Honduras 25>27oct2018: Foro Mesoamericano ALBA Movimientos

Nace un monstruo

Risultati immagini per Chavez fascismopor Atilio A. Boron

En una taberna maloliente de los barrios bajos del Munich de la primera posguerra un cabo desmovilizado del ejército imperial austriaco –fracasado como pintor y retratista- trataba de ganarse la vida apostando con los borrachos del local a que no lograban acertarle sus escupitajos desde una distancia de tres metros. Si los esquivaba, ganaba; cuando no, debía pagar. Entre una y otra tentativa vociferaba tremendos insultos antisemitas, maldecía a bolcheviques y espartaquistas y prometía erradicar de la faz de la tierra a gitanos, homosexuales y judíos. Todo en medio de la gritería descontrolada de la clientela allí reunida, pasada de alcohol, y que repetía con sorna sus dichos mientras le arrojaban los restos de cerveza de sus copas y le tiraban monedas entre insultos y carcajadas. Años después, Adolfo Hitler, pues de él estábamos hablando, se convertiría, con esas mismas arengas, en el líder “del pueblo más culto de Europa”, según más de una vez lo asegurara Friedrich Engels. Quien en esos momentos -años 1920, 21, 23- era motivo del cruel sarcasmo entre los parroquianos de la taberna resucitaría como una especie de semidiós para las grandes masas de su país y la encarnación misma del espíritu nacional alemán.

Salvando las distancias algo parecido está ocurriendo con Jair Bolsonaro, quien encabeza cómodamente las encuestas de la primera vuelta de la elección presidencial de Brasil. Sus exabruptos reaccionarios, sexistas, homofóbicos, fascistas y su apología de la tenebrosa dictadura militar brasileña del 1964 y sus torturas provocaban generalizada repulsa en la sociedad. En el mejor de los casos lo consideraban tan sólo un bufón, un hazmerreír nostálgico de los tiempos del régimen que se abatió sobre el Brasil entre 1964 y 1985. Por eso, durante dos años su intención de voto nunca superó el 15 o 18 por ciento. Las encuestas de las últimas dos semanas, sin embargo, muestran un espectacular crecimiento de su candidatura. La más reciente le asigna un 39 por ciento de intención de voto. Sabemos que hoy las encuestas de opinión pública tienen enormes márgenes de error; también que pueden ser operaciones mediáticas de la burguesía brasileña dispuesta a instalar en Brasilia a cualquiera que impida el “retorno del populismo petista” al poder. Pero también sabemos, como lo afirma una nota reciente de Marcelo Zero, en Brasil, que la CIA y sus aliados locales han desatado una apabullante avalancha de “fake news” y noticias difamatorias de los candidatos de la alianza petista que encontró un terreno fértil en las favelas y barriadas populares de las grandes ciudades de ese país. (“Tem dedo da CIA nas eleicoes do Brasil”, en http://www.brasil247.com)

Esos sectores fueron sacados de la pobreza extrema y empoderados por la gestión de Lula y Dilma. Pero no fueron educados políticamente ni se favoreció su organización territorial o de clase. Quedaron como masas en disponibilidad, como dirían los sociólogos de los años sesenta. Quienes sí los están organizando y concientizando son las iglesias evangélicas con quienes se ha aliado Bolsonaro, promoviendo un discurso conservador duro, hipercrítico del “desorden” causado por la izquierda en Brasil con sus políticas de inclusión social, de género, de respeto a la diversidad, a los LGBTI y su “mano blanda” con la delincuencia, su obsesión por los derechos humanos “sólo para los criminales.” Uno de sus recursos para atraer a los favelados a la causa de la derecha radical es mandar supuestos encuestadores para preguntarles si les gustaría que a su hijo José le cambiaran de nombre y le llamaran María, para exacerbar la homofobia. La respuesta es unánimemente negativa, e indignada. La prédica del ex capitán sintoniza nítidamente con ese conservadorismo popular hábilmente estimulado por la reacción. En ese clima ideológico sus escandalosos y violentos disparates, como los de Hitler, decantan como un razonable sentido común popular y podrían catapultar a un monstruo como Bolsonaro al Palacio del Planalto que, como dato adicional habría que recordar que le prometió a Donald Trump autorizar la instalación de una base militar de EEUU en Alcántara, en el estratégico promontorio del Nordeste brasileño que es el punto más cercano entre las Américas y África, cosa a la que se negaron los gobiernos petistas. Si llegase a triunfar sería el comienzo de una horrible pesadilla, no sólo para el Brasil sino para toda América Latina.

