Dilma: “Ellos piensan que nos vencieron, pero están equivocados”

Resultado de imagen para dilma con el puebloPor Dilma Rousseff

Carta publicada poco después de la consumación del golpe de estado.

El Senado tomó una decisión que entra en la historia de las grandes injusticias. Los senadores que votaron por el impeachment escogieron romper la Constitución. Decidieron por la interrupción del mandato de una presidenta que no cometió un crimen. Condenaron a una inocente y consumaron un golpe parlamentario.

Con la aprobación de mi destitución definitiva, políticos que buscan desesperadamente escapar del brazo de la Justicia tomaron el poder unidos a los derrotados en las últimas cuatro elecciones. No llegan al gobierno por el voto directo, como Lula y yo hicimos en 2002, 2006, 2010 y 2014. Se apropiaron del poder por medio de un golpe de Estado.

Es el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida. El primero, el golpe militar, apoyado en la agresividad de las armas, de la represión, de la tortura, me alcanzó cuando era una joven militante. El segundo, el golpe parlamentario perpetrado hoy por medio de una farsa jurídica, me derriba del cargo para el cual fui electa por el pueblo.

Es una indudable elección indirecta, en la que 61 senadores sustituyeron la voluntad expresada por 54,5 millones de votos. Es un fraude, contra el cual todavía vamos a recorrer todas las instancias (jurídicas) posibles.

Causa espanto que la mayor acción contra la corrupción de nuestra historia, propiciada por acciones implementadas y leyes creadas a partir de 2003 y profundizadas por mi gobierno, lleve justamente al poder a un grupo de corruptos investigados.

El proyecto nacional progresista, inclusivo y democrático que represento está siendo interrumpido por una poderosa fuerza conservadora y reaccionaria, con el apoyo de una prensa facciosa. Van a apoderarse de las instituciones del Estado para colocarlas al servicio del liberalismo económico más radical y del retroceso social.

Acaban de derribar a la primera mujer presidenta de Brasil, sin que haya cualquier justificativo constitucional para este impeachment. Pero el golpe no fue cometido apenas contra mí y contra mi partido. Esto fue apenas el comienzo. El golpe va a llegar indistintamente a cualquier organización política progresista y democrática.

El golpe es contra los movimientos sociales y sindicales, y contra los que luchan por los derechos en todas sus acepciones: derecho al trabajo y a la protección de leyes laborales; derecho a una jubilación justa; derecho a vivienda y al terreno; derecho a la educación, a la salud y a la cultura; derecho a los jóvenes de protagonizar su historia; derechos de los negros, de los indígenas, de la comunidad LGBT, de las mujeres; derecho de manifestarse sin ser reprimido.

El golpe es contra el pueblo y contra la Nación. El golpe es misógino. El golpe es homofóbico. El golpe es racista. Es la imposición de la cultura de la intolerancia, del preconcepto, de la violencia.

Pido a las brasileñas y a los brasileños que me escuchen. Hablo a los más de 54 millones que votaron por mí en 2014. Hablo a los 110 millones que avalaron la elección directa como forma de elección de los presidentes.

Hablo principalmente a los brasileños que, durante mi gobierno, superaron la miseria, realizaron el sueño de la casa propia, comenzaron a recibir atención médica, entraron a la universidad y dejaron de ser invisibles a los ojos de la Nación, pasando a tener derechos que siempre les fueron negados.

La incredulidad y el dolor que sentimos en estos momentos son pésimos consejeros. No desistan de la lucha.

Oigan bien: ellos piensan que nos vencieron, pero están equivocados. Sé que todos vamos a luchar. Habrá contra ellos la más firme, incansable y enérgica oposición que un gobierno golpista puede sufrir.

Cuando el presidente Lula fue electo por primera vez, en 2003, llegamos al gobierno cantando juntos que nadie debía tener miedo a ser feliz. Por más de 13 años, realizamos con éxito un proyecto que promovió la mayor inclusión social y la reducción de desigualdades de la historia de nuestro país.

Esta historia no termina así. Estoy convencida de que la interrupción de este proceso por el golpe de Estado no es definitiva. Volveremos. Volveremos para continuar nuestro trabajo rumbo a un Brasil en el que el pueblo es soberano.

Espero que sepamos unirnos en defensa de las causas comunes a todos los progresistas, independientemente de la filiación partidaria o posición política. Propongo que luchemos todos juntos contra el retroceso, contra la agenda conservadora, contra la extinción de derechos, por la soberanía nacional y por el restablecimiento pleno de la democracia.

Salgo de la presidencia como entré: sin haber cometido ningún acto ilícito; sin haber traicionado mis valores; con dignidad y cargando en el pecho el mismo amor y admiración por las brasileñas y brasileños, y la misma voluntad de continuar luchando por Brasil.

Viví mi verdad. Di lo mejor de mí. No huí de mis responsabilidades. Me emocioné con el sufrimiento humano, me conmoví con la lucha contra la miseria y el hambre, combatí la desigualdad.

Llevé adelante combates. Perdí algunos, gané muchos y, en este momento, me inspiro en Darcy Ribeiro para decir: no me gustaría estar en el lugar de los que se juzgan vencedores. La historia será implacable con ellos.

A las mujeres brasileñas, https://i2.wp.com/pulsodelospueblos.com/wp-content/uploads/2016/08/29288759281_ed33f0b677_z.jpgque me cubrieron de flores y de afecto, pido que dejen en claro que pueden. Las futuras generaciones de brasileñas sabrán que, la primera vez que una mujer asumió la presidencia de Brasil, el machismo y la misoginia mostraron sus caras feas. Abrimos un camino de mano única en dirección a la igualdad de género. Nada nos hará retroceder.

