La izquierda latinoamericana volverá al poder, pero con otro liderazgo

Risultati immagini per America XXIpor América XXI Noticias

9 de mayo de 2018.- El periodista argentino Luis Bilbao, director de América XXI, afirmó que “los movimientos populares de América Latina volverán a tomar posiciones de poder, pero no con los mismos liderazgos”.

Señaló que Argentina y Brasil experimentan los resultados de haber sido inconsecuentes con Venezuela cuando el comandante Chávez planteó estrategias verdaderamente revolucionarias.

Entrevistado por el periódico digital Supuesto Negado, Bilbao hizo un análisis de lo que sucede en materia política en América Latina y recordó que tampoco acompañaron a Chávez en la propuesta de una Quinta Internacional.

Lo que ha pasado en varios países (Brasil, Nicaragua) y en la Unión de Naciones del Sur (Unasur), ¿indica que estamos en un retroceso de la izquierda o en la etapa preparatoria de una nueva oleada?

En un sentido, hay un retroceso, pues es evidente que en Estados Unidos, su Departamento de Estado, la estrategia imperialista ha ganado espacio. Pero yo no lo atribuyo de una manera genérica a un retroceso de la Revolución. Cuando hablamos de izquierda hay que hacer algunas precisiones porque se engloban cosas demasiado diferentes y a veces muy contradictorias. Ese concepto está cada vez más desdibujado. Prefiero hablar de fuerzas revolucionarias, socialistas o anticapitalistas. En ese sentido, no hay un retroceso de ese conjunto de movimientos, pero sí ha habido, claramente, una derrota letal de todas las fuerzas reformistas que han tenido, en algunos casos, un cariz progresista, y en otros ni siquiera eso, y que no quisieron acompañar la propuesta revolucionaria de Venezuela y particularmente del comandante Chávez en su momento. No quisieron acompañar el ingreso al ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América), no quisieron acompañar la constitución del Banco del Sur, la moneda única latinoamericana. Incluso, tampoco acompañaron a Chávez en la propuesta de una Quinta Internacional. Ahora se está pagando el precio de esas inconsecuencias.

Bilbao subrayó que “la conducción revolucionaria venezolana previó circunstancias como las que se están viviendo e hizo todo lo posible para fortalecer las estructuras, las organizaciones y las tendencias que decían ser anticapitalistas o antiimperialistas, pero que en algunos casos no lo eran implícitamente y en otros casos no lo eran porque en la práctica no condecían con sus discursos”. El proceso que se está viviendo ahora es, a su juicio, una especie de depuración que pondrá en claro qué organización es realmente revolucionaria y cuál es pequeñoburguesa, reformista o con algunos atisbos antiimperialistas pero que no asumen la propuesta de transitar hacia un sistema diferente.

Añadió que en varios de los países latinoamericanos se ha pretendido reformar el capitalismo, avanzar en sentido social desde el mismo capitalismo, y eso tiene límites muy concretos. “Esos fueron los casos de los gobiernos de Brasil y Argentina, que se negaban por completo a una definición netamente antiimperialista y anticapitalista. Quisieron cabalgar en los dos sentidos, quisieron reformar el capitalismo con un sentido humanista y eso, ya se ha demostrado cabalmente, es imposible. Lo que estamos viendo ahora es la evidencia de esa imposibilidad. Por eso no se puede decir que sea un retroceso, sino más bien, una posibilidad de avance, porque en la próxima fase, que en mi opinión ya está comenzando, no tendremos que lidiar con este tipo de organizaciones que se impusieron en estos países con su proyecto de reforma capitalista”.

El entrevistado se anticipa a alguna pregunta sobre el hecho de que tampoco en Venezuela se ha logrado una venturosa transición al socialismo, sino que se han producido efectos económicos desastrosos. “Eso es cierto, pero no ha sido la transición al socialismo lo que ha producido esos efectos, sino la fuerza contrarrevolucionaria que se lanzó sobre Venezuela para impedirle desarrollar la potencia de una propuesta anticapitalista. Es evidente que se paga un precio muy caro por tratar de traspasar esa frontera, pero ese precio es responsabilidad particularmente de nosotros los argentinos y de los hermanos brasileños que no pudimos constituir una fuerza para ponernos a la par del proyecto que estaba desarrollando el comandante Chávez y que luego siguió el presidente Nicolás Maduro”.

