor Marco Teruggi – 15yultimo.com

Dos hombres cargan una pierna de vaca arriba de una moto en dirección a la frontera, un responsable del paso fronterizo cobra mil pesos por cada kilo que pese el animal, las canoas van y vienen de una orilla a la otra, las carnicerías y queserías están vacías porque llega gente “del centro”, como dicen, a comprar unos kilos y llevarlos para el otro lado, todos los hoteles están llenos para hospedar a los que hacen el camino de la reventa, existen rutas de buses de varios puntos del país a la frontera exclusivamente para quienes se dedican a ese negocio, hay más robos en el pueblo, casi todo se cobra en efectivo y el efectivo se compra en 300%, las gasolineras despachan a menos de la mitad de carros de lo que deberían hacer con lo que les llega, los carros cargan varias veces en el día con chip revendidos. Sucede de día, delante de todos.

De noche hay otros movimientos, los buses cargados de carne y queso salen hacia la frontera, otros recogen el dinero en efectivo en un punto intermedio y van en la misma dirección con sacos llenos que luego forman pilas de bolívares del otro lado, pasan los contrabandistas que compraron la carne al matadero clandestino, los que llevan ganado sin identificación que será marcado en Colombia, pasan gandolas, más gandolas, se va un país. La frontera es un agujero negro que arrastra hombres, mujeres y todo tipo de mercancía: aguacates, limones, gasolina, macetas, efectivo, animales, cemento, cada cosa que del otro lado cueste más. Es una sociedad con complicidades, jerarquías, silencios, con humildes que consiguen alguito y grandes mafias que desangran. Es un saqueo diario, un auto-saqueo.

El diferencial es inmenso. Un sueldo mínimo es 2 millones 500 mil bolívares en Venezuela. Un trabajador sin papeles, es decir mal pago, que haga tareas domésticas cobra en un pueblo de frontera en Colombia -convertido de pesos- 220 millones de bolívares mensuales. ¿Es mucho, poco? Una rueda de moto cuesta 70 millones. Algunas escuelas se quedan sin profesores, en otras trabajan mitad de semana y los otros días cruzan para resolver en Colombia.

La frontera condensa muchas variables, las presiona hasta sus límites. La frontera llega hasta Caracas, donde el efectivo se compra en 100% como precio bajo, y los autobuses cobran según decidan las cooperativas privadas: “hasta Barinas debería ser 350 mil, pero decidimos que sean 600 mil en efectivo, es eso o no viajamos, ¿qué prefieres?” fue la respuesta pocos días atrás. Nada de esto es nuevo, ni es secreto, es una profundización de tendencias, situaciones que se expanden a medida que el cuadro económico se sostiene en el mismo lugar: un descenso desigual, donde quienes menos tenían tienen ahora menos, los que más tenían tienen más y piden más -como la Asociación Bancaria de Venezuela-, y un universo de hogares han conseguido maneras de afrontar la situación, con remesas, frontera, servicios, entre otras cosas. Los primeros son los más chavistas.

La economía se reinventa, hace metamorfosis, con rasgos caníbales y una ausencia de autoridad evidente en varios puntos. Impacta sobre las subjetividades, el tejido social, los límites de hasta dónde sí y hasta dónde no. El país se transforma aguas abajo con movimientos prolongados, peligrosos. Es el efecto diario de las sanciones económicas, la política de guerra fronteriza del gobierno colombiano, el laberinto chavista que noquea en lo político, pero golpea muchas veces en el vacío económico: los anuncios se suceden, la realidad diaria se deteriora para las mayorías.

Ante ese país que se devora existe otro que no se rinde. Productores que buscan la manera de conseguir los insumos a pesar de la falta de políticas, campesinos que se mantienen en sus rescates, jóvenes que no piensan en irse como se ha puesto de moda, sino en hacer política chavista en su barrio, colegio, gente que abre las puertas de su casa con un plato de lo que tengan, que presta efectivo sin porcentajes, regala, que no hace negocios con la comida sino que la transforma en política organizativa justa, trabajadores que se mantienen en ministerios con sueldos mínimos porque creen que se puede, que la revolución no es solo un gobierno, gente que escribe, hace programas de radio, filma, saca fotos sin pedir nada a cambio, milicianos que se paran a las tres de la mañana, ordeñan, y luego salen en moto, camiones, o lo que puedan, a participar de un entrenamiento, consejos comunales que se renuevan, comunas que se obstinan en el horizonte estratégico, otras que nacen, como la recién votada comuna de Altos de Lídice, en lo más alto de La Pastora, en Caracas.

Existe una resistencia de actos individuales, organizados, espontáneos, permanentes. Es un cotidiano de guerra de posiciones, que luego se expresa, por ejemplo, en contiendas electorales. Hay un país que lucha, otro que derrama frustración -con razones a veces- por redes, otro que resuelve el día a día y punto, otro que se descompone, no cree en nadie, ha optado por el sálvese quien pueda, otro que se enriquece. Es una batalla en los subterráneos, ética, política, humana.

Este escenario no se irá mañana, ni pasado, ni a fin de año, puede prolongarse por un tiempo indefinido. Los dos bloques históricos en batalla parecen padecer de un agotamiento de recursos: la oposición está orsai, los norteamericanos agudizan las variables para desatar más miseria económica, pero no saltan a nuevas acciones que les permitan obtener un desenlace, y la dirección de la revolución mantiene su capacidad de maniobra política -mejores que el enemigo- pero estira el panorama económico sin medidas claras. ¿Podría tomar algunas? El problema es no solamente pensar cuáles podrían ser -existen propuestas por escrito- sino de qué capacidad se dispone para implementarlas. Una dificultad doble con el agregado de una corrupción que el Fiscal General destapa semanalmente.

El país que no se rinde no parece en medida todavía de revertir el cuadro actual. Por dificultades de herramientas políticas, porque el acumulado popular permite aguantar de pie como pocos procesos podrían hacerlo, pero no contiene la fuerza para hacer predominar otras variables políticas/económicas, desplazar a corruptos y burócratas que viven un conflicto donde la bala más cercana ha sido un twitt. El chavismo tiene su cielo y sus demonios.

Esta es la etapa que enfrentamos, en la que estamos inmersos, con algo de Juan Gelman con su verso de “aprender a resistir, ni a irse ni a quedarse”, con las raíces del chavismo que impiden que los vientos que arrasan nos arranquen de esta tierra, con el imperialismo de frente y el arma cargada, con lo que hemos logrado -una inmensidad política- y lo que no se encuentra todavía por dónde, cómo, con quiénes, en una batalla silenciosa que se libra en decisiones ministeriales, vicepresidenciales, en esta, nuestra época, esta frontera desde donde escribo estas líneas mientras viajan buses de contrabando a Colombia y un hombre se levanta ante de que salga el sol para ordeñar el ganado y fundar el país que necesitamos.

Venezuela: El chavismo está pa’ esa vaina

por Marco Teruggi para Diario Chávez Vive y Venezuela es Noticia

Nicolás Maduro ganó la reelección como Presidente de Venezuela con más de 6.2 millones de votos. La cifra representa el 68% de los electores que participaron en las elecciones del pasado domingo. Maduro, con su victoria, gobernará al país hasta 2025. ¿Y ahora? Esa es la pregunta que tratará de responderse en el siguiente análisis. Vienen más ataques, pero el chavismo está preparado pa esa vaina.

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“Si perdemos será un peo, y si ganamos también”, sintetizó una mujer chavista, cuando todavía no habían abierto los centros electorales, en la madrugada del 20 de mayo.

Es costumbre en elecciones, en época de revolución: Suena el toque de Diana cuando la noche es más noche y, desde cerca de las cuatro de la mañana, se acercan los primeros votantes a las puertas de los centros electorales.

Parte de una épica que se instaló. Esta vez fue menor a lo ocurrido en ocasiones pasadas. No fue sorpresa que sucediera, debido a las condiciones de una votación marcada a fuego por varios elementos, en particular, el cuadro material, y por la campaña de abstención desplegada por la mayoría de las fuerzas de derecha. Pero ahí estaba el chavismo, con esa certeza en la garganta.

 

Tenía razón en su diagnóstico: Nicolás Maduro ganó y se multiplicaron los titulares contra las elecciones, acusándolas de fraudulentas, ilegítimas, de ser un robo a la democracia.

A los titulares siguieron declaraciones de los gobiernos de América Latina, agrupados en el Grupo de Lima, que afirmaron que no reconocerán el resultado electoral; al igual el G7, conformado por Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, y Estados Unidos; el Gobierno de España, que anunció posibles nuevas sanciones; y, como se esperaba, los Estados Unidos que dirigieron el tiempo y las intensidades. Se ganó y se profundizó el peo.

 

El anuncio más contundente vino por parte del Gobierno norteamericano: La ampliación de las sanciones contra la economía venezolana, a través de una orden ejecutiva firmada por Donald Trump.

