Marxistas somos todos

Immagine correlatapor Atilio A. Boron

Los trogloditas de la derecha argentina quisieron descalificar a Axel Kicillof acusándolo de “marxista”. Este ataque sólo revela el primitivo nivel cultural de sus críticos, ignaros de la historia de las ideas y teorías científicas elaboradas a lo largo de los siglos. Es obvio que en su inepcia desconocen que Karl Marx produjo una revolución teórica de enormes alcances en la historia y las ciencias sociales, equivalente, según muchos especialistas, a las que en su tiempo produjera Copérnico en el campo de la Astronomía. Por eso hoy, sepámoslo o no (y muchos no lo saben) todos somos copernicanos y marxistas, y quien reniegue de esta verdad se revela como un rústico sobreviviente de siglos pasados y huérfano de las categorías intelectuales que le permiten comprender al mundo actual.

Copérnico sostuvo en su obra magna, La Revolución de las Esferas Celestes, que era el sol y no la Tierra quien ocupaba el centro del universo. Y además, contrariamente a lo que sostenía la Astronomía de Ptolomeo, comprobó que nuestro planeta no era un centro inmóvil alrededor del cual giraban todos los demás sino que ella misma se movía y giraba. Recordemos las palabras de Galileo cuando los doctores de la Inquisición le obligaron a retractarse de su adhesión a la teoría copernicana: ¡Eppur si muove!, susurró ante sus censores que seguían ensañados con Copérnico a más de un siglo de haber formulado su teoría. Descubrimiento revolucionario pero no sólo en el terreno de la Astronomía, toda vez ponía en cuestión cruciales creencias políticas de su tiempo. Como lo recuerda Bertolt Brecht en su espléndida obra de teatro: Galileo, la dignidad y sacralidad de tronos y potestades fue irreparablemente menoscabada por la teorización del astrónomo polaco. Si con la teoría geocéntrica de Ptolomeo el Papa y los reyes y emperadores eran excelsas figuras que se empinaban en la cumbre de una jerarquía social en un planeta que era nada menos que el centro del universo, con la revolución copernicana quedaban reducidos a la condición de frágiles reyezuelos de un minúsculo planeta, que como tantos otros, giraba en torno al sol.

Cuatro siglos después de Copérnico Marx produciría una revolución teórica de semejante envergadura al echar por tierra las concepciones dominantes sobre la sociedad y los procesos históricos. Su genial descubrimiento puede resumirse así: la forma en que las sociedades resuelven sus necesidades fundamentales: alimentarse, vestirse, abrigarse, guarecerse, promover el bienestar, posibilitar el crecimiento espiritual de la población y garantizar la reproducción de la especie constituyen el indispensable sustento de toda la vida social. Sobre este conjunto de condiciones materiales cada sociedad construye un inmenso entramado de agentes y estructuras sociales, instituciones políticas, creencias morales y religiosas y tradiciones culturales que van variando en la medida en que el sustrato material que las sostiene se va modificando. De su análisis Marx extrajo dos grandes conclusiones: primero, que el significado profundo del proceso histórico anida en la sucesión de formas bajo las cuales hombres y mujeres han enfrentado aquellos desafíos a lo largo de miles de años. Segundo, que estas formaciones sociales son inherentemente históricas y transitorias: surgen bajo determinadas condiciones, se expanden y consolidan, llegan a su apogeo y luego inician una irreversible decadencia. Por consiguiente, ninguna formación social puede aspirar a la eternidad y mucho menos el capitalismo habida cuenta de la densidad y velocidad con que las contradicciones que les son propias se despliegan en su seno. Malas noticias para Francis Fukuyama y sus discípulos que a fines del siglo pasado anunciaban al mundo el fin de la historia, el triunfo final del libre mercado, la globalización neoliberal y la victoria inapelable de la democracia liberal.

Al igual que ocurriera con Copérnico en la Astronomía, la revolución teórica de Marx arrojó por la borda el saber convencional que había prevalecido durante siglos. Este concebía a la historia como un caleidoscópico desfile de notables personalidades (reyes, príncipes, Papas, presidentes, diversos jefes de estado, líderes políticos, etcétera) puntuado por grandes acontecimientos (batallas, guerras, innovaciones científicas, descubrimientos geográficos). Marx hizo a un lado todas estas apariencias y descubrió que el hilo conductor que permitía descifrar el jeroglífico del proceso histórico eran los cambios que se producían en la forma en que hombres y mujeres se alimentaban, vestían, guarecían y daban continuidad a su especie, todo lo cual lo sintetizó bajo el concepto de “modo de producción”. Estos cambios en las condiciones materiales de la vida social daban nacimiento a nuevas estructuraciones sociales, instituciones políticas, valores, creencias, tradiciones culturales a la vez que decretaban la obsolescencia de las precedentes, aunque nada había de mecánico ni de lineal en este condicionamiento “en última instancia” del sustrato material de la vida social. Con esto Marx desencadenó en la historia y las ciencias sociales una revolución teórica tan rotunda y trascendente como la de Copérnico y, casi simultáneamente, con la que brotaba de las sensacionales revelaciones de Charles Darwin. Y así como hoy se convertiría en un hazmerreir mundial quien reivindicase la concepción geocéntrica de Ptolomeo, no mejor suerte correrían quienes increpasen a alguien acusándolo de “marxista”. Porque al hacerlo negarían el papel fundamental que la vida económica desempeña en la sociedad y también en los procesos históricos (y que Marx fue el primero en colocar en el centro de la escena). Quién profiriese semejante “insulto” confesaría, para su vergüenza, su desconocimiento de los últimos dos siglos en el desarrollo del pensamiento social. Grotescos personajes como estos no sólo se vuelven pre-copernicanos sino también pre-darwinistas, pre-newtonianos y pre-freudianos. Representan, en suma, una fuga a lo más oscuro del medioevo.