¿Esa nueva etapa, que usted considera que ya ha comenzado, se daría con los mismos líderes de la vez anterior o con otros? Por ejemplo, ¿Luiz Inácio Lula Da Silva y Cristina Fernández de Kirchner volverían al gobierno, pero con una reflexión hecha, un enfoque nuevo?

Definitivamente no. En el caso de Cristina Fernández, eso está muy claro porque ella perdió tres elecciones sucesivas. La población le dio la espalda a su proyecto. En el caso de Lula no ocurre exactamente lo mismo, como tampoco se puede comparar, en absoluto, al Partido de los Trabajadores brasileño con las fuerzas que se sumaron al kirchnerismo en Argentina, pero de todas maneras me parece demasiado evidente que cuando estuvo en jaque el gobierno de Dilma Rousseff, el del PT, el de Lula, si queremos decirlo así, las masas no salieron a defenderlo. Y no lo hicieron porque ya el proyecto originario del PT había sido alterado, no había sido consecuentemente sostenido por Lula ni por Dilma. Así que en ninguna hipótesis esa nueva etapa será con los mismos liderazgos.

¿Qué puede decirse en el caso de Rafael Correa, en el que un sucesor autorizado e impulsado por él (Lenín Moreno), está desarrollando una estrategia aparentemente contra-revolucionaria?

Acá tenemos también una experiencia muy importante. No es el mismo caso de Argentina y Brasil, aunque el compañero Correa quiere identificarse con estos dos procesos, lo que me parece un error estratégico de su parte. Lo que ocurrió en Ecuador fue también la indecisión frente a un programa de transición al socialismo, el tratar de cabalgar a dos aguas. También tenemos la negativa de Correa y de los principales líderes de su proyecto a construir un partido revolucionario, lo que sí se hizo en Venezuela. Ellos se negaron a constituir una Quinta Internacional cuando la propuso el comandante Chávez. Luego ocurren estas cosas aparentemente incomprensibles, como que el candidato elegido por Correa para la sucesión se da vuelta en el aire y empieza a aplicar una estrategia invertida al proyecto originario. Allí queda la certeza de que hace falta un programa, una estrategia y una organización seria, con cuadros, con liderazgos, para llevar a cabo una propuesta revolucionaria.

¿El retiro en bloque del grupo de países con gobiernos pro estadounidenses hiere de muerte a la Unasur?

No diría que la hiere de muerte en este momento, pero subrayaría el hecho de que Unasur está estructuralmente debilitada y poco menos que quebrada desde hace mucho tiempo. Incluso, en vida del comandante Chávez, ya Unasur no funcionaba como debía. Argentina y Brasil, con gobiernos supuestamente progresistas y antiimperialistas, se negaron a ingresar al ALBA, que era un nivel superior de definición ideológica y política, se negaron al Banco del Sur y a la moneda única latinoamericana. Con eso frenaron el movimiento y dejaron espacio para que posteriormente, cuando se impusieron las fuerzas conservadoras en esos países, pudieran romper con Unasur. Ahora puede sobrevivir, pero como una fuerza indefinida en lo esencial. El verdadero eje de la estrategia para quienes ansiamos una verdadera política antiimperialista y anticapitalista es el fortalecimiento, el desarrollo, la ampliación del ALBA, no solamente con gobiernos sino con estructuras nacionales, para que podamos incorporarnos los integrantes de toda aquella enorme fuerza militante que en el resto de América Latina comparte los proyectos, las estrategias, las definiciones del ALBA, pero sus gobiernos no están en ella.

En el caso de Nicaragua, visto el conflicto surgido alrededor del tema de la seguridad social, ¿no será que a Daniel Ortega le está pasando lo mismo que a los gobiernos que quisieron cabalgar entre capitalismo y socialismo?