Algunos de los puntos centrales anunciados fueron que, el Estado venezolano no podrá vender, transferir, o dar como garantía, a ciudadanos o instituciones estadounidenses, activos -incluido deuda pública y bonos de Pdvsa-, en los que posea más del 50%, se limita el acceso al sistema financiero estadounidense, y aumentan las limitaciones para hacer transacciones en dólares.

El objetivo, declarado, es cerrar más vías de financiamiento a Venezuela, cortar canales de importación de productos esenciales como medicamentos, repuestos, alimentos, incrementar la presión sobre la economía hasta volverla inviable, un colapso, que luego decante o se articule con una acción de fuerza que obligue a la salida de Maduro.

 

Así como se unificó el espacio de agresión diplomática y económica contra Venezuela, también aparecieron los respaldos a la legalidad y legitimidad de los resultados del 20 de mayo.

Rusia -que también afirmó que las sanciones norteamericanas son ilegales-, China, Irán, Turquía, Siria, Palestina, Bolivia, Cuba, Nicaragua, El Salvador, entre otros, se pronunciaron públicamente.

Quedó configurado el tablero geopolítico en la cual está inmerso el conflicto venezolano: Adversarios, aliados, ángulos desde los cuales se preparan nuevas maniobras y capacidades de respuestas. Los tiempos, según indica el cuadro, se acelerarán.

Las declaraciones internacionales eran parte del escenario que ya se anticipaba.

La pregunta era hasta dónde llegarían. Por el momento, forman parte del abanico de ataques conocidos, una profundización de las tendencias en marcha que apuntan a aislar y desgastar.

 

En cuanto a lo nacional, las respuestas también fueron las esperadas: Todas las fuerzas de oposición, que no se presentaron el 20 de mayo, declararon los resultados como inválidos; replicaron a nivel local el discurso internacional.

Henry Falcón, derrotado por más de cuatro millones de votos de diferencia (tres veces más que su votación), también se sumó a esa matriz.

El impacto de las ruedas de prensa opositoras en la sociedad, fue poco, producto de su actual crisis, disputas internas, falta de legitimidad, y capacidad para consolidarse como una alternativa con liderazgos, propuestas, un plan que le hable al venezolano común, de a pie, y no solamente a su propia base social que desconfía de esos mismos dirigentes.

 

Un último elemento debe ser incorporado a este escenario: La calle, el intento por volver a ponerla en efervescencia para activar un ciclo de movilización contra el Gobierno.

Los intentos se manifestaron por dos vías, el llamado público, y las acciones nocturnas de violencia.

 

En el primer caso, el resultado evidenció que la oposición no logra retomar fuerza desde el mes de agosto del año pasado, cuando fue electa la Asamblea Nacional Constituyente.

El primer llamado, el día miércoles antes de las elecciones, movilizó a unas doscientas personas; el segundo, el día después de los resultados, convocó a un grupo pequeño en Altamira, su tradicional espacio de protesta.

En cuanto a las acciones, como focos que pudieran detonar titulares de diarios y abrir escenarios conflictivos, tuvieron lugar, pero no lograron su propagación. Uno de los lugares donde ocurrieron, el domingo y lunes por la noche, fueron en el estado Carabobo, donde grupos pagados quemaron cauchos, intentaron cerrar calles, arma en mano.

 

En este contexto, Nicolás Maduro se juramentó el martes ante el Consejo Nacional Electoral, y juramentado ante la Asamblea Nacional Constituyente.

Con la victoria con más de 6 millones 200 mil votos, y una amplia diferencia, porque triplicó los votos del segundo candidato, llamó al diálogo, a otorgar medidas de beneficio para sectores de la oposición que hayan incurrido en errores, y le dio 48 horas al Encargado de Negocios norteamericano, Todd Robinson, para irse del país, debido a sus acciones injerencistas.

 

El triunfo en las urnas, el cuarto en menos de un año, significó la estabilización del poder político en manos del chavismo.

La pregunta está en el poder económico: ¿Qué plan tiene el Gobierno, qué medidas, actores, cambios, están en su agenda, ahora que las elecciones pasaron?

Ahí está el desafío nodal del chavismo, el territorio donde apuntan los ataques, el elemento que mayor desgaste genera sobre la población.

Hasta el momento, el Presidente anunció la conformación de una Comisión para evaluar medidas a tomar.

Los pronósticos son varios a ese respecto. La base social opositora espera que las sanciones internacionales se redoblen, para agravar el cuadro y que así caiga el Gobierno, una situación de crisis que piensan los opositores que atravesarán de manera directa, debido, en términos generales, a su mejor posición en la sociedad.

Otra parte, alejada ya de ambos bloques políticos, ve que la situación empeorará y piensa si la mejor opción es irse del país. En cuanto al chavismo, tiene exigencias respecto al Gobierno. Le pide medidas de fondo, e intenta poner en marcha experiencias de producción donde puede, en un marco de coordenadas económicas a veces contradictorias.

Según el pronóstico de la mujer chavista, que esa madrugada daba su voto por Maduro, habrá fuerza para resistir: “Si perdemos será un peo y si ganamos también, pero los chavistas estamos para esa vaina, para enfrentar y seguir pa’lante”.

Una victoria en una batalla que nunca se detiene

por Marco Teruggi

Teníamos que ganar y lo hicimos. Por cuarta vez en menos de un año. Se dice fácil, se vive heroico. Lo que sucede a estas horas era lo previsto: el frente internacional multiplica ataques, amenazas, insultos, desde el Grupo de Lima, los Estados Unidos hasta la Unión Europea. Sabíamos ayer que el 21 sería más difícil que el 20, que cada día por venir seguramente lo sea más. Ganar tiene un costo alto cuando se está bajo asedio de una guerra que ha entrado a nuestras casas, calles y subjetividades. Una victoria significa un redoble de violencia que anuncian públicamente con impunidad.

Eso estaba en el imaginario de los días anteriores a la votación, durante todo el día de voto. Tanto en el chavismo como en los escuálidos y opositores. En el primer caso como elemento central para no rendirse, no entregarle el país a quienes sin haber tomado el poder político ya han demostrado hasta dónde son capaces de llegar -y es solo el inicio. En el segundo caso, y en particular de quienes llamaban a la abstención, como un mal necesario. Han llegado a la conclusión que la única manera de terminar con el chavismo -que reducen a un gobierno y una masa de pobres sumidos en la ignorancia y las dádivas- es a través del colapso económico y la intervención extranjera.

Sabíamos entonces que hoy vendrían, como suceden, nuevos anuncios desde el frente internacional. Los han venido preparando desde que decidieron que su estrategia sería vaciar las elecciones. Es seguro que acrecentarán el bloqueo económico como ya lo ha anunciado el gobierno norteamericano, queda por ver cómo se traducirá el no reconocimiento internacional a la victoria más allá de la retórica, y si buscarán nuevos asaltos finales. El anterior, entre abril y julio, les dejó un saldo de derrotas que todavía los mantiene en crisis.

¿Por qué ganamos el domingo? Por razones de política y clases sociales. Fuimos como fuerza unitaria con candidato único, con un discurso democrático coherente con la historia chavista, con la presencia de Chávez, la dimensión de lo que estaba sobre la mesa, y una base social que se estima en un tercio de la población. En esto último entra la cuestión de clase, que el día de ayer pudo graficarse nuevamente. Pondré como ejemplo un recorrido en La Vega, barrio popular de Caracas que tiene a los pies de su cerro zonas de clase media: cuanto más arriba, es decir, más humilde, más votantes, cuanto más abajo, menos votantes, hasta las zonas aledañas de clase media de El Paraíso, que eran de mucha soledad. A las cinco de la tarde había colas en la parte alta del cerro, desde donde Caracas parece una ciudad ajena. El corte de clases fue nítido, el chavismo como identidad se asienta sobre todo en sectores populares: retaguardia y vanguardia.

Se ganó también porque los adversarios no tenían peso suficiente. Falcón, de tradición traicionera, no midió lo que pensaba, su propuesta tramposa de dolarización no caló. Bertucci emergió, ya eso parece ser para él una victoria. Maduro era más candidato que ellos, el chavismo es más que ellos. La diferencia de votos está allí, grande, de más de cuatro millones de voto entre Maduro -con 6.157.185- y el segundo, Falcón -con 1.909.172- que en su discurso abrió la puerta del no reconocimiento de los resultados -¿qué dirán los opositores que afirmaban que era un candidato que había puesto el mismo chavismo? Falcón suma dos derrotas en siete meses, la primera como gobernador en octubre, la segunda el domingo. Peligra su perspectiva política, lo sabe, lanza cartas desesperadas que pueden traer peligros de violencia.

