Chavistas contra chavistas

Immagine correlatapor Néstor Francia

Para acercarnos al tema de hoy, es bueno que sepa el lector que han continuado los asomos de sutiles coacciones y presiones que tratan de limitar mi libertad de pensamiento y expresión, provenientes todos de individuos vinculados a los aparatos pesuvistas y gubernamentales. Muchos que han sufrido estos procedimientos han terminado por saltar la talanquera o convertirse en “disidentes”. Yo no voy a hacer cosas tan deshonrosas o inútiles. A estas alturas de mi vida no voy a borrar mi historia personal lanzándome a los brazos de la derecha, ni voy a juntarme con grupúsculos que aspiran al poder político sin aptitudes para alcanzarlo.

En primer lugar, porque quiero mantenerme al lado de quienes integran la minoría más numerosa y activa, que apoya a Maduro a pesar de los pesares, la mayoría de los cuales son gente patriota, luchadora, honesta, decente, amorosa, agradable. Es en esa gente, y no en el Gobierno (donde muchos de ellos trabajan), ni en el PSUV (donde muchos de ellos militan), ni en la derecha, ni en los “disidentes”, donde anida la esperanza de mi país. En segundo lugar, porque no aspiro a ningún liderazgo político, me basta y me sobra (de verdad, a menudo me sobra) la pizca de poder social que he alcanzado y que ha permitido que un artículo escrito por mí me convierta en uno de los protagonistas de debates impostergables. De manera que yo no me voy de este lado, seguiré pegado a la Revolución Bolivariana como una ladilla china.

Para terminar este introito, diré que al fin y al cabo la absoluta mayoría de quienes me presionan con distintos niveles de sutileza, son más jóvenes que yo (lo cual es cada vez más fácil, mientras el tiempo pasa), así que me asumo como un tío fastidioso que debe lidiar con unos queridos sobrinos que deberían aprender a controlarse. No voy a impacientarme por vainas de muchachos. Paciencia es la palabra clave.

Bien, ahora vamos por el lomito. Existe un instrumento virtual y muy latoso que se llama el “chavómetro”, con el cual se intenta determinar, desde distintas ubicaciones, quien es más o quien es menos chavista entre los mortales. Cuentan con el auxilio de algo que es denominado el “legado de Chávez”, un plato que cada quien adoba a su gusto. Hay quienes dicen ser los auténticos hijos de Chávez, mientras los demás no somos más que unos bastardos. Yo, que no quiero que me sigan poniendo en medio de toda esta pendejada, voy a decirlo de una vez, a ver si me dejan quieto: yo no soy chavista, aunque sí soy chavista. Se preguntará el lector: ¿qué le pasa a este tipo? ¿Es no es? ¿Está confundido o quiere confundirme? Y tendrá razón, así que me voy de explicación.

Yo creí ser muchas cosas en la vida. Creí ser marxista, leninista, maoísta, fidelista, guevarista, douglista (fan de Douglas Bravo), chavista. En algún momento, no hace mucho, fui comprendiendo, en la medida en que supe que me restaba menos de la cuarta parte de mi existencia (hoy menos de la quinta parte) que debía ajustar cuentas conmigo mismo y aprovechar cada segundo que me quede para vivir intensamente y a plenitud, y sobre todo REALMENTE mientras pueda. Esto hizo que mi mente se fuese abriendo al mundo externo, a lo que está fuerade mí. Ha sido un proceso progresivo, difícil, en el que he tenido que contradecirme, desdecirme, negarme y empequeñecerme. Entre las cosas que he asumido está la convicción de que ningún sistema de ideas (ninguna ideología) es capaz de abarcar la infinita complejidad del universo, de la sociedad, del individuo. Ningún “ismo” intelectual está libre de error, de limitaciones, de imposibilidades. Mucho menos si ese “ismo” es referido a un individuo, por más grande y admirable que este sea.

Marx predijo eventos que no ocurrieron (como que la revolución se daría primero en países altamente industrializados, como Alemania e Inglaterra en el siglo XIX), las ideas de Lenin no pudieron evitar lo que ocurrió después de su muerte en la Unión Soviética, Mao vio como su heredero designado, Hua Kuofeng, fue defenestrado poco después del fallecimiento del aquel líder histórico chino, el Che falló en sus predicciones sobre la guerra de liberación en América Latina, Chávez erró en unas cuantas cosas (no lo digo ahora, lo dije en artículos críticos que escribí durante sus mandatos y que conforman una lista, y que están a la orden de quien esté interesado), Fidel reconoció públicamente los aspectos erráticos de la Revolución Cubana. Dejé de último a Fidel porque quiero valorar una de sus instrucciones finales, que rubrica su grandeza y hace honor a su visión de la vida: que no se pusiera su nombre a nada en Cuba, ni a una escuela, ni a una calle, ni a una barriada, y que no se inundara a Cuba con su imagen. Una manera de poner en su justa dimensión el papel del individuo, por más relevante que este sea en vida. Por supuesto, el pueblo cubano no lo olvidará, pero tampoco lo adorará como a un Dios ni fundará una religión “fidelista”. Deberá seguir adelante con sus propias mentes y fuerzas, asumiendo sus propios y cambiantes desafíos, no se escudará en un nombre para vivir de un dogma estigmatizador. Eso es al menos lo deseable.

Ahora bien ¿existe el chavismo? Claro que sí, pero no es una ideología sino una cultura. No es un sistema cerrado de ideas sino un conjunto abierto de valores espirituales, una forma profunda de ser. Chávez basó sus propias ideas no en un recetario individual ni en un sistema hermético, sino en una multiplicidad de pensamientos y conceptos entreverados: Bolívar, Zamora, Robinson, Cristo, Marx, Mariátegui, Fidel, el Che, en un transcurso en el que su pensamiento fue transformándose y a veces contradiciéndose (llegó a promover intensamente, en los inicios de su mandato, un libro prescindible: El oráculo del guerrero).