No les diré adiós. Tengo la certeza de que puedo decir “hasta pronto”.

Termino compartiendo con ustedes una maravillosa inspiración del poeta ruso Maiakovski:

“No estamos alegres, es cierto,
pero ¿por qué razón estaríamos tristes?
el mar de la historia es agitado
las amenazas y las guerras, tendremos que atravesarlas,
romperlas al medio,
cortándolas como una quilla corta”.

Un afectuoso abrazo a todo el pueblo brasileño, que comparte conmigo la creencia de la democracia y el sueño de la justicia.

Fuente: Tiempo Argentino.

Carta en portugués: http://dilma.com.br/eles-pensam-que-nos-venceram-mas-estao-enganados-afirma-dilma/

Dilma ritorna ad abbracciare le masse popolari a Teresina, Piaui

DSC_0340.JPGdi Marco Nieli

Strategica iniziativa organizzata dal Frente Brasil Popular di Teresina, Piauí, ieri pomeriggio (15 luglio) nella Praça Pedro Segundo, gremita di popolo con le insegne del PT (Partido dos Trabalhadores), di quattro centrali sindacali e dei movimenti sociali (MST, MTST, ecc.). Nel corso della cerimonia, durante la quale Dilma è stata insignita della cittadinanza onoraria di Teresina e della Medaglia degli Eroi della Battaglia di Jenipapo,  sono stati ricordate dai senatori del PT Regina Sousa e del PTB Elmano Ferrer, oltre che dal governatore PT Wellington Dias, le numerose conquiste ottenute dai governi Lula-Dilma per l´inclusione delle fasce sociali meno abbienti: il programma Minha Casa, Minha Vida con 52000 case costruite e consegnate ai senza-tetto (il progetto ne prevede in totale 85000); il Bolsa Familia che ha fatto uscire dalla povertà estrema circa 700.000 piauensi; i programmi per l´accesso allo studio universitário, prima riservato solo alla classe medio-alto-borghese e che ha invece favorito l´immatricolazione di 20.138 giovani delle classi popolari; i programmi per l´estensione della rete elettrica e dell´irrigazione nelle zone rurali e quelli per l´integrazione sanitaria e di consulenza basica specialmente rivolti alle donne, alle comunità afro-brasiliane (i cosiddetti quilombos), agli Indios, ai disabili e ai LGBT; il programma Fome cero, con gli aiuti all´Acquisizione di Alimenti per le famiglie in povertà estrema, che ha permesso al Brasile di uscire dalle liste ONU dei paesi con maggiore diffusione del flagello della fame, ecc.

Per tutte queste ragioni e per altre ancora, nello stato del Piauí, come in altri del Nord-este brasiliano, gli indici di consenso alla Presidenza di Dilma si attestano, ancora oggi, a distanza di circa due mesi dalla famigerata votazione del Senato (il 12 maggio scorso) di sospenderla dalla carica presidenziale per non meglio precisati crimini o irregolarità procedurali (le cosiddette “pedalate fiscali”) intorno al 60%, con circa un 78% dei cittadini di questo stato che credono che sia in atto un golpe mascherato nel paese. Va, a questo proposito ricordato, che il rapporto recentemente stilato dalla Commissione sull´impeachment  del Senato non ha riscontrato prove nemmeno degli illeciti amministrativi di cui si parlava negli atti dell´accusa. Vedremo cosa si inventeranno di nuovo nei prossimi mesi per confermare l´impeachment: della serie, quando il lupo vuole mangiarsi l´agnello….

Intanto, il governo interino presieduto dall´ex-vice-presidente Temer del PMDB, adducendo presunti motivi di deficit  fiscale, sta mettendo mano al taglio di tutti o di gran parte dei programmi di inclusione sociale summenzionati, come anche alla soppressione di Ministeri considerati inutili, come quello della Cultura e della Donna.  La recente elezione a Presidente della Camera del neo-liberista Rodrigo Maia (DEM-RJ), con tutta probabilità, aiuterà a sdoganare progetti di legge depositati  al Congresso per la precarizzazione illimitata del lavoro, la privatizzazione del sistema di previdenza sociale, il ripristino del sistema dei diritti di esplorazione dei giacimenti petroliferi del Pre-sal e delle concessioni alle multinazionali private (Chevron e Texaco in prima fila), ecc. Addirittura, si vocifera del ripristino della settimana lavorativa di 80 ore, progetto che precipiterebbe il paese indietro di cento anni.

Un quadro regressivo che può essere solo contrastato dall´opposizione na rua ferma e determinata delle masse popolari, che hanno contribuito a creare il progetto dal basso del primo governo Lula e che hanno poi visto sempre più scivolare verso il centro l´asse politico delle varie coalizioni di governo a guida Lula e Rousseff, subissate anche dagli scandali di corruzione che hanno investito il PT. I quali scandali, artatamente strumentalizzati dal potere mediatico incentrato intorno al gruppo Globo, hanno fornito l´appiglio per un golpe di stato soft/istituzionale, in gran parte etero-diretto dagli U.S.A., dalle multi-nazionali escluse dalla divisione della torta (oltre alle suddette corporations del petrolio, si pensi ai contratti della Google e della Micro-soft rescissi da Dilma in seguito al conflitto con Obama sulla questione dello spionaggio) e dalla CIA.

Iniziative come quella di ieri, intanto, si moltiplicano in vari stati del Brasile e riconfermano la necessità di rilanciare il progetto “egemonico” del PT  su basi rinnovate e più avanzate: il Frente Brasil Popular, coordinamento di tutti i movimenti sociali di base che in una fase precedente si sono divisi tra una posizione più “attendista” e una più critica nei confronti del governo Rousseff, fa cerchio, nel momento della crisi golpista, intorno alla figura della Presidenta, per resistere e mantenere i diritti lavorativi e gli spazi di agibilità democratica conquistati nel passato recente.