La diferencia entre ambos fue entonces más de lo previsto. En cuanto a la participación, 46% de la población, resulta importante verla en dos niveles. Al ser medida en parámetros internacionales -qué participación en Chile, Colombia, por ejemplo- resulta estar dentro de los números que se manejan en otros países, incluso más. Una aclaración necesaria: la derecha abstencionista conducida desde el extranjero iba a decir fraude con cualquier número que hubiera dado a Maduro por ganador, ya los titulares estaban escritos. La participación medida en términos nacionales arroja otras posibles conclusiones. En primer lugar, que la campaña abstencionista de las principales fuerzas opositoras tuvo impacto en su base social, y en segundo lugar que una parte de los sectores populares, del chavismo, no fueron a votar. Contestar por qué esto último sucedió implica acertar a posibles respuestas sobre cómo volver a acercar al voto y a la participación a quienes se han alejado.

Puesto a poner dos hipótesis diría que una es la situación material -que impacta de lleno en los sectores populares y las clases medias bajas- y cómo se han, o no, construido respuestas a esta situación. La segunda es la práctica política del chavismo, sus formas de hacer política, en particular en la dirección, ante este cuadro prolongado de dificultades, de retrocesos materiales.

Podemos decir que el chavismo votó, logró un triunfo necesario, y dejo ver descontentos acumulados. Ganar en esta situación económica y política dice aún más de la victoria alcanzada. La respuesta a esta situación no vendrá solamente de Nicolás Maduro. No significa que el presidente, la dirección cívico-militar, no tengan un rol central que cumplir, que solo ellos pueden hacer algunas acciones -políticas de Estado, decisiones de gobierno, medidas políticas- sino que el chavismo como un todo tiene que encontrar las formas de revertir esta situación. ¿Qué van a hacer los diferentes partidos políticos, los movimientos sociales, las comunas, los consejos de trabajadores, por ejemplo? ¿Qué política y estrategias de poder, disputa y movilización tienen en este cuadro donde vendrán más golpes internos y externos? Depositar la gloria y el mal en una sola persona no es justo. El chavismo necesita de todo el chavismo para combatir esta situación.

Estamos en un nuevo momento de la gran batalla, la guerra que nos han declarado. El 20 era imprescindible para el chavismo y se consiguió la victoria, que debemos subrayar por las dificultades en las cuales se enmarcó. No hay ni habrá tregua: vienen redobles programados de violencia económica, ensayos de nuevas formas de desenlace para hacerse con el poder político que no logran con los votos. ¿La urgencia? La economía, un diagnóstico conocido. ¿Con qué medidas y actores se puede resolver? Ahí la pregunta por el plan. Ayer se hizo historia.

 

Il vecchio ed il machete

L'immagine può contenere: una o più persone, persone che camminano, persone in piedi, cielo, spazio all'aperto e naturadi Giuliano Granato

Da poco più di un’ora in #Venezuela si sono aperte le urne per le elezioni presidenziali. Il paese è stato spesso sulle cronache dei giornali nostrani. Descritto come un inferno in terra, con un dittatore crudele e sanguinario – Maduro, lo spettro del demone Chávez Cche ancora aleggia nell’aria, un popolo alla fame. Eppure non si capisce come quello stesso popolo ha dato – tranne che in due casi – la vittoria elettorale al chavismo. Non si capisce perché Maduro sia dato in largo vantaggio sugli avversari di oggi, Falcòn in primis. Soprattutto non si capisce come il chavismo continui a resistere e a rappresentare un orizzonte di riscatto per milioni dei “los de abajo”, quelli in basso.

Marco Teruggi ci offre sette storie e una metamorfosi. Per capire cos’è che il popolo venezuelano difende così tenacemente, contro tutto e contro tutti. 

Partiamo da un vecchio contadino, dal suo machete, dalla materialità dei suoi problemi di salute…

Il vecchio e il machete

Il vecchio racconta di quando gli misero l’ago nell’occhio e gli si offuscò tutto. Lo imita con il dito, da lontano fino quasi a toccarsi. Che gli raschiarono la parte interna e pensò che presto non avrebbe visto mai più. Dopo qualche giorno la luce passò da tenue a piena, e già Cuba non era più Cuba ma di nuovo Venezuela, nella parte bassa di Mérida, che a volte è Zulia, o anche Trujillo, ed è conosciuta come Sur del Lago. 


Tornò ad afferrare il machete, a calzare gli stivali, ad andare con la camicia mezza aperta, e a liberare terre dalle mani dei proprietari terrieri. Questo, si sa, costa vita. Più di trecento contadini assassinati in diciotto anni. Togliere potere a chi lo ha sempre avuto scatena morte.


È stata la sua prima volta in un aereo, in una clinica d’eccellenza, tutto gratuito. Quale processo politico investe denaro negli occhi di un vecchio contadino? Che pensa un vecchio contadino quando recupera la pienezza di uno sguardo che dava per perso? Era insieme alla sua compagna e a vari contingenti di venezuelani. Non dimentica nemmeno un dettaglio, nemmeno di come si recupera la terra: quindici anni dopo continua qui, ostinato col suo machete e gli stivali ricoperti di fango. Il paese è cambiato in questo periodo, l’ondata di conquiste contro l’oligarchia si è arenata, con un saldo di quattro milioni di ettari recuperati e vari dibattiti aperti. Le terre riscattate sono diventare produttive? Hanno funzionato meglio le terre recuperate che sono nelle mani dello Stato o quelle nelle mani dei contadini organizzati?


Si potrebbero scrivere migliaia di pagine simili, di masse di spossessati che hanno potuto studiare,
hanno avuto assistenza medica, sono passate dall’essere escluse a essere centro di gravità di un paese, a politicizzarsi, entrare a teatro, negli uffici non solo per pulirli, ad accedere a nuovi dipartimenti, a nuovi immaginari, ad essere rivendicati da Chávez, lui stesso proveniente da quel territorio storico. Si è trattato di una democratizzazione radicale, in mano alla gente in basso. Il quartiere, i poveri, i contadini, gli emarginati, le donne, soprattutto le donne.


Come una diga che è crollata e gli sconfitti dai tradimenti dell’indipendenza e dai patti delle élite hanno fatto irruzione sulla scena. Con passioni allegre, sconvolgentemente allegre.


Il debito storico accumulato era immenso quando Chávez è arrivato alla presidenza. Mancanza di assistenza sanitaria, di accesso all’educazione, alla casa, ai documenti, all’acqua, ai pasti, le macerie dell’avarizia di coloro che avevano portato la maggioranza di un paese petrolifero alla povertà. È falso il mito del Venezuela felice pre-Chávez. Quel Venezuela era saltato in aria il 27 febbraio 1989 [giorno del “Caracazo”, una mobilitazione popolare contro le misure di austerità promosse dal governo dell’epoca, sulla scorta dei diktat del FMI, NdT], e i protagonisti di quei giorni di piombo e moltitudine sono stati quelli che hanno costruito la colonna vertebrale del chavismo, il suo orizzonte. Lì Chávez ha posto la scommessa strategica. E la prima cosa è stata questo debito, risolverlo in maniera accelerata: aprire centri di salute, missioni per lo studio, portare acqua nei quartieri, cibo nei piatti.


Ridurre la questione alla dimensione materiale è come ridurre il chavismo a un governo: un errore. Il processo ha generato una rivalorizzazione di milioni, come persone, storia nazionale, popolare, forma di vita, colore della pelle. La dignità, l’orgoglio nel suo miglior significato, questa è stata la potenza che si è messa in moto, che si è battuta contro il colpo di Stato del 2002, lo sciopero petrolifero, che ha permesso di resistere in questi anni in cui le conquiste materiali – salve eccezioni come le abitazioni – non avanzano più, retrocedono, e le più colpite sono in maniera maggioritaria le classi medie le basse, vale a dire proprio la base sociale chavista.


Il chavismo si è configurato come qualcosa di peculiare, identitario, il nome politico di coloro che sono sempre stati fuori dai giochi. Esiste un’equazione che raramente fallisce: quanto più umile materialmente è un quartiere, più chavista è la sua gente. La classe media emergente è stata la prima ad allontanarsi dinanzi ai colpi di una guerra disegnata e che si è combinata con errori propri – le classi medie storiche hanno per lo più associato il proprio destino a quello dei ricchi di Miami. La dimensione del chavismo come identità, potenziata dal vincolo razionale/sentimentale con la figura di Hugo Chávez, è stata costruita da un protagonismo nella conquista delle cose: non sono cadute dal cielo.


Ascolto il vecchio. Quando ci viene sete taglia un cocco con il machete, offre l’acqua, racconta della produzione, delle “recuperazioni” delle terre che ora producono mais, yuca, banane, perché si tratta di democratizzare la terra e di darle la produttività che i grandi proprietari terrieri mai le diedero. Il vecchio non è diventato ricco, ha la pelle come cuoio, magro con muscoli tesi, continua nella vita di sempre. Ma nessuno gli toglie l’essere chavista. Sebbene la situazione sia difficile, siano stati eseguiti sgomberi di contadini con la complicità di chi dovrebbe essere chavista e davanti a un mucchio in dollari si è girato dall’altra parte, o magari ha sempre fatto così e non è mai stato chavista. Quel contadino stesso è il chavismo.