No. Creo que es diferente, aunque debo admitir que no conozco el caso en detalle. Sí es cierto que hay una reticencia o una toma de distancia respecto a una política de transición franca al socialismo. Cuando uno mira objetivamente el proyecto de Daniel Ortega para resolver el problema previsional, debe coincidir con él en que es imprescindible tomar esas medidas. El problema es que esas medidas están enteramente dentro del marco de un cuadro capitalista. Aquí pongo de ejemplo el caso argentino, donde se ha criticado mucho al gobierno de Macri por la reforma previsional que hizo, y en muchos sentidos es correcto criticarlo, pero desde el punto de vista real es imposible, bajo el modelo capitalista, sostener el sistema previsional argentino, que es bastante amplio y avanzado, sin hacer esos ajustes. Esto lleva a la reconfirmación de que, en el sistema capitalista, tarde o temprano siempre pagan las masas por las crisis estructurales. Es parte del modelo que estas crisis las deben pagar los pueblos, no las clases dominantes, no las trasnacionales ni las burguesías.

¿El cambio de mando en Cuba (con la elección de Miguel Díaz-Canel) qué expectativas genera en este sentido?

Creo que hay un cambio de nombre y de generación en el ejercicio inmediato del poder. Eso es positivo, sobre todo porque se pudo hacer con toda tranquilidad desde el punto de vista político y social. Ahora bien, en Cuba, como en cualquier otro país, está planteada la discusión de cómo hacer para resolver los dramáticos problemas económicos de nuestros pueblos: ¿con el concurso de la economía de mercado o buscando profundizar la economía socialista, es decir, la planificación y la participación popular? Allí ese debate también va a darse. Lo seguiremos muy de cerca, con mucha esperanza, con mucha expectativa y con mucha confianza en la historia de la Revolución Cubana. En ese caso creo que están dadas las mejores condiciones para que tenga un desenlace positivo.

Siempre queda la posibilidad de que salga por ahí otro Lenín Moreno…

En Argentina decimos “que en lugar de pato salga gallareta”… Pero yo creo que podemos confiar. En todo caso, pero la batalla está planteada porque siempre habrá fuerzas que propongan resolver los problemas del socialismo con recetas de mercado.

 

Doble poder en Venezuela

América XXIpor Luis Bilbao 

Aunque de manera original, sin precedentes, en Venezuela se verifica por estos días una ley inalterable de toda revolución: el doble poder. Afirmación de dos centros de mando que, en representación de clases y sectores de clases contrapuestos, confrontan en el marco de la desarticulación del control hegemónico del Estado preexistente.

Podría haber ocurrido de otras muchas maneras. Pero fatalmente llegaría el momento en que la Revolución Bolivariana se vería frente a frente, sin conciliación posible, con la burguesía y el imperialismo.

Sucedió a causa del resultado del 6-D. Por eso en una primera instancia la manifestación más visible de este fenómeno ocurre en la Asamblea Nacional. Con 112 diputados, la burguesía tiene el control institucional tradicional. Con la instalación del Parlamento Comunal la dirección revolucionaria contrapone, según palabras de Diosdado Cabello, “un mecanismo legislativo que le permita al pueblo disponer de recursos, jefaturas, toma de decisiones, leyes, y que le permita al pueblo disponer su forma de vida”.

He aquí entonces, por vía y en circunstancias inesperadas, la inauguración formal de un doble poder en Venezuela.

Sorprende que en muchos casos no se valore en toda su trascendental importancia la decisión tomada por el presidente Nicolás Maduro, quien sin rodeos explicó: “No voy por el camino del capitalismo, voy por el camino de una revolución productiva, integral, nacional y profundamente socialista”. El Parlamento Comunal es la articulación táctica de esa terminante definición estratégica. Y da lugar a una nueva Venezuela.

Que el lugar físico de ese doble poder sea el Capitolio –más aún: que el sitio asignado al Parlamento Comunal sea el del antiguo Senado hoy inexistente- subraya la singularidad de la Revolución Bolivariana, que en 17 años logró sortear una y otra vez, sin ceder lo fundamental de su estrategia, la imposición de una confrontación violenta propiciada por la burguesía local y el imperialismo.

