Once tesis sobre Venezuela y una conclusión escarmentada

por Juan Carlos Monedero

“Y se empeñaba en repetir lo mismo: “Esto no es como en una guerra… En una batalla tienes el enemigo delante… Aquí, el peligro no tiene rostro ni horario”. Se negaba a tomar somníferos o calmantes: “No quiero que me agarren dormido o amodorrado. Si vienen por mí, me defenderé, gritaré, tiraré los muebles por la ventana… Armaré un escándalo…”

Alejo Carpentier, La consagración de la primavera

1. Es indudable que Nicolás Maduro no es Allende. Tampoco es Chávez. Pero los que dieron el golpe contra Allende y contra Chávez son, y eso también es indudable, los mismos que ahora están buscando un golpe en Venezuela.

2. Los enemigos de tus enemigos no son tus amigos. Puede no gustarte Maduro sin que eso implique olvidar que ningún demócrata puede ponerse al lado de los golpistas que inventaron los escuadrones de la muerte, los vuelos de la muerte, el paramilitarismo, el asesinato de la cultura, la operación Cóndor, las masacres de campesinos e indígenas, el robo de los recursos públicos. Es comprensible que haya gente que no quiera ponerse del lado de Maduro, pero conviene pensar que en el lado que apoya a los golpistas están, en Europa, los políticos corruptos, los periodistas mercenarios, los nostálgicos del franquismo, los empresarios sin escrúpulos, los vendedores de armas, los que defienden los ajustes económicos, los que celebran el neoliberalismo. No todos los que critican a Maduro defienden esas posiciones políticas. Conozco gente honesta que no soporta lo que está pasando ahora mismo en Venezuela. Pero es evidente que del lado de los que están buscando un golpe militar en ese país están los que siempre apoyaron los golpes militares en América Latina o los que priman sus negocios por encima del respeto a la democracia. Los medios de comunicación que están preparando la guerra civil en Venezuela son los mismos conglomerados mediáticos que vendieron que en Irak había armas de destrucción masiva, que nos venden que hay que rescatar a los bancos con dinero público o que defienden que la orgía de los millonarios y los corruptos hay que pagarla entre todos con recortes y privatizaciones. Saber que se comparte trinchera con semejante gente debiera llamar a la reflexión. La violencia siempre debe ser la línea roja que no debe traspasarse. No tiene sentido que el odio a Maduro ponga a nadie decente al lado de los enemigos de los pueblos.

3. Maduro heredó un papel muy difícil -gestionar Venezuela en un momento de caída de los precios del petróleo y de regreso de Estados Unidos a Latinoamérica después de la terrible aventura en Oriente Medio- y una misión imposible -sustituir a Chávez-. La muerte de Chávez privó a Venezuela y a América Latina de un líder capaz de poner en marcha políticas que han sacado de la pobreza a 70 millones de personas en el continente. Chávez entendió que la democracia en un solo país era imposible y puso sus recursos, en un momento de bonanza gracias a la recuperación de la OPEP, para que se iniciara la etapa más luminosa de las últimas décadas en el continente: Lula en Brasil, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Mujica en Uruguay, Funes en El Salvador, Petro en Bogotá e incluso Bachelet en Chile referenciaban esa nueva etapa. La educación y la salud llegaron a los sectores populares, se completó la alfabetización, se construyeron viviendas públicas, nuevas infraestructuras, transportes públicos (después de la privatización de los mismos o la venta y cierre de los trenes), se frenó la dependencia del FMI, se debilitó el lazo con los Estados Unidos creándose la UNASUR y la CELAC. También hay sombras, principalmente vinculadas a la debilidad estatal y a la corrupción. Pero haría falta un siglo para que los casos de corrupción en los gobiernos progresistas de América Latina sumen, por citar sólo un asunto, el coste de la corrupción que significa el rescate bancario. La propaganda de los dueños de la propaganda terminan logrando que el oprimido ame al opresor. Nunca desde la demonización de Fidel Castro fue ningún líder latinoamericano tan vilipendiado como Chávez. Para repartir entre los pobres, hubo que decirle a los ricos, de América y también de Europa, que tenían que ganar un poco menos. Nunca lo toleraron, lo que puede entenderse, especialmente en España, donde, en mitad de la crisis, responsables económicos y políticos del Partido Popular robaban a manos llenas al tiempo que decían a la gente que tenía que apretarse el cinturón ¿Iba Chávez ese “gorila” a frenarles sus negocios? Desde que ganó las primeras elecciones en 1998, Chávez tuvo que enfrentarse a numerosos intentos de derribarlo. Por supuesto, con la inestimable ayuda de la derecha española, primero con Aznar, luego con Rajoy, y la ya conocida participación de Felipe González como lobbista de grandes capitales. (Es curioso que el mismo Aznar que hizo negocios con Venezuela y con Libia luego se convirtió en ejecutor cuando se lo ordenaron. Gadafi incluso le regaló a Aznar un caballo. Pablo Casado fue el asistente de Aznar en esa operación. Luego, cosas de la derecha, celebraron su asesinato).

4. Chávez no legó a Maduro los equilibrios nacionales y regionales que construyó, que eran políticos, económicos y territoriales. Eran una construcción personal en un país que salía de tasas de pobreza del 60% de la población cuando llegó Chávez al gobierno. Hay cambios que necesitan una generación. Ahí es donde la oposición pretende estrangular a Maduro, con problemas mal resueltos como las importaciones, los dólares preferenciales o las dificultades para frenar la corrupción que desembocan en desabastecimiento. Sin embargo, Maduro supo reeditar el acuerdo “cívico-militar” que tanto molesta a los amigos del golpismo. Algo evidente, pues Estados Unidos siempre ha dado los golpes buscando apoyos en militares autóctonos mercenarios o desertores. El ejército en América Latina solo se entiende en relación con Estados Unidos. Les han formado, sea en tácticas de tortura o en “lucha contrainsurgente”, sea en el uso de las armas que les venden o en el respeto debido a los intereses norteamericanos. En Venezuela, los mismos que formaron a los asesinos de la Escuela Mecánica de la Armada argentina o que sostuvieron al asesino Pinochet lo tienen complicado (el asalto por parte de mercenarios vestidos de militares a un cuartel en Carabobo buscaba construir la sensación de fisuras en el ejército, algo que a día de hoy no parece que exista). Igual que ha comprado militares, Estados Unidos siempre ha comprado jueces, periodistas, profesores, diputados, senadores, presidentes, sicarios y a quien hiciera falta para mantener a América como su “patio trasero”. El cártel mediático internacional siempre le ha cubierto las espaldas. Es la existencia de Estados Unidos como imperio lo que ha construido el ejército venezolano. Los nuevos oficiales se han formado en el discurso democrático soberano y antiimperialista. Son mayoría. Hay también una oficialidad -la mayoría ya jubilándose- que se formó en la vieja escuela y sus razones para defender la Constitución venezolana serán más particulares. Las deficiencias del Estado venezolano afectan también al ejército, aún más en zonas problemáticas como las fronteras. Pero los cuarteles en Venezuela están con el Presidente constitucional. Y por eso es aún más patético escuchar al demócrata Felipe González pedir a los militares venezolanos que den un golpe contra el gobierno de Nicolás Maduro.

5. A esas dificultades de heredar los equilibrios estatales y los acuerdos en la región (la amistad de Chávez con los Kirchner, con Lula, con Evo, con Correa, con Lugo), hay que añadir que la pugna de Arabia Saudí con el fracking y con Rusia, hundió los precios del petróleo, principal riqueza de Venezuela. Esta inesperada caída del precio del petróleo colocó al gobierno de Maduro en una situación complicada (es el problema de los “monocultivos”. Basta para entenderlo pensar qué ocurriría en España si se hundiera un 80% el turismo por causas ajenas a ningún gobierno. ¿Sacaría Rajoy siete u ocho millones de votos en una situación así?). Maduro ha tenido que reconstruir los equilibrios de poder en un momento de crisis económica brutal.

6. La oposición en Venezuela lleva intentando dar un golpe de Estado desde el mismo día que ganó Chávez. Venezuela fue el mascarón de proa del cambio continental. Acabar con Venezuela es abrir la espita para que ocurra lo mismo en los sitios donde aún no ha regresado el neoliberalismo. A las oligarquías les molestan los símbolos que debilitan sus puntos de vista.Pasó con la II República en 1936, pasó en Chile con Allende en 1973. Acabar con la Venezuela chavista es regresar a la hegemonía neoliberal e, incluso, a las tentaciones dictatoriales de los años setenta.

7. Venezuela tiene además las reservas de petróleo más grandes del mundo, agua, biodiversidad, el Amazonas, oro, coltán -quizá la reserva más grande del mundo de coltán-. Los mismos que han llevado la destrucción a Siria, a Irak o a Libia para robarles el petróleo, quieren hacer lo mismo en Venezuela. Necesitan ganarse previamente a la opinión pública para que el robo no sea tan evidente. Necesitan reproducir en Venezuela la misma estrategia que construyeron cuando hablaban de armas de destrucción masiva en Irak. ¿O no se creyó mucha gente honesta que había armas de destrucción masiva en Irak? Hoy, aquel país antaño próspero es una ruina. Quien se creyó aquellas mentiras del PP, que mire cómo está hoy Mosul. Enhorabuena a los ingenuos. Las mentiras siguen todos los días. La oposición puso una bomba al paso de policías en Caracas y todos los medios impresos publicaron la foto como si la responsabilidad fuera de Maduro. Un helicóptero robado lanzó granadas contra el Tribunal Supremo y los medios lo silencias. Son actos terroristas. De esos que abren portadas y los telediarios. Salvo cuando suceden en Venezuela. Un referéndum ilegal en Venezuela “presiona al régimen hasta el límite”. Un referéndum ilegal en Catalunya es un acto cercano al delito de sedición.

8. El cártel mediático internacional ha encontrado un filón. Se trata de una reedición del miedo ante la Rusia comunista, la Cuba dictatorial o el terrorismo internacional (nunca dirán que el ISIS es una construcción occidental financiada con capital norteamericano principalmente). Venezuela se ha convertido en el nuevo demonio. Así se les permite acusar de “chavistas” a los adversarios y les evita hablar de la corrupción, del vaciamiento de las pensiones, de la privatización de los hospitales, las escuelas y las universidades o de los rescates bancarios. Mélenchon, Corbyn, Sanders, Podemos o cualquier fuerza de cambio en América Latina son descalificados con la acusación de chavistas, ahora que acusar de comunistas o de etarras tiene poco recorrido. El periodismo mercenario lleva años con esa estrategia. Nadie nunca ha explicado qué política genuinamente bolivariana va en los programas de los partidos de cambio. Pero da lo mismo. Lo importante es difamar.Y gente de buena voluntad termina creyendo que hay armas de destrucción masiva o que Venezuela es una dictadura donde, curiosamente, todos los días la oposición se manifiesta (incluso atacando instalaciones militares), donde los medios critican libremente a Maduro (no como en Arabia Saudí, Marruecos o Estados Unidos) o donde la oposición gobierna en alcaldías y regiones. Es la misma táctica que construyó durante la guerra fría el “peligro comunista”. Por eso en España, con Venezuela, tenemos una nueva Comunidad Autónoma de la que solamente falta que nos digan al final de los telediario el tiempo que va a hacer en Caracas ese día. De cada cien veces que se dice “Venezuela”, noventa y cinco sólo buscan distraer, ocultar o mentir.