Sono milioni come lui. La base sociale dura del chavismo, il chavismo stesso. Che esce fuori quando molti danno la battaglia per finita. Come il 30 luglio dell’anno scorso, quando più di otto milioni di persone sono andate a votare per l’Assemblea Nazionale Costituente dopo quattro mesi di accerchiamento violento, in cui essere chavista in una zona della classe alta era sentenza di morte quasi sicura. Perché hanno attraversato fiumi per evitare i paramilitari e andare a votare? Non è stato per il governo, il partito, né sicuramente per la necessità stessa di cambiare la Costituzione, è stato per qualcosa di più grande, di più profondo, una storia, un’identità, è stato per sé stessi. La scala di priorità, valori e capacità di risposta, è altra.


Se non si capisce la classe, il suo passato, le forme territoriali, economiche, culturali, la sua maniera di fare politica, non si capisce il chavismo. Lì sta la sua genesi. È lì che si deve iniziare a ricomporre parti di ciò che si è perso, costruire di nuovo il senso comune. Perché molti, nelle zone popolari stesse, si sono allontanati, sfilati, sono entrati nell’esercito di chi si alza ogni giorno per risolvere i problemi materiali e hanno smesso di credere nella rivoluzione come orizzonte di possibilità. Non passano ad un’altra opzione politica, tornano al privato, è il ripiegamento. Prodotto del logoramento della guerra – è uno dei suoi obiettivi – e delle delusioni derivanti da dirigenti del chavismo che riproducono le forme della politica contro cui insorse la rivoluzione: clientelari, monopolizzatrici della parola. È il chavismo contro sé stesso, i molti chavismi dentro il chavismo. Il vecchio ce l’ha chiaro.


Chávez non sono più io, aveva detto Chávez.


Aveva ragione.

[Trad. dal castigliano di Giuliano Granato]

Barrio Adentro, il sistema sanitario, la scarsità di medicinali

L'immagine può contenere: 2 persone, persone che sorridono, persone in piedi e spazio all'apertodi Marco Teruggi

Manicomio, una storia venezuelana

Manicomio è un quartiere sulle colline di Caracas. Un “cerro”, come viene definito, abitato da classi popolari, dalla più umile fino alla parte più bassa della classe media. Presenta sia tutto il bello che le difficoltà dell’universo popolare in questo 2018 venezuelano. Al centro del quartiere c’è un consultorio medico popolare “Barrio Adentro”, ritinteggiato di recente, dentro ci sono pazienti. Tutte le mattine aprono per consulti medici, di pomeriggio i medici percorrono la comunità casa per casa, mentre nell’edificio danno corsi di parto umanizzato.

La riparazione e l’organizzazione del luogo sono state portate avanti per iniziativa della comunità pochi mesi fa. Non hanno atteso le istituzioni, difendere questo spazio di salute è difendere se stessi. Ha quattro anni di vita, serve una popolazione di seimila persone. Prima funzionava in un posto più piccolo e, ancor prima, nelle case dei residenti che le aprivano affinché lì potessero prestare servizio i medici cubani arrivati da poco. Era il 2004, cominciavano ad organizzarsi in comitati per la salute, che poi si sarebbero integrati nei consigli comunali che esistono ancor oggi. Questo spazio è loro ed è centrale in questi tempi di difficoltà materiali.

La comunità organizzata ha già sistemato tre edifici simili in questa zona, parte della zona chiamata “La Pastora.” I “Barrio Adentro” sono il primo livello della sanità, preventivo, ce ne sono circa 160 a Caracas. Non esistevano prima del 1998 (anno della prima vittoria di Hugo Chávez alle elezioni presidenziali, NdT). La salute arrivò, entrò nelle case del quartiere con la rivoluzione. Seguono i Centri Diagnostici Integrali (CDI), nei quali si ha accesso a studi avanzati, ospedalizzazione, cure intermedie, riabilitazione e, in alcuni, chirurgia e traumatologia. Poi ci sono gli ospedali. Tutti i livelli sono gratuiti, e in essi, in particolare nei primi due, operano i medici integrali comunitari, ventimila in totale, formati in questi ultimi anni. Il processo di trasformazione, iniziato nel 1998, ha messo la salute al centro della politica e del bilancio. Ad esempio, per questo 2018, il 72% del bilancio statale è destinato alla spesa sociale, di cui fa parte la salute. Se si cercano forme con cui affrontare un arretramento è perché davvero si è avanzati, soprattutto nelle zone popolari, nelle quali molti medici non volevano andare.

Il problema più grande sono i medicinali. “La situazione è difficile, sono diminuite le quantità, non bastano per tutti i pazienti. Ci organizziamo con Barrio Adentro per fare le visite casa per casa, e dare la priorità alle persone che più hanno bisogno”, spiega Diana Becerra, che fa parte di coloro che hanno sistemato lo spazio.

La difficoltà di garantire l’approvvigionamento dura da quasi tre anni. Le cause sono state quattro: le imprese che hanno ricevuto denaro per importare, da parte dello Stato, non lo hanno fatto nelle quantità concordate; si è andato a creare uno spazio di corruzione intorno alla concessione della valuta per le importazioni; si sono generate distorsioni nella catene di distribuzione; e le sanzioni economiche statunitensi hanno acutizzato la situazione.

Su quest’ultimo aspetto è necessario tenere in considerazione che, come ha indagato Pasqualina Curcio, il Venezuela importa il 64% del totale dei farmaci richiesti: il 34% è infatti comprato dagli Stati Uniti, il 10% dalla Colombia, il 7% dalla Spagna, il 5% dall’Italia, un altro 5% dal Messico e il 3% dal Brasile. Le misure prese dal governo di Donald Trump, che sanzionano imprese che commerciano con il Venezuela, colpiscono quindi, severamente, la capacità di approvvigionamento di medicine, che è un diritto umano fondamentale.

In merito ai meccanismi di distribuzione, punto centrale da risolvere è la scarsità di qualsiasi prodotto; il Governo ha attivato il servizio “0800 Salud Ya” (Salute Ora), che i pazienti possono usare per sollecitare il trattamento necessario. Nello stato Lara, per esempio, al mese di febbraio, erano già state assistite 70 mila persone. Si è optato per una logica di casa per casa, dinanzi alla difficoltà di stabilizzare la distribuzione tramite circuiti regolari. Insieme a questo, si è cercato di rafforzare le farmacie dello Stato, denominate Farmapatria, per poter approvvigionare di medicinali e affinché siano a prezzo accessibile. Perché è successo come con altri prodotti: quando appaiono lo fanno a prezzi irraggiungibili per la gente comune.

Sulla corruzione, si è saputo degli avanzamenti del Ministero Pubblico, che ha scoperto imprese false, dette di “maletín”, o che hanno rubato con meccanismi come la sovrafatturazione e la sotto-importazione. È parte delle indagini generali contro la corruzione, che abbracciano altri punti nevralgici dell’economia, come l’impresa petrolifera statale Pdvsa.

In quanto alle principali imprese importatrici, che sono grandi transnazionali, la domanda è stata: perché continuare a concedere valuta, vedendo i risultati? La sola Sanofi Aventis – condannata in processi per frode in paesi come Algeria e Stati Uniti – ha ricevuto 405 milioni di dollari dallo Stato, tra il 2014 e il 2015, per importare; e sempre nel 2015 i lavoratori dell’impianto venezuelano denunciavano che l’impresa diminuiva la produzione. La maggior parte delle transnazionali farmaceutiche ha cause penali e condanne in diversi paesi. Questo punto si unisce al nodo della corruzione. Pone anche la necessità di decidere una politica di diversificazione delle importazioni, che ha cominciato ad esser sviluppata negli ultimi tempi. Ad aprile, ad esempio, è stato firmato un memorandum di intesa tra Venezuela e Iran per importare medicine, farmaci, vaccini, equipaggiamento medico, ricerca e trasferimento di tecnologia.

La salute è uno dei temi più complicati in Venezuela oggi. La scarsità di medicinali, i prezzi alti quando appaiono, la mancanza di input negli ospedali. Sono realtà che esistono. Dinanzi a tutto ciò, il Governo ha messo in moto meccanismi per cercare di parare i colpi più duri, e allo stesso tempo avanzare su quanto si era già fatto, vale a dire ampliare la rete di assistenza di primo livello, migliorare quella di secondo e di terzo. E non solo il Governo, ma anche le esperienze comunitarie, come a La Pastora, perché la salute, come ogni miglioramento conseguito dal 1999, appartiene alla gente.