Es chavista el honesto, no el corrupto, así este tenga un guardarropa atiborrado de camisas rojas. Es chavista el humilde, no el prepotente que se cree más poderoso que los demás así grite a diario “Chávez vive, la Patria sigue”. Es chavista el inconforme, no el comodón que se aferra a los pequeños logros y a las mieles del poder así no se pierda un acto de Maduro. Es chavista el creativo, no el que ata su mente a ideas fijas y a frases hechas así tenga enmarcado su carnet del PSUV. Es chavista el amoroso, no el que irrespeta a su compañero (a) y a sus hijxs así se sepa de memoria el Plan de la Patria. Es chavista el estudioso, no quien se conforma con titulares de prensa y discursos repetidos así vea todas las semanas “Con el mazo dando”. Es chavista el demócrata participativo, no el burócrata así se pase todo el día viendo VTV. Es chavista, por supuesto, el patriota, no quien dice defender la Patria y acumula dólares en secreto aunque ondeé la bandera nacional cuando asiste a una marcha.

Pero en esa cultura tampoco sirve el chavómetro, porque también persiste la vieja cultura, la cultura adeca, conviviendo con la nueva cultura, y este conflicto vive también al interior de cada uno de nosotros. He visto Constituyentes coleándose en una fila: vivarachismo adeco. He visto chavistas botando un vaso de plástico en la calle, vive-la-pepismo adeco. El chavista que se roba un lápiz de su oficina, el que ofende a su mujer porque él es macho, el que bachaquea “por necesidad”, el que se cree el más chévere del mundo y no acepta una crítica, todos manejan valores de la cultura adeca. Los valores adecos bullen en nosotros y estamos en lucha todos los días para defender y hacer crecer el chavismo verdadero, incluso dentro de nosotros mismos: el chavismo cultural, el que nos pertenece a todos y no a algún grupo en posiciones de mando, por más poderoso que sea, ni a algún partido por más fuerza de masas que tenga.

Il popolo venezuelano decide

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Elezioni presidenziali in Venezuela

Nel mirino dell’aggressione imperiale statunitense  

Domenica prossima, 20 maggio 2018, si terrà in Venezuela una nuova elezione presidenziale: la quinta dalla vittoria di Hugo Chávez nel 1998 e la seconda dopo la sua dipartita nel 2013. Il processo della cosiddetta Rivoluzione Bolivariana si trova di fronte, ancora una volta, a una prova decisiva.

Si svolgerà in un contesto caratterizzato dall’intensificazione dell’interventismo imperiale promosso dal governo di Donald Trump e dai suoi effetti di destabilizzazione economica e crescente bellicosità di gran parte dell’opposizione, che oggi si esprime nella realizzazione di una campagna interna ed esterna, tesa a ostacolare, frustrare, delegittimare o ignorare le prossime elezioni.

Un contesto caratterizzato anche da difficoltà socio-economiche. E dal recupero dell’iniziativa democratica del governo di Nicolás Maduro, che ha ratificato, a partire dal voto per l’Assemblea Nazionale Costituente a metà 2017, la sua capacità di mobilitare il sostegno popolare.

(Le elezioni) sono tenute anche in un momento di avanzamento dell’offensiva neoliberista su scala regionale e globale, che promuove una trasformazione strutturale regressiva all’insegna di un rinnovato ‘Washington Consensus’ e che comprende i processi di integrazione a cui il Venezuela bolivariano ha contribuito in modo significativo, come dimostrato dal recente ritiro di sei governi conservatori dell’America Latina dall’UNASUR.

Nelle diatribe incentrate sulle elezioni venezuelane, quelle di maggio (prossimo) condensa le complessità, i conflitti e le sfide che si trovano ad affrontare i progetti di sovranità, giustizia e democrazia nella Nostra America. Nelle note che seguono presentiamo una riflessione introduttiva su quanto esposto; così, alla fine del documento sono indicati altri testi e portali che possono essere consultati per approfondire l’argomento.

1. La democrazia venezuelana sotto assedio

Dalla fine del 2015, il confronto tra Chávez e l’opposizione, con il trionfo di quest’ultima nelle elezioni parlamentarie – si è proiettato a livello statale come conflitto tra il potere esecutivo e il parlamento. Con l’elezione del governo Trump nei primi mesi del 2017, questa forma di contestazione socio-politica ha conosciuto una nuova modalità, scatenando un processo di crescente violenza di strada guidato da alcuni settori dell’opposizione, che cercano di estromettere a tutti i costi il ​​governo di Nicolás Maduro, ripetendo i passaggi del cosiddetto ‘golpe morbido’. Manifestazioni, attacchi a edifici pubblici, blocchi stradali e di quartieri, barricate, crimini d’odio contro i presunti chavisti, saccheggi, azioni paramilitari,repressione della polizia, sono stati in scena, a vari livelli, per 120 giorni, da aprile a giugno, con la tragica conseguenza di 125 morti.

La risposta governativa a questo conflitto ha consistito nel promuovere l’iniziativa democratica. In primo luogo, con l’indizione di elezioni a maggio per votare un’Assemblea Nazionale Costituente che, a metà anno e anche con il boicottaggio dell’opposizione, hanno avuto una partecipazione del 41,5% dell’elettorato, dato rilevante in un paese in cui il voto non è obbligatorio.Ed è continuata con la realizzazione delle elezioni regionali nel mese di ottobre, in cui è intervenuta una parte dell’opposizione. Con un’affluenza alle urne di oltre il 60% degli iscritti, il chavismo ha vinto 18 governatorati sui 23 in gioco, andando i cinque rimanenti alle cinque forze dell’opposizione, mentre a livello comunale, secondo i risultati del Consiglio Nazionale Elettorale, il CNE- il Chavismo ha preso il 54% dei voti.

In questa stessa direzione, l’Assemblea Costituente ha deciso a gennaio di quest’anno di anticipare la data delle elezioni presidenziali. Formulata da rappresentanti del partito al governo, a causa del boicottaggio dell’opposizione, la decisione includeva la richiesta delle stesse forze avversarie. L’indizione delle elezioni presidenziali ha quindi rivitalizzato il tavolo di dialogo tra il governo del presidente Maduro e l’opposizione, con la mediazione, tra gli altri, dell’ex-presidente spagnolo Rodriguez Zapatero. Tuttavia, come sottolinea Atilio Boron, quando l’accordo tra i due era quasi completato e stava per essere annunciato, l’opposizione ha interrotto i negoziati presentando nuove richieste (Boron, 2018). Il sabotaggio dell’accordo, stimolato dal governo di Donald Trump, ha ispirato anche, a quanto riferisce Boron, una lettera pubblica in cui Zapatero ha espresso sorpresa e invito a riprendere il dialogo (Rodriguez Zapatero, 2018).

