Geopolítica del caos planetario

por Julio Escalona

Llamando la atención

La nación venezolana está en guerra. Por ahora, una guerra no convencional o de baja intensidad, que se caracteriza, entre otros factores, por un uso limitando de la violencia militar y de las armas de guerra. Un predominio, por ahora, de la guerra económica, la guerra mediática, las operaciones de guerra psicológica y muy particularmente de las iniciativas políticas y diplomáticas. Según la evolución de la guerra, la dirección imperial puede modificar la relación entre las formas de lucha y la guerra puede pasar al uso de las formas predominantemente militares. Pero nunca la guerra económica, la guerra mediática y las operaciones de guerra psicológica van a desaparecer.

El objetivo final, es la caotización de las sociedades, de los pueblos, de tal manera que no vuelvan a ser una unidad política, cultural, territorial, que pueda dar origen a una integración regional soberana, solidaria y antiimperialista. La desintegración, la recolonización es el objetivo.

Primera parte

Geopolítica del caos y la destrucción de los Estados soberanos

 Esta es una geopolítica que no sólo se propone reconfigurar y recolonizar el mundo derrocando gobiernos, asesinando líderes sociales y políticos como se hizo en el pasado. El gobierno de un Estado soberano, no sólo puede ser derrocado y su presidente asesinado. Eso no es suficiente. En tiempos de la globalización neoliberal y hegemonía del capital financiero, es necesario que el mundo se reorganice en correspondencia con las necesidades del capital transnacional. Este capital tiene el poder y el derecho de dibujar las fronteras que convengan al proceso de acumulación de capital. Por tanto, se va haciendo enemigo de los estados soberanos, que han establecido fronteras propias y han creado una sólida cultura nacional vinculada a la existencia de fronteras identitarias de carácter histórico.

Más serio es el caso de aquellos países cuyo liderazgo influya decisivamente en procesos de integración regional de países soberanos, lo cual obstaculiza aún más la necesidad del capital transnacional en fijar sus propias fronteras en correspondencia con las exigencias de conformar territorios que no estén determinados por fronteras diferentes a las demandas de un mercado mundial que se va expandiendo estableciendo sus propios límites y requiere derrumbar cualquier limitación establecida por motivos diferentes a las del propio proceso de acumulación de capital.

Por esta razón en otros trabajos he dicho que el obstáculo para la profundización de la transnacionalización del capital son los Estados soberanos, que no están dispuestos a modificar sus fronteras por intereses diferentes a los de la propia soberanía. Concepto de soberanía que, según mi visión, el PresidenteChávez desarrolló como soberanía solidaria e interdependiente. Es decir, yo soy un Estado soberano porque tú lo eres y nos integramos sobre la base de que ambos reconocemos la soberanía de cada quien, que conduce a reconocer los intereses comunes y a respetar las diferencias. Así surgió el Alba, la Unasur, la Celac, el Asa (América del Sur-África), la Aspa (América del Sur-Países árabes), Petrocaribe, etc.

El poder mundial necesita destruir estas asociaciones y particularmente a los países que han funcionado como promotores y organizadores de esos procesos de integración. Ese es el caso de Venezuela y la radicalización de la amenaza que en nombre del poder mundial, EEUU impulsa contra nuestra patria. En ese proceso estamos y EEUU no va a desistir de la batalla. No habrá tregua.

Un proceso de destrucción cultural

La necesidad de reconfigurar las fronteras establecidas a través de la historia y la conformación de los pueblos y los diversos procesos identitarios vividos, en función del desarrollo de acumulación de capital a escala mundial, ha planteado un proceso de destrucción cultural del que los medios de información privados, no solo no dan la debida difusión, sino que son una parte activa de dichométodo de destrucción cultural.

¿Cuánto ha perdido la humanidad en los bombardeos en la antigua Mesopotamia durante la guerra de Irak, en Siria y todo el medio oriente, África… Ya vivimos el incendio de la biblioteca de Alejandría, pero más recientemente, en 2003, el incendio de la biblioteca de Bagdad, ante la mirada impasible de las tropas estadounidenses. Pero ya habíamos conocido en 1933 la quema de libros, organizada por Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, en la Bebelplatz de Berlín. Se hizo famosa la frase, que se le atribuye a Goering, otro líder nazi: “cuando escucho la palabra cultura, saco mi pistola”. Lo que viviríamos en la República Bolivariana de Venezuela, ante una intervención imperial, sería, entre otros crímenes, una ilimitada destrucción cultural, para que las generaciones futuras, no tengan como recordar y como reconocerse, a través de nuestra rica, variada y múltiple creación cultural.

La geopolítica del caos global, planetario: una opción ante la guerra nuclear

EEUU, en nombre del poder mundial, tiene décadas sometiendo a la humanidad al chantaje nuclear. Sin embargo, cada vez más el equilibrio nuclear entre las distintas potencias mundiales, obliga a poner sobre el tapete el tema de la destrucción mutua asegurada, que ellos llegaron a pensar que podrían saltarse a través de una guerra nuclear, que, según un alto vocero del pentágono, duraría minutos. Aun cuando la vesania criminal sigue siendo la misma, la relación de fuerzas que se viene desarrollando en el mundo los ha llevado a replantearse el camino de profundizar el caos global, el caos planetario, que no es una opción nueva, pero que ha venido siendo cada vez más sofisticada, violenta y criminal se generalizaría como una manera de enfrentar a los países y asociaciones de naciones soberanas enemigas de la expansión imperial. Es lo que estamos viviendo.

En otros ensayos (Estrategia Imperial de Guerra Permanente, publicado en mi libro Geopolítica de la Liberación), he dicho que la cúpula militar-financiera que gobierna el mundo, ha llegado a plantearse que si logra una superioridad notable en materia de ciencia y tecnología o cree que la está logrando, podía lanzarse en la aventura de una guerra nuclear y, según ellos, ganarla.

Creo que, sin abandonar esa creencia, vienen moviéndose en otra idea estratégica como la creación de un caos global, planetario, que podría ser llevado, incluso, hacia Rusia y China a través, entre otros medios, del fundamentalismo islámico, que puede ser estimulado en las regiones de cultura islámica que existen en esos dos países.

Su acción está siendo pensada y puesta en práctica en regiones de Asia, África y en la zona latinocaribeña. La idea es destruir y caotizar los estados soberanos convirtiéndolos en estados fallidos, incapaces de llevar una existencia libre de violencia, hambre, desorden, con servicios públicos que sólo funcionarían para las élites sociales que puedan pagar servicios privados, convertidos en otra fuente de acumulación de capital.

La guerra, como expresión planetaria, se viene imponiendo a través de la cultura de la muerte, como “hombres” que son lobos del “hombre”.

Están tratando de crear una situación de sálvese quien pueda, desatando todos los demonios del individualismo extremo, combustible esencial del fascismo, tratando de ponernos a pelear por un vaso de agua, un plato de lentejas (como se dice en el testimonio bíblico), tratando de desterrar todo vínculo solidario y de cooperación, no sólo entre las personas, sino también entre las naciones. En las naciones, impulsando el nacionalismo extremo, que rompa con la visión de la soberanía solidaria (base de la integración regional que impulsó el Presidente Chávez, fundada en el reconocimiento del otro, el respeto a las especificidades regionales, a la diversidad y a través de ellas reivindicando lo común), y poniendo en el primer plano las disputas territoriales que conducen a conflictos fronterizos, a las peleas por un pedazo de tierra, que se va convirtiendo en tumba de jóvenes, niños, adultos y viejos.