In attesa di riuscire a costruire dal basso coscienza e strutture di potere popolare, capaci di portare il paese in una fase nuova, di transizione al socialismo.

 

 

Donne della Rete “Caracas ChiAma” contro il golpe in Brasile

da Rete Caracas ChiAma

Le donne della Rete di Solidarietà con la Rivoluzione Bolivariana “Caracas ChiAma”, esprimono la loro solidarietà alla presidente del Brasile, la compagna Dilma Rousseff, deposta con da un golpe parlamentare – giudiziario che ha cambiato radicalmente la fisionomia del governo.

Con 55 voti i senatori sono passati sopra la volontà di quasi 55 milioni di brasiliani che avevano riconfermato Dilma e 13 anni di governi progressisti. Dilma è stata messa sotto accusa per essere coinvolta indirettamente nell’inchiesta “Lava Jato” dagli stessi parlamentari coinvolti direttamente nello scandalo, e per illeciti amministrativi non considerati gravi da insigni giuristi.

La “pedalata contabile” che le viene contestata è infatti prassi usuale, servita non per interessi personali, ma per poter continuare a finanziare i programmi di aiuto alle famiglie, il “Bolso Familia”. Un colpo di stato che assume i connotati di un femminicidio politico, con cui i settori più reazionari delle oligarchie legate agli Usa piegano il paese agli interessi dell’imperialismo.

Il nuovo governo, formato dal vice Temer, anch’egli indagato per corruzione, riciclaggio, tangenti Petrobras e condizionamento dei procedimenti a suo carico nell’inchiesta “Lava Jato”, è infatti esclusivamente composto da uomini bianchi, eterosessuali, ricchi e oligarchi. Viene immediatamente cancellato il ministero Parità di Genere, Uguaglianza Razze e Diritti Umani che diventa di competenza del ministero Giustizia e Cittadinanza, a cui fa capo il personaggio che aveva soppresso nel sangue le manifestazioni degli studenti, Alexandre de Moraes. Il ministero dell’agricoltura passa al magnate della soja, Blairo Maggi, un oligarca indagato per corruzione, responsabile della deforestazione dell’Amazzonia. Il ministero dell’Economia a Heinrique Meirilles, un banchiere già presidente del Banco di Bosto e del Banco Central.

Un governo sessista, razzista, di oligarchi che non rappresenta il popolo brasiliano, né ne è legittimato. Temer rappresenta appena il 2% dell’elettorato, con un governo nuovo espressione della destra già bocciata dal popolo alle scorse consultazioni, che annuncia misure neoliberiste e lo smantellamento delle conquiste sociali degli ultimi anni: riduzioni dei programmi sociali, privatizzazioni, apertura ai capitali internazionali, riforma del lavoro e delle pensioni, eliminazione dei programmi di integrazione di indios e neri nelle scuole e università. Misure antipopolari che un governo eletto non avrebbe potuto compiere.

Un colpo di stato orchestrato dalle forze imperialiste, che tentano di re-impossessarsi del continente Latino Americano, smantellare le conquiste sociali e gli organismi di cooperazione fra i popoli: Alba, Celac, Mercosur. Il passaggio dei poteri alle destre in Brasile fa parte della controffensiva imperialista volta a distruggere i governi progressisti che hanno consentito la liberazione dei popoli, e la loro sovranità, indipendenza e autodeterminazione, per restaurare il dominio yankee sul continente e riconsegnarlo alla dottrina Monroe e alla condizione di “cortile degli Usa”.

Non a caso Macri è stato il primo a congratularsi con Temer, la Mud ha affermato di voler fare come in Brasile e Uribe ha invocato l’intervento armato in Venezuela. A questa controffensiva la risposta dei leader progressisti sta nel potere al popolo. In tutta risposta Maduro ha infatti ha dchiarato che esproprierà le fabbriche degli imprenditori improduttivi, che boicottavano l’economia bolivariana, consegnandole ai CLAP, comitati locali di approvvigionamento e produzione, radicalizzando la rivoluzione. Contro l’offensiva in Brasile, l’ex guerrigliera e Lula dovranno radicarsi sui movimenti, Sem Terra, Frente do Povo Sem Medo, Frentre Popular do Brasil, che da venerdì sono nelle piazze, assieme alle femministe brasiliane, mobilitate in massa per dire no al golpe, no al sessismo e al razzismo, no all’imperialismo.

Noi donne della rete Caracas Chiama, femministe, antirazziste, anticapitaliste e antimperialiste, a sostegno delle lotte di liberazione dei popoli, diciamo fuori i golpisti, avanti Dilma, avanti con le conquiste sociali!

Mondiali di calcio: ovunque ma non in Brasile?

socratesdi Gennaro Carotenuto

Girano e gireranno articoli e commenti sprezzanti e/o indignati tendenti a sostenere che il Brasile sia inadeguato a ospitare i Campionati del mondo di calcio. Addirittura rimbalzano sui social network foto-bufala e articoli contriti con fiumi di sangue che documenterebbero presunti massacri di bambini di strada orditi dal governo di Dilma Rousseff per ripulire le strade e dare una buona immagine del paese ai turisti.

A ciò si aggiungono denunce ragionevoli e condivisibili (ma generiche e spesso dai numeri amplificati) sui morti nei cantieri degli stadi, sui costi esorbitanti e sul giro di corruzione legato al grande evento. Sono critiche sensate soprattutto quando sono documentate e non ciclostilate da Facebook. Lo sono molto meno quando tali critiche attribuiscono i problemi all’indolenza o alla corruttela congenita di uno stereotipato paese del Sud del mondo. Viene veicolata la convinzione, molto di sinistra (ma anche questa poco o affatto documentata), che gli investimenti -o sprechi- per la Coppa sarebbero stati stornati da programmi sociali. Sono quelli stessi che spesso vengono criticati come clientelari, ma che sono stati decisivi per permettere a decine di milioni di brasiliani di migliorare la loro condizione durante i tre mandati di governi di centro-sinistra di Lula prima e di Dilma ora.