Nonostante il nuovo boicottaggio promosso dall’opposizione su incitazione del governo degli Stati Uniti, cinque candidati si sfideranno nelle elezioni presidenziali del 20 maggio in Venezuela. Da una parte, Nicolás Maduro, per il Partito Socialista Unito del Venezuela e i suoi alleati; dall’altra, Henri Falcón, l’ex-governatore di Lara e principale rappresentante dell’opposizione, sostenuto da Avanzata Progressista, dal Movimento al Socialismo (MAS) e da una frazione del tradizionale COPEI (Partito Social-Cristiano); inoltre, Reinaldo Quijada, dell’Unità Política Popolare 89 si presenta come un’opzione nello spazio della rivoluzione bolivariana; l’imprenditore della carta Luis Alejandro Ratti come candidato indipendente; e, infine, Javier Bertucci, per il partito Esperanza por el Cambio, che guida anche la chiesa evangelista Maranatha.

A loro volta, le forze partecipanti hanno firmato un accordo che ha stabilito le linee guida che devono essere garantite dal CNE. Tra le più salienti: la richiesta all’ONU di inviare una missione di osservatori, la realizzazione di verifiche dell’intero sistema elettorale con specialisti internazionali e l’equità nell’accesso ai media pubblici. In larga misura, il valore del risultato finale dipenderà dal numero di persone che partecipano alle votazioni. Come è successo in altre occasioni, il Chavismo è costretto a prendere le elezioni come un’impresa popolare; non può perdere voti né a causa della smobilitazione, né per eccesso di fiducia. Al contrario, la candidatura di Falcón dipende dal sostegno che ottiene dai settori anti-chavisti duri, che sono divisi tra il boicottaggio e la partecipazione; e da quanto possa rappresentare coloro che continuano a trovarsi in una posizione meno polarizzata. Inoltre, lo stesso andamento della campagna elettorale, lo svolgimento delle elezioni e la loro supervisione, il riconoscimento dei risultati sono sotto assedio, nel quadro di questa guerra non convenzionale che si svolge sul Venezuela (Teruggi, 2018).

2. La guerra non-convenzionale: si stringe l’assedio militare ed economico

Dopo la globalizzazione neoliberista degli anni ’90 e le sue idilliache promesse pacifiche sulla fine della storia, lo spiegamento delle trasformazioni neoliberiste degli ultimi decenni è stato sempre più colorato dalla violenza. Così, gli interventi imperiali in Afghanistan e in Iraq e i loro effetti regionali di militarizzazione delle relazioni sociali hanno significato l’emergere di un neoliberismo di guerra (Gonzalez Casanova, 2002) e la politica promossa dal governo di Donald Trump è sfociata nell’uso della supremazia geopolitica e militare degli Stati Uniti, per contrastare il loro declino economico (Katz, 2018).

In modo analogo, nel recente passato, come indicano Ceceña e Barrios, la fascia petrolifera del pianeta è stata invasa da guerre, anche di caratteristiche diverse, che segnano una zona di interventi militari e imperiali dispiegati chiaramente lungo il percorso del petrolio (Ceceña e Barrios, 2018). Con una delle riserve di idrocarburi più importanti del pianeta, il Venezuela non può essere escluso da questa mappa di ricolonizzazione e violenza. Come ci ricorda João Pedro Stedile, membro del Coordinamento Nazionale del Movimento dei Lavoratori Rurali Senza Terra (MST) del Brasile, ‘in fondo, la disputa non è per contestare il Governo Maduro, la disputa è per la rendita petroliera, che durante tutto il secolo XX è stata gestita a tempo indeterminato dalle compagnie statunitensi e da una minoranza di oligarchi venezuelani, che vivevano come marajás… e tutto ciò è finito’ (Stédile, 2017).

Negli ultimi mesi, nel contesto dell’iniziativa democratica cui abbiamo fatto riferimento in precedenza, gli investigatori Ceceña e Barrios sottolineano il rafforzamento dell’assedio militare in Venezuela con il dispiegamento di strutture, basi, esercitazioni e accordi operativi di coordinamento; in particolare, la recente esercitazione ‘AmazonLog 17’, che ha visto la partecipazione di militari brasiliani, colombiani e peruviani, ha contato con la presenza dichiarata di truppe degli Stati Uniti nella regione centrale del Sud America (Ceceña e Barrios, 2018).

Ma le nuove guerre, quelle che i manuali del Pentagono hanno battezzato come ‘guerre non convenzionali’, non sono intraprese solo con le forze militari, né presuppongono lo scontro e la negoziazione tra Stati. Le guerre del XXI secolo, sostiene Ceceña, hanno la particolarità che a volte sembrano mobilitazioni per i diritti dei cittadini, utilizzano una strategia di spettro completo in cui l’intervento multidimensionale abbraccia tutte le dimensioni della vita sociale e del territorio, con l’idea di combinare tutti i meccanismi simultaneamente e senza riposo (Ceceña, 2018).

I ricercatori venezuelani Serafino e Vielma hanno messo in evidenza questo aspetto della guerra non convenzionale, che cerca di adattarsi a tutte le condizioni e/o agli scenari del paese sotto assedio e di smantellare tutte le istituzioni e pratiche collettive che sono ostacoli al processo di accumulazione economica perseguito, anche imponendo ‘una dinamica della violenza quotidiana funzionale sia alla globalizzazione neoliberista che alle economie illegali e al capitale straniero’ (Serafino, Vielma e Borges, 2018). Questa significa la distruzione del tessuto sociale stesso, dei legami collettivi, anche con la promozione del caos e l’uso della dottrina dello shock (Klein, 2007).