Bien, pero ¿alcanza lo anterior para decir que “todos somos marxistas”? Creo que sí, y por estas razones: si algo caracteriza al pensamiento y la ideología de la sociedad capitalista es la tendencia hacia la total mercantilización de la vida social. Todo lo que toca el capital se convierte en mercancía o en un hecho económico: desde las más excelsas creencias religiosas hasta viejos derechos consagrados por una tradición multisecular; desde la salud hasta la educación; desde la seguridad social hasta las cárceles, el entretenimiento y la información. Bajo el imperio del capitalismo las naciones se degradan al rango de mercados y el bien y el mal social pasan a medirse exclusivamente por las cifras de la economía, por el PBI, por el déficit fiscal o la capacidad exportadora. Si alguna impronta ha dejado el capitalismo en su paso por la historia –transitorio, pues como sistema está condenado a desaparecer, tal como ocurriera sin excepción con todas las formas económicas que le precedieron- ha sido elevar a la economía como el parámetro supremo que distingue a la buena de la mala sociedad. El orden del capital ha erigido al Mercado como su Dios, y las únicas ofrendas que este moderno Moloch admite son las mercancías y las ganancias que produce su intercambio. El sutil y cauteloso énfasis que Marx le otorgara a las condiciones materiales –siempre mediatizadas por componentes no económicos como la cultura, la política, la ideología- alcanza en el pensamiento burgués extremos de vulgaridad que lindan con lo obsceno. Oigamos lo que Bill Clinton le espetara a George Bush en la campaña presidencial de 1992: “¡es la economía, estúpido!”. Y basta con leer los informes de los gobiernos, de los académicos y de los organismos internacionales para constatar que lo que distingue el bien del mal de una sociedad capitalista es la marcha de la economía. ¿Quieres saber cómo está un país? Mira cómo se cotizan sus bonos del Tesoro en Wall Street, o cuál es el índice de su “riesgo país”? O escucha lo que te dicen una y mil veces los gobernantes de la derecha cuando para justificar el holocausto social al que someten a sus pueblos por la vía de los ajustes presupuestarios afirman que “los números gobiernan al mundo”.

Personajes como estos conforman una clase especial y aberrante de “marxistas” porque redujeron el radical descubrimiento de su fundador y toda la complejidad de su aparato teórico a un grosero economicismo. El “materialismo economicista” es una versión abortada, incompleta, deformada del marxismo pero que resulta muy conveniente para las necesidades de la burguesía y de una sociedad que sólo sabe de precios y nada de valores. Un marxismo deformado y abortado porque la burguesía y sus representantes sólo se apropiaron de una parte del argumento marxiano: aquella que subrayaba la importancia decisiva de los factores económicos en la estructuración de la vida social. Con certero instinto hicieron a un lado la otra mitad: la que sentenciaba que la dialéctica de las contradicciones sociales –el incesante conflicto entre fuerzas productivas y relaciones de producción y la lucha de clases resultante- conduciría inexorablemente a la abolición del capitalismo y a la construcción de un tipo histórico de sociedad pos-capitalista. Que esto no sea inminente no quiere decir que no vaya a ocurrir. En otras palabras: el “marxismo” del que se apropiaron las clases dominantes del capitalismo a través de sus intelectuales orgánicos y sus tanques e pensamiento quedó reducido a un grosero materialismo economicista.