Non è vero che i progetti d’inclusione sociale siano stati tagliati per i mondiali. È semmai discutibile l’ingente investimento pubblico nella Coppa sul modello di Italia ’90: soldi pubblici, profitti privati. Era un crinale difficile da percorrere diversamente per un paese che ha basato la propria trasformazione sulla non belligeranza dei mercati. Centrifugato tutto ciò nella naturale solidarietà che il complesso disinformativo-industriale inietta per le proteste altrui (v. alla voce Venezuela), salvo definire terroristi i nostri studenti e lavoratori precari ogni volta che scendono in piazza, in molti concludono che sia inaccettabile che un paese con le disuguaglianze e le contraddizioni del Brasile organizzi eventi come un mondiale di calcio.

Non sarà chi scrive a difendere la logica dei grandi eventi, e i cortocircuiti di interessi privati che tali manifestazioni comportano, né è questa la sede per discutere dell’industria capitalista dell’intrattenimento sportivo. Tali grandi eventi, pur criticabili, esistono e, a meno che non si pensi che gli unici paesi abilitati ad ospitarli a turno siano la Danimarca, la Svezia e la Norvegia, bisogna fare i conti con la materialità del capitale culturale e simbolico messo in moto in questi casi rispetto alla perfettibilità della natura umana. Rigiocare dopo 64 anni i mondiali nel paese che simboleggia il calcio più di ogni altro, nel momento storico nel quale questo finalmente s’incammina a realizzare il proprio “destino manifesto” di potenza globale, rappresenta il sovvertimento di gerarchie mentali consolidate. Il Brasile è un grande paese moderno, una potenza che guarda al resto del mondo in maniera più solidale di quanto non facciano le altre, come ha testimoniato mettendosi alla testa della lotta contro l’ALCA, e che non sarebbe stato certo migliore se i mondiali non li avesse organizzati.

Non sono i mondiali ad incidere sui problemi dello sviluppo, sull’agroindustria, sulle miniere a cielo aperto, sulla pedofilia legata alla prostituzione minorile e su altre mille contraddizioni di un paese come il Brasile ma non è giusto dire che vi saranno bambini brasiliani che non mangeranno per colpa dei mondiali. Giova in questo ricordare che, fuor da complottismi, alcune proteste (come quella dei trasporti a San Paolo, capace di gettare nel caos la grande metropoli) appaiono sospette di eterodirezione a secondi fini e che in ballo c’è il passaggio elettorale del 5 ottobre, quando le destre contano di spodestare Dilma Rousseff e il Partito dei Lavoratori per riportare il paese nella palude del neoliberismo duro e puro. Sarebbe questo allora a privare di pane, salute ed educazione milioni di brasiliani.

Alla maniera di come possono esserlo i grandi eventi simbolici, il mondiale in Brasile è quindi sovversivo rispetto a gabbie, colonialismi mentali e gerarchie. Da destra e da sinistra, ogni dettaglio sarà osservato criticamente e rinfacciato ad un paese impegnato nell’impresa di uscire da un destino di marginalità nel quale era stato relegato dal sistema mondo coloniale e post-coloniale e che invece, all’alba del XXI secolo, si è saputo ritrovare al centro di un mondo multipolare.

I Mondiali di Calcio in Brasile (e nel 2016 i giochi olimpici) fotografano tale mondo multipolare uscito dalla gabbia della centralità dell’Occidente, generata dalla vittoria nella guerra fredda e dal neoliberismo trionfante e rapidamente avvizzito sul delirio neoconservatore e sull’esplosione di tante realtà diverse nel mondo che non si sentono più seconde ai cosiddetti paesi centrali. Dopo le Olimpiadi in Cina e i mondiali di calcio in Sud Africa, il Brasile è il terzo membro dei Brics (poi toccherà alla Russia, resta per ora fuori l’India) ad ospitare uno dei due più popolari eventi sportivi mondiali. Ci piacciono questi paesi? Non ci piacciono? Sono perfetti? Sono meglio o peggio di noi? Hanno titolo per ospitare un grande evento o dobbiamo paternalisticamente dettar loro altre priorità? Ciò ricorda il periodico ridicolo dibattito se un’impresa privata come la “SSC Napoli” possa acquistare Hasse Jeppson, Beppe Savoldi o Diego Maradona, operando in una città dove, secondo informatissimi critici, non vi sarebbero né l’Università né le fogne.

Nessuno meglio del Brasile, un grande, complicatissimo paese di 200 milioni di abitanti, può rappresentare il fronte progressista di questo mondo multipolare che è sotto i nostri occhi. Nessuno come il Brasile, con tutte le contraddizioni, nell’ultimo decennio ha fatto di più per ridurre (se speravate di vederle annullare siete ingenui o in malafede) disuguaglianze e ingiustizie plurisecolari, con 50 milioni di persone uscite dalla povertà negli ultimi anni e con livelli d’indigenza ai minimi storici. Ora questi ex-poveri alzano l’assicella delle loro esigenze, criticando governi ai quali devono molto. Bene che lo facciano, vedremo chi saprà dare risposte sfondando un nuovo tetto di cristallo per questo grande paese.