En el culto a los crímenes horrendos, a las muertes por descuartizamiento y a la mezcla de restos humanos de diversas personas, que, colocados en bolsas, es lo que se les devuelve a los familiares. Al uso de la sierra eléctrica para mutilar a las personas sembrando miedo y terror. Es decir, el destierro del amor altruista, la siembra del odio y el rechazo a la convivencia humana convirtiéndonos en fieras desbocadas entregadas al asesinato, al engaño, a la traición, a cualquier forma de violación, incluida, quizás la más abyecta, la violación sexual, en fin, a la condena de la solidaridad, de la cooperación, de la vida compartida con amor y sentimientos nobles. Este es el conjunto de valores que se va difundiendo e imponiendo. El comportamiento de cada persona, de cada grupo social, ante esta forma de violencia, seguramente no será el mismo. El punto es que se vaya tolerando, se vaya aceptando,es decir, aun cuando no se esté plenamente de acuerdo, se soporte, se justifique…

La clave es generar la aceptación a través del miedo, el terror, la indiferencia. O un cierto anhelo de clase media y clase alta, que a través de operaciones mediáticas y de guerra psicológica se trata de extender hacia toda la sociedad, es decir, un imposible anhelo hacia una rutina de paz y “tranquilidad”, cuando vivimos una guerra no convencional, cuando la sociedad está sometida a las amenazas mas serias de guerra y salvajismo. Una especie de “aminoísmo”, cobertura del egoísmo y la indiferencia, que lleva a la defensa de una paz individual egocéntrica, imposible de sostener en un país amenazado y acosado por las fuerzas imperiales. Algunos sectores pueden preferir congraciarse con el agresor y tratar de ganar una indulgencia muy difícil de sostener en las condiciones de guerra que vivimos.

Ese es el futuro que el poder mundial viene diseñando para Venezuela y es lo que viene poniendo en práctica sobre todo a raíz de la muerte del Presidente Chávez. Estos son los antivalores que se difunden a través del cine, las redes digitales (que es como yo nombro a las llamadas redes sociales, que suelen ser antisociales), la TV, las telenovelas y radionovelas, en las universidades y en general, a través de la educación, de la cultura. Una cultura de la muerte contra la cultura de la vida.

Lo que se viene tratando de crear es el sentimiento de que es preferible matar a otro, robarlo, traicionarlo, vejarlo, torturarlo, echarlo a la calle antes de que él,ella o ellas, o ellos, lo hagan con nosotros ¿No es esto lo que viene brotando impulsado por la derecha extrema, en ciertos sectores de la sociedad, los que se atrevieron a quemar personas, a propinar palizas…? ¿No es esto la instauración del fascismo? Estamos a tiempo de impedir que esto se vaya generalizando.

En fin, de lo que se trata es de que las naciones y las poblaciones se caoticen, se desintegren y no puedan volver a existir como estados, como naciones soberanas, sino como conglomerados anarquizados, incapaces para tomar decisiones colectivas, unitarias. Libia es uno de los ejemplos más emblemáticos.

Caracterizar la intervención

Sobre esto he insistido en otros artículos. Es necesario tener presente que esta es una operación planeada políticamente en todos sus detalles. Incluso, la intervención armada se dará en función de un planeamiento político detallado y con un encubrimiento mediático permanente. La verdad aparecerá disimulada utilizando la guerra mediática y operaciones de guerra psicológica. No vamos a ver “marines” desembarcando y atravesando las costas de nuestra patria o nuestras fronteras terrestres, a menos que sea extremadamente necesario. La intervención va a ser lo más encubierta posible. Usando mercenarios como en Siria y otros lugares, fuerzas de otros países (de Colombia, por ejemplo). Esas fuerzas portarán su uniforme o entrarán como paramilitares o utilizando configuraciones mixtas. En fin, llegado el caso, todo ocurrirá según las necesidades políticas y militares.

Se va a agudizar la escasez y el desabastecimiento, el sabotaje a los servicios públicos (transporte, agua, salud, educación, seguridad, etc.), la propaganda de guerra y las operaciones de guerra psicológica.

La crisis humanitaria está siendo provocada para utilizarla como excusa para profundizar la intervención

A través de los últimos años se viene creando en Venezuela una grave crisis social, que ha sido difícil de enfrentar. Mientras avanza la crisis social generada por la escasez inducida, la especulación con los precios y diversas maniobras empresariales, se agudiza una campaña para estimular los comportamientos individualistas y egoístas. Es decir, las salidas que desestiman las soluciones colectivas, para todos.

Precisamente, como la cobertura principal de la intervención es la de una crisis humanitaria, se van a instalar campamentos “humanitarios” en la frontera con Colombia como una operación típicamente militar encubierta: en la frontera y en toda Venezuela se van a agudizar todas las carencias (reales o imaginarias) de comida, de agua, de medicinas, etc. para estimular emigraciones masivas hacia el otro lado de la frontera donde se tendría organizada toda clase de asistencia, lo que aparte de ser una poderosa arma de propaganda política y mediática, rebajaría la capacidad de resistencia por parte de la población, llevando a que por lo menos algunos sectores celebren la intervención como la salvación con respecto a la dictadura chavista-madurista y lejos de oponer resistencia, huyan hacia el otro lada de la frontera celebrando y blasfemando al gobierno y en particular al presidente Maduroy convirtiéndose en base de apoyo para los enemigos de la patria.

Los secuestros, los atracos, el microtráfico de drogas, los microcréditos para “auxiliar” a sectores de la población, que de esa manera quedarían atados mediante la deuda a los agentes de la intervención. Simultáneamente, se incendiarían depósitos de comida, de medicinas, se sabotearía la trasmisión de energía eléctrica, de agua, el metro y otros medios de transporte. En fin, una estrategia de caos, miedo, terror… No sería extraño que proliferen los crímenes horrendos, con descuartizamientos, violaciones y hechos similares incluidos para deteriorar más la moral y el espíritu de resistencia. Eso ya está ocurriendo.

Ese plan puede tener un punto culminante hacia el mes de abril, en torno al 22 de ese mes, cuando se llevarían a cabo las elecciones para presidente de la república.

Segunda parte

El desplazamiento de EEUU como potencia hegemónica

La tendencia mundial marca el desplazamiento de EEUU como potencia hegemónica y la consolidación de un mundo pluripolar y multicéntrico. Se prefiguraría un sistema financiero que no dependa del FMI y sus condicionalidades injerencistas en función de destruir los Estados soberanos. Un sistema monetario sustentado por el patrón oro, que se va apartando del dólar y en el que las criptomonedas tendrán un importante papel. La seguridad se independiza de la OTAN, el mundo no girará en torno a los pactos y alianzas militares y seguramente la ONU se irá revitalizando e independizando de la hegemonía de EEUU en la medida que se debilita el poder de las grandes familias que dominan al mundo, los Rockefeller y los Rothschild. Las relaciones económicas estarán más mediadas por la Organización de Cooperación de Shanghái y vínculos entre naciones soberanas. Los procesos de internacionalización del capital podrían enfrentarse a naciones soberanas, que reivindiquen especificidades culturales y regionales y menos por un proceso de uniformización fundado en los valores individualistas que el mercado capitalista representa y promueve. Se irá dando una reacción contra el materialismo extremo y una recuperación de visiones espirituales. Es decir, puede ir surgiendo otra cultura distinta a la que viene dominando hoy al planeta: la cultura fascista abiertamente maltusiana, que persigue el objetivo de destruir física y espiritualmente a los pobres de la tierra. Tal como lo promovió Malthus, mediante las guerras, los desastres naturales, las epidemias…

El curso de los acontecimientos vinculados al fortalecimiento de la soberanía y la cultura de la paz, será posible si las amenazas de guerra, incluso de una guerra nuclear, son derrotadas y en el mundo se va imponiendo la paz. Ello requerirá la conformación de un gran frente mundial por la paz. Que la política de la no violencia, se imponga sobre las aventuras guerreristas. Yo trabajo cotidianamente por eso. La lucha por la paz debe convertirse en la gran tarea de la humanidad. Ello definirá el futuro. Si la humanidad sobrevive y vive o si retrocedemos hacia la muerte y la destrucción.