Por eso, hoy todos somos marxistas. La mayoría marxistas aberrantes, de “cocción incompleta”, al exaltar hasta el paroxismo la importancia de los hechos económicos y ocultar a sabiendas que la dinámica social conducirá, más pronto que tarde, a una transformación revolucionaria de la sociedad actual. Este economicismo es el grado cero del marxismo, su punto de partida más no el de llegada. Es un marxismo tronchado en su desarrollo teórico; contiene los gérmenes del materialismo histórico pero se estanca en sus primeras hipótesis y soslaya –u oculta a sabiendas- su desenlace revolucionario y la propuesta de construir una sociedad más justa, libre, democrática. Pero hay otros marxistas para quienes la revolución teórica de Marx no sólo corrobora la transitoriedad de la sociedad actual sino que insinúa cuáles son los probables senderos de su histórica superación, sea por distintas vías revolucionarias como por la dinámica incontenible de un proceso de reformas radicalizadas. En contra de los marxistas inacabados, de “cocción incompleta”, apologistas de la sociedad burguesa, defendemos la tesis de que el modo de producción capitalista será reemplazado, en medio de fragorosos conflictos sociales (porque ninguna clase dominante abdica de su poder económico y político sin luchar hasta el fin) para finalmente dar nacimiento a una sociedad post-capitalista y, como decía Marx, poner fin a la prehistoria de la humanidad. Pero más allá de estas diferencias, unos a medias y mal, y otros por entero y bien, todos somos hijos del marxismo en el mundo de hoy; es más, no podríamos no ser marxistas así como no podríamos dejar de ser copernicanos. El capitalismo contemporáneo es mucho más “marxista” de lo que era cuando, hace casi dos siglos, Marx y Engels escribieron el Manifiesto del Partido Comunista. La diatriba contra Axel Kicillof es un exabrupto que pinta de cuerpo entero el brutal anacronismo de vastos sectores de la derecha argentina y latinoamericana, de sus representantes políticos e intelectuales, que en su escandaloso atraso recelan de los avances producidos por los grandes revolucionarios del pensamiento contemporáneo: desconfían de Darwin y Freud y creen el marxismo es el delirio de un judío alemán. Pero, como Marx decía con socarronería, algunos son marxistas a la Monsieur Jourdain, ese curioso personaje de El Burgués Gentilhombre de Molière que hablaba en prosa sin saberlo. Balbucean un marxismo ramplón, convertido en un burdo economicismo y sin la menor consciencia del origen de esas ideas en la obra de uno de los más grandes científicos del siglo diecinueve. Y otros, en cambio, sabemos que es la teoría que nos enseña cómo funciona el capitalismo y, por ende, la que proporciona los instrumentos que nos permitirán dejar atrás ese sistema inhumano, predatorio, destructor de la naturaleza y las sociedades y que se alimenta de guerras infinitas e interminables que amenazan con acabar con toda forma de vida en este planeta. Por eso, lejos de ser un insulto, ser marxista en el mundo de hoy, en el capitalismo de nuestro tiempo, es un timbre de honor y una mácula imborrable para quien lo profiere como un insulto.

PDVSA-INTEVEP y las “certificaciones”

Risultati immagini per PDVSApor Renzo Amenta

Italia, 3ago2019.- Cuando una empresa petrolera quiere introducir en Venezuela una nueva tecnología, debe obtener una “certificación”, es decir que INTEVEP debe evaluar la tecnología y emitir un certificado que aprueba la tecnología y que la misma es efectiva y cumple con lo que la empresa declara.

Así, con este documento, imprescindible para trabajar en PDVSA, las compañías pueden trabajar y participar a futuras licitaciones. Todo maravilloso.

Pero…

Este sistema se ha demostrado no solamente una inútil forma de burocracia excluyente, sino también una adicional fuente de corrupciones e irregularidades sin control.

Primero voy a explicar el porqué de estas consideraciones y luego voy a dar casos reales que confirman lo que quiero demostrar por aquí.

Primero, no existen en INTEVEP o en otras estructuras de PDVSA, comités científicos con personas intachables moralmente, también del mundo académico, que tengan todos los conocimientos tecnológicos e interdisciplinarios necesarios para evaluar nuevas tecnologías.

PDVSA e INTEVEP elaboraron un protocolo que prevé primero una presentación de la tecnología antes de un grupo de técnicos e ingenieros de INTEVEP. Si ellos reputan válida la tecnología, envían a una prueba de campo para demostrar la efectividad de dicha tecnología. De hecho, las empresas no declaran todos los detalles técnicos, porque temen por sus secretos industriales, nunca garantizados explícitamente por las instituciones. Entonces, INTEVEP no tiene todos los datos para dar un parecer circunstanciado, trasparente y objetivo y por eso es imprescindible una prueba de campo.  

En las presentaciones de las tecnologías de las empresas, INTEVEP participa con sus ingenieros, casi todos jóvenes, con pocas experiencias y con ninguna figura académica de releve. Una nueva tecnología se supone que nunca se utilizó antes en Venezuela y por lo tanto los técnicos e ingenieros de INTEVEP no pueden hacer uso de experiencias anteriores. Sus análisis se van a fundamentar en la cultura y los conocimientos de cada uno de ellos. De hecho, no tienen la autoridad científica para dar juicios tecnológicos sobre las nuevas tecnologías presentadas y el juicio se fundamenta sobre elementos subjetivos que dependen de conocimientos personales y casuales.