Un poder doble es por definición inestable y, a término, insostenible. Uno de los dos ha de imponerse sobre el otro. Si la parte derrotada continúa avalada por fuerza objetiva suficiente y mantiene voluntad de combate, la dualidad de poderes desemboca en una guerra civil.

Tal desenlace sólo es evitable –o reductible a una mínima expresión- si las fuerzas revolucionarias consiguen poner en movimiento al conjunto social, que en el original caso venezolano incluye al grueso de la Fuerza Armada. Pero así como toda genuina revolución cumple en algún momento de su desarrollo la ley del doble poder, el corolario inevitable es la derrota definitiva, pacíficamente o no, del poder enemigo. Otra secuela insoslayable de tal situación es la intervención de un tercer protagonista, en realidad el primero en el caso venezolano: el imperialismo; cuyos jefes saben que no tienen chance si no es por el camino de la violencia.

Si el doble poder está instalado y representado en la Asamblea Nacional, no será allí donde se dirimirá. No se trata de diputados y mayorías eventuales. Se trata de la lucha de clases en su más franca expresión. El Parlamento Comunal no será representación del poder de las mayorías si no está plasmado en organismos de masas, participativos y democráticos, desplegados en todo el país, en cada lugar de trabajo o de estudio. Entendido de esta manera el poder efectivo se traslada al Parlamento Comunal y choca de frente con los declarados propósitos de la mayoría burguesa en la Asamblea Nacional.

Nada más importante en esta coyuntura que la determinación de el o los partidos revolucionarios (Psuv y GPP) para cohesionar, dar confianza y organización a las grandes masas, lo que implica dirigir políticamente las Asambleas Populares y otros organismos de base sin caer sobre ellos de manera vertical.

No se trata de propugnar un supuesto poder que se conforma de abajo hacia arriba, como habitualmente se escucha. Tampoco lo contrario: la imposición desde un organismo centralizado que reemplaza el debate y la decisión de las masas. Tales interpretaciones mecanicistas bloquean la interacción dialéctica entre un centro de mando político y los organismos de masas. Aquél, munido de estrategia, programa de acción, información y cuadros capacitados para llevar a las mayorías una línea de acción en medio de la confrontación; éste, con fuerza suficiente para traducir el nivel de conciencia y la voluntad de combate de sus bases y ensamblarlos con la dirección político-militar revolucionaria.

Desafío extraordinario y sin postergación posible para el Psuv-GPP. Hay organismos de base de enorme potencialidad, que requieren impulso exterior para proyectarse como plataforma del Parlamento Comunal, cuyo nombre podría traducirse como Comando Central de Asambleas Populares. Ese impulso exterior sólo puede provenir de la organización revolucionaria socialista, el Psuv y, hasta donde se pueda, el GPP. Es claro que toda idea conciliacionista ha de ser combatida y vencida en ambos componentes de este proto-Estado revolucionario.

Inviable una victoria si la voluntad insurrecta de las masas no se expresa en toda su potencia. Igualmente inviable sin la conducción lúcida y férrea de la dirección revolucionaria.

Tal el reto que afrontan las y los revolucionarios en Venezuela. Y que debemos acompañar incondicionalmente quienes en América Latina y el mundo luchamos contra el capitalismo.

@BilbaoL

22 de diciembre de 2015

Il Venezuela avrà un peso geopolitico su scala globale durante il XXI secolo

di Luis Bilbao*

Chávez è stato l’artefice di una cruciale sconfitta strategica dell’imperialismo. Più di chiunque altro è riuscito a comprendere la dinamica che in questo momento caratterizza l’imperialismo, più di chiunque altro ha agito con la lucidità ed il coraggio necessari per proporsi come  forza dirigente. La presenza alle sue esequie di 54 Capi di Stato e una decina di rappresentanti di altri paesi prova l’effettività della sua politica internazionale.

Non è stato a causa dell’agire di un individuo che nell’ultima decade lo scacchiere internazionale ha sofferto un drastico mutamento. Forze sprigionate dalla logica interna del capitale hanno reso possibile cambi di una tale grandezza che, nel fugace lasso di un decennio, hanno disegnato una nuova mappa geopolitica. Una mappa che non è ancora stata interpretata a dovere e nella quale gli USA hanno perso il loro antico posto di centro dell’equilibrio planetario e di capo inappellabile nelle questioni essenziali dell’economia, della politica e della guerra.