Tercera parte

El cambio climático y el futuro de la humanidad

El retiro de Trump del acuerdo sobre cambio climático y los peligros que este implica, plantean una revalorización de las fuentes de energía y del petróleo y la ecología. No es cierto que el petróleo sea la fuente de energía más eficiente y más barata y Venezuela y en particular el Plan de la Patria, deben tomar en cuenta este proceso que va naciendo desde las entrañas de la humanidad y de la tierra y que apunta hacia una nueva civilización, una civilización espiritualista que va superando las relaciones de producción capitalistas.

Petróleo y porvenir

Que la energía petrolera es la más eficiente y más barata, es sólo verdad si se externalizan los costos ambientales y culturales (consumo ilimitado y derroche de fuerzas productivas), que la producción y la cultura petroleras generan. Desde el punto de vista ecológico las energías fósiles son extremadamente costosas. Cuando el precio del petróleo ha sobrepasado los $ 100 y se ha considerado un precio muy alto, de hecho, desde el punto de vista ambiental, ha estado muy barato, ha estado subsidiado por la naturaleza y la humanidad.

Esto no significa que Venezuela deba abandonar la producción petrolera, sino que debe dar una batalla para que, en el seno de la OPEP y otros organismos multilaterales, se vaya creando otra cultura sobre las fuentes de energía, en un proceso para que el Producto Interno Bruto (PIB), no sea el criterio para medir el crecimiento de la economía y el desarrollo de los pueblos y el mismo desarrollo deje de ser lo que establezca las diferencias entre los pueblos, entre desarrollo y subdesarrollo.

Habría que dar un salto entre el PIB y algo que podríamos ir llamando por ahora, Producto Interno Bruto Ecológicamente Sustentable (PIBES). Esta es una reflexión que irá tomando fuerza y tiene que ver con que haya o no, un futuro para la humanidad. En las Naciones Unidas Evo Morales dijo: La naturaleza puede vivir sin los seres humanos. El ser humano no puede vivir sin la naturaleza.

Plan de la Patria, fascismo, caos y defensa de todas las formas de vida

Lo dicho tiene consecuencias sobre el Plan de la Patria. Entre otras, que dicho plan debe darle al objetivo histórico No. 5, carácter transversal y dejar claro que se trata de la defensa no sólo de la vida humana sino de todas las formas de vida.

Ante estas tendencias, el poder mundial, la cúpula militar-financiera que gobierna al mundo, utiliza a Trump, para reforzar la ofensiva fascista internacional, desarrollando una estrategia de caotización planetaria para disolver la fuerza de los pueblos. Una geopolítica que promueve la violencia y mantiene latente el peligro de una guerra nuclear. Ha ido impulsando esa política de caotización en Medio Oriente, Asia menor y África. Ahora lo intenta en la región latinocaribeña, con la caotización de Venezuela. Actualmente, Venezuela tiene una vital importancia geopolítica y es una esperanza para los pueblos del Norte y del Sur. Por esto, esos pueblos y los gobiernos soberanos, son solidarios con nuestra patria y se oponen a la ofensiva imperial.

Es imprescindible derrotar la 5° columna pro-imperialista, que entrega alimentos y materias primas a canales empresariales empeñados en derrocar el gobierno. Contrariando la orden del presidente Maduro, dicha quinta columna provocó, en El Junquito, la muerte de Oscar Pérez y otros hechos que agudizan el caos. Tengo informaciones de que la CIA está detrás de este desenlace.Esto tiene que ser esclarecido e implica, por lo menos, las siguientes preguntas: ¿Del lado de las fuerzas policiales y de seguridad del país, quienes son los involucrados?

Cuarta parte

La derrota de la intervención, la reforma constitucional y la profundización de la democracia participativa y protagónica

Ante el avance fascista, Venezuela, con la reforma constitucional reforzaría la democracia protagónica fortaleciendo artículos como el 5° (la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo), el 6° (el pueblo no elige representantes, sólo otorga mandatos revocables), 70° (carácter vinculante de las decisiones de las asambleas de ciudadanas y ciudadanos), 51° (el deber por parte de los funcionarios públicos de responder las peticiones de la gente. El incumplimiento de ese deber puede provocar hasta la destitución del funcionario). Además de lo dicho, debe reforzase la propiedad y el poder comunal y el castigo de la corrupción como crimen contra la patria y la liquidación del burocratismo y aburguesamiento de funcionarios púbicos.

Ese cuartel general de la contrarrevolución debe ser destruido por la movilización popular, particularmente por el crecimiento de una sociedad comunal fundada en valores solidarios, que tenga como eje una economía basada en la producción comunal, todo lo que refuerce la propiedad y el poder comunal y el castigo de la corrupción como crimen contra la patria y la liquidación del burocratismo y aburguesamiento de funcionarios púbicos.

Unidad en torno al presidente Maduro

La polarización que domina a la sociedad venezolana, que no recoge los verdaderos conflictos de la sociedad venezolana, a veces más bien los oculta, debe ser superada. El presidente Maduro es clave para que eso se logre. Mas pedagogía política, un estilo más unitario que aisle al enemigo principal (Trump, las fuerzas internacionales que él representa y la cúpula de dirigentes políticos aliados de las fuerzas imperiales, que dejaron de ser venezolanos y son claros partidarios de la intervención transnacional).

Es necesario una limpieza del aparato del Estado. No simplemente entre chavismo y antichavismo. Hay un chavismo corrompido e ineficiente que debe dejar de estar asumiendo responsabilidades relevantes. A la hora de la intervención declarada y actuante, ellos van a estar a favor del imperio. No necesariamente de manera abierta. Más común, actuando como quintacolumnistas. El pueblo sabe que esa quinta columna existe y no se puede esperar que ocurra como está pasando con Rafael Ramírez, que cada vez más adopta posiciones que favorecen la intervención.

El debería decirnos, por ejemplo, que pasó con los proyectos para sustituir la gasolina por gas para vehículos. Con la planta para producir bombillos ahorradores de energía. La planta para producir bombonas para el almacenamiento, distribución y venta del gas doméstico. Entre otros proyectos que quedaron pendientes.

La limpieza de la administración pública y la eliminación de los enroques de funcionarios, que pasa el tiempo, se mantienen rotando de un cargo a otro sin rendir cuentas y sin embargo, siguen ahí.

La transformación de los hábitos de la burocracia pública que mantiene unas condiciones de vida abiertamente diferentes a las del pueblo y siguen sin bajarse de los carros negros, sin relacionarse directamente con la gente y parecen más bien una casta que domina el gobierno sin que sean patentes las ejecutorias que realizan en beneficio de la nación y de la gente. La intervención transnacional se profundiza, se acelera y mucha gente no cree en ellos.