Gli sforzi non hanno risolto il problema, che è di fondo e ha a che vedere con la sovranità sulle medicine in un sistema economico di brevetti e grandi laboratori, in un quadro di attacco internazionale contro il Venezuela. La difficoltà, oltre ai sistemi di distribuzione e alla corruzione, è data dal fatto che gli Stati Uniti hanno optato per bloccare il paese, possono contare sull’appoggio di governi alleati, e questo ha l’obiettivo di avere un impatto, tra le altre cose, sull’accesso alle medicine. Come può essere qualificata un’iniziativa pianificata per impedire che una nazione acceda alla salute? L’opposizione venezuelana, da parte sua, chiede più sanzioni per rendere la crisi più profonda, per far sì che ci siano meno medicinali. Per questa, e altre ragioni, continua a non rappresentare una alternativa per una popolazione in cui molti vedono che, in una situazione di difficoltà, solo il Governo cerca soluzioni.

[Trad. dal castigliano di Giuliano Granato]

El chavismo será socialista o no será

por Marco Teruggi – telesurtv.net

Hecho en socialismo. Esa frase impactaba al llegar a Venezuela hace unos años atrás. Estaba en chocolates, yogures, aceites, carteles, con un corazón y la infaltable estrella roja de cinco puntas. En esta última etapa se hizo esquiva, más excepción que regla. No fue la única calificación revolucionaria que se hizo de las cosas: todo ministerio pasó a ser del poder popular, y cada panadería o ruta comenzó a ser, según la palabra, socialista. Chávez lo cuestionó en cadena nacional, nombrar a las cosas de socialistas no las hace socialistas. Y si algo quería construir era una transición al socialismo del siglo xxi. El chavismo debía ser socialista.

No fue así desde un principio, al menos de manera pública. Podría pensarse que se debía a que esa conclusión no estaba presente en él todavía, o porque de lo que se trataba, en la esfera de la palabra política, era de llegar a esa idea de manera colectiva, desembocar en esa necesidad dentro un proceso de masas. El asunto no era que él estuviera convencido, sino que se tratara de un avance popular en esa dirección, una maduración del sujeto histórico, epicentro de la política. Crear el deseo por el socialismo, que nombró por primera vez en el 2005.

Hasta ese momento, y como punto de partida en sus primeros escritos, por ejemplo, el Libro Azul, existían ideas fuerzas, aglutinadoras y movilizadoras. Como la recuperación del proyecto de independencia traicionado, el nacionalismo popular bolivariano, es decir la reivindicación de lo nacional protagonizado por los humildes, con dimensión latinoamericana, la refundación ética de un país desfondado, saqueado por una clase política/empresarial corrupta durante décadas. La bandera tricolor, la boina roja, la autoridad militar, plebeya, la liberación nacional y social en un mismo movimiento. Esas eran líneas de avance, de convocatoria a un país en crisis orgánica con las clases populares en movimiento desde el Caracazo en 1989 y la aparición como rayo de Chávez en 1992.

El asunto, y ahí pueden rastrearse claves socialistas ante de su anuncio, era construir ese proyecto a través de la puesta en marcha de mecanismos centrales: espacios para el ejercicio de la democracia participativa, multiplicación de la organización popular, ensayos de institucionalidades paralelas articuladas al Estado, como las misiones, la conformación de un sujeto político capaz de encarar esas tareas. El centro de gravedad estratégico estaba en las clases populares, en la construcción de un poder popular que tomó diferentes formas a lo largo de los años. El Estado debía recuperar poder/economía, para luego transferirlo a la gente organizada en proceso de aprendizaje del ejercicio del poder. Una arquitectura compleja, virtuosa, ¿posible?, necesaria. Las tramas socialistas aparecieron antes del anuncio del carácter socialista.

No se trataba de salir del orden neoliberal para estabilizar un capitalismo mejor repartido, sino de buscar los caminos para superar el orden del capital. “Esta revolución ha asumido la bandera del socialismo, y eso requiere y exige mucho más que cualquiera otra revolución, hubiéramos podido quedarnos en una revolución nacional, pero detrás de esos términos muchas veces indefinidos se esconden planteamientos que terminan siendo reformistas, de derecha, que terminan aplicando el programa gatopardiano”, explicaba Chávez.

La definición del 2005 coincide con la formulación de los consejos comunales, seguido de las comunas. Chávez traza la vía comunal al socialismo, que significa reconstruir un nuevo Estado sobre la base del poder político, cultural y económico de las comunas. Lo dejó por escrito: el Estado burgués debía ser pulverizado, y para eso redactó un plan con pasos. Significaba edificar otro, sobre claves participativas y autogestionarias, en paralelo a la democratización del Estado heredado, una clave de análisis de István Mészáros. Un socialismo desde abajo, endógeno, como lo definió.

Esa propuesta socialista de Chávez estuvo en tensión con otra, que no fue formulada abiertamente. Se puede resumir en algunas ideas fuerza: la centralidad debe recaer sobre el Estado, protector y actor/sujeto principal del proceso, las formas de organización popular deben subordinarse a las instituciones y abarcar áreas limitadas y controladas, desde esa fuerza estatal se deben hacer acuerdos con empresarios de la vieja guardia o emergentes, apostar a la creación de una burguesía nacional, sea externa o proveniente de las mismas filas del chavismo. Un socialismo de Estado en la frontera con la idea de un capitalismo con redistribución de riquezas, sin remoción de cimientos.

Se puede aterrizar este debate en políticas concretas. Así lo hizo Chávez, en cadena nacional, como pedagogía de masas y para su gabinete: “El patrón de medición -dice Mészáros- de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”. La forma de construir desde la institucionalidad es diferente si el objetivo es una gestión eficiente del Estado, o si, junto con eso, el avance es hacia la recuperación del poder en mano de las comunidades organizadas y la puesta en marcha de una nueva estatalidad. El sujeto de la revolución no es un ministro, un alcalde, sino las clases populares en proceso de organización dentro de una estrategia de poder.

Chávez planteó entonces el socialismo del siglo xxi, comunal, feminista, con el desarrollo de formas sociales de propiedad sobre los medios de producción, que deben convertirse en hegemónica. Dejó años de ensayos en esa dirección, en lo político, económico, cuyos balances son una deuda pendiente.

Los varios chavismos en el chavismo miraron ese proyecto desde su heterogeneidad, y, desde el 2014, una situación económica contra las cuerdas. La revolución se encontró en encrucijada, con dos caminos posibles: una respuesta de defensa y conservación, con posibles retrocesos de conquistas, cercana a la visión históricamente alejada de la vía comunal. La otra, de profundización de los cambios iniciados, con, por ejemplo, la “ampliación de los campos de acción y decisión del poder popular” . Las dos posibilidades son guías para pensar la mirada predominante al interior del chavismo -¿cuál chavismo?- donde parece haberse optado por la primera opción, fortalecer el acuerdo con el empresariado y desandar la apuesta comunal.

Es un rio revuelto la historia en el presente. Los análisis, como los actores, tienen deseos, intereses, tensiones de clase que conviven al interior del mismo chavismo que se mantiene unido. ¿Dónde está el socialismo? Lejos, expresado en experiencias concretas territoriales que cargan esa potencia, en disputa como proyecto al interior de los chavismos, amenazado por la asfixia impuesta por la guerra de desgaste y por las tendencias burocráticas que descreen del sujeto histórico y creen en. ¿En qué creen?

El chavismo será socialista o no será.

Marco Teruggi

El viejo y el machete

por Marco Teruggi – telesurtv.net

El viejo cuenta cuando le metieron la aguja en el ojo y se le aflojó todo. La imita con el dedo, de lejos hasta casi tocarse. Luego que le rasparon la parte de adentro y pensó que listo, no vería nunca más. A los días la luz pasó de tenue a entera, y ya Cuba no era Cuba sino nuevamente Venezuela, en la parte baja de Mérida, que a veces es Zulia, o también Trujillo, y se conoce como Sur del Lago. Volvió a agarrar el machete, calzarse las botas, andar con la camisa a medio abrir, y a rescatar tierras de manos de los terratenientes. Eso, se sabe, cuesta vida. Más de trescientos campesinos asesinados en dieciocho años. Quitarle poder a quien siempre lo ha tenido desata muerte.

Fue su primera vez en un avión, en una clínica de excelencia, todo fue gratuito. ¿Qué proceso político invierte dinero en los ojos de un campesino viejo? ¿Qué piensa un campesino viejo cuando recupera la totalidad de la mirada que daba por perdida? Fue junto a su compañera y varios contingentes de venezolanos. No se olvida de un solo detalle, tampoco de cómo se rescatan tierra: quince años después sigue ahí, terco con su machete y las botas con barro. El país ha cambiado en ese tiempo, la ola de avances contra la oligarquía se estancó, con un saldo de más de cuatro millones de hectáreas recuperadas y varios debates abierto. ¿Se hicieron productivas las tierras rescatadas? ¿Funcionaron de mejor manera las recuperaciones en manos del Estado o de los campesinos organizados?