La prueba de campo se sustancia en la instalación de la planta y en la siguiente puesta en marcha de la misma para alcanzar las finalidades de su trabajo. Si la empresa presenta un equipo compacto, todo se puede desarrollar con tiempo y recursos limitados. Si se debe instalar una planta compleja, esto conlleva un alto costo por las empresas, porqué nunca las empresas tendrán garantías de trabajo a futuro, sobre todo si están presentes en el país otras empresas con tecnologías similares. De hecho, la certificación no reconoce ningún grado de efectividad con la competencia, por ejemplo, respeto a la productividad, economicidad, impactos ambientales, costo unitario, etc…, creando una lista informativa con los puntos alcanzados.

Todo se concluye con un papel donde INTEVEP aprueba o no la tecnología, con un juicio inapelable como los de la “Corte Suprema” y muy a menudo las empresas no reconocen la autoridad de este organismo.

Es como si un muchacho universitario que estudia biología marina debe ser evaluado por un profesor licenciado en letras antiguas. Nadie puede desconocer la sabiduría del profesor, pero él no tiene las herramientas para evaluar un estudiante de bilogía marina.

Este mecanismo, entonces, se presta a la especulación y corrupción, porque en la práctica no expone ninguna relación entre lo que decidió INTEVEP y las razones que conformaron el juicio.

Todo esto lo puedo decir porque yo mismo pasé por este calvario.

En PDVSA existe un “Departamento de Saneamiento” que gestiona todo lo que se refiere al control y tratamiento de las fosas petrolizadas que existen en Venezuela. Estas fosas, generalmente, se identifican como:

1. Fosas con lodos de perforación y otros desechos sólidos, sin crudo recuperable: ≈ 14.000 a lo largo del país.

2. Fosas con crudo recuperables: ≈ 4.000, con más de 150 millones de barriles recuperables.

Las fosas del primer tipo, representan solamente un pasivo ambiental y un costo gigantesco por PDVSA, para sanear las áreas afectadas.

Las otras fosas, tienen un valor correspondiente al crudo recuperable, que se puede evaluar en miles de millones de dólares.

Hasta el año 2003, PDVSA no requería de estas “certificaciones”.

Desde más de treinta años PDVSA intenta recuperar este crudo, pero hasta los años ’90, ninguna empresa pude recuperar estos desechos de manera satisfactoria, es decir con una calidad apta para ir directo a la venta. Además de las consideraciones técnicas, el escenario se complicó mucho porque, gerentes de PDVSA, antes y después de la Presidencias de Chávez, empezaron a pedir comisiones, normalmente calculada en tres dólares por barril recuperado, para falsificar los documentos de entrega del crudo. Normalmente los contratos de PDVSA aceptaban un crudo con BS&W ≤ 2,00%, las empresas entregaban crudo con BS&W entre 6,00% y 10,00% y los gerentes lo certificaban al 2,00%, cobrando tres dólares por barril. Esto ocurría en los años 1999-2003, cuando con mí empresa trabajaba en Lagunilla. Nunca aceptamos chantajes simplemente porque nosotros entregábamos crudo, en aquellos años, siempre por debajo de lo requerido 2,00% y hasta con BS&W=CERO%.

En el mes de abril del año 2003, PDVSA nos invitó a participar a una prueba de recuperación de crudo, con nuestra planta instalada en el patio de Tasajeras, cerca de Lagunilla, Estado Zulia. Junto con otras seis empresas. Una forma de certificación, diría. Nosotros entregamos crudo con BS&W = 0,1%. Ninguna de las otras empresas bajó del 3,00%. Resultado de este trabajo: nada. PDVSA nunca nos permitió trabajar y así perdimos todos los equipos del patio de Tasajeras.

En los años 2006-2007, el Departamento de Saneamiento de PDVSA organizó otra prueba de campo para recuperar el crudo de fosas y participaron siete empresas de varios países, para adquirir la “certificación”.

En aquel periodo, el Departamento de Saneamiento no tenía asignado ningún fondo, siendo Gerente la Señora XX, con la cual yo tuvo una larga charla en Caracas.

Antes que se concluyera la prueba, PDVSA asignó al Departamento de Saneamiento un montón de dinero, esta Señora XX fue sacada de allí y sustituida por otros personajes. Es decir, cuando el Departamento de Saneamiento no tenía dinero, la Sra. XX hacia bien su trabajo. Cuando el Departamento tenía dinero para gastarlo y se habría debido juzgar y validar el trabajo de las empresas, de repente, la muy decente Señora fue simplemente quitada para permitir que nuevos elementos se encargaran del asunto.

Tres de estas empresas, parece que alcanzaron un BS&W = 1,00%, según las declaraciones de INTEVEP y de la nueva directiva del Departamento. Pero, compañeros que trabajaron en alguna de aquella empresa me informaron que nadie bajó del 3,00% y esto no tiene pruebas porque secretaron todos. Los relevantes son los hechos que acontecieron inmediatamente después. PDVSA, entonces, con tres empresas “certificadas”, hice una licitación de recuperación y saneamiento, con la condición que participaran las tres empresas juntas, consorciadas, y se fijó la calidad del crudo a entregar con BS&W ≤ 1,00%, es decir, parecido al nivel alcanzado en la supuesta prueba certificada.