Ricordiamo che nella lunga storia del processo bolivariano, il popolo e il suo governo hanno subito ogni tipo di offensiva da parte dei capitalisti internazionali e dell’oligarchia locale. In un certo modo, tutte le tattiche che sono state applicate con successo in altri paesi sono state sperimentate in Venezuela (Stédile, 2017). Dal colpo di stato tradizionale del 2002,che ha rimosso solo per pochi giorni Chávez dalla Presidenza, per poi arrivare a perseguire la sua eliminazione fisica – come nel caso di Torrijos – secondo gli indizi che abbiamo oggi, che la sua malattia è stata indotta. Dalla promozione del ricatto economico, alla carenza di materie prime e alla crisi economica – che furono, tra l’altro, provocati per destabilizzare il governo di Allende in Cile -; fino all’uso della violenza, delle barricate e degli assassini selettivi per generare paura e terrore, come sperimentato nel caso dell’Ucraina. E ora il blocco economico, finanziario e commerciale, in modo simile a come è stato implementato in Iran, tra gli altri (Stédile, 2017). Nell’esperienza venezuelana, queste tattiche non sono riuscite contro la forza e la convinzione dimostrata dai settori popolari e, d’altra parte, il governo ha visto aumentare il consenso elettorale alle ultime elezioni; ciò che indica quanto il potere popolare sia stato la migliore e unica difesa del processo bolivariano.

Serafino e Vielma, nel libro già citato, prende in esame i processi di guerra economica, verificati a partire dal 2013 e hanno incluso l’attacco alla moneta, la creazione di una moneta parallela, la stimolazione della scarsità e dell’inflazione, il consolidamento di una sofisticata strategia di accerchiamento finanziario e di sabotaggio della distribuzione di prodotti di base. A partire dal 2015, il blocco economico è stato approfondito con il decreto esecutivo sancito dal presidente Obama, che dichiarava il Venezuela una minaccia alla sicurezza nazionale e alla politica estera degli Stati Uniti e che ha assunto una dimensione maggiore a partire dal 2017, in questo ultimo periodo di iniziativa democratica. Così, il governo Trump ha ampliato il campo di applicazione del detto decreto e, nel mese di agosto dello scorso anno, ha adottato per la prima volta sanzioni finanziarie contro il governo venezuelano, che influenzano l’emissione di titoli dello Stato e della compagnia petrolifera (PDVSA); misure che sono state copiate un mese dopo dall’Unione Europea. In quest’ottica dell’assedio economico e finanziario, lo strangolamento dei finanziamenti internazionali ha cercato di spingere verso il default del paese e della grande impresa statale, motore dell’economia locale. Allo stesso modo, il blocco economico da parte del governo Trump ha praticamente paralizzato il commercio estero basato sul dollaro, sospendendo i conti delle aziende statali venezuelane negli Stati Uniti, ostacolando i loro depositi e transazioni bancarie, imponendo sanzioni agli imprenditori che negoziano con il Venezuela e, addirittura, vietando alle compagnie di navigazione di utilizzare i porti venezuelani. Un blocco navale, economico e finanziario di dimensioni particolari nella storia regionale, che ha cercato di abbattere ogni resistenza governativa e sociale.

3. Tra la guerra e la pace: difficoltà endogene, esperimenti e alternative 

Di fronte a questo approfondimento dell’assedio economico, il governo venezuelano ha risposto con nuovi accordi internazionali in merito al commercio e agli investimenti, in particolare con la Cina e la Russia; anche, in una direzione che propone di avanzare nella de-dollarizzazione dello scambio globale di idrocarburi. Allo stesso modo, nel dicembre 2017, ha lanciato la cripto-valuta Petro che, sostenuta dalle riserve petroliere e minerarie venezuelane, ha cercato di recuperare l’accesso ai finanziamenti internazionali. D’altro canto, la relativa ripresa dei prezzi internazionali del petrolio dalla metà del 2017 ha portato un certo sollievo alle finanze dello Stato e all’economia.

Sul fronte interno, la crisi economica ha preso la forma dell’inflazione, della carenza di cibo e della speculazione con le sue manifestazioni nel campo della diffusione del contrabbando (rivendita illegale di prodotti sovvenzionati) e le lunghe e diffuse code per acquistare beni di prima necessità e dei loro effetti in termini di privazioni, disordini sociali ed emigrazione. Espressione anche della sopravvivenza di una borghesia parassitaria, dei limiti delle politiche pubbliche e dell’irrisolto carattere dipendente delle importazioni dell’economia venezuelana e il peso del dollaro nel mercato interno. I limiti endogeni che aveva già sottolineato lo stesso Chávez nel cosiddetto ‘Plan de la Patria’, quando avvertiva affinché ‘non ci prendiamo per i fondelli: la formazione socio-economica che ancora prevale in Venezuela è di carattere capitalista e rentista’ e affermava la necessità di trascendere il modello rentista (Chávez, 2012).

Di fronte a queste emergenze, la creazione nel 2016 e la successiva estensione dei Comitati Locali di Fornitura e Produzione (CLAP) ha permesso negli ultimi anni di risolvere la ‘dura carenza che si poteva avvertire nei settori popolari’ e ‘rafforzare la rete di distribuzione pubblica del cibo in un contesto di guerra economica’ (Serafino, Vielma e Borges, 2018). D’altronde, quando lo sviluppo dei CLAP si è svolto all’insegna della solidarietà e delle pratiche popolari contro la crisi, lontane dal clientelismo, ha potenziato la ricostituzione dei legami collettivi che la guerra economica cerca di distruggere.

A questo livello, la rivoluzione bolivariana è stata anche fertile nella ricreazione di pratiche comunitarie di gestione economica e politica e nella realizzazione di un esperimento di democratizzazione nella vita sociale. In questa direzione, uno dei suoi migliori esempi è stato la costruzione e la promozione delle comuni o del cosiddetto potere comunale. Tuttavia, sostiene Reinaldo Iturriza, che ha avuto l’incarico, tra gli altri, di Ministro del Potere Popolare per le Comuni -, senza eccezioni, nel contesto del peggioramento della situazione economica, l’idea chiave del comunale, del potere popolare, è andata perdendo terreno, nonostante la sua importanza nella lotta con i poteri di fatto esistenti (Iturriza, 2017). D’altra parte, la rivoluzione bolivariana si è contraddistinta anche per la promozione di una pratica e programmatica che, trascendendo la matrice liberale dello Stato, ha realizzato il cosiddetto protagonismo democratico e partecipativo; il modo specifico di fare politica chavista che, secondo Iturriza, senza eliminare la tensione tra il vertice e il basso, ha promosso la crescente partecipazione e il rafforzamento del chavismo popolare e selvaggio.