9. Venezuela tiene un problema histórico que no ha resuelto. Al carecer de minas durante la colonia, no fue un Virreinato, sino una simple capitanía general. El siglo XIX fue una guerra civil permanente, y en el siglo XX, cuando se empezó a construir el Estado, ya tenían petróleo. El Estado venezolano siempre ha sido rentista, carente de eficacia, agujereado por la corrupción y rehén de las necesidades económicas de los Estados Unidos acordadas con las oligarquías locales. El choque entre la Asamblea y la jefatura del Estado actual debiera haberse zanjado jurídicamente. Señales de la ineficiencia vienen siendo evidentes desde hace tiempo. El rentismo venezolano no se ha superado. Venezuela redistribuyó la renta del petróleo entre los más humildes, pero no ha superado esa cultura política rentista ni ha mejorado el funcionamiento de su estado. Pero no nos engañemos. Brasil tiene una estructura jurídica más consolidada y el Parlamento y algunos jueces han dado un golpe de Estado contra Dilma Roussef. Donald Trump puede cambiar a la Fiscal General y no pasa nada, pero si lo hace Maduro, Jefe del Estado igualmente elegido en unas elecciones, se le acusa de dictador. Una parte de las críticas a Maduro son tramposas porque olvidan que Venezuela es un sistema presidencialista. Es por eso que la Constitución permite al Presidente convocar una Asamblea Constituyente. Gustará más o menos, pero el artículo 348 de la Constitución vigente de Venezuela faculta al Presidente en esa tarea, igual que en España el Presidente del Gobierno puede disolver el Parlamento.

10. Zapatero y otros ex Presidentes, el Papa, Naciones Unidas vienen pidiendo a ambas partes en Venezuela que dialoguen. La oposición reunió en torno a siete millones de votos (si bien es más complicado que puedan llegar a ese acuerdo en torno a un candidato o candidata a la Presidencia del país). Maduro, en un contexto regional muy complicado, con fuertes estrecheces económicas que afectan a la compra de insumos básicos, incluidas medicinas, ha juntado ocho millones de votos (aunque sean siete, según las declaraciones tan sospechosas del Presidente de Smarmatic, que acaba de firmar un contrato millonario en Colombia). Venezuela está claramente dividida. La oposición, como otras veces, ha optado por la violencia y luego no entiende que Maduro sume tantos millones de apoyos. Si en España un grupo quemase centros de salud, quemase escuelas, disparara contra el Tribunal Supremo, asaltara cuarteles, contratara a marginales para sembrar el terror, impidiese con formas de lucha callejera el tránsito e, incluso, quemase vivas a personas por pensar diferente ¿alguien se extrañaría que la ciudadanía votase en la dirección contraria a esos locos?

11. Fracasada la vía violenta, a la oposición venezolana le quedan dos posibilidades: seguir con la vía insurreccional, alentada por el Partido  Popular, Donald Trump y la extrema derecha internacional, o intentar ganar en las urnas. Estados Unidos sigue presionando (en declaraciones a un semanario uruguayo, el Presidente Tabaré dijo que votó para expulsar ilegalmente a Venezuela del Mercosur por miedo a las represalias de los países grandes). 57 países de Naciones Unidas han exigido que se respete la soberanía de Venezuela. Como Estados Unidos no logra mayoría para forzar a Venezuela, insiste en inventar espacios (como la Declaración de Lima, sin ninguna fuerza jurídica porque no han conseguido mayoría en la OEA). La derecha mundial quiere acabar con Venezuela, aunque eso le cueste sangre y fuego a la población venezolana. Por eso algunos opositores, como Henry Ramos-Allup, han llamado al fin de la violencia. Venezuela tiene en el horizonte elecciones municipales y regionales. Es el escenario donde la oposición debiera demostrar esa mayoría que reclaman. Venezuela tiene que convocar esas elecciones y es una oportunidad excelente para medir electoralmente las fuerzas. Porque, de lo contrario, el choque que estamos viendo se enquistará y se convertirá en una gangrena terrible. ¿A quién le interesa una guerra civil en Venezuela? No nos engañemos. Ni al PP ni a Trump le interesan los derechos humanos. Si así fuera romperían con Arabia Saudí, que va a decapitar a quince jóvenes por manifestarse durante la Primavera Árabe, o dan latigazos a las mujeres que conducen; o con Colombia, donde van 150 asesinados por los paramilitares en los últimos meses; o en México, donde se asesina cada mes a algún periodista y aparecen fosas comunes con decenas de cadáveres. Penas de 75 años están pidiendo en Estados Unidos contra manifestantes contra las políticas de Trump. Venezuela se ha convertido en España en la 18 Comunidad Autónoma sólo porque el Presidente Rajoy ha tenido que comparecer como testigo por la corrupción en su partido. Es más airoso hablar de Venezuela que de la corrupción de los 800 cargos del PP imputados. Hay ingenuos que les creen. ¿Qué dirán ahora que el grueso de la oposición ha aceptado participar en las elecciones regionales? El pacto entre el PSOE y Podemos en Castilla-La Mancha ha sido presentado por la derecha manchega como el comienzo de la venezonalización de España. Cuánta caradura y cuánta estupidez. Hay gente que les cree. Mientras, el PP guarda silencio ante, por ejemplo, las persecuciones que la dictadura monárquica marroquí hace en España de los disidentes políticos, o encarcela por orden del dictador Erdogan a un periodista crítico con la dictadura turca. ¿Nos va a decir alguien que a estos gobiernos les interesan los derechos humanos?

Conclusión: no hace falta comulgar, ni mucho menos, con Maduro y su manera de hacer las cosas, para no aceptar el golpe de estado que se quiere construir en Venezuela. Estamos hablando de no volver a cometer los mismos errores creyéndonos las mentiras que construyen los medios. Venezuela tiene que solventar sus problemas dialogando. Y es evidente que tiene problemas. Pero dos mitades enfrentadas no van a ningún lado monologando. Aunque a una parte le apoyen los países más poderosos del ámbito neoliberal. Ni el PP ni la derecha quieren diálogo. Quieren que Maduro se entregue. ¿Y cree alguien que los ocho millones de votantes de la Asamblea Constituyente se iban a quedar de brazos cruzados? El nuevo gobierno les reprimiría e, incluso, les asesinaría. Los medios dirían que la democracia venezolana se estaría defendiendo de los enemigos de la democracia. Y volvería a haber gente ingénua que les creería. Desde el resto del mundo, en nombre de la democracia, bastan dos cosas: exigir y alentar el diálogo en Venezuela, y  entender que sería bueno no permitir ni al PP ni a las derechas internacionales, empezando por Donald Trump, reeditar una de sus miserias más horribles que consiste en sembrar dolor en otros sitios para ocultar el dolor que construyen en nuestros propios países.

Non restiamo in silenzio sugli atti di terrorismo in Venezuela

di Juan Carlos Monedero*

Non facciamo mai tesoro degli errori degli altri. Forse è per questo che i ricchi sono ogni volta più ricchi e i poveri ogni volta più poveri. Già nel Sedicesimo secolo un giovane francese si chiedeva perché i poveri scelgano i propri boia. Dava la colpa alla routine. In Venezuela la routine la rompono un elicottero rubato e pilotato da un golpista che spara contro il Tribunale Supremo di Giustizia [TSJ, per le sue iniziali in castigliano, NdT], alcuni oppositori che bruciano vivo un chavista, gente che odia così tanto Maduro che spara dalle finestre dei quartieri altolocati e uccide i “suoi” stessi uomini.

Quando Ulisse e il suo equipaggio arrivano all’isola della ninfa Calipso, il problema non è la bellezza del paesaggio o la succulenza dei manicaretti, bensì che la ricerca della Patria è stata sconfitta dalla smemoratezza. La maledizione dell’oblio arresta il viaggio. Senza memoria non c’è progetto e senza storia la nave rimane ferma in un luogo senza gloria. In Venezuela da più di dieci anni ripetono un manuale di guerra scritto nelle cancellerie imperiali.

È accaduto in Spagna nel luglio 1936, quando le potenze occidentali decisero di abbandonare la Seconda Repubblica argomentando che aveva deviato a sinistra. È accaduto nel settembre 1973, quando le democrazie occidentali decisero di abbandonare il Cile di Allende e del Fronte Popolare perché la Guerra Fredda dettava le sue leggi. Sta accadendo in Venezuela dal dicembre 1998, da quando Hugo Chávez ruppe la maledizione che condannava alla solitudine il Venezuela e l’America Latina e il “mondo libero” capì che la libertà non si condivide con le maggioranze.

Il modello neoliberista non regge. Per questo è ogni volta più violento. E per questo le vittorie sono ogni volta più luminose.

Così abbiamo Lenín Moreno in Ecuador e Evo Morales in Bolivia. Così abbiamo Jeremy Corbyn in Gran Bretagna, Bernie Sanders negli Stati Uniti, Podemos in Spagna, come segnali che avanzano di fronte alla decadenza di Theresa May, alla pazzia di Donald Trump o alla corruzione di Mariano Rajoy. Allo stesso modo abbiamo i popoli in piedi dell’America Latina che si scontrano col corrotto Temer in Brasile, con Macri in Argentina, col pupazzo Peña Nieto in Messico o col bugiardo Santos in Colombia. E sono anche nelle strade di Santiago difendendo il Frente Amplio o in quelle di Caracas sostenendo il governo di Nicolás Maduro perché sanno che i pirati dell’opposizione arrivano col coltello in bocca e il passaporto nordamericano.

A Caracas c’è uno scontro di legittimità: il Legislativo non riconosce l’Esecutivo, e l’Esecutivo cerca vie d’uscita che ancora deve spiegare meglio. Anche in Spagna c’è uno scontro di legittimità. Il governo catalano non riconosce la Costituzione spagnola né gli ordini emanati dal governo. Il governo di Rajoy si appella alla legge in Spagna. Tuttavia tace quando l’opposizione commette atti di terrorismo in Venezuela.

L’opposizione venezuelana sta cercando un colpo di stato come in Spagna nel 1936, in Cile nel 1973, in Venezuela nel 2002. Perché tace l’OSA [Organizzazione degli Stati Americani, OEA per le iniziali in castigliano, NdT]? Perché tacciono gli Stati Uniti?

Perché tace la Spagna? C’è solo una spiegazione: hanno una comunanza di interessi con i terroristi venezuelani. È impensabile che in Spagna qualcuno contrario al governo rubi un elicottero e lanci granate e spari contro palazzi istituzionali dello Stato. Sarebbe additato come un tentativo di colpo di Stato e come atto di terrorismo.

L’Unione Europea si pronuncerebbe. Le polizie si metterebbero in stato di allarme per arrestare i terroristi. Ma Almagro [segretario dell’OSA, NdT] tace, Rajoy tace, Trump tace. Cosa condividono con i golpisti?

All’inizio vennero a prendere gli ebrei, ma siccome non ero ebreo non dissi niente… Così il sacerdote Martin Niemöller ha spiegato il nazismo. Quando si resero conto, era troppo tardi. Ogni democratico dinanzi a ciò che sta accadendo in Venezuela si sta comportando come quei timorosi tedeschi.

C’è solo una soluzione in Venezuela: pace, dialogo e rispetto della legge. E gli oppositori che stanno affondando una via d’uscita, che non sono tutti coloro che sono contro il governo di Maduro, dovrebbero sapere che in nessun luogo del mondo possono avere appoggio o guadagnare favori. Ogni volta che un governo riceve un golpista, ogni volta che un governo mette a tacere atti di terrorismo, ogni volta che una democrazia guarda dall’altra parte davanti ad azioni contrarie alla democrazia, ogni volta che tolleriamo in Venezuela l’incendio dei palazzi istituzionali, la violenza nelle strade, gli omicidi, gli assalti alle installazioni militari, il ripudio delle leggi, stiamo facendo un enorme danno a noi stessi. È legittima e necessaria l’opposizione a qualsiasi governo. Però costa troppo costruire una democrazia per non rendersi conto che in Venezuela c’è una chiara volontà di abbatterla. E se cade in Venezuela, gli autoritari di sempre in America Latina crederanno giunta l’ora della vendetta.