Pero el problema más grave es el de los precios, la especulación y la escasez inducida. Esto debe convertirse en una declaración de emergencia nacional, en la que sea evidente ante el pueblo, que esa es una gran prioridad para el gobierno. No son suficientes los bonos y otros paliativos sociales, pues la ofensiva de la derecha que favorece la intervención transnacional y el derrocamiento del gobierno, se está agudizando y se va radicalizar, especialmente en el abastecimiento de alimentos y medicinas y un incremento espectacular de los precios, para tratar de garantizar que dicha intervención tenga respaldo popular y que el descontento sea tan grande, que el chavismo pueda ser aislado de la población.

Los precios y la agudización del desabastecimiento de alimentos y medicinas son un nudo crítico, que pone en serio peligro la estabilidad del gobierno bolivariano. Estamos llegando a la hora de la verdad: la agresión se va a incrementar y el momento de las decisiones claves ha llegado.  No se puede esperar.

Sin duda, la escasez es inducida, la especulación galopante es obra de la derecha y así sucesivamente. Pero con esas explicaciones no se come ni se cura la gente.

No se puede seguir transfiriendo dólares a los grandes empresarios que conspiran abiertamente contra el pueblo y la patria bolivariana.

La solidaridad con el presidente Maduro, sin descartar la crítica, los alertas, el combate en la calle y en todos los espacios sociales (las fábricas, los barrios, las universidades y demás centros educativos, los campos…) son imprescindibles. Es la hora de la verdad.

Un bloque de fuerzas populares antimperialistas es esencial. El presidente debe trabajar para garantizar que así sea. Los militantes y cuadros de este espacio tan diverso que es el chavismo, debemos trabajar por la unidad, expresando francamente las críticas, pero en unidad y lucha permanente.

La Asamblea Nacional Constituyente debe realizar también transformaciones radicales en su trabajo, ser realmente un espacio para la participación protagónica. Los miembros debemos trabajar firmemente por la unidad en torno a la directiva y esta debe introducir modificaciones en correspondencia con la emergencia que vivimos. Públicamente no diré más.

UNASUR e la geopolitica degli spazi marittimi complessi

di Patricio Carvajal* – dossiergeopolitico.com

La necessità di una strategia di sicurezza e di difesa comune

Qual è il futuro geopolitico dell’America latina? L’America continuerà a essere uno spazio geografico libero di conflitti? Questi due interrogativi ci addentrano nell’ambito della riflessione Geopolitica e dei Rapporti Internazionali. La Geopolitica costituisce la base della politica estera degli Stati Uniti ed è allo stesso tempo il fondamento di una sua strategia di difesa e di sicurezza. Nel caso dell’America latina, sin dalla costituzione dell’UNASUR, la sicurezza e la difesa si devono intendere come una proposta regionale. Non possiamo continuare più con una strategia di sicurezza e di difesa di carattere nazionale.

Questo tipo di strategia è ormai obsoleto e non rappresenta uno strumento idoneo alle sfide della politica mondiale del XXI secolo. Ebbene, da una prospettiva Geopolitica, l’America latina è stata considerata uno spazio marginale fino alla fine della Guerra Fredda. Tuttavia la Guerra delle Maldive (1982) ha dimostrato che la strategia britannica corrispondeva non solo a quella esclusiva di uno Stato sovrano, ma anche alla strategia dell’Unione Europea –in quel momento era comunità economica europea- e agli interessi militari della NATO. Con la fine della Guerra Fredda (1989-1991) si rende ancora più rilevante il significato geopolitico delle Maldive nella strategia europea.

Finita la Guerra Fredda, l’America latina ridefinisce la sua politica regionale con il resto del mondo in conformità a due principi: il realismo periferico proposto dallo specialista argentino di Rapporti Internazionali, Carlos Escudé, e quello della “centralidade da periferia” (centralità della periferia) proposto dal geografo brasiliano M. Santos.

Per Escudé il realismo periferico consiste nel compromesso assunto dagli Stati latinoamericani nell’ambito dei Rapporti Internazionali, ovvero, il rispetto del diritto internazionale e l’adempimento dei trattati e degli accordi che gli Stati hanno sottoscritto con il resto del mondo. Qualunque inadempimento di questa normativa riduce gli Stati latinoamericani alla condizione di Stati “paria” della comunità internazionale.

La proposta di Escudé era senza dubbio fortemente determinata dall’esperienza della dittatura militare argentina e la sua avventura bellica nelle isole Maldive. Per noi, latinoamericani, le Maldive sono argentine. Questo è indiscutibile se vogliamo che l’UNASUR si consolidi e raggiunga una politica regionale di sicurezza e di difesa. D’altro canto la proposta di M. Santos si riferisce agli spazi latinoamericani, che durante l’esistenza degli imperi coloniali europei, erano considerati la periferia del sistema mondiale, secondo alcuni criteri geostorici (Braudel, Wallerstein). Con il processo di globalizzazione che subentra alla Guerra Fredda, la politica mondiale passa da un bipolarismo (USA/URSS) a un multipolarismo (USA, UE, Russia, Cina, India, Brasile, Giappone).

Questo fatto implica che nuovi attori emergono come potenze regionali che aspirano a occupare un posto nella politica mondiale: le ex colonie europee: America, Asia, Africa. Il blocco geopolitico rappresentativo di questa nuova realtà corrisponde a quello dei BRICS. I paesi che conformano questa unità geopolitica s’inseriscono su un vettore internazionale diverso da quello dei paesi della TRIADE (USA-Giappone-Unione Europea).

Dunque, come si può concepire una Geopolitica e una Strategia marittima dell’UNASUR? Un punto di avvio potrebbero essere le proposte di Escudé e di Santos, già citate. D’altra parte abbiamo un pensiero geopolitico marittimo latinoamericano che ci consente formulare questa strategia comune. In effetti bisogna prestare attenzione ai discorsi geopolitici marittimi degli ammiragli Storni (Argentina), Buzeta, Ghisolfo, Martínez (Cile) e Vidigal (Brasile). Buzeta ha proposto nel suo scritto di Geopolitica del 1978 un programma che ha chiamato “Il Gran Progetto Sudamericano”, il cui fondamento è l’integrazione regionale.

Nel decennio del 1980 l’ammiraglio Ghisolfo aveva proposto una Geopolitica specificamente navale, il cui asse è l’isola di Pasqua. Questa strategia navale insulare s’integra con il dominio argentino delle Maldive, giacché possedendo il dominio di entrambi gli spazi insulari, si ha il controllo delle rotte oceaniche del Pacifico Sud e dell’Atlantico Sud. Nel 1993 l’ammiraglio Martínez aveva suggerito un’Oceano-Politica che faceva affidamento alla Convenzione di Giamaica (1982). Infine l’ammiraglio Vidigal nella sua proposta di un’Amazzonia Azzurra (2006), incorpora al territorio brasiliano le 200 miglia di ZEE (Zona Economica Esclusiva).

Secondo i criteri formulati da questi ammiragli nei loro rispettivi discorsi, l’UNASUR dovrebbe rendere esplicito che lo spazio marittimo degli Stati rivieraschi di cui formano parte corrisponde alle direttrici degli ammiragli sopra menzionati. Se si dovesse fare questa dichiarazione non sarebbe ancora sufficiente per consolidare una geopolitica e una strategia marittima dell’UNASUR.