In questa direzione, il rinnovamento e l’approfondimento dell’orizzonte democratico è stato uno dei contributi significativi che l’esperienza bolivariana e quella boliviana hanno apportato alle prospettive del cambiamento sociale sebbene, nell’ultimo periodo, le tensioni, gli squilibri e la sfiducia tra entrambe le forme di Chavismo tendessero a prevalere. (Iturriza, 2018). Una situazione che non si è verificata a scapito dell’unità che ha mantenuto il Chavismo in quanto tale, soprattutto in tempi di pericolo e di lotta, e del ruolo di coordinamento che, in questo contesto differente, ha svolto Maduro dalla presidenza. Pertanto, le misure adottate per promuovere le pratiche di democrazia popolare hanno contribuito a rafforzare il processo bolivariano; come lo ha fatto l’uso della televisione e dei social network, per informare e stimolare il dibattito popolare sui problemi e le sfide della congiuntura; la partecipazione popolare nei settori dell’edilizia abitativa e della scuola; e l’incoraggiamento della mobilitazione popolare e dell’occupazione permanente della strada e degli spazi pubblici (Stédile, 2017). 

4. In prospettiva

 Il prossimo 20 maggio le elezioni presidenziali in Venezuela decidono più di un presidente o di una direzione di governo. L’esperienza dell’offensiva neoliberale nella regione insegna fino a che punto i processi di disuguaglianza sociale, concentrazione di reddito e ricolonizzazione, che questa offensiva promuove, sono accompagnati da restrizioni della vita democratica e militarizzazione sociale. D’altra parte, di fronte all’assedio politico e mediatico promosso dalle potenze dominanti a livello globale, una vittoria elettorale non è sufficiente: al contrario, perfino l’interpretazione dei risultati e la loro legittimità e validità sono in discussione. Con le elezioni, si chiuderà una tappa, ma nulla fa prevedere che le ingerenze e l’assedio a cui è sottoposto il Venezuela finiranno. A questo punto, la storia non è solo lontana dall’essere conclusa, ma la sua risoluzione è ancora aperta all’azione dei popoli.

 

Per maggiori informazioni

Borón, Atilio 2018 “Sabotaggio alla democrazia venezuelana”, disponibile all’indirizzo http://www.atilioboron.com.ar/2018/02/sabotaje-la-democracia-en-venezuela.html

Ceceña, Ana Esther e Barrios, David 2017 “Venezuela invaso o assediato?”, disponibile su http://geopolitica.iiec.unam.mx/node/178

Ceceña, Ana Esther 2017 “Guerra civile in Venezuela?”, disponibile all’indirizzo https://www.alainet.org/article/186528

Chávez, Hugo 2012 Proposta del Candidato della Nazione. Comandante Hugo Chávez. gestione socialista bolivariana per il 2013-2019 (Caracas: PSUV), disponibile in http://blog.chavez.org.ve/programa-patria-venezuela-2013-2019/#.Wt4IZdTwbMw

González Casanova, Pablo 2002 “La democrazia, la libertà e il socialismo in tre alternative”, Journal NPO No. 8, Settembre (Buenos Aires: CLACSO), disponibile in http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/ 20110215062252 / 11casanova.pdf

Iturriza, Reinaldo 2017 “Governance, sindaci, procure e potere popolare”. Disponibile su http://supuestonegado.com/web/gobernaciones-alcaldias-poderes-facticos-poder-popular/

Iturriza, Reinaldo 2018 “Il futuro di Chavismo: scommettere sull’egemonia”, disponibile all’indirizzo http://www.rebelion.org/noticia.php?id=238228

Katz, Claudio 2018 “Trump esaspera il pantano americano”, disponibile su https://katz.lahaine.org/trump-agrava-el-atolladero-estadounidense/

Klein, Naomi 2007 “La dottrina dello shock. L’ascesa del capitalismo disastro” (Buenos Aires: Paidós)

Rodríguez Zapatero, José Luis 2018 “Lettera all’opposizione venezuelana e alla comunità internazionale”, disponibile all’indirizzohttps://www.aporrea.org/oposicion/n320777.html

Serafino, William, Vielma, Franco (ricercatori) e Borges Revilla, Gustavo (editore) “Radiografia di un paese sotto assedio. La guerra economica contro il Venezuela. Record degli anni 2015-2017” (Caracas: Misiónverdad.com)

Stédile, João Pedro 2017 “Siamo tutti in Venezuela!”, In Caros Amigos Magazine, n. 249, dicembre, disponibile all’indirizzo http://www.carosamigos.com.br/index.php/revista

Teruggi, Marco 2018 “Un mese prima delle elezioni presidenziali: i voti in tempo di guerra”, disponibile in https://hastaelnocau.wordpress.com/2018/04/22/a-un-mes-de-las-presidenciales-los-votos-en-tiempos-de-guerra/

 

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Marco Nieli]

Il Chavismo ha vinto in Venezuela

Nessun testo alternativo automatico disponibile.

La vitalidad del Chavismo

por Atilio Boron

Página 12, 16oct2017.- Pasada la medianoche del domingo la edición digital del diario Clarín (Buenos Aires) no decía una palabra sobre el resultado de las elecciones venezolanas. Su colega La Nación, en cambio, titulaba de la siguiente manera lo ocurrido en Venezuela: “Rotunda victoria del chavismo en las regionales, resultados que la oposición no acepta”. En un caso ninguneo absoluto de la noticia: el acontecimiento no existió; en el otro, manipulación de la noticia, porque el énfasis está puesto en el hecho de que, como era previsible, la oposición no aceptaba su derrota. El Nuevo Heraldo (Miami) es más cauteloso, y titula así: “Chavismo gana 17 de 23 gobernaciones; oposición venezolana denuncia posibilidad de fraude en elecciones.” Lo que se da como un hecho para La Nación pasa a ser una posibilidad de fraude para el periódico de Miami. El Nacional de Caracas también destacaba las 5 gobernaciones obtenidas por la MUD frente a las 17 del PSUV. Al terminar Al terminar de escribir estas notas aún no se había definido la situación del estado Bolívar, que de ningún modo podría alterar el paisaje electoral. En la Argentina casi todos los programas informativos de la mañana de hoy, lunes, oficialistas declarados o vergonzantes, sólo hablaban del fraude. Para fundamentar tan grave acusación entrevistaban a irreprochables informantes, todos ellos férreos opositores al gobierno bolivariano que decían, sin aportar una sola prueba, que las elecciones habían sido fraudulentas. Repito: para esos pseudo-periodistas -en realidad pérfidos agentes de propaganda de la derecha- los dichos de los rabiosos perdedores de ayer son evidencias más que suficientes para desechar el veredicto de las urnas.