È successo in molti altri luoghi in molti momenti della storia. C’è gente in Venezuela che vuole venir fuori dal governo di Maduro con un colpo di stato, con una guerra civile come in Libia o in Siria, con un golpe parlamentare come in Brasile. È il momento che ogni sincero democratico del mondo sia chiaro e precisi che tutto ciò non potrà accadere col suo silenzio.

* Juan Carlos Monedero è politologo, membro di Podemos, Spagna

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Giuliano Granato]

A no callar los actos de terrorismo

por Juan Carlos Monedero* 

Página/12, 3jul2017.- Cada vez que toleramos en Venezuela la quema de instituciones, la violencia callejera, los asesinatos, el asaltos a instalaciones militares, el desconocimiento de las leyes, nos estamos haciendo un enorme daño a nosotros mismos.

Nunca escarmentamos en cabeza ajena. Quizá por eso los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más pobres. Ya en el siglo XVI se preguntó un joven francés por qué los pobres escogen a sus verdugos. Le echó la culpa a la rutina. En Venezuela rompe la rutina un helicóptero robado y piloteado por un golpista que dispara contra el Tribunal Supremo de Justicia, unos opositores que prenden fuego vivo a un chavista, gente que odia tanto a Maduro que disparan desde las ventanas de los barrios caros y matan a los suyos.

Cuando Ulises y su tripulación llegaron a la isla de la hechicera Calipso, el problema no fue la hermosura del paisaje o la suculencia de los manjares, sino que la búsqueda de la patria había sido derrotada por la desmemoria. La maldición del olvido detiene el viaje. Sin memoria no hay proyecto y sin historia la nave se queda parada en un lugar sin gloria. En Venezuela llevan más de diez años repitiendo un manual de guerra escrito en las cancillerías imperiales.

Ocurrió en España en julio de 1936, cuando las potencias occidentales decidieron abandonar a la II República argumentando que se había escorado a la izquierda. Ocurrió en septiembre de 1973, cuando las democracias occidentales decidieron abandonar al Chile de Allende y el Frente Popular porque la Guerra Fría dictaba sus claves.

Lleva pasando en Venezuela desde diciembre de 1998 cuando Hugo Chávez rompió la maldición que condenaba a la soledad a Venezuela y a América Latina y el “mundo libre” entendió que la libertad no se comparte con las mayorías.
El modelo neoliberal no aguanta. Por eso cada vez está más violento. Y por eso las victorias cada vez son más luminosas.

Ahí está Lenín Moreno en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. Ahí está Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Bernie Sanders en Estados Unidos, Podemos en España, como señales que avanzan frente a la decadencia de Theresa May, la insania de Donald Trump o la corrupción de Mariano Rajoy. Ahí están igualmente los pueblos alzados de América Latina enfrentados al corrupto Temer en Brasil, al envilecido Macri en Argentina, al peluche Peña Nieto en México o al mentiroso de Santos en Colombia. Y también están en las calles de Santiago defendiendo el Frente Amplio o en las calles de Caracas sosteniendo el gobierno de Nicolás Maduro porque saben que los corsarios de la oposición vienen con el cuchillo en la boca y pasaporte norteamericano.

En Caracas hay un choque de legitimidades: el Legislativo no reconoce al Ejecutivo, y el Ejecutivo busca salidas que todavía tiene que explicar mejor. También en España hay un choque de legitimidades. El gobierno catalán no reconoce la Constitución española ni las órdenes emanadas del gobierno. El gobierno de Rajoy apela a la ley en España. Calla sin embargo cuando la oposición comete actos de terrorismo en Venezuela. La oposición venezolana está buscando un golpe de Estado como en España en el 36, en Chile en el 73, en Venezuela en 2002. ¿Por qué calla la OEA? ¿Por qué calla Estados Unidos? ¿Por qué calla España? Solo hay una explicación: tienen una comunidad de intereses con los terroristas venezolanos. Es impensable que en España alguien contrario al gobierno robara un helicóptero y lanzara granadas y disparara contra instituciones del Estado. Sería señalado como un intento de golpe de Estado y como un acto de terrorismo. La Unión Europea se pronunciaría. Las policías se pondrían en alerta para detener a los terroristas. Pero Almagro calla, Rajoy calla, Trump calla. ¿Qué comparten con los golpistas?

Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío no dije nada… Así explicó el clérigo Martin Niemöller el nazismo. Cuando se dieron cuenta era demasiado tarde. Cualquier demócrata que calle ante lo que está sucediendo en Venezuela está comportándose como aquellos temerosos alemanes.

Sólo hay una solución en Venezuela: paz, diálogo y respeto a la ley. Y los opositores que están anegando una salida, que no son todos los que se sienten contrarios al gobierno de Maduro, debieran saber que en ningún lugar del mundo pueden tener favor ni apoyo. Cada vez que un gobierno recibe a golpistas, cada vez que un gobierno silencia actos terroristas, cada vez que una democracia mira para otro lado ante actos contrarios a la democracia, cada vez que toleramos en Venezuela la quema de instituciones, la violencia callejera, los asesinatos, el asaltos a instalaciones militares, el desconocimiento de las leyes, nos estamos haciendo un enorme daño a nosotros mismos. Es legítima y necesaria la oposición a cualquier gobierno. Pero cuesta demasiado levantar una democracia para no darnos cuenta de que hay en marcha un intento claro de tumbarla en Venezuela. Y si cae Venezuela, los autoritarios de siempre en América Latina creerán que les ha llegado la hora de la venganza.

Ha pasado en muchos otros lugares en muchos momentos de la historia. Hay gente en Venezuela que quiere salir del gobierno de Maduro con un golpe de Estado, con una guerra civil como en Libia o en Siria, con una golpe parlamentario como en Brasil. Es momento de que cada demócrata del mundo deje claro que eso no puede ocurrir con su silencio.

* Politólogo. Miembro de Podemos, España.

 

(VIDEO) Podemos: «La Spagna è assetata di democrazia»

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«L’Europa e la Spagna devono affrontare il totalitarismo finanziario (…) Possiamo sognare, possiamo vincere» ha dichiarato Pablo Iglesias

Il leader del partito spagnolo Podemos, Pablo Iglesias, ha affermato durante la mobilitazione di massa tenutasi a Madrid per la trasformazione sociale e politica del paese europeo, che «la Spagna è assetata di democrazia» e per questo «dobbiamo lavorare per vincere le elezioni del 2015».

Nell’emblematica cornice della piazza di Puerta del Sol nella capitale spagnola, Iglesias ha spiegato che con il partito «sogna un paese migliore (…) Vogliamo un paese dove nessuno sia lasciato fuori, e dove tutti possano godere degli stessi diritti».

Il portavoce ha poi sottolineato la necessità di un «piano di soccorso per i cittadini, in cui venga tesa la mano ai settori più vulnerabili ed esclusi», e che al contempo si adotti l’economia verde «cancellando il modello precario e instabile basato sul mattone che ha portato solo perdite».

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Fabrizio Verde]

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Monedero, impulsor de Podemos: “Es evidente que vamos a gobernar este país”

"Es evidente que vamos a gobernar este país"por Pablo Batalla Cueto – asturias24.es

07 de julio de 2014.- Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963) es un tipo peculiar, y no sólo, ni principalmente, por ese aspecto físico suyo de autor o de personaje de novela soviética, de cruce entre Vasili Grossman y el camarada Strélnikov de Doctor Zhivago, sino sobre todo por una manera de hablar difícil de describir si no es con un oxímoron, con una etiqueta que sea algo así como “histrionismo tranquilo”. Monedero habla despacio, ni muy alto, ni muy bajo, masticando cada palabra, cada sílaba, casi que cada letra de frases pronunciadas en un tono didáctico y aderezadas con el número justo de referencias intelectuales, sin cruzar la delgada línea de la pedantería. Al mismo tiempo, sus gestos son afectados, teatrales. Juan Carlos Monedero, más que hablar, declama. Lo hace pese a estar agotado: sus apenas tres días en Gijón, a donde viene invitado por la Semana Negra, son una maratón de charlas, conferencias, encuentros, baños de masas y entrevistas. A nosotros nos recibe media hora antes de una asamblea en el colegio Jovellanos. En apenas veinte minutos, nos habla de revisar relatos, de patriotismo, de cómo evitar que este nuevo socialismo por vías democráticas acabe como el de Allende y de cómo frenar la partición de España. Ni la palabra “casta”, ni la palabra “bolivariano”, ni la palabra “ETA” son pronunciadas en ningún momento por este impulsor de Podemos, ni por su entrevistador.


¿Estoy ante el próximo vicepresidente del Gobierno?

¡Ups! (risas) Fíjate que cuando decidí ser uno de los impulsores de Podemos también decidí en ese momento que yo no me iba a presentar a las elecciones, porque el mensaje que queríamos dar es que no estábamos aquí por los cargos. Era obligatorio que Pablo [Iglesias] se presentara, pero al mismo tiempo, ni Íñigo [Errejón], ni Carolina Bescansa, ni yo nos presentábamos, porque entendíamos que si todas las caras visibles del proyecto, al mismo tiempo, nos presentábamos como cargos, desvirtuábamos el contenido ciudadano que queríamos trasladar. Es verdad que esto ha crecido mucho, ¿no?, y debiéramos pensar cuál es el papel que nos va a corresponder en el futuro a algunas personas. Pero ahora mismo yo estoy mucho más dedicado a que el proyecto se consolide, con los círculos, con mayor número de ciudadanía implicada en el proyecto… Y al mismo tiempo, también, quiero seguir haciendo la crítica de las contradicciones del régimen del 78. Somos una grieta abierta en una pared. La grieta marca la tendencia, pero todavía hay mucha pared. Acabamos de ver en Europa cómo una gran coalición entre el PSOE y el PP europeos ha repartido entre los dos partidos la presidencia de la Comisión y la del Parlamento. Y eso también se traslada a nuestro país. Por tanto, más que pensar ahora mismo en cargos, a mí me sigue preocupando más generar conciencia para entender la absoluta necesidad de superar los consensos rotos del régimen del 78 y crear nuevos consensos.

¿Va a llegar Podemos al poder? ¿Se ve como algo real, posible, en sus análisis internos?

Es absolutamente evidente que vamos a gobernar este país en sus diferentes niveles. Absolutamente evidente. Todas las encuestas los dicen y, cuando nosotros salimos, dijimos que no veníamos a empatar, que veníamos a ganar el partido. Y ahí somos coherentes. Salimos a por todas.

Ése es un discurso nuevo en la izquierda.

La izquierda, la izquierda real, ha estado durante mucho tiempo acomplejada. Ha estado durante mucho tiempo siendo rehén de su pasado. Nosotros hemos querido superar muchos de esos cuellos de botella, entre ellos el de seguir hablando de derecha e izquierda cuando eso induce más a confusión que a claridad. Hemos, igualmente, superado los candados de tener que cargar el lastre de las medallas del papel de nadie durante la Transición. Y hemos superado un tercer lastre esencial, que era un lastre generacional. Ha habido muy poca generosidad en la izquierda, y hay gente que ha estado marcando la pauta desde hace treinta años sin ningún atisbo de generosidad para dejar el paso a nuevas generaciones. Sólo lo ha hecho cuando ya no había más remedio. En Podemos, siendo cierto que no salimos de la nada, que caminamos sobre senderos que otros han trazado previamente, nos hemos calzado unas botas nuevas.