MST y las elecciones en Brasil

Risultati immagini per marcha MST BrasilCompañeros y Compañeras, Amigos y Amigas del MST en todo el mundo

Nos gustaría compartir algunos de nuestros puntos de vista sobre este delicado momento de la política brasileña en la última semana de la campaña electoral:

1. Esta elección es muy especial porque puede significar la victoria o la derrota del golpe contra la democracia iniciado en 2014, que prosiguió con el impeachment de la presidenta Dilma Roussef, se extendió al gobierno ilegítimo de Michel Temer. Para nosotros, el golpe no es sólo el impeachment. El golpe es el proyecto que las élites y el capital financiero no tuvieron fuerza para conquistar en las elecciones y que necesitaban la fuerza y la ilegalidad de otros aparatos como los medios y el poder judicial para ejecutar. Así, el golpe es también las reformas de retirada de derechos, el estímulo al desempleo y, principalmente, la prisión política del presidente Lula, sin pruebas y en velocidad acelerada, para impedir que el candidato favorito de la población disputara las elecciones.

2. Comprendemos también que el golpe es síntoma de la profunda crisis económica, social y política que afecta no sólo a Brasil, sino a todo el mundo, resultado de la hegemonía del capital financiero internacional y de la destrucción acelerada de los bienes de la naturaleza, de los derechos sociales y del Estado en todo el mundo. Es importante tener esta comprensión, porque las elecciones no resolverán esta crisis y probablemente, incluso con la victoria de las fuerzas populares, tendremos la continuidad de la crisis y de los enfrentamientos que marcaron este período.

3. La población brasileña comprendió que hubo un golpe y que era necesario derrotarlo. Pero no escogió el camino de las calles y de las movilizaciones. Con la excepción de la victoriosa huelga general que barrió la reforma de las pensiones. De esta forma, eligió en la candidatura a Lula la forma de manifestar su descontento y deseo de cambios. El MST defendió la candidatura de Lula hasta donde fue posible. Realizamos una hermosa marcha para registrar su candidatura y con otros movimientos populares hicimos una huelga de hambre que duró 26 días y denunció las manipulaciones del Poder Judicial. Y hemos mantenido el Campamento Lula Libre frente a la carcelería de la Policía Federal en Curitiba como testimonio vivo de nuestra convicción de la inocencia del presidente. A pesar de las protestas de la ONU y de un gran movimiento cívico por Lula Libre, el Poder Judicial impidió que el presidente Lula pudiera concurrir a las elecciones. Frente a ello, el Partido de los Trabajadores optó por lanzar al ex ministro de Educación y ex alcalde de Sao Paulo Fernando Hadadd como candidato. Y nosotros, como las demás fuerzas democráticas, decidimos apoyar su candidatura, porque representa la derrota del golpe, la libertad de Lula y la posibilidad de superar la grave crisis económica y política y reanudar un camino de desarrollo del país.

4. Por otro lado, en estos 4 años de golpe, la derecha brasileña se valió de innumerables herramientas: movimientos sociales fabricados, militancia activa del poder judicial y de los medios contra la democracia … Uno de los frentes de estos ataques fue el estímulo a los líderes con un discurso fascista como Jair Bolsonaro, un diputado federal por tres décadas (pero que se presenta como anti-sistema), ex capitán del ejército, defensor de la dictadura militar y de la tortura, además de la retirada de numerosos derechos sociales. Bolsonaro es asesorado por militares y economistas de fondos de capital extranjero. El discurso de violencia, homofobia y radicalidad de Bolsonaro creció con el apoyo de los medios, que esperaba que en la polarización entre él y la izquierda, la derecha tradicional pudiera presentarse como “moderada” o “centro”. Sin embargo, la población decidió castigar en las urnas a los partidos que realizaron el golpe, como el PSDB de Fernando Henrique Cardoso y Aécio Neves (cuyo candidato Geraldo Alckmin deberá quedar entre cuarto o quinto) y el MDB de Michel Temer (cuyo candidato Henrique Meirelles no debe estar entre los seis primeros puestos). Y la creación huyó del control de los creadores, tomando los votos de la antigua derecha.