Es obvio que el resultado registrado del domingo en Venezuela es un duro golpe para la derecha, no sólo de ese país sino de toda América Latina. Un revés para los planes golpistas y destituyentes obsesionados por derrocar a Nicolás Maduro y, de esa forma, apoderarse del petróleo venezolano que es lo único que le interesa a Washington. Ese resultado es, asimismo, un caso excepcional en donde un gobierno atacado con saña desde el exterior: guerra económica, ofensiva mediática, agresión diplomática (la OEA, gobiernos europeos, etcétera), amenazas de intervención del gobierno de Estados Unidos (declaraciones de Donald Trump, Rex Tillerson, Mike Pompeo, y otros personajes menores) y que provoca indecibles sufrimientos a la población logra prevalecer en las urnas. No recuerdo otro semejante en donde ante esta perversa constelación de factores desestabilizadores un gobierno haya salido triunfante en las urnas con una mayoría absoluta de votos, en torno al 54 por ciento. Una proeza similar la concretó Salvador Allende. Enfrentado a un ataque muy pertinaz aunque no tanto como el infligido a Venezuela, obtuvo un gran resultado en las elecciones de diputados de Marzo de 1973 al alzarse con el 44.2 % de los votos, impidiendo que la oposición de derecha alcanzara los dos tercios necesarios en el Senado para destituir al presidente chileno. Aún así, está lejos del guarismo obtenido por el chavismo. Y Winston Churchill perdió las elecciones convocadas con la finalización de la Segunda Guerra Mundial a manos del laborista Clement Attlee: 49.7 % contra 36.2 % de Churchill. Las penurias de una guerra, declarada o no, afectan negativamente a los partidos gobernantes y Churchill lo sufrió en carne propia, todo lo cual realza aún más la notable victoria obtenida por el chavismo en las elecciones regionales del día de ayer.

Por supuesto, como era previsible, la derecha habla de un fraude: ¿habrá habido tal cosa en el Zulia, en Táchira, en Mérida, en Nueva Esparta y Anzoátegui, donde triunfó la oposición? O sea, donde esta triunfó no hubo fraude sino un límpida consulta ciudadana; donde perdió, hubo fraude. Un disparate. Aquellos son estados muy importantes, y curiosamente el gobierno del “dictador” Nicolás Maduro aceptó el revés electoral sin chistar. El rechazo de la derecha y sus aliados fuera de Venezuela ante las reiteradas derrotas sufridas a manos del chavismo es una práctica viciosa que se arrastra desde que Hugo Chávez triunfara en los comicios presidenciales de Diciembre de 1998. Como es bien sabido, las relaciones entre la derecha y la democracia siempre han sido tirantes. Su historia es la historia de un matrimonio mal avenido que da pie a “una relación infeliz.” La primera acepta a la segunda sólo cuando la favorece, cosa que no ocurre con la izquierda que invariablemente aceptó el veredicto negativo de las urnas, como lo demuestra la historia venezolana en estos últimos 18 años. La victoria roja en el crucial estado de Miranda, arrebatado a Henrique Capriles, es todo un símbolo de la vitalidad del chavismo pese a las enormes dificultades que venezolanas y venezolanos enfrentan en la vida cotidiana como producto principal, si bien no exclusivo, de la fenomenal agresión externa. Por el tamaño de su electorado Miranda es el segundo distrito del país. Pero el chavismo también triunfó en Lara, Carabobo y Aragua, que son los tres que le siguen por la dimensión de su cuerpo electoral. Pero la derrota del oficialismo en la llamada “media luna”: Zulia, Táchira y Mérida, estados fronterizos con Colombia, es preocupante y no puede ser medida tan sólo en términos electorales. Allí anidan sectores animados por un fuerte espíritu secesionista que, si las condiciones internas llegaran a deteriorarse, podrían convertirse en una crucial cabeza de playa para facilitar alguna intervención foránea en Venezuela.

A pesar del sabotaje al proceso electoral y las denuncias anticipadas de fraude, lanzadas con el objeto de desalentar la participación popular en el comicio, el 61.14 % que acudió a las urnas –algo más de diez millones de ciudadanos- se ubica por encima del promedio histórico para este tipo de elecciones estaduales y constituyen motivo de envidia de más de un país cuyas credenciales democráticas jamás son puestas en cuestión por la ideología dominante. Por ejemplo, Chile, en donde en las últimas elecciones presidenciales participó, en el balotaje entre Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, apenas el 41.9 del padrón electoral. Pese a esto la canalla mediática no cesa de caracterizar al gobierno bolivariano como una “dictadura”. Muy extraña, como lo recordaba Eduardo Galeano: con elecciones cada año -22 con las que se celebraron el día de ayer- ¬y aceptando las derrotas cuando se produjeran. Sin duda, un duro rompecabezas para los politólogos y publicistas del establishment que tienen que vérselas con una rarísima “dictadura” adicta a las elecciones. Para resumir: el chavismo, que antes contaba con 20 gobernaciones pierde tres y retiene 17. Pero la recuperación de Miranda y Lara tiene un significado político muy especial porque se reconquistan dos baluartes desde los cuales la derecha planeaba relanzar sus aspiraciones presidenciales.