Y ahora la sorpresa. Las tres empresas, luego de gastar un montón de dinero para armar las plantas, ejecutar la prueba, cubrir todos los gastos, ¡RENUNCIARON! La licitación fue declarada desierta, las tres empresas renunciaron y se fueron del país.

En al año 2014, registré una empresa en Venezuela, presenté en INTEVEP mi tecnología de recuperación del crudo emulsionado, sin uso de productos químicos, delante del Departamento Ambiental y luego de varios meses, me asignaron como prueba de campo, la recuperación del crudo de los canales de Bachaquero, exactamente de las primeras dos piscinas. Me pidieron de presentar el proyecto y establecer el precio por barril limpio que PDVSA iba a pagar.

En la reunión, cuando me comunicaron las fosas asignadas, yo hice esta declaración: “Señores, luego de meses de análisis, ustedes me asignaron los canales de Bachaquero porque todo el mundo sabe que allá se encuentra un crudo que nadie pudo recuperar desde más de cuarentas años. Yo sé que ustedes esperan que yo renuncie, pero, lo que ustedes no saben, es que yo en el año 2001-2002, con la empresa Lubvenca, antes que se venciera su contrato con PDVSA, trasladamos la planta desde Tasajeras hasta Bachaquero, que recuperamos crudo con un BS&W alrededor del 1% y luego regresamos la planta en Tasajeras.

Por lo tanto, acepto el reto y voy a recuperar este crudo. ¿Cuantos barriles quieren?”.

La respuesta fue: “Todos los que pueden, también con un BS&W alrededor del 4,00%”.

Yo contesté así:” Señores, nosotros estamos seguros de entregar un crudo con BS&W = Cero%, pero, para ser prudente, vamos a suscribir una entrega con BS&W ≤ 1,00%, el precio por barril que PDVSA nos va a pagar dependerá de los análisis del crudo que ustedes nos proporcionarán.”

Me hicieron creer que INTEVEP tenía la autoridad de avalar lo que me pedían. Por eso, concordamos con INTEVEP que yo trasladara la empresa en Ciudad Ojeda y así hice. Alquilamos un apartamento en Ciudad Ojeda, donde fijamos la sede legal de nuestra empresa HEAVY CORES C.A., alquilamos un galpón en Punta Gorda, donde empezamos a ensamblar la planta, mientras tanto INTEVEP organizaba una reunión con los gerentes de PDVSA OCCIDENTE. Se realizó una visita a los canales, presentes elementos de INTEVEP y del Departamento de Saneamiento. Las piscinas se encuentran al externo del patio de Bachaquero, en pleno campo, sin ninguna seguridad y servicios. Por eso pedimos de instalar la planta en el interno del patio. Esto desató perplejidad, porque nadie, dijo nadie, de PDVSA Occidente quiso reunirse con nosotros y todo se reenvió a la reunión final para fijar los detalles del contrato. Luego de meses de espera, luego de una primera cita en el patio de Ulé, donde no se presentó nadie, por fin se realizó esta tan esperada cita, siempre en el patio de tanques de Ulé.

Y aquí tuvimos la sorpresa más grande. El Departamento de Saneamiento no quería pagar nada por el petróleo recuperado, es decir que la prueba se habría debido hacer sin costos por PDVSA, sin ninguna posibilidad de obtener trabajo. INTEVEP iba a certificar el método y punto.

Así, además del enorme daño económico, también la burla de regalar a PDVSA miles de barriles de crudo limpio.

Así se concluyó mí aventura en territorio venezolano, porque, a pesar de haber hablado con decenas de “personajes”, desde simples gerentes hasta ministros y Presidentes de PDVSA, el muro de goma de la nueva casta que se adueñó de PDVSA demostró con los hechos, o mejor decir con todas ausencias de hechos, como no interesa a nadie recuperar los 150.000.000 o más barriles de crudo botado en todas partes. Muchas de las personas con la cual hablamos hoy están presas, pero continua el desinterés general por recuperar este valioso recurso, que yo evalúo en más de tres mil millones de dólares de ganancia neta por PDVSA.

Termino poniendo una última pregunta, como dijo Cicerone en la antigua Roma, en varíos discursos en el Foro Romano:

“¿CUI PRODEST?”

¿Quién se beneficia de todo esto?

No PDVSA menos aún el País.

No la economía venezolana.

No las comunidades.

No el ecosistema.

Y por fin, ¿acaso se beneficia la Revolución Bolivariana?

Reflexionando en el hecho que todo esto está en marcha desde el año 2003, de manera continuada y sin excepciones, y que estos pasivos se incrementaron de manera desproporcionada, bajo el desinterés general, extendido a todos los niveles, dejo a la inteligencia, perspicacia y racionalidad de los que me leen, responder a esta pregunta.

*Miembro de los grupos: Caracas ChiAma; Europa Solidaria; sito albainformazione.com, redacción de Catania.