Per quest’ultima si richiede una strategia specificamente navale. In altri termini definire l’esistenza di una Forza Navale congiunta dell’UNASUR che in un primo momento potrebbe essere composta dalle forze della marina più forti dell’alleanza: Argentina, Brasile e Cile. Lo sviluppo di questa strategia è imprescindibile per la sicurezza e la difesa dei cosiddetti spazi marittimi complessi. Difatti se seguiamo lo sviluppo delle forze navali sottomarine della Cina (T093/T094), dell’India (T Kilo, T Scorpene), del Giappone (Soryu class), della Russia (Borey class) e degli Stati Uniti (Virginia class), possiamo apprezzare l’importanza assegnata da questi Stati al controllo degli spazi marittimi.

A titolo di esempio si può rilevare che nella Marina degli Stati Uniti sono entrati in servizio i sottomarini classe Virginia, unità dai molteplici obiettivi che potenziano la strategia nucleare con operazioni tattiche specifiche. Una forza navale congiunta degli Stati dell’ABC necessita un incremento sostanziale da parte della forza dei sottomarini, la creazione di basi sottomarine negli spazi insulari del Pacifico e dell’Atlantico Sud e lo sviluppo di unità di superficie che possano operare permanentemente nei mari australi.

La Forza dei sottomarini dell’armata cilena con la classe Scorpene si colloca a un livello ad alto sviluppo tecnologico simile a quello delle Marine sopraelencate, anche se senza dubbio richiederebbe ulteriori unità di questo genere dovuto al grande spazio oceanico che caratterizza il nostro litorale. Il Programma Sottomarino nucleare brasiliano che è dotato di sottomarini classe Scorpene, costituisce un’adeguata risposta alle sfide di sicurezza e di difesa dello spazio regionale. Il caso della marina argentina è piuttosto preoccupante, dovuto alla costante riduzione dei fondi che colpisce le forze armate, così come la mancanza di una strategia marittima congrua con le sfide della politica mondiale del XXI secolo, compresa quella di una strategia d’insieme con il Brasile e il Cile.

L’esplosione demografica che colpisce il pianeta, la crescente domanda di risorse alimentari per questa popolazione, la necessità delle risorse idriche e di altri beni evidenzia che molto presto la Convenzione di Giamaica (1982) e il Trattato Antartico (1959) diverranno convenzioni internazionali appartenenti alla Storia del Diritto e non a una dogmatica giuridica internazionale. Di conseguenza si rendono necessarie nuove convenzioni internazionali sugli spazi marittimi complessi. Sotto quest’aspetto il concetto di Geogiurisprudenza sviluppato dalla Geopolitica tedesca e dal Diritto pubblico tedesco (Haushofer, Schmitt) ci possono fornire una base concettuale rigorosa al momento di concepire queste nuove convenzioni.

La cartografia elaborata dall’equipe del Professor Dott. Martin Pratt dell’IBRU (Centre for Borders Research), mette in evidenza la controversia che si è scatenata tra gli Stati membri della Comunità Internazionale per il controllo degli spazi marittimi complessi. Per finire citiamo le parole dell’ex cancelliere del Brasile e attuale ministro della Difesa, Dott. Celso Amorim, che può servire come base per la geopolitica marittima dell’UNASUR: Mas a política de defesa deve estar preparada para a hipótese de que o sistema de segurança coletivo baseado em normas venha a falhar, por uma razão ou por outra –como de resto tem ocorrido com indesejável frequência. Essa é uma das razões pelas quais devemos “fortificar” nosso poder brando, tornando-o mais robusto. Por isso, nossa estratégia regional cooperativa deve ser acompanhada por uma estratégia global dissuasória frente a possíveis agresores” (La politica della difesa deve essere pronta per affrontare l’eventualità che il sistema di sicurezza collettivo, fondato sulle norme, possa fallire per una qualsiasi ragione – come di fatti è già accaduto con una frequenza disdicevole. Questa è una delle ragioni per la quale dobbiamo “fortificare” il nostro soft power, rendendolo più solido. Per questo motivo la nostra strategia regionale cooperativa deve essere associata con una strategia globale dissuasora di fronte a possibili aggressori). (Amorim, 2012:14).

* Professore Associato, Università di Playa Ancha, Cile. Dipartimento Disciplinare di Storia, Cattedre di Storia Moderna e Contemporanea. Centro di Studi del bacino del Pacifico / CECPAC – UPLA.

Fonti:

Amorim, C (2012). A Política de Defesa de um País Pacífico, in “Revista da Escola de Guerra Naval”, Junho de 2012. vol. 18. Nº 1, pp. 7-15.

Carvajal, P; Monteverde, A (2012). La Geopolítica marítima de los Almirantes Buzeta, Ghisolfo y Martínez. Universidad de Playa Ancha, Centro de Estudios de la Cuenca del Pacífico / CECPAC.

Le Dantec, F; ¿Cooperación o conflicto? Relación Argentino–chilena, Santiago de Chile.

www.dur.ac.uk / IBRU / International Boundaries Research Unit.

www.geopolitique.net/ Institut Français de Géopolitique.

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Vincenzo Paglione]

Risvolti geopolitici di un conflitto internazionale

Risvolti geopolitici di un conflitto internazionale: dentro la questione siriana

di Federico La Mattina – articolo tratto dal blog dell’Istituto Mediterraneo Studi Internazionali

Il conflitto siriano va contestualizzato all’interno della ‘guerra fredda’ per l’egemonia nel Golfo Persico (di fondamentale importanza geopolitica e geoenergetica) che vede opposte due potenze regionali con i loro alleati: Arabia Saudita e Iran. Tale conflitto pochi mesi dopo lo scoppio della rivolta ha subito un processo di internazionalizzazione: vi sono coinvolte le principali potenze regionali e mondiali e in Siria si sono riversati migliaia di miliziani jihadisti provenienti da decine di paesi diversi (attualmente l’autoproclamato califfato controlla una parte consistente del paese). L’incipit di un editoriale di “Limes” del 2013 fa proprio riferimento al fatto che in Siria «si combatte la prima guerra mondiale locale»[i] con il rischio che si possa trasformare in una «guerra mondiale mediorientale». Per tale ragione è impossibile analizzare il conflitto siriano e i risvolti geopolitici dell’ultimo periodo senza contestualizzarli all’interno delle complesse dinamiche mediorientali.

L’Arabia Saudita, interessata ad estendere la propria influenza politica e religiosa nella regione, punta a frantumare l’asse che unisce Iran, Siria, Hezbollah nel sud del Libano e il governo sciita irakeno; per tale ragione, congiuntamente con le altre monarchie del Golfo, ha sostenuto attivamente gruppi jihadisti per rovesciare il regime di Assad. La Turchia, vaneggiando ambizioni neo-ottomane, ha favorito indiscriminatamente l’ingresso di combattenti stranieri attraverso il confine turco-siriano. Le potenze occidentali – USA e Francia in testa –  hanno supportato i loro alleati regionali (è infatti noto, come ha puntualizzato lo stesso Kissinger, il legame spesso sottinteso che unisce Washington, Arabia Saudita e Israele[ii]), favorendo la destabilizzazione e la disintegrazione della Siria.

L’Arabia Saudita ha unito la storica alleanza con gli USA (basata sullo scambio petrolio/sicurezza) alla volontà di imporsi come leader del mondo islamico facendosi ‘garante’ manu miltari dello status quo nella regione, impegnandosi a frenare possibili contagi della cosiddetta “primavera araba” nella Penisola Arabica[iii]. In Bahrein (paese a maggioranza sciita) nel 2011 ha silenziato la nascitura ‘primavera’ mandando propri carri armati, timorosa di rivolgimenti politici ai propri confini; ha sostenuto nel 2013 il golpe in Egitto e ha recentemente assunto il ruolo guida della coalizione sunnita contro i ribelli Houthi (vicini all’Iran) in Yemen. Mentre in Siria e in Yemen ha agito in accordo con il Qatar (senza nascondere una certa rivalità[iv]), in Egitto e Libia le strade delle due petromonarchie si sono separate.