5. Entendemos, por lo tanto, que en esta elección hay una disputa nítida de proyectos: entre la continuidad del golpe y sus reformas, representada por su versión más radical y autoritaria, Jair Bolsonaro, y la reconstrucción de la democracia y de los derechos, representado por Fernando Haddad. Es, por lo tanto, una elección marcada por la lucha de clases. Por un proyecto que combina los sectores más conservadores de nuestra sociedad y el capital internacional contra el proyecto de los trabajadores.

6. Desde el punto de vista de la política exterior, esta disputa de proyectos está representada por un lado por el proyecto de Bolsonaro, de una política más alineada a Estados Unidos, de no reconocimiento de Palestina y de ataques a Venezuela y a los gobiernos progresistas de América Latina. Por otro lado, por el proyecto de Hadadd, de retomada de la integración latinoamericana y de fortalecimiento de las relaciones con los países del Sur Global.

7. De esta forma, ésta será una elección difícil, disputada, tanto en las urnas, como en las calles, como demostró el gigantesco movimiento de mujeres #No el, en el último fin de semana. Sabemos también que los resultados de esta elección influenciarán decisivamente los rumbos de América Latina y pueden señalar a una nueva ofensiva progresista en todo el mundo. Por lo tanto, de nuestra parte, seguiremos luchando, por la reforma agraria popular y por un proyecto popular para Brasil, y pedimos a nuestros amigos en todos los continentes que permanezcan atentos a los desdoblamientos en Brasil y que puedan denunciar tanto la ofensiva conservadora y la prisión política del país, el presidente Lula.

Dirección Nacional del MST
São Paulo, 05 de octubre de 2018

Capitalismo salvaje en Venezuela ¿Qué hacer?

Risultati immagini per chavismo maduropor Néstor Francia

En un artículo anterior publicado en Aporrea.org (“Castro Soteldo, la burguesía y Chávez”) me referí a “una necesidad que tiene este país, y con lo cual creo que estamos todos en deuda: la caracterización desprejuiciada de nuestra realidad”, para luego afirmar que “Venezuela es un país capitalista con un gobierno popular y nacionalista, ejercido por una tendencia antiimperialista, que propone una estrategia socialista, a través de un proceso de TRANSICIÓN”. Ahora pienso que me quedé corto, creo más bien que en Venezuela impera una inédita forma de capitalismo salvaje, según señales que envía la realidad y que considero inequívocas. Lo de “inédita” lo acoto precisamente por el origen, carácter y estrategia del gobierno que nos rige.

La primera señal es la situación económica. Sometidos estamos a una situación controlada en alto grado y de manera brutal por el capitalismo, con dominio de la producción, distribución y comercialización de la mayoría de bienes y servicios de consumo masivo, acaso con la importante excepción, en materia de servicios, de electricidad, distribución hídrica y telecomunicaciones. Pero aun en esos ítems dependemos de recursos técnicos e insumos que son producidos, casi en su totalidad, por grandes empresas capitalistas foráneas. Lo mismo pasa con los alimentos y las medicinas. Un ejemplo de ello son las cajas de CLAP, cuyo contenido es producido casi todo por empresas capitalistas foráneas, bien sea como productos elaborados o como materias primas procesadas y/o empaquetadas luego en el país.

Por supuesto, somos víctimas de la guerra económica que, como he expresado en otras oportunidades, no es coyuntural. La guerra económica del gran capital contra los pueblos es de carácter permanente y ontológico, es la forma de ser del sistema. Por ello en el mundo actual y por doquier los pocos ricos son cada vez más ricos y casi todos los demás cada vez más pobres. Por otra parte, somos muy vulnerables a la agresión económica en buena medida por los errores cometidos durante los gobiernos bolivarianos, con distintos grados de ineptitud, ineficiencia, corrupción, improvisación y hasta chapucería, por qué no decirlo, además de dogmatismo, y sectarismo político y económico.