Se podrían escribir miles de páginas de historias similares, de las masas de desposeídos que pudieron estudiar, tuvieron atención médica, pasaron de ser excluidos a centro de gravedad de un país, a politizarse, entrar a teatros, oficinas no solo para limpiarlas, a acceder a departamentos nuevos, imaginarios, a ser reivindicados por Chávez, proveniente él mismo de ese territorio histórico. Se trató de una democratización radical, en manos de la gente de a pie. El barrio, los pobres, campesinos, marginados, mujeres, sobre todo mujeres.

Como un dique que reventó, y los perdedores de traiciones de independencia y pactos de élites irrumpieron en la escena. Con pasiones alegres, impactantemente alegres.

La deuda histórica acumulada era inmensa al acceder Hugo Chávez a la presidencia. Falta de salud, acceso a la educación, la vivienda, la cedulación, el agua, la comida, los estragos de la avaricia de quienes condujeron a las mayorías de un un país petrolero a la pobreza. Es falso el mito de la Venezuela feliz pre-Chávez. Esa Venezuela había volado por los aires el 27 de febrero de 1989, y los protagonistas de esos días de plomo y multitud fueron quienes construyeron la columna vertebral del chavismo, su horizonte. Ahí puso Chávez la apuesta estratégica. Y lo primero fue esa deuda, resolverla de manera acelerada: abrir centros de salud, misiones para el estudio, agua para los barrios, comida en los platos.

Reducir la cuestión a lo material es como reducir el chavismo a un gobierno: un error. El proceso generó una revalorización de millones, como personas, historia nacional, popular, forma de vida, color de piel. La dignidad, el orgullo en su mejor sentido, esa fue la potencia que se puso en movimiento, enfrentó el golpe de Estado del 2002, el paro petrolero, permite resistir estos años en que las conquistas materiales -salvo excepciones como las viviendas- ya no avanzan, retroceden, y quienes son mayoritariamente afectados son las clases medias y bajas, centralmente la base social chavista.

El chavismo se configuró como algo propio, identitario, el nombre político de los que siempre estuvieron fuera del juego. Existe una ecuación que pocas veces falla: cuanto más humilde materialmente es un barrio, más chavista es su gente. La clase media emergente fue la primera en alejarse ante los impactos de una guerra diseñada y combinada con errores propios -las clases medias históricas asociaron mayoritariamente su destino al de los ricos miameros. La dimensión del chavismo como identidad, potenciada por el vínculo racional/sentimental con la figura de Hugo Chávez, se construyó por un protagonismo en la conquista de las cosas: no cayeron del cielo.

Lo escucho al viejo. Cuando tenemos sed corta un coco con el machete, convida el agua, cuenta de la producción, de los rescates de tierras que ahora producen maíz, yuca, plátanos, porque de lo que se trata es de democratizar la tierra y darle la productividad que nunca le dieron los terratenientes. El viejo no se ha hecho rico, tiene la piel como cuero, flaco con los músculos tensos, sigue en la de siempre. ¿Quién le quita el ser chavista? Aunque la situación esté difícil, se hayan dado desalojos a campesinos con la complicidad de quienes deberían ser chavistas y ante un monto en dólares se dieron vuelta, o tal vez siempre se acomodaron y nunca fueron. Él mismo es el chavismo.

Son millones como él. La base social dura del chavismo, el mismo chavismo. Que emerge cuando muchos dan la pelea por terminada. Como el 30 de julio del año pasado, cuando más de ocho millones de personas salieron a votar por la Asamblea Nacional Constituyente luego de cuatro mese de acorralamiento violento, donde ser chavista en una zona de clase alta era sentencia de muerte casi segura. ¿Por qué cruzaron ríos para sortear paramilitares e ir a votar? No fue por el gobierno, el partido, ni seguramente por la misma necesidad de cambiar la Constitución, fue por algo más grande, más hondo, una historia, una identidad, fue por uno mismo. La escala de prioridades, valores y capacidad de respuesta, es otra.

Si no se entiende a la clase, su pasado, formas territoriales, económicas, culturales, su manera de hacer política, no se entiende al chavismo. Ahí está la génesis. Y es ahí donde se debe comenzar a recomponer partes de lo perdido, lograr el sentido común otra vez. Porque muchos, en las mismas zonas populares, se han alejado, desafiliado, ingresado al ejército de quienes se levantan cada día para resolver los problemas materiales y dejaron de creer en la revolución como horizonte de posibilidades. No van a otra opción política, vuelven a lo privado, es el repliegue. Producto del desgaste de guerra -es uno de sus objetivos- y de las decepciones con dirigentes del chavismo que reproducen las formas de hacer política contra las que se alzó la revolución: clientelares, monopolistas de la palabra. Es el chavismo contra sí mismo, los muchos chavismos dentro del chavismo. El viejo lo tiene claro.

Chávez ya no soy yo, había dicho Chávez. 
Tenía razón.

El tablero venezolano: hipótesis sobre los asaltos por venir

Risultati immagini per chavismo radicalpor @Marco_Teruggi
latabla.com

Varios escenarios están en conformación. Cada fuerza mueve sus piezas en el tablero, da forma a los asaltos que vendrán, intenta anticipar. Resulta difícil un pronóstico seguro, aunque una cosa hemos aprendido en estos años, los Estados Unidos contemplan todas las variables, trabajan en cada una de ellas en simultáneo. Su implementación depende de las necesidades y condiciones. Y lo que parecen preparar son justamente condiciones para sus próximas acciones.

Es necesario comenzar por el frente exterior porque allí reside la conducción del conflicto, el centro de gravedad del actual escenario. Esa situación se ha evidenciado desde agosto del año pasado, cuando la oposición venezolana comenzó a superponer derrotas sobre derrotas mezcladas con divisiones. La proporcionalidad no suele fallar: cuanto más golpeada está la derecha, más se desplaza la vocería hacia el frente internacional, es decir Estados Unidos/Grupo de Lima/Unión Europea y agregados. La palabra principal pasó desde entonces a manos norteamericanas, hasta llegar a los momentos más altos que se vieron en estas semanas, cuando el Secretario de Estado y el jefe del Comando Sur se desplegaron para ordenar las tropas en el continente -tropas: gobiernos subordinados y hombres en armas.

La sucesión de ataques de los Estados Unidos contra Venezuela se explica por varias razones. En primer lugar, por su necesidad de tener un control completo del continente en el cuadro de una disputa geopolítica entre diferentes potencias. Lo dijo el Secretario de Estado: el avance de Rusia y China en América Latina les es una amenaza. La batalla que se libra en varios países -con el caso paradigmático de Siria- tiene su dimensión en nuestro continente. Venezuela es un punto estratégico en esa mira, las alianzas con Rusia y China han ido en crecimiento en varias esferas en los últimos años.

En segundo lugar, por la necesidad de recuperar el manejo directo de la producción petrolera y las reservas del subsuelo venezolano. La política del chavismo, en alianza con Rusia y China -con puntos como el desarrollo de criptomonedas y compra y venta de petróleo en monedas que no sean dólar- es un obstáculo a esa necesidad. Las fusiones de intereses entre grandes empresas y gobierno norteamericano están en evidencia: Rex Tillerson, Secretario de Estado, fue director ejecutivo de Exxon Mobil entre 2006 y 2016.

En tercer lugar, por lo que representa Venezuela como proyecto popular, soberano, latinoamericanista. Ante eso buscan aplicar un castigo ejemplar. Que el costo sea alto y las palabras socialismo y Bolívar sean cenizas en las memorias populares de Venezuela y el continente. Quieren aplastar el intento, hundirlo hasta lo más hondo. Así lo han hecho con proyectos similares desde el siglo diecinueve. Esto se une además a la política de caotización de la sociedad, de la desfiguración del Estado-Nación, la política necesaria de acumulación del capital.

La cuestión es entonces centralmente internacional. Desde allí se preparan los escenarios por venir, los intentos de desenlace que buscan desatar. Estamos en un conflicto que comenzó en 1998 -enmarcado en la etapa abierta a partir del 2013- que se ha profundizado en sus variables, se encuentra en posibles puntos de inflexión que dejan entrever intentos de asalto por la fuerza y no por canales democráticos. Así lo indica el escenario principal en construcción. Para eso necesitan construir alianzas, alinear un conjunto complejo de variables y luego, dar el paso, apretar el disparo.

El escenario puede verse en varios momentos, todos en desarrollo. El primer paso reside en vaciar las elecciones presidenciales y las posibles legislativas de las fuerzas mayores de la derecha. Que peleen partidos minoritarios, y en caso de ser posible, que no lo haga ninguno, que el 22 de abril sea Maduro vs Maduro. Eso conformaría un cuadro internacional de desconocimiento del resultado -ya anunciado por algunos gobiernos- lo que daría paso a mayores sanciones diplomáticas, económicas. A su vez profundizaría la calificación de dictadura, lo que, se sabe, abre la puerta a nuevas formas de lucha. Hacia eso iban en julio, pero el peso de los votos de la Asamblea Nacional Constituyente se los impidió.