La formazione del cosiddetto califfato dell’IS è quindi diretta conseguenza del caos prodotto dalla guerra in Iraq (che ha incrementato lo scontro tra sunniti e sciiti) e del supporto più o meno diretto alla variegata galassia internazionale dei “ribelli”, finalizzato al rovesciamento del governo siriano (che ha visto unite in modalità differenti petromonarchie e potenze occidentali). Adesso l’IS, sfuggito di mano ai propri sponsor del Golfo, va sempre più configurandosi come un attore regionale potenzialmente destabilizzante a cui diversi gruppi si affiliano.

Gli Stati Uniti hanno preferito de facto una situazione di stallo senza vincitori né vinti nel conflitto che vede l’epicentro nel “Syraq”, piuttosto che favorire una vittoria schiacciante di una delle parti (più di due) in lotta. Una vittoria di Assad sarebbe innanzitutto una vittoria di Iran ed Hezbollah, acerrimi nemici dei principali alleati americani in Medio Oriente: sauditi e israeliani, già imbronciati per l’accordo sul nucleare iraniano. I molto blandi bombardamenti della coalizione a guida statunitense hanno infatti avuto al massimo il risultato di contenere l’IS, nulla di più.

Un filo rosso lega la crisi mediorientale a quella ucraina: il ritorno della Russia nello scenario internazionale avvenuto con la fermezza diplomatica mostrata da Putin nel conflitto siriano. Gli equilibri globali stanno mutando notevolmente: la straordinaria crescita della potenza cinese, la rinascita di una Russia rialzatasi dall’umiliazione subita negli anni di Eltsin (la storica francese Hélène Carrère d’Encausse ha parlato a tale proposito di «ritorno della potenza»[v]) e in generale l’ascesa dei Brics stanno configurando un assetto globale multipolare in cui l’egemonia statunitense è in fase declinante. In Medio Oriente la Russia si sta caratterizzando sempre più come un attore esterno di primo piano, capace di intessere relazioni diplomatiche costruttive con diversi Stati della regione e di incunearsi con un pragmatico realismo dove gli Stati Uniti perdono egemonia. L’Iran ha mostrato pieno supporto ai raid “anti-Isis” della Russia e il governo  irakeno, evidentemente deluso dall’inconcludente coalizione a guida americana, si è mostrato anch’esso favorevole all’azione russa. Lo stesso Egitto di al-Sisi si sta destreggiando tra l’alleanza con l’Arabia Saudita e il riavvicinamento con Mosca; il ministro degli esteri egiziano ha infatti espresso il proprio supporto all’operazione militare del Cremlino. D’altra parte l’Egitto di al-Sisi vede nella fratellanza musulmana il principale nemico interno e questa politica si rispecchia anche negli scenari libico (dove ha forti interessi egemonici) e siriano.

L’attivismo diplomatico e il recente intervento militare della Russia nella questione siriana non si spiegano soltanto con la volontà di mantenere i residui dell’influenza sovietica nell’area mediterranea e mediorientale ma anche (soprattutto) con motivazioni strettamente legate all’unità della Federazione. La Russia teme un Medio Oriente caotico in cui organizzazioni jihadiste impazzano in territori ormai privi di statualità alle porte del Caucaso (in Siria affluiscono molti miliziani ceceni e il jihadismo di ritorno è un grave pericolo anche per la Russia).

Il Medio Oriente è un’area in deflagrazione in cui mire geopolitiche si uniscono a contrapposizioni politiche, settarie, tribali e territoriali. Le questioni geopolitiche e geoenergetiche prevalgono sul pur influente discorso settario (si pensi all’importanza strategica degli stretti di Hormuz e di Bab el-Mandeb). «Il conflitto attualmente in corso è tanto religioso quanto geopolitico» scrive Kissinger che ovviamente auspica un nuovo ordine regionale a guida americana[vi].

Quale sarà il ruolo degli Stati Uniti in Medio Oriente nel futuro? Gli USA hanno adottato un atteggiamento altalenante e contraddittorio nel corso delle cosiddette “primavere arabe” messo bene in luce da Roberto Iannuzzi in “Geopolitica del collasso”. Iannuzzi puntualizza correttamente come il Medio Oriente continuerà ad essere la fonte petrolifera principale del pianeta, affermando che l’atteggiamento contradditorio di Washington è «il risultato di un declino dell’influenza americana e della sua minore capacità di plasmare gli eventi» e che tale declino è una conseguenza sia «della crisi economica in cui versa l’America, sia dell’esito disastroso delle guerre dell’era Bush in Iraq e Afghanistan»[vii].

Dopo la conclusione della parentesi eltsiniana e di ciò che essa rappresentava sia in politica interna che in politica estera, una Russia nuovamente attiva nello scenario mediorientale ha colmato i vuoti lasciati dalla superpotenza statunitense. Dai recenti eventi siriani emerge una conferma del riavvicinamento tra Russia ed Egitto, un rinsaldamento dell’intesa (non priva di competizione per l’influenza nella regione) russo-iraniana e un allontanamento con la Turchia, che certamente non vede di buon occhio l’agenda mediorientale di Mosca. Al solido asse Mosca-Damasco-Teheran si aggiungono quindi inaspettate nuove buone relazioni con Egitto e Iraq. E’ bene sottolineare che Russia e Iran non hanno mai escluso una transizione politica (che escluda i gruppi terroristici) in Siria con il consenso di Assad. Il punto fondamentale, come fa notare Alberto Negri, è il mantenimento delle strutture militari e di intelligence[viii], necessarie a garantire stabilità al paese che altrimenti rischierebbe di scivolare in una riedizione dello scenario libico. Anche la Cina (in modo maggiormente defilato) sostiene la Russia, con cui ha rafforzato una partnership non troppo stabile ma certamente inedita e in via di consolidamento. Immutate restano le velleitarie ma ugualmente distruttive ambizioni neocoloniali dei franco-britannici, evidentemente non sazi del disastro libico ad essi largamente imputabile.

Il mutamento degli equilibri in Medio Oriente e le implicazioni che ne derivano a livello globale rappresentano i primi ‘smottamenti’ post-unipolari di un mondo in via di cambiamento.

Benvenuti nel ventunesimo secolo.

Note

[i] Vedi La perla di Lawrence, in «Limes, rivista italiana di geopolitica», 2/2013.

[ii] H. Kissinger, Ordine Mondiale, Milano, Mondadori, 2015, p. 134.

[iii] Per una sintetica storia del regno saudita si veda F. Petroni, Alla radice delle ossessioni arabo-saudite, in «Limes, rivista italiana di geopolitica», 9/2014.

[iv] Cfr. R. Soubrouillard, Il Qatar rientra nei ranghi, in «Limes, rivista italiana di geopolitica», 9/2013.

[v] H. Carrère d’Encausse, La Russia tra due mondi, Roma, Salerno editrice, 2011, p. 10.

[vi] H. Kissinger, Ordine Mondiale , op. cit. p. 145.

[vii] R. Iannuzzi, Geopolitica del collasso. Iran, Siria e Medio Oriente nel contesto della crisi globale, Roma, Castelvecchi, 2014, p. 264.