La izquierda, la izquierda real, ha estado durante mucho tiempo acomplejada

Se les acusa de mesianismo, de que en sus discursos parece como si hubieran inventado la izquierda, de que desprecian el trabajo de quienes estuvieron antes que ustedes.

Fíjate que, antes de que me hicieras esta pregunta, te he afirmado que no venimos de la nada. En mi caso concreto, yo he militado más de dos décadas en Izquierda Unida. Las cosas que ahora estoy intentando en Podemos las he intentado antes sin éxito en IU. Mi sensación de fracaso cuando he intentado poner en marcha, dentro de Izquierda Unida, ciertas cuestiones, ha sido clamorosa. Y es verdad que he dicho muchas veces que, cuando yo decidí marcharme, el 80% de mi tiempo lo dedicaba a las peleas internas y a las discusiones de politiquería, y no a las discusiones políticas, que parece que brillaban por su ausencia. Además, soy profesor de ciencias políticas, y sé no hay saltos. Hay puntos de bifurcación, pero no hay saltos. Sí que es verdad que, como plantean algunos físicos, como [Ilya] Prigogine, cuando se fractura el hielo, puede tomar direcciones insospechadas, pero no un salto repentino.

¿Podemos no es, entonces, un salto repentino?

No, somos muy conscientes de dónde venimos. Es más, fíjate que uno de los elementos centrales en nuestra reflexión es la recuperación de la Historia. Hay dos libros sin los cuales yo no estaría en Podemos; uno es La Transición contada a nuestros padres, donde hago un repaso de mi propio país, de la Transición y de todo lo ocultado anterior que no me permitía entender dónde estamos ahora mismo. Y, después, el Curso urgente de política para gente decente, que era un poco el análisis de la política del siglo XXI. Sin el libro de la Transición, yo no me podría explicar cómo es mi país. Mi país, fíjate, me he tenido que ir fuera para entenderlo, porque tuve que ir a hacer la tesis a Alemania y luego me tuve que ir a la periferia, a América Latina, a mirar. A mirar nuestro propio país reflejado también en la herencia colonial que dejamos en América Latina. Sin la recuperación de la Historia es imposible que nosotros estuviéramos aquí. Por tanto, nadie va a escucharnos jamás decir que venimos de la nada. Nunca. Nunca. En absoluto.

¿Pero…?

Pero sí que es verdad que hemos tenido que plantear discursos nuevos. Hemos tenido que revisitar los relatos de nuestro país. Aquí había una serie de relatos que eran profundamente mentirosos, y o revisitábamos esos relatos, o no podíamos avanzar. Teníamos en mente lo ocurrido en Alemania. En Alemania, los nietos del fascismo, sobre todo a raíz del libro de Daniel Goldhagen Los verdugos voluntarios de Hitler, revisitaron su propio pasado, porque había una mentira nacional que quería dejar de lado la historia del nazismo y echarle la culpa a cuatro miembros de la Gestapo, cuando fue todo un pueblo el que cayó rehén de esa locura. Y los nietos de ese pueblo, para construir una sociedad más sana, tuvieron que revisitar su pasado. En Portugal, tienen que revisitar todo lo que fue la Revolución de los Claveles para poder avanzar. En Italia, tienen que revisitar toda la construcción de la posguerra y ver cómo todos los partidos se unen para evitar que el PCI avance. En Grecia, Syriza tiene que retrotraerse a la guerra civil después de la segunda guerra mundial, cuando el bloque occidental tiene que machacar a la izquierda porque a Grecia le ha tocado en los repartos de Yalta y Potsdam estar en el bloque occidental. Tú en Grecia no puedes montar Syriza si no haces una revisión de la historia griega. Eso, aquí, lo hemos hecho nosotros.

¿En qué ha consistido esa revisión?

En entender los cuellos de botella de nuestro país: el papel de la Iglesia, nuestra supeditación a Europa, las diferencias territoriales que hay en España… Fíjate que el relato centralista nacionalcatólico nos impide entender en buena parte de España qué ocurre en Cataluña, o en el País Vasco, o aquí mismo, en Asturias. No puede ser que alguien en Cáceres le pregunte a un catalán si es verdad que en su casa habla catalán con sus hijos, porque eso implica un vacío de comprensión de tu propio país. Pero eso es porque nadie te lo ha explicado, porque no está en los libros de historia, porque no está en el relato oficial de un país cuyo relato oficial es el relato de los vencedores.

El PP es una fábrica de independentistas; el PSOE, un boxeador noqueado

La propuesta de Podemos parece una especie de nuevo allendismo, con esa idea de alcanzar el socialismo por vías democráticas. Pero sabemos cómo acabó Allende, sabemos cómo reaccionan las élites cuando se las trata de despojar de sus privilegios y sabemos que Podemos va a molestar a mucha gente, a sectores muy poderosos, si hace lo que dice que va a hacer. ¿Cuál es el plan de contingencia? ¿Qué van a hacer para no acabar como Allende?

[Piensa unos segundos] Apelar a las mayorías. Decir a la gente que si nos vota simplemente para que les demos lo que ya no les da ni el PSOE ni el PP, que no nos voten; que si nos votan sea porque al día siguiente estén dispuestos a estar en la calle defendiendo el proyecto que nosotros significamos. Tener un proyecto de país, y dejar claro a sectores para los cuales esto es muy sensible, como el Ejército o la Policía, que han regalado España; que aquéllos a quienes se les llena la boca de patria han vendido el territorio a bancas extranjeras, a multinacionales… Hemos visto, por ejemplo, cómo querían hacer un paraíso fiscal para instalar en España Eurovegas.

Hay un curioso discurso patriótico en Podemos, una apropiación del vocabulario del enemigo para volverlo en su contra.

Sí, afirmamos que la patria son los ciudadanos y las ciudadanas. No queremos dejar a los defensores de esta almoneda de España, de esta venta de nuestro país, la reivindicación de la patria. Los que están rompiendo España son ellos. El Partido Popular es una fábrica de independentistas, y el PSOE un boxeador noqueado que se abraza al PP para no caer en la lona, y se convierte igualmente en una fábrica de descreídos, de descontentos y de independentistas por su falta de convicción en el federalismo, que llega tarde y mal. En consecuencia, yo estoy convencido de que los únicos que podemos salvar a España por nuestra convicción federal somos nosotros, porque somos una fuerza federalista sincera y creíble. Las dos cosas. Sincera, porque entendemos que podría perfectamente el Tribunal Constitucional estar en Barcelona, y podría estar perfectamente la Comisión Nacional del Mercado de Valores en Vigo. Mientras no entendamos eso, no entenderemos una España federal. Somos sinceros y somos creíbles, porque en Cataluña o el País Vasco, los sitios donde hay una identidad más fuerte, saben que nosotros estamos a favor del derecho a decidir, y sabemos que los pueblos diferentes que configuran España no pueden estar en este encuentro que llamamos España sin su propia voluntad.

¿Qué haría un Podemos en el poder ante una declaración unilateral de independencia de Cataluña o el País Vasco?

Cuando tu pareja no te quiere, tú no puedes hacer que te quiera a golpes, ni puedes apelar a una Constitución hecha cuando había ruido de sables en España. Quienes quieren solventar estos problemas de convivencia con amenazas, o recurriendo simbólica o realmente a la violencia, no han entendido nada. Son independentistas y son los que están rompiendo España. De todas maneras, las cosas no son blanco o negro casi nunca. No te despiertas un día y se ha declarado la independencia. Yo creo que la independencia de Cataluña sería un desastre, para ellos y para el resto del Estado, porque no es gestionable, porque generaría demasiados problemas de muy difícil solución. Habría que pactar, por ejemplo, las deudas. Hay que pactar las cuencas hidrográficas… Es que es muy complicado, y también hay un decantado histórico de esto que llamamos España que no se puede ignorar a no ser que, como ocurre en Cataluña con Artur Mas, tu declaración de independencia sea un nicho electoral, que eso genera muchos problemas. Al final nos encontramos a la derecha haciendo un nicho electoral del odio a los catalanes y a Artur Mas haciendo un nicho electoral de la declaración de independencia. Me interesa mucho más el sustrato de fondo que hay en la sociedad catalana y el sustrato de fondo que tenemos que crear en el resto de la sociedad española para hacerles entender que basta que sinceramente creamos en el derecho a decidir para que los catalanes no quieran marcharse. Una de las cosas más hermosas que me han pasado durante la campaña es gente que me escribe diciéndome que “si España es Podemos, yo no quiero irme de España”.

¿Cómo evitarán, cuando estén en el poder, que se acerquen a Podemos esos advenedizos que en cada momento histórico se acercan al sol que más calienta, y corrompan el partido al hacerlo? ¿Qué filtros se establecerán a fin de evitar eso?

Un código ético, que está ahora mismo en discusión, en el cual establezcamos las líneas rojas que no se pueden traspasar. Al mismo tiempo, la… ¿cómo se dice? Ay… [Toma un sorbo de café] La… La capacidad máxima de decisión que tienen las asambleas. El advenedizo tiene que convencer a todo el círculo, y es más complicado que todo un círculo sea víctima de las argucias de un arribista.

Hay gente muy astuta…

Claro, claro (risas). Pero hay problemas que entonces, ¿sabes?, no tienen solución, ¿no? Claro, a no ser que ese arribista rompa las líneas rojas que están en los estatutos de Podemos, que tenemos que aprobar en otoño. Si alguien de repente es racista, fascista, tiene una serie de cuestiones que claramente se alejan de nuestro ideario, estará fuera de Podemos. La comisión de garantías, o como se llame, que exista, tomará cartas en el asunto. ¡Pero tenemos que confiar en la gente! Es que si no confiamos en la gente, no hay solución. No hay soluciones mágicas. Tienes dos, o tienes tres: confiar siempre, plenamente, en las asambleas; confiar en una vanguardia o buscar un mecanismo entre ambos lados, que es lo que nosotros estamos intentando. Pero en este tipo de cuestiones es la inteligencia social la que los tiene que solventar. Y también, hombre, estamos en 2014, y a quien le toque ser la dirección, o la portavocía, de Podemos en otoño, le puede llegar un correo electrónico o un whatssap diciendo: oye, en tal sitio hay un tipo que está haciendo tal cosa, y ahí la dirección puede actuar rápido, porque los mensajes, ahora, no tardan dos meses en llegar, no hay mensajeros, sino que la posibilidad de responder en tiempo real es mucho más alta. Ahora bien, te reconozco que tenemos que estar muy, muy atentos, y que tenemos una reflexión pendiente acerca del riesgo terrible de que lleguen muchos arribistas a Podemos. La política atrae a lo mejor y a lo peor. Y lo bueno es que lo sabemos. Por lo tanto, estableceremos las vacunas previas para evitar esa epidemia.

La lucha armada tiene sentido, como reconocen algunas constituciones, cuando se está acabando con la democracia

¿Cuál es su posición con respecto a la lucha armada?

Radical oposición. No tiene sentido. Si no tiene sentido en América Latina, que tiene en algunos países tasas de pobreza del 60%, no te digo ya en Europa, donde la situación no es en absoluto comparable. La lucha armada tiene sentido, como reconocen algunas Constituciones del mundo, cuando se está acabando con la democracia. El derecho de resistencia está hasta en la Constitución alemana. Si de repente hay alguien que da un golpe de Estado, tienes derecho a levantarte en armas contra esa gente que quiere subvertir la democracia. Ahora bien, salvo en esos casos, la lucha armada es un anacronismo en Europa. No tiene legitimidad, no tiene apoyo popular, y una lucha armada que no tiene apoyo popular, que no tiene el reconocimiento ciudadano, se llama terrorismo.