La hipótesis del vaciamiento electoral incluye varios posibles movimientos anteriores al 22. Se trata, en su táctica, no solamente de retirarse sino de construir el peor escenario. Eso significa la agudización de las variables económicas y posibles actos de saboteo, por ejemplo, a la electricidad. No se puede descartar la posibilidad de escenarios violentos que conmocionen a la población -ya se han dado algunos menores- y condiciones los votos, la participación. Necesitan, en el caso de retirarse, que participe la menor cantidad de gente el día 22. El chavismo necesita lo contrario: mayor participación otorga mayor legitimidad, y, lo que está acá sobre la mesa a nivel nacional es la legitimidad. Eso está en cambio en gran parte perdido a nivel internacional, el chavismo será presentado como antidemocrático haga lo haga.

¿Existe la posibilidad de que busquen acortar tiempos e impedir la realización de las elecciones? No se puede descartar esa hipótesis, la pregunta sería entonces a través de qué vía. Eso remite a la cuestión central en el escenario descrito más arriba: cómo sería el acto final de asalto al poder. El año pasado se vio como esa cuestión no resuelta los hizo avanzar en un escenario que no lograron resolver -se analizó entonces que necesitaban un levantamiento de los barrios y/o un quiebre de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), elementos que no lograron desencadenar.

Se pueden intuir cuatro variables principales para una acción de fuerza directa. La primera, la intervención directa de los Estados Unidos. La segunda, la intervención de fuerzas conjuntas, con epicentro desde Colombia. La tercera, articulada a la segunda, el despliegue de fuerzas paramilitares para desatar oleadas de violencia con intento de control de territorios. La cuarta, que buscan, un quiebre al interior de la Fanb. Trabajan sobre todas las posibilidades. En vista de los últimos movimientos y el cuadro global, el escenario parece dirigirse hacia la segunda variable, combinada con la tercera. ¿Sería suficiente? ¿Una victoria rápida y asegurada? La falta de certezas, junto como factores como las próximas elecciones presidenciales en Colombia, parecen condicionar la posibilidad de que se ponga en marcha.

Existe otro escenario, que puede verse como anterior a la acción de fuerza: el agravamiento de las variables económicas como parte del plan, hecho que desencadenaría episodios de violencia popular que hasta el momento no han sucedido. Esa hipótesis parece la menos manejable por parte de los Estados Unidos, la más compleja de anticipar en vista de las profundidades de la experiencia chavista, los niveles de dificultad económica reales y crecientes, la poca certeza para conducir los tiempos del estallido. Una posibilidad es que en caso de fracasar la variable del colapso económico -por ejemplo, por un efecto positivo de la criptomoneda Petro que permita sortear el bloqueo internacional y descomprimir el peso del dólar de guerra- entonces se activen las variables de asaltos violentos. Como se ve, las variables son interdependientes.

Lo que está en juego son casi siete años más de Nicolás Maduro, es decir del chavismo -con todas sus miradas, contradicciones, errores y potencias- en el gobierno. Los Estados Unidos no parecen dispuestos a convivir ese tiempo, necesitan acelerar los pasos, lograr el desenlace. Al descartar la vía electoral se abren entonces las puertas para las otras vías. Están a la vista próximas confrontaciones en varios escenarios, posibles intentos de asalto final, al igual que ocurrió entre abril y julio del 2017. El chavismo mostró que sabe dar la pelea.

La solidaridad internacional en tiempos de guerra

Risultati immagini per chavismopor Marco Teruggi – 15yultimo.com

Estamos más solos. No es una novedad, es una tendencia que se profundiza. La solidaridad internacional con Venezuela ha disminuido, en particular luego de los meses de abril/julio del año pasado. Tomaron distancia aliados antes cercanos, así como otros que miraban con atención el proceso y nos defendían ante las avalanchas de acusaciones lanzadas desde los medios concentrados y las fuerzas de derecha. Ya no estamos solamente ante la necesidad de deconstruir las matrices que repiten que Venezuela es una dictadura, sino también de reconstruir un tejido de apoyo a la revolución que se ha visto golpeado. Son dos niveles distintos, que demandan estrategias diferenciadas.

Se puede optar, ante este cuadro, por descargar toda la responsabilidad sobre los demás. Es brutal la cerrazón y homogeneidad de los grandes medios de comunicación internacionales. Están negados gran parte de los espacios para quienes no repitan el discurso que tribute a aislar a Venezuela. A esto se han agregados las voces de una gama de presidentes de América Latina y Europa. También se puede señalar a quienes se han alejado de una serie de adjetivos: oportunistas, traicioneros, intelectuales que solo se cobijan donde calienta el sol -ya Venezuela no es sol sino tempestades- claudicantes ante las presiones políticas en cada uno de sus países, cómplices por elección.

Poner toda la responsabilidad en campo ajeno resulta poco honesto y sobre todo poco constructivo. No dudo que ciertas posturas públicas -el silencio es una de ellas- puedan explicarse complejizando algunas de esas adjetivaciones. Pero significa no preguntarnos en qué fallamos, qué no hacemos o hacemos mal, y aleja la posibilidad de volver a tejer los anillos necesarios alrededor de Venezuela, rearticular solidaridades entre izquierdas, progresismos, y ecologismos en el caso de Europa. Son centralmente ellos quienes pueden a su vez disputar sentidos sobre Venezuela en cada uno de sus países, en debates, votaciones, movilizaciones, según las correlaciones de fuerzas políticas y comunicacionales que, en términos generales, no son favorables. Eso es imprescindible en esta situación donde se escuchan armas cargándose en la puerta de nuestras fronteras y las solidaridades no son automáticas.

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El primer nivel es el de defensa del carácter democrático del proceso político que se vive en Venezuela. En eso se ha retrocedido. Es cada vez más extendida la opinión pública que identifica al chavismo como una dictadura. Esa es, por ejemplo, la palabra que más es asociada con Venezuela cuando se hace un relevamiento de los medios de comunicación en Suecia -podría extenderse a varios países. La segunda palabra que más aparece es corrupción. Esa matriz es difundida de manera furiosa: les es imprescindible extenderla hasta las nauseas para justificar las sanciones de los Estados Unidos, la Unión Europea y el Grupo de Lima, y para crear las condiciones de cara a una posible nueva acción de fuerza nacional/internacional.

En esa dimensión del debate hacen falta herramientas concretas: leyes, artículos de la Constitución, sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, hechos, declaraciones como las del comisionado de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas quien afirmó en diciembre que no existe crisis humanitaria en Venezuela. Afuera existen dudas acerca de la Asamblea Nacional Constituyente, sobre la legalidad del adelantamiento de las elecciones, las razones que explican por qué la Mesa de la Unidad Democrática o Voluntad Popular no puedan presentarse a las elecciones presidenciales. Hablo de convencer a quienes podrían sumarse al apoyo, pero se encuentran con faltas de argumentos ante un cuadro de alta tensión, o de defenderse ante los ataques sistemáticos de la derecha. En eso, se sabe, importa lo legal pero también y sobre todo lo legítimo.

Ese nivel es necesario pero insuficiente. Se corre el riesgo de caer en una limitación que varios afuera señalan como victimización. Esto, traducido, significa que el discurso consiste en un decálogo de las agresiones internacionales/nacionales, junto con la defensa de todo acto del chavismo. El discurso del bien y el mal puede tener efecto para la defensa democrática y el desenmascaramiento del enemigo, pero tiene poca fuerza para reconstruir solidaridad, hablar con izquierdas, progresismos, que además se encuentran en una época de más dudas que certezas -Venezuela operaba como una de las certezas, ahora poco. Es necesario poner en debate la revolución como revolución, que no funciona bajo el clivaje de bien/mal.

El proceso tiene contradicciones, pasiones alegres, pasiones tristes, policlasismos que tensionan la dirección de las salidas a la guerra/crisis económica, herramientas políticas, movimientos, experiencias de organización popular, lógicas burocráticas, épicas, más de un millón novecientas mil viviendas entregadas etc. Es necesario analizarla, traducirla a otros idiomas políticos, pensar una narrativa que se salga de lenguajes como “comandante supremo”, y la liturgia de propaganda, que son contraproducentes en otros países -muchas veces también en Venezuela.

Significa que se debe ahondar en el análisis del propio proceso, siempre en el marco del cuadro general en el cual se desenvuelve. La voz oficial es evidentemente imprescindible, pero resulta insuficiente por sí sola para este otro nivel: es una (auto)limitación defender la revolución solo desde la institucionalidad y pocos dirigentes. Se desaprovecha la potencia del chavismo, se lo reduce a la dirección de gobierno y del Psuv, y la revolución se presenta haciendo frente a una avalancha de imágenes de inflación, colas, migraciones, escuálidos en el extranjero, con un discurso muchas veces gastado, para los ya convencidos.