[viii] A. Negri, L’Iran potrebbe liquidare Assad, ma non gli alauiti, «Istituto per gli studi di politica internazionale», 06/10/2015.

El retorno de la geopolítica y sus razones

di Atilio A. Boron

Una ojeada a las novedades editoriales producidas en el estudio de las relaciones internacionales -o, si se quiere utilizar un lenguaje “políticamente incorrecto” pero más diáfano y accesible: el imperialismo- revela la creciente presencia de obras y autores que apelan a la problemática geopolítica. La súbita irrupción de esta temática nos mueve a compartir una breve reflexión, y esto por dos razones. Primero, porque el tema, y la palabra hacía tiempo que habían sido expulsadas, aparentemente para siempre, del campo de los estudios internacionales y ahora están de vuelta. Proponemos la hipótesis, en segundo lugar, de que su reincorporación no tiene nada de casual o accidental sino que es un síntoma de un fenómeno que trasciende el plano de la teoría y la semiología: la decadencia del imperio norteamericano.

En relación a lo primero digamos que el abandono de la perspectiva geopolítica no sólo se verificó en las elaboraciones de los mandarines de la academia, lo cual no es motivo alguno de preocupación, sino que también se hizo sentir en las obras de los pensadores de la izquierda, lo cual sí era motivo de inquietud. Tanto era así, y tanto ha cambiado en muy poco tiempo, que al terminar la redacción de mi libro América Latina en la Geopolítica del Imperialismo, a mediados del 2012, y proceder a la última revisión del texto antes de enviarlo a la imprenta creí necesario introducir un largo párrafo, que reproduciré parcialmente a continuación, para responder a los muchos amigos y camaradas que, sabedores de la problemática que estaba investigando me hicieron conocer su sorpresa, y en algunos casos desacuerdos, por dirigir mi atención hacia un tema, la geopolítica, asociada a los planteamientos de la derecha más reaccionaria y racista. De ahí que en sintiera la necesidad de decir lo siguiente en las mismas páginas iniciales del libro:

“Unas palabras, precisamente, sobre la problemática geopolítica. Se trata de una cuestión que en general la izquierda ha demorado más de lo conveniente en estudiar por una serie de razones que no podemos sino apenas enunciar aquí: concentración en el examen de temas “nacionales”; visión economicista del sistema internacional y del imperialismo; menosprecio de la geopolítica por la génesis reaccionaria de este pensamiento y por la utilización que de ella hicieron las dictaduras militares latinoamericanas de los años setenta y ochenta del siglo pasado. La generalización del concepto y las teorías de la geopolítica se encuentra en la obra de un geógrafo y general alemán, Karl Ernst Haushofer, quien propuso una visión fuertemente determinista de las relaciones entre espacio y política, y la inevitabilidad de la lucha internacional entre los diferentes Estados para asegurarse lo que, en un concepto de su autoría, calificó como “espacio vital” (Lebensraum). El desprestigio de esa teorización se relaciona con el hecho de que fue este concepto de Lebensraum el empleado por Hitler para justificar el expansionismo alemán que a la postre culminó con la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Haushofer tuvo como fuente de inspiración la obra de un geógrafo y político británico, Halfor John Mackinder, quien en 1904 había escrito un muy influyente artículo sobre “El pivote geográfico de la historia”.[1] 

La visión de Mackinder sobre la Isla Mundial, su pivote y las regiones periféricas

Creo que las razones por las cuales desde la izquierda tenemos que recuperar la problemática geopolítica -¡que sí estaba presente, si bien expresadas con otro lenguaje, en el marxismo clásico!- son por demás convincentes. Pero, ¿a qué se debe que el pensamiento de la derecha haya hecho lo propio y que la obra de los intelectuales orgánicos del imperio (Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger, para tan sólo nombrar a los de mayor gravitación) y de los académicos del mainstream norteamericano deban recurrir cada vez con más frecuencia a consideraciones geopolíticas en sus estudios e investigaciones? ¿Se trata de una superficial y efímera moda intelectual, para reemplazar al ya difunto concepto de “globalización”, cuya muerte fue anunciada simultáneamente a su advenimiento o hay algo más? En todo caso el nacimiento de esta perspectiva tuvo lugar en un momento histórico signado por el predominio de las concepciones colonialistas, imperialistas y racistas de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Si hoy reaparece, completamente resignificada en el pensamiento contestatario, es porque aporta una perspectiva imprescindible para elaborar una visión crítica del capitalismo en una fase como la actual, signada por el carácter ya global de ese modo de producción, su afiebrada depredación del medio ambiente y las prácticas salvajes de desposesión territorial padecidas por los pueblos en las últimas décadas. No debería sorprendernos entonces que dos de los principales pensadores de nuestro tiempo sean geógrafos marxistas: David Harvey y Milton Santos. Es que la política y la lucha de clases, tanto en lo nacional como en lo internacional, no se desenvuelven en el plano de las ideas o la retórica, sino sobre bases territoriales, y el entrelazamiento entre territorio (con los “bienes públicos o comunes” que los caracterizan), proyectos imperialistas de explotación y desposesión y resistencias populares al despojo requieren inevitablemente un tratamiento en donde el análisis de la geografía y el espacio se articulen con la consideración de los factores económicos, sociales, políticos y militares. En tiempos como los actuales, en los que la devastación capitalista del medio ambiente ha llegado a niveles desconocidos en la historia, una reflexión sistemática sobre la geopolítica del imperialismo es más urgente y necesaria que nunca. Tal como lo recordara el Comandante Fidel Castro en su profética intervención en la Cumbre de la Tierra –en Río de Janeiro, junio de 1992–, ‘una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre’.”

La visión de Spykman, y la centralidad del cerco sobre el pivote central

Efectivamente hay algo más. No es un tema de modas intelectuales o escolásticas, y esta es la segunda cuestión que queríamos plantear. La reflexión geopolítica en el campo del pensamiento imperial es hija de una dolorosa (para algunos) comprobación: el imperio norteamericano ha superado su cenit y ha comenzado a recorrer el camino de su lento pero irreversible ocaso. Para los gobernantes y las clases dominantes de Estados Unidos de lo que se trata entonces es de tomar los recaudos necesarios para evitar dos desenlaces inaceptables: (a) que el crepúsculo imperial precipite una incontrolable reacción anárquica en cadena en el sistema internacional, en donde un  buen número de estados y una cantidad desconocida pero significativa de actores privados disponen de un arsenal atómico capaz de eliminar de raíz toda forma de vida en el planeta y, (b), que producto de la irreversible redistribución del poder mundial la seguridad nacional y el modo de vida de Estados Unidos puedan verse irremediablemente menoscabados. Esta es la razón de fondo por la cual los estrategas militares estadounidenses llevan más de diez años refiriéndose oblicuamente al tema y alertando, en sus escenarios bélicos prospectivos de largo plazo, que ese país deberá estar preparado para librar guerras, en los más diversos rincones de este planeta, durante los próximos veinte o treinta años. Doctrina de la “guerra infinita” cuyo objetivo no será acrecentar su primacía mundial mediante la incorporación de nuevas áreas de influencia o control sino apenas preservar las ya existentes, o evitar un catastrófico derrumbe de los parámetros geopolíticos globales.