La vulnerabilidad económica del país hace que los grandes esfuerzos que hace el Gobierno Bolivariano para remediar la situación y proteger al pueblo se vean seriamente afectados por el capitalismo económico salvaje que rige en todos los niveles, prolongando la distorsión en los precios y el abastecimiento, como es sabido por todos, entre otros males.

Pero no es solo la economía, en el ámbito social y cultural también campea el capitalismo salvaje. En Caracas, por ejemplo, donde vivo y sufro las calles todos los días, reina el desorden y el mal comportamiento ciudadano. He estado en varias capitales en el mundo y de estados venezolanos y puedo dar fe de que la ciudad más anárquica que han pisado mis pies es esta, mi querida Caracas ¿No es esto acaso un claro síntoma del capitalismo más deplorable que pueda existir? No solo el abuso de comerciantes, bachaqueros y otros especuladores, a los cuales se suman a menudo policías y guardias nacionales, sino también sectores que se pasan la Ley por santa sea la parte, como la mayoría de los motorizados que no respetan semáforos, aceras, flechas, prioridad de paso de peatones, etc. También los peatones irrespetan los semáforos y cruzan las calles donde les viene en gana, poniendo en riesgo, como locos, su propia integridad personal. Transportistas que desprecian ordenanzas referidas a derechos de estudiantes, personas de la tercera edad y con discapacidad limitada, que no respetan las paradas establecidas ni límites de velocidad ni zonas de estacionamiento ni otras obligaciones. Gentes que se atropellan unos a otros y que solo pueden hacer una cola ordenada si son vigilados por efectivos del orden público. En fin, sálvese quien pueda y Ley de la Selva: cultura capitalista pura y en estado salvaje.

Merma absoluta de la sensibilidad humana, contaminación sónica a toda hora, sin importar horarios ni zonas residenciales, manejo irresponsable de la basura tanto por las autoridades como por los ciudadanos, delincuencia civil y policial, empleados públicos que maltratan a quienes acuden a ellos, y que suelen robar insumos del Estado y a sus propios compañeros de trabajo, pérdida de efectos personales encontrados por otros y no devueltos a sus genuinos propietarios. Egoísmo extremo, decadencia ética, conciencia capitalista generalizada.

¡Capitalismo salvaje! Y no voy a acudir al cómodo y manoseado expediente de echarle todas las culpas al Gobierno ¡Todos somos responsables, nuestros espíritus están invadidos por el mal que debemos combatir!

Aceptemos también, claro está, que hay mucha gente buena, consciente, solidaria, honesta, amable. Pero lamentablemente, no son esas virtudes las que definen más acentuadamente a esta sociedad, sino aquellas lacras propias del individualismo capitalista. Los buenos, hasta ahora, están perdiendo la batalla del amor.

Ante esta realidad, una pregunta cunde en las calles. Se la escucha en las esquinas, en las plazas, en los mercados, en los centros de trabajo, en los pasillos del hemiciclo y en los operativos donde se reúnen los constituyentes: ¿qué vamos a hacer?

Bien, en mis reflexiones un tanto febriles, seguramente condicionadas por la dura realidad, me planteo varias opciones, que voy a trasladar a los lectores, sin parcializarme absolutamente por ninguna de ellas, solo colocándolas en el tapete para lo mismo de siempre, promover el debate, que según concordamos el otro día en una conversa informal con David Paravisini, es lo mejor que ocurre en Venezuela, el debate social sobre todos los temas y en todos los ámbitos. Enumero tales opciones, sin ningún orden jerárquico:

Opción 1: “La toma del Palacio de Invierno”. Radicalización absoluta de la Revolución. Nacionalizaciones, estatizaciones y expropiaciones generalizadas de los capitalistas, imposición de un Estado de Emergencia indefinido y de un gobierno popular autoritario, una dictadura del proletariado, que adelante medidas extraordinarias para controlar y disciplinar la sociedad. Ocupación, por parte del pueblo trabajador, de fábricas, almacenes, centrales de producción y distribución de servicios, militarización inevitable del país en estado de alerta roja revolucionaria, captura y reducción de todos los que se opongan al Gobierno revolucionario e implantación de un estado de guerra social en un salto cualitativo brusco de la Revolución. Asunción de todos los grandes riesgos y dificultades que se presentarían por un tiempo más o menos prolongado, e incremento del peligro de violencia interna y externa. Preparación general para la guerra y la violencia revolucionaria.