Lo que se viene no parece difícil de discernir. Desesperada por su frustración electoral un sector de la derecha, acicateada por sus amos estadounidenses, anuncia su voluntad de largarse por tercera vez a “calentar las calles” y apostar a la violencia criminal como forma de acabar con el chavismo. Cosa que habrían hecho de todas maneras porque un triunfo como el que se les escapó de las manos y que anhelaban con tanta (infundada) esperanza los habría envalentonado para “ir por más” y exigir la renuncia de Maduro y un llamado anticipado a elecciones presidenciales. O sea, desconocimiento de las elecciones cualesquiera fuesen sus resultados. Como perdieron su debilísimo espesor democrático se habrá licuado por completo y –ojalá me equivoque- seguramente veremos el súbito resurgimiento de la ola terrorista que asoló el país durante más de tres meses. En tal caso, será responsabilidad indelegable del gobierno garantizar el orden público aislando a los sectores terroristas y evitando que, con sus desmanes y su “intransigencia”, se pongan a la cabeza de la oposición. Pero para que tal cosa no ocurra será necesario no sólo impedir con energía la irrupción de la violencia sino también fortalecer los canales de diálogo con las fuerzas políticas que apostaron a la institucionalidad democrática y que conquistaron el gobierno en cinco estados. Venezuela no puede volver a transitar por la pesadilla padecida entre Abril y Julio del corriente año. Su pueblo no merece la reiteración de tamaño castigo y la revolución bolivariana no debe volver a transitar al borde del abismo como ocurriera durante aquellos aciagos meses. En suma: una importante victoria del chavismo, logros significativos de la oposición en algunos estados de gran importancia económica y geopolícia, y la esperanza de que, esta vez, se evite la recaída en el espiral de la violencia política persistentemente promovido por la derecha, con el impulso que le ofrece la Casa Blanca y la complicidad de las oligarquías mediáticas que desinforman y des-educan a las poblaciones de Nuestra América.

Chavismo e intolerancia

L'immagine può contenere: 3 persone, persone che sorridonopor Néstor Francia 

Análisis de Entorno Situacional Político

Viernes 02 de junio de 2017

Chavismo e intolerancia

La controversia es una de las cosas más interesantes de la política (íbamos a escribir “más sabrosas”, pero decidimos ponernos un poco más graves). La actitud del “yes-man”, tan aborrecida por algunos capitanes de industria, es muy común en los parajes de la acción política, porque suele rendir beneficios que a menudo son una especie de pago por una supuesta lealtad que no es tal. La adulación, la obsecuencia, es una de las manifestaciones más dañinas de la mediocridad. Peor aun cuando esas lacras se juntan con la hipocresía de aquel que critica a hurtadillas pero se muestra conforme en público, fauna que abunda en el chavismo. Lo decimos porque lo sabemos, lo vivimos, lo vemos y lo sufrimos todos los días.

En el caso de la Constituyente, hay muchas dudas y críticas al nivel de algunos cuadros medios chavistas. No todos están de acuerdo con que no haya referéndum convocatorio, otros no ven con buenos ojos las bases comiciales. Nosotros, que no somos tan legalistas y padecemos de mayor malicia, tenemos menos pruritos en ese sentido. Creemos que la dirigencia chavista tiene todo el derecho político de acudir a algunas mañas para sostenerse en el poder, porque ha vivido sometida, desde que Chávez asumió por primera vez la Presidencia, a una gran trampa armada por el imperialismo, que se ha manifestado en golpe de Estado, sabotaje petrolero, sabotaje económico, violencia callejera, manipulación mediática, acoso internacional. Con el imperialismo y sus cipayos no podemos entendernos “como caballeros sino como lo que somos”, como decía el gran Cantinflas.

Ahora, eso es una cosa y otra es la desmedida intolerancia que suele mostrar el chavismo en algunas circunstancias. Esto se ha agudizado por la situación de violencia terrorista que se está viviendo en el país. El chavismo tiene en estos días la piel especialmente sensible, lo cual entendemos aunque no justificamos.

Lo cierto es que han comenzado a aparecer posiciones desde factores que se definen como chavistas y que difieren de aquellas que presenta la alta dirigencia del PSUV. La más mediática de todas es la de Luisa Ortega Díaz, la Fiscal General de la República, que sin duda está haciendo oposición al Gobierno, lo cual es su derecho, por más que moleste a quienes hicieron posible que ocupe ese cargo. Pero esto último no es algo que deba condicionar sus posiciones políticas, no se puede pretender “cobrar” de esa manera un apoyo político.

Pero no es solo ella, la lista ha crecido en distintas dimensiones. Hay quienes difieren de la idea global de convocar a Constituyente, como la propia Fiscal y Gabriela Ramírez, además de William Ojeda y el diputado Germán Ferrer. Otros tienen diferencias parciales, como Juan Barreto, quien se ha mostrado favorable a que la convocatoria incluya un referéndum popular, lo mismo que Eustoquio Contreras. Y también habría que sumar al ex Fiscal Isaías Rodríguez, quien ha dicho que habría que hacer un referéndum aprobatorio de las decisiones de la Constituyente, aunque es justo decir que esta idea ha sido acogida ayer por el presidente Maduro. Todas esas controversias deberían verse como naturales sino estuviésemos en una situación de polarización que estimula altos grados de intolerancia. Ahora bien, nosotros nos oponemos a esos asomos de intolerancia extrema sobre todo porque no sabemos que nos depara el futuro ¿Está descartado que en algún momento del futuro compartamos trinchera con quienes hoy se nos alejan o se diferencian de nuestras posiciones? No lo descarto con personas con las que el chavismo muestra intolerancia, pero que conozco desde hace tiempo y con quienes he compartido afanes políticos, y sé que tienen su corazoncito patriótico, como Vladimir Villegas, Luisa Ortega Díaz y Germán Ferrer.

Como dicen los mexicanos, me late que en caso de una invasión extranjera a esta tierra, por ejemplo, todos ellos se verán unidos conmigo. Si ese momento llegara, no me gustaría haberlos llamado traidores o hijos de la chingada (es una forma de decir lo que el lector seguramente se imagina) ¿Acaso no ha pasado ese tipo de cosas en esta Revolución? Veamos.

En el año 2000, Francisco Arias Cárdenas fue el candidato único de toda la derecha contra Hugo Chávez. En la campaña, Arias llegó a comparar al Comandante con una gallina. Después volvió al chavismo y hoy es el gobernador chavista del estado más importante de Venezuela.