¿Es realmente posible poner en práctica lo que proponen sin romper violentamente el sistema?

Lo que sabemos es que es necesario. Y cuando sabes que algo es necesario, tienes que ver cómo se hace posible. Yo creo que el sistema está expulsando a demasiada gente a los bordes del camino. ¿Puede sobrevivir una sociedad con la mitad de la población en estado de pobreza? Sí. Lo vemos en América Latina ahora mismo. Y también vemos que en Europa es posible que nos retrotraigamos a situaciones de los años veinte. Pero aún así, lo veo complicado, porque tenemos poblaciones mucho más formadas, tenemos medios de comunicación alternativos que nos permiten un nivel de comunicación que no hemos tenido en otros momentos de la historia, también en lo que respecta al transporte… Creo que todo eso construye una esfera pública más virtuosa, y en ese sentido soy pesimista, pero soy un pesimista esperanzado, porque ellos tienen los bancos, los medios de comunicación, el Ejército, las universidades, las editoriales…, pero también, como decía al comienzo, veo muchas grietas, y las grietas marcan la tendencia. De repente, vemos aquí en Asturias a empresas en lucha que están obteniendo victorias, vemos el propio ascenso de Podemos, vemos el creciente anhelo en Europa de una alternativa… Por tanto, sí, soy un pesimista esperanzado.

Asturias es la joya de la corona para Podemos.

Asturias es un sitio donde la conciencia que implica Podemos es muy alta, y es muy hermosa. Venir al acto de la Semana Negra, ver la Carpa del Encuentro abarrotada y que nada más subirme al estrado la gente rompiera a aplaudir, es muy hermoso. A la gente se le está saliendo el corazón con Podemos. La gente está identificando que somos una oportunidad de cambiar una sociedad que no nos está gustando. Es un desafío lleno de alegría, y como decía Víctor Hugo en una frase que repetía mucho Marx, nada tiene más fuerza que una idea cuando le ha llegado su hora. 

(VIDEO) Podemos si incunea nel sistema spagnolo

di Ciro Brescia

Alle ultime elezioni europee una nuova forza politica si impone in Spagna, si tratta di Podemos, il cui volto visibile è quello del giovane (classe 1978) professore dell’Università Complutense di Madrid, Pablo Iglesias Turrión, scrittore e presentatore televisivo.

I suoi avversari politici più accesi, tanto del PP quanto del PSOE, l’hanno qualificato con una grande quantità di epiteti e accusato di essere connivente di crimini, o presunti tali, più o meno indicibili, tacciandolo di essere, a seconda dei casi e delle convenienze, un seguace di Hitler, un pupazzo in mano agli iraniani, un populista, un antisistema, un bolivariano, un terrorista, un capellone fuori tempo massimo, un bolscevico redivivo, la longa manus della dittatura castro-comunista che prova ad infiltrasi nel Regno Spagnolo.

Podemos nasce 4 mesi fa circa, dalla proposta di attivisti e militanti internazionalisti, legati all’Università Complutense di Madrid come Juan Carlos Monedero, professore di Scienze politiche. Monedero con ogni probabilità è l’europeo che meglio conosce la realtà della Rivoluzione bolivariana essendo stato dal 2005 al 2010 consigliere politico del Governo venezuelano, dello stesso Presidente Chávez, del Ministero della Pianificazione diretto da Jorge Giordani e del CIM (Centro Internazionale Miranda) diretto da Luis Bonilla.

Podemos non ha avuto la pretesa di rappresentare il movimento degli Indignados, delle mobilitazioni del 15M, ma si è proposto come uno strumento ulteriore al servizio delle mobilitazioni popolari e ne ha raccolto ampiamente il consenso, lavorando, gramscianamente, sul senso comune espresso da queste mobilitazioni: «Non è questione di destra o sinistra, è questione di democrazia o dittatura», «La casta dei politici ha subito una prima batosta con queste elezioni», questo il tono delle dichiarazioni di Pablo Iglesias in questi mesi.

Gli accademici di Podemos, a differenza degli accademici progressisti tradizionali non storcono il naso di fronte alle espressioni del comune “buon senso”, non tacciano di “populismo” e con sussiego le forme espressive di chi spontaneamente si indigna di fronte alla crisi in corso, non prendono sotto gamba la necessità di costruire “un senso comune” più avanzato, più cosciente, e sembrano aver capito che per farlo, è necessario costruire “connessione sentimentale” con le larghe masse, non solo limitarsi al discorso politico, ma capendo che anche ciò che non è apparentemente “politico” va valorizzato, a partire dalla rete dei movimenti sociali e delle organizzazioni popolari.

Secondo Juan Carlos Monedero, i popoli dello Stato spagnolo stanno vivendo un processo simile a quello sperimentato in America latina e in Venezuela un paio di decenni fa; il neoliberismo scatenato ha prodotto un disastro sociale fatto di privatizzazioni, svendite del patrimonio pubblico, perdita di sovranità popolare, frantumazione sociale, segnato da marginalizzazione, disoccupazione e povertà crescenti e l’esperienza del Venezuela bolivariano è di grande aiuto quale “exit strategy”; può essere disegnata oggi un’Europa per mettere freno alle logiche perverse del dominio dell’odierno capitalismo.

Monedero accusa la sinistra spagnola di essersi «fatta regime», cosa che non riguarda solo il PSOE, sempre più difficilmente distinguibile dal PP, con il quale ormai da tempo fa sistema in una sorta di bipartitismo in salsa iberica, che riguarda, almeno in una certa misura, anche la stessa IU (Izquierda Unida), di cui lo stesso Monedero ha esperienza diretta. C’è bisogno, quindi, di rompere concretamente questo consociativismo che, in tutta evidenza, approfondisce in questi giorni la sua crisi con le dimissioni del Re Juan Carlos che abdica, spingendo il movimento popolare, chiedendo il referendum per dare la parola ai popoli dello Stato spagnolo, e fare in questo modo decidere loro se intendono continuare a mantenere in piedi il regno e la famiglia reale o finalmente instaurare la terza repubblica.

Non è un caso che le dimissioni del Re sono state presentate dopo il risultato elettorale delle europee che hanno visto ulteriormente comprimersi il consenso per il PP ed il PSOE e conquistare un risultato non di poco conto per la nuova formazione. Podemos intende che le mobilitazioni di piazza sono necessarie ma non sufficienti, che i popoli hanno bisogno di comprendere nella pratica la necessità di organizzarsi e costruire insieme una direzione mettendo in tensione e a sistema le spinte che provengono dall’alto e quelle dal basso, in un progressivo e dinamico equilibrio che per sua natura non può prescindere da contraddizioni e confronti permanenti e che ciò che conta è far avanzare la risultante di queste forze.  Il contributo di questa forza politica può apportare non poco alla costruzione di una nuova Europa dei popoli in lotta per liberarsi dai dogmi del liberismo e in prospettiva di una autentica alternativa di sistema. 

 

(VIDEO) Chávez e gli intellettuali

Proponiamo qui di seguito una interessante intervista a Juan Carlos Monedero, realizzata dalla televisione iraniana in lingua castigliana HispanaTV.

En este documental hablaremos con señor J. Carlos Monedero, profesor español de Ciencias Políticas, quien trabajó con el difundo presidente Chávez. En este documental analizaremos lo que representaron Chávez y la revolución bolivariana para los intelectuales en América Latina y en el mundo. 

Ex Presidenti spazzatura: storie parallele dalla Colombia e dalla Spagna

di Juan Carlos Monedero

Pubblicato il 2 giugno 2013.- Ci sono delle volte in cui con grande evidenza si manifesta un vecchio aneddoto della politica sovietica. La storia è il racconto delle due lettere che avrebbe scritto Nikita Krusciov al suo successore, Leonid Breznev, in occasione della sua forzata dimissione. Lettere d’amore tra presidenti, scritte in quell’occasione molto tribolata che determinò la successione del presidente sovietico che aveva sbattuto una scarpa nella tribuna dell’ONU alcuni decenni prima che Chávez affermasse che quel posto puzzasse di zolfo. Le lettere che fece recapitare Krusciov al suo successore contenevano delle istruzioni: «Quando non vedi più nessuna via di uscita, apri la prima lettera. Quando si ripresenti un’altra situazione insormontabile, apri la seconda».

Sembra che Breznev così avesse fatto l’anno successivo. Trovò scritto un rigo che riecheggiava un’aria di bolero: «Tutta la colpa dalla a me. Tutta quanta». Le cose ripresero a marciare normalmente dopo aver proferito questo balsamo. Alcuni mesi più tardi, imperversavano di nuovo i problemi e siccome la prima lettera aveva funzionato, Breznev aprì la seconda con lo stesso stile conciso: «Scrivi due lettere e rimetti la carica». Questa leggenda ha invecchiato male, perché sembra che oggi i vecchi presidenti non scrivano più lettere per i loro successori, ma si presentano su un set televisivo per essere intervistati da giornalisti pennivendoli, o scrivono 140 caratteri su Twitter per ricordare ai loro eredi che la politica somiglia molto a un cartello – con delle regole fisse e obbligatorie, dove se cade uno, tutti gli altri lo seguiranno. In confidenza – poiché dire pentito sarebbe un’esagerazione – nessuno può superare un presidente di governo.

In Colombia il presidente Santos, che giunse a essere il “migliore amico” di Chávez, e che sembrava interessato a risolvere il conflitto con le FARC con l’aiuto del Venezuela, ha ceduto alle pressioni del narcopresidente Uribe e dal guantanamovicepresidente nordamericano Joe Biden. Patetico cedimento che offuscherà il suo mandato. Le FARC hanno pubblicato un comunicato nel quale esprimono enorme preoccupazione per le manovre di Santos. Sembra che ci sono politici, di qua e di là, ai quali interessa che esistano sempre dei gruppi terroristi operativi.

Santos appartiene all’oligarchia più rancida della Colombia e l’aumento delle pressioni lo conferma. L’avviamento dell’Alleanza del Pacifico, iniziativa spalleggiata dagli USA, con il fine di riarticolare i paesi che non aderiscono al nuovo impulso di democratizzazione dell’America latina è stata vista come un momento per giocare di nuovo la carta della destabilizzazione nei confronti del Venezuela. Sembra che la Colombia voglia tornare a quel momento in cui voleva diventare l’Israele dell’America latina. Dai documenti di wikileaks abbiamo appresso che Uribe offriva questa opportunità ai suoi padrini nordamericani. Un gran parlare della Colombia, un gran parlare della Spagna, quando la vera patria si trova in Svizzera.

Di recente Uribe, appoggiato dalla stampa golpista colombiana, continua a dare spago all’insostenibile lagnanza di Capriles che sostiene che nelle elezioni venezuelane ci sia stata una truffa. Ecco perché Capriles non ha smesso di insultare pubblicamente Santos, rimproverandogli di aver assistito ai funerali di Chávez, aver dichiarato lutto nazionale e, infine, aver assistito alla presa di possesso del presidente Maduro. Uribe continua a lottare per difendere la propria impunità, giacché è consapevole che in qualsiasi momento può finire in un carcere gringo com’era già accaduto a Noriega.