Opción 2: “Despacito”. Radicalización relativa de la Revolución y desarrollo paulatino del plan económico, sin prisa pero sin pausa. Tal como dice la canción de Luis Fonsi y Daddy Yankee, “Me voy acercando y voy armando el plan”.  Mayor ejercicio de la autoridad del Estado, participación más activa y presencial de la Fuerza Armada en el control del bachaqueo, la especulación y el acaparamiento. Estado de Emergencia indefinido con medidas fuertes para incrementar la disciplina económica y social. Aplicación más incisiva de las leyes, con castigos ejemplares para los delitos económicos, fiscales, monetarios, de corrupción y de índole civil. Transformación del PSUV en un genuino partido de vanguardia social que dé prioridad a las necesidades cotidianas del pueblo, manteniéndose a su lado y compartiendo sus problemas del día a día. Profundización y aceleración inmediata del desarrollo auténtico de las formas de poder y producción social, carrera feroz contra el tiempo, bajo riesgo de descontento creciente que desemboque en implosión social.

Opción 3: “No importa si un gato es blanco o es negro”. Se acepta y se asume el carácter capitalista de la economía y se emprende un camino para hacerlo más funcional en beneficio del pueblo, se promueven acuerdos más amplios y duraderos con el capital, incluidos el capital extranjero y el gran capital nacional, siempre bajo el papel rector del Estado. Se ralentiza la transición política al socialismo y se protege con nuevos métodos la economía social, apuntando a su desarrollo lento pero sostenible y permanente. Se mantiene el control político pero se negocia de manera relativa el poder económico. Se toma un camino parecido al de China y Vietnam para la recuperación económica, abriendo las puertas a grandes empresas y marcas extranjeras, y se retrocede en algunas metas de la transición al socialismo. Se incrementa el riesgo de dar paso a algunas políticas empresariales anti obreras y anti populares y al crecimiento del capitalismo en detrimento de algunos logros del pueblo trabajador, aunque se abre camino más firme a la producción nacional.

Opción 4: “Método Eudomar Santos”. Como vaya viniendo, vamos viendo. Se toma decisiones según se vaya desarrollando el escenario, respondiendo a presiones y agresiones con medidas puntuales como aumentos salariales, distribución de bonos, programas de alimentación, experimentos productivos de diverso tipo, iniciativas cambiarias y monetarias, subsidios directos e indirectos, pero todo ello tratando de generar instrumentos de control del comercio capitalista hoy desatado y en dominio de la distribución y venta de bienes y servicios.

Opción 5: “Espacio para rellenar”. Escriba aquí su propuesta o su opinión. Por supuesto, cualquiera de estas opciones tendría que incluir la defensa férrea de la soberanía nacional y el mantenimiento de Venezuela en la vía de multilateralismo geopolítico y la lucha contra cualquier intención hegemónica en el mundo.

¿Alguien puede explicarme bien y a fondo cuál vía es la que se está aplicando ahora y en qué se parece, si se parece, a alguna de las opciones señaladas? Parafraseando al pana Roberto Hernández Montoya: es por un cerro de dudas que tengo. Que alguien me dé luces, por favor, si es que puede ¿Qué hacer?