Sulla terribile violenza che da molti anni caratterizza l’America latina, soprattutto a causa del narco, possiamo indignarci finché vogliamo. Sicuramente i governi integrazionisti, il Venezuela oltre al Brasile, non si sono distinti in questi anni per i successi contro la violenza ma neanche si sono registrati picchi da guerra civile come in Messico o in Honduras. In Brasile gli squadroni della morte che fanno “pulizia sociale” esistono da decenni, agli ordini soprattutto di interessi privati che utilizzano la corruzione dei corpi di polizia a tali fini. Non li ha scoperti un giornalista danese nel 2014 ed è falso e tendenzioso affermare che dietro l’assassinio di tanti “meninos de rua” (due al giorno in media nella sola San Paolo) vi sia dietro il governo di Dilma Rousseff. Anche rispetto alle inefficienze, queste sono create ad arte innanzitutto dalle imprese appaltatrici, che ricattano il governo creando ritardi per poter spillare aumenti rispetto ai contratti originali. Del resto, chi legge in italiano, avrà sentito parlare di appalti per la Salerno-Reggio Calabria, o per l’Expo di Milano, il Mose di Venezia e sa come vanno codeste cose. In merito le parole di Pelé, da una vita uomo-immagine di tutte le destre, dittatura militare compresa, e riportate con grande risalto dai media internazionali, proprio non sono meritevoli di credito.

Si potrebbe continuare a lungo. Il Brasile non è certo una società perfetta (chi lo è?) e i mondiali di calcio sono anche catalizzatori di problemi che come tali vanno denunciati e devono essere oggetto di critica sociale. Quello che non è tollerabile è il giudizio astratto, tipico di una visione occidentalista del mondo, che, di fronte alla denuncia spesso male o affatto documentata se non falsa e tendenziosa, trae la conclusione paternalistica e conservatrice che certuni non sarebbero adatti, perché culturalmente impreparati o indegni, a ricoprire determinati oneri e onori. Io sto con il Brasile.

Brasile: lo scontento e il progresso, intervista ad Adalberto Monteiro

Brasile: lo scontento e il progresso, intervista ad Adalberto Monteiro (PCdoB)

di Roberto Capizzi (da ilbecco.it)

Le grandi manifestazioni avvenute negli scorsi mesi in Brasile contro il governo Rousseff e contro gli ingenti investimenti messi in campo per la realizzazione della prossima Coppa del Mondo hanno ricevuto attenzione da parte dei media internazionali e generato anche nel nostro Paese alcune prese di posizione e numerosi quesiti sulla natura e l’operato del PT, al vertice – prima con la Lula e adesso con Dilma Rousseff – dello Stato brasiliano dal 2002. Per comprendere meglio quanto avvenuto abbiamo intervistato Adalberto Monteiro, giornalista e poeta, membro dellaSegreteria nazionale del Partito Comunista del Brasile (PCdoB), Presidente della Fondazione Maurício Grabois ed editore della rivista Princípios.

 

1) Cosa è realmente successo in Brasile? Chi protesta e con quali rivendicazioni?