Non è stato a causa dell’agire di un individuo, questo è chiaro. Senza dubbio la intuizione profonda di questo cambiamento che è appena iniziato e la volontà di intervenire con un programma e una strategia capaci di orientare la congiuntura storica verso la consolidazione di un mondo a misura delle necessità umane, è stato il tratto distintivo di Hugo Chávez. Possiamo essere sicuri che il suo ruolo non solo ha pesato in maniera determinante nel corso iniziale di questi cambiamenti, ma andrà ben oltre nei tempi a venire.

Nessuno più di lui è riuscito a vedere la dinamica che disaggrega il potere imperiale e lo stesso imperialismo, nessuno è riuscito ad agire con la lucidità ed il coraggio necessari per proporsi in quanto forza dirigente. Per questo oggi il Venezuela si situa al centro dello scenario mondiale.

Onorevole responsabilità per il governo che adesso presiede Nicolás Maduro come incaricato prima e come Presidente eletto dopo. Onere storico per i lavoratori ed il popolo di un paese relativamente piccolo, scarsamente popolato, con una economia ancora sottosviluppata, e dipendente, che senza dubbio, pesa e peserà con maggiore influenza nel futuro dei rapporti di forza internazionali e nel disegno del mondo che viene.

Come succedeva nel secolo XIX nell’emisfero latinoamericano con l’influenza di Bolívar, ma oggi in misura maggiore, il Venezuela avrà influenza in questo XXI secolo su scala globale. Tale è il risultato dell’azione di Hugo Chávez nella politica internazionale degli ultimi 15 anni.

Pratica e Teoria

Poche forze politiche hanno compreso e ancora meno hanno accompagnato il percorso grazie al quale Chávez avrebbe conquistato quell’agire fulminante. La chiave può essere individuata in un concetto centrale: due strumenti transnazionali ed una energia senza pari accompagnata dal coraggio politico imprescindibile per rompere con la diplomazia capitalista.

Prima di entrare nella questione, una parentesi doverosa: la causa per la quale pochi, proprio nell’area della sinistra hanno compreso Chávez e in pochi l’hanno accompagnato, è dovuto ad un fatto tanto importante quanto dimenticato. Nel 1920, il Secondo Congresso della Terza Internazionale ha fatto qualcosa che per molti ancora oggi è del tutto sconosciuto: cambiò la parola d’ordine centrale con la quale Marx ed Engels hanno tracciato la direzione strategica della Prima Internazionale: “Proletari del mondo unitevi”.

L’Internazionale Comunista, allora diretta da Lenin e Trotskij, cambiò questo grido di battaglia con un altro: “Proletari e popoli oppressi del mondo unitevi”. Era nient’altro che l’inclusione della nozione di paesi sottomessi alle metropoli del capitale e del concetto di Fronte Unico Antimperialista.

Poco importa se Chávez abbia studiato o meno questo documento chiave della storia del pensiero rivoluzionario. Sta di fatto che è stato guidato da tale strategia: unire su tutti i piani e in tutto il pianeta, l’ampio spettro delle classi, dei settori e dei governi che in un modo o nell’altro cozzano con l’imperialismo.

A parte la sua ineguagliata militanza internazionale (deve essere ancora tracciata la mappa dei suoi innumerevoli viaggi realizzati in questi 15 anni), Chávez ha rincorso due strumenti transnazionali: uno per scontrarsi con questo, l’ALCA, e l’altro per costruirlo dal nulla: l’ALBA.

Ricordo come se avesse avuto luogo ieri la conferenza stampa finale dell’Incontro dei presidenti dei Caraibi, il 13 dicembre 2001. Nel suo svolgimento Chávez annunciò la creazione di una organizzazione la cui sigla, disse, concepì guardano l’orizzonte del mare all’inizio di quel giorno: ALBA.