El más reciente libro de Brzezinski

Dado todo lo anterior no sorprende la nota que días atrás publicara David Brooks en el New York Times y que fuera reproducida en Buenos Aires por La Nación y, con seguridad, en otros diarios de América Latina y el Caribe. Brooks, un hombre de clara persuasión conservadora, cita en su nota la opinión de Charles Hill, uno de los mayores expertos del Departamento de Estado, ya retirado de su cargo, quien dice textualmente que: “La gran lección que enseña la historia de la alta estrategia es que cuando un sistema internacional establecido entra en fase de deterioro, muchos líderes actúan con indolencia y despreocupación, y felicitándose a sí mismos. Cuando los lobos del mundo huelen esto, por supuesto que empiezan a moverse para sondear las ambigüedades del sistema que envejece y así arrebatar de un tarascón los bocados más preciados.” Brooks refleja, con desazón, la literatura que cada vez con mayor frecuencia examina el proceso de decadencia imperial, esa “fase de deterioro” a la que aludía Hill, si bien no todos los autores se atreven a abandonar los eufemismos tranquilizadores. El último número de la revista Foreign Affairs, el conservador órgano del establishment diplomático estadounidense, presenta un par de artículos de dos de los mayores especialistas en el análisis de las relaciones internacionales y en los cuales, más allá de sus diferencias, concuerdan en el hecho de que “la geopolítica está de vuelta”.[5] Y si lo está es precisamente porque la correlación de fuerzas que en el plano internacional se cristalizara después de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, las fantasías que anunciaban el advenimiento de “un nuevo siglo americano” se derrumbaron estrepitosamente. Ejemplos: Estados Unidos es derrotado inapelablemente (29 a 3) en una votación en la OEA que pretendía decretar la intervención de ese organismo en la crisis que afecta a la  República Bolivariana de Venezuela; asiste impotente a la reincorporación de Crimea a Rusia, pese a que en una actitud insólita y provocativa su Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Euroasiáticos, Victoria Nuland, estuvo en la Plaza Maidan de Kiev repartiendo panecillos y galletitas a las bandas de neonazis que luego tomarían por asalto los edificios gubernamentales y constituirían un nuevo gobierno, mismo que fue rápidamente reconocido por las corruptas y decrépitas democracias capitalistas; y sus bravuconadas y amenazas en contra de Siria se derrumbaron como un castillo de naipes en cuanto Rusia -y de modo más cauteloso, China- le hicieron saber a Washington que no permanecerían de brazos cruzados si la Casa Blanca lanzaba una nueva aventura bélica en la región. Cambios inesperados, muy profundos y sucedidos en muy corto tiempo y que nos obligan a reflexionar sobre -y a actuar en- una transición geopolítica global que difícilmente podrá llevarse a cabo de manera pacífica. Si atendemos a las lecciones de la historia, todas las transiciones geopolíticas precedentes fueron violentas. Nada permite suponer que hoy la historia será más benigna para nuestros contemporáneos, especialmente si se repara en la fenomenal desproporción de recursos militares que retiene el centro imperial, superior a la de la totalidad de los demás países del planeta.

Estos pronósticos tardaron más de diez años en incorporarse a los análisis del mandarinato académico y de los publicistas del imperio, profundamente enquistados en los grandes medios de comunicación. Pero ya no más. La terca realidad les ha obligado a hablar de lo que hasta hace poco era impensable, cuando una pandilla de reaccionarios nucleada en el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano fundado por Dick Cheney en 1997 se ilusionó al creer que el mundo que aparecía ante sus ojos tras el derrumbe del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética había llegado para quedarse, para siempre, en una típica reiteración de la incapacidad del pensamiento burgués para comprender la historicidad de los fenómenos sociales.[2] Se trató de una ilusión infantil, así la juzgó ese viejo lobo del imperio que es Zbigniew Brzezinski, que la realidad desbarató en pocos años. Los atentados del 11-S derrumbaron no sólo las Torres Gemelas sino también los tranquilizadores espejismos con los cuales se entretenían los dizque expertos del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano. No es casual que en su más reciente libro Brzezinski  dedique unas sorpresivas páginas introductorias al tema de la declinante longevidad de los imperios, y si bien no lo dice explícitamente está claro que para él, como para tantos otros, Estados Unidos es un imperio. [3]

maduro entrega premio libertador a atilio borónClaro está que se trataría de un imperio de nuevo tipo, movido por el idealismo Wilsoniano, como lo asegura Henry Kissinger en sus diversos escritos, idealismo que lo lleva a convertirse según esta autocomplaciente visión, en un abanderado de las mejores causas de la humanidad: democracia, derechos humanos, libertad, pluralismo, etcétera. En una palabra, el país a quien Dios presuntamente le habría encomendado la realización de un “Destino Manifiesto” y en virtud del cual sembraría aquellos nobles valores e instituciones a lo largo y ancho del planeta.  Un razonamiento muy parecido había sido formulado por Henry Kissinger en un libro publicado en 1994 y traducido al castellano al año siguiente: La Diplomacia. En él el ex Secretario de Estado de Richard Nixon advertía sobre la precariedad de los ordenamientos internacionales al observar que “con cada siglo ha ido encogiéndose la duración de los sistemas internacionales. El orden que surgió de la Paz de Westfalia duró 150 años … el del Congreso de Viena se mantuvo durante 100 años … el de la Guerra Fría terminó después de 40 años.” Y concluye: “Nunca antes los componentes del orden mundial, su capacidad de interactuar y sus objetivos han cambiado con tanta rapidez, tanta profundidad o tan globalmente.”[4]
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[1] Mackinder (1861-1947) sostenía que en el planeta hay una “Isla Mundial” que es el sitio donde se concentran las mayores riquezas naturales y que está conformada por la gran masa euroasiática y africana. Al interior de este enorme espacio se recorta, según este autor, un pivote que se extiende desde el Volga hacia el Este, hasta el río YangTse en la China, y desde los Himalayas hasta el Océano Ártico y Siberia. Quien controle ese pivote, sostiene Mackinder, controlará la Isla Mundial y quien ejerza ese control podrá extenderlo a todo el mundo. Tiempo después, el geopolítico norteamericano Nicholas Spykman (1893-1943) re-elaboró las concepciones de Mackinder y acentuó la importancia del anillo de tierras y mares que rodean al pivote central. Si ese cerco es exitoso, asegura Spykman, la potencia que lo consiga dominará Eurasia, y quien controle Eurasia regirá los destinos del mundo. Zbigniew Brzezinski es el más encumbrado continuador de esta tradición que le asigna al pivote central de la masa euroasiática un papel crucial en el dominio del planeta. La obsesión por cercar ese pivote con toda suerte de alianzas político-militares alimentó la política exterior de los Estados Unidos desde el triunfo de la Revolución Rusa en 1917 hasta nuestros días, como lo prueban los mapas utilizados por Brzezinski en su ya referida obra.   

[2] Recordar que Cheney luego se convertiría, bajo la presidencia de George W. Bush, en Vicepresidente de los Estados Unidos durante sus dos mandatos y uno de los personajes de mayor influencia en el proceso decisional de la Casa Blanca, algo poco común si se recuerda el carácter eminentemente protocolar, casi decorativo, de los vicepresidentes en la república imperial norteamericana.

[3] Puede consultarse este tema de la declinante longevidad de los imperios en Zbigniew Brzezinski, Strategic Vision. America and the Crisis of Global Power (New York: Basic Books, 2012), pp. 21-26.

[4] Henry Kissinger, La Diplomacia (México: Fondo de Cultura Económica, 1995), p. 803.

[5] Ver John Ikenberry, “The Illusion of Geopolitics. The Enduring Power of the Liberal Order” y  Walter Russell Mead, “The Return of Geopolitics. The Revenge of the Revisionist Powers”, ambos en Foreign Affairs, Mayo-Junio de 2014.

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