Il Brasile è stato scosso, a partire dal giugno di quest’anno, da una ondata inedita – almeno negli ultimi venti anni – di manifestazioni di strada che hanno visto protagonisti principalmente giovani studenti delle classi medie. Ad innescarle l’aumento delle tariffe degli autobus nelle città di San Paolo e Porto Alegre. A San Paolo il prezzo del biglietto del bus e della metropolitana aveva subito un aumento da 3,00 a 3,20 real (circa 6 centesimi di euro ndr)
Le prime manifestazioni sono state convocate da una entità giovanile chiamata Movimento Passe Livre (MPL), di sinistra, che sostiene la gratuità del trasporto pubblico. 
Ciò ha fatto si che i mezzi di comunicazione in Brasile, per la maggior parte di destra, abbiano in un primo momento condannato tali manifestazioni. Alcuni di essi hanno espressamente chiesto che venissero represse dalla polizia. Ciò è accaduto il 13 giugno, nella città di San Paolo, dove la polizia comandata dal governatore di destra, Geraldo Alckmin (PSDB), ha caricato con brutalità i manifestanti, ferendone decine e tra essi alcuni giornalisti della grande stampa. 
A partire da questo episodio, i media hanno cambiato la propria posizione condannando la repressione e appoggiando le manifestazioni. La repressione del 13 giugno è stata la “scintilla che ha incendiato la prateria”. Un’ondata nazionale di solidarietà ai manifestanti repressi a San Paolo si è diffusa nel Paese e le proteste si sono estese in circa 400 città in tutto il Brasile. Il 20 giugno, le mobilitazioni hanno raggiunto l’apice con più di un milione di manifestanti, per la maggior parte nella città di Rio de Janeiro.
Messi alle strette da questo movimento di protesta, sindaci e governatori che avevano approvato gli aumenti delle tariffe hanno sospeso gli adeguamenti. Ciò non ha però diminuito la protesta dei giovani che è proseguita. 
Le proteste hanno iniziato ad avere altri obiettivi: sanità, educazione, trasporti urbani e una vasta gamma di rivendicazioni scritte su manifesti individualiE’ emersa anche un’avversione forte per i partiti politici
Settori di destra e di estrema sinistra – capitanati da una classe media con una mentalità formatasi a partire da informazioni dei media antigovernativi – hanno posto un’agenda di rivendicazioni moraliste e generiche contro la corruzione includendo, su questo tema, una condanna verso le spesa pubblica per grandi eventi sportivi come la Coppa delle Confederazioni, che si stava svolgendo in quei giorni, e contro la Coppa del Mondo del 2014 e le Olimpiadi del 2016. 
Movimenti sociali di sinistra, specialmente a guida comunista, erano già riusciti a porre rivendicazioni per più investimenti in istruzione, sanità e infrastrutture urbane. La grande stampa all’opposizione – che ha ricevuto da parte della sinistra l’appellativo Partido da Imprensa Golpista (PIG), in quanto rappresenta la punta di diamante del sistema di opposizione al governo di Dilma – percependo che la maggior parte dei manifestanti non era legata a nessun partito e, valutando come poteva influenzare le proteste, ha lavorato per dirigerle contro il governo federale. 
A partire da questo cambiamento di posizione da parte dei media, gruppi di destra, tra essi anche gruppetti di giovani dichiaratamente di ispirazione fascista, e altri anarchici hanno adottato la tattica Black Bloc, cominciando a infiltrarsi nelle manifestazioni, contrapponendosi ai giovani di sinistra e provocando atti di vandalismo generalizzati. Fino a quel momento, le manifestazioni erano di tutti, non c’erano leader specifici, né sound sistem, ma avevano l’appoggio di sindacalisti, realtà studentesche e in generale di militanti di movimenti sociali. La radicalità e l’ampiezza delle proteste nonché il vasto appoggio popolare hanno sorpreso tutte le forze politiche e lo stesso governo che si è sentito in dovere di dialogare con i manifestanti. 
Il 21 giugno, la Presidentessa Dilma Rousseff è andata in televisione ed ha pronunciato un discorso alla nazione trasmesso da radio e tv. Coerentemente, come capo di un governo nato dalle lotte sociali, disse che era giusto utilizzare la forza delle strade affinché il popolo potesse ottenere maggiori conquiste ed ha proposto un patto nazionale intorno a cinque punti, quattro dei quali in piena sintonia con le richieste dei manifestanti: riforma politica democratica; 50 miliardi di investimenti sulla mobilità urbana, specialmente per il miglioramento del trasporto pubblico e riduzione delle tariffe; destinazione del 100% delle royalties del petrolio per il settore dell’istruzione e per il miglioramento della sanità, attraverso il programma “Più medici” che sta portando medici dall’estero per destinarli all’interno del Paese e nelle periferie delle grandi città al fine di assistere la popolazione più povera. 
A partire da queste iniziative del governo le manifestazioni progressivamente sono rifluite e si sono divise. La sinistra brasiliana ha ritenuto necessario continuare la mobilitazione popolare al fine di far avanzare al governo programmi più audaci ed ha convocato proprie manifestazioni, le quali hanno avuto una minore adesione rispetto alle precedenti. Esempio di queste manifestazioni sono state le mobilitazioni convocate dal coordinamento dei sindacati e da altri movimenti realizzate l’undici luglio. 
La destra, isolata dopo gli atti di vandalismo e violenza, non è più stata in grado di organizzare grandi proteste
Lo scorso 7 settembre, giorno dell’Indipendenza del Brasile, ci sono state manifestazioni in dodici capitali e la sinistra è stata nelle strade con il Grido degli Esclusi (insieme di manifestazioni popolari che si svolgono ogni anno in Brasile durate la settimana di festeggiamenti per l’indipendenza al fine di dare visibilità al problema della povertà ndr); di contro sono comparsi anche i Black Bloc, qui conosciuti col nome di “mascarados”. 
In generale si è trattato di piccole manifestazioni, ma i grandi media hanno dato ampio spazio agli atti di violenza e distruzione operati dai Black Bloc, i quali hanno attaccato banche, edifici pubblici e saccheggiato negozi. L’obiettivo era chiaro: far passare all’opinione pubblica l’immagine di un Paese sotto il dominio del disordine.

2) Quale posizione ha assunto il PCdoB riguardo queste manifestazioni?