Herman Escarrá, copeyano de origen (lo cual no es ningún pecado, el padre de Chávez también lo es), fue presidente de la Constituyente de 1999, pero después se alejó del chavismo, llegó a interponer recursos en el Tribunal Supremo de Justicia contra las actuaciones del Comandante, llamó a desconocer al gobierno en diciembre de 2007 con una marcha sin retorno a Miraflores, apoyó, como parlamentario, un llamado a paro indefinido después de las expropiaciones en el Sur del Lago de 2010 y describió en 2010 a la Ley de Comunas y el Parlamento Comunal como ‘un golpe de Estado a la Constitución’. Luego se replanteó su posición política y hoy es miembro prominente de la Comisión Presidencial de la Constituyente

En 2008, en ocasión de las elecciones regionales, Aristóbulo Istúriz y su partido de entonces, el PPT, se distanciaron de Chávez por diferencias en cuanto a las candidaturas. En aquella oportunidad Istúriz pronuncia una frase célebre: “Chávez como que se fumó una lumpia”. Luego vuelve a unirse a Chávez y hoy es dirigente nacional del PSUV e inclusive fue, hasta hace poco, Vicepresidente Ejecutivo de la República.

En mayo de 2013 se conoce el famoso audio de Mario Silva. El ha dicho que se trató de un montaje, pero en todo caso eso le valió ser sacado del aire a pesar de la buena audiencia que tenía su programa La Hojilla. Por cierto que a nosotros alguien del alto Gobierno nos propuso ocupar ese espacio en VTV, a lo cual nos negamos por razones de mínima elegancia. Hoy Mario ha recuperado su espacio en ese canal y cuenta con el favor del presidente Maduro.

William Ojeda ha hecho el doble salto de talanquera, saltó para allá y luego se devolvió para acá, y fue aceptado sin resquemores ni rencores, a pesar de que fue muy beligerante y altisonante contra Chávez.

Nos preguntamos ¿Quiere decir que todos ellos, en esos momentos de no muy grato recuerdo, eran traidores, hijos de la chingada, vendidos a la derecha, de la CIA o tenían rabo de paja? ¿Por qué no pensar que se equivocaron o que asumieron posiciones políticas o personales sin necesaria mácula ética? Y si hemos hecho esto último finalmente, y los hemos acogido de nuevo en nuestro seno, algunos de ellos con importante protagonismo ¿cómo quedan quienes se distancian ahora? Porque la salsa que es buena para el pavo es buena para la pava.

Y ojo: cuidado con criminalizar cualquier diferencia en un momento constituyente, esto sería la negación del mismo. Nosotros, por ejemplo, tenemos diferencias con la manera en que se está planteando la Constituyente desde el poder constituido, y sin embargo nos hemos pre postulado por el sector de pensionadas y pensionados ¿Estamos vendidos a la derecha por tener tales diferencias? Promovamos el debate político, no el torneo de epítetos y descalificaciones. Como decía Mao Tse Tung: que cien flores se abran y compitan cien escuelas.

Gianni Vattimo difende l’idea di un «eurochavismo»

gianni-vattimo_08Correo del Orinoco – «Io credo nel comunismo. Se non fossi cristiano non sarei comunista»

Il filosofo italiano Gianni Vattimo, che è stato in Venezuela come membro della giuria del «Premio Libertador al Pensamiento Crítico», ha risposto ad alcune domande del ‘Correo del Orinoco’.

 

 

Qual è adesso la «mitologia» dominante?

Per me è una: l’eurochavismo.

Eurochavismo?

Sì. Ma noi non abbiamo petrolio. Per fortuna, perché altrimenti saremmo…

Sareste rentiers, come noi. Come delinea l’eurochavismo? E come lo vede?

Effettivamente, l’idea che ho dell’America Latina progressista è quella di un modello possibile di rivoluzione. Perché non lo vedo negli stati europei, né ovviamente negli Stati Uniti […]Io una volta scrissi una relazione intitolata «L’America Latina come futuro della nuova l’Europa»; cioè, che si tratta di un continente giovane, con risorse, dove vi sono state trasformazioni significative, le più importanti degli ultimi decenni, perché non si può immaginare che il modello sia l’India o la Cina, paesi che si stanno sviluppando in una maniera capitalista tradizionale, qui è diverso. Per questo sono un latinoamericanista convinto.

Cosa vede in America Latina in questo momento che può servire da esempio?

Il problema è che Chávez è morto. Ovviamente uno dice: tutto è eccessivamente personalistico. Sì, ma la rivoluzione ha bisogno di leaders. Quando non hai un capo riconoscibile i poteri che gestiscono la democrazia formale, italiana, atlantica, europea, nordamericana, necessitano di una forma dove non c’è caudillismo. Credo ci sia bisogno di una figura carismatica, continuo a pensare sia necessaria, per esempio in situazioni dove le trasformazioni politiche sono radicali e rapide.

Ma Chávez non c’è più.

Questo è il punto. Penso che fondamentalmente si tratti di resistere alla ‘democratizzazione’ diffusa. Ciò che spero possa ancora verificarsi è la politica delle comuni; cioè moltiplicare i luoghi di resistenza locale alla globalizzazione, è l’unica maniera.

Crede che anche in Venezuela sia così?

Sì, lo vedo soprattutto per i paesi europei, dove l’unica speranza di una situazione politica tollerabile è la moltiplicazione dei movimenti politici locali, di resistenza, per limitare il potere del capitalismo distruttivo. Uno immagina la forza distruttiva dell’industrializzazione forzata di molti luoghi, come qui in Venezuela. Mi spiegavano che ci sono rischi d’inquinamento ambientale per estrarre più petrolio. Questo è un punto.

Vede comunque il Venezuela come una speranza, anche senza il Comandante Chávez?

Sì. Diciamo che conosco la situazione venezuelana un po’ meglio dei miei colleghi europei che leggono solo i giornali… Ma ovviamente non so se ho ragione. Mi sembra che qui ci sia una… politica per esempio, che in Europa non vedo affatto. Ma in ogni caso, la speranza è l’ultima…

A parte il suo essere filosofo, lei ha speranza?

Sì, abbastanza.

E crede nel comunismo?

Credo nel comunismo. Se non fossi cristiano non sarei comunista.

 

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Fabrizio Verde]

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