Gli Stati Uniti di Obama continuano a pensare che l’America latina sia il loro patio trasero, il cortile di casa – espressione ripescata recentemente dal Segretario di Stato John Kerry. Hanno pensato che questa sia l’ora opportuna per proseguire con l’aggressione contro il Venezuela, approfittando di questo momento in cui il presidente Maduro ha davanti a sé il compito di ricostruire il blocco di potere che Chávez era riuscito a creare nei suoi 14 anni di governo e che attualmente si sente la necessità di rinnovare. Risultato? Gli enormi progressi per la pace in Colombia con alcuni accordi appena discussi all’Avana tra il governo e le FARC, nei quali finalmente s’introducono dei punti che concernono la riforma agraria, possono andare a puttane per merito del disonesto gesto di Santos di accogliere Capriles a Bogotà. Uno schiaffo in  faccia a Maduro che con enorme generosità ha fatto il possibile e l’impossibile perché finisse la guerra civile in Colombia.

Come si difende la democrazia con questi nemici? Diventa molto difficile proteggerla quando scegli la via elettorale – e per il momento, non esiste un’altra – e i vecchi poteri, appoggiati dagli Stati Uniti, quelli del colpo di stato in Honduras e in Paraguay, si trovano intatti con tutto il loro potere reale, mettendo costantemente i bastoni tra le ruote. A Cuba gli attori del vecchio regime se ne sono andati a Miami. In Venezuela continuano con le loro banche, le loro ditte, i loro mezzi di comunicazione, i loro contatti internazionali, le loro università e i loro giudici in attesa del momento propizio per smontare tutto quello che è stato costruito. Questo fatto ricorda molto da vicino quanto è accaduto nella prima metà del secolo scorso quando in Spagna, durante la II Repubblica, vinse la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). S’impegnarono a rendere difficile il compito dei governi repubblicani progressisti. Quando vinse le elezioni del 1933 – grazie alle divisioni della sinistra – la CEDA decise di smontare tutto quanto si era riuscito a ottenere in quegli anni. Il malcontento sfociò nella rivoluzione delle Asturie.

Quando parliamo di controrivoluzione nel Regno di Spagna o in America latina, spunta di solito Aznar (e la sua Fondazione FAES). Al pari di Uribe è preoccupato di finire in galera. Tutta la rete Gürtel, tutta la trama di Bárcenas, tutti gli extra, gli imputati Fabra Camps, Barberá, la sospettata Esperanza Aguirre, l’allegro Miguel Ángel Rodríguez e i suoi cocktail a elevata gradazione, la jaguar nel garage di Ana Mato, le truffe di Urdagarín e della sua presunta socia o l’attico di Ignacio González: in altre parole, il cuore di tutta la trama corrotta che devasta il Regno di Spagna, appartiene a un altro momento che non è più quello attuale, Rajoy e Soraya Saenz de Santamaría dixit. Sicuramente Rajoy non dimentica l’umiliazione che gli inflisse Aznar quando dichiarò pubblicamente che quella del notaio sarebbe statala sua seconda scelta, dopo che Rato aveva dichiarato le dimissioni.

I presidenti come Aznar, che sono in politica per fini di lucro, non scrivono sulla prima lettera che capita solo perché vogliono dare una mano. Altrettanto le pressioni di Uribe sono alla ricerca di un salvacondotto. L’intervista – ormai si definisce intervista qualsiasi cosa – ad Aznar che tanto subbuglio ha causato, non si trattava tanto di una minaccia di ritornare, ma un avviso sulle conseguenze di scoperchiare la pentola. Affari personali che colpiscono le nostre deboli democrazie. Ad Aznar che ci ha ficcato nella guerra d’Iraq, anche se sapeva che non c’erano armi di distruzione di massa, interessa solo il proprio tornaconto. Come anche a sua moglie, Ana Botella, che si allontanava per un attimo dalla Spa di Portogallo per venire con l’aereo in Spagna al fine d’informare brevemente sulle adolescenti morte nel Madrid Arena. Sappiamo che nell’odierna politica “cartellizzata” le uniche lettere che si spediscono alcuni presidenti sono simili a quelle che invia Cosa Nostra a chi non paga. Pare che per il presidente Santos la speranza sia una cosa simile, soprattutto nelle zone rurali dove da alcuni giorni è prevista l’approvazione del primo punto dei negoziati tra la guerriglia e il governo.

La totalità dei casi di corruzione che conosciamo non ha niente a che fare con il giornalismo d’inchiesta. Escono alla luce perché qualcuno che si trovava in mezzo alla faccenda ha un po’ scoperto il coperchio della pentola – la cosa giusta da fare – perché non ha ricevuto la fetta che gli spettava. Altrimenti avremmo mangiato l’indigesto racconto dell’esemplare coppia felice, Urdangarín e l’Infanta, e l’enorme prole che aspetta di essere sfamata. E, certamente, la rivista “Hola” continuerebbe a pubblicare fotoservizi su quelle magioni da Sissi che accontentano gli umili quando le vedono apparire sulla carta patinata delle riviste e che i loro padroni ci vendono come se fossero lettere d’amore indirizzate al popolo onesto.

Il comportamento del narcopresidente Uribe – un’importante parte del suo partito è inquisita per via dei collegamenti con i paramilitari – e del bugiardo Aznar mettono in apprensione i loro paesi. Ciò avviene perché formano parte della “cartellizzazione” della politica che ha plagiato la democrazia tanto in Colombia quanto in Spagna. Cupole cooptate, ostaggi del denaro e della geopolitica nordamericana, tutti quanti retti da quella trama globale che reclama delle maggiori dosi di modello neoliberale, sobillata dai venali mezzi d’informazione. Una parte della popolazione è avvelenata da questi ultimi, mentre l’altra parte che fa riferimento alla chiesa li considera come una soluzione. Abbiamo davanti a noi un bel panorama.

È ancora in sospeso il fatto che i popoli sostituiscano le riviste del cuore con i quaderni delle querele.

Anche prima della Rivoluzione Francese si provava maggiore interesse per i vestiti di Maria Antonietta che per il suo collo.

[trad. dal castigliano per ALBAinFormazione di Vincenzo Paglione]

Monedero: «L’Europa insorgente si incontrerà con l’America Latina»

Juan Carlos Monedero en La ONUJuan Carlos Monedero: «L’Europa insorgente, L’Europa dissidente e l’esempio dell’America Latina finiranno per incontrarsi»

di Francisco Fernández

Mercoledì, 24 Aprile 2013

Intervista realizzata venerdì scorso a Juan Carlos Monedero* approfittando della sua partecipazione ad un seminario che ha avuto luogo presso l’Università di Granada.

Qual è il panorama politico che si è presentato a Maduro durante le elezioni?

Maduro ha ricevuto due colpi. Il primo è stato la morte di Chávez, il leader evidente ed assoluto del processo bolivariano a livelli financo eccessivi, cosa che ha portato a che lui si caricasse troppo con il lavoro, impedendo allo stesso tempo che, intorno a lui, sorgessero altre leadership. Il secondo colpo che riceve Maduro sono le elezioni, nelle quali non si aspettava un risultato tanto stretto. Questo secondo spavento lo ha dovuto elaborare e digerire più rapidamente ma ha avuto come conseguenza due elementi molto positivi per il processo. In primo luogo, Maduro ha inteso che la leadership deve essere collettiva, qualcosa che lo ha portato a accentuare il lavoro collegiale del governo. E, in secondo luogo, la necessità di ricostruire l’egemonia del Venezuela, che non ha ereditato da Chávez e che la può realizzare solo girando tutto il paese e parlando con gli agenti politici e sociali, cosa che ha annunciato che farà.

A parte questi due colpi ha ricevuto un regalo drammatico: l’opposizione è tornata a mostrare il suo vero volto, il volto del fascismo; ha causato otto morti, Centri Diagnostici Integrali distrutti, militanti aggrediti e malmenati, membri del CNE, Consiglio Nazionale Elettorale, minacciati… in questo modo, questa destra patetica, fascista e golpista pensava che avrebbe sconfitto il governo, senza dubbio quello che è riuscita a raccogliere è stato il rafforzamento della leadership di Maduro.

In un’altra occasione hai segnalato che Maduro appartiene al «socialismo bolivariano». Quali saranno le linee fondamentali di queste idee?

Maduro è una persona che appartiene all’ala più avanzata del movimento bolivariano. Così come ci sono altri attori politici che si sono identificati con la boli-borghesia o con le posizioni più moderate. Maduro proviene da una formazione politica, quella della Lega Socialista e da una socializzazione della lotta. Nel suo discorso, il giorno stesso delle elezioni, è stato molto chiaro nel dire che si andava verso la costituzione del socialismo e che non ci sarebbe stato alcun dialogo possibile con la borghesia; si può avere un dialogo con gli attori dell’opposizione, ma non si può produrre nessun tipo di negoziazione con coloro che vogliono vivere del lavoro altrui. Con ciò il profilo politico progressista è chiaro.

Ed è bolivariano perché inoltre in questi 14 anni è stata una persona che ha costantemente condiviso il suo tempo con il presidente Chávez e in tutti i dibattiti; dall’Assemblea (in tutta la elaborazione legislativa, con la proposta delle leggi, nel dibattito delle stesse…) persino come Cancelliere, organizzando una integrazione regionale differente, come è l’UNASUR o anche come è l’ALBA, dove c’è un investimento delle forze di progresso differente in questa integrazione che è inedita al mondo.

A differenza della costruzione della Unione Europea che si realizza sui criteri capitalistici e competitivi, con piccole frange di solidarietà, la concezione dell’ALBA si traduce, esattamente all’opposto, in un accordo di cooperazione e di aiuto. Questa stessa concezione dell’ALBA accompagna Nicolás Maduro e sarà un riferimento nella sua gestione di Governo.

Senza dubbio, i mezzi di comunicazione non riflettono precisamente questa immagine, piuttosto puntano in direzioni molto diverse…

Maduro riceve una parte delle critiche che sono solite lanciare contro il processo bolivariano, motivo per il quale è stato accusato di autoritarismo, di essere castro-comunista, di censurare i media… Critiche vuote di qualsiasi contenuto e che generalmente sono menzogne. È stato inoltre obiettivo di un’altra accusa: è un conducente di autobus. Vale a dire un lavoratore. Quindi la figura di Maduro disturba i più conservatori perché questa crede che, come direbbe il Partito Popolare, in questo modo la «marca Venezuela» risulta screditata avendo come rappresentante un conducente di autobus, un lavoratore. Come se non avessimo visto laureati e dottori portare alla rovina interi paesi.

Quindi le critiche che ha ricevuto Nicolás Maduro non sono molto differenti da quelle che ha tradizionalmente ricevuto Chávez. Lo abbiamo visto durante le elezioni: lo si è accusato di frode elettorale – e non lo si è dimostrato perché è una menzogna –, lo si accusa di violenza poliziesca utilizzando una foto delle repressioni in Egitto, lo si accusa, utilizzando come esempio un piccolo paesino, di commettere una frode avendo più elettori che votanti – al contrario del candidato Capriles, che avendo due seggi, mostra soltanto una urna. Vale a dire che le accuse che abbiamo visto durante tutti questi anni contro il Venezuela sono state solo menzogne, ciò non significa che non ci siano problemi nel paese. Certamente, se è giusto ciò che diceva Bertrand Russell di Thomas Paine: «era un uomo con difetti, come qualsiasi essere umano, ma non lo si criticava per i suoi difetti piuttosto per i suoi pregi». In generale, gli attacchi che leggiamo al processo bolivariano non sono soliti coincidere con ciò che realmente si fa male, semmai sono attacchi relativi a cose fatte bene ma che sono di pregiudizio per i privilegi di taluni.

E perché tali critiche partono dagli USA e dall’Europa? Quali sono gli interessi?