Mentre spiegava questi concetti, intuì che questa proposta di formidabile proiezione strategica ma carente di qualsiasi articolazione reale, era una chiamata appassionata al mondo alla comprensione e all’azione. Un solo presidente rispose: Fidel.

Negli anni successivi molte volte Chávez ha raccontato, con il suo famoso senso dell’humor, l’aneddoto che delinea con chiarezza la realtà di allora: «il giorno seguente – raccontava Chávez – Fidel mi spedì una lettera chiedendogli che gli mandassi i documenti dell’ALBA. Quali documenti? Non ce ne erano!». Il fatto è che poco dopo, Cuba e Venezuela fondarono la Alleanza Bolivariana per i Popoli della Nostra America, inizialmente definita Alternativa Bolivariana per i Popoli della Nostra America.

Contro l’ALCA

Prima che l’ALBA spuntasse, già Chávez iniziò la battaglia contro l’ALCA. Lo aveva fatto, dalla metà del 2000, facendo fronte con un presidente estraneo al corso rivoluzionario che già era in marcia in Venezuela: il brasiliano Fernando Henrique Cardoso.

Cardoso agiva in funzione degli interessi della grande borghesia paulista, ma chiaramente scontrandosi con gli interessi USA ed i suoi piani per attivare la Associazione di Libero Commercio delle Americhe, ALCA.

Una citazione propria di un testo pubblicato nell’aprile del 2001 può rendere idea oggi del clima di allora:

«Le cause fondamentali per le quali la grane industria brasiliana si oppone all’eliminazione di qualsiasi restrizione doganale con il continente sono più che ovvie, non è certo necessario essere degli specialisti per comprenderlo: dal puto di vista delle esportazioni, l’industria brasiliana corre il serio rischio di perdere quote di mercato interno, il prodotto brasiliano dovrebbe misurarsi con la competizione straniera, che può essere migliore e più economica che quella nazionale, riconosce O Estado de Sao Paulo (4/4/01) il più potente quotidiano brasiliano (…) ciò che è certo è che Cardoso invitò ad una riunione di urgenza a Brasilia il presidente venezuelano Hugo Chávez, che come era prevedibile, non ebbe alcun dubbio a cambiare immediatamente la sua agenda per prendere parte a quello che sarebbe stato il suo ottavo incontro con Cardoso da quando assunse la presidenza nel 1999 (…) la nascita dell’asse Brasilia-Caracas lascerà la sua impronta anche nel caso che il “jeito mineiro” (i vacillamenti dei vertici governativi brasiliani) impediscano che intorno a lui cominci a muoversi un blocco che si scontri con le imperative esigenze di Washington”. Questo Articolo pubblicato nel Le Monde Diplomatique continuava con un altro il cui titolo è sufficiente per informare il lettore: “Il blocco Brasile-Venezuela impedisce che l’ALCA si anticipi”.

Con questa calcina lavorata pazientemente ed instancabilmente, Chávez riuscì, poi con altri protagonisti nella regione, ad assestare il colpo più duro e importante che gli USA hanno sofferto in termini strategici dalla sconfitta in Vietnam: il fallimento dell’ALCA, nella celebre riunione in Mar del Plata nel 2005. Egli con la sua concezione profondamente radicata – che sia essa esplicita o meno – della parola d’ordine “Proletari e popoli oppressi del mondo, unitevi”, è stato l’artefice di questa cruciale sconfitta dell’imperialismo.

Questi stessi concetti lo guideranno per dedicare enormi sforzi al gruppo dei 15, la riattivazione dell’OPEC, del Movimento dei Non Allineati, del Petrocaribe e di tutte quelle istanze internazionali che avessero offerto anche il più piccolo contributo per unire le forze contro il nemico imperiale fuori e dentro il Venezuela.

L’ALBA

La politica concepita da Chávez avanzò con un salto di qualità con la creazione dell’ALBA e la successiva inclusione dei paesi che nel 2008 arrivarono alla creazione del SUCRE, strumento fondamentale di tale progetto e che può andare oltre plasmando un nuovo disegno del sistema finanziario internazionale. Intanto in Venezuela iniziano a prendere corpo gli strumenti strategici della Rivoluzione: i Consejos Comunales – e chiave di tutto – il Partito Socialista Unito del Venezuela.