Balance y algunas propuestas desde lo vivido en Revolución

Risultati immagini per Comuna Venezuelapor Thaís Rodríguez Gómez

Después de ausentarme unos dos meses, me recibe Caracas con la brisa helada frente al cerro Mario Briceño Iragorry en Propatria. Este cerro me recuerda tantas cosas de la etapa más feliz de mi juventud al inicio de la Revolución Bolivariana: en el año 2003 el Comandante Chávez le dio la tarea de hacer la Misión Caracas al primer grupo de jóvenes del Frente Francisco de Miranda, el objetivo era internarse en los barrios más pobres de la capital, convivir con la gente, para hacer un diagnóstico social que determinara las necesidades más urgentes de la población. Para allá me fui, de Barquisimeto a Caracas inspirada por un torbellino de ideas e ilusiones cuando era una guarita de 15 años, con cientos de jóvenes de distintas partes del país.
“Muchachos vayan, sean ustedes mis ojos, donde quiera que estén sientan que son Chávez y ayúdenme”, nos decía.

Por coincidencias de la vida, al grupo 5 de trabajadores sociales del cual formaba parte le tocó llegar al barrio Mario Briceño Iragorry, lugar con el mismo nombre del liceo en donde yo comenzaba a estudiar el 5to año de bachillerato en Barquisimeto.

Mario Briceño, fue un joven historiador de esa generación que se enfrentó a la dictadura gomecista, que escribe uno de los más destacados documentos patriotas y antiimperialistas “Mensaje sin destino”, él definió a todo el sector alienado y pro imperialista de nuestra población como “piti yanquis”… para mí no era casualidad que me tocara llegar a vivir y trabajar por casi dos meses en un barrio que lleva su nombre.

Desde el primer día en ese lugar comprendí en plenitud a Chávez, su insistencia, su vehemencia y su prisa por dar soluciones, actitudes que lo acompañaron desde el inicio de su vida política hasta su último respiro.

Mario Briceño es un barrio, como tantos otros en Caracas y en Venezuela, donde la pobreza se sentía en los rostros de la gente. Lo peor no era la precariedad material sino esa miseria espiritual que generalmente la acompaña: niños sin padre y sin escuela, con desnutrición.

La primera eventualidad que tuve fue al entrar a la casa donde nos quedaríamos e intentar ir a la ventana (porque para toda chama de pueblo plano es una atracción llegar a un sitio alto y mirar para abajo), pero ni me dejaron llegar a asomarme con una alerta tranquila pero determinante: “No niña, ahora no te asomes porque hay un tiroteo del otro lado del cerro y puede llegar aquí una bala”. La alerta me la daba Helen, la dueña de casa, una mujer incansable y de convicciones firmes, de esas luchadoras del barrio que están más claras que cualquier dirigente político, de las que en este lapso de 16 años desde que la conocí, en todas las ocasiones que la he visto le digo: ¿Helen cómo estás? Y me responde: En la misma, luchando.

Era una casa pequeña, donde vivía Helen con tres hijas y cada una tenía un compañero y un hijo. Helen sin problemas dijo: todos se van a quedar aquí, y nosotros éramos 25 jóvenes y de vez en cuando Daniel (uno de los muchachos del grupo) llevaba un perrito que se orinaba por todos lados. Durante las noches no se caminaba porque el piso se llenaba de colchonetas que tempranito por las mañanas recogíamos. Al mes de estar allá, el espacio se redujo aún más porque le dimos uno de los tres cuartos a la primera pareja de médicos cubanos que llegaba al barrio.

¿Qué hacíamos? Nos dividíamos en grupos de tres para recorrer, entrar a las casas y conversar con la gente al momento que íbamos llenando un diagnóstico donde se precisaban cosas como: integrantes de la familia, nivel educativo, empleo, nivel de ingreso, aspiraciones de mejoras en su comunidad y hasta preferencia de medios para informarse y entretenerse. A los pocos días ya éramos conocidos en el barrio, y nos coordinábamos con los líderes comunitarios para organizar actividades culturales y deportivas.

Durante mis caminatas conseguí un compañero inseparable que afirmaba que me protegería de cualquier cosa, era Manuel de ocho años. “Eres mi novia y yo te cuido”, me decía. Él había perdido la visión de un ojo y tenía poco desarrollo físico debido a la desnutrición, era el primero de seis hermanos, de los cuales los dos últimos habían nacido con malformaciones genéticas. Vivían en una especie de cueva, un lugar al que nunca entraba la luz del sol, su mamá era drogadicta y no había evidencia de que alguno de los padres se acercara. Quien estaba en el lugar siempre era la abuela, una mujer con aspecto de anciana, probablemente no era tan vieja, pero sólo con mirarle las manos y los ojos podías tener intuición de lo dura que había sido la vida con ella. Esta familia fue uno de los casos que reportamos con insistencia y le conseguimos ayudas sociales.

Allí comprendí qué hay detrás de las estadísticas, porque se dice fácil: 65% de pobreza, 25% de pobreza extrema, 3000 millones de dólares perdidos durante el sabotaje petrolero… pero sólo cuando te conectas con la realidad las cifras te entran como un puñal hasta el alma.