Il Venezuela è la maggior riserva di petrolio del mondo. La geostrategia politica ed economica nordamericana è vincolata alle risorse naturali. Nella mappa dell’America Latina si sovrappongono risorse naturali, conflitti sociali e basi nordamericane, è una constante. Però, il Venezuela non solo ha il petrolio, in più, ha l’Amazzonia – le terre, l’acqua, il gas – ed anche un controllo su tutta la zona. Questo lo ha capito molto bene il Brasile e per questo la alleanza di Chávez e Lula è stata assoluta, poiché hanno capito esattamente la strategia nordamericana. E Maduro farà lo stesso, cioè, la non-integrazione latinoamericana sarà una integrazione del rispetto e della sovranità.

D’altro canto in America Latina troviamo anche altri processi di emancipazione, come lo zapatismo, che presentano, allo stesso tempo, alcune similitudini e certe differenze con il socialismo bolivariano.

Sì, tra il socialismo bolivariano e lo zapatismo ci sono affinità e divergenze. Lo zapatismo, se prendiamo in considerazione la definizione di John Holloway di «cambiare il mondo senza prendere il potere», basata sullo stesso movimento, si contraddice radicalmente con il presupposto bolivariano di «prendere il potere per cambiar il mondo».

I processi di trasformazione del Venezuela, dell’Ecuador, o della Bolivia si fanno dallo Stato. E da qui sorge inoltre una discussione che Chávez ha fatto chiaramente: lo Stato può essere una base di lancio, ma se non si bilancia con il Potere Popolare si converte in un mostro. L’eredità di Chávez ha evidenziato come il meglio del socialismo bolivariano è la creazione dello «Estado comunal», e ha esortato Nicolás Maduro affinché faccia della costituzione dell’Estado comunal la sua principale opera.  Lo Stato Comunale non è altro che il contrappeso dello stato neoliberale rappresentativo; qualcosa di inedito, qualcosa che deve essere inventato, che pone in parallelo gli elementi comunitari con quelli statali rappresentativi, che considero proprio adesso il cammino corretto.

Lo zapatismo con tutta la sua dignità e tutta la sua lotta complicata contro uno Stato corrotto come quello messicano, non può andare più in là della costruzione dei caracoles, cioè, nicchie di dignità condannate ad essere isole di resistenza, mentre il progetto sviluppato da Chávez ha cambiato il continente.

È possibile che alcuni elementi della politica venezuelana possano arrivare in Europa?

La politica venezuelana approderà in Europa. La censura informativa che si è costruita sul processo di cambiamento in America Latina si va a tradurre in un interesse crescente. Molte delle rivendicazioni che osserviamo nella Unione Europea andranno ad incontrare esempi con quello che da quindici anni si è iniziato a fare in America Latina. Soprattutto, nelle strategie contro il neoliberalismo che si traducono in processi di costituzionalizzazione che, a loro volta, si trasformano in processi antimperialisti che conducono a processi anticapitalisti.

Così come il 15-M e il Movimento degli indignados hanno scoperto la politica e le lotte per la giustizia e per l’uguaglianza, l’Europa insorgente, l’Europa dissidente, finirà con incontrarsi con l’America Latina. Così come ciò che è avvenuto nel Nord Africa ha aiutato a mettere in marcia i processi di trasformazione in Europa, quando si conosceranno i processi latinoamericani credo che accadrà qualcosa di simile ma più radicalizzato. Mentre le lotte del mondo arabo avevano come primo obiettivo liberarsi dai dittatori, l’obiettivo delle lotte in America Latina consiste nel liberarsi dall’ingerenza degli USA nelle economia nazionali, cosa che ha più a che vedere con i problemi che abbiamo in Europa.

A questo dibattito dovremmo aggiungere un’altra discussione, già aperta in America latina, sulla questione dell’estrattivismo ed il rispetto della Pachamama, che è una lotta che interessa molto l’Europa e che avrà sicuramente una eco.

Sotto quale forma possono apparire in Europa questi elementi che si incontrano in Venezuela?

Del Venezuela ci devono interessare più le domande che le risposte. Qui non ci sarà un Chávez, qui non aspettiamo che i militari diano una spinta al processo di emancipazione, nonostante il fatto che bisognerà contare anche su di loro. Qui non c’è una popolazione destrutturata come quella con cui ebbe a che fare Chávez, non esiste una dissoluzione delle strutture sociali intermedie come avvenne in Venezuela, non siamo paesi rentisti, non abbiamo petrolio, abbiamo una struttura statale differente…

Quello che abbiamo in comune con il Venezuela sono i mali del modello neoliberale, la sottomissione ai padroni stranieri e le necessità di costruire una identità nazionale o plurinazionale che condivida elementi comuni.

Ma, ritornando ad un punto che abbiamo segnalato prima, gli escraches non suppongono già un sintomo di una maggiore attenzione alle strategie politiche sviluppate in America Latina contro il neoliberalismo?

Più di un anno fa scrissi un articolo dove ipotizzavo che l’escrache era l’unica soluzione che vedeva il brutale trasferimento dai poveri ai ricchi; mi sembrava intollerabile che i ricchi potessero godere con assoluta impunità questa spoliazione. Quando ipotizzai ciò già ero molto cosciente del lavoro dei figli dei desaparecidos in Argentina, coloro che hanno praticato gli escraches. Per questo, il Sud già ci ha dato chiavi di comportamento di fronte alle istituzioni che qui non avevamo considerato; nelle nuove proteste, che coincido con quelle dell’America Latina, e che sono proteste contro il neoliberalismo, incontreremo linee di attuazione simili.

Non credi che gli escreches hanno prodotto un effetto mediatico simile a quello causato dal SAT l’estate passata?

Effettivamente. Tanto gli escraches come la espropriazione di sette carrelli sono il superamento dei meccanismi della democrazia rappresentativa quando questa già non dà risposte. Espropriare sette carrelli del supermercato significa ricordare che c’è gente che ha fame, quindi che non si sta applicando la Costituzione spagnola. Gli escraches, a loro volta, ci ricordano l’assenza di rappresentatività dei nostri rappresentanti. Vale a dire, sono una impugnazione della democrazia liberale rappresentativa.

Grazie agli escraches ricordiamo che quelli che si definiscono come i “mandatari” sono in realtà i “comandati” che chi comanda è il popolo e loro ciò che hanno da fare è obbedire. Ma hanno costruito una bolla istituzionale blindata con i privilegi che provenivano dalla lotta contro la monarchia assoluta e che si convertono in anacronismi per i senza vergogna ma che sfuggono sfruttando l’immunità parlamentare per rubare o per ottenere privilegi.

L’espropriazione di sette carrelli si è convertita in una crisi di Stato, qualcosa che ha spaventato le elites perché sicuramente gli ha ricordato altri accadimenti simili; per esempio, quando i poveri assaltavano i negozi, una immagine molto latinoamericana e che, all’improvviso, ti mette in discussione tutto un regime. Dopo l’attacco dei negozi in Venezuela ci fu una risposta repressiva molto forte, e da lì nasce Chávez. Se rubare sette carrelli della spesa genera una risposta repressiva da parte dello Stato, nasce un disagio profondo nella cittadinanza e sicuramente si determinerebbe allo stesso tempo una messa in discussione radicale del regime.

E gli escraches, allo stesso modo che rubare i carrelli evidenziano la fragilità e l’illegittimità del sistema, mettono in chiaro che questi gruppi di privilegiati già non hanno il favore popolare, e che, per tanto, non si può continuare a offrire ai banchieri europei il benessere degli spagnoli, non si può continuare a negoziare con la Merkel la compressione delle nostre pensioni, non si possono svuotare istituzioni o casse di risparmio per poi andarsene al ristorante di lusso a spendersele… ciò significa che finisce l’impunità di questo gruppo.

E, allo stesso modo che si è tentato di penalizzare e sanzionare le azioni del SAT, adesso si sta producendo – soprattutto da parte del Partito Popolare – una criminalizzazione degli escraches. Qual è il senso di questa strategia?

Gli escraches attaccano la linea di galleggiamento del sistema. Mirano alla proprietà privata, alla identificazione dello Stato come garante della società privata, ai corpi di sicurezza come corpi repressivi che proteggono la proprietà privata e lasciano in evidenza che «il re è nudo» facendo esplodere l’articolo 14 della Costituzione, nel quale si dice che «gli spagnoli sono uguali di fronte alla legge», e l’art. 9 che afferma che i poteri pubblici hanno l’obiettivo di rimuovere «gli ostacoli che impediscono o rendano difficile» il libero sviluppo degli spagnoli e delle spagnole. Per tanto gli escraches si situano nella difesa degli aspetti più emancipatori della Costituzione e coloro condannano gli escreches si schierano a difesa degli aspetti più repressivi del nostro sistema costituzionale.

Una volta in più siamo di fronte ad una lotta, una contraddizione tra il diritto alla proprietà privata ed i diritti umani. La Piattaforma dei Colpiti dall’Ipoteca, che realizza gli escraches, si schiera a favore dei diritti umani. In cambio, coloro che ricevono gli escraches rinunciano ai diritti umani e si schierano a difesa della proprietà privata.

(*) Juan Carlos Monedero è professore titolare di Scienze Politiche e dell’Amministrazione nell’Università Complutense di Madrid e direttore del Dipartimento di Governo, Politiche Pubbliche e Cittadinanza nell’Istituto Complutense di Studi Internazionali.

[Trad. dal castigliano per ALBAinFormazione a cura di Ciro Brescia]

Juan Carlos Monedero:
 «La Europa insurgente, la Europa disidente, va a acabar encontrándose con el ejemplo de América Latina»               
Francisco Fernández
Miércoles, 24 de Abril de 2013
 Juan Carlos Monedero en La ONUEntrevista, realizada el pasado viernes, a Juan Carlos Monedero* aprovechando su participación en un seminario que tuvo lugar en la Universidad de Granada.

¿Cuál es el panorama político que se le ha presentado a Maduro durante las elecciones?

Maduro ha recibido dos golpes. El primero ha sido la muerte de Chávez, quien ha sido líder claro y absoluto del proceso bolivariano a niveles excesivos, que llevaron a que él cargase con demasiado trabajo, impidiendo al mismo tiempo que, en su entorno, surgieran liderazgos alternativos. El segundo golpe que recibe Maduro es en las elecciones, donde no se esperaba un resultado tan ajustado. Este segundo susto lo ha tenido que procesar y digerir más rápido, pero ha tenido como consecuencia dos elementos muy positivos para el proceso. En primer lugar, Maduro ha entendido que el liderazgo tiene que ser colectivo, algo que lo ha llevado a acentuar la labor colegiada del gobierno. Y, en segundo lugar, la necesidad de reconstruir la hegemonía de Venezuela, que no ha heredado de Chávez y que solamente la puede armar recorriendo el país para hablar con todos los agentes políticos y sociales, cosa que ya ha anunciado que va a hacer.

A parte de esos dos sustos ha recibido un regalo dramático, y es que la oposición ha vuelto a sacar su verdadero rostro, que es fascista; ha generado ocho muertos, centros de diagnósticos integral devastados, militantes golpeados, miembros del Consejo Nacional Electoral amenazados… De esta forma, esa derecha patética, fascista y golpista pensaba que iba a acabar con el gobierno, sin embargo lo que ha conseguido ha sido reforzar el proceso de liderazgo de Maduro.

En otro sitio has señalado que Maduro pertenece al «socialismo bolivariano». ¿Cuáles serían las líneas fundamentales de ese ideario?