Il PCdoB è stato il primo gruppo della sinistra di governo a pronunciarsi sulle manifestazioni di giugno, affermando cheera necessario ascoltare la strada e che il governo avrebbe dovuto rispondere alle rivendicazioni giuste. Di più: è imperativo, nelle strade, contendersi il sentimento, la direzione e il contenuto delle mobilitazioni. Ricordo che la sinistra nasce nelle strade, nelle barricate, nelle giornate di lotta del popolo e dei lavoratori. 
Questa esplosione sociale ha origini e cause diverse; tra esse in particolar modo le seguenti: la grande crisi capitalistica dallo scorso anno ha colpito con maggior forza i Paesi emergenti e, tra essi, il Brasile. La crisi ha inciso nella riduzione della crescita economica del Paese e ciò ha provocato il disattendersi delle aspettative di una società che sta conquistando sempre più diritti
Questo fattore esterno, obiettivamente, potenzia e catalizza dinamiche interne. La pessima qualità della vita nelle città sveglia dal sogno di benessere, di pace, condannando la maggioranza ad un martirio quotidiano: violenza, alti indici di criminalità, mancanza di abitazioni ed un trasporto pubblico disumano, lento e caro. Si sente la mancanza di una riforma urbana che i conservatori hanno bloccano. Questo si somma alle gravi deficienze del servizio pubblico che nella pratica nega o limita diritti essenziali, come sanità, istruzione e sicurezza
Questa “combustione” si è formata nell’ambito di un Paese dove la democrazia si allarga, dove soprattutto la base della piramide sociale vede migliorare la propria condizione di vita, milioni di persone uscite dalla soglia della povertà estrema, milioni che hanno conquistato un lavoro ed un aumento della partecipazione dei salari al reddito nazionale. C’è stata, inoltre, una crescita del livello di coscienza sociale, politica, di milioni di persone, di un popolo disposto a lottare per un Paese di volta in volta migliore: la conquista di diritti genera aspirazione a più diritti
La composizione sociale delle manifestazioni ha avuto differenze, a seconda delle città e delle regioni. Si può però affermare che la maggioranza dei manifestanti appartiene alle classi medie, in particolare si è trattato di giovani e studenti. Va comunque notato che il popolo, i poveri, i lavoratori hanno mostrato simpatia ed una percentuale di questi ha partecipato alle manifestazioni. Queste mobilitazioni rivelano uno scontento delle classi medie che merita di essere investigato e a cui occorre dare risposte. 
Pagano caro per scuole private di dubbia qualità e per piani sanitari deficitari. I grandi media gli vendono l’idea che il miglioramento della vita dei più poveri è realizzato a danno dei loro redditi. 
Chi oggi ha circa vent’anni ne aveva tra gli otto e i dieci quando Lula ha vinto le elezioni del 2002. Molti si riferendosi alla soggettività di questa generazione dicono che, da un lato, è cresciuta sotto il bombardamento dei grandi media che hanno demonizzato il presidente operaio. Dall’altro, di una generazione che si sente, secondo quanto riferiscono, disprezzata. Alcuni manifesti si autodiagnosticavano dicendo: “la generazione coca-cola finalmente si è svegliata”. 
Dunque a quanto sembra, motivazioni generazionali si sono mescolate con l’indignazione contro mali sociali e politici, e ovviamente alla corrosione dei bilanci familiari causata dalla crisi. Si segnala inoltre un’altra causa: innegabilmente vi è una crisi di rappresentanza politica nel Paese. Tra gli slogan delle prime manifestazioni è risuonato: “il popolo unito non ha bisogno di partito”. 
I grandi media gongolanti hanno abbracciato questo discorso e dato ampia copertura – quasi applaudendo – alle azioni dei gruppi fascistoidi che in città come San Paolo e Rio de Janeiro hanno aggredito manifestanti solamente perché questi portavano bandiere dei loro partiti o delle organizzazioni dei lavoratori. Una violenza ostentatamente diretta contro la sinistra
Quest’avversione ed il rifiuto della politica e dei partiti deriva per lo meno da due fattori. Il primo è la presenza di una crisi di rappresentanza del sistema politico-elettorale del Paese. Certamente il popolo non ha motivo di morire di amore per il Congresso Nazionale. I progetti che trattano dei diritti dei lavoratori, della popolazione in generale, non scorrono veloci: si trascinano lenti di commissione in commissione, molte volte senza venire approvati. Gli effetti dannosi del finanziamento privato delle campagne elettorali – causa primaria di buona parte degli scandali di corruzione che hanno coinvolto politici – corrodono l’immagine dei partiti. 
In secondo luogo le manifestazioni rivelano che i grandi media hanno ottenuto il risultato di sedimentare nella coscienza di molti il disamore nei confronti della politica e, nel senso comune, contro la sinistra, demonizzandola. C’è una campagna sistematica contro la sinistra, specialmente contro due organizzazioni: PT e PCdoB. Una pressione conservatrice infesta la società, particolarmente la gioventù, esplorando con abilità i mali dell’attuale sistema politico per distanziarla dalla sinistra, dalla militanza rivoluzionaria. 
Anche se vi erano presenti contraddizioni, le proteste di giugno hanno provocato una nuova situazione politica nel Paese che, se ben guidata, avrebbe potuto portare importanti avanzamenti. Esempio di ciò è il fatto che la riforma della politica, una bandiera storica dei settori progressisti, ha acquisito forza ed è diventata all’ordine del giorno da quando si sono tenute le manifestazioni. E’ necessario approfittare di questo “grido” proveniente dalle strade per avanzare nelle riforme strutturali e democratiche sul terreno della sovrastruttura politica. 
La principale sfida della sinistra, in questo momento, è vincere la scossa politica e ideologica generata dalle manifestazioni, combattendo le manipolazioni e il controllo che i grandi mezzi d’informazione intendono esercitare, smascherando le forze conservatrici che tentano di approfittarsi delle proteste per imporre la propria agenda golpista e reazionaria.
Possiamo affermare che la Presidentessa Dilma Rousseff, a poco a poco ed in un tempo relativamente breve, recupera quel prestigio politico che ha sofferto un colpo a causa delle manipolazioni realizzate dai grandi media. Questo recupero è il risultato dell’atteggiamento democratico e delle misure concrete che ha adottato per rispondere alle richieste provenienti dalle strade. Ma la lotta continua. Solamente nel 2014, nelle elezioni presidenziali, si vedrà chi ha sconfitto chi.

3) Qual’è l’opinione del suo Partito in merito agli importanti investimenti realizzati per lo svolgimento della Coppa del Mondo?

Dal 2003, primo anno del governo Lula, e per la prima volta nella storia della Repubblica, un leader del PCdoB è responsabile del Ministero dello Sport e noi riteniamo anche un nostro merito il fatto che il Brasile ha conquistato l’onore di ospitare grandi eventi sportivi come la Coppa del Mondo 2014 e le Olimpiadi del 2016.
Come sarebbe occorso in qualsiasi altro Paese, il governo brasiliano ha investito in opere di infrastruttura urbana al fine di garantire che gli eventi si svolgano nel miglior modo possibile. La maggior parte di queste opere sono estremamente importanti per queste città e sarebbero state realizzate anche se il Paese non avesse ottenuto lo svolgimento della Coppa del Mondo. Sono opere urbane, finalizzate alla mobilità. Inoltre vi sono investimenti per lo sviluppo dei servizi turistici e del commercio.
Il finanziamento offerto all’iniziativa privata per la costruzione degli stadi è offerto anche per altri settori dell’economia. Nel caso degli stadi, non ci sono risorse a carico del bilancio federale. Vi sono prestiti offerti dal governo, che saranno ripagati.

4) Quali sono le principali iniziative messe in atto dal Ministero dello Sport, al cui vertice vi è Aldo Rebelo del Partito Comunista del Brasile? Come giudicate l’operato del ministro?