En ese mismo año (2003), a la par que hacíamos el diagnóstico social y después otras tareas, Chávez impulsaba la creación más amorosa y eficiente de nuestra Revolución: Las misiones sociales. Los médicos llegaban de Cuba, porque en Venezuela los pocos que habían no querían ir al barrio, ni al campo; en cambio, los y las cubanas iban a subir al cerro, a cruzar ríos, montañas, sabanas, a dormir en colchonetas. Con una dotación de medicamentos organizaban, junto a la comunidad, consultorios improvisados. Luego se construyeron los módulos de salud, los Centros de Diagnóstico Integral y los Centros de Alta Tecnología.

Por esos días también se crearon los Mercales y Mercalitos, las casas de alimentación donde las manos de las mujeres del barrio se ponían en acción para cocinarle a familias como las de el niño Manuel. Al mismo tiempo se agrupaba el voluntariado para la Misión Robinson que enseñó a leer y a escribir a adultos y a viejitos y el 2005 se declaró a Venezuela territorio libre de analfabetismo, aunque los medios de la derecha se burlaran diciendo: “Loro viejo no aprende a hablar”. Finalizando ese año 2003 comenzaron los censos de la Misión Rivas y la Misión Sucre, para el bachillerato y la universidad.

Pasaron los años, y se fueron sumando un sin fin de conquistas sociales: la Universidad Bolivariana de Venezuela (donde me gradué de comunicadora social) y las aldeas universitarias en todo el país, se creó ViVe Televisión donde aprendí a contar las historias de nuestra revolución, se impulsaron las mejoras en las comunidades a través de los comités de tierra urbana, de salud, de planificación y posteriormente los consejos comunales, se logró la reducción de la pobreza a un 8%, alcanzamos la plena soberanía petrolera con el rescate de Pdvsa y la nacionalización de la faja petrolífera del Orinoco, lo que permitió garantizar los recursos para toda esa política de atención social. Si menciono una por una las creaciones en revolución, seguro que haría un libro con cientos de páginas.

En el 2012 conocí en Caracas la casa de mi amigo Javier, vive en el barrio Isaías Medina Angarita, justo al frente de Mario Briceño, y era inevitable no hacer balance, lo primero que me dije fue: ¡Lo logramos! Aunque faltaba mucho por hacer, ya no habían niños masilentos como Manuel… los muchachitos estaban robustos, jugando un torneo de fútbol que organizaba el consejo comunal, las fachadas estaban coloridas por Barrio Nuevo, Barrio Tricolor, y en definitiva, en los rostros de la gente ya no se veía la miseria espiritual, sino alegría y optimismo.

Todo eso fue producto de las misiones que nacieron gracias al esfuerzo febril de cientos de miles de patriotas dispuestos y dispuestas a recuperar el país; y ya consolidada la revolución seguían surgiendo proyectos tan exitosos como la Gran Misión Vivienda Venezuela y una larga lista de cosas extraordinarias que nosotros normalizamos y algunos desmemoriados se las atribuyen a la 4ta República, cuando son conquistas sociales alcanzadas con el chavismo.

Risultati immagini per comunas VenezuelaEso hicimos, y digo hicimos, porque todos y todas las patriotas juntas lo logramos y por ello toda mi vida estaré orgullosa… Hoy, 20 de julio de 2019, vuelvo a la casa de Javier e inevitablemente otra vez una tiene que hacer balance: con facilidad me doy cuenta de que en términos materiales retrocedimos, percepción de la realidad que coincide con las cifras que recientemente publicó el BCV, las cuales indican que estamos en los mismos índices económicos que teníamos en el año 1999, es decir, que en seis años de crisis volvimos al punto de inicio de la Revolución en el aspecto económico. Todo eso por diversos motivos que generaron una crisis que inició en el 2013. Sin embargo, más allá de las cifras, hay que evaluar el campo subjetivo, y allí nos damos cuenta de que la revolución no ha pasado en vano, porque hay un pueblo empobrecido pero resistiendo, con herramientas, con esperanza y con autoestima.

Sabemos las causas de esta crisis, hay motivos de carácter externo como la caída de los precios del petróleo sostenida durante 2 años, el ataque a la moneda como principal componente de la crisis, el bloqueo y las sanciones económicas de Estados Unidos, el robo de el complejo refinador Citgo, el robo de parte de nuestras reservas en oro y dinero del Estado venezolano en cuentas bancarias, la conspiración de la burguesía parásita.