Un antico principio assicura che la politica internazionale di un paese è il prolungamento della sua politica interna. Dal 1998 il Venezuela si permette di ribaltare questo concetto: il piano di azione internazionale di Hugo Chávez e le nuove relazioni di forza regionali ed internazionali a cui ha dato origine hanno permesso e stimolato la radicalizzazione rivoluzionaria sul piano interno.

Mentre spingeva per la crescita e la consolidazione dell’ALBA, Chávez ha forzato (è necessario intenderlo letteralmente) la trasformazione della Comunità Sudamericana delle Nazioni nella Unione delle Nazioni Sudamericane. Non si tratta semplicemente né principalmente del suo gusto nell’inventare sigle, ma la distanza tra le comunità per l’integrazione e l’unione per l’emancipazione deve essere salvata, almeno a cominciare dal nome. Dopodiché c’è stata la CELAC, conquista reale e gravida di effetti potenzialmente di enorme importanza. L’inclusione del Venezuela nel Mercosur. L’ingresso di una forza anticapitalista in altre tante istanze nelle quali predomina la meschinità capitalista e perciò si frenano e si deviano costantemente, costituisce una pietra miliare della strategia del fronte antimperialista e rivitalizza le strutture che spesso sono paralizzate o agonizzanti.

Perciò l’ALBA si pone al centro di questa strategia: la definizione per il Socialismo del XXI secolo è la chiave di un’unione che, dipendendo dalla lucidità e dal coraggio dei suoi componenti, ha la possibilità di plasmarsi nella forma di unità superiori nel cammino della rivendicazione effettiva della Nazione Latinoamericana e Caraibica, aprendo decisamente così la strada alla confederazione socialista dei nostri paesi. Questa è la strada tracciata da Chávez.

L’Internazionale

Tutto questo, che già è tanto, non è però tutto. Chávez ha sempre sottolineato la differenza tra l’unità dei governi e l’unità dei popoli. Essendo costretto dal momento storico che lo obbligava prima di tutto ad avanzare principalmente attraverso diverse forme di fronte unico antimperialista con i più svariati governi e governanti, arrivò al punto di tentare di dare concretezza all’unico strumento che può rendere reale la consegna “Proletari e popoli oppressi del mondo unitivi”. Fu così che invitò il 21 novembre 2009 alla costruzione della Quinta Internazione.

È paradossale che nonostante avesse fatto tanta strada sul terreno dove lottava con Capi di Stato che sospettavano di lui ponendogli ostacoli ad ogni passo, non avesse avuto la possibilità di conquistare terreno proprio lì dove i convocati erano i partiti della sinistra, organizzazioni sociali, militanti e quadri rivoluzionari. Paradossale ed eloquente: l’uomo che ha riscattato dall’oblio e dall’obbrobrio concetti cruciali come Rivoluzione e Socialismo, Partito, Internazionale, non è stato compreso da coloro che in teoria dovrebbero stare davanti al Comandante.

Gli è accaduto lo stesso con il suo primo decisivo passo verso la rivoluzione e la gloria: con l’insurrezione del 1992, per regola generale delle sinistre, lo hanno lasciato solo in Venezuela e nel mondo. È altrettanto eloquente che nonostante ciò, Chávez, accompagnato e stimolato da milioni di persone, è stato il protagonista del fatto più rilevante dell’ultimo mezzo secolo: il rinascimento del socialismo.

Accadrà lo stesso nel futuro prossimo: le donne e gli uomini che invece hanno compreso e accompagnato Chávez, impugneranno la sua bandiera e la porteranno avanti, verso il futuro, verso l’emancipazione dell’America Latina e l’umanità tutta.

Non c’è nessuna magniloquenza, nemmeno un briciolo di misticismo in  tutto ciò: il compagno morto è un fautore della Storia perché ha sentito le necessità più profonde dei popoli, perché ha intuito con lampi di genialità l’andamento della crisi mondiale più grave della storia e perché ha saputo dargli risposta.

*giornalista argentino

[trad. dal castigliano per ALBAinFormazione di Ciro Brescia]

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