Questa è una domanda per la quale sarebbe necessaria una risposta molto lunga, in quanto in dieci anni le iniziative del Ministero dello Sport sono state molteplici e finalizzate a implementare una politica nazionale dello sport ed a far crescere lo sport nel Paese. E non soltanto questo, i comunisti hanno dato un grande contributo in diversi settori, e l’azione politica del PCdoB e delle organizzazioni da esso dirette rappresentano una base fondamentale per mantenere e fare avanzare l’attuale ciclo progressista nel Paese. 
Competenza, onestà, zelo e rigore nell’amministrare la cosa pubblica sono condotte coltivate da tutti i comunisti che esercitano responsabilità di governo. La linea di comportamento nell’amministrazione pubblica è di non voltare mai le spalle al popolo, e governare con la sua partecipazione, rispettare e incentivare le sue lotte e movimenti; governare per dare risposte ai problemi ed alle domande del presente per elevare da subito la qualità di vita della popolazione. Ogni realizzazione è associata al corso ed al percorso tracciati dal suo Programma Socialista.
In particolare nel settore sportivo, il contributo del PCdoB ai governi Lula e Rousseff ha aiutato a promuovere il rafforzamento dello sport in Brasile, mediante una politica nazionale che coinvolge la sua dimensione sociale ed economica attraverso leggi di incentivo, programmi e politiche pubbliche. 
Il Ministero dello Sport si è impegnato in un importante lavoro per far assegnare la Coppa del Mondo 2014 e le Olimpiadi del 2016 al Brasile, e oggi, è responsabile per la preparazione ed il futuro successo di questi grandi eventi
Ovviamente il ministro Aldo Rebelo, quadro dirigente del PCdoB è una delle principali personalità politiche della Repubblica, imprime al suo attuale compito doti che gli sono proprie, come ampiezza di visione politica ed efficienza amministrativa.

5) Quali ritiene siano oggi le principali misure che il governo guidato da Dilma Rousseff dovrebbe prendere?

Le nostre proposte per far avanzare il governo sono strutturate su tre pilastri fondamentali: più democrazia, più sviluppo e progresso sociale. Queste questioni fondamentali sono state lungamente affrontate nelle tesi che stiamo dibattendo nel corso del 13° congresso nazionale del PCdoB e sono fortemente vincolare al Nuovo Progetto Nazionale di Sviluppo
Nella nostra ottica la lotta per la realizzazione di questo Progetto è la strada attraverso la quale, nel caso brasiliano,le forze rivoluzionarie accumulino forze nel cammino per la conquista del socialismo
Tra le molte sfide del presente segnalo la necessità di riforme strutturali, tra queste la democratizzazione dei mezzi di comunicazione, oggi dominati da un oligopolio reazionario, e la riforma politica con cambiamenti profondi e democratizzanti nel sistema della rappresentanza politica e nelle regole elettorali. In questa questione in particolare,segnaliamo il nostro impegno per la fine del finanziamento privato alle campagne elettorali e per l’adozione esclusivamente del finanziamento pubblico. Sosteniamo inoltre la riforma del potere giudiziario e cambiamenti che rendano più equilibrato il sistema tributario, come la tassazione delle grandi fortune e migliore distribuzione delle risorse ripartite tra gli enti federali. Anche l’amministrazione e la struttura dello Stato necessitano di riforme, così come il regime di proprietà della terra. Segnalo inoltre la riforma delle città e le riforme dell’istruzione e della sanità.

Alla radice di tutto ciò vi è però la sfida di dare un nuovo corso all’economia, con un nuovo ciclo di sviluppo economico stimolato principalmente dagli investimenti e non dal consumo. Uno sviluppo ambientalmente sostenibile, avanzato tecnicamente e scientificamente che valorizzi il lavoro e la distribuzione del reddito. Ciò implica, tra le altre misure, la necessità di adottare un nuovo quadro di politica monetaria, dei tassi di cambio e fiscale, spazzando via una volta per tutte i dettami neoliberali ancora presenti nella politica macroeconomica del governo.

6) Nei mezzi di comunicazione si parla insistentemente di un possibile ritorno di Lula come candidato alle prossime elezioni presidenziali. Vi è una qualche possibilità che ciò accada? In merito qual’è l’opinione del PCdoB?

L’ex presidente Lula è, senza alcun dubbio, tra i principali leader politici che il Brasile ha avuto. Il suo governo è considerato da molti analisti come il migliore tra quelli avuti dal Brasile. Il suo contributo alla costruzione di un Brasile più giusto e sovrano è incontestabile. Ciò farà di lui, sempre, un nome destinato ad essere ricordato in qualunque elezione presidenziale.
Ma lo stesso Lula ha smentito qualunque possibilità di una sua partecipazione alle elezioni presidenziali del 2014. La sua candidata è Dilma, che deve essere rieletta con ampio appoggio. Come abbiamo sottolineato, il calo di popolarità della Presidentessa, a seguito delle manifestazioni, si è ora invertito come dimostrano recenti ricerche. Il fatto è che le manifestazioni di giugno hanno scosso la fiducia di alcuni settori di base del governo che, in forma avventata e miope hanno ventilato l’ipotesi di Lula candidato nel 2014. La nostra opinione è che si tratti di un errore politico che contribuisce solamente ai piani dell’opposizione. Il momento adesso è di rafforzare l’autorità e il governo della Presidentessa Dilma. 
Il PCdoB è convinto della necessità di continuare questo ciclo progressista iniziato nel 2003, con una nuova vittoria del popolo nel 2014. Per questo è necessario, attorno ad un programma politico più avanzato, costruire un’alleanza politica ampia, maggiormente guidata dal campo politico della sinistra e dai movimenti sociali.

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