Necesitamos rearmar estrategias de comunicación, volver a entusiasmar, y eso pasa, entre otras cosas, por ampliar las vocerías hacia afuera, las narrativas, los debates sobre la misma revolución, así como replantear, por ejemplo, los encuentros de solidaridad realizados en Venezuela, donde el esquema de hotel/sala cerrada/diálogo con algunos dirigentes, es una fórmula de efecto limitado. Para enamorar de la revolución es necesario compartirla aguas abajo, en experiencias como asambleas comunales, distribuciones de Clap, en el país profundo sin aire acondicionado. ¿La revolución son los dirigentes formales? Sería un error grande concebirlo así, un error que ocurre, es parte de nuestros problemas hacia adentro y hacia afuera.

Ese segundo nivel es clave. Implica también reconocer problemas, analizarlos, explicar, por ejemplo, el desarrollo y combate a la corrupción, la dificultad en haber logrado ampliar la base productiva a pesar de las pruebas que se hicieron en ese camino -afuera todos se preguntan por qué el chavismo no lo intentó-, o qué errores hemos cometido para no lograr estabilizar el cuadro económico provocado por la estrategia del enemigo. Procesar limitaciones otorga mayor credibilidad y esa credibilidad es hoy imprescindible.

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Este análisis nace de un recorrido que realizamos entre enero y febrero en varias ciudades europeas donde dimos conversatorios sobre la revolución, entrevistas a diferentes medios, una iniciativa que fue posible gracias a asociaciones, fuerzas políticas, que trabajan la solidaridad con Venezuela. La conclusión luego de esa experiencia es que se pueden reconstruir un tejido de apoyo público, pero difícilmente se logrará en caso de mantener el piloto automático. El enemigo ha desarrollado fuerza internacional en un cuadro de avanzada de las derechas en varios países, cuenta con alianzas poderosas -que son el mismo enemigo- y sabe jugar en el terreno comunicacional. La revolución, como en otros espacios, debe reinventarse para defenderse y aportar sus enseñanzas, que son muchas. Estas son pistas para hacerlo. Resulta urgente en este contexto de creciente aislamiento y un cielo que se cubre de tormenta.

Bruxelles 27gen2018: Comprendere il Venezuela Bolivariano

¿Dónde está el enemigo de la revolución?

por @Marco_Teruggi

Pocos habrían acertado hace unos meses en pronosticar que instalaríamos una Asamblea Nacional Constituyente y ganaríamos dieciocho gobernaciones. Estas sucesivas victorias quedarán para la historia como una lección de batalla política, de manejo de tiempos y escenarios. La honestidad deberá decir que quien comandó fue Nicolás Maduro. Es necesario reconocerlo: estamos en guerra y el presidente dirige el bloque chavista. Lo hace mejor que el enemigo, que, en estos días, ha dado una muestra de desbandada pública, de lo que sucede con un ejército de generales de poca monta que se disparan entre sí y, a veces, a sus propios pies.

Hemos ganado algo vital: poder político, es decir tiempo. Además de haber reencauzado el conflicto al camino electoral. De haber fallado la táctica podríamos estar en el escenario que buscó imponer la derecha, una confrontación nacionalizada, una generalización de asedios y asaltos. En cambio, vamos hacia las elecciones municipales, luego presidenciales, sin garantías -no las hay en política- pero con pronósticos favorables. Los análisis de derechas, algunas izquierdas -¿izquierdas?- están en crisis.

Este cuadro ganado con política no significa un triunfo definitivo: no lo hay, peleamos contra los Estados Unidos. A estas horas, con un ejercicio militar a poco de concretarse en la frontera entre Perú, Brasil y Colombia, deben hacer cálculos de cómo rearmar una estrategia de toma del poder. ¿Intentarán una intervención directa y camuflada para acelerar el tiempo? ¿Apostarán al mediano plazo con la permanencia de la ofensiva económica?

Tenemos la iniciativa política. El empate se volcó a nuestro favor, y, desde esa posibilidad -ya no estamos contra las cuerdas- aparece el pedido de resoluciones económicas. Emerge, como muchos pedidos, de manera desorganizada, en redes sociales, análisis en programas de televisión, comunicados de organizaciones populares, conversaciones callejeras espontáneas. Es real, tan real como una situación material que desmejora para las clases populares -¿para alguien más?-, la base histórica del chavismo, su territorio de gestación y fuerza ante las batallas más difíciles. Los números no cierran, es una evidencia que golpea cada día.

Es evidente también -demostrarlo es una batalla comunicacional central- que la crisis económica es parte de la estrategia de guerra prolongada. Su diseño viene desde los Estados Unidos, en conjunto con una trama de poder económico nacional y transnacional, que tiene a su vez elementos/responsabilidades internas. Interno significa en el bloque nuestro. Situar únicamente el problema económico en el frente enemigo, es cerrar el análisis que puede conducir a conexiones, nuestras contradicciones, es clausurar una dimensión sin la cual no parece posible comprender por qué no logramos estabilizar la situación. ¿El enemigo es demasiado poderoso? ¿Dónde está el enemigo?

Una respuesta la dio el presidente al afirmar que el enemigo principal es, junto con los Estados Unidos, la corrupción. A medida que el Fiscal General informa de la investigación y los arrestos emerge la dimensión económica a la que nos enfrentamos: desfalco, déficit, disminución de la producción en el área petrolera, sobrefacturación en las importaciones, robo en miles de millones de dólares. Mafias en áreas estratégicas de la economía. Pelear con armas dañadas dificulta cualquier combate.

Resulta llamativo que este nudo crítico no se amplifique comunicacionalmente, quede reducido a contados voceros y momentos breves en los medios propios. Puede explicarse por la dificultad para abordarlo en términos conceptuales -cómo se analizan las causas, el desarrollo, la profundización- la dificultad para abrir un tema que necesariamente conduce a la revisión interna, la lógica política/comunicacional que solo sabe construir un relato feliz del país, la cultura burocrática-autoritaria que cierra debates con frases maximalistas cargadas de un orden aplastante.

El enfrentamiento contra la corrupción no se ganará en lo inmediato -¿se puede derrotar definitivamente un fenómeno tan complejo?- pero permite atacar uno de los frentes principales que explican el cuadro actual. No existe una respuesta única que mágicamente pueda solucionar un problema multicausal que además de económico, es político. Y desde una mirada puesto en lo político se pueden justamente abrir algunas preguntas para intentar comprender la estrategia propia ante la guerra, una estrategia que, en este final de octubre de 2017 cuesta clarificar. No resulta claro, por ejemplo, si se busca poner un techo al aumento de precios o si se permiten aumentos que aparecen de hecho en supermercados; no queda claro tampoco si existe una voluntad de avanzar sobre quiénes nos atacan, hablo de terratenientes -que financieros grupos paramilitares entre abril y julio-, grandes empresarios especuladores, por ejemplo, o se busca en permanencia un acuerdo al que no se llega; no se comprende por qué se entregan dólares a quienes no cumplen con su parte del acuerdo. Son algunos puntos. ¿Vamos a quitarle poder a quienes no declararon la guerra?

Las preguntas se deben a la complejidad del escenario, el silencio sobre determinados puntos, la dificultad comunicacional, la respuesta que a veces busca cerrar el debate con la afirmación que todo está resuelto en misiones/grandes misiones/clap/carnet de la patria/0800 salud.

Casi cualquier acción puede justificarse bajo el argumento de se trata de una jugada táctica en el marco de una guerra, o que no existen condiciones para hacer otra cosa -negando que las condiciones puedan desencadenarse desde una voluntad política-. La pregunta es si detrás de la táctica existe una estrategia. Es una inquietud que se enmarca dentro del chavismo, un movimiento policlasista con miradas diferentes e intereses económicos que a veces también lo son, y centran, en este caso, la priorización del privado por sobre lo estatal y lo comunal/social. Eso conlleva implicancias políticas, ideológicas y económicas.

Se podrá argumentar que no son debates para dar hasta que no se consolide el poder político -municipales y presidenciales- o que solo la batalla contra la corrupción es en sí un frente demasiado grande. El problema es que mientras se busca el acuerdo que no resulta con los mismos que se pone como responsables de la situación, un kilo de queso cuesta 50 mil bolívares, los pronósticos no indican que el aumento se detendrá, y el discurso construido parece muchas veces impermeable a esa realidad. Resulta difícil medir el daño subterráneo, sobre la subjetividad, que causa este cuadro económico sostenido. Pero opera, trabaja en el silencio cotidiano sobre un movimiento histórico que es, para retomar a John William Cooke, la identidad política del pueblo trabajador venezolano -algo que la derecha no logra incorporar a sus análisis, aunque está presente en la idea de resetear la sociedad para poder gobernarla.

Estamos en una condición que pocos pensaban meses atrás. Tenemos iniciativa política, una unidad que se ha mantenido, una oposición enfrentada entre sí. En lo económico están condensados los ataques y las contradicciones. Creo que existe un consenso para tomar medidas de guerra ante este cuadro de guerra dirigido desde los Estados Unidos. Las necesitamos.

 

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