Maduro es una persona que pertenece a la izquierda del movimiento bolivariano. Así como hay otros actores políticos que se han identificado con la boliburguesía o con posturas más moderadas, Maduro viene de una formación política en la Liga Socialista y de una socialización de lucha. En su discurso, el mismo día de las elecciones, fue muy claro al decir que se iba a hacia la constitución del socialismo y que no había diálogo posible con la burguesía; podía haber diálogo con actores de la oposición, pero no se iba a producir ningún tipo de negociación con aquellos que quieren vivir del trabajo de los demás. Con lo cual el perfil de izquierda de Maduro está claro.

es bolivariana porque también durante estos catorce años él ha sido una persona que ha estado constantemente con el presidente Chávez y en todos los debates; desde la asamblea (en toda la elaboración legislativa, con el impulso de leyes, en el debate de las mismas…) hasta como canciller, armando una integración regional diferente, como es UNASUR o también como es el ALBA, donde hay un presupuesto de izquierda diferente en esa integración que es inédita en el mundo.

A diferencia de la construcción de la Unión Europea, que se hace sobre criterios capitalistas y competitivos, con pequeñas franjas de solidaridad, la concepción del ALBA se traduce, muy al contrario, en un acuerdo de cooperación y de ayuda. Esa propia concepción del ALBA acompaña a Nicolás Maduro y va a ser un referente en su gestión de gobierno.

Sin embargo, los medios de comunicación no reflejan precisamente esta imagen, más bien apuntan en direcciones bien distintas…

Maduro recibe una parte de las críticas que se suelen realizar sobre el proceso bolivariano, al que se ha acusado de autoritario, de castro-comunista, que cierra medios… Unas críticas vacías de contenido y que generalmente son mentira. Él ha incorporado una crítica nueva: es conductor de autobús. Es decir, es un trabajador. Entonces la figura de Maduro molesta a la derecha porque ésta cree que, como diría el Partido Popular, la «marca Venezuela» se ve deteriorada por tener como representante a un conductor de autobús, a un trabajador. Como si no hubiéramos visto a licenciados y doctores arruinar países.

Entonces las críticas que ha recibido y que va a recibir Nicolás Maduro no van a ser muy diferentes a las que tradicionalmente ha recibido Chávez. Lo hemos visto durante las elecciones: se le ha acusado de fraude electoral –y no se ha demostrado porque es mentira–, se le acusa de violencia policial utilizando una foto de la represión en Egipto, se le acusa, con el ejemplo de una pequeña población, de cometer un fraude habiendo más electores que votantes –sin embargo el candidato Capriles, habiendo dos mesas, solamente muestra una urna–. Es decir, las acusaciones que hemos visto durante todos estos años sobre Venezuela han sido mentira, lo cual no implica que no haya problemas en el país. Sin embargo, sí es cierto lo que decía Bertrand Russell sobre Thomas Paine: «era un hombre con defectos, como cualquier ser humano, pero no se le atacaba por sus defectos sino por sus virtudes». Por lo general, los ataques que leemos al proceso bolivariano no suelen coincidir con las cosas que realmente hacen mal, sino que son ataques que están vinculados a que se hacen cosas bien que perjudican a sectores privilegiados.

¿Y por qué esas críticas se realizan especialmente desde Estados Unidos y Europa? ¿Cuáles son los intereses?

Venezuela es la mayor reserva de petróleo del mundo. La geoestrategia política y económica norteamericana está vinculada a los recursos naturales. En el mapa de América Latina se superponen recursos naturales, conflictos sociales y bases norteamericanas, es una constante. Pero, Venezuela no sólo tiene petróleo, además, es la Amazonía –las tierras, el agua, el gas– y, también, es un control de toda la zona. Esto lo ha entendido muy bien Brasil y por eso la alianza de Chávez y Lula ha sido absoluta, porque han entendido perfectamente la estrategia norteamericana. Y Maduro va a hacer lo mismo, es decir, la no-integración latinoamericana va a ser una integración del respeto de la soberanía.

Por otra parte, en América Latina también encontramos otros procesos de emancipación, como el zapatismo, que guardan, al mismo tiempo, ciertas similitudes y ciertas diferencias con el socialismo bolivariano.

Sí, entre el socialismo bolivariano y el zapatismo hay afinidades y hay diferencias. El zapatismo, si hacemos caso a la expresión de John Holloway de «cambiar el mundo sin tomar el poder», basada en el propio movimiento, se contradice radicalmente con el presupuesto bolivariano de «tomar el poder para cambiar el mundo».

Los procesos de transformación de Venezuela, Ecuador o Bolivia se hacen desde el Estado. Y ahí también surge una discusión que Chávez tuvo muy clara: el Estado puede ser una palanca, pero si no se contrarresta con poder popular se convierte en un monstruo. La herencia que Chávez señaló como lo mejor del socialismo bolivariano es la creación del «Estado comunal», y le reclamó a Nicolás Maduro que hiciera de la constitución del Estado comunal su principal obra. Y el Estado comunal no es sino el contrapeso del Estado representativo neoliberal; algo inédito, algo que hay que inventar, pero que pone en paralelo a los elementos comunitarios con los elementos estatales representativos, que creo que ahora mismo es el camino correcto.

El zapatismo, con toda su dignidad y toda su lucha complicada contra un estado corrupto como es el mexicano, no puede ir más allá de construir caracoles, es decir, nichos de dignidad condenados a ser islas de resistencia, mientras que el proyecto desarrollado por Chávez ha cambiado el continente.

¿Y es posible que algunos elementos de la política venezolana puedan llegar a Europa?

La política venezolana va a terminar viniendo a Europa. El cierre informativo que se ha construido sobre los procesos de cambio en América Latina se va a traducir en un creciente interés. Muchas de las reivindicaciones que observamos en la Unión Europea van a encontrar ejemplos en lo que hace quince años se empezó a hacer en América Latina. Sobre todo, en estrategias contra el neoliberalismo que se traducen en procesos constitucionales que, a su vez, se transforman en procesos antiimperialistas que conducen a procesos anticapitalistas.

Igual que el 15-M y el movimiento de los indignados descubrieron la política y las luchas por la justicia y por la igualdad, la Europa insurgente, la Europa disidente, va a acabar encontrándose con el ejemplo de América Latina. Igual que lo que ocurrió en el norte de África ayudó a poner en marcha el proceso de transformación en Europa, cuando se conozcan los procesos latinoamericanos creo que va a ocurrir algo similar pero más radicalizado. Mientras que las luchas en el mundo árabe tenían como objetivo primero echar a dictadores, el objetivo de las luchas en América Latina era desterrar la injerencia de Estados Unidos en las economías nacionales, y eso tiene más que ver con los problemas que tenemos en Europa.

A este debate habría que añadir otra discusión, ya abierta en América Latina, sobre el extractivismo y el respeto a la Pachamama, que es una lucha a la que es muy sensible Europa y de la que también terminará haciéndose eco.

¿Bajo qué formas pueden aparecer en Europa estos elementos que ya se encuentran en Venezuela?

De Venezuela nos deben interesar las preguntas más que las respuestas. Aquí no va a haber un Chávez, aquí no vamos a esperar de los militares una tarea de impulso del proceso emancipador, aunque hay que contar con ellos. Aquí no hay un población desestructurada como la que se encontró Chávez, no hay una disolución de las estructuras sociales intermedias como las que había en Venezuela, no somos un país rentista, no somos un país con petróleo, tenemos una estructura estatal diferente…

Lo que compartimos con Venezuela son los males del modelo neoliberal, el sometimiento a patrones extranjeros o la necesidad de arma una identidad nacional o plurinacional pero que comparta elementos comunes.

Pero, volviendo a un punto que has señalado antes, ¿los escraches no suponen ya un síntoma de una mayor atención a las estrategias políticas desarrolladas en América Latina contra el neoliberalismo?

Hace más de un año escribí un artículo donde planteaba que el escrache era la única solución que veía a la brutal transferencia de los pobres a los ricos; me parecía intolerable que los ricos pudieran disfrutar con absoluta impunidad de ese despojo. Cuando planteé aquello ya era muy consciente de la labor de los hijos de los desaparecidos en Argentina, quienes pusieron en marchar los escraches. Por lo tanto, el Sur ya nos ha dado claves de comportamiento frente a las instituciones que aquí no habíamos considerado; en las nuevas protestas, que coinciden con las de América Latina, y que son protestas contra el neoliberalismo, vamos a encontrar líneas de actuación similares.

¿Y no crees que los escraches han producido un efecto mediático similar al causado por el SAT el verano pasado?

Efectivamente. Tanto los escraches como la expropiación de siete carritos son superaciones de los mecanismos de la democracia representativa cuando ésta ya no da respuestas. Expropiar siete carritos del supermercado es recordar que hay gente que está pasando hambre, incumpliéndose por tanto la Constitución española. Y los escraches, a su vez, son recordatorios de la ausencia de representatividad de nuestros representantes. Es decir, son una impugnación de la democracia liberal representativa.

Gracias a los escraches recordamos que los que se entienden como ‘mandatarios’ realmente son ‘mandatados’, que quien manda es el pueblo y ellos lo que tienen que hacer es obedecer. Pero habían construido una burbuja institucional blindada con privilegios que provenían de la lucha contra la monarquía absoluta y que se convierten en anacronismos para sinvergüenzas que se escudan en la inmunidad parlamentaria para robar o para obtener privilegios.

La expropiación de siete carritos se convirtió en una crisis casi de Estado, algo que asustó a las élites porque seguramente les recordó otros sucesos parecidos; por ejemplo, cuando los pobres asaltaban las tiendas, una imagen muy latinoamericana y que, de repente, te invalida todo un régimen. Después del asalto a las tiendas en Venezuela hubo una respuesta represora muy fuerte, y de ahí sale Chávez. Si robar siete carritos implicara una respuesta represora por parte del Estado, se desarrollaría un enfado profundo de la ciudadanía y seguramente se produciría al mismo tiempo un cuestionamiento radical del régimen.

Y los escraches, igual que robar carritos evidencia la fragilidad e ilegitimidad del sistema, dejan claro que ese grupo de privilegiados ya no tiene el favor popular, y que, por tanto, no puede seguir ofreciendo a los banqueros europeos el bienestar de los españoles, no puede seguir negociando con Merkel el endurecimiento de nuestros pensiones, no puede vaciar instituciones o cajas de ahorros para después irse a restaurantes caros a gastárselo… Es decir, se acaba la impunidad de ese grupo.

Y, del mismo modo que se intentó penalizar y sancionar la acción del SAT, ahora se está produciendo –sobre todo desde el Partido Popular– una criminalización de los escraches. ¿Qué explica tal estrategia?

Los escraches atacan la línea de flotación del sistema. Apuntan a la propiedad privada, a la identificación del Estado como garante de la sociedad privada, a los cuerpos de seguridad como cuerpos represivos que protegen la propiedad privada y dejan en evidencia que «el Emperador está desnudo» al dinamitar el artículo catorce de la Constitución, donde se dice que «los españoles son iguales ante la ley», y el artículo nueve, que afirmar que los poderes públicos removerán «los obstáculos que impidan o dificulten» el libre desarrollo de los españoles y españolas. Por tanto los escraches se sitúan en la defensa de lo más emancipador de la Constitución y los que persiguen a los escraches se sitúan en lo más represivo de nuestro sistema constitucional.

Una vez más tenemos una lucha entre el derecho a la propiedad privada y los derechos humanos. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, y quienes realizan los escraches, se sitúan a favor de los derechos humanos. En cambio, quienes reciben los escraches renuncian a los derechos humanos y apuestan por la propiedad privada.

(*) Juan Carlos Monedero es profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid y director del Departamento de Gobierno, Políticas Públicas y Ciudadanía en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales.

 

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