Nasce un mostro

Bolsdi Atilio Borón

07ott2018.- In una maleodorante taverna dei bassifondi della Monaco del primo post-guerra un ufficiale smobilitato dell’esercito imperiale austriaco – fallito come pittore e ritrattista – cercava di guadagnarsi la vita, scommettendo con gli ubriachi del locale che non sarebbero stati capaci di colpire i suoi sputi da una distanza di tre metri. Se li evitavano, vinceva; in caso contrario, doveva pagare. Tra l’uno e l’altro tentativo, dava voce a tremendi insulti antisemiti, malediceva bolscevichi e spartachisti e si impegnava a eliminare dalla faccia della terra zingari, omosessuali ed ebrei. Il tutto in mezzo alle grida dei clienti incontrollati riuniti lì, imbottiti di alcol e che ripetevano con scherno i suoi slogan, mentre gli lanciavano i resti della birra dai boccali e gli tiravano monete tra insulti e risate a crepapelle. Anni dopo, Adolf Hitler, perché di lui stiamo parlando, si convertirà, con queste stesse arringhe, nel leader “del popolo più colto dell’Europa”, secondo quanto  più di una volta dichiarato da Friedrich Engels. Colui che in quei momenti – gli anni 1920, ’21, ’23 – era oggetto del crudele sarcasmo tra i fedeli frequentatori della taverna resusciterà come una specie di semidio per le grandi masse del suo paese e l’incarnazione stessa dello spirito nazionale tedesco.

Fatte le debite distanze, qualcosa di simile sta accadendo con Jair Bolsonaro, che conduce comodamente i sondaggi del primo turno delle elezioni presidenziali in Brasile. Le sue esternazioni reazionarie, sessiste, omofobe, fasciste e la sua difesa della tenebrosa dittatura militare brasiliana del 1964 e della tortura hanno causato una diffusa repulsione nella società. Nel migliore dei casi, veniva considerato solo come un buffone, uno zimbello nostalgico del tempo del regime, che si è abbattuto sul Brasile tra il 1964 e il 1985. Di conseguenza, per due anni il suo consenso elettorale non ha mai superato il 15 o 18 per cento.

I sondaggi delle ultime due settimane, tuttavia, mostrano una crescita spettacolare della sua candidatura. Il più recente gli attribuisce un 39% nell’intenzione di voto. Sappiamo che oggi i sondaggi dell’opinione pubblica hanno enormi margini di errore; possono anche essere operazioni mediatiche della borghesia brasiliana, pronta a installare a Brasilia chiunque impedisca il “ritorno del populismo petista” al potere. Ma sappiamo anche, come affermato da un recente articolo di Marcelo Zero che, in Brasile, la CIA e i suoi alleati locali hanno scatenato una travolgente valanga di “notizie false” e diffamatorie riguardo i candidati dell’alleanza PT, che hanno trovato terreno fertile nelle favelas e nei quartieri popolari delle grandi città di quel paese (“Tem dedo da CIA nas eleições do Brasil”, su www.brasil247.com).

Questi settori sono stati portati fuori dalla povertà estrema e resi protagonisti dalla gestione di Lula e Dilma. Ma non sono stati politicamente istruiti e la loro organizzazione territoriale o di classe non è stata favorita. Sono rimasti come masse disponibili, come avrebbero detto i sociologi degli anni ’60.

Coloro che li stanno organizzando e sensibilizzando sono le chiese evangeliche, che hanno come alleato Bolsonaro, il quale promuove un duro discorso conservatore, ipercritico verso il “disordine” causato dalla sinistra in Brasile, con le sue politiche di inclusione sociale e di genere, di rispetto della diversità e dei LGBT e di “mano morbida” contro la criminalità – la sua ossessione per i diritti umani “solo per i criminali.”

Uno dei loro metodi per conquistare le favelas alla causa della destra radicale sta nell’inviare presunti sondaggisti a chiedere se vorrebbero che il loro figlio José cambiasse nome e si chiamasse María, per esacerbare l’omofobia. La risposta è unanimemente negativa e indignata. La predicazione dell’ex-capitano si sintonizza naturalmente con quel conservatorismo popolare abilmente stimolato dalla reazione. In questo clima ideologico, le sue assurdità oltraggiose e violente, come quelle di Hitler, sedimentano come un ragionevole buon senso popolare e potrebbero catapultare un mostro come Bolsonaro al Palazzo del Planalto.

Bisogna ricordare, come dato ulteriore, che Bolsonaro ha promesso a Donald Trump di autorizzare l’installazione di una base militare americana ad Alcántara, sul promontorio strategico del Nordest brasiliano, che è il punto più vicino tra le Americhe e l’Africa, qualcosa che i governi PT hanno rifiutato. Se dovesse avere successo, sarebbe l’inizio di un incubo orribile, non solo per il Brasile ma per tutta l’America Latina.

[Trad. dal castigliano per ALBAinformazione di Marco Nieli]

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