Pero también causas de carácter interno que nos ponen en una situación vulnerable ante los ataques: como la fuga de capitales que hizo un sector empresarial con la anuencia de un funcionariado corrompido, la ineficiencia, la desidia en las instituciones y empresas del Estado, que el pueblo padece con la mala calidad de los servicios básicos (que sufren con intensidad la mayor parte de los estados del país, desde mucho antes de los ataques al sistema eléctrico); y hay que hacer énfasis en la precaria distribución de gas, porque estando en una nación potencia en hidrocarburos, poblaciones enteras hasta dentro de grandes ciudades están cocinando con leña, lo cual genera afectaciones a la salud y un impacto en el ambiente con la tala indiscriminada de árboles; la mala atención, retrasos y en muchos casos cobro de comisiones para realizar trámites en la administración pública; la actuación inescrupulosa de funcionarios de la GNB a lo largo de autopistas y carreteras cobrando comisiones a quienes trasladan insumos (incluyendo alimentos) así se tenga todo en regla; la corrupción que no es sólo un problema ético, sino que ha cobrado unas dimensiones estructurales al punto de agravar la dinámica económica del país (esto último es tema para un artículo completo), entre otros elementos.

Es importante analizar lo concerniente a las responsabilidades directas de los y las que hoy gobiernan para rectificar, porque evidentemente de la derecha, de los enemigos no vamos a esperar cambio, por el contrario, más saboteo y acción contra el pueblo. Entonces toca seguir resistiendo, pero en condiciones de igualdad, con una administración revolucionaria de los recursos, sin excusas absurdas que hacen que la dirigencia pierda legitimidad. Porque es evidente que todos no hemos vivido la crisis en las mismas condiciones, que hay un pueblo abnegado, resistiendo al mismo tiempo en que existen grotescos privilegios para algunos dirigentes que dicen llamarse chavistas, para sectores empresariales y comerciales y para una clase política opositora; en definitiva, la administración de la crisis ha sido en el marco del capitalismo y por lo tanto, nos ha tocado sufrirla a los trabajadores y trabajadoras, pero la pirámide debe invertirse.

Yo me pregunto:

¿Por qué no observamos el mismo espíritu febril de inicios de la revolución para resolver las necesidades más urgentes de la población, y que se incorporen alcaldes, gobernadores, ministros recorriendo, organizando y acompañando al pueblo? No, a muchos y muchas los vemos alejados, en grandes camionetas con temor de acercarse a la gente y cuando salen en la tele, casi todos con kilos de más.

¿Por qué no activamos un plan de recuperación de Pdvsa, con la participación de técnicos e ingenieros patriotas que con su conocimiento, creatividad y honestidad hagan un programa de trabajo que rescate muchas áreas actualmente inoperativas o deficientes? ¡Si se puede! Él Ejército Productivo (un grupo de trabajadores ingenieros de forma voluntaria y saltando todas las trabas y saboteos de la burocracia, el año pasado lograron una Batalla Productiva en el Complejo Refinador de Paraguaná). En esa corta jornada repararon con recursos propios muchas instalaciones. Experiencias como esas deberían ser un plan de Estado, en vez de ser una iniciativa popular parida en lucha contra estructuras administrativas que por oscuras razones se oponen.

¿Por qué no se implementa un método de administración transparente que busque erradicar las prácticas de corrupción en la industria, sobre todo el área de Comercio y Suministros, que es el cerebro comercial de Pdvsa. Recuperar la industria es lo más urgente en esta coyuntura para poder garantizar los recursos que requiere la sociedad.

¿Por qué no vemos mercalitos en los barrios y si vemos tiendas Clap en el CCCT con productos importados a precios inaccesibles para las mayorías? Muchos de ellos son licores, aires acondicionados, maquillajes y demás importaciones que no son de primera necesidad.

En crisis alimentaria, ¿porqué no decretamos la guerra contra el latifundio como lo hizo Chávez en el 2006 y se dan incentivos para la producción, en vez de desplazar a campesinos para garantizar tierras a particulares? ¿Por qué se criminaliza al campesinado pobre que ha puesto el pecho por la revolución y se apoya a las mafias del sector agrícola que conspiran en contra del gobierno con los recursos que reciben de la cartera agrícola del Estado?

Se podría hacer un plan de trabajo en la tierra con metas de producción, donde veamos desde el presidente, el ministro, y demás funcionarios incentivando con el ejemplo en jornadas de trabajo voluntario, que persigan el cumplimiento de esas metas. Haciendo una gran alianza con el campesinado organizado en comunas.

¿Por qué no vemos a los militares incorporados a las tareas urgentes de siembra, producción, recuperación de espacios? como se hizo a comienzos de la revolución con el Plan Bolívar 2000, cuando se encaró la necesidad de superar la pobreza sin tener hasta el momento recursos porque aún no se había rescatado Pdvsa. Volvamos a la unidad cívico militar que planteó el Comandante Chávez y erradiquemos los abusos, la corrupción en el seno de la FANB.

Rectifiquemos, volvamos al camino de Chávez ya que el pueblo resiste y lo espera.

La dirigencia, lo sensato que queda de ella, debe ir a la calle, al encuentro con los niños que deambulan en Sabana Grande, o en algunos otros rincones del país, conversar con las mujeres en una tranca de calle porque no llega el gas, verles los rostros, comprometerse y no dar la espalda a esa esperanza q ue se observa en esos ojos del pueblo… ir a conmoverse y actuar, como lo hacía Chávez. Háganlo de forma urgente, impostergable.

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